Pasaron dos semanas. Todos los días, Klaus le enseñó a Caroline las muchas maneras en las que podían darse placer uno al otro, todas las formas, excepto la vinculación afectiva. La dejó ver a través de sus ojos lo bella que era, y él observó como crecía su confianza en ella misma y en él.
Comenzó a valorar cada momento con ella, cada minuto que pasaban juntos. Ya no podía imaginar la vida sin ella, y esa necesidad imperiosa de protegerla había aumentado hasta el deseo de mantenerla como propia. La tomaría como su compañera, pero no hasta que no supiera lo que era y en lo que se convertiría.
Una mordida, una vez que la llenara de su semilla se convertiría en una mujer lobo, también, a la siguiente luna llena.
Niklaus sólo esperaba que no lo odiara por eso. Todo lo que sabía era que no podía dejarla ir.
Durante esas dos semanas, él había compartido su vida con Caroline.
Tenía una curtiembre en un pueblo cercano y un hogar allí, donde permanecía durante los meses del invierno. Durante el verano, vivía en la caverna, mientras cazaba en su bosque y juntaba pieles para curtir y vender durante el invierno.
No le dijo cómo cazaba a los animales y cómo se comía la carne cruda, arrancándola de los huesos mientras la sangre aún estaba caliente.
A la vez, Caroline le contó sobre su familia, hasta cómo había muerto su madre y cuánto la extrañaba. Él se dio cuenta del terror en la voz temblorosa y en sus ojos cuando le contó acerca del lobo.
Le contó sobre sus cuatro hermanas menores y demostró orgullo por cada una de ellas. Y él notó cuánto las extrañaba.
Varias veces había intentado escapar. Cuando frustraba sus intentos, ella le pedía que la dejara ir. Sus hermanas la necesitaban. Pero él la obligó a recordar que la hermana que le seguía en edad tenía dieciocho años, sólo uno menos que ella, y era más que capaz de cuidar a las tres hermanas menores.
No, le dijo que tendría que esperar a que estuviera segura de que realmente había descubierto su propia belleza. Varias veces intentó hacerlo creer que lo había hecho, pero él sabía que sólo lo decía para que la dejara ir. Sólo eso lo hacía sufrir. Día tras día, él había esperado que ella no deseara irse, pero a pesar de que leía sus pensamientos y sabía que encontraba un gran placer en estar con él, no sentía que lo amara.
De la manera en que él la amaba.
.
.
.
Caroline se recostó sobre las suaves pieles de la caverna y observó el techo de cristal. Brillaba y relumbraba, reflejando miles de arco iris en el suelo de la caverna. Ella alzó una mano y un arco iris la despojó de su piel. Lo estudió, mientras observaba el hermoso rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta contra su piel.
Aún así, no lo veía completamente. En su mente, se imaginaba con su captor, rodando por las pieles, besándose, lamiéndose y mordiéndose uno al otro. Llevándose uno al otro al orgasmo, un orgasmo increíble con las manos y la boca. Sin embargo, Niklaus se negaba a vincularse con ella.
Una y otra vez le había dicho que ella realmente no lo conocía y no sabía lo que era.
Cuando lo supiera, Klaus le había dicho, que entonces podría elegir.
Ella estaba segura de quién era. Un hombre feroz, protector y fiel. Un hombre que le enseñó a cuidarse ella tanto como cuida a los demás. Y un hombre que le enseñó que era hermosa por dentro y por fuera.
Finalmente, estaba tan claro como el día, ella pudo verlo con honestidad, como si la mascara que los demás habían puesto sobre ella se hubiese caído para dejar ver la mujer que verdaderamente era.
Se levantó de las pieles con un suspiro y correteó por el suave piso de roca de la caverna. Ahora estaba completamente cómoda con su desnudez, ya que no había usado ropa desde el día en que llegó.
Todos los días, Niklaus había bloqueado la entrada con una gran roca y la mantuvo prisionera.
No se imaginaba que a la mayoría de los prisioneros se les hacía el amor de la manera en que Klaus lo hacía con ella.
Al principio, había estado enojada y había buscado incesantemente la manera de salir de la caverna. Pero, con el tiempo, había aprendido a aceptar su prisión temporal.
Klaus le había prometido liberarla cuando verdaderamente se valorara.
Bajo la atención constante de Klaus, por la forma en que la cuidaba, ella se sintió como una jensai recién florecida.
Esas flores extrañas siempre comenzaban siendo capullos negros y feos, que no eran nada especial a lo cual mirar. Pero cuando florecía, eran la flor más increíblemente hermosa y preciada que uno podía esperar ver.
Así fue como Klaus la hizo sentir. Hermosa. Única. Preciosa.
A pesar de que sabía que la entrada estaría bloqueada, Caroline se deslizó desde la frescura de la caverna hacia el pasadizo largo que conducía al exterior y al lago de Niklaus. Habían pasado incontables horas allí, riéndose y jugando en el agua, bañándose y explorando sus cuerpos. El aire fresco le acariciaba la piel desnuda y los pezones se le endurecieron como siempre, mientras ella imaginaba que era Klaus quien le acariciaba el cuerpo. Nunca se cansaría de estar con él.
Ella se había enamorado de Klaus.
Caroline se detuvo en medio del pasadizo, mientras se tocaba la cabeza al darse cuenta de lo que le había pasado y se llevó la mano al corazón, que latía con fuerza.
- Oh, Dios mío. - susurró. Una sensación de vértigo se apoderó de ella y el corazón casi le estalló.
Casi al instante, desapareció. Probablemente, Klaus no sentía lo mismo.
Pero, ¿y si no era así?
Se deslizó por el pasadizo que parecía más brillante de lo normal. Casi era hora de que Klaus regresara de cazar y, a pesar de que no podía verlo, podía esperarlo.
Caroline cruzó la esquina y observó que la entrada a la cueva estaba abierta.
Lentamente, caminó hacia ella. Tal vez, Klaus ya estaba de vuelta. ¿O se había olvidado de correr la roca frente al ingreso?
El pensamiento de que tenía la oportunidad de escapar y regresar a su familia recorrió su mente.
Pero, tan rápido como lo pensó, dejó de hacerlo.
No quería dejar a Klaus, el hombre que amaba. Incluso si él no la amaba, ella aprovecharía el tiempo que pudiera con él y después se iría a su casa.
Se dirigió rápidamente a la entrada de la cueva por el pasto suave que conducía al lago, con una sonrisa en el rostro.
El pánico se apoderó de su ser.
Había un enorme lobo negro que bloqueaba el camino.
Un terror absoluto casi la hizo poner de rodillas. Pero no podía moverse. No podía correr. No podía hacer nada, excepto permanecer atrapada en la mirada celeste del lobo negro.
El lobo que había perseguido a Jove y Dyrke y había hecho huir a esos bastardos.
Tenía la cabeza levantada, mientras la estudiaba. A su lado tenía la piel de un venado, por lo que Caroline esperaba que no tuviera hambre. Por supuesto que ni siquiera eso era una garantía de que no le rompería el cuello de todas formas.
Ella dio un paso hacia atrás cuidadosamente.
El lobo dio un paso al frente.
Caroline se quedó quieta nuevamente. Y después sintió que la sangre se le escurría por la cara al ver que el lobo comenzaba a cambiar adelante de sus propios ojos.
La bestia se levantó sobre las patas, que se transformaron en las piernas fuertes de un hombre. El pelaje se transformó en piel, los colmillos en dientes blancos y derechos. Lo único que no cambiaba eran los ojos celestinos.
Los ojos de Klaus.
Ella sintió un gran alivio y el mundo pareció ponerse a un costado. Comenzó a caerse pero, un instante después, se encontró en los brazos de Niklaus.
Se volvió loca. - ¡No! - gritó, mientras se peleaba y lo arañaba. Esta vez tenía más fuerza de la que había tenido la primera vez que intentó escapar de Klaus. Luchó con todo lo que tenía, puso cada poco de furia que le quedaba de cuando su madre había sido asesinada por ese lobo. Todo lo que Niklaus hizo fue sostenerla, agarrarla con fuerza contra su pecho desnudo. No intentó que parara de lastimarlo, pero no la soltó.
Sólo la sostuvo.
Cuando se agotó, Caroline se aflojó sobre su abrazo y comenzó a llorar. Niklaus la alzó en brazos y la llevó a la caverna.
- Me mentiste - le gritó entre las lágrimas. - No eres quien pensaba que eras.
- Nunca te mentí, gatita. - Su voz era firme, pero la mirada era indulgente y comprensiva. - Te dije que no me vincularía contigo hasta que supieras quien soy. Qué soy.
Caroline tragó saliva mientras la llevaba a la cueva de cristal centelleante.
Él le dijo la verdad. No se lo había dicho abiertamente, pero tampoco le había mentido. Y cuando había atacado a Jove y Dyrke, él la había salvado. No la había atacado, había usado su mandíbula para cortar la soga.
Cuando llegó a la pila de pieles sobre la cual dormían, la bajó, la colocó sobre la piel suave, y se acomodó a su lado. Tenía el cabello, largo y claro, despeinado sobre la cara y los ojos de color celeste ardían de pasión. Su cuerpo glorioso estaba desnudo, como siempre, solo rasguñado y sangrando en las zonas donde ella había descargado su temor sobre él. Tenía la polla gruesa y larga. Él la deseaba, incluso ahora.
Y ella no podía negar el hecho de que lo deseaba, también. Todavía lo amaba.
Cerró los puños.
- ¿Por que no me lo dijiste?
Niklaus suspiró y deslizó un dedo por el borde de la nariz hasta la punta.
- Siento no habértelo dicho, gatita. Pero no quería que me tuvieras miedo. Conozco el temor que le tienes a los lobos.
Caroline se mordió el labio inferior.
- ¿Pero un hombre lobo? ¿Por qué tienes que ser un lobo?
Se puso serio.
- ¿Eso significa que ya no me amas?
Ella abrió los ojos y se sonrojó. ¿Cómo lo sabía? Sólo se había dado cuenta hacía unos minutos.
- Tengo otra confesión para hacerte - Niklaus le pasó su dedo por el labio inferior. -Uno de los muchos talentos de un hombre lobo es la capacidad de percibir los sentimientos y leer las mentes.
Ella frunció el ceño.
- ¿Has estado leyendo mis pensamientos? No creo que me guste en absoluto eso. De hecho, me dan ganas de pegarte.
Niklaus levantó un hombro.
- Es una parte de mi, como respirar es una tuya.
Durante un momento largo, Caroline lo estudió y, después, su corazón la traicionó.
No importaba si era un hombre lobo con talentos que superaran su imaginación, aún así, lo quería.
Aún así, lo amaba.
Con una sonrisa, Niklaus se inclinó y acercó su boca a la de ella.
- Yo también te amo, gatita.
Un calor diferente le recorrió el cuerpo a medida que la besaba. Un beso largo, lento y profundo que le demostraba su amor por ella. Él le acarició todo el cuerpo con sus manos y los labios la saborearon entera, desde los pezones al vientre plano y el bello suave del monte púbico. Le lamió y le chupó el clítoris, pero solo cuando la llevó al punto justo, se detuvo, se levantó para colocarse entre sus muslos y colocó la cabeza de la verga en la entrada de su centro.
Caroline dejó de respirar.
- Quiero vincularme contigo. Quiero hacerte mía. Por siempre.
Sin dudarlo, ella asintió con la cabeza.
- Te quiero más que a nada.
- Todavía tengo otra confesión. - Él presionó la cabeza de la verga sólo un poco y ella jadeó por la sensación. Se dio cuenta de que se estaba controlando de meterse dentro de ella. - Cuando te penetre, comenzará el proceso de transformación.
- ¿Transformación?- El corazón de Caroline comenzó a latir fuertemente contra el tórax. - ¿No querrás decir que yo también me convertiré en un lobo?
Niklaus asintió con la cabeza.
- Y tendrás la larga vida que llevan los hombres lobo, al igual que tus hijos.
Empujó un poco más y apretó la mandíbula.
- Di que sí, Caroline… Dime que serás la compañera de mi vida. No puedo vivir sin ti.
Tan claramente como el cristal de la caverna, su corazón le contesto, Sí.
- Dilo en voz alta, mi amor. - Presionó un poco más adentro de ella. Le temblaron los brazos y el sudor comenzó a brotar en la frente. - Dime que me amas y que deseas ser mía, completamente mía.
- Sí, Klaus... - susurró y después lo dijo más fuerte, - Sí.
Klaus ingresó en ella, se sumergió profundamente dentro suyo. Caroline gritó cuando todo el contorno y la longitud de él, la penetró y después gimió a medida que se convertía en un placer total y completo.
Podía jurarlo por la luna que Caroline se sentía tan bien cuando la follaba. La embistió hacia adentro y afuera de su vaina estrecha y disfrutó la sensación del canal que le agarraba la verga. Él no podía quitarle la mirada de encima a medida que entraba y salía. Los ojos verde azulados de ella lo miraban y él podía ver el amor en la profundidad de ellos, así como en sus pensamientos. Ella no se contuvo y lo había aceptado por, quién y cómo era.
Y había accedido a convertirse en su compañera de por vida. Para estar con él, siempre.
El sudor de los dos se mezcló y pequeñas gotas de sudor se deslizaron desde la frente de él al cabello de ella. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, y los ojos verde azulados se centraron en él.
Ella era, definitivamente, la criatura más bella que jamás había conocido.
El orgasmo fue cada vez mayor dentro de él, como un huracán de proporciones descomunales. Pero se contuvo, alargando el placer de Caroline mientras gritaba, gemía y se contorsionaba debajo de él.
Caroline nunca se había sentido tan satisfecha, tan feliz, tan completa. En lo profundo de su corazón, ella sabía que no importaba que Klaus fuera un hombre lobo.
Era un buen hombre, un hombre protector. Y ahora era parte de ella…de su vida, su amor.
Se sentía tan increíblemente bien mientras la follaba. Así lo había llamado él, follar, y a ella le gustaba la palabra. Era erótica y la hacía excitarse más.
- Pero ahora te estoy haciendo el amor - murmuró mientras se inclinaba para acariciarle la oreja con la nariz. - No es solamente follarte.
- ¿Yo también podré leer tu mente?. - Lo agarró de las nalgas y lo empujó, exhortándolo a que la follara con más fuerza.
- Sí, gatita. - Le dio un beso largo y feroz, mientras le metía la lengua en la boca al tiempo que le metía la verga en la vagina. Cada vez con más intensidad. Ella sintió que se acercaba al orgasmo, las sensaciones se salían de control, hasta que dio un gritó de liberación. Su mente se llenó de colores, como los arco iris de la caverna de cristal. La mente se le salió del cuerpo e hizo que se sintiera en otro mundo durante esa fracción de segundo.
A la distancia, escuchó a Klaus gritar su nombre y luego sintió que le clavaba los dientes en el hombro, al mismo tiempo que la polla le latía dentro suyo. Ella gritó nuevamente por el dolor de la mordida, pero entonces, la sensación se convirtió en placer.
Niklaus colapsó a su lado y la contuvo en el círculo de sus brazos, con el pene aún en su centro. La respiración de ambos era fuerte y el olor del sexo era denso en el aire.
Caroline levantó una mano y acarició la mejilla de Niklaus. -Te amo, mi hombre lobo.
Él sonrió y la sostuvo más cerca. - Te amo, gatita.
Esta historia es más erótica de lo que recordaba... xD
¡Muchas gracias por leer! Mañana subiré el epílogo.
