Kuroshitsuji no me pertenece. Es propiedad de Yana Toboso.

Este fic es solamente para fines de entretenimiento, sin ningún fin lucrativo.

Lamento haber tardado tanto, pero la escuela me roba muchísimo tiempo :/ espero me disculpen y trataré de ser mas puntual.

¡TUTURURU! ¡AHORA, AL FIC!

Capitulo 3:

Ese mayordomo, vagabundo

Habían pasado ocho días desde aquella discusión que tuve con Sebastian, desde el día que el (hermoso) profesor Claude ingresó a nuestro salón. Ocho días de intercambiar miradas con Edward, ocho días de entregar tareas incompletas y excusas tontas….

Ocho días de tratar de explicarme el porqué de la situación y las cosas iban a empeorar…

Desde ese día, la deficiente relación que tenía que Sebastian se fue al caño; ahora me resultaba imposible hablar con él o siquiera sacarle una palabra.

Se había vuelto un huraño, un grosero, ignorándome cada vez que le hablaba y no se dignaba a dirigirme los ojos siquiera. Cuando le pregunté sobre mi pasado, sobre porque estaba conmigo y no había aparecido antes, porque ya estaba cansada de todo, no se dignó siquiera a responderme ni fingir que me ignoraba, ¡simplemente, lo hizo! ¡Me miró como se debe mirar a un perro sarnoso en la calle y salió por la puerta, mientras yo lo llamaba a gritos!

¿No se suponía que era mi mayordomo? Según me había explicado cuando nos conocimos, obedecería mis órdenes, ¿Dónde diablos estaba entonces? Hacía ya ocho días que no aparecía y, sinceramente, comenzaba a preguntarme si volvería a verlo.

Aun tenía la esperanza de que volviera con alguna de sus tontas excusas. Pero no lo hizo.

Me había quedado sola nuevamente, y el dichoso demonio ya ni siquiera aparecía en la escuela. Con las faltas que estaba acumulando no me sorprendería que Angelina terminara expulsándolo; creo que esa era mi consuelo para pensar que no se iría, pero entonces recordaba que era un demonio; un ser al que simplemente le importaba un bledo y medio la "educación para el futuro" y que probablemente, ya hubiera pasado por ello hacia años, quizás en algún momento de su longeva vida demoniaca.

Ahora caminaba sola a mi casa, y de mi vida había vuelto a la normalidad –si así puede llamársele– y solamente tenía a mis cinco gatos como compañía.

Por un lado, me agradaba esa soledad; era a la que estaba acostumbrada y ahora era mucho más fácil estudiar o resolver mis problemas diarios: ya no había nadie que me distrajera de mi labor o entretuviera a los gatos y estos se pusieran a maullar. La vida había recuperado su simplicidad y yo me sentía bastante cómoda con ello.

Sin embargo, por otro lado, me dolía pensar que estaba sola, porque por mucho que quisiera negarlo, era realmente… ameno tener a alguien con quien charlar durante las tarde y los almuerzos. Tenía una razón para molestarme o sentirme triste. Ahora la mesa me parecía más grande de lo que realmente era, como si algo me faltase allí.

Debo decir que, entre estos días en que mi solitaria vida volvía a acomodarse, el profesor Faustus parecía haberlo notado y, extrañamente, me daba la impresión de que trataba de alegrarme, incluso algunas veces parecía no entender que él y yo éramos maestro y alumna.

Durante las clases siempre me nombraba para participar o para leer algún párrafo del libro de Literatura universal contemporánea. Al principio pensé que era solo para hacerme reaccionar, pues yo me hundía en mis pensamientos e ignoraba por completo la clase, pero luego, noté que no era solamente que me nombrara, sino que parecía tener una fijación conmigo.

Sé que puedo llegar a sonar egocéntrica, pero siempre caminaba cerca de mi durante las clases; a veces rozándome el cabello con los dedos o si me mordía las uñas me quitaba la mano de la boca con una suavidad que me parecía demasiado melosa como para ser un profesor. Incluso una vez, lo sorprendí mirándome con sus penetrantes ojos ambarinos y pensé que al notar que yo ya había visto ese gesto, dejaría de hacerlo, pero no lo hizo. Una parte de mí se sentía alagada y la otra, deseaba que Claude muriera de una forma poco agradable.

Este tipo de fijación de parte del señor Claude provocó la ira incontenible de las Barbies de la esquina del salón, pues ella IDOLATRABAN al señor Claude como a un ídolo, inclusive llegaron a la ridiculez de crearle un club de fans en la página web de Facebook®. Ahora yo era su enemiga publica numero uno oficialmente, lo cual no era nada bueno, pues me fastidiaban con todo lo que podían y me hacían quedar mal en todo lo que querían.

¿Un ejemplo? Bien, ya se acercaba fin de mes, y para Navidad querían presentar una obra de teatro en la escuela. Como no querían presentar el clásico que se presentaba todos los años, Un Cuento de Navidad de Charles Dickens, pidieron ideas para algo fresco y el resultado fue algo que nadie esperaba; La Pesadilla antes de Navidad o el Extraño mundo de Jack, de Tim Burton. La historia trata sobre el rey calabaza, Jack Skellington, quien está harto del Halloween y se siente vacio con él. Sally, la muñeca de trapo hecha por el Doctor Finkelstain, se siente igual que Jack y está enamorada de él en secreto. Jack descubre sin querer la villa de Navidad y se siente lleno nuevamente con todas las luces; allí es cuando decide celebrar la Navidad a su manera.

Está declarado en la escuela que yo adoro esa película y que me encanta el personaje de Sally, por lo que muchos me animaron a que yo hiciera el casting para el papel, pues se haría entre los dos grupos del tercer semestre. Me sé los diálogos de memoria y estaba bastante confiada…

Hasta que Abigail, llegó a hacer la audición, cosa que enseguida me enfureció. Ella odiaba la historia, detestaba a Tim Burton y el Halloween, así que la única razón existente en el mundo por la que ella deseara el papel seria porque el mundo se puso al revés o realmente quería joderme la existencia. Aunque su audición fue un verdadero fraude, no me confié y traté de hacer la mía mucho mejor. Los jueces me felicitaron y Michelle, David,Alph y Gustaph me felicitaron, yo no esperaba la sucia jugada de Abigail. Cuando los jueces dieron su fallo y dijeron que yo sería quien interpretara a Sally, Abigail protestó, diciendo, y cito sus propias palabras:

–Sally, es una muñeca delicada, alta, delgada como Jack y realmente agraciada…– y me miró, sonriendo con burla–. ¿En qué mundo esta cosa, podría interpretarla?

Su burla no convenció del todo a dos de los jueces, pero la tercera juez, Angelina, directora de preparatoria, adoraba a la madre de Abigail, la cuarta jueza, quien logró convencer a los otros dos de que la… estúpida se quedara con el papel. El resto es historia y yo me sentí realmente traicionada por mis amigos que no dijeron nada por mí, salvo Michelle, quien se puso a gritarles como una loca; mientras que las amigas de Abigail le echaron porras todo el rato, afirmando lo que ella había dicho.

Fue cuando realmente me di cuenta de la soledad en la que estaba envuelta.

Eso había sido la semana pasada; esta semana transcurría ahora de manera lentamente; era jueves; o sea más de la mitad de la semana y yo estaba a punto de cortarme el gaznate con una tijera, ¡Ni siquiera Michelle estaba conmigo para darme un buen golpe y hacerme volver a mis casillas! El miércoles no había venido y este día tampoco, lo cual es extraño debido a que ella nunca falta, por muy mal que se sienta.

Era la segunda clase, y la maestra de química nos había puesto a hacer una exposición en equipos, de modo que estaba junto a Gustaph, David y Jan, quienes discutían sobre el nuevo disco de una banda americana, llamada Avenged Sevenfold.

– ¡de verdad quiero escucharlo completo!– chilló Alph, sacudiendo las manos hacia arriba. Lo miré y logró sacarme una sonrisa. – ¡¿Por qué tiene que salir primero en Estados Unidos?

– ¡Porque Bush nos quiere fastidiar la existencia!– bramó David, señalándolo con el dedo.

–Bush ni siquiera es presidente ya…– agregó Sama, con la sonrisa de satisfacción. Nuevamente, su ego nos había aplastado.

– ¿enserio?

– ¡Claro que no, es Obama!– exclamé yo, uniéndome a la conversación. – ¡hace casi un año que está en el poder!

– ¡No! ¡Todos están locos!– gritó Alph y fingió convulsionarse sobre la mesa. David y Gus se carcajearon limpiamente y yo casi me caigo de la risa. Pero, de pronto, un llanto invadió el ambiente y todos nos quedamos en una pieza cuando Abigail entró bañada en llanto al salón, corriendo de una forma no muy distante de la Cenicienta huyendo de las hermanastras que le destruyeron el vestido.

– ¿ahora qué?– preguntó David, con cara de fastidió.

–No lo sé– respondí. En verdad, en ese momento sentí algo de pena por ella… bueno, en realidad no.

–ahhh, alguna tontería con respecto a su novio debe ser… –musitó Gustaph con fastidió, dándose la vuelta hacia Jan y siguieron comentando sobre el disco. Yo me preguntaba si era posible que mis plegarias hubieran sido escuchadas…

¿Sería posible…?

Los cuatro aguzamos el oído lo mas que pudimos, tratando de escuchar la conversación. No logré escuchar nada, porque hablaban a un nivel tan bajo que me sorprendió, ¿de verdad podían hablar así? si era así ¿Por qué no lo practicaban más seguido? ¡Realmente me hubiera alegrado mucho no escuchar sus gritos estúpidos durante un solo día!

Después de tres minutos de no escuchar nada, me desesperé y seguí con mi tarea escribiendo un largo resumen sobre la importancia de la química en la sociedad actual y la vida diaria. Después de unos cuanto minutos, abandoné la pluma sobre la libreta y, como noté que la maestra no estaba, le pedí su Ipod touch a David, quien no quiso prestármelo temiendo que yo fuera a romperlo, pero luego de insistirle varias veces, acepto. Quizás era algo estúpido, pero en los últimos días sentía que mi equilibrio se había desmerecido más de lo normal, llegando al punto de pasar a caerme estando solamente de pie y completamente inmóvil. Ridículo, pero no había mas que hacer.

Puse un canción lenta, que me relajó bastante y cuando estaba por dormirme, las locas pegaron un grito marca diablo que me hizo estremecerme y me sentí tan furiosa que casi… ¡AGH!

Dejé mis deseos de estrangularlas por un lado y, al mismo tiempo, dejé el Ipod a un lado de la mesa, y me puse a hacer garabatos sin sentidos hasta que recordé que la maestra no volvería con nosotros, puesto que habían anunciado una junta de maestros en la dirección general para ese mismo día, así que respire alegremente al darme cuenta que estaría libre de tareas por al menos dos horas. Podría llamarle a Michelle –alias Godzilla–. Podía no contestarme o hasta decirme de que me iba a morir si la despertaba, pero ¿Qué perdía con intentarlo? Además era mi mejor amiga y deseaba enormemente hablar con ella.

Digité los numero rápidamente y luego me di un golpe por no haberlo buscado más rápidamente en el directorio. Oprimí "marcar" y comenzó a sonar el teléfono.

Me contestaron rápidamente y a través de una cortina de sonidos rasposos y una interferencia total, escuché la voz desesperada de Michelle.

"Ellie, ¡Ellie ayúdame!" escuché a través de la bocina y el sonido de su voz frágil me quebró todo intento de razonar que era lo que sucedía. Estaba llorando, lo escuchaba claramente.

– ¡Micho, ¿Dónde estás? ¿Qué paso?– pregunté con la voz sofocada–. ¿Estás bien? ¿Qué pasa?

"En un almacén… ¡No se qué pasa!... ¡Llevó aquí casi dos días encerrada! ¡Creo que me quiere matar!"

Temblé…

– ¡¿Reconoces algo? ¡¿Algún sonido? ¡Trata de ver donde estas! ¡Si esto es un juego, voy a matarte!

"¡Solo el ruido de los coches! ¡Y creo que a la señora Chan, de la comida china!..".–la voz se quebraba mas, y yo no podía concentrarme. Los otros tres se acercaron a mí, totalmente consternados por mi actitud. "¡No lo sé! ¡Ellie, llama a la policía! ¡Tengo miedo!"

– ¡Cálmate! ¡¿Es Chinatown? ¡¿Quién te tiene? ¡Dime que no es broma!– exclamé, casi a punto de lanzar mis cosas por sobre la mesa.

"¡No lo sé!...¡Dios––¡ ¡No, por favor!..." se escuchó un golpe seco en la habitación, y algo cayó al piso.

"¡Maldita perra barata!... ¡ahhh!..."

…y la llamada se cortó.

Miré el teléfono en mi mano, con el horror más palpable que jamás hubiera sentido.

Mi amiga, mi mejor amiga estaba en peligro. Corría riesgos que jamás imagine que sería capaz de ver pasar o entender. Tenía miedo y, quizás, ella más.

¿Qué estaba sucediendo allí? Necesitaba pensar y avisarle a la policía lo más posible. Digité rápidamente, con los dedos temblorosos e ignorando las histéricas preguntas de Alph, David y Sama sobre qué era lo que había sucedido, y me contestó la operadora.

Le informé con la voz quebradiza lo que me habían dicho, pero la mujer lo tomó como una broma de estudiantes, y me dijo, bastante enfadada, que si volvía a llamar para molestarla me enviaría a un policía que amablemente me llevaría a la correccional. Separé el auricular de mi oreja, cuando ella me colgó refunfuñando. ¿Qué demonios le pasaba a Londres?

Miré la pantalla del teléfono y al parecer, el sonido a mí alrededor se extinguió, siendo suprimido como un mal recuerdo. Esa sensación de impotencia que me invadía poco a poco; el sentimiento de que todo estaba mal.

Sabía que ella podía estar jugándome una broma, una parte muy recóndita de mi ser me lo decía, pero, yo no podía creerlo. La razón era que su voz sonaba tan desesperada que me parecía ridículo que actuara de manera tan perfecta, además Michelle no era así. Podía ser algo fastidiosa, histérica y algo nerviosa; pero nunca llegaba a ese extremo con sus bromas.

¿Qué debía hacer? La estúpida operadora me había tomado como una loca y yo realmente necesitaba un momento de soledad para aclarar mi mente. Tal vez debía volver a llamarle a esa mujer ignorante y volver a decirle que era lo que sucedía.

–¿Qué le pasó a Michelle? ¿Está bien?– me preguntó David, pero no le respondí. –¡Ellie, respóndeme!

–¡Cállate, Dave!– chillé, casi con fastidio. Sacudí la cabeza y me sentí mareada. Rápidamente, me puse de pie, decidida a salirme de allí, a respirar aire fresco y sin decir una sola palabra, camine fuera del salón.

Agradezco al cielo que los maestros se encontraban en una severa reunión, y por eso mismo, pude caminar libremente por los corredores, sin temor a que me reportaran por no estar en clases. Me alejé de mi plantel, hasta el fondo del patio más alejado de los salones: el campo de soccer. Me paré junto a la portería; nadie podría escucharme allí.

Sin embargo, aunque el paisaje estuviera en paz, yo no podía calmar mi mente. Aun podía escuchar los gritos histéricos de Michelle en mis oídos… ¡Todo había sido tan repentino! ¿Qué podía hacer yo, una simple estudiante por ella? ¡Si tan solo Sebastian estuviera aquí! ¡Él podría ayudarme a encontrarla! ¡Era un demonio, podría traerla de vuelta! Pero la pregunta era, ¿Cómo traerlo de vuelta a él? Ya había hecho el intento de llamarlo anteriormente y no había funcionado en ningún sentido. ¿Acaso me había abandonado? ¿No era eso una falta severa al contrato con Ciel Phantomhive? ¿No se suponía que estaría allí para mí? ¡¿Dónde diablos estaba?

–¡Estúpido Sebastian!– grité con fuerza, mientras pateaba una piedra que estaba en mi camino; esta rebotó contra uno de los postes de la portería y salió volando hacia las gradas

Estaba tan furiosa, tan ida del mundo que la ira me hizo sorda unos momentos, hasta que, de repente…

–¡Hey, tu! ¡Chica tonta, ten cuidado con ese balón!– exclamó alguien con voz enfadada, tomándome por sorpresa. Giré en dirección a la voz, pero tras de mí no había nadie. –¡Aquí arriba!– y levanté la vista.

Sobre una de las gradas, había una persona sentada con actitud vanidosa, pero no una persona cualquiera; el rojo de su cabello era tan rojo como la misma grana, y su rostro afilado me pareció familiar junto con sus ojos de una mezcla extraña entre un color amarillo ámbar y verde seco, tras unas gafas de armazón negro. Sus ropas lucían bastante antiguas pero no estaban para nada desgastadas; la textura parecía recién salida de una fábrica. Y cuando me vio, abrió los ojos demasiado, casi tanto que pareció ridículo y se le descolgó la mandíbula del cráneo.

–¡P–pero…si es…!– las palabras se le atoraron en la boca, y vi como los ojos se le lagrimaban de una manera tan teatral que resultaba patética. Puse mala cara. –¡Es usted…! ¡Ciel Phantomhive!

Me sorprendí al escuchar ese nombre, sobre todo que se dirigiera a mí de ese modo. No había posibilidad de que ese… hombre o mujer, o lo que fuera, supiera que yo descendía de los Phantomhive…

Mas cuando brincó desde la grada más alta hasta el suelo, con infinita gracias, me di cuenta que ese ser, no era para nada normal. Se paró cerca de mí, mirándome por todos lados y examinándome de forma bastante fastidiosa.

–¡¿Qué le sucede? ¿Quién es usted?– inquirí bastante incómoda, pues el personajillo se acercó mucho, quitándome el cabello de sobre los ojos. –¡¿Cuál es su problema?

–¡¿Cuál es mi problema?– preguntó, alejándose de un salto y completamente consternado. –¡Tu eres mi problema! – agitó las manos sobre su cabeza, apretadas en forma de puños. –¡¿Cómo pudo pasar esto?

El tipo se puso a gritar como loco, girando sobre sí mismo y maldiciendo a los cuatro vientos con su voz afeminada. ¿De dónde salía este tipo de gente?

–¡Yo ni siquiera lo conozco!– exclamé, bastante molesta por la forma en que se estaba comportando. Y de pronto, su repentino ataque infantil desapareció, mirándome sorprendido y algo inquieto.

–¡¿Qué? ¡¿Cómo no vas a saber quién soy yo? ¡A una dama como yo nunca debes olvidarla, mocoso!

–¡Yo jamás lo he visto en mi vida!– dije y me crucé de brazos. Sé que debía estar aterrada por la repentina aparición de ese tipo, pero por alguna razón, no me causaba miedo; como ya dije, muy en el fondo, sentía que lo conocía de años. –¡Y yo no soy Ciel Phantomhive!

El ser pareció calmarse, estudiándome cuidadosamente.

– ¡No lo eres! ¡Pero si eres idéntica a…!– admitió con incredulidad, aun con los ojos inquietos. Me miró a los ojos, manteniéndome la mirada y durante unos segundos, ninguno dijo nada. De pronto, una sonrisa apareció en su rostro, como quien se entera de que ganó la lotería. –Ahora entiendo…

– ¿Qué? – pregunté enfurruñada. El personaje no dijo nada, solo rió por lo bajo. –¡¿A quién?

– ¿Dije algo?– preguntó con burla y me hizo sentir tan estúpida que estuve a punto de abandonarlo allí solo.

–Si Sebastian estuviera aquí… – mascullé entre dientes, casi tan bajo como un respiro, deseando con todas mis fuerzas que mi estúpido demonio apareciera de donde estuviera escondido y lo rebanara a la mitad. Entonces el ser brincó y me tomó de los hombros con una rapidez increíble, mirándome con fascinación.

– ¿Qué has dicho?– preguntó con fanatismo, mientras un hilo de sangre se deslizaba por su nariz y los ojos le brillaban. ¡Dios, ese tipo sí que era desagradable! –¡Has dicho Sebastian! ¡¿Te refieres a Sebastian Michaelis?

Me sorprendí, tanto que me quedé sin habla. Ese ser sabía que yo era una Phantomhive, y además, ¿Qué sabia sobre Sebastian?

–¿Cómo lo conoce?– pregunté completamente estupefacta. El tipo me soltó repentinamente, provocando que casi me cayera al suelo.

–¡Claro que lo conozco! –Exclamó, dando giros por el pasto mientras un hilo de sangre le escurría por la nariz y se ponía más rojo que una manzana madura–. ¡Sebas–chan! ¡¿Dónde está?

Miré hacia un lado, arrugando el entrecejo–. No lo sé…

–¿Qué has dicho?– preguntó, dejando de dar giros y tomándome enserio por primera vez. Entonces se puso lloroso, y me tomó de los hombros con una fuerza descomunal–. ¿Dónde está? ¡Hace tanto que no lo veo! ¡Quiero verlo, niña!

–Tu no eres una persona normal, ¿verdad?– pregunté cuando lo tuve más cerca, mirándome con los ojos duros que poseía–. Tú no eres como yo, ni como ninguno de los que están en este edificio…

–¡Claro que no!– admitió, sin soltarme. Muy al contrario, me apretó aun mas–. ¡Yo soy un shinigami, mocosa! ¡Mi nombre es Grell Sutcliff!

No me sorprendió. Realmente, muy pocas cosas podrían llegar a sorprenderme después de enterarme que vivía junto a un demonio cerca de dos meses. Shinigami es la palabra japonesa designada a los dioses de la muerte; los seres que se encargan de la recolección de las almas de los mortales. Eso hizo que el corazón me diera un vuelco, ¿Qué hacia un shinigami allí?

–Bueno, ¿vas a llevarme con él o no?– preguntó, molesto.

–Antes que nada, dime, ¿Qué estás haciendo aquí?– le solté y él se sorprendió–. ¿Has avenido a recoger a algún alma?

El tipo me miró con sospecha y se acarició la barbilla con los dedos, como lo haría una dama y me provocó escalofríos. Ese tal shinigami no me convencía del todo.

–Si te digo, ¿me llevarás con Sebastian?

Entonces se me ocurrió la mejor idea que pude idear en ese momento.

–Oye, te tengo un trato…– murmuré, olvidándome de sus palabras, tan rápido que él también se asustó–. Si me ayudas, te llevaré con Sebastian…

Sabía que estaba siendo una tramposa porque Sebastian no estaba allí; en efecto, no tenía la más mínima idea de donde estaba. Vi como razonó unos momentos, y tuve la sensación de que podía leer mis pensamientos. Deseé, con todas mis fuerzas, que no.

–Eso depende de que sea, ¡no le prestare mis servicios a una mocosa como tú!

–Te dejaré hacerle a Sebastian lo que se te antoje…

–¡ES UN TRATO!– bramó incluso antes de que pudiera terminar la frase. Sonreí para mis adentros, satisfecha–. ¿Qué se trata esto?

–Tienes que ayudarme a rescatar a alguien, si lo haces, cumpliré el trato…– dijo, un poco nerviosa. Grell me miró con sus grandes y afeminados ojos y pareció sospechar algo.

–¿Es alguien de aquí, de la escuela?–preguntó sin mucho interés.

–Si, si es alguien de aquí…– respondí rápidamente–. ¿Por qué?

–No, por nada…– murmuró, mirándose las uñas y de pronto, volvió a emerger la felicidad en su rostro–. ¡Vamos, niña! ¡No hay tiempo que perder! ¡Sebas–chaaaan!

Sabía que quizás no hacia lo correcto, y cuando ese shinigami me tomó del brazo para salir de la escuela, tuve la sensación de que alguien me vigilaba, pero no vi más que una araña grande junto a las paredes, fija allí. Tuve la sensación de que me miraba…

tan tan! :D espero que me disculpen por la demora, mis examenes me mutilan x.x dejen reviews :) los amaré si lo hacen hahaha

se aceptan criticas de todos colores y sabores

un beso!