Caminaba por la calle, ya era tarde, faltaba menos de 30 minutos para la media noche, no temía estar solo, estaba acostumbrado ya a la rutina, el tricolor vestía elegante, con un traje negro, tenía tres años haciendo su labor, ya no había vestigios de su viejo yo, había estudiado y aprendió mucho, podía socializar y llevar una conversación decente de muchos temas actuales, políticos, de arte o tecnológicos, comía en la mesa con los más finos modales, las damas lo seguían con los ojos vendados, por su gran galanura y la forma tan caballerosa y cortes de tratarlas, aun cuando sus sentimientos estaban con el portador de los zafiros, ya nadie lo vinculaba con su anticuado apodo el asesino sin corazón, nadie que ahora lo conociera creería que eran la misma persona, aun siendo él, el que lo confesara, y lo sabía bien cuando se lo comentó a un periodista al cual posterior mente callo permanentemente, claro que con el único propósito de satisfacer la voluntad de kaiba, el único ser al que buscaba complacer, era por eso que había salido esa noche, buscaba un regalo especial, ya que lo había hecho enfadar y quería contentarlo, en una esquina tres mujeres trabajaba buscando clientes que pagasen por sus encantos, dos morenas y una pelirroja, ninguna le gusto por lo que continuo caminando, no muy lejos encontró algo atractivo, era un chico rubio, tentador, pero no era un vendedor como las mujeres que había dejado atrás, por lo que no podía llegar simplemente y ofrecer dinero, el joven fumaba, por lo que amable pidió fuego para el también, luego hizo una llamada pidiendo transporte, por lo que haciendo tiempo para que el chófer llegara, yami le ofreció un cigarro de los suyos, eran importados y muy caros, el joven que dijo llamarse joey tomo uno con mucha confianza, le comento que trabajaba en un restaurante de mesero , que había salido a fumar por que el capitán de meseros lo había reprendido por una tontería e inclusive comento que ya no quería ese molesto empleo, yami solo sonreía, era perfecto, miro a la distancia su vehículo y ya cuando estaba cerca joey se despidió y le dio la espalda para regresar a su puesto laborar, pero no pudo, sintió un pinchazo en la nuca y vio todo negro, yami lo arrastro al vehículo y lo subió, el chófer lo felicito por tan buen trofeo y lo mucho que le gustaría a el jefe.

Seto estaba en su casa, mas especifico su despacho, tomaba un trago y revisaba unos papeles, estaba molesto yami le había hecho una escena de celos, por intentar llevar a su mansión, a su prometida, es que el tricolor no podía aceptar que necesitaba ese matrimonio, le gente murmuraba y lo señalaba, no solo por ser soltero a pesar de que era joven, sino que porque nunca se le había conocido una relación de ningún tipo, algunas personas conocían al ojos de carmín, pero pensaban que era su primo extranjero que ahora radicaba en Japón, porque esa fue la explicación que dio cuando lo presento a la sociedad, un pariente de su vida antes de ser adoptado, por eso a nadie le pareció extraño que adoptara a su familiar y lo tuviera viviendo bajo su manto.

Pero había lago que kaiba odiaba y era que hablaran de el a sus espaldas, ya que eso llamaba la atención y él lo último que quería era a gente metiendo sus narices en sus asuntos, por eso cuando conoció a la joven kisara, de largo cabello blanco platinado y ojos celestes, le eligió como su prometida, claro que sin preguntarle a ella nada, todo lo trato con su padre, y kisara solo obedeció, por eso era perfecta, era sumisa, discreta y sobretodo, muy manejable, además tarde o temprano necesitaría un heredero, cosa que el tricolor no podía darle, ya que él no estaba formando un imperio solo para que después se desvaneciera en el aire, era solo un paso que tenía que tomar tarde o temprano, solo le quedaba esperar poder controlar a yami el tiempo suficiente puesto que ya no era un niño y su carácter se había vuelto más mordaz y certero.

-Amor- dijo el tricolor entrando al estudio.

-Ve a tu habitación- su tono se escuchaba molesto, pero sabía que no era del todo una orden, por lo que no se retiró.

-Tengo un regalo para ti- informo con un tono juguetón.

-No estoy interesado- dijo kaiba lo más frió que pudo.

-Me esforcé mucho en encontrarlo- hizo un gesto de puchero.

-Yo también hago esfuerzos, sabes muy bien cuáles son mis razones… - fue groseramente interrumpido.

-Yo no quiero a esa metida en mi casa – exclamo ofendido.

-Esta no es tu casa, es la mía- fueron las palabras que lo detono todo la mirada vidriosa de yami decían que lloraría, kaiba en ese instante supo que su prometida estaría muerta en cuanto pusiera un pie en esa casa.

Tanto tiempo ganándose su lugar, tanto esforzándose por el castaño y esto solo lo dejaba de lado por una simple cualquiera, el entendía que no podía darle hijos y que Seto estaba en su derecho de buscar un heredero, pero eso no significara que se tenía que casar, podía tener un hijo fuera de una relación, alquilar un vientre, o adoptar. Pero no, ese traidor quería una familia convencional, jugar al papa y la mama, estar en la portadas de las revistas como una familia ejemplar, lo sabía, kaiba era alguien que adoraba el reconocimiento, gozaba al saberse citado como un buen ejemplo, un hombre de negocios que contribuía a las buenas obras, como ayuda a hospitales, casas hogares y de indigentes, la conservación de áreas protegidas y cuanta basura le fuera útil, ya que la realidad era otra, los hospitales le proveían de toda clase de suministros sin hacer preguntas, en las casa de niños y de personas desamparadas, los más desdichados solían perderse en las paredes de la mansión y las áreas protegidas no eran sino un sitio para tirar sus desechos sin levantar sospechas.

Pasaron dos meses y la boda estaba cercana, seria en los jardines de la mansión, la familia de la novia lo había exigido así y kaiba no se había podido negar, a pesar de que había dispuesto un departamento para vivir una vez que se casara, con el pretexto de estar cerca de la compañía, así yami podía quedarse en la mansión tranquilo de que nadie fuera a ocupar su lugar como dueño y señor, porque aun que dijera que era su propiedad, el tricolor se había ganado su posición con creses y placer, doloroso y placentero placer, claro que no lo aceptaría delante del otro o eso le daría una terrible ventaja.

Estaba irritado subido en ese tren que lo llevaba lejos, según kaiba tenía un trabajo especial, le había encomendado buscar a una persona que le estorbaba, cosa que no lo tenía contento, una cosas era matar para complacerlo y otra era ser un asesino a sueldo, tenía a dos guardaespaldas vigilándolo en todo momento, los conocía eran los perros más leales del castaño, maldito bastardo, lo alejaba porque arrían una cena de ensayo prematrimonial y no lo quería amenazando a su futura familia, pero las cosas no serían así de fácil, después de 4 horas llegaron a la estación donde por fin se bajarían, fueron directo al hotel donde se quedarían y yami comenzó con su plan.

-Sé que kaiba no me quiere cerca, su nueva familia es más importante que yo- dijo mientras se quitaba el saco y se dejaba caer muy deprimido en su cama.

-El jefe lo estima, solo no quiere que usted haga una estupidez- se atrevió a decir uno de los hombres.

-No tengo deseos de salir- su mejor voz lastimosa salió impecable.

-Si quiere nosotros nos hacemos cargo, usted solo descanse aquí y ya mañana nos vamos- ofrecieron los sujetos.

Fue todo, salió 20 minutos después rumbo a la estación de tren alcanzando a abordar el último de la tarde.

La cena estaba maravillosa, ningún gasto para ella se había escatimado, unas 60 personas se albergaban el gran salón de la mansión, bebiendo y riendo, cuando la puerta principal se abrió, todo el mundo se sorprendió el tricolor había aparecido con un regalo en sus manos, seto sintió que el piso se hundía, ¿qué demonios hacía de regreso?, esos ineptos no había hecho un buen trabajo reteniéndolo.

-Disculpen mi retraso, pero no podía decidir el regalo adecuado- dijo extendiéndolo a la novia- por favor querida, ábrelo- la incito amablemente, aunque era la primera vez que se miraban en persona, las cosas eran algo incomoda más allá de lo que debería ser lo obvio.

Ella con algo de su característico temor lo abrió, descubriendo en la caja un velo de novia finamente bordado, el cual todo el mundo dijo que era precioso, fino y de muy buen gusto.

-Gracias – expresó tímidamente kisara.

-Soy el único pariente vivo de kaiba, tenía que darte algo único y especial, es una antigüedad labrada por las mejores artesanas costureras, dicen que reinas y princesas lo han usado, me honraría que lo usaras, pero no me ofendería si decides no hacerlo, después de todo es tu día, no el mío- su sonrisa era encantadora y traviesa.

La gente comenzó a hablar con él, pronto se convirtió en el centro de atención, carisma, elocuencia y algo de arrogancia, una mescla deleitable, kaiba estaba complacido por el buen comportamiento de yami, pero sabía que no estaba haciendo eso por ser buena persona, aun así su auto control le resultaba impresionante, después de todos los berrinches que había presentado en los meses anteriores.

En algún momento de la fiesta la novia y su padre se perdieron por un pasillo de una forma discreta, yami con sigilo los siguió, entraron a la primera puerta que estuvo abierta y unos gritos comenzaron a retumbar.

-Eres una maldita zorra, se supone que era tu día, que debías deslumbrar, pero como siempre eres invisible, no sé cómo kaiba te tomo en cuenta, solo míralo él es alguien muy importante, educado, imponente, y su primo, con su sola presencia en menos de un minuto tenia a todos los invitados impacientes por escuchar sus anécdotas, riendo con el, celebrando con él, olvidándose de ti, tu madre debió abortarte cuando se enteró, pero no se empecino en tenerte, maldita mocosa estúpida y sin ambición, que me fue a tocar por hija- la joven solo podía llorar en silencio soportando la duras palabras, ese hombre resultaba ser un monstruo ambicioso y sin consideración, yami sintió algo que no había sentido en mucho tiempo, compasión o quizá empatía, sabia lo quera ser un hijo no amado, pero eso no quitaba que Seto solo era para él, quizá podía haber otro camino, otra solución algo aún más divertido.


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doble disculpa por la ortigrafia.

Gracias a los que leen :-)