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Capítulo III : Secreto oculto
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Rottres se dirigió hacia el templo Soesed, allí le esperaba Atros, le había citado para hablar de algo "importante"¿ qué querría ?; una vez dentro miró a su alrededor, sólo podía divisar inocentes monjes depositando sus deseos mediante papiros en las fuentes del destino. Las leyendas acerca de ese templo aseguraban que si ofrecías a aquellas aguas tus más profundos deseos, se volvían realidad si se pedían de corazón... Bobadas, el único deseo que él tuvo nunca fue cumplido, que iluso fue de niño creyendo que la leyenda sería cierta.
- Estoy aquí Rottres – advirtió Atros.
- Buenas.
- Siento que tu deseo no fuera cumplido, pero debió ser así por el bien de todos – Atros había adivinado sus pensamientos.
- Lo sé – reconoció Rottres – pero lo que sí es verdad es que mi vida hubiese sido realmente diferente si se hubiese cumplido.
- Bueno, no te entristezcas por un pasado que no pudo ser y alégrate por un futuro que con tus manos puedes construir – dijo Atros sonriendo.
- Dejemos el tema¿de qué querías hablar ? – atajó.
- Te lo diré sin rodeos. Ciertas fuentes me han informado de que hay un infiltrado en nuestro Mídales, que alguien con suficiente autoridad para ello ha conseguido ocultar un hombre de Piros ... ¿me equivoco al pensar que ha sido alguno del clan de los sabios ? – Atros miró a Rottres acusadoramente.
- Te equivocas Atros, yo nunca haría algo así – intentó disimular Rottres.
- Vamos colega, ya son muchos años juntos para no conocerte a la perfección, yo era quien te defendía de niños cuando tu hermano se metía contigo ¿ recuerdas ?.
- Mi hermano... – le hervía la sangre cada vez que le recordaba – él se llevó todo aquello que yo deseaba, nunca le perdonaré lo que hizo con ella – se sinceró Rottres melancólico por un pasado dejado atrás.
- Ya nada se puede hacer, a veces las cosas no salen como uno espera, pero ... no me has contestado sinceramente a mi pregunta camarada.
- Pues ... si, fui yo, como bien intuyes, sólo te diré tengo mis motivos.
- Está bien, respetaré tus decisiones, sé que puedo confiar en ti, no obstante espero que sepas lo que haces – dijo Atros.
Rottres asintió y con ello se despidieron para marchar cada uno a su tarea. Estaba algo confuso¿había hecho bien confiándole ese secreto a Atros? Bueno, después de todo era su mejor amigo, así que debería estar tranquilo, sólo deseaba que Atros no metiera la pata y fastidiara sus planes. Una vez alguien le hizo perder algo realmente preciado para él, no se volvería a repetir.
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Ores se ciñó bien la cuerda sobre su toga ... como echaba de menos su vestimenta de Piros, le daba mucha más movilidad y podía mostrar al mundo quién era él, todos se reverenciaban a su paso cuando paseaba por las calles de su país, cómo echaba de menos ese sentimiento de poder sobre los demás ... Y no aquella estúpida ropa que ocultaba todo su ser y le hacía rebajarse a ser un simple monjucho, qué vida más aburrida debía ser la de los monjes, sólo sabían estudiar la historia de Ecúmene y descubrir sus secretos para con ellos poder ayudar a Piros y Helios, no entendía por qué se mantenían neutrales, o eres de un bando o del otro, que tontos.
Rápidamente se dirigió hacia Seleos, llegaría 10 minutos tarde, pero bueno, sería reconfortante observar la cara de impaciencia de Selene, le encantaba rabiarla¿ por qué lo haría ?.
Allí estaba ella, sentada en un detallado banco de mármol blanco con aire pensativo, no lo entendía, debía estar furiosa por su tardanza, y sin embargo allí estaba, con la mirada perdida hacia el infinito. Se quedó un rato allí de pié, junto al arco de enredaderas con flores que hacía las veces de puerta al jardín, le gustaba lo que estaba viendo ...
- ¿ Piensas quedarte ahí plantado mucho tiempo Sora ? – le dijo Selene volviendo el rostro y mirándole directamente a los ojos.
- ¿ Cómo sabias que estaba aquí ? – se asombró Ores.
- Digamos que desde niña siempre tuve una gran sensibilidad para detectar personas a mi alrededor sin necesidad de verlas.
- Caramba, digo, ejem... quizás sea útil para evadir los ataques de los enemigos, ahora entiendo por qué ayer esquivabas mis ataques, sin embargo si mal no recuerdo uno de ellos te alcanzó el brazo, así que no es para tanto esa "hipersensibilidad" que dices tener – intentó arreglarlo Ores, Selene le estaba sonriendo pues se había dado cuenta de su asombro.
- ¿ Para que me has citado en este jardín ¿ Qué haremos hoy ?.
- Más adelante hay una plaza circular con distintos fuegos de varias intensidades encerrados en cálices de bronce – informó Ores.
- ¿ Ahh si¿ Y qué tengo que hacer ¿ Son muy grandes ? – preguntó ilusionada Selene.
- Deja de preguntar constantemente como una chiquilla insoportable. Limítate a escuchar . Colócate encima de la rueda giratoria del centro de la plaza – Selene a regañadientes obedeció una vez allí. Ores destapó uno de los cálices, de él brotó un incesante fuego rojizo – Bien, tu tarea es congelarlo, has de conseguir inmovilizarlo, más no explotarlo ni alterarlo.
Tras una oración invocadora Selene apuntó con dos llamas de sus manos hacia la copa y efectivamente, el hielo rodeó con una fina capa al fuego. Sonriente con su hazaña Selene bajó las manos, pero tuvo que dejar de sonreír al observar que el fuego encerrado bajo el hielo estaba derritiéndolo.
- Jum, una cárcel muy débil para encerrar a este fuego¿no crees Selene?.
- Lo intentaré de nuevo – aclaró ella.
Volvió a intentarlo con todos los demás cálices, eran 10 en total y aunque el bloque de hielo resultaba cada vez más consistente, tras unos momentos volvía a derretirse.
- Ahora que lo pienso, he sido yo quien ha introducido estos fuegos en los cálices, así que no me extraña que no puedas con ellos, jajaja – le estaba gustando aquella derrota de Selene - Has de ponerle sentimiento, sino eres fuerte de voluntad, poco eficaces serán tus ataques.
- Poca fe tienes en mi Sora, ahora verás.
Selene juntó todo su deseo de demostrar a aquel engreído su poder con sus ganas de auto complacerse en sus oraciones. De repente unas blancas llamas salieron de sus manos, aquello era nuevo, siempre eran de color azul y blanco, de todas maneras debía ser bueno. Asi que juntó sus manos en su pecho y extendió sus brazos hacia delante como una espada soltando las blancas llamas. Inmediatamente alcanzaron al último cáliz que quedaba con fuego y lo rodearon con fuerza, el fuego rojizo luchaba por descongelar su envoltura, más pasados unos segundos, se paró, Selene lo había logrado.
Pero ¿cómo¿había inmovilizado su fuego ¡ Aquello era imposible ! Ores iba a explotar de la rabia. Tranquilízate ... ah, claro, claro, cuando introduje los fuegos el día anterior en los cálices lo hice con prisas y desgana, debía de ser aquello, si, estaba seguro.
- ¿ Y ahora que me dices Sorita ? – dijo triunfante Selene.
-Menos confianzas y respecto a eso ... bueno, lo único que puedo decir es que ya era hora de que hicieras algo en condiciones, me estaba aburriendo.
- Claro, claro – le dijo Selene mirándole incrédula.
- Ahora haremos unos cuantos ejercicios más con fuegos recién salidos del horno.
- ¿ Co ... cómo ? – Selene no entendía.
- Bien chicos, acercaos a nuestro alrededor, os quiero rápidos y con ataques fuertes – indicó Ores.
De repente varios monjes aparecieron como de la nada en la plaza, se descubrieron el rostro e invocaron sus poderes.
- Empezad ya chicos, que es hora – se impacientó Ores.
Dos monjes atacaron en dirección a Selene, esquivó uno de ellos y el otro consiguió paralizarlo cayendo éste al suelo, congelándolo como había hecho antes con el del último cáliz. De seguido otros tres la atacaron, había fallado antes un ataque pues sólo lo había esquivado, más no paralizado, así que esta vez sería más rápida. Confiaba en sí misma, y esa confianza fue su fuerza para paralizar todos los sucesivos ataques que le realizaron durante una larga sesión los monjes.
- Bien, eso es todo por hoy – sentenció Sora.
- ¿ De veras ? – dijo aliviada Selene, el ataque de las llamas blancas le cansaba de sobremanera, imaginaba que era por ser su primera vez utilizándolas.
- No querida, ellos han terminado, tú aún no . Nos queda la parte más importante, la transformación.
- ¿ A que te refieres Sora? – dijo cansada.
- Sígueme – le pidió Ores.
Selene le siguió cruzando un puente de madera blanco con espirales en dorado y llegaron a un pequeño rincón en el que había diversos objetos colocados en distintas mesas, había de todo, un bastón, una copa de cobre, un broche antiguo con forma imitando a una ola y ... ¿una ardilla?.
- ¿ Qué pretendes que haga con una ardilla ?.
- Ya lo verás. Bien, colócate cerca del bastón. Así me gusta Selene – ella obedecía ya por cansancio, sólo anhelaba su suave camita ... – tu tarea consistirá en transformar este bastón en hielo, manteniendo su forma original.
- ¿ Y cómo pretendes que haga eso ? – se desesperó Selene – bueno, ahora que lo pienso, de pequeña congelé sin querer una copa, pero fue porque estaba muy enfadada porque no me dejaban montar en Erios, mi pegaso- ¿ dónde estará ? pensó, lo había dejado libre ya que sabia que no le gustaba estar encerrado en Helios, podía estar tranquila, sabia que con un solo chiflido él acudiría desde cualquier lugar que se encontrase.
- Ahí está el truco, por decirlo de alguna manera. El último nivel de nuestro poder es la transformación, y su fuerza reside en un sentimiento intenso, en la rabia como fue tu caso, es la fuente que lo alimenta. Con ese ataque ya conocerás, murieron Eléana y Solten – Selene se estremeció al oír el nombre de sus padres – tal odio se tenían en el momento de la guerra que se congelaron y redujeron a cenizas respectivamente, por eso ninguno sobrevivió.
- Lo sé – dijo triste Selene.
- Entonces vamos allá, piensa en fuertemente en un recuerdo que te produzca un sentimiento intenso.
Selene empezó a recordar ¿ en qué podía pensar, a ver a ver ... Ya sabía, pensaría en la primera vez que montó en Erios, surcando los cielos, yendo en contra del viento mientras ella reía sin parar, era feliz.
Mientras pensaba sus manos se llenaron de llamas y con un gesto se dirigieron hacia el bastón atravesándolo para fundirse con él ... más no funcionó, el resultado fue una mezcla de madera y hielo que mantenían la forma del bastón.
- Como ves no es suficientemente fuerte ese recuerdo, elige otro – le indicó Ores.
No se le ocurría ningún otro, no había tenido ningún otro momento tal especial ... Mmmm, había encontrado uno, este le serviría. Selene invocó sus poderes y una gran llama bicolor surgió de sus manos para terminar en el bastón.
A continuación este último empezó a temblar para acabar convirtiéndose completamente en un bloque de hielo con la misma forma y detalles que el bastón. Selene estaba sorprendida.
- ¿ En qué has pensado ? – se interesó Ores.
- Es algo personal pero ... te lo contaré, pensé en la inmensa alegría que me inundaba de niña cuando corría ilusionada hacia el lago Fores para reunirme con Atros cuando me visitaba¿sabes? Él siempre ha sido para mi una persona especial, me ha cuidado como un padre y le tengo un gran cariño – vaya, se había sincerado demasiado.
Ajam, asi que Atros le guardaba las espaldas a Selene, tendría que tener cuidado con él. Ores sonrió, ahora sabia que Atros era un punto débil de Selene, le sería útil.
- Bueno, si funciona que más da cual sea el recuerdo – en parte sentía envidia por ella, a él nunca le habían tratado con cariño, habían sido muy exigentes y nada más que recibía órdenes de sus instructores - Sólo te digo que cuanto más oscuro sea el sentimiento, como el odio por ejemplo, más poderoso será el ataque – Ores lo decía por propia experiencia.
- De acuerdo¿ pruebo a congelar los demás objetos ? – Ores asintió con la pregunta de ella.
Había acertado con su recuerdo, consiguió congelar todos los demás sin problemas ... excepto la ardilla, antes debía aclarar una cosa.
- ¿La ardilla como mínimo estará muerta no? – no le gustaba aquello.
- Si Selene, no te preocupes.
Selene cerró los ojos y transformó el pequeño animalito con sus manos, pero unos chillidos horribles le hicieron abrirlos. Ya era demasiado tarde, la había matado.
- ¡Me has mentido, la ardilla estaba viva! – gritó entre lágrimas Selene.
- La había drogado para que pareciese estar dormida, enhorabuena chica, has realizado tu primer asesinato, aunque sólo sea a una humilde ardilla.
- No te lo perdonaré nunca.
- Has de aprender a ser fría Selene, o destruyes enemigos ... o ellos te destruirán a ti, no podrás evitarlo en la guerra.
Se levantó y dándose media vuelta corrió desconsolada lejos de allí.
- ¿ Dónde te crees que vas ? – amenazó Ores – la clase no ha terminado.
- Si para mi – aclaró Selene.
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Y con esto se marchó Selene sin olvidarse de coger el bastón en busca de Atros, necesitaba de su abrazo y tranquilidad, más por casualidad se topó con él mientras corría. Atros al verla la abrazó sin más, no necesitaba explicaciones.
- Ha sido muy cruel conmigo, me ha hecho matar a un ser vivo Atros ...
- Bueno, sino es tu razón de ser, déjale claro que no practicarás más sobre seres vivos, tienes el derecho a negarte – dijo Atros haciendo que Selene le mirara aliviada
- ¿ Ah, si ? .
- Efectivamente, existen dos tipos de personas en los guerreros de Helios y Piros, los defensores y los asesinos, puedes elegir tu propio camino.
- Entonces yo ya sé cual es el mío, no quiero volver a matar, ha sido horrible – expresó Selene.
- Pero eres consciente de tu tarea con el elegido de Piros¿verdad?.
- Si, lo sé Atritos, pero prefiero no pensar en eso por ahora.
- ¿ Qué llevas en la mano jovencita ? – curioseó Atros.
- Amm- sonrió Selene – esto es para ti, mi primera transformación, quiero que te lo quedes.
- Todo un detalle, gracias encanto – y le guiñó un ojo.
Al terminar la conversación Selene no tardo más de un suspiro en dirigirse hacia su cuarto para caer completamente rendida en su cama, no podía más con su cuerpo.
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Era plena noche, cuando algo la despertó ... era un sonido peculiar, como de un instrumento que desprendía dulces y suaves notas, se levantó medio encantada, necesitaba saber de donde procedía, asi que salió por la ventana que daba a la terraza, para escalar por la montaña en cuyo interior estaba situado su cuarto.
Atravesó la montaña para terminar escalando otra pequeña montaña más, una vez llegó a la cima, divisó cerca de un árbol de flor de cerezo a un joven del cual procedía ese sonido, tenía en sus manos un instrumento completamente desconocido, con forma rectangular y con algunas teclas que el muchacho pulsaba melódicamente. Se acercó con sigilo, más una hoja seca reveló su presencia.
El muchacho se giró en señal de alerta, más su cara cambió en cuanto reconoció a Selene.
- Acércate – sugirió Ores.
- ¿ Por qué habría de hacerlo ? – aún estaba resentida con él.
- Tengo algo para ti.
- ¿ El qué ¿ Otro animal al que matar ?.
- Tranquila, ya hablé con Atros y me comunicó tu decisión ... y la respetaré – para Ores era una pena, le habría gustado una Selene asesina, pero verla llorar tan sinceramente le había afectado más de lo que pudiese imaginar, no había dormido en toda la noche con un extraño sentimiento de tristeza.
- Está bien – Selene se acercó y se sentó cerca de él, mas manteniendo claras distancias. Aunque reconocía que le atraía bastante ese Sora tan sereno y amable que tenía ahora junto a ella, con aquella toga grisácea con pequeñas aperturas que dejaba entrever su cuerpo. - ¿ qué querías darme?.
Sin esperárselo, Ores se acercó a Selene peligrosamente, consiguiendo asustarla, más de repente sacó un pequeño objeto de su toga, era el broche ondulado que antes había congelado Selene, sin embargo era algo distinto, tenía motivos y espirales en dorado y rojizo, era precioso. Ores se lo puso en el pelo y luego se quedó mirándola de cerca para terminar acercándosele más consiguiendo casi rozar sus labios; pero rápidamente reaccionó y se separó bruscamente de ella.
- ¿ Cómo lo has adornado ? – Selene necesitaba romper la tensión, estaba muy sonrojada por lo que acababa de ocurrir.
- Con tinta pírea, algún día te enseñaré a usarla si lo deseas.
Selene le sonrió como señal de asentimiento. Pero sin ninguno esperarlo el suelo se abrió bajo sus pies, cayendo ambos al vacío sin saber su final.
