Sukka Week

Day 3 Moonlight


Mitsuki

Suki suspiró mientras salía de la casa. Agradeció la luz de la luna llena que le permitía ver el camino, en su estado, no podía permitirse un paso en falso. Se paró de cara a su hogar y alzó la vista hacia arriba: solo vio las piernas de él colgando del alero del techo, por lo que adivinó que él estaba echado sobre las tejas y se llevó las manos a las caderas. Tendría que ir a buscarlo. Suspiró de nuevo y se miró, se acarició el abdomen prominente mientras sonreía con cierta amargura.

-Supongo que vamos a hacerlo, cariño -le dijo bajito a la vida en su interior y fue hasta un costado de la casa para emprender la subida.

Ella siempre trepaba un par de horas después de que él lo hacía; sabía que necesitaba su espacio así como también sabía que las cosas no pueden arreglarse sin hablar. Por alguna razón le costaba menos reunir el coraje durante la noche que durante el día. Un par de veces él le había confesado que la luna le hacía reflexionar

Y desde aquella vez no podía evitar sentirse celosa. Ridículo, verdad, celosa de la luna. Un espíritu tan lejano a ellos.

Trepó con sumo cuidado por la cerca de madera junto a la casa que la separaba de la del vecino. Se pegó a la pared y con una gracia adquirida subió al techo, sonrió y sintió que el bebé en su interior le daba una patadita como felicitación, lo que la hizo sonreír aún más. Llegó junto a Sokka y se recostó con él de panza al cielo, él la miraba con preocupación.

Probablemente si la hubiera escuchado antes de subir, él hubiera bajado para que ella no se arriesgara. Sokka se ponía cada vez más insoportable con ella cada mes que pasaba, incluso había sugerido que dejara de entrenar a las Kyoshi. Suki había prometido que lo pensaría y él le había dicho que esta vez hablaba en serio, que tanto movimiento podía resultar malo para el bebé y eso había derivado en la discusión que lo había llevado a él al techo.

-No deberías estar aquí -masculló él y ella se recostó a su lado, ignorándolo pero dejando ver que no le agradaban sus palabras con un ceño fruncido.

-Vine a buscarte, como siempre -y le tomó la mano que él tenía a un costado, se la apretó, pero él no respondió.

-Ya estaba por bajar -respondió él con frialdad y volvió a recostar la cabeza contra las tejas, volviendo toda su atención al firmamento.

Suki lo imitó, y encontró que la luna se veía más bella que nunca, toda redonda y plateada, compartiendo su luz con ellos y todo el mundo. Como si fuera una manera de evitar el tema de conversación que debía enfrentar sí o sí, su cerebro recordó todas las leyendas sobre la luna que había oído desde que era pequeña, todas hablaban de jóvenes hermosas que una vez al mes bajaban a la tierra para disfrutar con los mortales otro mes más de vida. Pero la última historia que había oído hablaba de una joven buena que se había sacrificado por su pueblo porque un espíritu maligno lo había atacado. Ella había ascendido a los cielos para que su pueblo pudiera pelear durante la noche y acabar con la amenaza.

Esa historia le gustaba a medias, aunque no podría explicar por qué si alguien lo preguntaba, pero estaba segura de que esa iba a ser la primera historia que le contaría a su bebé. Porque hablaba de una mujer valiente, alguien que entendía el valor del sacrificio. Como cuando ella y las demás guerreras habían decidido dejar Kyoshi para ayudar a hacer del mundo un lugar mejor.

Volvió a apretar la mano de Sokka que ahora descasaba lacia sobre su panza, el bebé pateó y no necesitó ver la cara de su esposo para saber que tenía la misma sonrisa que ella. El enojo estaba pasando.

-¿Por qué no me dejas protegerte? -Le preguntó Sokka volviendo la cabeza para mirarla, moviendo la mano de su abdomen para acariciarle el rostro-. Tú y ese bebé son lo más precioso que tengo... ¿por qué no me dejas cuidarte?

Suki sonrió con tristeza, no había manera de suavizar la verdad.

-No necesito que me cuides, Sokka. No estoy enferma, solo embarazada. Yo estoy bien, el bebé está bien, y el ejercicio no hace mal -con un brillo pícaro en la mirada hizo hincapié en el quid de la cuestión que los tenía ahí con la luna de testigo. Él la miró, y había tal tristeza en su mirada que a Suki se le acongojó el corazón.

Tras unos segundos Sokka volvió a mirar el cielo. La luna brillaba en todo su esplendor y sintió una puntada en el pecho. Quizás había llegado la hora de contarle, porque evidentemente ella no entendía. Y a pesar de que habían sobrevivido a la guerra y la distancia, a veces no podían evitar los malentendidos y Sokka en aquellos momentos no podía evitar pensar como sería no compartir la vida con Suki.

Tenía por seguro que las cosas serían muy diferentes si Yue nunca hubiera tenido que sacrificar su vida para salvarlos a todos. Creyéndosela un poco, digamos que no le costaba nada, podía imaginarse como el Príncipe consorte de la Tribu Agua del Norte. Probablemente como príncipe jamás le hubiera faltado nada, y con solo suspirar habría conseguido tener el mundo a los pies. Sokka entonces se preguntaba si quizás los beneficios que acarreaba el título excederían las responsabilidades. A veces recordaba a Zuko que se lamentaba con frecuencia que extrañaba con frecuencia viajar. Pero Sokka sabía que lo que verdad extrañaba Zuko era la libertad que brindaban esos viajes, la libertad de ir y venir, de hacer como quisiera sin tener que rendir cuentas a un consejo de nobles constipados y aburridos

Después pensaba que Yue era más que un título, él no era Hahn, él había notado que Yue era comprensiva y valiente. Pero también lo era Suki, y sabía que siempre volvía de una manera u otra a pensar en su esposa. Ella llenaba su vida y había llegado en el momento justo. Le había enseñado a valorar a las mujeres en la guerra, en la casa y en la vida, le había enseñado a no bajar los brazos, a seguir adelante y a usar la cabeza sin recurrir innecesariamente a las armas. Ella le daba paciencia cuando todo a su alrededor lo hacía explotar. Suki sabía exactamente cómo, cuándo y dónde estar. Siempre en el momento indicado, con la palabra, la acción correcta. Ya fuese para ayudarlos a cruzar un paso mortal, o para rescatarlos a todos cuando ella debía ser la rescatada, la protegida (como Yue lo había hecho).

Y quizás, pensaba entonces, todo fuera un juego del Universo en el que ellos eran las piezas que entretenían a los mandamases. Y quizás había hecho las cosas bien, porque el Universo lo había premiado dos veces en una vida con dos muchachas que valían más que las naciones a las que pertenecían.

Yue siempre tendría un lugar importante en la vida de Sokka pero tras instantes de cavilaciones Sokka siempre llegaba a la conclusión de que Suki estaba en su vida porque era lo que su vida necesitaba, la pieza que completaba el rompecabezas que era él.

Suki vio a su esposo mirar la luna una última vez antes de girar la cabeza en su dirección.

-¿Sabes que no te cambiaría por nada?

Ella sonrió. El enojo había cedido.

-¿Sabes que eso no me alejara del dojo? Soy la capitana –contestó.

Sokka suspiró pero le tomó la mano y la besó antes de apoyarla sobre su abdomen. El bebé pateó.

-Lo sé. Pero no lo querría de otra manera –y la miró.

Al ver sus ojos de cachorro abandonado Suki, finalmente se decidió a confesar lo que había meditado tras la estrepitosa subida al techo de su esposo.

-Pero prometo no entrenar. Solo supervisaré, por lo menos hasta que nazca el bebé.

Él quiso festejar pero ella mantuvo su mano contra sí. Él rió y justo entonces se levantó una brisa y a Sokka le pareció escuchar la risa de Yue entre los árboles.

-Hubiera cerrado el trato por menos –le guiñó

Ella se mordió el labio inferior.

-Eso es mentira y lo sabes –él se acercó para besarla pero ella escondió la cara.

-He pensado que quizás deberíamos llamar a la bebé…

-¿La? -Suki arqueó una ceja-. Desde que te enteraste del bebé no quieres siquiera considerar que será una niña.

Sokka sacudió la cabeza despacio, sin dejar de sonreír.

-Pues he decidido considerarlo y he estado pensando –levantó un dedo al verla abrir la boca y lo dejó despacio sobre sus labios para evitar que hablara-. He estado pensando –repite-, en algunos nombres. Sayumi, Mitsuki, Ayanami…

-Me gusta Mitsuki –interrumpió ella y Sokka asintió, feliz.

Suki observó el brillo de sus ojos y sabe que reflejan la misma felicidad que hay en los de ella. Y tal vez también el brillo de la luna.

-¿Y si es niño?

Sokka negó con la cabeza. Algo de haber sentido la presencia de Yue lo hizo pensar que esas dos mujeres que compartieron su corazón no serían las únicas valientes que habrán de colmarle la vida.


Cada vez más cortitos, :( pero es que no me da el tiempo, la facultad y esas cosas feas que tengo que hacer en la vida real me absorben y tengo muy poco tiempo. Muchas gracias por estar leyendo y prometo que termino de pulir el día cuatro y lo subo, a mas tardar, esta madrugada. La próxima semana me voy a preparar con un año de anticipación. Estoy tratando de hacer algo así como una cronología... así que en el próximo ya Mitzuki habrá nacido, si no cambio de planes.

Trivia: Mitsuki significa en japones bonita luna. Y no queda mal como título, eh? Ah y Sayumi significa mi princesita, porque sabemos que Sokka será muy cuida de su hija y Ayanami significa venida del cielo :) Quería marcar la diferencia entre Yue y Suki de manera simbólica supongo. Ella está y Yue se fue, o algo así.

Espero que les haya gustado y me lo hagan saber

GRACIAS BELL STAR Y FUNNY-LIFE, INFINITAMENTE, este fic, enteramente para uds :)