Los libros de la saga Vamperi academy y de cincuenta sombras de Grey no me pertenecen. Son de las maravillosas Richelle Mead y E.L. James respectivamente.
Son solo míos algunos cambios en la historia y nuevos personajes
.
.
Capitulo tres
.
.
El resto de la semana me sumerjo en mis estudios y en mi trabajo en Clayton's. Kate también está muy ocupada organizando su última edición de la revista de la facultad antes de ceder su puesto al nuevo responsable, y además también está estudiando para los exámenes. Hacia el miércoles se encuentra mucho mejor y ya no tengo que seguir soportando la visión de su pijama rosa de franela lleno de conejitos. Llamo a Tasha, si la misma Natasha Ozera, meses después de a ver dejado la corte, nos encontramos por casualidad en Estambul, Turquía. Nos hemos hecho cercanas -manteniendo el contacto desde entonces- tanto que podría considerarla esa tía alcahueta que nunca tuve, a veces suele venir y quedarse con nosotras por algunas semanas o días; convirtiéndose en alguien muy importante dentro de mi círculo más íntimo. Kate, solía bromear que juntas -Tasha, Sydney, ella misma y yo- somos algo así con la versión más caliente y mejorada de las protagonistas de Sex and the city.
Tasha, vive en San Francisco, le hablo para saber cómo está y para que me desee suerte en los exámenes. Empieza a contarme como acababa de tomar el teléfono para llamarme, pues tenía grandes noticias:
"No lo puedo creer, Rose, es tan surreal aun- suspira después de relatarme la espectacular velada que ella y su novio, Jayden, tuvieron el día anterior- desde la primera vez que lo vi supe que el era el correcto y no me equivoque" se hizo el silencio a través de la línea mientras procesaba toda la información.
Momentos después, encontré por fin mi voz "Wow, Tasha felicitaciones…. Wow te vas a casar… te vas a casar- fundiéndose en mi por completo la realidad de las palabras que salían de mi boca no pude evitar chillar como una adolescente- Te vas a casar, esto es grande, genial, TE VAS A CASAR- nos reímos juntas por mi arrebato- Jay y yo tendremos que cruzar unas palabras antes, eso sí, si Pyro no lo achicharra antes de que yo llegue a él ¿Ya lo sabe?"
"No, aun no. Estoy planeando ir a la corte este fin de semana- no dio más detalles sabiendo mi resistencia a hablar sobre las personas que había dejado atrás, bueno, algunas de las personas- Solo espero que no esté loco"
Bufe "que se atreva y se entenderá conmigo- le escuche reír- además, está casado, haciendo su vida con la mujer que ama"
"Lo hace, aun así, no dejare de preocuparme y cuidar de él"
"Todo saldrá bien ya verás ¿y ya Jay lo sabe?" ella soltó un suspiro pesado. Jayden es un humano y después de tres años y medio, Tasha aún no se atrevía a decirle que es una moroi, un vampiro.
Los morois son vampiros que nacen, ellos se alimentan de sangre como cualquier vampiro. Existe un sistema voluntario donde los humanos, donde, los humanos se ofrecen a cambio de una clara remuneración económica, sin mencionar, que las mordidas de los vampiros son altamente adictivas. Cuando su saliva entre en tu sistema es como recibir una dosis de algún tipo de droga -Lo sabré yo- haciendo realmente atrayente el proceso, claro todo esto se maneja por debajo de la cuerda, es decir, sin que la sociedad humana sea de nuestra existencia, aunque vivamos entre ellos. Todos los morois están ligados a la magia, pudiendo así en la madurez especializarse en alguno de los cinco elementos: Agua, aire, fuego, tierra y espíritu. Espíritu, ha sido un elemento perdido entre los siglos y solo se conocen un puñado de usuarios. Tasha se especializo en el fuego.
"Planeo decírselo después de mi viaje a la corte. Tengo miedo, Rose- murmura- ¿Y si me odia? ¿Si me teme? No podría hacerlo sin él"
"Shhh, no te preocupes- consolé- quizás si, al principio este confundido y enojado, pero el te ama. Te ama con todo lo que tiene y entenderá Tasha, lo sé, la forma en la que te mira me es suficiente para saberlo"
"Necesitaba oír eso, gracias, Rose. Te amo"
"Vaya, tantos te amos y yo que pensé eras una perra dura" molesto
"¿Y tú, Rose, has conocido algún chico?"
"¿Qué? No, si lo hubiera hecho Kate ya habría arreglado todo para meternos en alguna conferencia telefónica de modo que nadie sufriera por las diferencias horarias" En eso ella tuvo que darme la razón- "¿Y dime ya has pensado en el vestido?"
Como siempre, la mejor táctica es la distracción. Después, de eso estuvimos conversando un poco más hasta que nos despedimos con la promesa de vernos pronto.
El viernes por la noche Kate y yo estamos comentando qué hacer —queremos descansar un poco del estudio, el trabajo y las revistas de la facultad— cuando llaman a la puerta. En los escalones de la entrada está mi amigo José con una botella de champán en las manos.
"¡José! ¡Qué alegría verte! —Lo abrazo—. Pasa".
José es la primera persona a la que conocí cuando llegué a la universidad y desde entonces somos amigos. Nos parecemos un poco en el sentido del humor -no como el chico fuego y yo- también descubrimos que el padre de José, hizo algunos trabajos para Abe y de hay increíblemente eran amigos. ¿Qué tipo de trabajo? No lo sé, pero conociendo al padre de mi amigo seguro no fue nada ilegal.
José estudia ingeniería. Es el primero de su familia que va a la universidad. Es un tipo brillante, pero su auténtica pasión es la fotografía. Tiene un ojo estupendo para hacer fotos.
"Tengo buenas noticias" —dice sonriendo con sus brillantes ojos oscuros.
"No me lo digas: también esta semana te las has arreglado para que no te despidan…" —bromeo.
Simula burlonamente ponerme mala cara.
"La Portland Place Gallery va a exponer mis fotos el mes que viene".
Inmediatamente vinieron a mi mente recuerdos de una conversación parecida tiempo atrás.
Sentada frente al pequeño escritorio de mi habitación en la academia, miraba fijamente mi libro de cálculo, cualquiera que me viera creería que estoy concentrada estudiando. Cuando en realidad solo luchaba para mantener mis paredes mentales arriba, ya que las cosas entre Sparky y Lissa se estaban comenzando a poner calientes y pesadas. Como odio el vínculo en momentos como este. Me apresure a abrir la puerta mientras, era golpeada enérgica e insistentemente, mataría a quien fuera que golpeara mi puerta de esa manera.
"¿No te enseñaron a llamar a una puerta? Le espete a Adrian. Sus hermosos y atrayentes ojos esmeraldas brillaban en diversión por mi saludo, pero a la vez se veían emocionados, felices. Como si esta porquería de día lluvioso, fuera el mejor jodido día del año. Me encanto este hombre desde el primer momento en la estación de esquí, pero también estaba Dimitri con quien tenia esta extraña y no definida relación. Entonces, estaban todos estos rumores sobre Adrian y yo queriendo ser la guardiana de Lissa, no podía permitir que se dijera de mi que solo era la puta de sangre de algún moroi real, aun así, no podía evitar la forma en la que mi corazón, toda yo me estremezco cada vez que lo veo; con el transcurso de los días lo fui conociendo mejor y podía decir que él no era todo lo que decían, Adrian, es un gran hombre y me alagaba profusamente su cortejo. Entonces decidí ignorarlo – a lo que él llama jugar difícil- y me auto reprendía repitiéndome constantemente que amo mas a Dimitri, aunque en ocasiones ni yo misma lo creía.
"Mi pequeño dhampir, The Bucarest Royal Gallery va a exponer algunos de mis cuadros el mes que viene" antes de poder decir cualquier cosa me abrazo haciéndome girar y soltar algunas risitas por su arrebato y felicidad contagiosa "¿Lo puedes creer? Por qué yo no puedo. Wow, Sera mi primera exposición" soltó tan rápidamente, que si no hubiera sido por mi audición dhampir no entendería ni mu.
"Por supuesto, eres tan talentoso y lo haces todo con tanta pasión, eres grandioso" las palabras salían sin control de mi boca, la forma en que sus ojos brillaron y como su sonrisa se hizo aún más grande me derritió por dentro. No lo dejo decir nada, pues no quería tener que rechazar alguna de sus propuestas para salir o fingir que los cumplidos tontos y dulces que suele decirme me molestaban, así que me asome al corredor para ver que no hubiera ningún chismoso, rápidamente lo empuje a la habitación "Ven cuéntamelo todo"
Sacudí mi cabeza alejando el agradable recuerdo "Increíble… ¡Felicidades!"
Me alegro mucho por él y vuelvo a abrazarlo. Kate también le sonríe.
"¡Buen trabajo, José! Tendré que incluirlo en la revista. No se me ocurre nada mejor para un viernes por la noche que hacer cambios editoriales de última hora" —dice riéndose.
"Vamos a celebrarlo. Quiero que vengas a la inauguración".
José me mira fijamente, pero estoy acostumbrada a las miradas lascivas de los hombres. Así, que la intensidad de su mirada no me perturba.
"Las dos, claro" —añade mirando nervioso a Kate.
José y yo somos buenos amigos, pero en el fondo sé que le gustaría que fuéramos algo más. Es mono y divertido, pero no es mi tipo y no estoy lista para salir. Es más bien un hermano, el que mis padres no me dieron, el que perdí al dejar a Eddie y Christian atrás en la corte. Katherine suele chincharme diciéndome que debo vivir la vida y buscar novio, pero la verdad es que no he conocido a nadie que… bueno, alguien que me atraiga, además, de no sentirme lista para abrirme a alguien como lo hice con Adrian. Aunque una parte de mí desea que me tiemblen las piernas, se me dispare el corazón y sienta mariposas en el estómago, de nuevo.
La única persona que me ha movido, que ha llegado a mí en todos los aspectos, ha sido Adrian Ivashkov. Y me aterra que nadie mas pueda hacerlo, pero me atemoriza aun mas encontrar a alguien que lo haga. Me asusta perder a alguien de nuevo.
Hasta hace muy poco, murmura la inoportuna vocecita de mi subconsciente. ¡NO! Destierro de inmediato la idea. No voy a planteármelo, no después de aquella dolorosa entrevista. «¿Es usted gay, señor Grey?» Me estremezco al recordarlo. Sé que desde entonces he soñado con él casi todas las noches, pero seguramente es porque tengo que purgar de mi cabeza la espantosa experiencia.
Observo a José abriendo la botella de champán. Lleva vaqueros y una camiseta. Es alto, ancho de hombros y musculoso, de piel morena, pelo negro y ardientes ojos oscuros. Sí, José está bastante bueno, pero creo que por fin está entendiendo el mensaje: somos solo amigos. El corcho sale disparado, y José alza la mirada y sonríe.
El sábado es una pesadilla en la ferretería. Nos invaden los que quieren acicalar su casa. El señor y la señora Clayton, John, Patrick —los otros dos empleados— y yo nos pasamos la jornada atendiendo a los clientes. Pero al mediodía se calma un poco, y mientras estoy sentada detrás del mostrador de la caja, comiéndome discretamente el bocadillo, la señora Clayton me pide que compruebe unos pedidos. Me concentro en la tarea, compruebo que los números de catálogo de los artículos que necesitamos se corresponden con los que hemos encargado y paso la mirada del libro de pedidos a la pantalla del ordenador, y viceversa, para asegurarme de que las entradas cuadran. De repente, no sé por qué, alzo la vista… y me quedo atrapada en la descarada mirada gris de Christian Grey, que me observa fijamente desde el otro lado del mostrador.
Casi me da un infarto.
"Señorita Ivashkov, qué agradable sorpresa" —me dice. Su mirada es firme e intensa.
Maldita sea. ¿Qué demonios está haciendo aquí, todo despeinado y vestido con ese jersey grueso de lana de color crema, vaqueros y botas? Creo que me he quedado boquiabierta, y no encuentro ni el cerebro ni la voz.
"Señor Grey" —murmuro, porque no puedo hacer otra cosa.
Sus labios esbozan una sonrisa y sus ojos parecen divertidos, como si estuviera disfrutando de alguna broma de la que no me entero.
"Pasaba por aquí"—me dice a modo de explicación—. "Necesito algunas cosas. Es un placer volver a verla, señorita Ivashkov".
Su voz es cálida y ronca como un bombón de chocolate y caramelo… o algo así.
Muevo la cabeza intentando bajar de las nubes. El corazón me aporrea el pecho a un ritmo frenético, y por alguna razón me arden las mejillas ante su firme mirada escrutadora. Verlo delante de mí me ha dejado totalmente desconcertada. Mis recuerdos de él no le han hecho justicia. No es solo guapo, no. Es la belleza masculina personificada, arrebatador, y está aquí, en la ferretería Clayton's. Quién lo iba a decir. Recupero por fin mis funciones cognitivas y vuelvo a conectar con el resto de mi cuerpo.
"Rose. Me llamo Rose —murmuro—. ¿En qué puedo ayudarle, señor Grey?"
Sonríe, y de nuevo es como si tuviera conocimiento de algún gran secreto. Es muy desconcertante. Respiro hondo y pongo mi cara de llevar años trabajando en la tienda y ser una profesional. Yo puedo.
"Necesito un par de cosas. Para empezar, bridas para cables" —murmura con expresión fría y divertida a la vez.
¿Bridas para cables?
"Tenemos varias medidas. ¿Quiere que se las muestre?"—susurro con voz titubeante.
Cálmate, Rose.
Un ligero fruncimiento estropea las cejas de Grey, que son bastante bonitas. Deseaba borrar ese feo gesto de su rostro con mis dedos, aunque no lo hacía verse menos guapo.
"Sí, por favor. Le acompaño, señorita Ivashkov" —me dice.
Salgo de detrás del mostrador fingiendo despreocupación, pero lo cierto es que me concentro al máximo en no desplomarme. De repente mis piernas parecen de plastilina. Me alegro mucho de haber decidido ponerme estos vaqueros esta mañana realzaban la belleza de mi culo, no es como si lo necesitara.
"Están con los artículos de electricidad, en el pasillo número ocho" —le digo en un tono de voz firme.
Lo miro y me arrepiento casi de inmediato. ¡Qué guapo es!
"La sigo" —murmura haciendo un gesto con su mano de largos dedos y uñas perfectamente arregladas.
Con el corazón casi estrangulándome —porque me ha subido hasta la garganta e intenta salírseme por la boca— me meto en un pasillo en dirección a la sección de electricidad. ¿Por qué está en Portland? ¿Por qué ha venido a Clayton's? Y de una diminuta parte de mi cerebro que apenas utilizo —seguramente por debajo del bulbo raquídeo, cerca de donde habita mi subconsciente— surge una idea: Ha venido a verte. ¡Imposible! La descarto de inmediato. ¿Por qué iba a querer verme? Es una idea absurda, así que me la quito de la cabeza. Lo que, si es cierto, es su mirada sobre mi culo. Podía sentir sus ojos puestos en el con cada paso que daba.
"¿Ha venido a Portland por negocios?" —le pregunto.
"He ido a visitar el departamento de agricultura de la universidad, que está en Vancouver. En estos momentos financio una investigación sobre rotación de cultivos y ciencia del suelo" —me contesta con total naturalidad.
¿Lo ves? Ni por asomo ha venido a verte, se burla a gritos mi orgullosa subconsciente. Me ruborizo mentalmente de pensar en las tonterías que se me pasan por la cabeza.
"¿Forma parte de su plan para alimentar al mundo?" —lo provoco.
"Algo así —admite esbozando una media sonrisa- ¿Puedo preguntarle algo señorita Ivashkov?"
Su interés me desconcertó, aun así, asentí de acuerdo.
"Tengo una alta posición económica. Es mi deber conocer a familias y empresas en todo tipo de negocios. Ahora, me cuestiono ¿cómo siendo usted una Ivashkov, es que trabaja en una ferretería? No lo tome a mal – aclaro viendo la furia nacer en mis ojos- pero los Ivashkov son bien conocidos por su gran solvencia financiera. No creo que exista uno solo de ustedes con problemas económicos"
Sucedió lo que pasaba cada vez que hablaba con él, está extraña energía que fluye entre nosotros me impidió mentirle. "Tiene toda la razón señor Grey, no conozco un solo Ivashkov con problemas financieros -un pequeño encogimiento en mi corazón se produjo por mis siguientes palabras- Ivashkov es mi apellido de casada – la sorpresa y un sentimiento oscuro brillaron en sus ojos, rápidamente los envió lejos- Es el apellido del que era mi esposo"
Instintivamente acaricie el anillo en mi dedo anular derecho, lo había cambiado de mano hace un año. Fue mi forma de seguir adelante, pero sin dejar ir a Adrian, por completo. El hombre frente a mi me observo por unos segundos con gran intensidad.
Echa un vistazo a nuestra sección de bridas para cables. ¿Para qué querrá eso? No me lo imagino haciendo bricolaje. Desliza los dedos por las cajas de la estantería, y por alguna inexplicable razón tengo que apartar la mirada. Se inclina y coge una caja.
"Estas me irán bien" —me dice con su sonrisa de estar guardando un secreto, pero aun un poco tensa.
"¿Algo más?"
"Quisiera cinta adhesiva".
¿Cinta adhesiva?
"¿Está decorando su casa?"
Las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas. Seguro que contrata a trabajadores o tiene personal que se la decora.
"No, no estoy decorándola" —me contesta rápidamente.
Sonríe, y me da la extraña sensación de que está riéndose de mí.
¿Tan divertida soy? ¿Por qué le hago tanta gracia? ¿Cómo puede verme de una manera tan oscura y al minuto siguiente como si acabara de contarle un chiste?
"Por aquí" —murmuro incómoda—. "La cinta está en el pasillo de la decoración".
Miro hacia atrás y veo que me sigue.
"¿Era?" cuestiona confundiéndome- "Dijo: el que era mi esposo" aclara
"Era" afirme con un poco de sequedad
"¿Entonces por qué trae la argolla aun?"
"Porque me hace sentir que está conmigo" digo sincera
"¿Espera que su exesposo- recalca eso ultimo- se arrepienta y vuelva por usted?" —me pregunta en voz baja y fría, mirándome fijamente. Entonces él pensaba que me habían abandonado- "¿De todos modos porque alguien la dejaría?"- termina con voz suave
Me ruborizo. ¿Por qué demonios tiene este efecto sobre mí? Me siento como una cría de catorce años y fuera de lugar.
"Señor Grey, no, no espero que vuelva. Él siempre será alguien importante para mí y tendrá un lugar en mi corazón. No puedo negar que muchas veces he soñado con ello, pero la vida sigue ¿No? ¿No es eso lo que siempre decimos?" -murmuro mientras llegamos a nuestro destino, sintiendo como si me fuese quitado un peso de encima.
Por hacer algo, me agacho y cojo las dos medidas de cinta adhesiva que tenemos.
"Además, hasta donde sé no podemos traer a los muertos de vuelta" le digo. Cuando la información se fundió en él su mirada se hizo amable
"Me llevaré esta"—dice Grey golpeando suavemente el rollo de cinta que le tiendo.
Nuestros dedos se rozan un segundo, y ahí está de nuevo la corriente, que me recorre como si hubiera tocado un cable suelto. Jadeo involuntariamente al sentirla desplazándose hasta algún lugar oscuro e inexplorado en lo más profundo de mi vientre. Intento desesperadamente serenarme.
"¿Algo más?" —le pregunto con voz ronca y entrecortada.
Abre ligeramente los ojos.
"Un poco de cuerda".
Su voz, también ronca, replica la mía. ¿Podría haberlo sentido?
"Por aquí".
Camino con la cabeza en alto sin ocultar mi rubor, simplemente pretendiendo que no hay ninguno y me dirijo al pasillo.
"¿Qué tipo de cuerda busca? Tenemos de fibra sintética, de fibra natural, de cáñamo, de cable…
Me detengo al ver su expresión impenetrable. Sus ojos parecen más oscuros. ¡Madre mía!
"Cinco metros de la de fibra natural, por favor".
Mido rápidamente la cuerda con dedos temblorosos, consciente de su ardiente mirada gris. No me atrevo a mirarlo. No podría sentirme más cohibida. Saco el cúter del bolsillo trasero de mi pantalón, corto la cuerda, la enrollo con cuidado y hago un nudo.
"¿Iba usted a las scouts?" —me pregunta frunciendo divertido sus perfilados y sensuales labios.
¡No le mires la boca!
"No" Niego un poco divertida, no podía decirle -Sabes me han entrenado para utilizar todo tipo de armas para poder luchar contra los malvados vampiros ¡Oh cierto! No sabes que ambos somos dhampirs-. En un principio los dhampir fueron los hijos nacidos de la unión entre un moroi y un humano, naciendo mitad vampiro mitad humano. Cuando los vampiros se separaron de los humanos y formaron sus propias sociedades -hace miles de años- la única relación que se mantuvo fue con los que entran al programa de alimentadores y los Alquimistas, desde entonces, los dhampirs son la unión entre un dhampir y un moroi. Ya que, por alguna extrañeza genética los dhampirs solo se pueden reproducir con los morois y aun mas extraño es que los dhampirs seguimos siendo mitad-moroi y mitad-humano. De ese modo mi padre es un moroi y madre una dhampir.
Así que decido omitir algunos detalles- "Tuve que tomar una de esas clases para sobrevivir en la intemperie. ¿Los scouts?" - arrugue la nariz- "Ese tipo de actividades en grupo no son lo mío, señor Grey". Digo rechazando la idea de mi yo pequeño corriendo por ahí con horribles uniformes, vendiendo galletas y siguiendo las normas.
Arquea una ceja.
"¿Qué es lo suyo, Rosemarie?" —me pregunta en voz baja y con su sonrisa secreta.
Lo miro y me siento incapaz de expresarme. El suelo son placas tectónicas en movimiento. Intenta tranquilizarte, Rose, me suplica de rodillas mi torturada subconsciente.
"Los libros" —susurro. Seis años atrás me habría reído del que sugiriera algo como eso, pero he encontrado un gran refugio, comodidad y placer en ellos desde la muerte de Adrian.
Pero mi subconsciente grita: ¡Tú! ¡Tú eres lo mío! Lo aparto inmediatamente de un manotazo, avergonzada de los delirios de mi mente.
"¿Qué tipo de libros?" —me pregunta ladeando la cabeza.
¿Por qué le interesa tanto?
"Bueno, lo normal. Los clásicos. Sobre todo, literatura inglesa".
Se frota la barbilla con el índice y el pulgar considerando mi respuesta.
"¿Necesita algo más?"
Tengo que cambiar de tema… Esos dedos en esa cara son cautivadores.
"No lo sé. ¿Qué me recomendaría?"
¿Qué le recomendaría? Ni siquiera sé lo que va a hacer.
"¿De bricolaje?"
Asiente con mirada burlona. Me ruborizo y mi mirada se desplaza a los vaqueros ajustados que lleva.
"Un overol" —le contesto.
Me doy cuenta de que definitivamente, con este hombre no controlo lo que sale de mi boca.
Vuelve a alzar una ceja, divertido.
"No querrá que se le estropee la ropa…" —le digo señalando sus vaqueros.
"Siempre puedo quitármela" —me contesta sonriendo.
"Puede"
Siento que mis mejillas vuelven a teñirse de rojo. Deben de parecer la cubierta del Manifiesto comunista. Cállate. Cállate de una vez.
"Me llevaré un mono de trabajo. No vaya a ser que se me estropee la ropa" —me dice con frialdad.
Intento apartar la inoportuna imagen de él sin vaqueros.
"¿Necesita algo más?" —le pregunto
No contesta a mi pregunta.
"¿Cómo va el artículo?"
Por fin me ha preguntado algo normal, sin indirectas ni juegos de palabras… Una pregunta que puedo responder. Me agarro a ella con las dos manos, como si fuera una tabla de salvación, y apuesto por la sinceridad. No es como si pudiera detener la perorata que ya está saliendo de mi boca
"No estoy escribiéndolo yo, sino Katherine. La señorita Kavanagh, mi compañera de piso. Está muy contenta. Es la editora de la revista y se quedó destrozada por no haber podido hacerle la entrevista personalmente había trabajado muy duro para obtener la entrevista. Me amenazó, que si no la conseguía pronto me obligara a acampar con ella en sus oficinas hasta que alguien se la diera. —Siento que he remontado el vuelo, por fin un tema de conversación normal—. Lo único que le preocupa es que no tiene ninguna foto suya original.
"¿Qué tipo de fotografías quiere?"
Muy bien. No había previsto esta respuesta. Niego con la cabeza, porque sencillamente no lo sé.
"Bueno, voy a estar por aquí. Quizá mañana…"
"¿Estaría dispuesto a hacer una sesión de fotos?"
Estará encantada si lo consigo. Dejará de molestarme con que debo tener citas, al menos, por un mes. Y podrás volver a verlo mañana, me susurra seductoramente ese oscuro lugar al fondo de mi cerebro. Descarto la idea. Es estúpida, ridícula…
"Kate estará encantada… si encontramos a un fotógrafo".
Estoy tan contenta que le sonrío abiertamente. Él abre los labios, como si quisiera respirar hondo, y parpadea. Por una milésima de segundo parece algo perdido, la Tierra cambia ligeramente de eje y las placas tectónicas se deslizan hacia una nueva posición.
¡Dios mío! La mirada perdida de Christian Grey. Es cautivador.
"Dígame algo mañana —me dice metiéndose la mano en el bolsillo trasero y sacando la cartera—. Mi tarjeta. Está mi número de móvil. Tendría que llamarme antes de las diez de la mañana".
"Muy bien" —le contesto sonriendo.
Kate se pondrá contentísima.
"¡Rose!"
Paul aparece al otro lado del pasillo. Es el hermano menor del señor Clayton. Me habían dicho que había vuelto de Princeton, pero no esperaba verlo hoy.
"Discúlpeme un momento, señor Grey".
Grey frunce el ceño mientras me vuelvo.
Paul siempre ha sido algo parecido a un amigo, desde, que deje la corte evito creer lazos fuertes con otras personas -puedo contar a los que he dejado entrar con los dedos de mí mano-, aun así, me alegro verlo. Sobre todo, en este extraño momento en que me las veo con el rico, poderoso, asombrosamente atractivo y controlador obsesivo Grey, me alegra hablar con alguien normal. Paul me abraza muy fuerte, y me pilla por sorpresa, no esperando un gesto tan efusivo de su parte.
"¡Rose, cuánto me alegro de verte!" —exclama.
"Hola, Paul. ¿Cómo estás? ¿Has venido para el cumpleaños de tu hermano?"
"Sí. Estás muy guapa, Rose, muy guapa".
Sonríe y se aparta un poco para observarme. Luego me suelta, pero deja un brazo posesivo por encima de mis hombros. Me separo un poco, incómoda y molesta, no me gustan ese tipo de confianzas ni que nuestro vinculo fuera tan estrecho. Me alegra ver a Paul, pero siempre se toma demasiadas confianzas, no me molestaría darle accidentalmente un ojo negro.
Cuando miro a Christian Grey, veo que nos observa atentamente, con ojos impenetrables y pensativos, y expresión seria, impasible. Ha dejado de ser el cliente extrañamente atento y ahora es otra persona… alguien frío y distante.
"Paul, estoy con un cliente. Tienes que conocerlo" —le digo intentando suavizar la animadversión que veo en la expresión de Grey.
Tiro de Paul hasta donde está Grey, y ambos se observan detenidamente. El aire podría cortarse con un cuchillo.
"Paul, te presento a Christian Grey. Señor Grey, este es Paul Clayton, el hermano del dueño de la tienda. —Y por alguna razón poco comprensible, siento que debo darle más explicaciones—. Conozco a Paul desde que trabajo aquí, aunque no nos vemos muy a menudo. Ha vuelto de Princeton, donde estudia administración de empresas".
Estoy diciendo chorradas… ¡Basta!
"Señor Clayton".
Christian le tiende la mano con mirada impenetrable.
"Señor Grey —lo saluda Paul estrechándole la mano—. Espera… ¿No será el famoso Christian Grey? ¿El de Grey Enterprises Holdings?"
Paul pasa de mostrarse hosco a quedarse deslumbrado en una milésima de segundo. Grey le dedica una educada sonrisa. Y es por ese tipo de cosas que solía no utilizar ningún apellido al presentarme, evitando las falsas amistades y las atenciones hipócritas cargadas de interés.
"Uau… ¿Puedo ayudarle en algo?"
"Se ha ocupado Rosemarie, señor Clayton. Ha sido muy atenta".
Su expresión es impasible, pero sus palabras… es como si estuviera diciendo algo totalmente diferente. Es desconcertante.
"Estupendo —le responde Paul—. Nos vemos luego, Rose".
"Claro, Paul".
Lo observo desaparecer hacia el almacén.
"¿Algo más, señor Grey?"
"Nada más".
Su tono es distante y frío. Maldita sea… ¿Lo he ofendido? Respiro hondo, me vuelvo y me dirijo a la caja. ¿Qué le pasa ahora?
Marco el precio de la cuerda, el overol, la cinta adhesiva y los sujeta cables.
"Serán cuarenta y tres dólares, por favor".
Miro a Grey, pero me arrepiento inmediatamente. Está observándome fijamente. Me pone de los nervios.
"¿Quiere una bolsa?" —le pregunto cogiendo su tarjeta de crédito.
"Sí, gracias, Rosemarie".
Su lengua acaricia mi nombre, y el corazón se me vuelve a disparar. Apenas puedo respirar. Meto deprisa lo que ha comprado en una bolsa de plástico.
"Ya me llamará si quiere que haga la sesión de fotos".
Vuelve a ser el hombre de negocios. Asiento, porque de nuevo me he quedado sin palabras, y le devuelvo la tarjeta de crédito.
"Bien. Hasta mañana, quizá. —Se vuelve para marcharse, pero se detiene—. Ah, una cosa, Rosemarie… Me alegro de que la señorita Kavanagh no pudiera hacerme la entrevista".
Sonríe y sale de la tienda a grandes zancadas y con renovada determinación, colgándose la bolsa del hombro y dejándome como una masa temblorosa de embravecidas hormonas femeninas. Paso varios minutos mirando la puerta cerrada por la que acaba de marcharse antes de volver a pisar la Tierra.
De acuerdo. Me gusta. Ya está, lo he admitido. No puedo seguir escondiendo mis sentimientos. Me parece atractivo, muy atractivo. Pero sé que es una causa perdida y suspiro con un pesar agridulce, tengo mucho equipaje conmigo y no creo estar lista para avanzar con una relación. Ha sido solo una coincidencia que viniera. Pero, bueno, puedo admirarlo desde la distancia, ¿no? No tiene nada de malo. Y si encuentro a un fotógrafo, mañana lo admiraré a mis anchas. Me muerdo el labio pensándolo y me descubro a mí misma sonriendo como una colegiala, me entumecía y a la vez podía sentirme como un volcán a punto de estallar la sola idea del y yo juntos. Tengo que llamar a Kate para organizar la sesión fotográfica.
.
.
.
comentar, por favor. sus opiniones son importantes para mi.
