Capítulo 3

Onodera Ritsu estaba absolutamente agotado. Hace una semana que había comenzado a trabajar con Usami-sensei y entre la ocupación que tenía con él y los constantes reproches de Takano, se sentía con todas las ganas de renunciar. Y justo hoy, que estaba desocupado de sus obligaciones con el novelista, le tocaba pasarse por Marukawa para ver el avance de los mangas de los cuales estaba a cargo.

Si no fuera porque Takano le obligaba a cenar o desayunar con él, viviría a base de bebidas energéticas, porque eso era lo único que tomaba por cuenta propia. También comía algún aperitivo en casa de Usami, que dejaba preparado Takahashi, el chico que vivía con el autor. Onodera no tenía idea de porque se quedaba en su casa pero no creía que fuera adecuado preguntar por lo cual no lo había hecho, aunque le daba mucha curiosidad. No veía muy seguido al chico ya que este siempre se estaba yendo a trabajar o simplemente no estaba cuando él llegaba. No obstante había escuchado varias veces que sensei iba buscarlo después de pasar a dejarlo a él.

Si, Usami seguía insistiendo en llevarlo en auto a su apartamento cada vez que se le hacía demasiado tarde. Y no era que a Onodera le molestara, pero preferiría que no lo hiciera, porque de una u otra manera Takano se acababa enterando y eso significaba ver su cara de molestia y aguantar sus pesados reclamos. De verdad que no entendía porque su jefe se comportaba de esa manera solo porque lo veía en compañía del escritor.

—Yo también tengo un maldito auto, así que la próxima vez que termines tarde, llámame, yo te iré a buscar.

Eso dijo la última vez que lo había visto llegar en el deportivo del famoso novelista. Por supuesto que Onodera no pensaba llamarlo. Ya tenía suficiente con que por las noches fuera a su apartamento, y pobre de él si no le abría la puerta porque prácticamente era un milagro que no se la echara abajo.

Y hablando del rey de roma, apenas llegó al cuarto piso donde se hallaba el departamento de las doncellas, se encontró con la mirada de Takano fija en él. También el resto de sus compañeros dejaron lo que hacían para voltear a mirarlo.

— ¡Rit-chan, que genial verte por aquí!

—Llegas justo a tiempo

Mino y Kisa parecían realmente felices de verlo, como si lo hubiesen extrañado toda esa semana que no pudo pasarse por allí. Esto sorprendió agradablemente a Onodera, que se olvidó un poco de su cansancio al ser tan bien recibido. Hasta Hatori esbozó una leve sonrisa al verlo.

—Ponte a trabajar

Recibió la seca orden de Takano, rompiendo el momento. Mirándolo de mala manera, se sentó en su correspondiente asiento y abrió su laptop, dirigiéndole a la pantalla una mirada adormilada. Estaba revisando su correo electrónico cuando Mino se levantó de su silla, dando la vuelta para dirigirse a su puesto.

—Onodera-kun, tengo un problema con el manga de Mutou-sensei, ¿podrías revisar esto?

Mino mantenía su habitual sonrisa, como si no estuviera haciendo nada raro. Lo cierto es que se hallaba en una posición poco común. Se había puesto detrás de Ritsu, inclinándose completamente sobre él apoyando el pecho en su espalda y quedando su cara al lado de la del menor, muy cerca. Onodera, que sentía extraño el comportamiento del otro, se puso algo nervioso cuando sintió al mayor tomar su mano para dejarle unos papeles en ella.

Era parte del storyboard de la mangaka. Onodera se dispuso a revisarlo, esperando que su compañero volviera a su asiento, pero este se quedó exactamente donde estaba. Con incomodidad, leyó los diálogos y revisó cada viñeta hasta encontrar el problema, señalándoselo a Mino y preguntándole si se refería a esa parte. No se esperó que este le contestara hablándole pegado a su oreja en un tono bajo y dejándole sentir su cálido aliento. Al notarlo no pudo evitar estremecerse, su cuerpo simplemente reaccionó solo, ya que era bastante sensible en esa parte.

Takano había estado observando con curiosidad el raro comportamiento de uno de sus subordinados. Realmente no comprendía porque Mino se comportaba así, pero eso no quitaba que estuviera empezando a irritarse con este por estar tan jodidamente de Onodera. Trato de ignorar la escena, ya que sabía que no debería preocuparse de tal manera solo porque un hombre se acercara tanto a Ritsu, pero falló, cuando vio como el chico sonriente se inclinaba sobre el novato para hablarle al oído.

Kisa sonrió disimuladamente, observando atento como las cejas de su jefe dibujaban un marcado surco en su frente. De todas maneras Takano no lo hubiese notado, ya que estaba concentrado en matar con la mirada al pobre Mino. Toda esa escena tenía una razón. Hace unos días, en un breve descanso, había pasado a por un café junto con Mino y aprovechó de comentarle sus sospechas con respecto al porqué del mal humor de superior. Kanade no se vio muy sorprendido por las razones que le dio Kisa, y al final terminaron confabulando juntos para saber si tenían o no la razón.

Si como ellos imaginaban, Takano estaba tan irritable por la ausencia de Onodera, significaba que seguramente era un hombre bastante posesivo y por consecuencia, celoso. Así que el plan era simple, cuando Ritsu viniera a ver el desarrollo de sus mangas a cargo, se comportarían demasiado cercanos a él. Tratarían que se viera como si estuvieran coqueteando con su compañero sin caer en el descaro.

Kisa propuso el plan y dio por hecho que solo él participaría en el coqueteo a Onodera, así que se sorprendió un poco cuando Mino también se ofreció a ayudar. Según tenía entendido, su colega era heteresexual, y la mayoría solía sentirse incomodo si tenían que flirtear con otro hombre. La verdad es que Kanade tenía muy segura su propia sexualidad y era por esto que no le molestaba en absoluto tontear con Ritsu si solo era por comprobar algo que picaba su curiosidad.

Mino se retiró a su puesto luego de que ya no hallara excusa para seguir hablando con Onodera. Los dos editores solo esperaban que su plan no molestara al novato, pero este era tan denso para esas cuestiones que no había notado sus intenciones. Bien por ellos.

Takano volvió su atención al storyboard que estaba corrigiendo, intentando olvidarse de lo que había presenciado. Seguramente lo que había visto era producto de su mente exagerando las cosas, ya que creía totalmente improbable que Mino sintiera alguna atracción por su Ritsu, o eso esperaba, de lo contrario sabía que se comportaría de una manera muy poco profesional con su subordinado. Desde que Onodera Ritsu había vuelto a su vida que no podía separar su vida privada del trabajo.

Después de pasado un tiempo prudente, Kisa fue el siguiente en hacer su movimiento. Saco una caja de chocolates no-tan-baratos que compró hace algún tiempo. Ya faltaban unos cuantos bombones que había probado con Yukina con anterioridad, de hecho los probó de la boca de su novio, ambos se entretuvieron derritiéndolos con sus lenguas hasta que la excitación les paso la cuenta y terminaron en otra actividad con el resto de chocolates olvidados. El recuerdo lo hizo sonrojar, pero movió rápidamente la cabeza de un lado para otro para olvidarse de esa bochornosa situación y centrarse en el presente.

—Rit-chan, traje estos bombones riquísimos. ¿Quieres probar uno?

Esperaba que Ritsu no fuera alérgico al chocolate o algo así. El novato dudo un momento antes de aceptar y agradecer por el ofrecimiento. Kisa rápidamente sacó un bombón, liberándolo de su envoltorio y presionándolo contra los labios de Onodera, instándolo a abrir la boca. El menor abrió la boca por reflejo, aceptando el chocolate y sintiéndose incomodo cuando sintió los dedos del mayor rozando sus labios.

— ¿Estaba rico, Rit-chan? —preguntó con el mismo tono de voz que usaba cuando buscaba seducir a un hombre en sus salidas nocturnas, antes de conocer a Yukina.

—Mucho, gracias Kisa-san.

Takano estaba que le salía humo por las orejas. ¿¡Qué diablos les pasaba esos dos!? Nunca antes habían mostrado interés por Onodera, más allá del profesional/amistoso, y ahora no hacían más que coquetearle. Para más colmo, el mismo Onodera no parecía darse cuenta de nada, por lo tanto no intentaba ponerles distancia.

— ¡Onodera! —Prácticamente le gritó, provocando que el aludido saltara en su sitio—. Sácame cinco copias de cada uno de estos documentos, ¡ahora!

Ritsu, acostumbrado a los desplantes del editor jefe, obedeció sin chistar. Quizás la razón de que no le molestara tanto era que de cierta manera había extrañado su trabajo en el departamento doncella. Escuchando los sonidos de la maquina fotocopiadora pensó que pese al cansancio y a sus problemas personales con su superior, editar manga era un trabajo que había llegado a disfrutar.

Para la hora de almuerzo, Onodera no parecía ir a parar sus actividades. Takano sabía muy bien que Ritsu podía olvidarse hasta de comer cuando estaba demasiado concentrado, así que simplemente lo arrastraría hasta un restaurante cercano. Sin embargo se le adelantaron.

—Rit-chan, te ves cansado.

—Ahora íbamos a almorzar, ¿te vienes con nosotros? —ofreció Mino.

Onodera vaciló antes de aceptar acompañarlos, sin darse cuenta de la mirada cargada de reproche que le mandaba Takano.

—Yo también me dirigía a almorzar, los acompañare —se agregó Takano.

Al final fueron todos, incluyendo Hatori, que había percibido el inusual comportamiento de sus compañeros, llevándole a preguntarse que se traían esos dos con Onodera.


Cuando Misaki llegó al trabajo, vio como la mayoría de los editores estaban aglomerados alrededor del editor en jefe de Japun. Curioso se acercó tratando de ver que era tan interesante, pero no pudo vislumbrar nada.

—Takahashi-kun que bueno que llegas.

—Kimura-san, ¿Por qué están todos con Kirishima-san? ¿Acaso pasó algo?

—Nah, no es nada para preocuparse, de hecho ven a verlo tú también, al parecer Kirishima-san no tiene reparos en mostrárselo a cualquiera.

Misaki siguió al editor hasta el puesto del editor jefe que ya estaba despejado de gente, la mayoría había vuelto a su respectivo trabajo. Kirishima sostenía su teléfono celular en la mano, mirándolo con una sonrisa que a Misaki se le hizo fuera de lo común. Como dijo Kimura, al mayor no le molestó mostrarle lo que parecía divertir tanto a los otros. Era la fotografía de un hombre bastante grande, que tenía una expresión gruñona, lo peculiar en la foto era que dicho hombre traía puesto un cintillo con orejas de oso.

Como Misaki no entendía que era lo que causaba tanta gracia a los otros, ambos editores le explicaron que la persona de la foto era un trabajador del departamento de ventas llamado Yokozawa. Ahora que lo mencionaron, él lo recordaba vagamente de alguna vez que se cruzaron en la oficina.

—Por cierto, Takahashi-kun, tenía un encargo para ti.

—Ah, claro, ¿Qué debo hacer?

—Necesito que vayas a la casa de Ijuuin-sensei a recoger un manuscrito.

Misaki se tensó automáticamente al escuchar el nombre del mangaka. Desde que este le había declarado su amor no se sentía nada cómodo en su presencia. La mayoría de las veces se sentía como si estuviera traicionando a Usagi solo por estar cerca de él, y era en parte porque no podía evitar querer pasar tiempo con el mangaka. La contradicción se debía a que pese a la incomodidad, seguía admirando el trabajo de sensei.

— ¿Es-está seguro que debería ir yo? Su... su editor…

—Shizuku está es una reunión ahora, precisamente discutiendo con ventas algunos aspectos de 'The Kan'. Además ya has hecho este trabajo muchas veces, no tendría por qué haber problemas esta vez —le explicó Kirishima.

Misaki no podía decirle que no al editor jefe, así que resignado se despidió de todos en la oficina y se encaminó a la estación. Al llegar al apartamento de Ijuuin y tocar el timbre recibió el acostumbrado grito molesto del mangaka a través del intercomunicador. El hombre lo tuvo bastante tiempo esperando antes de dignarse a abrir la puerta. Se veía realmente cansado, tenía unas ojeras enormes y el pelo desordenado y aun así, al verlo le dirigió una gran sonrisa que hizo que su rostro se iluminara. Misaki se sonrojó con solo verlo sonreírle tan ampliamente, pensando en lo realmente guapo que se veía.

—Es agradable volver a verte Takahashi-kun.

—Ah… —Misaki tardó en responder debido al nerviosismo— También es agradable verlo, sensei.

—Aunque esta no es una visita de cortesía ¿cierto? ¿Vienes por el manuscrito?

—Bue-bueno, eso es cierto…

—Claro, pero antes pasa, tengo que buscar unas páginas que tengo aparte.

— ¡No es necesario! —Dijo frenético—, yo puedo esperar aquí.

Ijuuin Kyo podía ser muy persuasivo y Misaki tenía dificultades para negarle lo que sea a una de las personas que más admiraba. Nunca se había sentido atraído hacia ningún hombre con la única excepción de Usami Akihiko. Por supuesto sus sentimientos por el novelista iban mucho más allá de simple atracción, pero ese no era el tema. La extraña fascinación que le provocaba el mangaka le hacía pensar en algo que evitó por mucho tiempo. El hecho de que era homosexual. Nunca había querido catalogarse de gay a sí mismo, pesé al hecho de que estaba enamorado de otro hombre. Era como aceptar que no era normal, que no cumplía las expectativas de su hermano, era sentirse presionado por una sociedad intolerante.

Además, darse cuenta de que le gustaba Ijuuin-sensei de una manera más personal y no solo sus obras tampoco era agradable. Él estaba en una relación amorosa desde hace mucho y aunque no lo admitiera en voz alta casi nunca, estaba realmente enamorado de su casero. A veces se preguntaba si, como otra persona era capaz de ejercer atracción en él, Usagi se habría sentido de la misma manera con un hombre alguna vez, aun estando con Misaki.

Ijuuin volvió sujetando un grueso sobre, sacándolo de sus pensamientos. Había estado esperando de pie en medio del salón no-tan-desordenado del mangaka. La última vez que fue a buscar un manuscrito el cuarto estaba tan caótico que apenas se podía caminar de tantas cosas tiradas en el suelo.

El hombre lo obligó a quedarse un buen rato con él e incluso a beber algo, sin embargo no le presionó de ninguna manera, como si supiera que Misaki le rechazaría o escaparía si le insinuaba algo o le pedía respuesta a su declaración. Estuvo mostrándole algunos artículos únicos de su manga, sabiendo que así podría retenerlo más tiempo, preguntando entre aquella inocua charla, cuestiones más personales. Misaki aún era joven y también ingenuo. A veces no se daba cuenta de cuento revelaba de sí mismo o de las intenciones de otras personas.

Cuando Misaki dejó la casa de Ijuuin para volver a la editorial se sentía feliz a la vez que culpable. Feliz por el tiempo que había pasado junto a su autor favorito hablando de su manga favorito y culpable porque sabía lo mucho que le molestaba a su pareja que pasara tiempo con el mangaka. Pero un poco del sentimiento de culpa se disipó cuando recordó que los últimos días Usagi parecía muy ocupado como para tomarle atención. Ocupado con su editor. Se suponía que el novelista compartiera tiempo con el encargado de sus libros, pero Misaki no recordaba que fuera tan ameno cuando antes lo hacía con Aikawa.

Entrego el manuscrito a Shizuku, no sin antes recibir una mirada cargada de algo que Misaki no supo identificar, pero que le causo un escalofrío. Se había demorado bastante en la casa de Ijuuin pero ningún editor le reprendió por ello, debido a que aún estaban lejos de los últimos días del ciclo y no había tanto trabajo por hacer.


Onodera solo quería llegar a su departamento y ser capaz de avanzar más allá del genkan, estaba tan cansado que de seguro colapsaba nada más entrar. Takano estuvo con un humor de los mil demonios el resto de la tarde y Ritsu se compadecía de Mino y Kisa que aún estaban en la oficina y seguramente se quedarían ahí por mucho tiempo más. El editor jefe le había dado una terrible carga de trabajo a esos dos, que Onodera no tenía idea de donde había sacado dado que aún estaban por la mitad del ciclo.

Por los menos había conseguido terminar su trabajo pendiente y ahora podía marcharse a casa. Cuando atravesó la salida del edificio chocó con una persona que estaba parada justo delante de las puertas, entorpeciendo el paso. Onodera iba a reprocharle cuando se fijó en quien era, el chico ligeramente más bajo que él. Se trataba de Takahashi, quien vivía con Usami Akihiko.

—Lo siento, no debería haber est… ¿Onodera-san?

Al parecer el menor también lo reconoció.

—Takahashi-kun —saludó Ritsu — ¿Qué haces aquí, en Marukawa? —preguntó extrañado.

—Trabajo aquí a medio tiempo, por el momento.

Onodera no tenía idea de que Misaki trabajara también en Marukawa. La verdad sentía mucha curiosidad hacia su persona, no es que fuera un entrometido, pero le gustaría saber un poco más acerca de la persona que había conseguido convivir con Usami.

— ¿Ya has acabado el trabajo por hoy?

—Eeeeh, sí.

— ¿Vas a la estación?

Misaki no veía señales de que Usagi fuera a recogerlo ese día así que contestó afirmativamente.

— ¿Te molesta si caminamos juntos hasta allí?

—No, para nada —se apresuró a contestar.

Ritsu tenía muchas preguntas en la punta de la lengua pero no se atrevía a hacer ninguna. Al no saber cómo empezar una conversación el silencio se fue prolongando, volviéndose incómodo.

—Y… Onodera-san, ¿Cuánto tiempo lleva como editor de literatura?

Misaki cortó el silencio llevado por su propia curiosidad.

—Llevaba tres años.

— ¿Llevaba?

—Sí. Lo que pasa es que yo trabajaba en otra editorial, pero para impulsar mi carrera decidí cambiarme a Marukawa, y bueno, la verdad no se la razón pero no fui puesto en literatura, sino que fui transferido al departamento de shoujo manga —le explicó.

— ¿Eh? Si edita manga entonces ¿cómo es que ahora trabaja con Usagi-san?

Nunca se imaginó que aquel hombre trabajaría editando manga dirigido especialmente a chicas, aunque él mismo le dijo que no sabía cómo había acabado en ese departamento.

—Bueno, fue una orden del director general.

Eso significaba que Isaka era el que había vuelto a reunir al editor con Usagi, vete a saber por qué. Misaki nunca había entendido que era lo que ese hombre tenía en la cabeza.

—Ya veo. ¿Y qué te gusta más, manga o literatura?

Ritsu se quedó en silencio por un momento. La pregunta lo había tomado por sorpresa y tuvo que pensar antes de responder. Antes seguramente hubiera respondido con un rotundo "literatura" pero ahora sentía que no debía desmerecer su actual trabajo.

—Me gustan ambas, aunque diría que aun prefiero la literatura —contestó al final.

Misaki pensó en lo feliz que se veía Onodera cuando iba a casa. Una parte de él pensaba que se veía dichoso por ver a Usagi y eso inconscientemente le daba una sensación de peligro. Pero ahora pensó que quizás la alegría del editor se debía a que podía volver a hacer el trabajo que más le gustaba y no solo por pasar tiempo con el novelista. Ese razonamiento le mitigó los celos que no sabía que había estado sintiendo.

Ahora que podía hablar directamente con Onodera, sin ese resentimiento, se dio cuenta que era una persona agradable y también amable, así que decidió hacerle algunas preguntas que llevaban inquietándole desde que había sido aceptado para trabajar en la editorial.

—A mí desde pequeño me ha gustado el manga y al estar trabajando de medio tiempo aquí… Me di cuenta que quería dedicar mi vida a esta industria.

Ritsu se mostró curioso, instándole con la mirada a continuar.

—Por eso apliqué para esta compañía y al final fui contratado. Falta muy poco para que me gradúe de la universidad y por fin entre a trabajar de manera estable, pero yo… no puedo evitar sentirme inquieto al no saber a qué departamento me mandaran.

Ritsu escuchó como Misaki le exponía sus incertidumbres. No entendía por qué aquel chico se estaba abriendo así con él, que era prácticamente un desconocido. De manera directa no le estaba pidiendo consejo, pero sabía que eso era lo que buscaba de él, así que decidió hacer su mejor esfuerzo en contribuir a tranquilizarlo.

— ¿Cuál es el departamento al que te gustaría que te mandaran?

—Quiero ser editor de manga, preferiría el departamento de shounen.

—Sabes, sea lo que sea que edites, cuando lo haces ves lo mucho que pone de sí el autor en sus obras. Tú mismo pones algo de ti en sus escritos. Cuando estás trabajando tan estrechamente con el mangaka y luego ves el resultado final es algo que te llena por dentro. No importa que genero sea, si el manga es bueno, lo vas a disfrutar y querrás dar lo mejor para que llegue a otros.

Onodera esperaba haberse dado a entender, ya que prácticamente contó su propia experiencia. Sabía que al principio, si a Takahashi lo mandaban a un departamento con el que no estuviera familiarizado, podría desilusionarse, pero si realmente era su vocación el trabajar en el proceso editorial, no tendría problemas en adaptarse.

—Creo que entiendo… yo mismo estuve pensando que quizás ni siquiera trabaje como editor, ya que hay tantos departamentos diferentes pero… me gustaría ayudar a que los mangas lleguen a los lectores, no importa el papel que desempeñe en él.

Misaki y Ritsu siguieron conversando hasta que llegó el tren donde Ritsu debía subir. Básicamente el editor de Emerald se dedicó a contestarle preguntas y contarle sobre su experiencia laboral. Habían congeniado y Misaki parecía haberle tomado confianza bastante rápido, así que Ritsu estaba preparado para dejar caer la pregunta del millón: ¿por qué vives con Usami-sensei? Sin embargo no pudo encontrar el momento adecuado.

Continuará...

Notas de Autora: En verdad sus reviews me animan, gracias a los que se hayan tomado un tiempo para dejarlos ^^. Y los invito a seguir dejando sus opiniones y/o críticas, que son importantes para mi.

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