El Robo
Era una mañana casi como cualquier otra. Cé se encontraba en el ascensor del edificio, había dejado a sus espíritus reposando en sus tablas mortuorias. Tenía auriculares puestos y llevaba consigo una botella de agua. Bestia pantalón deportivo negro y una remera sin mangas blanca junto a una pequeña toallita para limpiarse el sudor.
A falta de compañeros con los cuales entrenar, desde que había llegado a Rio se había dispuesto a salir todas las mañanas a correr por la playa y hacer su rutina de ejercicios.
Trotaba a gran velocidad sobre la arena sin bajar la vista del firmamento. Amanecía y el sol le daba a los ojos, pero ya estaba acostumbrado a aquella sensación.
Todo con aquel joven Gastón había sido extraño, desde la escena en la que lo conoció, a su educada y cordial actitud una vez lo llevo al apartamento. Amablemente le hizo una cama improvisada en el sillón del living. Sabía que no era lo mejor del mundo. Pero para Gastón aquello marco la diferencia entre un techo y la indigencia. Aquello le había dado tranquilidades de cómo podría llegar a ser la convivencia. Suponía que un compañero le proporcionaría seguridad, pero por momentos lo dudaba.
Al retornar se detuvo en un almacén para comprar leche fresca, unas frutas y galletas para el desayuno. Molesto miro la cuenta, su presupuesto ahora sería el doble de grande. Tarde o temprano debería charlar aquello. Subió en el ascensor mirando las noticias en el oráculo, no había demasiadas novedades. Esa noche no había habido pérdidas. Aquello lo sorprendió.
El ruido robo su atención, era demasiado extraño encontrar en departamentos aquella música tan antigua. Para Cé era imposible decir quiénes eran sus intérpretes, solo recordaba haberlo escuchado en alguna fiesta retro. Efectivamente el sonido escapaba del que en ese momento podía llamar hogar. Cé no terminaba de comprender el porqué de la sorpresa.
-Dancing Queen-Cantaba desde Gastón a todo pulmón y con poca afinación- Feel the beet from the tambourine.
El mexicano dejo las cosas en la mesa para comenzar a recorrer el pequeño apartamento. Claramente el otro joven ni se había enterado de su presencia. Cuando entro al baño se encontró a Gastón en la ducha, con la puerta y cortina abierta, bailando mientras cantaba, así tal cual Dios lo trajo al mundo. Fue tal el grito que Cé dio que Gastón solto un alarido de pánico al no entender que pasaba. Rápidamente el moreno cerró la puerta para ir hasta el living, en donde estaba en Teniente Carlson algo avergonzado, a su lado estaban Quetzali y Serp riéndose. Lucy se mostraba molesta tras la interrupción de su espionaje a Gastón en la ducha.
-¿Y ustedes como salieron de sus tablas mortuorias?-Hablo impresionado el chico a sus espíritus.
-El joven Gastón los ha liberado, pese a que le insistí que no era correcto-reclamo el fantasma. A su lado los espíritus de animales parecían bien divertidos con la situación
La puerta se abrió y dejo escapar el vapor concentrado del baño, a su lado Lucy miraba emocionada a Gastón, mientras el joven no podía evitar las malas miradas. Apenas llevaba un pantalón mal abrochado y su cuerpo se encontraba completamente mojado.
-Lamento el mal entendido Anacleto-Hablo galante el chico pese a los suspiros del espíritu.
-…Gastón, te amo…-Susurro por lo bajo Lucy.
-Sería prudente-Hablo calmado el moreno-Que seas cuidadoso con el tema de la convivencia, recuerda que…
-Sí, lo sé, lo sé-Sonrió el joven de castaño cabello-Es solo que a veces me olvido que no soy el único ser humano sobre el planeta.
-Con que recuerdes que no eres el único ser humano en este departamento yo estoy bien.
-Jamás te olvido Anacleto-Sonrió expresivamente-Solo bromeaba
Los días iban pasando, Gastón ahora comenzaba a entrenar por las mañanas junto a Cé, al principio era difícil hacerlo despertar tan temprano, pero luego le tomo el gusto al asunto. Más el joven norteamericano tenía la ventaja de tomar las cosas de manera más relajadas que Cé. Gastón asumía que los asesinatos y peleas eran partes obvias del torneo, pero para el pacifico joven, aquello era algo que no imaginaba. Y para él todo cambio una vez que comenzaron a entrenar juntos. Sentía que había comenzado su equipo, nunca lo habían hablado ni se había mencionado, pero el asumía que no podía ser de otra manera.
El norteamericano tenía un estado físico envidiable, en ese momento que Cé comprendió la cantidad de tiempo que perdió al compararse con aquellos shamanes que entrenaron día y noche. Y las horas que él perdió estudiando y enseñando historia.
Fue un atardecer que volvían caminando por la ciudad cuando sintieron un infantil chillido, miraron alertas ante cualquier ataque y se encontraron ante una pequeña joven que gritaba como loca mientras veía como un grupo de gente corría dirección opuesta.
El norteamericano se acerco rápidamente para hablarle.
-¿Te han lastimado?
La joven levanto la mirada para clavarle sus enormes ojos turquesas bañados de preocupación. Su rostro era olvidable y su cuerpo delgado y con poca curva no llamaba la atención, más aquellos ojos enormes le robarían el aliento a cualquiera.
-¡Nos han robado la mercancía!-Le hablo en una súplica-¡Y mi prima se ha ido siguiendo a esos seis tipos!
-Necesitaran de mi ayuda entonces-Hablo airoso Gastón, Cé le susurro al odio.
-Ella es una shaman.
-si ¿Y?
-¿Qué te hace pensar que los otros seis no lo son? O peor, ¿Qué esto no es una trampa?
Gastón tomo marcha alrededor del mexicano mientras jugaba con su rosario y acomodaba sus lentes. Preocupado el joven lo miraba. Más los ojos de la jovencita estabas puestos en él casi en un ruego.
-Tómalo como parte del entrenamiento, mi querido Cé, a finales de cuentas, somos tres contra seis.
-A mi no me gusta luchar-Hablo la joven, la cual en su hombro tenia sentada a su pequeño espíritu, un hada aparentemente acuática-Pero mi prima está con ellos, ella puede pelear también. Aunque temo que le pase algo.
-No le pasara nada pequeña-Hablo sonriente Gastón-Yo estoy aquí para ayudarlas, ¿Cierto espíritus?
-¡SII!-Grito emocionada Lucy, mientras el teniente Carlson se tapaba el rostro.
-Y también esta mi amigo shaman Anacleto….digo, Cé.
-¡Que amables que sois!
En momentos como aquel, a Cé le costaba comprender como había llegado a tal punto con el joven, como para permitirse arrastrar rumbo a una favela siguiendo a shamanes desconocidos para pelear. Aquello tendrían que hablarlo sin falta alguna.
La joven se presento como Penélope y fue la encargada de guiarlos, gracias al gps que contenía el oráculo virtual podían seguir su camino. Aunque la pequeña comentaba su preocupación por que se lo roben constantemente. Más ahí estaba Gastón para tranquilizarla y explicarle que tenía a dos shamanes poderosos a su lado. Cé se limitaba a mirar, no veía maldad en el rostro de la joven y debería ser muy buena actriz por la actitud dulce e inocente que mostraba.
-Yo hacia esas artesanías y las vendía-Conto preocupada-Con ello vivíamos mi prima y yo. Se llevaron el producto y el dinero. ¡Era todo lo que teníamos!
-Tranquila-Le coloco su brazo sobre sus hombros-Nadie dejara en la calle a dos jóvenes indefensas como ustedes.
-¿Perdón?-Consulto irónico Cé, odiaba aquellos momentos en los que Gastón parecía hacer lo que quería sin importarle su opinión.
-El joven es así-Se quejo el teniente Carlson-Él es hoy mi superior y mi deber es obedecerle. No puedo explicarle todo lo que me ha hecho pasar, joven Cé, no se lo podría imaginar.
-Créeme que si puedo-Contesto resignado. Tras el Serp y Quetzali discutían si abandonar la misión o continuar en la búsqueda de los objetos. A finales de cuentas, no era problema de ellos, argumentaba Quetzali.
-No quiero que Gastón comparta el techo con mujeres, joven Cé, ayúdeme-Le rogo Lucy-Prométame que no meterá a esas cualquieras para que pernocten con el joven Gastón.
-No puedo prometerte que no duerma con ellas-Hablo molesto-Afuera.
-¡No! ¡Señor Cé, no eche a Gastón!
-Merecido lo tiene-Murmuro por lo bajo el teniente.
Se sentía pasado a llevar, pero su esencia bondadosa era incapaz de negarles las puertas a las jóvenes si lo necesitaran, menos aun a Gastón que era su compañero. Pero es que aquel joven metía la pata tan seguido…
Continuaron su camino hasta que vieron como la señal de la prima de Penélope se mantenía estática en un mismo lugar. La joven preocupada comenzó a acelerar el paso ante aquello.
-¡Gastón! ¿Tienes tus objetos de posesión a mano?
-¡Por supuesto!
Para el joven de piel blanca y castaño cabello aquello era algo totalmente emocionante. Aun no había recibido ninguna pelea en su oráculo…. Y desde que llego a Rio no había mantenido una lucha con nadie. Había experimentado muchísimas peleas de entrenamiento ya acordadas con clanes shamanicos vecinos. Pero aquello sería totalmente diferente. Tendría la oportunidad de luchar en equipo por primera vez y mostrar sus habilidades. Además de ayudar a rescatar a las damiselas en peligro.
El mexicano no estaba tan tranquilo, corría apretando en su puño derecho fuertemente aquella serpiente disecada que se dispondría a posesionar de ser necesario, no podía negar que temía por la violencia extralimitada que habían tenido unos shamanes asesinando a los otros. Y que no conocía las habilidades de las jóvenes.Y estaba Gastón, del cual confiaba en sus poderes, más el joven era lo más impulsivo que había visto jamás.
-¡Esta en ese callejón!-Exclamo la joven de cabellos enrulado para que su espíritu volara disparada hacia donde esta le indico.
Para Gastón fue imposible no hacer lo mismo, con una gracia increíble se saco la camiseta para tirarla sobre los pies de Penélope, instintivamente se acomodo los lentes y tomo su rosario para entrar a la pelea.
-¡Deténganse en este momento!-Exigió Gastón, ahí estaba él, parado heroico con su pecho al descubierto, solo su rosario lo cubría, tenía ya colocados sus guantes sin dedos dispuesto a posesionar-¿Qué tipo de maleantes se meten con una dama indefensa?
Seis tipos de enorme estatura se encontraban parados en ronda sobre la joven, parada al medio los miraba retadora. Al escuchar al chico, los hombres lo miraron, más ella parecía no prestar ni la más mínima intención.
-El pelado tiene las cosas-Se quejo la pequeña a Cé.
-Y…-Miro concentrado-Ninguno de ellos son shamanes. ¡Gastón!-Le llamo el mexicano.
Más este solo volteo para sonreír.
-¡Mi nombre es Gastón Franchi!-Exclamo pese a las risas de los tipos-¡Ahora que no tengo la camisa soy 3.4% más ágil! ¡No tienen ninguna oportunidad contra mí!
Pero lo que sucedió no lo esperaba nadie. Los hombres se tiraron en masa, algunos contra Gastón, otros contra la chica, pero salieron disparados volando por los aires. El norteamericano cayó al suelo y se acomodo los lentes sin entender demasiado lo que había sucedido. Dos de los tipos rezaban pidiendo piedad ante aquel demonio. Se puso de pie, para ver a la joven luchar cuerpo a cuerpo con uno de los tipos, con un abanico que voló tumbo al segundo y dejando acorralado dentro de un mini tornado al tipo con las cosas.
-Está usando la fusión de almas-Hablo Cé cruzado de brazos, no podía negar que jamás se imagino que aquello fuese tornarse tan interesante.
-Azucena tiene un espíritu del aire, ella sabe que la fusión de almas es más débil que la posesión, pero ellos no son shamanes y son muchos. Y cuando se fusiona con Ofelia, ella logra volverse muy rápida.
-La necesitamos en el equipo-Pensó el mexicano.
De los seis hombres, solo quedaban dos, uno tumbado inconsciente en el suelo y el otro que rogaba de rodillas ante ella en la esquina.
-Aquí tienes las cosas-Le rogo el tipo tirando el bolso con las artesanías-Tengo un hijo, por favor.
-¿Tienes fuego?-Le hablo despreocupada sacando un cigarro.
-Cla…claro…-Torpemente prendió su encendedor para que la joven encendiera un cigarro. Sonriente le dio la primera pitada.
-Falta dinero-reclamó la mujer.
-Lo tienes mis compañeros-Puso sus manos en modo de rezo-Por favor, por favor, Dios, libéreme de este demonio.
-Ningún Dios te liberara de este demonio-Tomo el abanico para darle un fuerte golpe en la nuca y tirarlo al piso inconsciente. Rompió la fusión para limpiarse un poco el abrigo rojo-Acá están tus cosas Penélope.
Gastón seguía parado de donde nunca pudo moverse. Impulsivamente hablo.
-¡Lo logramos! ¡Los vencimos!-Y el golpe llego tan rápido que siquiera reaccionó-¿¡Y porque me pegas!?
-Por estorbarme-Contesto la joven para marcharse caminando por donde vinieron. Incrédulos los jóvenes la miraron.
Muchisimas Gracias a los que han leido, hallan dejado sus palabras o no!
Tamy, gracias por el comentario... siempre todos se rien de Gastón...¿Quien lo tomara enserio asi? jaja
