Disclaimer applied.
Dedicatoria: A St Yukiona. El Tobio de mi existencia.
Recomendación musica: Kvak (OST de Zankyou no Terror) *link en mi perfil*
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—Dame diente—
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3 | Gorjeo
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Hinata es del tipo de persona que no se asusta con facilidad.
—Kageyama, ¿estás...?
—Estoy aquí.
Por eso resulta un poco increíble de creer que sea necesario mantener la luz encendida de su habitación cuando intenta dormir. Sucede pocas veces. Sucede cuando tiene pesadillas sangrientas, mismas donde siempre estoy involucrado.
Sea una muerte derivada de la pérdida de sangre, asfixia, envenenamiento, Hinata insiste siempre en que él es el culpable de cualquiera de esos sucesos. Tanto en sueños como en la realidad que le abofetea la cara cada día al abrir los ojos, pues aunque ya no es un niño de cinco años, el cual gusta soñar sobre cosas divertidas y maravillosas, aún sueña con que un día despertará y esa maldición –bajo la que una noche con mucha Luna nació- no exista.
—Lo lamento –gimotea, y parece que se encoge volviéndose más pequeño de lo que ya es-. No tienes porque hacer esto.
—Si tengo, en realidad —respondo y Hinata parece reaccionar al calor corporal de mi cuerpo cuando lo atraigo a mí y hundo su rostro cerca de mi pecho.
Lo que la gente dice, lo que la gente murmura, lo que la gente se encarga de divulgar como una enfermedad con ramificaciones que cada vez se fortifican más volviéndolas casi imposibles de curar, es algo que a Hinata ya no le importa pues con el tiempo ha aprendido a sobrellevar.
No todo lo que dicen de él es mentira, y él lo sabe.
Lo que nunca aprenderá a sobrellevar será el hecho de no tenerme a su lado así como también el hecho de 'usarme' a pesar de que rete a su instinto hambriento que le pide devorarme.
Hinata se culpa de casi todo, hasta de que los inviernos son cada vez más fríos con cada año que pasa, o que las flores tarden en florecer cada primavera. Es algo así como un acumulador de culpas. Un recipiente que se llena cada vez más y que algún día rebosará y será como un río acaudalado que no se detendrá.
Mi deber es mantenerlo al margen.
Controlar su temperamento.
Controlar su hambre.
Mantenerlo vivo.
Mantenerlo en un estado en el que él no pueda hacer daño a los demás ni tampoco a sí mismo.
—Me gusta tu olor, Kageyama —murmura cerca de mi cuello, subiendo sus manos a éste y rodeándolo con suavidad.
Mientras su madre y su hermana duermen en sus perspectivas habitaciones, yo me escabullo en la residencia de los Hinata como todas las noches. Me pierdo entre los cobertores gruesos del futón de Shoyo, y jugamos a ver quién tiene los pies más helados.
Las primeras veces que comenzamos a buscarnos y a dormir juntos fue cuando teníamos alrededor de seis años. En aquel entonces la mitad de mi corazón se había vuelto pierda. Una mitad de mi murió y otra despertó sobresaltada y exigente de la cercanía de Hinata a partir del día en que me marcó.
Según los mitos, los Wendigo eran criaturas que habían sido creadas para devorar humanos. Sin embargo, los Wendigo del aquelarre de los Hinata eran distintos. Reafirmaban un segundo mito mucho más aterrador pero que proporcionaba lógica suficiente a considerar creerlo.
Los Wendigo, según los cuentos fantasiosos que nos hacen leer durante la escuela elemental, y el primer mito, son criaturas raquíticas hasta el punto de la inanición. Su piel se encuentra tensada a lo largo de su cuerpo, ajustándose a sus huesos. Con grandes extremidades y con olor a muerte y corrupción. Con grandes mandíbulas que albergan una ridícula y desmesurada cantidad de filosos dientes, cual depredador.
El segundo mito, el verdadero, dice que los Wendigo en realidad son seres humanos que, después de ser poseídos por un espíritu maligno, pasaban a transformarse en una bestia sin moral, consumida por un hambre tan voraz por la carne humana.
La señora Hinata lo asociaba también a que se trataba de una condición mental donde las personas afligidas de su antiguo aquelarre desarrollaron un apetito insaciable por comer carne humana incluso cuando había otros alimentos a su disposición.
Fue así que se dividieron en dos tipos.
Los salvajes y los pacíficos.
Algunos relatos suelen asociarlos con los Hombres Lobo pero es más el parecido que presentan con los Wendigo como los Hinata a lo que presentan con los salvajes.
Los Hombres Lobo tienen a sufrir transformaciones dependiendo de las estaciones lunares pero casi siempre vuelven a una apariencia original. La de un hombre. Los Wendigo como Shoyo, igual. Aunque nunca he presenciado alguna de los Hinata que me muestre la verdadera apariencia que esconden, es la madre de Shoyo quien se ocupa de proporcionarme toda información sobre ellos.
No es para menos.
No desde cuando su hijo decidió elegirme como su alimento.
—Shoyo nació poco después de que las guerras de sangre terminaran.
Por mucho tiempo los brujos de su aquelarre habían mantenido el control sobre sus miembros más salvajes al encontrar una manera de sellar el instinto de los Wendigo para que nunca despertaran la codicia y el hambre por la carne humana.
Los que quedaban se refugiaron en lo más profundo de los bosques, donde el frío los envolvía como si a los humanos los acogiera la sensación del calor del hogar. Comenzaron a alimentarse de hierbas y semillas, y con el paso del tiempo de animales pequeños. Se ajustaron a vivir con similitudes que los humanos desempeñaban día a día.
—Shoyo nunca debió despertar como Wendigo. Su instinto estaba sellado. Se supone que todo tendría que permanecer así hasta su adultez... pero apareciste tú, Tobio-kun.
La madre de Shoyo lo llama "alianza".
Sucede casi nunca.
Pero cuando sucede no hay vuelta atrás.
—Se pertenecen de una manera que no se puede explicar. Que es poco común pero que no es imposible.
Aquella vez solo nos encontrábamos ella y yo. Shoyo había ido a recoger a Natsu a sus clases de la tarde, y yo había fingido coger un resfriado para no asistir a las mías y ocupar ese tiempo en entablar una larga conversación con ella sobre la inestabilidad de su hijo y sobre mi futuro incierto.
La melancolía y la preocupación eran los dos sentimientos que nunca abandonaron los ojos de la madre de Shoyo durante esas horas, incluso cuando se detuvo a voltear a ver el retrato de ella y su esposo sobre el librero de la sala, sostuvo una mirada de pura necesidad. Y fue cuando lo entendí.
El padre de Shoyo no era un Wendigo.
Era como yo.
Un humano.
Uno que alimentaba a su esposa de su propia carne. Tal como yo lo hacía con su hijo.
La naturaleza a veces no puede reprimirse y en el caso de la "alianza" no es solo hambre lo que se despierta, es también el deseo de pertenecía, la excitación, una sensación tan profunda que no puede simplemente ignorarse.
En el Wendigo se manifiesta con la modificación de los sentidos. Los olores que lo rodean se vuelven fétidos y poco tolerables, y el único que puede soportar, y degustar a la vez, es el de su presa.
En la presa se presenta lo insólito. Desea ser devorado. Desea ser marcado. Desea ser único e irreemplazable para la persona a la que estuvo destinada todo este tiempo.
Reclama sentir dolor por el bienestar del otro.
Y cuando se encuentran prometen nunca abandonarse hasta el día en que uno devore el cuerpo del otro, y así su ciclo de vida llegue a su fin.
—Mamá dice que solía hacer esto con mi padre —bisbisea Shoyo sintiéndose ansioso.
Y la conversación que me encontraba evocando con su madre, se pierden no algún lado, dejando que el universo sobre nosotros, ese que nos distingue tanto y que nos embriaga de culpa, caiga.
Afuera está lloviendo.
Papá no ha regresado a casa. Y mi madre se encarga de hundirse más en su propia miseria.
Yo no puedo permitirme seguirla.
Quizá si no hubiese conocido a Shoyo podría hacerlo, pero no ahora.
—Estas frío, Kageyama.
—¿Qué esperabas? Afuera hace un frío del demonio.
Cuando acerca su nariz a la piel de mi cuello, y libera su lengua lamiendo como un lobezno juguetón, es que me doy cuenta de a qué nivel le pertenezco.
No deseo que me devore ahora, aunque sí lo hiciera no cambiaría nada.
No dejaría de sentir esas ganas de ser necesitado por él a tal punto que no piense en nadie más que no sea en mí.
La función de una presa es ser el alimento de otro. Pero en este momento no percibo hambre ni descontrol de su parte así que solo me ocupo en fruncir el ceño, fingiendo que me molestan sus mimos. Lo está haciendo adrede; aquello de volverse en extremo cariñoso con el afán de provocarme.
Este tipo de acciones son las que me convencen de que Hinata es diferente a toda su especie pues ¿qué tipo de depredador es cariñoso con su comida?
—Deja de provocarme —suelto entrecortado a lo que él solo ríe haciendo caso omiso, volviendo a acercarse peligrosamente a mi cuello. Esta vez deja que su consistente lengua deguste un poco más de piel para después solo repartir pequeños besos por la curvatura hasta la clavícula—Hinata... —murmuro con voz ronca pero él no repara en eso.
—Hoy sabes muy dulce, Kageyama —cierro los ojos, ansioso. Encendiendo una llama de libido en ellos— . Tanto que me dan ganas de comerte justo ahora.
Entre abro los ojos solo para reflejarme en los de él. Está tan cerca y tan caliente que no sé en qué momento pasamos a competir miradas oscurecidas, intoxicados de placer.
¿En qué momento dejamos de ser niños y pasamos a hacer este tipo de cosas que solo los amantes hacen?
A partir de la primera vez que Shoyo encajó sus dientes en mi piel, hemos perdido la cuenta de cuantas veces hemos hecho eso, como también hemos perdido la cuenta de los momentos en los que nos perdemos en el mirar del otro cuando estamos solos. A veces solemos quedarnos en silencio, solo observándonos, intentando descifrar los pensamientos que albergan al otro. Pero últimamente no es suficiente.
El solo tocarnos mientras retenemos las ganas de cometer más actos imperdonables solo es un aviso de que llegará el día en que sobrepasaremos esa línea.
—De nuevo me siento raro — gime, agitado. Su respiración es errática pero no tan angustiante como cuando tiene hambre.
Aún cuando no se encuentra en el mes crítico donde ésta aumenta y sus sentidos se descontrolan, aun cuando no soy necesario para él en el sentido de una presa, el vínculo que nos une nos obliga a probar nuevas sensaciones que no están descritas o de las que no se tienen registros en ningún lado.
—Estás duro, Kageyama —ronronea con el rostro acalorado, oculto en mi cuello, mientras su mano continúa moviéndose por encima de la tela del pijama y la temperatura aumenta en su habitación.
—No soy de piedra, estúpido —gruño, ocultando mis mejillas en su cabello. Ese que aún está húmedo por la ducha que ha tomado y que huele a cítricos—. ¿Cambiaste de shampoo?
Y lo escucho reír.
—Por Dios, Kageyama, sí que eres oportuno —suelta una risa— . Tu sí que sabes romper el ambiente.
El siguiente movimiento lo hace callar, y a mí agitarme.
Siempre he pensado que Hinata es una creación única de alguien de allá arriba. A veces pienso que es una clase de conspiración el hecho de que, a su vez, yo haya nacido para estar con él.
El hecho de que su pequeña mano se enlace perfectamente en la mía, de que su cuerpo de talla menor se encaje con ajuste en los espacios vacíos del mío, que su nariz sea tan diminuta y que sus mejillas quepan en mis manos. Todo eso me hace pensar que no fue una casualidad.
—Kageyama, pesas —gime pues ahora estoy sobre él. Las articulaciones de sus dedos envuelven las mías por encima del agarre que tiene cerca de su cabeza.
—Como si te molestara —espeto a lo que él solo vuelve a reír.
Su madre no despertara pronto, ni tampoco la mía.
Nadie lo hará, y es mejor así.
—Dámelo —pide, y soy incapaz de razonar más allá de lo que mi mente sugiere por deducción. Me aparto un poco y le muestro mi cuello. De inmediato frunce el ceño —. No me refería a eso — y vira el rostro, ofendido.
Así como resulta difícil creer que una persona no asustadiza como él le tema a la oscuridad, es un poco difícil para mí visualizar a Shoyo como solo una bestia devora hombres.
A la vista del mundo, de no existir ningún rumor, él sería un adolescente normal.
—¿Estás molesto? —pregunto lo obvio, y su silencio no es cuestionable junto a ese berrinche de fruncir los labios mientras mira a otro lado.
—Kageyama piensa que solo lo veo como mi comida.
—¿Acaso no es esa mi funci-...? —pero la oración no finaliza. Él no ha dejado que lo haga. A veces pienso que es un renacuajo, uno con desmesurada fuerza para virarme y dejarme abajo esta vez. Suspiro, resignado. En ocasiones a Hinata le tiende a dominar la timidez demasiado como para atreverse a decir las cosas que realmente quiere—. Si tienes hambre solo tienes que...
—Un beso.
No era la primera vez que nos mirábamos a los ojos pero Hinata provocaba que cada mirada fuera diferente a la anterior. Que nunca fuese una decisión arbitraria, ni que fuera un error suelto por el calor del momento, el chocar constelaciones y decirnos tanto y a la vez nada, en medio de silencios.
Me gustaba su mirada pero me entristecía a la vez.
Me preguntaba cuánto tiempo duraríamos así. Siendo un secreto para el mundo. Siendo fugitivos de una trágica realidad. ¿Cuánto duraría mi función como presa? ¿Cuánto duraría la fuerza de voluntad de Shoyo? Habían tantas cosas que él no me decía pero que me dejaba ver cada vez que me permitía entrar a su alma a través de sus pupilas.
Esas dos bonitas cuencas cárabe que ahora me miran esperando una respuesta.
No puedo evitar embozar una sonrisa, ésa que él sugiere parece más una burla pero que en realidad no es así.
—Es divertido, ¿sabes? — expongo con ironía gastada, cubriendo una de sus mejillas con una de mis manos.
—¿Eh?
—Cuando el hambre te domina, solo comes y ya, pero cuando se trata de un beso, todo cambia –se sonroja y aunque la luz de su habitación está apagada, alcanzo a distinguir como sus orejas también se tiñen del mismo color.
—Siento que... —traga grueso—. Siento que debo pedirte permiso para eso.
—¿Por qué? —antes de que prosiga alcanzo su cuello con mi mano, esa que anteriormente acariciaba su mejilla, y reduzco la distancia a casi nada—. Te pertenezco. Puedes hacer lo que quieras conmigo.
Parecía que el beso que nos dábamos fuese el último, y con ese pensamiento continuamos haciéndolo como si lo fuera. Como si no nos fuéramos a ver nunca más. Como si al abrir los ojos alguno de los dos dejara de existir. Como si yo perdiera el privilegio de volver a ver esas bonitas pestañas, que él desconoce que tiene, y que adornan sus exóticos ojos.
Es por eso que esta vez no cierro los míos. Los mantengo fijos en él notando como se estremece cuando mis manos terminan en su cintura. En como frunce el ceño mientras reprime gemidos en cuanto mi lengua invade su boca. En como su cuerpo se tensa para luego volverse laxo en algún momento.
Como si el peso del mundo se aligerara. Como si él fuese una pluma y yo la persona que lo sostiene para que el viento no me lo arrebate.
Cuando Shoyo entre abre los ojos puedo ver que está ardiendo. Sus iris centellan y su corazón palpita de manera frenética. Hunde sus manos en mi pecho, las vuelve puños alrededor de la polera y se aferra más a mí.
El sentirme necesitado debe ser una forma de también llamar al amor.
—Kageyama...
Eso es lo que creo.
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II
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Cuando llega la mañana Hinata me habla quedito. Susurrando algo que apenas es audible. Frunzo los párpados y casi puedo oír los gritos de mi madre en cuanto se percate de que no estoy en mi habitación, en mi cama occidental que algún día espero Shoyo pueda conocer.
—¿Qué hora es? —pregunto, esperando unos segundos antes de abrir los ojos y agradecer que aún se encuentre oscuro.
—Temprano. Muy temprano. Aún puedes salvarte del regaño si te vas ahora —sonríe, y luego de un rato de mirarme, se encoge sobre mí, recostando la cabeza encima de mi pecho—. No quisiera que te fueras.
En respuesta enrosco mis brazos alrededor de él. Casi puedo comparar la reacción que tiene con la de una colegiala.
—¿Sabes? Estuve pensando... —interrumpo.
—¿Tú piensas?
—¡Kageyama! —chilla, e inmediatamente se cubre la boca dándose cuenta de su error.
—Idiota, ¿quieres que tu mamá nos descubra? —le veo sonreír de manera altanera.
—No sería la primera vez que te escabulles en mi cama —suelta con toda la doble intención que pueda transmitir. Ruedo los ojos, ofuscado aunque por dentro me ha causado gracia tambien—. Oye, en verdad estuve pensando.
—¿En qué?
—En que me gustaría pasar mucho más tiempo contigo —encarno las dejas, confundido. Desvío rápidamente la mirada hacia su ventana. El sol pronto saldrá. Tiene que hacerlo pues es un ciclo que debe cumplir. Como el mío al ser su presa. Como el de un polluelo al romper el cascarón para salir y vivir.
Me exalto, comprendiendo.
—Hinata...¿qué estás...?
—Lo decidí, Kageyama. Aunque a mamá no le va a encantar esto.
—Hinata...
—Comenzaré a asistir al colegio. Comenzaré a hacer las mismas cosas que tú.
Me siento al borde del futón, con la voz retenida en la garganta. Inquieto, emocionado y a la vez preocupado; y entonces lo miro bien, justo cuando el sol ha comenzado a salir detrás de su silueta, enmarcando cada borde, viendo como su cabello se convirtiera en una corona que flamea llena de vida y excitación.
Pues ¿Qué sería un ave sin el gorjeo que lo caracteriza? Sin ese trinar que lo anuncia siempre.
Así es Hinata.
El tipo de persona que no se asusta con facilidad.
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[Continuará]
A favor de la campaña "Con voz y voto". Porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
No se cuantas semanas han pasado pero prometo que en cuanto me desocupe responderé todos los comentarios! La razón por la que no había actualizado es porque no tenía el tiempo para sentarme a escribir jajaja esa es la realidad. Desde que comencé a trabajar llego muy agotada a mi casa que lo único que quiero es dormir.
Y este capítulo lo he escrito en el trabajo xDD En mi ipad.
En fin, pasando a la historia, espero que este capítulo haya dejado un poco más claro el tipo de criatura que es Hinata, más bien lo que es un Wendigo en realidad. Y como no quería hacer aburrida ni pesada la explicación, metí cursileria (?) :v Típico en mi jajaja
Y pues es todo. La decisión que ha tomado Hinata le dará el arranque verdadero a la historia.
Espero les haya resultado entretenido. No olviden dejarme un comentario diciendo que les pareció :) Estoy escribiendo -y publicando- esto desde mi celular y es horrible! No entiendo como hay personas que si pueden! XD Yo soy un asco jaja
Nos vemos!
Ah, y antes de irme, aprovecho para desearles un próspero y feliz año nuevo! Besos!
Rooss-out!
