Disclaimer: Naruto, y sus personajes correspondientes, pertenecen a Kishimoto.
N/A: la canción para este capítulo es Three Thing I Have Left – Kang Ha Neul. Literalmente, si tuviera que plasmar los sentimientos de Naruto (ya sé que siempre digo lo mismo), sería con esta canción.
La brecha en el olvido
Capitulo III
«La primera cosa que aprendí, es a no llorar sin ti, la segunda, a no estar solo, la tercera, incluso si duele, a no decir tu nombre, ni a tomar tus cálidas manos. »
—Three Things I Have Left.
Primero, se dedicó a cobijar bien a Boruto, de cuatro años. Le dio un suave beso en la mejilla, y sonrió. Después, acomodó bien a Himawari en su cuna. Ha decir verdad, Hinata estaba muy sorprendida en lo rápido que crecían sus hijos.
Una vez terminada su tarea, les dio una última mirada, y al asegurarse que los dos dormían como angelitos, salió de la recámara.
Naruto estaba acostado sobre el sofá, cambiándole distraídamente a la tele. Ella lo miró divertida.
—Listo —susurró, no quería despertar a los niños.
El rubio volteó a verla con cara de cansancio.
—Ese niño es como un huracán —dijo—, no creo que pueda mover bien mis brazos en algunos días.
—¿Por qué lo dices, cariño? —río suavemente—. Ya sabes que a Boruto le gusta que lo cargues, y tú le sigues el juego.
Naruto frunció el ceño.
—No le puedo decir que no —suspiró.
—Es un niño, Naruto-kun, ya se le pasará —respondió la pelinegra, mientras se acercaba a él, y se colaba entre sus brazos.
—Tú también lo conscientes demasiado —le reprimió él.
Hinata lo miró, sabiendo que tenía razón.
—Yo tampoco le puedo decir que no.
Ambos suspiraron, y después se soltaron a reír. No es que fueran un desastre como padres, pero sí era cierto que le daban a sus hijos todo lo que pedían, tal vez Himawari ahorita no era tan consciente de eso, porque tenía once meses, pero Boruto sí.
Se quedaron en silencio, viendo a la televisión, que pasaba un programa de variedades.
La verdad, es que eran muy pocos los momento que tenían para ellos solos, por lo menos desde que la niña había nacido. Las citas, coqueteo, y esas cosas, pasaron a segundo plano.
Por eso agradecían cuando tenían unos segundos para ellos.
—Naruto-kun —lo llamó, mientras él la rodeaba con brazo, y Hinata se acomodaba sobre su pecho.
—¿Sí?
—Estuve pensando.
Naruto la miró curioso.
—¿En qué?
—¿Recuerdas esa plática que tuvimos hace años, antes de casarnos?
¿Por qué su esposa preguntaba esas cosas? No venía al caso. Intentó pensar de qué cosa hablaba, pero a decir verdad, no tenía ni idea.
—No lo creo —se rascó la nuca, algo avergonzado.
—Lo entiendo, ya tiene mucho tiempo —Hinata estaba siendo demasiado seria, y eso le preocupó—; en una ocasión, me preguntaste que si te olvidaría, y yo te juré que no, que nunca lo haría. Y me prometiste lo mismo. Estaba pensando que, la vida da muchas vueltas —lo miró—. ¿Recuerdas cuando murió el papá de Ino-san, el mes pasado? Cuando vi a la familia Yamanaka tan destrozada, recordé nuestra conversación, y comprendí que era egoísta pedir que no te olviden. Por eso, quisiera que me hicieras un favor.
Al escuchar las palabras de la Hyūga, se acordó de su juramento, en ese entonces eran más jóvenes, y veían el futuro como un juego peligroso, donde no sabías qué esperar.
—No entiendo que tratas de…. —no terminó su frase, porque la mujer lo interrumpió.
—Prométeme tres cosas, Naruto-kun —lo observaba fijamente.
El Uzumaki frunció el ceño, confundido.
—¿Y eso es…?
Hinata lucía tan seria, que daba miedo.
—Si en algún momento, por alguna circunstancia, me llegara a pasar algo, debes jurarme primero, que, cuando sientas ganas de llorar, lo harás, sin importar con quién estés, no debes guárdate nada, ¿de acuerdo? —no tuvo respuesta—. Segundo, nunca te quedes solo, sé que mucha gente te aprecia y siempre te van a apoyar. Y tercera, siempre debes seguir adelante, y no retractarte de tus palabras. ¿Me lo prometes? —con ambas manos tomó el rostro de su marido, quien seguía igual de confundido que un principio.
No había ni rastro de broma en sus palabras, estaba siendo totalmente sincera. Y él lo notó, aunque no entendió por qué sacar ese tema de la nada.
—¿Sucede algo, Hinata?
—No. Sólo promételo.
—Está bien, te lo prometo —dijo, y ella le dio una sonrisa aliviada—. Pero a cambio, debes jurarme que no dejarás que nada te pase, nunca.
—B-bueno, no es como que uno elija esas cosas, ¿sabes?
—Hinata —la reprimió.
—Está bien, está bien, trataré de que nunca me pase nada, ¿de acuerdo?
Naruto sonrió, convencido.
—Oye, ¿deberíamos hacer cosas? —dijo, cambiando el tema, como si nada.
En respuesta, la pelinegra se ruborizó levemente.
—¿C-cosas? —su corazón latía apresurado—, ¿esas cosas?
—Sí, esas cosas.
Dudó durante unos segundos, puesto que sus hijos estaban a unos cuantos metros, y en cualquier momento podrían despertar. Pero también se dio cuenta que tenían mucho tiempo que no estaban juntos, por lo menos no de esa manera. Así que simplemente asintió, totalmente ruborizada.
—S-sí.
Esa sería una larga, larga noche.
Normalmente, cuando se despertaba, solía olvidar sus sueños, pero en esa ocasión no había sido así.
Todo estaba fresco en su memoria.
Nunca trató de entender la actitud de Hinata en aquel entonces. Pero ahora que lo pensaba, todo era tan raro. Parecía como si ella supiera que algo le iba a suceder, aunque, si era así, las fechas no cuadraban, porque esa conversación sucedió un año antes del accidente.
Suspiró, y dejó el asunto de lado. Ya había pasado la etapa donde trataba de justificar el incendio, creando teorías de un posible asesinato.
Por fin estaba decidido a olvidarse de todo, y seguir adelante. Se lo había prometido a sus hijos.
Justamente en ese momento, estaban en un parque. Naruto observaba a los niños: Himawari estaba en un columpio, y Boruto detrás de ella, empujándola para que agarrara más velocidad.
Sonrió. Desde la plática que había tenido con ellos, tres días atrás, su relación se había fortalecido, y eso lo hacía sentir bien.
Aunque también, se dio cuenta de otra cosa que no lo tenía nada contento, y eso era, el repentino rechazo de Miho.
No sabía qué hizo tan mal, para ser despreciado así de la nada.
De hecho, estaba por mandarle el mensaje número veintiséis, y sería el último. Sentía que le debía una disculpa, y muchas explicaciones, se había comportado como una basura últimamente.
Justo cuando estaba a punto de presionar el botón de enviar, el teléfono vibró, alertándolo de la llegada de un mensaje. Se tensó al ver que era de nada más y nada menos, que la causante de su reciente preocupación.
"Naruto-san, me gustaría verte. Si tienes tiempo, podríamos reunirnos en el Starbucks de la avenida principal, dentro de dos horas"
Nervioso, tecleó una respuesta rápidamente, mientras un presentimiento nada agradable lo invadía.
"Sí. Te veo en dos horas"
Se quedó mirando fijamente el fondo de pantalla de su celular, era una foto de Miho con sus hijos, y suspiró.
A veces, por más que deseas que las cosas vayan por un camino, éstas se desvían. El Uzumaki ya estaba cansado de intentar hacer lo que los demás esperaban. Ya no quería palabras de lástima, o agradecimiento, no quería sentirse abatido y en deuda con la gente de su alrededor. Necesitaba recuperar aunque fuera un diez por ciento de su antiguo yo. Y la única manera de hacer eso, era deslindándose de la culpa, y aprender de los errores.
Por eso, tomó una decisión, que le costó menos de lo que esperaba. Porque tal vez, desde un principio, debió tomar las propias riendas de su vida.
Cada vez que pensaba en lo que estaba a punto de pasar, sentía cómo se le estrujaba el corazón.
Tres días, le tomó tres días reunir el valor para poder decidirse. Ya no había marcha atrás.
Se cansó de jugar el papel de la chica enamoradiza que soporta todo. Cada que se ponía a recordar el pasado, se daba cuenta que no podía quejarse de sus rompimientos, o mala suerte en el amor, porque siempre fue su culpa.
Se acostumbró a ser usada, engañada y tratada como un juguete, sentía que no merecía más, siempre fue la mujer fácil de conseguir, la que con unas cuantas frases bonitas, se la llevaban a la cama. ¿Con cuántos chicos no durmió, que de seguro ya ni la recordaban? Tantos besos, abrazos, palabras llenas de afecto, todos dirigidas a hombres que no la tomaron en serio.
Miho no entendía el significado de amor propio. Pero, quería descubrirlo, y para poder hacerlo, necesitaba ponerle fin a todo aquello enfermizo que la rodeaba. Y, aunque le costara aceptarlo, Naruto lo representaba.
¿Por qué amar era tan difícil? No era simplemente el querer a alguien, si no también ser correspondida.
Mientras esperaba sentada en la mesa, con un vaso de café frente a ella, empezó a llorar.
Por lo que nunca tuvo, por lo que no fue.
A veces, cuando se encontraba en sus momentos más oscuros, cuando más ansiaba que Naruto la amara, secretamente maldecía el recuerdo de Hinata, pero entonces, observaba a Himawari, y ésta le daba una sonrisa amable, ahí se sentía la persona más horrible del mundo, porque ellas eran idénticas, o eso había escuchado. Eso significaba que odiar a Hinata Hyūga, era odiar a su hija, y simplemente no podía hacer eso, porque quería a esa niña como si fuera suya.
Cuando levantó la vista, y se dio cuenta que Naruto entraba al lugar, se limpió rápidamente el rostro con el dorso de la mano. Iba a ser fuerte, no se derrumbaría delante de él.
El rubio la vio a lo lejos, le sonrió, y caminó directamente hacia ella.
—Miho —dijo, mientras se sentaba, quedando frente a frente.
—Hola —le devolvió la sonrisa—, ya pedí un café, si quieres puedo pedirte un…
—No —Naruto la interrumpió—, no es necesario. Creo que ninguno de los dos quiere extender esta conversación más de lo necesario, ¿verdad?
La Yamanaka sintió una punzada en el corazón. Era increíble como ese hombre podía ser tan denso, y no darse cuenta que sus palabras lastimaban a la gente.
Asintió para no quedar al descubierto.
—C-Claro —miró hacia su vaso con café.
Ante el aura incómoda, el rubio decidió romper el silencio.
—Quiero disculparme —fue directo—. Por todo. Absolutamente todo.
—¿Qué? —ella abrió los ojos con sorpresa—, ¿de qué hablas?
—Siempre estuve al tanto de cómo te sentías, Miho, pero no le tomé importancia. Sé que te lastimaba estar conmigo, que esperabas algo más, y no te supe corresponder. Me siento tan culpable conmigo mismo como no tienes idea.
No le respondió.
Se suponía que se haría la fuerte, que sería ella quien rompería la relación, sin embargo, otra vez, Naruto volvía a aplastarla.
—Siempre haces eso —sonrió con amargura—, tienes esa capacidad de hacerme sentir inservible. Y no se supone que sea así, ¿verdad? —gruesas lágrimas ya corrían por su rostro—. Cuando te vi por primera vez, pensé que eras el hombre perfecto. No es difícil enamorarse de ti. No supe en qué momento al admiración que sentía en por ti en el trabajo, se convirtió en algo más, pero no me importó, estaba bien con mis sentimientos no correspondidos, yo estaba al tanto de la pérdida de tu esposa, y todo eso, Ino se encargó de hacerme ver las cosas. Pero, cuando me besaste el año pasado, empecé a ilusionarme..., antes pensaba que era mi culpa, pero no fue realmente así. Todo este tiempo, tú fuiste quien me buscó, ¡tú fuiste quien me pidió que saliera contigo! Si no hubieras hecho esas cosas, yo no estaría así de deshecha. Si no me querías, ¿por qué jugaste conmigo? —dijo, llena de frustración.
El hombre la observó durante un momento, era una chica muy hermosa, con el cabello rubio arriba de los hombros, y grandes ojos castaños. Cualquiera se hubiera ganado la lotería, con una mujer así, y él pensaba lo mismo. Por eso, en aquel entonces, cuando se dio cuenta de que Miho estaba enamorada de él, se le hizo fácil pedirle que salieran, ¿qué podía perder? Nunca pensó que las cosas terminarían así, sus intenciones realmente no eran herirla. Al final, falló totalmente, no pudo quererla como se merecía.
Sin embargo, le había servido de experiencia, porque, ¿quién decía que tenía que volver a casarse, o estar con alguien más para ser feliz? Ya no sentía que lo necesitara. De ahora en adelante, iba a vivir diligentemente, encargándose de sus hijos, y cuando estos fueran lo suficientemente mayores, viviría el resto de sus días tranquilamente, esperando la muerte, para así acompañar a Hinata en el cielo.
—Lo siento —se sentía como basura, de verdad—. Nunca quise lastimarte, Miho, tampoco quiero excusar mis actos, pero no jugué contigo, como dices. Fui sincero hasta donde pude, nunca te mentí sobre cómo me sentía, lo sabes. Me acerqué a ti, porque realmente me gustas, creí que podía empezar otra vez, que tal vez me enamoraría de ti.
—Creíste…, ese es el problema, creíste, no intentaste.
—No —la interrumpió rápidamente—, sí lo intenté, de veras. Pero, hay cosas que no se arrancan por más que uno quiera, y desgraciadamente, nos conocimos en las circunstancias equivocadas. Estos últimos meses que pasé contigo, fueron geniales, me sentí más relajado que nunca, contigo podía reír, y aún más importante, pude ver que mis hijos también eran felices. Les brindaste ese cariño y comodidad que necesitaban, lo cual siempre te estaré agradecido.
Miho sollozaba despacito, cada palabra de Naruto, la atravesaba muy hondo. Siempre conoció sus sentimientos, en eso no lo podía culpar, él nunca le dijo que la amaba, o que esperara algo serio, sin embargo, ¿cómo controlar a su corazón que exigía ser querido? ¿Estaba mal luchar por la persona que amabas? Tan poco tiempo juntos, y sentía que se le caía el mundo encima.
Por otra parte, adoraba a Boruto y Himawari, probablemente sería lo que más iba a extrañar. Esos niños tenían el poder de ganarse el cariño de la gente fácilmente.
—Yo los adoro, son espectaculares —sonrió con ternura—. Naruto-san debe estar orgulloso de tener unos hijos tan especiales.
—Lo sé —el hombre le devolvió la sonrisa—, desperdicié estos tres últimos años, por estar sumido en mi tristeza. Pero ya no más, de ahora en adelante me enfocaré en ellos.
La Yamanaka tomó una bocanada de aire. Normalmente solía estar preparada para las rupturas, sin embargo, con Naruto viéndola fijamente, Miho dudó por unos breves instantes.
—Naruto-san, tú realmente… —respiraba agitada—, ¿realmente me llegaste a querer?
El Uzumaki no pensó dos veces en responder.
—Sí —dijo con seguridad—. Te quiero aún, y te aprecio, pero…
—No me amas —Miho terminó la frase—, lo sé. Y yo ya no estoy dispuesta a esperar, así como tú tampoco lo quieres intentar, ¿verdad?
La miró triste.
—Realmente lo siento.
—Está bien —se limpió las lágrimas—. Yo realmente no me lamento de nada, hice todo lo que pude, y aunque te amo, me doy por vencida. Sé que llevas aún tu esposa en tu corazón, y no puedo luchar contra eso. No me arrepiento de estos seis meses, fueron lo más lindo de mi vida, y te agradezco inmensamente que me dieras la oportunidad de acercarme a ti, y a los niños. Pero este es el final, Naruto-san, nosotros no estamos hechos el uno para el otro.
Y probablemente nunca lo estuvieron.
Fueron dos tontos lastimados, que buscaban consuelo en los brazos del otro. Naruto intentaba huir del recuerdo de un amor perdido, y Miho, ella simplemente quería ser amada por primera vez.
De alguna manera, había logrado una parte de su cometido, porque él, sabía de antemano que era imposible intentar arrancar a Hinata de su corazón, y ella, entendió que para querer a alguien más, primero debe amarse a sí misma.
Ya no más amores no correspondidos, relaciones de una noche, noviazgos que no terminaban en nada. Se iba a tomar un tiempo para sí misma, aún tenía media vida por delante.
—Sabes, Miho, creo que si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, tal vez todo sería diferente —lo decía de corazón.
Ella negó.
—Tal vez, pero la realidad es otra, tú tienes una familia, y yo un camino por delante. Mejor dicho, ambos tenemos un camino por delante, así que no dejemos que esto arruine nuestro futuro, Naruto-san. Probablemente encuentres a una mujer de la que te puedas enamorar.
—No —respondió rápidamente—. No pasará.
—¿Por qué lo dices?
Naruto sonrió triste.
—En algún momento lo entenderás.
Se quedaron en silencio, pensando en el tiempo que pasaron juntos, que aunque fue corto, fue satisfactorio. Miho se dio cuenta que no tenía arrepentimientos, y que, a pesar que le dolía dejarlo ir, era lo mejor.
Tal vez era como él decía, aún no llegaba su momento de amar de verdad. Quizá, en algún lugar, había una persona destinada para ella.
—¿Podría pedirte un favor?
—Dime.
—¿Podría seguir viendo a los niños? —dijo tímidamente—. Realmente me gustaría salir con ellos de vez en cuando.
El Uzumaki sonrió.
—Claro que sí, sé que ellos estarían encantados.
Miho sonrió satisfecha, sintiendo que la presión en su pecho disminuía.
—Supongo que es el final —suspiró—. Gracias por todo este tiempo, fui muy feliz, te deseo lo mejor —y con todos los buenos sentimientos que tenía, le extendió la mano a Naruto. Finalmente ambos iban a cerrar esa etapa sin resentimiento.
El hombre la observó durante unos instantes, y sin pensárselo dos veces, le dio un suave apretón.
—Gracias, Miho.
Se quedaron tomados de la mano un rato, sólo por ser la última vez. Finalmente, fue ella quien tomó el valor de romper el agarre, y ponerse de pie para irse. No se despidió, ya se habían dicho lo suficiente.
Caminó rumbo a la salida de la cafetería, sin voltear una sola vez, mientras luchaba con las lágrimas que le empañaban la vista.
Decir adiós siempre era doloroso.
Mientras la observaba irse, Naruto se dio cuenta que él mismo tenía los ojos llorosos, y se sorprendió, porque aunque Miho tal vez no le creyó, era cierto que la quería. Estaba seguro de que siempre le tendría un cariño especial, porque era una mujer extraordinaria, de gran corazón.
Se limpió los ojos rápidamente, y se puso de pie, para irse.
Estaba solo de nuevo.
Con la mirada perdida, seguía escribiendo una y otra vez el nombre de su hija en la libreta. Sentía que si dejaba de hacerlo, olvidaría todo de nuevo.
Himawari, Himawari, Himawari.
Tal vez estaba algo obsesionada con el asunto, llevaba días sin salir, lo único que hacía era martirizarse por no recordar bien el rostro de la niña.
Lo único que tenía, era la imagen del bebé en su sueño.
Saki se dejó caer sobre el futón, mientras gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
¿Cómo es que alguien podía olvidar a su propia hija? Eso no le cabía en la cabeza. Cada vez estaba más curiosa por saber qué le sucedió… además, probablemente tenía un esposo, padres. Todo era demasiado problemático, y no tenía idea de cómo manejarlo.
Además, ¿por qué nadie la buscaba?
Muchas preguntas se aglomeraban en su cabeza, y no tenía ninguna respuesta.
Además, también estaba perdida en la línea de tiempo. ¿Qué edad tendría Himawari ahorita? Tal vez ya era una adolescente, aunque, esto era poco probable, porque ella no se sentía tan mayor.
Estaba hecha un lío.
—¿Saki? —la voz de Sanda interrumpió sus pensamientos.
—¿Sí?
—No te quiero molestar, pero, ¿te encuentras mejor?
La pelinegra negó.
—No, Sanda-san. Tengo tantas preguntas, quiero saber qué me pasó, por qué terminé así —sollozó—. No sé cuántos años pueda tener mi hija, y cuántos he perdido, no sé ni siquiera mi nombre, es tan frustrante.
Sanda caminó hacia ella, y se sentó a su lado.
—Estuve pensando en que tal vez deberíamos ir a la capital.
Saki la miró sorprendida.
—¿A Tokio? ¿Por qué?
—Bueno —tomó una bocanada de aire—. Si quieres empezar a buscar a tu familia, tal vez es el mejor lugar, podríamos acudir a la policía.
No le respondió inmediatamente, pensando en las posibilidades, tal vez la anciana tenía razón, quizá las autoridades podría ayudarla a encontrar a su familia.
—P-pero, ¿cómo le haremos? —suspiró—. Tokio está tan lejos.
Sanda sonrió con ternura, mientras le daña un apretón en el hombro.
—Siempre has tenido muy buen corazón, niña. Durante estos tres años, gracias a ti, no me sentí sola, has sido como una hija más.
—Sanda-san —dijo Saki, conmovida.
—No mereces todo eso que te pasó, por eso, viajaremos a la capital, tengo ahorrado el dinero que mi esposo dejó después de morir, estaba esperando para darle un buen uso. Mis hijos no lo necesitan, ellos ya tienen sus vidas, así que, prefiero invertirlo en algo que sea útil.
—P-pero, no puede usar ese dinero en mí…, y-yo, no podría aceptarlo.
—Calla —la anciana la observó con seriedad—. Es algo que quiero hacer por ti, y no me discutas más. ¿Quieres conocer a tu hija, no es así?
Saki sentía cómo el corazón se le llenaba de amor hacia esa mujer, que los últimos tres años, había cuidado de ella. Gracias a Sanda, las heridas físicas, y las del alma, pudieron cicatrizar más rápido
—Gracias, muchas gracias —y sin contenerse más, la abrazó.
La anciana le correspondió el abrazo, mientras le daba palmaditas en la espalda, justo como hacía cuando sus hijas lloraban por alguna caída.
Al rato, cuando Saki se calmó, se separaron.
—Aunque, las cosas no serán fáciles, Saki. Nos tomará alrededor de dos días llegar Tokio, y una vez allá, tendremos que buscar donde instalarnos, no sabemos cuánto tiempo tomará encontrar a tu familia.
La muchacha sabía lo que eso significada; Sanda no sólo se lo decía por las dificultades del viaje, si no por el montón de pruebas que seguramente tendría qué superar.
Pero con el rostro de su bebé grabado en su mente, Saki, más decidida que nunca, la miró fijamente a los ojos.
—Estaré preparada —dijo con seriedad.
Si sus recuerdos no regresaban, ella iba ir a buscarlos.
Mientras trataba de escribir el informe por quinta vez, el ruido de las risas de sus hijos, lo interrumpieron.
Definitivamente traerlos al trabajo no era la mejor decisión, aunque, no tenía de otra, ¿con quién más los dejaba? Antes, era Miho quien los recogía de la escuela, pero ahora que ella no estaba, Naruto tenía que volver a hacerse cargo.
—Boruto, cuantas veces te he dicho que no juegues con ese teléfono —lo reprimió Naruto, por décima ocasión.
—Pero papá, este lugar es tan aburrido —dijo, alargando el "tan".
—Ustedes no quisieron quedarse en casa de sus abuelos —el hombre observó a Himawari, quien dibujaba tranquilamente sobre una hoja de papel, sin hacer el mínimo ruido.
El niño lo miró frunciendo el ceño.
—¡Eso es peor! ¡El abuelo Hiashi siempre nos aburre con sus historias de cuando era militar! Y la abuela Hana, ella siempre está dormida… —infló las mejillas—. Prefiero estar aquí.
Ante la mención de sus suegros, no pudo evitar hacer una mueca triste. Había cosas que Boruto no sabía, porque aún era muy pequeño, pero que cuando se enterara, probablemente cambiaría la opinión que tenía de sus abuelos.
La familia Hyūga nunca había vuelto a ser la misma, no desde la muerte de Hinata. Hiashi, supo llevar la situación con más serenidad, sin embargo, Hana, fue todo lo contrario, cuando se enteró de la muerte de su hija, su vida cambió completamente.
Desarrolló una fuerte depresión, a raíz de esto, estaba casi todo el tiempo medicada. Eran raros los momentos en que estaba serena, y cuando era así, no hablaba con nadie. Incluso en ocasiones experimentaba cortos periodos de amnesia, en donde preguntaba constantemente por Hinata. Ahí era cuando Naruto y Hiashi trataban de hacerla entrar en razón, diciéndole que ella ya estaba muerta, sin embargo, Hana siempre se negaba a aceptarlo.
El perder a un hijo de seguro era un dolor incomparable.
—A mí me gusta ir a casa de la abuela —dijo Himawari, interrumpiendo sus pensamientos.
—¿En serio? —preguntó Naruto.
—Sí. Porque cuando no está durmiendo, me cuenta cosas de mamá —volteó a ver a su padre a los ojos—. Dice que era muy bella, y se parece a mí —soltó una risita—. Papi, la abuela también extraña a mami.
Sonrió con nostalgia.
—Como todos, cariño.
Himawari negó rápidamente.
—No. Abuelita Hana dice que está esperando a que mami regrese, que se lo prometió —ambos rubios miraron a la niña sin entender.
—¿A qué te refieres, Himawari? —la cuestionó Naruto.
La pelinegra sonrió, y volvió a dibujar, ignorando totalmente a su padre.
—Es un secreto.
Boruto empezó a molestar a su hermana, diciéndole que dejara de decir mentiras.
Sin embargo, Naruto se quedó pensativo, y preocupado. Tal vez era momento de que sus hijos dejaran de visitar a Hana, después de todo, la mujer no se encontraba en sus cinco sentidos, y él no quería que le metiera cosas en la cabeza a Himawari.
¿Qué tal si la niña llegaba a pensar que Hinata estaba viva?
Definitivamente tenía que hablar con Hiashi Hyūga del tema.
Soltó un suspiro cansado, mientras observaba a los niños discutir, ¿a quién le mentía? Con ellos ahí, iba a ser imposible trabajar.
—¿Les parece si vamos por un helado?
Boruto y Himawari detuvieron su riña rápidamente, y miraron a su padre con ojos brillantes.
Naruto sonrió triunfador.
El helado compraba a cualquiera.
Hola a todos.
¿Qué tal? Espero y se encuentren muy bien.
No puedo creer que actualicé el tercer capítulo en el mismo mes, es demasiado rápido, incluso para mí, cuando en otros fics llego a tardar hasta meses. Pero, supongo que es algo bueno, ¿verdad?
Uff, ¿se esperaban lo de Miho? Yo no. La idea original era que cuando regresara Hinata, se topara con que Miho y Naruto tenían una relación, pero decidí cambiar el rumbo, y se preguntarán, ¿por qué? Bueno, porque la historia está enfocada en la relación romántica-familiar de los Uzumaki. Si de por sí hay todo un trasfondo con lo que le pasó Hinata, sentí que sería mucho sufrimiento si agregaba el asunto de Miho.
Por cierto, Miho está inspirada en una amiga mía, que lleva un estilo de vida parecido, y siempre cree que no tiene derecho a sentirse querida. Probablemente nunca lea esto, pero este capítulo es para ella, quiero que sepa que todos tenemos la oportunidad de salir adelante. Te quiero mucho, T.
Bien, bien, ¿se esperaban lo de Hana? ¿Estará tan loca como creen? Más adelante lo sabremos.
Bueno, creo que eso es todo por este capítulo, si les gustó, siéntanse con la libertad de dejarme un comentario con su opinión.
También los invito a darse una vuelta por mi otro fanfic, que se llama "Avanzar", creo que les gustará.
No sé cuándo vaya a actualizar, estoy en exámenes finales en la Universidad, y casi no tengo vida. Aun así espero no tardar mucho.
Les mando un fuerte abrazo.
Lolli.
27.02.16
16:08 p.m. (Hora de México)
