Capítulo 3: "Todo está cambiando"
DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Ella y todos sus personajes son propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon, excepto los que inventé para darle sentido a mi historia. Este fic no tiene fines de lucro.
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Cada día se sentía más y más ansiedad. Cada hora, cada minuto, podía olfatearse en el ambiente el aroma a sucesos demasiado emocionantes para ser verdad. Estando a quince días de comenzado Diciembre, a diez de Navidad, todo eso era mucho más que notorio. Los preparativos, la venta, feria, compras y remodelaciones en torno al Baile de Graduación a realizarse el día 24, estaban acabado con el escaso tiempo libre del que los chicos disponían. Eso, sin mencionar, que antes de ocurrir el denominado "evento del año", era la —sencilla pero impostergable— boda del Sr. Simmons y Celine, su novia; el cumpleaños de Nadine, y claro, antes de todo lo anterior, la visita al Hogar de niños. Sí, parecía mucho para tan poco tiempo, ¿no? Y eso sería aprovechado por las personas incorrectas, para desarmar lo que otras habían planificado, a menos que el destino lo impidiera…
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Daniel Saint Priestley era un muchacho hábil para los negocios, justamente como su padre. Tenían concesiones, sucursales y más propiedades a lo largo de muchos estados, no sólo en Hillwood. A sus —recién— veintidós años, colmados de experiencia comercial, su padre, Mark, lo dejaba a cargo de una de las sucursales de la empresa familiar. Quizás a otra escala mucho más grande, —por supuesto—, su padre era como Bob Pataki, aunque el poder y los ingresos que estos percibían por su cadena de jugueterías era fastuoso en comparación con aquella tienda de localizadores, algo los unía a ambos empresarios. Ellos habían hecho negocios en el pasado, y Mark solía hacer en la actualidad, algún tipo de publicidad en favor de Bob y viceversa. Así fue, como Bob logró que Helga —ante la búsqueda de dinero extra—, le sugiriera trabajar medio tiempo en la juguetería. Fue muy sencillo, su padre telefoneó a Mark Saint Priestley y le comentó el asunto. Este dio el visto bueno y dejó el tema en manos de su 'excelente y responsable' hijo, Daniel, jefe de Helga, en adelante. El chico, si bien era unos años mayor que el resto de sus empleados, era bien parecido. Tenía altura, porte, una gran cabellera castaña oscura y era —además—, dueño de unos almendrados ojos azules por los que más de una de sus dependientes, suspiraba. Helga no podía comprender cómo todas morían secretamente por el 'jefe'. Eso era más que patético e inadecuado, según ella. El joven conducía un auto último modelo, muy llamativo y costoso.
—Cielos... Quisiera subirme a ese coche, pasear doce horas seguidas y que me compre flores —decía mientras soñaba despierta, otra chica, compañera de la rubia en la juguetería.
—Shaylene, tienes novio, ¿recuerdas? —inquirió otra.
—¿Y qué? Cualquiera podría permitirse un desliz así... Vaya, qué cabeza hueca, pensó Helga. ¿Cómo una chica comprometida en una relación podría decir cosa semejante?
Arnold se encontraba con sus padres, decorando la casa de huéspedes con todo lo relativo a la Navidad. ¿Quién lo hubiera dicho? Ya era la segunda Navidad que tenía la dicha de poder hacerlo.
Luego de catorce años separado de sus padres, tres almanaques atrás, ellos se presentaron en su puerta. Quizás él tenía ángeles navideños sin saberlo…
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Rhonda estaba en el cine, con anteojos de sol y una boina violeta que ocultaba su cabello. Exigió que su mejor amiga Nadine, la acompañara a ver la nueva —y según sus palabras "genial"— película a estrenarse: "Danza de peluches saltarines".
—Rhonda...
—¿Sí, Nadine? —respondió escabulléndose en los asientos.
—¿Me dirás por qué estás vestida así, y qué hacemos viendo esta porquería?
—¿Porquería? ¡Oye, no estoy tan mal vestida!
—Así es como tú llamas a este tipo de películas.
—Estamos en una misión, ¿sí?
—¿Qué misión?
—¡Ay! Detesto cuando te pones en inquisidora. ¡Estamos espiando a Curly!, ¿bien? —chilló en secreto.
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La visita al Hogar estaba programada para el próximo domingo. Cuántas cosas habían cambiado de un año atrás, hasta ahora. Los chicos estaban a punto de graduarse, Rhonda y Curly —la pareja desde entonces tres años antes—, quienes unieron a una madre y su hija pequeña, ni siquiera se saludaban; Simmons se casaba en pocos días, celebrando un aniversario más de haber conocido a su novia e incluso, muchas otras cosas que estaban a punto de cambiar también. Axel, aquel niño de —ahora trece años—, carácter apático, un tanto rebelde, vivía con armonía junto a sus padres adoptivos. Jennifer, vivía con su madre, que trabajaba muy bien en una tienda, y su gatito. Ellen, por su parte, continuaba colaborándole a su abuela Lauren con el hogar de niños. Muchos de ellos, ya no estaban allí, ya que afortunadamente, habían sido adoptados. La niña, con doce años cumplidos y una vida marcada especialmente por situaciones difíciles, era una fiel compañera de su abuela en cuanto a las tareas del lugar y a los niños. A veces, solía entristecerse porque muchos de sus conocidos y amigos del hogar, nunca más regresaron a visitarla, con la excepción de Jennifer y Axel, quienes se convirtieron en sus mejores amigos. ¡Cuánto se alegraría de ver a toda la clase!
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—¡Allí vienen, escóndete!
—Rhonda, esto es ridículo...
—Apresúrate, o te verán... —cuando dijo esto, ya fue demasiado tarde.
—Hola Nadine. —saludó amablemente Curly—. Ella es Lucy. Lucy, Nadine. —las presentó.
—Hola, mucho gusto. —saludó cortésmente.
—No sabía que te gustaban este tipo de películas... —comentó él, enarcando una ceja.
—Sí, yo... ¡Me encantan! —disimuló ante los gestos de Rhonda, que estaba oculta tras una de las cortinas del cine—. Fue Lila. Ella adora este tipo de filmes y me lo recomendó.
—Ah... Lucy las ama.
—¡Es que son tan tiernos! —se maravilló la chica, riendo—. Por eso le sugerí que la viera conmigo, así me daría la razón. ¿No es cierto, cielito? —le preguntó a su novio, con aun más ternura en su voz.
—Claro, cielito. —respondió con una amplia sonrisa, robándole un fugaz beso a su chica—. Bueno, Nadine, ya nos íbamos. El gusto de verte. —Igualmente. Gusto en conocerte, Lucy.
—Oh, el gusto es mío, Nadine. —replicó alegremente. Una vez que la feliz parejita se alejó lo suficiente, Rhonda salió de su escondite.
—¿Crees que era necesaria tanta simpatía, Nadine?
—¿Qué?, ¿de qué hablas, Rhonda?
—Bueno, —comenzó con un tono de gran resentimiento en su voz—, creo que si tuviera que hablar con la nueva novia de tu ex, sería unas mil veces más, no sé… ¡antipática y grosera!
—Rhonda, la chica es muy amigable y parece...
—¡Ni te atrevas a decir "buena"!
—No, no la conozco, pero por qué ser grosera. No es necesario, ella no me ha hecho nada malo...
—Suficiente. —sentenció totalmente ofuscada, la pelinegra—. Te veré el domingo en el Hogar. Gracias por venir al cine.
—¿No íbamos a ir a ver el tema de las flores para el baile?
—Olvídalo. Puedo sola. —dijo yéndose a los pisotones.
—Está bien. Como quieras. —respondió con hartazgo, Nadine.
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Al día siguiente, todo ya se había planeado. Luego de jugar un rato con la nieve, tomar una buena taza de chocolate caliente y comer cup-cakes en el bar al que siempre iban los dos rubios, Helga iría al centro comercial con Stella. Todo eso, claro, a la salida del trabajo. Teóricamente, los sábados a la mañana y hasta el mediodía, era su jornada laboral. Lástima, que tantos y tan interesantes planes, se arruinarían. Aparentemente, dos de las chicas del turno de la tarde, no concurrirían a trabajar, por lo que Daniel, el jefe de Helga, le anunció que tendría que cubrir a Lorraine, una chica con parte médico de enferma.
—Lo siento, Helga, son cosas que ocurren. Es la época, todo el mundo se enferma... —dijo Daniel.
—¿Hasta qué hora?
—Calculo que hasta las siete...
—¿Es seguro? Tenía planes... —maldijo por lo bajo.
—Seguro. —dijo él con falsedad. Helga le envió un mensaje de texto a Arnold. "No podré verte a las cinco. Saldré a las siete, recién, lo siento. Cubriré compañera enferma. Dile a Stella que nos encontramos a las ocho. Te amo:3". El chico comprendió, y le respondió que el mensaje sería dado.
Siendo las ocho y veinticinco, y aun estando en la juguetería, Helga no podía encontrar su teléfono desde hacía una hora y media. La cantidad de clientes que hubo durante la tarde, impidió que ella se pudiera ir a la hora pactada. Ante la pérdida de su celular, no alcanzó a avisarle con antelación a Arnold que cancelara el paseo en el shopping con Stella. Pidió prestado un teléfono, y no había señal. Llamó desde el teléfono del local y tampoco. Mientras tanto, la madre de Arnold la esperó durante una hora, y él hasta entonces, no se había enterado de todos los percances ocurridos, una vez más, a causa de ese trabajo de "medio tiempo" que su amada tenía...
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CONTINUARÁ…
Hola lectores, ¿cómo les va? Espero que muy bien. Estoy en racha de actualizaciones, y ya que subí el nuevo de "Caleidoscopio", me paso por aquí.
Muchas gracias a quienes leen, comentan y agregan a favoritos. Por favor, no teman comentar! Son el aliento que necesito para seguir. Estoy un poco estancada con esta historia y mi espíritu navideño se esfumó. Ojalá les guste y no me abandonen. Ya estamos viendo cómo se van dando las cosas y cómo todo cambió. Espero no haber escrito incongruencias, estoy un poco olvidada de ciertos detalles que incluí en el primer fic. No sé cuántos capítulos van a ser, dependerá de mi inspiración y sus opiniones.
Saludos!
Hasta la próxima, MarHelga.
