¡Hola! De verdad lo siento muchísimo por la ausencia, he estado desaparecida de todo lo que tenga que ver con Detective Conan. Razón: falta de tiempo. En mi colegio me dan tareas extravagantes que te toman todo el tiempo del Universo, y en serio que es mucho para una persona normal con una vida social (virtual a decir verdad xD). Y bueno, me disculpo mucho, y aquí va el cap! :D


II: Confusión

– ¿No había nadie más en la isla? –Repitió Kogoro al notar que el señor Hirayama no había respondido su pregunta de la forma que él quería.

Había tanta tensión en el aire de aquel cuarto desde la salida de Kazuha que se podía casi ver, casi palpar, casi oler. Un suave aroma a comida se sentía en aquel gran Salón, pegándose en las murallas. Ya se había ido completamente la luz del Sol, dando paso a las estrellas y a la Luna. A través de la ventana, se veía la noche en todo su esplendor. Las olas rompían contra la costa, haciendo un sonido cautivador y tranquilizante, pero lamentablemente casi imperceptible desde ese cuarto.

– Le vuelvo a decir que no –le respondió Keizo con cansancio, pero con una pequeña sonrisa en el rostro, apaciguando su tono de voz.

– ¿Y cómo puede estar tan seguro? – Esta vez, Heiji habló, con un semblante serio.

Aquel muchacho moreno posó su mirada intimidante en el señor Hirayama, un hombre que su sonrisa nunca se esfumaba de su rostro. Los ojos del chico lo examinaron de pies a cabeza en una milésima de segundo, buscando algún indicio de que aquel hombre estaba mintiendo, pero no. Ni siquiera un pequeño detalle que mostrara lo contrario, ni un pelo fuera de lugar.

–Cámaras –contestó luego de unos instantes Keizo –. Hay cámaras de seguridad por toda la isla, y ningún barco zarpó. –Paró un segundo de hablar y tomó aire–. Además, la policía exploró toda la isla: no encontraron a nadie.

Todo indicaba que el asesino era uno de los presentes aquel día en la pequeña isla privada. Pero, si no estaban todas las personas que habían estado ese día actualmente en aquella isla, ¿cómo querían que investigara? A no ser que…

– Señor –Conan habló con toda la inocencia del mundo –. ¿Quiénes se encontraban aquella noche en la isla?

Inmediatamente tras hablar, Conan recibió una enorme colleja de parte de Kogoro, que se le salía una venita por la frente. Le gritó "¡Mocoso, es un asunto de grandes!", como lo hacía siempre. Ran no tardó en ponerse en plan protectora-hermana-grande con el pequeño, y regaño a su padre. Keizo observó esta escena con una divertida sonrisa en el rostro.

– Mis tres hijos, las amas de llaves, el mayordomo, mi hermano y su esposa, mi madre y obviamente, yo y mi esposa –concluyó el señor Hirayama. Sus ojos parecían haber perdido cierto brillo y felicidad al relatar aquellos hechos –. Todos están ahora mismo en la isla.

Heiji tomó aire y abrió la boca, dispuesto a preguntar algo más, pero tuvo que obligarse a callar al ver que un ama de llaves cruzó la puerta corrediza con la intención de dar un anuncio.

El ama de llaves aparentaba unos 25 años. Sonreía con timidez y vergüenza, y tenía unos pequeños hoyuelos en las mejillas. Su cabello, fino y castaño claro, estaba peinado en una larga trenza maría. Su mirada revoloteaba entre todos los presentes, con claro nerviosismo. Sus manos tomaban una bandeja vacía. Era un poco baja, y menuda, pero de linda figura. Conan se percató de que llevaba un anillo de compromiso, muy costoso.

–Oh, Keiko –el señor Hirayama sonrió con amabilidad e hizo un gesto para que entrara–. Pasa.

–La cena está lista –su pequeña voz, dulce y suave resonó en las paredes de la habitación. La chica se retiró igual de rápido de cómo había entrado. Cerró la puerta con mucho cuidado, y desapareció del reflejo del cristal.

Todos los presentes de aquella habitación, luego de aquella intervención, sin tener la motivación de continuar, se dirigieron al gran Comedor. Éste poseía una muy larga mesa que acaparaba casi toda la atención, debido a los detalles que se veían en las esquinas. Las sillas no se quedaban atrás, con respaldos de madera tallados de forma delicada y preciosa. Las paredes presumían unas gigantes pinturas de valles coloridos, y del otro lado una gran ventana daba vista a las colinas de la isla. Debajo de una gran pintura, había un gran banquete, con carnes y caldos. La comida parecía casi de ensueño.

– ¡Se ve delicioso! –Kogoro exclamó con agua en la boca. Casi corriendo, tomó un plato y se sirvió de todo.

– Vaya… este no cambia –murmuró Heiji, mirando al detective bigotudo. Conan asintió, y a ambos se les cayó la gotita de sudor por la frente al observar cómo se sentaba y se engullía todo, casi sin masticar la comida.

En ese preciso momento, seis personas entraron al comedor repentinamente, haciendo que un silencio pesado cayera encima de todos. Heiji, Ran y Conan observaron con silencio y atención las cinco figuras que caminaron con paso misterioso al banquete. Kogoro cesó de comer al notar el extraño ambiente que se había formado en la sala, y miró a los causantes de ello con una mueca de confusión.

Se trataba de los tres hijos del señor Hirayama, y tres adultos. Takeshi y Natsuki sostenían a una mujer ya entrada en edad que al parecer le era un poco cansador caminar. Los ojos del muchacho escrutaban toda la habitación, como si estuviera buscando a alguien.

La mujer anciana tenía una expresión cariñosa en su rostro. Su cabello era muy largo y blanco, y llevaba una trenza que caía por su hombro izquierdo. Su rostro poseía muchísimas arrugas de todas las formas. Con una sonrisa desdentada en el rostro, se dirigió con energía al plato de sopa, aunque no podía caminar muy bien. Takeshi le preguntó algo en voz baja, y luego de escoger la comida, fue directo a la mesa.

Una adolescente, que por conclusión Conan dedujo que era Mizuki, poseía una mierda ausente y perdida, que divagaba entre los platos de comida. Su cabello, recogido en una trenza alta que endurecía sus facciones, era completamente rubio, y sus rasgos parecían ser europeos. Tras vacilar, se decidió por una ensalada muy liviana y se sentó a la mesa, apoyando la cabeza en su mano derecha. No tenía el aspecto de una superdotada.

Las otras dos personas eran una pareja abrazada. Los dos con grandes sonrisas en el rostro, dignas para un comercial de TV, reían a lo bajo, como si compartieran un secreto íntimo. El hombre aparentaba unos 30 años, y su cabello, corto y oscuro, brillaba con la luz de las lámparas. La mujer tenía aproximadamente la misma edad, y deslumbraba un cuerpo escultural. Su cabello parecía seda, largo y negro.

– ¡Oh! –El señor Hirayama logró romper el silencio del cuarto y sonrió – . No los he presentado.

Con una gran sonrisa (como no), les explicó a todos los invitados de quienes se trataban, y viceversa. Pronunció los nombres con orgullo, como si se trataran de amigos de la vida. La anciana se llamaba Ayame, quien al escuchar su nombre inclinó levemente la cabeza en forma de respeto. Hayato, el hermano menor de Keizo, estaba con Miu, su novia, disfrutando a más su vida de recién casados. El señor Hirayama contó que entre él y su hermano Hayato tenían 20 años de diferencia.

–¿Ustedes estaban aquí el día del crimen? – Hattori, con muchísima brusquedad, interrumpió el relato del señor Hirayama. Esa pregunta fue como un balde de agua congelada para la familia. Las sonrisas de todos desaparecieron, dando a pasos a muecas de miedo y nostalgia. Mizuki se levantó de la mesa y salió del cuarto con mucha rapidez, tapándose la cara con una mano. Natsuki pronunció su nombre, y salió corriendo detrás de su hermana. Debido a esto, Heiji sintió las miradas de furia de Kogoro, Ran y Conan.

Finalmente, Hayato habló:

–Sí… fue algo horrible. –Observó a su esposa con cariño al ver que se sentía algo cohibida.

–Emm… Hattori-kun –Ran trató de interrumpir de la manera más sutil posible –. Hace un buen rato que Kazuha-chan no aparece. –Esperó unos segundos para ver la reacción del moreno. Al ver que no decía nada, con un suspiro, la karateka prosiguió: –. La voy a ir a buscar.

Dicho y hecho, la ojiazul salió de la habitación sin esperar respuesta alguna. Su paso apresurado resonó entre los muros del cuarto. No tenía un buen presentimiento sobre su amiga.

Los presentes del cuarto siguieron con la mirada a la muchacha hasta que desapareció a través del marco de la puerta. Miu se mostraba confundida, había algo que no llegaba a comprender. Con una mueca de celos, pensando en lo peor, preguntó con desprecio:

– ¿Quién es esa Kazuha?

Takeshi sonrió divertido al notar los celos de Miu. Ella estaba caracterizada por pensar siempre en lo peor de su marido. Miu y Hayato llevaban dos meses de casados, pero habían sido novios desde hacía casi 8 años, así que la familia ya la conocía bien.

– Es la novia del detective con gorra –explicó el rubio a su tía política, aguantándose una carcajada.

–¡No es mi novia! –Heiji alzó la voz de improvisto, con mucho enfado y un leve rubor en las mejillas. – ¡Es mi mejor amiga, y es una pesada!

Un silencio sepulcral invadió el Salón. Takeshi sentía que había metido la pata a fondo. Conan miró divertido al moreno, y sin poder evitarlo, explotó en risas. Eso alivianó la tensión de la habitación. Y de a poco, uno a uno, empezaron a reírse todos.

...

Ran subió los peldaños de la escalera con extrema rapidez. Ya había buscado en el baño de abajo por si las moscas, pero no había rastro. También en las piezas que había conocido en el tour de llegada. Revisar la casa de esa manera hacía que se sintiera una intrusa, pero por lo menos había encontrado un pequeño peine que al parecer era de Kazuha.

Llegó al segundo piso un poco agitada, y se dirigió directo al cuarto de invitados que compartía con Kazuha.

Nada.

Ran resopló cansada, ¿dónde se había metido? Fue al baño, ya un poco calmada, con la esperanza casi acabada. Siempre tenía esa mala sensación con Conan, y siempre acertaba, así que no le gustaba para nada.

Toc, toc, toc.

– ¿Hay alguien ahí? –Ran preguntó con voz tímida, pero fuerte.

–S…sí –a Kazuha le salió la voz ronca y entrecortada. Se levantó con lentitud del suelo baldoso, y se aclaró la garganta –. Sí –. Dijo esta vez más firme, pero todavía con un leve temblor en los labios.

–¡Kazuha-chan! –Ran exclamó sorprendida. ¡Al fin la encontraba! –. ¿Estás bien?

– Sí, no te preocupes –la chica de la coleta se lavó con rapidez el rostro, y abrió la puerta con cuidado.

Ran estuvo unos instantes descolocada al ver a su amiga en aquel estado. Estaba totalmente acostumbrada a ver a la aikidoka con una sonrisa gigante en todo su rostro, o enfadada, o riéndose, o cualquier otra emoción expresada de forma exageradamente energética. Kazuha estaba siempre llena de alegría y energía, nunca la había visto tan desanimada.

– Por Dios, Kazuha… ¡¿Qué te pasó?! – Ran exclamó alarmada.

– Nada… en serio, por favor, no quiero hablar de esto –Kazuha suspiró con pesadez, y miró sobre el hombro de Ran hacia la pieza de invitados donde permanecía ella –. Voy a dormir. Si preguntan, di que me dio sueño.

Ran la miró dubitativa. No sabía si ayudarla, o si seguir lo que le decía. Parpadeó un par de veces para aclararse la mente, y con un exhalo, asintió a regañadientes.

– Después me tendrás que contar.

– Lo sé.

La chica de la coleta entró a la habitación con cuidado, y se dejó caer en la cama que había en un costado del cuarto. Luego de eso, no le fue muy dificil dormirse.

Fue la única con esa suerte.


¡Y aquí terminé! :D Ojalá que les haya gustado ^^ La última parte no me convence ni un poquito, pero en serio que TENÍA que colgar la continuación o me moría. En serio, lo siento muchísimo.

Tenía pensado hacer un 30 Instantes/Besos/Abrazos/Sonrisas, etc... de alguna de las parejas de DC. ¿Les interesa?

Bueno, BESOTES 3