CHAPTER 3

Con un grito de indignación, me defendí.

-¡Es obvio que animales! .No quiero andar matando gente solo para satisfacerme.

Jasper levantó las manos, mostrándome las palmas como gesto de rendición.

-¡Está bien!, está bien. Solo queríamos asegurarnos de que camino elegirías. Muchos de los nuestros eligen el fácil.

-¿El camino "fácil" es cazar personas?- pregunté, atónita.

-Fácil es sólo una forma de decirlo. Alimentarse de animales es como estar a dieta permanentemente. Te mantiene fuerte, sí, pero no sacia del todo. En nuestro caso es lo mismo. En cambio, con personas, te llenas completamente. Los vampiros que siguen esa "rutina" son incluso más fuertes que nosotros.-

Sentí una quemazón particular en la garganta, no tan distinta a la transformación. Tenía muchísima sed, pero no era exactamente un vaso de agua lo que encontraba tentador.

- ¿Es normal que la garganta queme tanto?- pregunté, con la mano sobre ella, tratando de aplacar el dolor.

-En tu caso, sí- respondió Rosalie con un matiz de lástima en la voz- Eres una recién nacida, una neófita. Y será mejor que salgamos ya, porque se pondrá peor.

Solo por la advertencia, me levanté rápidamente. Una vez más, me sorprendí por la velocidad en la que hacía todo. Estaba pensando en levantarme y, una milésima de segundo después, ya estaba erguida.

Jasper soltó una risita por mi cara.

-Ese es uno de nuestros "poderes", o como se digan. Somos muchos más fuertes y rápidos de lo normal. También nuestros sentidos están súper desarrollados. Y algunos, sólo algunos de nosotros, tenemos dones- me reveló el rubio en tono misterioso.

-¿Dones? ¿Enserio? ¿Ustedes tienen alguno?- les pregunté con verdadera curiosidad.

-Uhm…yo sí, ella no- respondió él, señalando a su hermana con el pulgar.

Cuando salimos de la cabaña, extrañamente no hacía frio.

-Tu temperatura corporal está muy debajo de lo normal. Difícilmente sientas frío otra vez.

Me froté los brazos como acto reflejo.

-Y… ¿Cómo es eso de cazar?- pregunté.

-Es algo instintivo. Ya verás. –me dijo él, agarrándome de la mano cariñosamente.

Sentí un cosquilleo bajándome por la palma. Decidí no hacerle caso, aunque no fue algo fácil.

-Y… ¿Cómo es eso de los poderes?- pregunté curiosa, mientras avanzábamos por el bosque.

-No lo sabemos con exactitud, pero yo tengo una teoría. Creo que un vampiro tiene un poder cuando se acrecienta una virtud. Por ejemplo, yo tengo el don de influir y sentir los sentimientos de los demás.-

Creo que mi cara de estupefacción fue demasiado obvia, porque Jasper se me acercó levantando una ceja.

-¿Acaso no me crees?- me preguntó, muy cerca de mi cara.

Esperé a que el habitual sonrojo ocupara mi rostro y el aumento de mi ritmo cardíaco se hiciese considerable, pero eso nunca pasó.

Jasper, notando mi cambio, solo sonrió levemente. Seguimos en un cómodo silencio hasta que no pude callarme más.

-¿Cuántos días pasaron desde…el suceso en el prado?- sentía que era inapropiado hablar de la "transformación", pero no sabía porque.

-Tres.-contestó Rosalie- Hablando de eso, tienes que hablar con tu amiga, supongo que no se siente muy bien con esto de "encubrirte".

Me quede pensando en Ángela. Nunca fuimos muy cercanas, pero la consideraba una verdadera amiga. Era ella la que me acompañaba cada vez que los hermanos me molestaban y, ahora, era la que me estaba cubriendo con mi papá.

Cuando me di cuenta, estábamos parados en el medio de un bosque. Se podía oler las mezclas y sentir los más diversos sonidos, sin embargo, el canto de los pájaros cesó abruptamente cuando llegamos a este punto.

-Nos tienen miedo Bella.- me explicó Jasper- Nosotros somos los cazadores aquí. Sobre la caza, sólo tienes que dejarte llevar. Es puro instinto. Cierra los ojos y siente…

Haciéndole caso, los cerré. Hojas barridas por el viento, grillos, una docena de corazones palpitando furiosamente.

Esto último se me hizo irresistible, por lo que seguí el rastro hasta encontrar un grupo de ciervos. Me acerqué hasta el más cercano. Para cuando se dio cuenta donde me encontraba era demasiado tarde, ya que mis sientes fueron directo a su yugular.

Era impresionante la sensación de que, mordiéndole el cuello a semejante animal, pareciera que masticara un trozo de mantequilla. Bebí hasta dejarlo seco y lo dejé caer. El ardor de la garganta menguó un poco, pero seguía siendo bastante doloroso. Repetí este proceso con un par más hasta que quedé casi saciada.

Rosalie se me acercó a mí, sonriendo.

-Se siente bien, ¿no?- preguntó, levantando una ceja.

Justo cuando abría la boca para contestarle, las aletas de su nariz se expandieron, oliendo algo. Sus ojos se abrieron muy grandes, y entonces lo sentí…

Un par de corazones galopando tan rápido como el aleteo de un colibrí. Eran demasiado ligeros para ser de animales.

Atrapada por la curiosidad, empecé a correr. Escuché que me seguían, pero no presté más atención.

Cuando estuve a pocos metros de mi objetico, me escondí detrás de unos arbustos. A los segundos alguien se me acercó por detrás y me agarró los brazos los brazos por las axilas, haciéndome una especie de llave de la que no podía soltarme.

-Lo siento…- solté sin prestar mucha atención. Estaba fascinada con el espectáculo que se estaba concretando enfrente de mí.

Una pareja se besaba fogosamente. Su ritmo cardíaco estaba por las nubes, sus mejillas sonrojadas, hasta se podía observar el flujo sanguíneo pasando por ellas.

- ¿Por qué te disculpas? ¿Por qué estás aquí, tan relajada, cuando se supone que tendrías que haberles saltado a sus gargantas sin pensarlo siquiera?- giré el cuello como pude, mirando a Jasper- ¡Eres neófita!

No tenía idea que responder a eso, así que me disculpé de nuevo.

El rubio soltó una risotada y me soltó. Los chicos ya se habían ido, dejándonos solos.

-No te tendrías que disculpar por poseer un autocontrol casi imposible Bella- me respondió, guiñándome un ojo.

-Y eso, ¿es bueno?-

-¡Claro! Puede que sea tu don. Muy útil, a decir verdad.

¿Mi don? ¿Nada de rayos láser saliendo por los ojos o sentir emociones, como él? .Eso era bastante decepcionante. Pero, si el autocontrol era poder acercarme a las personas siendo "recién nacida", eso suponía un gran cambio, ya que podría estar alrededor de personas sin problemas. Le pregunté para sacarme la duda.

-Jasper, si mi don fuere ese, quiere decir que…- dejé la frase inconclusa para que la pudiera terminar él.

-Quiere decir que, si sigues así, podrás vivir en tu casa casi normalmente. Digo, acercarte a las personas, hablarles y eso- respondió, sonriendo.

Sentí una sonrisa subiendo por mi rostro también.

- ¿Por qué "casi normalmente"?- lo cité

-Se supone que tienes que alimentarte, cazar. No puedes comer nada de comida humana ya. Además, ya no duermes. Nunca. No vas al baño y no traspiras. No puedes estar bajo el sol en público. No vas a tener una vida humana nuevamente. Y tu aspecto cambió.

-¿Cómo que cambió?-pregunté recelosa. Hasta entonces no había prestado mucha atención a que no llevaba anteojos pero, aun así, veía perfectamente.

-Si…-dijo pasándose una mano por la nuca. Identifiqué esto como un gesto de nerviosismo- Cuando te transformas, cambias. Es como un disfraz, pero para atraer víctimas. Sólo una cara bonita y una buena voz, Bella.

No había podido pasar por un espejo, pero me llevaría una buena sorpresa.

Volvimos en silencio a la cabaña. Cuando llegamos, Rosalie nos recibió con una pequeña sonrisa.

-Solo se los quedó mirando, Rose. No hace falta la lástima. No les tocó un pelo. Puede que el autocontrol sea su don- Jasper la calmó.

La vampiresa me miró sorprendida y me dedicó una sonrisa deslumbrante.

-¡Eso está muy bien, Bella! Servirá de mucho, ya que no te tendrás que alejar de tus seres queridos. Hace mucho no veíamos un "controlado".

Cuando entré, me senté en el sofá. La cabaña era muy pequeña. Aparte de este ambiente, solo se veía un corredor que daba a un par de habitaciones.

- ¿Y ahora qué?- les pregunté, mirándolos a los dos con el mentón sobre mis manos.

-Y ahora…supongo que vienen más preguntas. Vamos a tratar de responderte con toda la información que tengamos.

Se quedaron ahí parados por horas, de los más cómodos, respondiendo a todo lo que se me pasaba por la cabeza.

Me explicaron que existía una especia de policía vampírica, una familia italiana que se encargaba de cualquier individuo o grupo rebelde. También me dijeron todo acerca de la sed, especialmente la de los neófitos y la de los vampiros vegetarianos. Me contaron de su transformación hace muchísimos año, cuando fueron engañados por un par de vampiros sádicos.

Cuando terminaron y me sentí medianamente conforme con lo explicado, me levanté hacia la ventana.

No me sentía para nada cansada, pero era mucha información que asimilar. Afuera, todo estaba muy clamo. Los animales se encontraban bastante lejos, como estarían alejados del lugar de descanso de unos leones. Ellos sabían que nosotros éramos sus cazadores y, por lo tanto, nos tenían miedo. Dudaba mucho que en un futuro pudiese acercarme a un ave para alimentarlo, o que las mascotas se sintiesen cómodas alrededor mío.

El bosque estaba iluminado por la intensa luz de la luna. Al lado mío, vi el reflejo de Jasper en la ventana, contemplado todo con atención.

-La primera noche de toda una eternidad- me susurró, entrelazando su mano con la mía.

Supongo que tenía razón.