Donde Anders hace un recuento de sucesos desordenados en el tiempo y ubica al no tan omnipresente lector en un ambiguo momento. También aprovecha para demostrar el porqué no dejamos que le ponga nombre a todos los gatos que pasan por la clínica.

Por otra parte, hoy han comenzado mis vacaciones.

3.

—Entonces, desde que lo encontraste ¿no has pensado si tiene dueño que lo esté buscando?

—No hay collar en su cuello ni rumor de su pérdida —comentó Fenris con una extraña y alienígena expresión en su rostro, casi herida, que impulsó a Anders a seguir hablando, a buscar una manera de evitar el peso de mayores preocupaciones en los hombros del elfo. ¿Justicia? ¿O mera lástima?

—Bueno, es raro ver un mabari en Kirkwall, definitivamente alguien debió traerlo adrede desde Ferelden, pero sin collar y con el tiempo que ha pasado… —espetó con una mano en la barbilla y la mirada yendo de un lado a otro, aparentando desinterés—, alguien tiene que hacerse cargo del chucho mientras tanto, ¿no crees? Y ya que llevas rato con él…

Anders sonrió al ver el brillo esperanzado bailar en los ojos verdes del guerrero. Era hipnotizante. Carraspeó y señaló a la silla más cercana para que Fenris se sentara. Sacó un par de cobijas pequeñas y viejas del cajón bajo ésta y arropó al cachorro con una. Le ofreció la segunda a Fenris como invitación a quedarse junto al animal. El elfo, agradeciendo, la aceptó.

—Estaré atrás. Despiértame cuando… Hmm… ¡Ah! Cuando Barón von Babas despierte. Sí, perfecto.

—Definitivamente ése no será su nombre.

—Pues mejor vas pensando uno antes de que se acostumbre a oírme llamarlo así.

Cuando Anders se retiró para irse a reposar y aprovechar lo que quedaba de noche, lo hizo con la sonrisa de Fenris grabada en si mente a fuego vivo.

No podía dormir.

Una parte de sí, que no era Justicia, le gritaba que aún no se había despertado y todo el intercambio previo había sido nada más que un sueño. Todavía era la única explicación posible y lógica para lo sucedido.

A pesar de ello, pudo jurar haber oído la voz de Fenris detrás de la puerta, murmurándole cosas ininteligibles al sabueso mabari. No sabía si declarar aquello como evidencia de realidad o fantasía, pues el tono con el que escuchó al elfo hablar fue uno casi dulce, dentro de lo que cabía.

Más importante e indiferentemente de soñarlo o no, ¿por qué?

A Justicia le gustaban los perros, le recordaban al del Guarda Comandante Cousland y a la familia que ambos extrañaban. Además de gustarle, parecían enfocarlo en otra cosa que no fuesen la rabia contaminante por la cual Anders se sentía culpable y la Causa. Era un respiro para el mago tanto atender al cachorro como permitirle a Justicia oír al lirio de las marcas de Fenris cantar, porque eso hacían y ambos podía oírlo. Era hermoso.

Llevando sus pensamientos de nuevo al perro y tal lejos del elfo como le era posible, porque dudaba poder asimilar que su mente estaba tomando tal curso, declaró que dicha conclusión en cuanto a Justicia y su amor canino fue laborada luego de fallidos intentos de acercarse al perro de Hawke, Salas (y Fenris se quejaba de sus nombres). Salas era perezoso y distraído, además de pesado y mordiscón y culpable del fallecimiento del segundo mejor par de zapatos que Anders se había permitido tener. Aunado a ello, la humillación por la cual Hawke lo hizo pasar diciéndole que su desempeño en la cama no había sido "tan bueno" y el claro apoyo a los templarios lo mantenían lejos de su estado exceptuando situaciones donde sus otros talentos fuesen requeridos. Su orgullo seguiría herido por un buen tiempo.

Se removió inquieto y sacudió la cabeza contra la almohada, regañándose y siendo regañado por Justicia por dejar tales recuerdos volver. No era nada que volviese la pena repetir ni mentalmente.

Justicia impulsó los prontos recuerdos del perro y de la sonrisa de Fenris y siempre presente del cantar del lirio a su conciencia, Anders les dio la bienvenida antes de dejarse llevar por su ahora eterno cansancio al Velo.

Lo cuestionaría, eventualmente, pero luego de dormir sin sueños.