Muy bien; que no se diga que no estoy actualizando… por lo menos esta historia. Muchas gracias por todos los reviews; me animan a continuar. Actualmente estoy con dificultades para acceder a internet, así que si no actualizo, no es sólo por flojera (aunque es un factor importante, lo sé).
Pero bueno, sin mucha revisión para no arrepentirme, subiré este breve capítulo.
Así que sin más que decir, continúo…
Xoxoxoxoxoxoxoxoxoxo
Arnold sonrió ligeramente en sus sueños. Continuaba con la misma pesadilla, pero ya no se sentía tan impotente. Las sombras del olvido que hacían doblemente angustiosa su pérdida, parecían susurrar un aroma perdido, mostrando que la pérdida tal vez era aparente. Tal vez, como el juego de las escondidas, donde una niña -a quien no veía la cara- corría a la distancia. El rosado ya no desaparecía; se fundía con los tonos grises de la niebla que lo devolvía a la realidad, junto con los rayos de sol con forma de coletas.
Arnold despertó de buen ánimo, sin necesidad de fingir. Pero con grandes deseos de caminar de noche nuevamente.
"Buenos días, Chaparrito. ¿Amaneciste de buen ánimo?"
"¡Buen desayuno, Tex!"
Arnold miró a sus abuelos, mientras se sentaba frente a su plato de cereales.
"Abuelo…" - Arnold dudó su preguntarle. Nunca les había comentado de sus pesadillas y no quería hacerlo ahora. Pero cabía la posibilidad que ellos supieran sobre su extraño encuentro nocturno.
"Dime, Chaparrito."
"¿Puedo preguntarte algo?"
"Ya lo hiciste, Arnold. Jejeje" – Arnold miró a su abuelo con seriedad.
"¡Galletas y cucarachas! El comisario debe alimentarse"- su abuela miró fijamente a Arnold, su mano sujetando una cuchara de palo como si fuese una pistola en su funda.
Arnold suspiró, tomó una cuchara y comió sus cereales.
"Abuelo, eehh, ¿alguna vez te has encontrado con una sombra?"
-"¿Una sombra? ¿Cómo mi sombra? Es una pregunta extraña, Chaparrito"- su abuelo lució confundido.
"No, quiero decir, si, por ejemplo, alguna vez fueses seguido por una sombra y…"
Arnold observó a su abuelo palidecer.
"Arnold, dime, sé sincero hijo, ¿te has sentido perseguido por alguien? ¿Por secuaces de La Sombra?"
"¿Secuaces de La Sombra?"- ahora, Arnold era el confundido.
"¡Hombres bestias, codiciosos y avariciosos que irrumpen la selva y la tranquilidad de las tribus, llevando la destrucción!"- su abuela terminó espectacularmente, usando la cuchara de palo como una espada apuntando a un enemigo invisible. Arnold parpadeo más confundido aún.
"Los hombres malos que atacaban a la tribu de los Ojos Verdes, a quienes tus padres ayudaban"- explicó su abuelo. Arnold recordó repentinamente el diario de su padre.
"No, no. No tiene nada que ver con eso".
"Uff, qué alivio. Ya veía que teníamos que dejar la casa de huéspedes. Aunque no sería tan malo dejar esta pocilga…"- la mirada del abuelo se desvío a Oscar Kokoschka, que acababa de entrar a la cocina, rumbo directo al refrigerador.
"Hola abuelo, jeje".
"¡Yo no soy tu abuelo!"
"Arnold, ¿estás seguro que ninguno de ellos te perseguía? Podríamos ir a California"- susurró su abuelo.
"Ah, sueños de sol y libertad"- exclamó su abuela, mientras le pegaba en la mano a Oscar con la cuchara de palo, cuando éste intentó ver el contenido de una olla.
"No, no eran secuaces de la Sombra" – Arnold respondió con seriedad, recordando aquella ocasión en que el abuelo quiso vender la Casa de Huéspedes – "Me voy al colegio. Gracias por el desayuno, abuela".
"Eres bienvenido, Tex"- respondió su abuela.
Arnold salió de la cocina, y pocos minutos después de su casa, mientras su abuelo se rascaba la calva pensando: "¿Qué habrá querido preguntar?". Pero sus cavilaciones terminaron con un encogimiento de hombros de su esposa, y la defensa del contenido de su plato de las ansiosas manos del inquilino.
-.-.-.-.-.-.-.
En el bus, Arnold iba sentado pensativo. A través de la ventana veía las sombras que la luz de la mañana proyectaba. Dudaba de preguntarle a Gerald, quizás nadie sabía… era como esas historias de niñas que desaparecían sin dejar rastro de su existencia.
"Viejo, ¿estás escuchando?"
"¿Ah?"
"Arni, ¿qué te pasa? Estás más distraído que de costumbre, y eso es decir mucho"- contestó su mejor amigo.
"Ehm…"
"Puede ser que te estás perdiendo para encontrar algo"- acotó Phoebe.
Arnold y Gerald la miraron perplejos. Gerald había sido su amigo de toda la vida, pero Arnold no lograba situar cuando Phoebe se volvió tan cercana y el dúo se transformó en un trío. Pero algo de lo que la niña decía le hacía sentido… eso de perder y encontrar algo.
"No, pero ¿han tenido la sensación de que perdieron algo?"- preguntó Arnold.
"No de nuevo"- se quejó Gerald, elevando sus ojos al cielo.
"Importantes filósofos y psicoanalistas hablan que la existencia humana se basa en la pérdida y en la sensación de vacío, por lo que intentamos llenar nuestras vidas con cosas que le den sentido o valor"- Phoebe respondió amablemente, aunque era un discurso que no decía por primera vez a la pregunta de Arnold (que tampoco preguntaba por esa sensación por primera vez).
Arnold decidió cambiar el foco de la conversación.
"Esta vez, tengo la sensación de que puedo recordar quién fue."
"¿Quién fue qué?"- preguntó Gerald, masajeándose las sienes.
"¿No es un desplazamiento doloroso pero efectivo, de la pérdida de tus padres?"
"No. Tengo la firme sensación que había una persona, una niña, que conocí, que conocimos, y que por algún motivo no podemos recordar"- Arnold respondió casi triunfante, recordando los colores de su sueño.
"¿Una niña? Arnold, Arnold, Arnold"- Gerald negó con la cabeza y miró a su amigo -"Si te gusta una chica y quieres que te ayudemos, sólo pídelo. No tienes que inventar artimañas."
"¡Es verdad!"- se defendió Arnold -"Phoebe, ¿recuerdas esos sueños extraños?"
"¿Sí?"- respondió titubeante la niña. Tiempo atrás, después de haberse quedado dormida en una clase, Phoebe le había contado que a veces tenía unos sueños extraños, cada vez menos frecuentes, pero no logró relatar uno.
¿Y tú, Gerald?- el moreno asintió. En esa misma ocasión, Gerald les había dicho que él también había tenido un par de sueños de estar bajo la lluvia, pensando y mirando el vacío, pero que al despertar, decidió tomar algo de aire y seguir durmiendo. Arnold no le había creído mucho entonces; había pensado que lo había dicho sólo para ganarse la confianza de Phoebe.
"En esos sueños, ¿había algo rosado?"- preguntó Arnold entusiasmado. Sus amigos lo miraron con los ojos abiertos, sorprendidos.
"¿Y coletas rubias?"- añadió. Phoebe pareció más afectada.
"Arnold viejo, ¿adónde quieres llegar?"- preguntó Gerald, mirando con cierta preocupación a Phoebe.
"Tengo la firme impresión que esos sueños son en realidad recuerdos de una persona que no podemos recordar."
"Viejo, y esto es raro que yo lo diga, ¿no es algo irracional? Quiero decir, todas las personas que conocemos somos capaces de recordarlos…"
"Bueno, hay veces que no somos conscientes de nuestros recuerdos y la memoria se altera. Por ejemplo, un trauma físico, como un tec, o un trauma emocional puede incidir en un síndrome de amnesia…"- comenzó a explicar Phoebe.
"¿Y en español?"- interrumpió Gerald.
"Si recibimos un golpe en la cabeza podemos quedar amnésicos temporalmente… estoy segura que le pasó a alguien de la escuela"- musitó la niña.
"Pero no hemos recibido ningún golpe"- señaló el chico moreno.
"También olvidamos aquellos actos mecánicos o autómatas, y lo relacionado con eso…" –Phoebe miró a sus confundidos interlocutores "es decir, nuestra memoria registra lo que para nosotros es más relevante, pero cosas sin relevancia como el pie que apoyamos en la cama para despertar, no lo registramos".
Arnold trató de recordar rápidamente con qué pie se levantó. Estaba seguro que Gerald estaba pensando lo mismo. La voz de Phoebe interrumpió ese silencioso segundo.
"Sé que no es de mi incumbencia, pero deberían leer más. No manejan muchos conceptos."
"Lo siento nena, pero yo soy lo que soy."
"¿Me ayudarán entonces?"- preguntó Arnold. Las miradas escépticas de sus amigos le respondió.
"Viejo, ¿cómo buscaremos a alguien de quien no recordamos nada? ¿Qué tal si no existe?"
"Toda persona tiene registros de su existencia, como acta de nacimiento, controles médicos, inscripción en escuelas, entre otros. Pero aún logrando acceder a esos registros, son miles de personas sólo en esta ciudad."
"Gerald, ¿recuerdas cuándo buscamos a la hija del señor Hyunn?"- replicó Arnold.
"Sí, pero nosotros no logramos encontrarla, apareció como milagro navideño."
"Sé que podemos resolver esto. Hemos pasado por otros problemas, y hemos salido adelante."
"Arnold, hum, ¿con qué información contamos?"- Arnold se rascó la base del cuello ante la pregunta de la niña. No supo que responder.
"Arnold, viejo, eres un niño soñador y bien loco. Pero te ayudaré en lo que sea. No puede ser peor que el "Rey de las Cloacas"- Gerald juntó su mano con la de Arnold en su saludo especial.
"Gracias Gerald"
"¿El Rey de las Cloacas?"- preguntó Phoebe curiosa.
"Una laarga historia."- respondió Gerald, haciéndose el interesante.
Arnold sonrió ante la actitud de su amigo y se preparó a bajar del autobús. Habían llegado al colegio.
