Capítulo 2

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Notas de la autora:

Me lo habéis dicho varias, así que os lo digo por aquí: todo sea que luego a vosotras no os haga gracia, pero si el capítulo anterior os ha hecho reír… en serio, con el final del capítulo 3 y el principio del 4 (que es el último), os juro que me daba algo. Me reía tanto que tenía que parar de escribir XD

Y así me gusta, que leáis el fic como tiene que ser: con ambientación manga y todo lo que se tercie XD .

Rogue: Bueno, pues en este capítulo saldrás de dudas con lo de Megumi, jijiji.

Kaory: Pues sí, es bastante más corto. De hecho, todo este fic no me ocupa ni lo que eran 2 capítulos del otro ^_^º. Es un minific :-D . Y la verdad, de éstos sí me podría animar más fácilmente a escribir el día que me dé el arrebato, si es que me aparece alguna idea. Son tan cortitos que los escribo en una o dos tardes. Así da gusto *o* .

Mariona: Entonces, por satisfecha me doy si el experimento está saliendo bien ;-) .

Vale, os dejo con el siguiente :-D

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Capítulo 2

—Bueno, pues creo que ya está. Nos ha llevado mucho rato, pero creo que te valdrá. Léela —dijo Megumi acercándole un papel.

Pasó su mirada por encima de las letras sabiendo que aquello posiblemente fuera lo mejor que podría decirle en su declaración.

Kenshin notó una sacudida en su cuerpo haciendo que se descentrara por un momento de la conversación.

—¿Tengo que decirle todo esto? —preguntó inquieto.

—Como comprenderás, llevamos varios días ensayando y te trabas a la menor oportunidad. Si lo llevas estudiado y bien aprendido, te saldrá solo. Confía en mí.

—«Kenshin…» —le llamó una mujer en la lejanía.

—Kaoru va a saber que esto no lo he pensado yo —comentó preocupado. Para él, era evidente que esas palabras no saldrían de su boca. No tenía tanto sentido del romanticismo.

—¡Qué va! —dijo restando importancia—. Kaoru no se dará cuenta y lo sabes. Es demasiado ingenua —terminó diciendo confiada.

—¿Estás segura? Ella me conoce bien; va a notarlo.

—Si se entera, será porque tú se lo digas. Créeme, no estará atenta a los detalles.

—«¡Kenshin!» —La voz fue mucho más potente y compeledora además de que le siguió una fuerte sacudida, pero la conversación en la que estaba metido era tan vital para él, que empleó todas sus fuerzas para seguir en ella.

—No lo veo claro.

—Además, no sé de qué te preocupas. Estás pensando en el después cuando ni siquiera hemos llegado a esta parte. —Megumi apuntó a la carta en la que iba la futura declaración de Kenshin—. ¿Quieres que lo haga yo primero?

—¡Despierta de una vez! —gritó Megumi y Kenshin recobró el conocimiento.

Por un momento, Kenshin se sintió desorientado, sin saber qué había pasado. Al menos el lugar era el mismo, pero había pasado de estar ensayando con Megumi su declaración a Kaoru, a estar tirado en el suelo con ella intentando que espabilara.

—Ya estás de vuelta. Menudo golpe que te ha dado. —Kenshin intentó incorporarse, pero una punzada de dolor le atravesó la cabeza haciendo que llevara una mano hasta allí. Tenía un chichón enorme—. Menudo humor tienes, Kenshin… cualquiera no aguanta los arrebatos de Kaoru. ¿Cómo estás?

Algo más centrado, Kenshin asintió para indicarle que se encontraba bien.

—Bueno, pues ahora que estás recuperado, tengo una mala noticia para ti. —Kenshin la miró a los ojos desconcertado—. Kaoru nos ha oído. Mejor dicho, ha debido escuchar parte, porque cree que la declaración que he leído en voz alta, era de mí para ti.

—¿Eeehh? —se sorprendió el hombre abriendo los ojos de par en par.

—Pues ahí no acaba la cosa: piensa que además, te complace que sea así.

—¡¿Eeeeeehhhhh?! —Por un pelo, Kenshin no acabó inconsciente otra vez por el shock.

—Deja de decir «eeehh» y piensa en algo —le recriminó Megumi—. Se ha ido muy afectada de aquí.

Kenshin no necesitó más estímulos para salir corriendo de la clínica en busca de Kaoru. Suponía que la alcanzaría, pues su paso era más lento que el de él, más si se aplicaba en la carrera. Pero a la hora de la verdad, llegó a casa sin cruzarse con ella, por lo que era evidente que había ido a algún otro lado.

Kenshin suspiró y en cierto modo agradeció tener ese tiempo para pensar. Tenía que buscar una excusa a lo que estaban haciendo en la clínica, pues no podía decirle de sopetón la verdad. Ya se podía imaginar la escena:

—Verás, Kaoru, lo que has escuchado en la clínica no es lo que parece.

—¿Acaso no era una declaración de amor lo que Megumi estaba diciéndote? —reprochó una furibunda Kaoru.

—Sí, pero en realidad no era de ella. Te va a resultar gracioso —dijo con una risita nerviosa ante el aura flamígera de la joven—, pero lo cierto es que llevo varios días yendo a la clínica para ensayar cómo decir lo que siento por ti. Y como no se me da bien, Megumi me ha hecho una carta para que la memorice y te la diga. ¿A que tiene gracia?

Y como resultado, volvería otra vez al estado inconsciente de esa mañana tras otro golpe por parte de la enérgica chica.

No, lo mejor sería inventar alguna excusa que fuese creíble.

—De hecho… —dijo en alto cuando una luz se encendió en su cabeza—, sólo tengo que cambiar las tornas. Puedo decirle que era Megumi la que estaba ensayando para declarársele a un hombre.

«Pero qué listo eres, Kenshin», se enorgulleció de él mismo.

Con una sonrisa de satisfacción, entró en la casa para hacer la comida mientras esperaba a Kaoru. Por eso, casi ni se dio cuenta de que había una carta en la mesa de la salita cuando cruzó por delante. Se detuvo, intentando pensar cómo había llegado allí y suponiendo que la habría dejado Kaoru o Yahiko.

Entró en la habitación, cogió el papel y lo desdobló...

Casi se cayó al suelo de la impresión.

«Quería darte las gracias por lo que hicimos ayer. Nunca me había sentido así con nadie y por eso siempre será una tarde inolvidable para mí. Si te apetece, podríamos repetirlo. Te espero después del trabajo en el mismo lugar al que me llevaste».

¿Qué demonios era eso? Kenshin no podía creer lo que estaba leyendo. Estaba tan atónito que tuvo que leerlo varias veces.

«¿Qué habían hecho el día anterior?».

«¿Y con quién?».

«¡¿Y desde cuándo?!».

«¡¿Y con quién?!», se repitió de nuevo ante la sorpresa. No tenía constancia de que Kaoru se viera con nadie, ni siquiera remotamente. En la rutina diaria de Kaoru no veía espacio donde ella pudiera conocer a otros hombres. Siempre estaba con ellos o dando clases.

¡Las clases! ¿Cómo no se le había ocurrido? Iba a distintos dojos donde entraba en contacto con multitud de jóvenes, y como bien le había quedado claro la primera vez que la acompañó a un entrenamiento, a esos chicos les encantaba que Kaoru diera las clases.

Y la nota tenía completo sentido: se verían después de ellas. Durante esa semana, Kaoru las impartía en la misma Escuela. Tenía que ser alguien de allí.

¿Cómo había podido pasar? ¿Cómo podía haberse descuidado tanto? Había empezado a creer que Kaoru sentía algo por él. Por eso había estado acumulando el valor para poder declarársele. Porque tenía la esperanza de ser correspondido.

Y encontrarse ahora con eso…

Tenía que salir de dudas antes de dar ningún otro paso. Si Kaoru tenía interés en otro hombre, él no se interpondría. No tenía ningún derecho sobre ella; sólo era un vagabundo al que había dado cobijo durante una temporada. Y eso le llevó a Kenshin a la posibilidad de tener que marcharse de allí; de salir definitivamente de su vida. Pero si Kaoru quería iniciar una nueva vida con otra persona, él no podría soportar estar allí para verlo.

Sin embargo, eso le llevaba a otra pregunta: ¿por qué Megumi le había dicho que Kaoru había reaccionado mal al creerse que se le estaba declarando? No tendría sentido que se lo tomara a mal si ella tenía otros planes con otra persona.

—Has vuelto muy rápido, Kenshin —oyó que decía una voz mordaz desde la puerta de la salita.

Y a Kenshin estuvo a punto de parársele el corazón mientras escondía la carta tras de él.

—Para nada. —Esbozó una falsa sonrisa que hizo que Kaoru entrecerrara los ojos—. Sólo he venido directo aquí.

Kaoru miró a la mesa y luego a Kenshin de nuevo, y supo que su nerviosismo era por haberle pillado leyendo la carta incriminatoria. Una ráfaga de celos volvió a recorrerla de arriba abajo y con las mismas, le vinieron unas ganas insanas de volver a golpearle… y zarandearle… y gritarle… por irse con otra cuando no había nadie en ese mundo que podría quererle más de lo que lo hacía ella.

—¿Estás mejor de tu dolor de espalda o vas a tener que seguir yendo a la consulta de Megumi? —instigó con malicia.

—Parece que mejora, pero nunca se sabe cuándo recaeré. Ya sabes cómo son estas lesiones —se excusó Kenshin ignorando el tono.

—Cómo no… —Y rezumaba tanto veneno en la voz, que hasta alguien tan despistado como Kenshin lo notó.

Se creó un silencio tenso entre ellos que podía cortarse con un cuchillo y al final fue Kenshin el que decidió romperlo con un nuevo plan en marcha: Kaoru aún no había leído la carta, así que…

—He pensado que me gustaría ir hoy contigo a tus entrenamientos. —Si cuando viera la nota quisiese quedar con él, tendría que inventar un pretexto que decirle, y con eso, le quedarían claras sus intenciones.

—¿Por qué? No te gusta ir —cuestionó confusa haciendo que olvidara por un momento la animadversión contra Kenshin.

—Sólo he pensado que te gustaría compañía.

Kaoru volvió a su actitud defensiva.

—¿Y te vas a ir luego?

Kaoru ya podía leerle el pensamiento. Estaría con ella durante el entrenamiento, para después excusarse con alguna tontería y largarse de allí. Se marcharía con la lagarta de Megumi y cuando ella volviera al dojo, él podría decir que no había tenido tiempo de prepararle el baño y la cena. De esa forma, habría ganado tiempo para estar con la doctora.

—No —contestó escuetamente él—. ¿Acaso tú sí? —la interrogó a cambio Kenshin. «¿Habrá leído ya la carta?», pensó él ante la conversación.

—No —respondió de la misma forma concisa Kaoru. Y aunque recelosa, no parecía mentir, lo que le llevó a la conclusión de que aún no sabía nada.

—Entonces te acompañaré esta tarde. —«Y vigilaré a ver quién no te quita ojo».

—Muy bien. —«Y como me vengas luego con una disculpa, te retuerzo el cuello como a un pollo, pelirrojo», se prometió Kaoru a sí misma.

—No he empezado aún a preparar la comida. ¿Por qué no te adelantas y vas cortando algunas verduras?

—¿Qué vas a hacer? —Sabía que tenía la carta. Seguro que quería esconderla.

—Nada —contestó demasiado rápido y Kaoru volvió a notar el aire culpable que le rodeaba como si no fuera de por sí evidente—. Voy a mi habitación a dejar la espada y me reúno contigo.

Con reticencia, finalmente Kaoru se giró y se marchó en dirección a la cocina. Kenshin pudo ver que Kaoru no estaba nada conforme. La notaba enfadada aunque si la carta que tenía escondida significaba lo que él creía, no debería estar así con él. Cuando la vio desaparecer del pasillo, con toda la precaución y sigilo del mundo, se dirigió a la habitación de Kaoru.

Pero entonces se detuvo pensando que ella se daría cuenta de que la había leído si la dejaba allí. La carta no traía destinatario, así que no se podía saber a quién iba dirigida hasta que se leía. De modo que volvió sobre sus pasos y, en vez de dejarla en la salita, la depositó en el comedor. Así, Kaoru la vería cuando prepararan el lugar para comer y no sabría que alguien más la había leído.

Una vez hecho, dejó también su espada en su habitación para ultimar su excusa y con las mismas, se dirigió hacia la cocina. Pero en el trayecto no pudo dejar de pensar en todo eso. Estaba a punto de estallarle la cabeza de tanto darle vueltas al asunto. Porque por un lado, no tenía sentido la situación que habían vivido hacía un rato en la clínica si Kaoru estaba con alguien; pero por otro, si ella tenía una relación, no sabría qué hacer.

Se sentiría perdido.

Y de hecho, ya estaba tan perdido en sus pensamientos que había sobrepasado en tres pasos el comedor antes de darse cuenta de que la carta ya no estaba. Se quedó de piedra y tardó varios segundos en reaccionar y volver hacia atrás.

No había sido una ilusión óptica: la carta ya no estaba allí. Kaoru se la había llevado.

Siguió su camino hasta la cocina con inquietud, esperando verla para saber qué actitud mostraba después de leer esa citación para esa tarde, pero Kaoru no estaba allí.

Kenshin suspiró imaginándose que estaría en su habitación leyéndola con una sonrisa. Pero entonces, la sonrisa le vino a él al caer en cuenta de que iba a acompañarla a sus entrenamientos. Le había fastidiado los planes y si quería verse con ese hombre, tendría que buscar la manera de deshacerse de él.

Algo más animado, se puso a cortar unas zanahorias que estaban sobre la mesa. Aun con ese revés para ella, tenía que aclarar todo ese tema, concluyó finalmente. Y por eso, lo más fácil sería presentarse con ella a los entrenamientos de esa tarde y echar un ojo a ver a quién le prestaba más atención…

O quién se lo prestaba a ella.