Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.
Advertencia: En un futuro, la historia tratará con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.
"La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo." Gustavo Adolfo Bécquer.
Capítulo II
Bella's POV
Mis llaves se atascan en la cerradura de nuevo. Maldigo, luego pateo la puerta de la forma habitual. En el momento en que salgo del sol de la tarde y entro en el pasillo oscuro, tengo la sensación de que las cosas están un poco salvajes. Como era de esperar, la sala es un vertedero: paquetes de papas fritas, bolsos con libros, cartas de la escuela y tareas abandonadas y esparcidas a lo largo de la alfombra. James está comiendo Cheerios directamente de la caja, tratando de lanzar cereal a través de la habitación hacia la boca abierta de Alice.
— ¡Bella, Bella, mira lo que puede hacer James! —me grita Alice con emoción, mientras me quito el blazer y la corbata en la puerta—. ¡Puede hacerlos entrar en mi boca desde allí!
A pesar de la confusión del cereal pisado en la alfombra, no puedo evitar reír.
Mi hermana pequeña de cinco años es la niña más linda de la historia. Con sus hoyuelos en las mejillas de un color rosado por la emoción, aún ligeramente redondeadas con la grasa de bebé, su cara se ilumina con una suave inocencia. Desde que perdió sus dientes delanteros, ha comenzado a meter la punta de la lengua a través del espacio cuando sonríe. Su cabello largo hasta la cintura cuelga hacia atrás, ondulado, fino y tan negro como la medianoche. Debajo de un fleco descuidado, sus grandes ojos llevan una mirada permanentemente sorprendida, del color de las aguas profundas. Se ha cambiado su uniforme por un vestido de flores de verano de color rosa, su actual favorito, y salta de un pie a otro, encantada con las travesuras de su hermano adolescente.
Me dirijo a James con una sonrisa.
—Parece que los dos han tenido una tarde muy productiva gracias a su juego. Espero que recuerdes dónde guardamos la aspiradora.
James responde lanzando un puñado de cereales en dirección a Alice. Por un momento, creo que él sólo va a ignorarme, pero luego declara:
—No es cualquier un juego, es tiro al blanco. A mamá no le importa, está con su chico amoroso esta noche, otra vez, y para la hora en que llegue a casa, estará muy perdida para darse cuenta.
Abro la boca para protestar por la elección de palabras de James, pero Alice lo está incitando, y viendo que él no está de mal humor ni tampoco está discutiendo, decido dejarlo pasar y colapso en el sofá.
Mi hermano de trece años ha cambiado en los últimos meses.: el crecimiento acelerado del verano ha acentuado su ya delgado cuerpo, se ha cortado el pelo rubio para mostrar el diamante falso en su oreja y sus ojos cafés se han endurecido. Algo ha cambiado en sus modales también. El niño todavía está ahí, pero sepultado bajo una dureza desconocida: el cambio alrededor de los ojos, la línea desafiante de su mandíbula, la dura risa sin alegría...Sin embargo, durante breves instantes reales como estos, cuando sólo se está divirtiendo, la máscara se desliza un poco y veo a mi hermano pequeño otra vez.
— ¿Edward está haciendo la cena esta noche? —pregunto.
—Obviamente.
—Cena...—la mano de Alice vuela a su boca, alarmada—. Edward dijo una última advertencia.
—Estaba echándose un farol —James trata de prevenirla, pero ella se aleja por el pasillo hacia la cocina al galope, siempre deseosa de complacer.
Me siento en el sofá bostezando y James comienza a golpear los cereales en mi frente.
— ¡Cuidado! Eso es todo lo que tenemos por la mañana y no creo que se coman en el suelo —me pongo de pie—. Vamos, vamos a ver lo que Edward está cocinando.
—Maldita pasta, ¿qué cosa hace siempre? —James lanza la caja abierta de cereales al sillón, derramando la mitad de su contenido a través de los cojines. Su buen humor se evapora al instante.
—Bueno, tal vez podrías comenzar a aprender a cocinas. Entonces los tres podríamos turnarnos.
James me lanza una mirada condescendiente y se va con paso majestuoso delante de mí hacia la cocina.
—Fuera, Emmett. Te dije que llevaras el balón fuera de la habitación —Edward tiene una olla hirviendo en una mano y está tratando de mover a Emmett a través de la puerta con la otra mano.
— ¡Gol! —grita Emmett, pateando la pelota bajo la mesa. La atrapo, la lanzo al pasillo y agarro a Emmett mientras intenta pasarme corriendo.
— ¡Ayuda, ayuda, me está estrangulando! —grita, actuando como si se estuviera asfixiando.
Hago maniobras para dejarlo en su silla.
— ¡Siéntate!
Cumple al ver la comida, agarrando el cuchillo y el tenedor, tocando un redoble de tambores en la mesa. Alice ríe y coge sus cubiertos para imitarlo.
—No lo hagas —le advierto.
Su sonrisa se desvanece y por un momento parece castigada. Alice es amorosa y dócil, mientras que Emmett siempre está lleno de energía y picardía. Como consecuencia de ello, siempre es testigo de que su hermano se salga con la suya. Moviéndome rápidamente alrededor de la cocina, saco los platos, vierto el agua y devuelvo los ingredientes para cocinar a sus respectivos lugares.
—Está bien, vamos, todo el mundo
Edward ha servido cuatro platos normales y un plato color rosa de Barbie. Pasta con queso, pasta con queso y salsa, pasta con salsa pero sin queso, brócoli (que James ni Emmett van a tocar) astutamente oculto alrededor de los lados.
—Hola —cojo su manga antes de que se dirija de nuevo a la cocina y le sonrío—. ¿Estás bien?
—He estado en casa dos horas y ya se han vuelto locos —me lanza una mirada exagerada de desesperación y me río.
— ¿Mamá ya se fue?
Él asiente.
— ¿Recordaste la leche?
—Sí, pero tenemos que hacer unas compras adecuadas.
—Iré mañana después de la escuela —Edward da vuelta a tiempo para pillar a Emmett saltando por la puerta.
— ¡Hey!
— ¡Terminé, terminé! ¡Ya no tengo hambre!
— ¿Emmett, te sentarías a la mesa como una persona normal y comerías tu comida? —Edward comienza a subir la voz.
— ¡Pero a Ben y Erik sólo les dejaron estar afuera otra media hora! —grita Emmett en señal de protesta, con la cara escarlata.
— ¡Son las seis y media! ¡No vas a colver afuera esta noche!
Emmett se lanza de nuevo a su silla con furia, con los brazos cruzados y las rodillas dobladas.
— ¡Eso no es justo! ¡Te odio!
Edward hace caso omiso sabiamente de las payasadas de Emmett y en cambio dirige su atención a Alice, que ha renunciado a intentar usar un tenedor y se está comiendo el espagueti con los dedos, inclinando hacia atrás la cabeza y succionando cada hebra por la parte inferior.
—Mira —le muestra Edward—, lo enrollas así...
— ¡Pero no dejan de caerse!
—Simplemente trata con un poco a la vez.
—No puedo —se lamenta—. Edward, ¿lo cortarías para mí?
—Alice, necesitas aprender...
— ¡Pero con los dedos es más fácil!
El lugar de James permanece vacío mientras hace su camino alrededor de la cocina, abriendo y cerrando las puertas de los gabinetes.
—Déjame ahorrarte algo de tiempo: la única comida que nos queda está en la mesa —dice Edward, recogiendo su tenedor—. Y no he puesto nada de arsénico en ella, por lo que es poco probable que te mate.
—Genial, ¿entonces mamá se ha olvidado de dejarnos algo de dinero para Asda (1) otra vez? Bueno, por supuesto está bien para ella, su chico amoroso la lleva al Ritz.
—Su nombre es Marco —señala Edward por detrás de un bocado se comida—. Llamarlo así no te hace sonar genial.
Tragando mi bocado, me las arreglo para llamar la atención de Edward y dar una sacudida de cabeza apenas perceptible. Tengo la sensación de que James se está preparabdo para una discusión, y Edward por lo general, tan experto en esquivar la confrontación, se ve cansado y al borde y parece estarse dirigiendo a ciegas a una colisión frontal esta noche. James cierra la última alacena con tal fuerza que todo el mundo salta.
— ¿Qué te hace pensar que estoy tratando de sonar genial? No soy el único atrapado en un salpicadero porque su madre está demasiado ocupada extendiendo sus piernas para...
Edward está fuera de su silla en un instante. Me abalanzo hacia él y fallo. Él se lanza sobre James y lo agarra por el cuello, golpeándolo contra la nevera.
—Hablas así delante de los pequeños otra vez y yo...
— ¿Tú, qué? —James tiene la mano de su hermano mayor alrededor de su garganta, y a pesar de la sonrisa rrogante, reconozco un atisbo de miedo en sus ojos.
Edward nunca antes lo ha amenazado físicamente, pero en los últimos meses su relación se ha deteriorado. James ha empezado a resentir a Edward más y más profundamente por razones que cuesta entender. Sin embargo, a pesar de la sorpresa inicial, de alguna manera se las arregla para mantener en alto la expresión de burla, la mirada de condescendencia por el hermano casi cinco años mayor que él.
De repente, Edward parece darse cuenta de lo que está haciendo. Suelta a James y salta hacia atrás, sorprendido por su propia explosión. James se endereza, una mueca lenta se arrastra a sus labios.
—Sí, eso es lo que pensé. Cobarde. Justo como en la escuela.
Ha ido demasiado lejos. Emmett está en silencio, masticando lentamente, sus ojos cautelosos. Alice está mirando ansiosamente a Edward, tirando su oído nerviosamente, su comida olvidada. Edward está mirando la puerta vacía a través de la cual James acaba de salir. Se limpia las manos en sus pantalones y se toma un tiempo para estabilizar su respiración antes de volverse a enfrentar a Emmett y Alice.
—Hey, vamos muchachos, terminemos —su voz tiembla con falsa alegría.
Los ojos de Emmett dudan.
— ¿Estabas a punto de darle un puñetazo?
— ¡No! —Edward se ve profundamente afectado—. No, por supuesto que no, Em. Nunca le habría hecho daño a James. Nunca les haría daño a ninguno de ustedes. ¡Por Dios!
Emmett regresa a su comida, sin estar tan convencido. Alice no dice nada, solemnemente se chupa los dedos para limpiarlos; el resentimiento silencioso irradia en sus ojos.
Edward no vuelve a su asiento. En lugar de eso, parece perdido, mordiendo la comisura de sus labios, su rostro trabajando. Me recuesto en mi silla y extiendo la mano hasta su brazo.
—Él solo estaba intentando acabar contigo, como siempre...
Él no responde. En cambio, toma otra respiración profunda antes de mirarme y decir:
— ¿Acabar con esta familia, dices tú?
—Claro que no.
—Gracias —fuerza una sonrisa tranquilizadora antes de salir de la habitación.
Momentos más tarde, escucho que la puerta de su dormitorio se cierra.
Me las arreglo para persuadir a Emmett y Alice de que terminen su comida, y luego pongo en la nevera el plato que Edward apenas tocó. James puede comerse el pan duro del mostrador, para lo que me importa. Le doy un baño a Alice y obligo a un Emmett protestante a que tome una ducha. Después de aspirar la habitación del frente, decido que irse temprano a la cama no les haría ningún daño e ignoro deliberadamente las protestas furiosas de Emmett acerca de que todavía queda luz del sol de tarde. Mientras los beso cuando se acuestan, Alice pone sus brazos alrededor de mi cuello y me sostiene por un momento.
— ¿Por qué James odia a Ed? —susurra.
Retrocedo un poco para mirarla a los ojos.
—Cariño, James no odia a Ed —le digo con cuidado—, James sólo ha estado de mal humor estos días.
Sus profundos ojos azules se inundan con alivio.
— ¿Entonces se quieren de verdad?
—Por supuesto que sí. Y todos te quieres a ti —la beso en la frente—. Buenas noches.
Confisco el Gameboy de Emmett y los dejo escuchando un audio libro, luego hago mi camino hasta el otro extremo del pasillo, donde una escalera conduce al ático del tamaño de una caja, y le grito a James para que baje el volumen de la música. El año pasado, después de una queja lastimosa tras tener que compartir una habitación con sus hermanos menores, Edward le ayudó a James a limpiar toda la basura que dejaron los antiguos propietarios en el anteriormente inutilizado ático diminuto. A pesar de que el espacio es demasiado pequeño para ponerse de pie en forma correcta, es la madriguera de James, la guarida privada en la que pasa la mayor parte de su tiempo cuando está en casa, con sus paredes inclinadas pintadas de negro y cubiertas con chicas rockeras, las tablas secas y crujientes del suelo cubiertas con una alfombra persa que Edward desenterró de alguna tienda de caridad. Aislado del resto de la casa por una escalera empinada que Emmett y Alice tienen estrictamente prohibido subir, es el escondite perfecto para alguien como James.
La música se desvanecer en un monótono ruido cuando finalmente cierro la puerta de mi habitación y empiezo mi tarea.
La casa está tranquila, por fin. Escucho que el audio libro llega a su fin y el aire se queda en silencio. Mi reloj indica las 8:20 pm, y el crepúsculo dorado de veranillo se está desvaneciendo rápidamente. La noche está cayendo, las farolas se encienden una después de la otra, lanzando una luz fúnebre sobre el libro de ejercicios frente a mí. Termino los ejercicios de comprensión y me encuentro mirando mi propio reflejo en la ventana oscura. En un impulso, me pongo de pie y salgo al rellano. Golpeo tentativamente. Si hubiera sido yo, probablemente habría salido de la casa, pero Edward no es así. Es demasiado maduro, demasiado sensible. Ni una sola vez en todas las noches desde que papá se fue ha salido furioso, ni siquiera cuando Emmett pegó su cabello con melaza y luego se negó a tomar un baño, o cuando Alice sollozó durante horas y horas porque alguien le había hecho un mohicano (2) a su muñeca.
Sin embargo, las cosas han ido cuesta abajo últimamente. Incluso antes de su metamorfosis adolescente, James era propenso a un berrinche cada vez que mamá salía de noche. El consejero de la escuela afirmó que se culpaba a sí mismo por la ausencia de papá, que todavía albergaba la esperanza de que pudiera regresar y por lo tanto, se sentía profundamente amenazado por alguien que está intentando tomar el lugar de su padre.
Personalmente, siempre sospeché que era algo mucho más simple: a James no le gusta que los más pequeños reciban toda la atención por ser chiquitos y lindos, ni que Edward y yo les digamos a todos qué hacer, mientras que él está atrapado en la tierra de las normas, el arquetípico hijo del medio sin socio en el crimen. Ahora que James se ha ganado el respeto necesario en la escuela por unirse a una banda que se escapa por las puertas a fumar hierba en el parque local a la hora del almuerzo, se resiente con amargura al hecho de que en casa todavía sea considerado uno de los niños. Cuando mamá sale, lo que está haciendo más frecuente, Edward es el encargado, de la manera que siempre ha sido; Edward, al que ella recurre cada vez que tiene que trabajar horas extras o ir a fantasías de una noche con Marco o las chicas.
No hay respuesta a mi golpe, pero cuando voy abajo, encuentro a Edward dormido en el sofá de la sala. Hay un grueso libro de texto apoyado contra su pecho, con las páginas abiertas, y hay hojas garabateadas con cálculos llenando la alfombra. Le suelto los dedos del libro, recojo sus cosas y las amontono en una pila sobre la mesa, saco la manta de la parte trasera del sofá y la pongo sobre él. Me siento en el sillón y acomodo mis piernas, apoyando el mentón en las rodillas, mirándolo dormir debajo del suave resplandor naranja de las farolas que entra por la ventana sin cortinas.
Antes que cualquier cosa, estaba Edward.
Cuando miro hacia atrás en mi vida, a los dieciséis años y medio, Edward siempre estuvo ahí. Caminado a la escuela a mi lado, empujándome en el carro de mercado del centro comercial a través de un estacionamiento vacío a una velocidad vertiginosa, viniendo en mi ayuda en el patio de recreo después de haber causado un levantamiento en clase llamando "estúpida" a la Señorita Popular. Todavía lo recuerdo allí de pie, con los puños cerrados, un aspecto inusualmente intenso en su cara, desafiando a todos los niños a una pelea a pesar de ser ampliamente superado en número. Y de repente me di cuenta, de que mientras tuviera a Edward, nada ni nadie podrían hacerme daño.
Pero tenía ocho años entonces, he crecido desde aquellos días. Ahora sé que Edward no siempre estará ahí, no será capaz de protegerme por siempre. A pesar de que está aplicando para estudiar en la UCL, y dice que seguirá viviendo en casa, todavía podría cambiar de opinión y ver que esta es su oportunidad para escapar. Nunca antes había imaginado mi vida sin él. Como esta casa, él es mi único punto de referencia en esta difícil existencia, este mundo inestable y aterrador. La idea de salir de casa me llena de un terror tan intenso que me deja sin aliento. Me siento como una de esas gaviotas cubiertas de aceite por un derrame, ahogándome en un alquitrán negro de miedo.
Dormido, Edward parece un niño otra vez: los dedos manchados de tinta, una arrugada camiseta gris, pantalones vaqueros desgastados y pies descalzos. La gente dice que hay un fuerte parecido familiar entre nosotros dos, y yo no lo veo. Para empezar, él tiene los ojos de un intenso color azul cielo, tan cristalinos como un manantial. Su pelo enmarañado es color cobre y cubre su nuca y llega hasta sus ojos. Sus brazos todavía están bronceados del verano, e incluso en la penumbra puedo distinguir la silueta de sus bíceps. Está comenzando a desarrollar un aspecto atlético. Alcanzó tarde la pubertad, y durante un tiempo incluso yo era más alta que él, algo de lo que me burlaba sin piedad, llamándolo "mi hermano pequeño", en ese entones pensaba que esas cosas eran divertidas. No le dio importancia, por supuesto, como siempre.
Pero recientemente las cosas han empezado a cambiar.
A pesar de que él es muy tímido, la mayoría de chicas de mi año fantasean con él, llenándome de una conflictiva mezcla de fastidio y orgullo. Sin embargo, sigue siendo incapaz de hablar con sus pares, rara vez sonríe fuera de estas paredes y siempre, siempre, lleva la misma mirada distante, obsesionada, un dejo de tristeza en sus ojos. En casa, sin embargo, cuando los más pequeños no son demasiado difíciles o cuando estamos bromeando y se siente relajado, a veces muestra un lado diferente: el amor por las travesuras, una sonrisa con hoyuelos en las mejillas, un sentido del humor autocrítico. Pero incluso en esos breves momentos, siento que está ocultando una parte más oscura y menos feliz de sí mismo, la parte que lucha para hacer frente a la escuela, en el mundo exterior, en un mundo donde, por alguna razón, nunca se ha sentido en paz.
Un coche petardea en la calle, sacándome de mis pensamientos. Edward deja escapar un pequeño grito y lucha por levantarse, desorientado.
—Te quedaste dormido —le informo con na sonrisa—. Creo que podríamos comercializar la trigonometría como un nuevo tratamiento para el insomnio.
—Mierda. ¿Qué hora es? —parece tener pánico por un momento, empujando hacia atrás la manta y poniendo los pies en el suelo, pasándose los dedos por el pelo.
—Acaban de ser las nueve.
— ¿Qué hay de...?
—Emmett y Alice están profundamente dormidos y James está ocupado siendo un adolescente furioso en su habitación.
—Oh —se relaja un poco, se frota los ojos con las palmas de las manos y parpadea somnoliento hacia el suelo.
—Te ves agotado. Tal vez deberías olvidar los deberes por esta noche e irte a la cama.
—No, estoy bien —señala con un gesto hacia la pila de libros sobre la mesa—. De todos modos, tengo que terminar la revisión de eso antes de la prueba de mañana —estira la mano para encender la lámpara, emitiendo un pequeño círculo de luz al suelo.
—Tendrías que haberme dicho que tenías prueba. ¡Habría hecho la cena!
—Bueno, hiciste todo lo demás —hay una pausa incómoda—. Gracias por...por solucionarlo.
—No hay problema —bostezo, cambiando de lado en el sillón pata colgar mis piernas sobre el reposabrazos y sacar el cabello de mi cara—. Tal ves a partir de ahora deberíamos dejar la comida de James en una bandeja en la parte inferior de la escalera. Podemos llamarlo servicio de habitaciones. Así todos podremos conseguir un poco de paz.
La insinuación de una sonrisa toca sus labios, pero luego se da la vuelta para mirar en blanco por la ventana y desciende el silencio.
Tomo una respiración fuerte.
—Estaba siendo una mierda esta noche, Ed, eso de la escuela...
Parece congelarse, casi puedo ver los músculos contraerse por debajo de su camiseta mientras se sienta de lado en el sofá, un brazo colgando en el respaldo, con un pie en el suelo y el otro escondido debajo de él.
—Será mejor que termine esto.
Reconozco mi señal. Quiero decirle algo, algo de las líneas de: todo es una actuación. Todos los demás están fingiendo de todos modos. Puede que James se rodee de un grupo de chicos que le escupen en la cara a la autoridad, pero están tan asustados como todos los demás. Se burlan de los demás y se meten con los solitarios sólo para poder pertenecer. Y yo no estoy mucho mejor. Puede que parezca confiada y habladora, pero paso la mayor parte de mi tiempo riéndome de chistes que no me parecen graciosos, diciendo cosas que realmente no quiero decir. Porque al fin y al cabo eso es lo que todos estamos tratando de hacer: encajar, de una u otra manera, tratando desesperadamente de fingir que todos somos iguales.
—Buenas noches entonces. No trabajes hasta muy tarde.
—Buenas noches, Bella —sonríe repentinamente y se forman hoyuelos en las comisuras de su boca.
Pero cuando hago una pausa en la puerta, mirándolo hacia atrás, está hojeando un libro de texto, sus dientes rozando la herida permanente, dolorosamente roja que tiene debajo de su labio inferior.
Crees que nadie más te entiende, quiero decirle, pero te equivocas. Yo te entiendo. No estás solo.
(1) Supermercado británico.
(2) Corte de cabello que consiste en afeitar completamente ambos lados de la cabeza, dejando una franja de cabello notablemente más largo o cresta.
Adelanto: Capítulo 3.
Veo a Bella a través de la cafetería, y ella mira a la chica que siempre está charlando a su lado y rueda los ojos. Sonrío. Mientras hago mi camino a través de bocas llenas de pastel de carne acuoso, la veo fingir que escucha a su amiga Jessica, pero sigue mirándome, haciendo muecas para que me ría.
Bueno, aquí está el segundo capítulo.
Actualizaré los sábados por la mañana y los miércoles por la tarde (horario de Colombia).
¿Ya vieron la parodia de BD2 de The Hillywood Show? ¿Qué les pareció? Si no lo han hecho, mírenla aquí, es genial (youtube)/watch?v=LsLZGmItUJc
Ay miren que me aceptaron en el grupo de Betas de FFAD, ya estoy beteando una historia, es algo que me hace feliz, ya que no tengo talento verdadero para escribir, al menos podré usar mi buena ortografía en algo útil xd
¡Hasta la próxima, personas!
Camila.
