Apologías
Capitulo Tres
Sustancia, potencia y accidente
Lo que distingue al sabio del ignorante es el poder enseñar
Black Star es el amo del mundo.
Y no se cansa de divulgarlo.
Es el que superará a todos los dioses y siempre anda pregonándolo. Y el amo del mundo, se ha dado cuenta de que Kid anda demasiado callado y que la simetría ya casi no lo obsesiona tanto. También ha notado con sus maravillosos ojos de deidad griega, que Soul anda malhumorado y que Maka se la ha pasado en compañía de Kid.
El futuro dueño del mundo sabe que su amigo está celoso.
El gran Black Star está seguro de que es culpa del shinigami chiquito.
Por eso ríe cuando ve a Soul leyendo en la biblioteca del Shibusen.
Y esa es la razón por la que se burla de su mejor amigo sin piedad.
-"Recupera la cordura. Anda, seguro hasta consigues a la chica si haces lo que sólo tú sabes hacer"-
-"Cállate, idiota"-
-"¡Anda! ¡Toca el piano!"-
Soul aprieta la mandíbula con fiereza. Pero de pronto comprende que el arte es una ciencia mayor a la experiencia misma. Sonríe y tras intentar atestarle un golpe en la cabeza a su amigo de pelo azul, sale corriendo. Desde la lejanía le grita una palabra de agradecimiento, olvidando que es una biblioteca el lugar donde se encuentran.
Nota a nota, Maka empezó a sentir como su corazón se acelera. Acorde tras acorde no pudo evitar que una sincera sonrisa se forme en sus labios.
Con el libro en las manos y la mente en otro mundo, ella no había notado que ya no era de día. Mucho menos notó que la luna tétricamente risueña se asomaba por su ventana, tomando el lugar del brillante sol.
Ni siquiera el hambre había logrado esclarecer su mente. Sólo la música proveniente del piano negro había obrado el milagro de hacerla volver a la tierra. Y no había sido una tarea fácil. Varias sonatas fueron interpretadas, pero no habían tenido el impacto necesario.
Soul, que desde hacía una semana tocaba en las horas que Maka decidía meterse a leer a los filósofos muertos, nunca había conseguido que ella saliera de su cuarto. Hasta ese día.
La frustración de no poder su atención por más de cinco minutos era tan grande que por eso se esforzaba cada vez más en lograr obtener una reacción. Tocaba con maestría, pensaba en las piezas que pudiera salir más dramáticas, en las más complejas, en las más dulces, en las más brutales, en las más llamativas, en las más ruidosas... nada daba resultado.
Pero ese día, harto de Maka, tocó para él sólo.
Tocó una canción que su hermano le había enseñado tiempo atrás. Una que tocaba a dúo cuando Soul aún vivía en la enorme casa. Era tan triste, tan sincera, tan brutal y tan deliciosa que no había podido evitar tararearla mentalmente mientras la interpretaba echando de menos a su hermano mayor.
Maka había cerrado el libro de golpe cuando escuchó treinta segundos de aquella canción que le era tan familiar. Tan fuerte fue el recuerdo, que cerró de golpe el libro que estaba en sus manos. Platón quedó olvidado, en el piso junto a la cama de Maka, porque su lectora no lo había colocado adecuadamente en la mesita de noche.
La puerta se había abierto y Maka sintió como el frío de la sala de estar le calaba hasta los huesos. Sus pies descalzos caminaron suavemente por el helado piso, sin importarles los escalofríos que sentía la pobre chica.
Sus ojos verdes estaban en su arma. En la manera en que sus manos se deslizaban armoniosamente por las teclas negras y blancas, suavemente pero con una destreza y velocidad magistrales.
-"Con los ojos no te veo, sé que se me viene el mareo... y es entonces cuando quiero salir a caminar"- dijo ella viendo la espalda de Soul, en un tono rítmico, pero sin cantarlo.
Él detuvo su interpretación.
Giró suavemente la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de ella. Jamás había sentido esa mirada en él. En aquellas pupilas verdes él era lo que imperaba. Él en su mente, él en sus ojos, él en ella sin llegar a algún contacto físico.
Con el cabello suelto, la camiseta a medio abrochar y descalza, Maka lo miraba embelesada. Completamente perdida.
-"¡Maka!"-bufó asombrado, sintiendo como un sonrojo se extendía por toda su cara.
-"No sabía que te gustara esa canción"-
Los ojos granate bajaron al piso. El silencio se hizo presente, aún cuando el eco de la canción se sentía en el ambiente.
-"A Wes le gusta mucho. No es muy fiel a la versión original, pero aún así..."-
-"Es hermosa cuando tú la tocas. Todo lo que tú haces es fantástico"-Maka seguía con esa cara de inocencia infinita que no sólo combinaba bien con su exterior, sino que también enervaba y atontaba a Soul-"¿podrías terminar lo que empezaste?"-
Soul se giró con una mueca de felicidad sádica y tocó. Tocó para ella, para él. Interpretó esa canción para ambos, porque la quería, porque ella no quería saber que él la quería y porque por primera vez en mucho tiempo, tenía toda su atención.
Los ojos de ella eran lo único que importaba. Ahí mismo se convirtió en un concertista, que con sus manos obraba magia para su espectadora predilecta. En ese momento comprendió lo que dijo Aristóteles: en su sustancia estaba la potencia de ser magnifico, de ser algo más que un simple ser humano.
Ella era la causa y el principio de querer ser algo más. De poder ser lo suficientemente bueno para poder usar sus sentidos para conocerla por completo, para reconocerla como suya y hacerla un conocimiento.
Porque él no era sólo un alma, era dos sustancias en una: su alma y su cuerpo. Y su felicidad no estaba en ella, estaba a su lado, caminando hacía donde ella fuese. Soul quería creer que pese a los accidentes que diferenciaban su relación a una común, está seguía siendo amorosa.
Aquel idiota de Platón quería un mundo ideal que jamás sería alcanzado por los seres humanos. Quería que todos fueran virtuosos y libres de las pasiones a las que él repudiaba. Platón quería que Soul no odiara a Kid por estar cerca de Maka, quería que no se dejara llevar por el instinto asesino... pero principalmente: era vital que dejara de quererla.
¡Que dejara de sentir algo por ella!
Soul aporreó el piano cuando pensó en eso.
Había estado leyendo a Aristóteles en la comodidad de su cuarto, ojeando páginas, consultando en el diccionario con bastante frecuencia. Buscaba algo que sustentara sus ideas, que no lo dejara a la deriva y que lo reforzara contra la idea que proponía Kid.
Lo veía como un rival. Se estaba dejando llevar por sus pasiones y no podía evitarlo. Tampoco quería hacerlo. En su mente la palabra "contenerse" no aparecía, simplemente no quería existir.
Aquel viejo aprendiz del tazón griego decía cosas más coherentes. Y Soul estaba dispuesto a controlar su apetito irracional. No iba a dejar que su cuerpo ganara a su alma sólo por no poder contenerse.
Siendo Aristóteles amigo de Platón y de la verdad, era evidente que escogería a la verdad porque le debía más que al primero. Y Soul siendo amigo de Kid y Maka, era evidente que la escogería a ella porque la quería de una manera en la que jamás podría necesitar al primero.
Y mientras sus ojos no la veían, le contó esa historia entretejida en acordes melódicos.
Al verla a los ojos, justo después de terminar, ella seguía tan inmutable como antes. Ella seguía de pie, con esa mirada cálida y potente.
-"Maka..."- aquella voz jadeante le llamó mientras las gotas de sudor se le resbalaban por el rostro y se perdían por su cuello hasta llegar a absorberse en la ropa que él tenía puesta.
-"Gracias... sabes, tenía ganas de escuchar esa canción, pero no me había dado cuenta. Yo he estado un poco perdida en estos últimos días. te pido una disculpa, en verdad que..."-
La había abrazado. Aquellos dos brazos estaban alrededor del cuello de la rubia y ese sudor estaba siendo transferido de manera directa a la mejilla suave y blanca. El pecho agitado de su compañero se pegaba al de ella y la atraía de una manera tan posesiva como sólo hubiera podido imaginar en aquellos mundos inusuales llamados sueños.
-"Soul... ¿qué sucede?"-
-"Eres una tonta, Maka"- dijo con un hijo de voz y una sonrisa triste.
-"Perdón"- y los delicados brazos de ella se aferraron a su cuello con una fuerza no tan extremista. Esa palabra que tanto había querido oír en su tono de voz, sonó angelical. Al grado de llenarle los ojos de lágrimas.
Técnica, que le cuidaba.
Amiga que sonreía cuando él más lo necesitaba.
Compañera de piso que siempre le regañaba por no bajar la tapa del inodoro.
Lectora compulsiva que lo golpeaba con el lomo de los gruesos tomos que leía.
Pésima cocinera que aún así ponía suficiente empeño.
Amante suya en sus sueños más perversos y censurables.
Enemiga implacable contra la mugre.
Adicta incorregible a las buenas costumbres.
Intento de futura pareja suya.
Era sólo una chica que vivía con él y que bien podría irse y dejarle solo.
(Y también lo que él más necesitaba)
Y mientras la abrazaba, gritó en silencio que la quería para él. Que era su debilidad más grande, y al mismo tiempo su más grande fortaleza.
Maka era y no era al mismo tiempo y eso era una contradicción a los que había aprendido en los libros del filósofo muerto.
Se separó de ella y la miró a los ojos. Lo miró sorprendida por primera vez en el momento, pero no pudo decir nada. Aquella boca femenina se entreabrió y Soul sintió ganas de besarla. De orillarla a escogerlo a él por encima de todos los dioses de la muerte, los libros interesantes y los griegos muertos que jamás podrían darle lo que él.
Colocó su mano con suavidad sobre su pómulo y acercó su boca igualmente entreabierta a la de ella. No le importó pensar si esa acción contaba o no en la vida que supuestamente tenía que vivir: la de la virtud.
Pero el teléfono sonó.
Y sonó estruendosamente. Dos veces seguidas, sin piedad.
Maka salió corriendo a atender con la cara roja. Soul pudo distinguir un titubeo nervioso en su forma de contestar el teléfono.
-"Ah, Kid-kun... perdona, no he terminado de leer. Por eso no te marqué"-
-"Kid-kun"-
El murmullo le provoca escalofríos. Su padre tiene ese efecto en todas las personas.
-"¿Qué sucede, padre?"-pregunta él mientras hunde sus manos en los bolsillos de su pantalón, luciendo tremendamente simétrico.
-"Has andado muy extraño estos últimos días, ¿puedo saber que te ocurre?"-
Quiere decirle que ha estado leyendo de más, que se la ha pasado debatiendo diálogos platónicos con una chica y que es muy feliz pasando poco tiempo durmiendo. Quiere decirle muchas cosas, pero no lo hace por vergüenza.
-"¿Para eso me has llamado?"-el hijo se pone a la defensiva e intenta evadir el tema principal, pero no está convencido de vencer en esta partida padre-hijo y se siente ligeramente estúpido por siquiera intentar combatir.
-"Kid-kun, se que ocurre"-el shinigami se ahorra tiempo y va al grano-"deberías decirle, Maka-chan no es una mala chica. Anda, hazlo"-
Y el shinigami menor, sonrojado, gira la cabeza para mirar a un punto indefinido.
Continuará...
Bueno, en realidad me gustó mucho este capítulo. Principalmente porque tenía esta idea rondando en la cabeza desde hace algunos días.
Me encantan Black Star y el Shinigami-sama, así que decidí que harían una aparición especial, con una narración intencionalmente distinta y ejerciendo presión en el triángulo amoroso. No sé si las ideas aristotélicas quedaron bien planteadas en la parte de Soul y Maka. Me cuesta mucho trabajo imaginar un Soul completamente entregado a la vida de la virtud y no a sus pasiones. De todas formas, yo creo que entre Platón y Aristóteles, el discípulo de Platón me parece el más correcto para nuestro pianista favorito.
Ya no sé si esto avanza o no en la línea planeada de la historia. Aún así, he hecho un intento.
¡Ah cierto!
La canción que se menciona es El Mareo (de Bajo Fondo Tango Club con Gustavo Cerati).
Los comentarios son bienvenidos.
