N/A: Hola, ¿cómo están?. Siento muchisimo la tardanza en subir este tercer capítulo (en especial a ti Nina Toka), pero como les dije en mi otro FF "Un Ángel y Un Demonio", comencé a estudiar y se me complican los horarios porque recién empiezo y tengo que adaptarme, pero sin más aquí les dejo la historia. Espero como siempre que les guste y dejen sus reviews para saber si el tiempo que invierto vale la pena. Mil perdones y GRACIAS, MILES DE GRACIAS por leer y dejar comentarios.
Es una historia diferente, cabe aclarar, por lo cual quizás les parezca un poco rara la actitud de Hiei, pero quise cambiarla un poco y jugar con un mundo alterno. Así que si están enganchados con la historia ¡genial!.
Quiero dejarles una gran e increíble historia para que se tomen un momento y la lean, story/66623157-herederos-del-pecado es de una gran amiga y les aviso para todas esas personas que les gusta la fantasía, los ángeles, los demonios, la mitología y el romance como a mi, pásense que es muy buena.
Aclaración: Ninguno de los personajes de Yu Yu Hakusho me pertenecen, son obra del gran Yoshihiro Togashi. Yo solamente estoy ganando millones de dólares invirtiendo un poco de mi tiempo para el entretenimiento de ustedes.
Capítulo anterior: Sasha entra a la habitación de Hiei trepándose a un árbol. Los recuerdos invaden la mente de la joven hasta que una voz se escucha de repente. Comienzan a vivir nuevas experiencias juntos; celos, amor y un objetivo de por medio.
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"Amor Inocente"
Capítulo 3: "Empezar de cero"
Sasha se rió por lo bajo al recordar su fiesta de cumpleaños. Se veía ridícula con las mejillas infladas y soplando las velitas, pero se puso muy contenta al saber que aún conservaba esa foto y lo felíz que se veía su viejo amigo. De pronto escuchó un ruido en el baño y se abrió repentinamente la puerta.
"Sasha POV"
- ¿Qué haces aquí?- al girar noto el húmedo cabello de Hiei, su mirada seria, aveces es difícil de interpretar.
- Yo...-
Comienzo a balbucear, me pones incómoda; no me mires de esa manera.
- Sino tienes nada que hacer aquí vete de una vez.- abriste la puerta esperando que camine hacia ella, no lo haré, no te daré el gusto.
- No es ahí por donde entré...- te dije irónicamente, creo que te enojaste porque frunciste el ceño- Yo...yo vine a hablar contigo.
- Di lo que tengas para decir y vete- siempre detesté tus respuestas tan secas, no era momento para que me dieras una.
- Si tu no quieres yo lo haré. No vine desde tan lejos para que me ignores y me trates de esa forma.- cierras la puerta y te cruzas de brazos.
- Nadie te obligó a irte tan lejos- quizás no, pero debía hacerlo, por ti, por mi.- ¿Qué quiéres que haga?. ¿Qué prepare té y galletitas como bienvenida?-
Tu tono sarcástico me hace reir, pero no estaría bien si lo hiciera; me miras esperando una respuesta, la cual no estoy segura de dar. No se si todos los integrantes de esta casa están aquí, pero probablemente ya nos escucharon.
- Hiei yo...- basta, no me presiones. Poso mi mirada en el suelo, madera reluciente, me distraigo contando la cantidad de hileras que tiene, bonita distracción.
- Deja de gastar mi nombre y habla de una vez-
La indiferencia siempre te caracterizará; te diriges a la ventana. A continuación observo tu tatuaje, un dragón negro en toda la extensión de tu espalda, ¿qué significa?. Miras hacia afuera porque es lo único que quieres mirar en este momento y te entiendo, créeme...te entiendo. Estás a punto de abrirla, me doy cuenta, quieres que me vaya.
Me acerco a ti lenta y sigilosamente para que no lo notes. Siempre fuiste más alto que yo, pero ahora puedo observar que has crecido; tus fuertes brazos, trabajados, tus hombros, tu espalda; Yukina tenía razón, la labor como policía te ayudó. Y es allí a donde apoyo mi frente, rodeando tu marcado abdómen con mis diminutos brazos, mientras respiro el dulce aroma de tu cuerpo, tu piel es muy suave. Hueles a jabón.
Comienzas a temblar y no es para menos, si una chica viene desde tan lejos a abrazarte de esa manera lo más probable es que la quites bruscamente, pero no. No lo hiciste. Sin embargo puedo sentir los latidos de tu corazón acelerarse, ese es un signo de nerviosismo.
Giraste tu cabeza sin entender lo que yo hacía, esperé algún tipo de réplica de parte tuya, tampoco llegó. Debía tomar una gran bocanada de aire para lo siguiente y continúo; me propuse hablar contigo y eso haré.
- Lo...lo siento...- mis ojos comenzaban a aguarse, si, eran lágrimas, sinceras - Siento haberme ido de esa manera...yo...- me aferro más a ti, vuelves a temblar- Era una niña, yo...yo no entendía. Mis padres decían que estaría en el mejor colegio, con los mejores maestros. Y no lo dudo es la mejor educación...- comienzo a soltarme un poco más, aún no quiero contarte todo; sigues mirando al vacío- Esa tarde cuando decidí irme...sentí el peor de los pesos en mi corazón, no quería dejarte aquí...eras mi amigo, Hiei...lo eres...- sollozo un poco.
- ¿Y por qué lo hiciste?- puedo sentir tu voz ¿quebrarse?.
- No tuve opción...es por eso...es por eso que regresé para estar con todos ustedes y al menos disfrutar del último año juntos- lágrimas y más lágrimas caen por mis mejillas- Te enviaba cartas cada mes...me preocupaba por ti, porque estuvieras bien, que hicieras tus tareas, que comieras tus malditas verduras...las que siempre odiaste- te susurro- No quiero que me recibas con un ramo de rosas y tampoco pensé que lo harías. Sólo quiero que dejes de tratarme como si fuésemos dos completos desconocidos...- el dolor vuelve a mi alma- Lo siento mucho...- rompo en llanto nuevamente, giras para mirarme, yo sólo me aferro a tu pecho; siento tus ojos rubíes clavados en mi cabello. Tus brazos envuelven mi espalda completamente, dudosos.
- Será mejor que te vayas-
Abro mis ojos enormemente, una puntada en mi pecho, duele. Asiento temblorosa y me separo de ti. Me siento tan débil, tan estúpida llorando, pero no puedo fingir, no puedo pretender ser fuerte porque me conoces, sabes que me quiebro, y aunque hayan pasado diez años me sigue lastimando como el primer día.
Tienes razón, es mejor que me vaya. No es el momento de contarte toda la verdad, no ahora. No quiero hacerlo, no mereces saber semejante aberración, sin embargo, debo hacerlo algún día. Enfrentarte con toda la fuerza del universo. Pero no hoy.
Te quedas perplejo, abro la ventana y decido irme. Cuando la cierro, te veo por última vez, allí mirando a la nada, trago fuerte. Mil, quizás más pensamientos irrumpen mi mente, recuerdos horrorosos, el rostro de ese infelíz jadeando en mi oído. Maldito cerdo.
Al llegar a mi cama lo único que quiero hacer es tirarme encima y que me trague, que me lleve a otra dimensión, donde pueda empezar de nuevo, desde cero y no sentir nada, ni rememorar. Estas cicatrices todavía duelen y mucho. No importa, vine con un propósito y hasta no lograrlo no me iré, lejos, como tengo planeado.
"Fin Sasha POV"
"¡Demonios!. ¿Por qué tienes que venir hasta aquí a decirme todo eso?", pensaba el pelinegro. Se tiró en la cama de mala gana mirando el techo, reflexionando.
Nunca había tenido tantos problemas con otras chicas, incluída su novia Mukuro. Era tan simple; las conocía, las llevaba a la cama, las dejaba si quería, jugaba con ellas como muñequitas. Ni siquiera con la pelirroja sintió que tenía corazón, que algo le latía dentro.
"Considerando que quieres que deje de tratarte de ese modo...creo...creo que puedo hacer algo por ti...", sonrió malicioso y divertido. "Hay que recuperar el tiempo perdido de alguna forma...yo se cuál".
Alguien golpeó la puerta sacando a Hiei de sus pensamientos.
- ¿Hermano, ocurre algo?. Escuché ruidos- la voz preocupada de la peliverde se oyó.
- No, Yukina, estoy bien-
- De acuerdo. Que descanses-
- Eso haré, mañana será un largo día- susurra.
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A la mañana siguiente en clases...
- Hasta que por fin vienes...- exclamó sarcástico Kurama quien compartía la mesa con Yusuke; esta tenía el típico grifo en medio, con algunas probetas y utensilios.
- No fastidies...- contestó con indiferencia mientras se acercaba a su pupitre, los demás estaban conversando amenamente, el aula era un completo alboroto.
- Parece que alguien tuvo una noche bastante agitada- rió el pelinegro.
- ¿De qué demonios hablas?- sintió que sus compañeros sabían algo de la conversación con la joven.
- De nada, Hiei, cálmate- el pelirrojo intervino nuevamente.
- ¿Quién es nuestro verdugo el día de hoy, Kurama?- preguntó Yusuke.
- Tu favorita...Ruka- él sonrió.
- ¿Hagiri con Sasha?...no mueras de celos, enano- interrumpió Kuwabara, el grupo giró para verlos entrar.
Ambos venían hablando de cosas que tenían en común. Hiei clavó la mirada en Kaname y este le devolvió el gesto disimulando para que la joven no lo viera.
- La próxima memorizaré el mapa de este instituto o sino me perderé otra vez...-
- Sería un placer que te pierdas siempre y cuando pueda guiarte...- rieron.
-"Hoy es mi día de suerte, ¡rayos!"- pensó la pelicastaña; los únicos asientos libres eran al lado del joven de ojos rojos y otro de su adorada novia, quien estaba delante de este- "Eso te pasa por llegar tarde, Sasha. Si me siento con Mukuro seguramente me molestará toda la clase y no ando con ánimos de tolerarla y por cómo me mira...estoy en el infierno. ¡Está bien destino, haré lo que me pidas!"- hizo caso omiso y con la mayor de las penas dejó su bolso en la mesa, el joven desvió la mirada; Kaname por su parte se sentó junto con la pelirroja.
- Buen día, chicas- saludó a las jóvenes a su costado, el pelinegro le dió la espalda para seguir conversando con sus compañeros.
- Buen día, Sasha-
- Oye, ¿de qué hablaban con Hagiri?- preguntó entre susurros Botan.
- Ah...de nada en particular. Me lo encontré en la entrada del instituto y quiso acompañarme hasta al aquí, sino fuera por él probablemente ahora estaría perdida. Me ha ayudado a encontrar el salón de clase- rió nerviosa.
- Parece un buen chico- soltó Keiko.
- Invítalo a salir, Sasha- interviene Botan
- ¿Pero de qué hablan?. No lo invitaré. Él sólo fue amable conmigo, nada más-
- No se habla con ninguna chica del instituto, dicen que es un poco raro-
- ¿Tú crées, Yukina?. A mi me pareció muy cortez- observa a la pelicastaña mientras que ésta se reía disimuladamente de las monadas que hacía Yusuke- ¿Cuándo te animarás?-
- ¿Qué?. Estás loca, Yusuke es un pervertido, ni ebria haría semejante aberración-
- Pero mueres porque lo haga- ríe Botan.
- ¡Cállate!-
La profesora, una elegante pelirroja, entró a clases, todos se acomodaron en sus respectivos asientos para pasar las mejores horas de sus vidas...nuevamente.
La mujer fue de un punto a otro de la habitación, mientras llevaba en su mano una pluma y una carpeta con el listado de los alumnos. Examinó a todos y a cada uno de los presentes. Éstos observaron sin entender la acción, algunos murmuraban, otros la miraban pervertidamente, como cierto dúo dinámico.
- Bienvenidos a mi clase de Química. Soy la profesora Ruka Kekkaishi. Hoy comenzaremos con los conceptos básico de la materia- anotó algunas cosas en la pizarra.
Sasha maldijo una y otra vez en su mente. Estaba segura que hoy no era su día. Hiei sonrió por dentro, su pequeña venganza hacia la pelicastaña estaba recién comenzando.
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Se pasaron la hora escribiendo de modo que Yusuke y Kuwabara bostezaban cada tres minutos, al único que parecía agradarle la clase era a Kurama quien sonreía y anotaba. Mukuro de vez en cuando se daba vuelta para mirar con amor a su novio y con odio a su compañera, y en cierta medida, a ella también le desagradaba su presencia. Keiko, Botan y Yukina lidiaban para comprender algo de lo escrito, iba a ser un duro desafío esta asignatura.
Su compañero Kaname, quien estaba delante, extendió sus brazos simulando un bostezo; en la mano llevaba un papel muy bien doblado. Sasha dejó de escribir y observó a su compañero, Hiei afiló la mirada. La joven tomó el papel y lo abrió sigilosamente, la clase era tan silenciosa que cualquier ruido espantaba a los alumnos. En la hoja se podía ver un dibujo, era una pequeña casa al estilo japonés rodeada de un hermoso árbol de cerezo, muy bien ilustrado a lápiz. Ella sonrió.
Cortó el extremo de una hoja de su cuaderno y escribió algo. Se lo entregó disimuladamente, debido a que la profesora había tomado asiento. Por fin.
"Es precioso, ¿lo acabas de hacer?"- con una carita sonriente.
"Si, cuando la clase está aburrida" -
Volvió a entregarle el papel. Hiei quien no paró de ver todo lo que hacían, comenzó a tener ciertos celos hacia el pelinegro.
"Deberías dedicarte al arte, eres muy bueno"-
"Larga historia poco papel. ¿Almuerzas conmigo?"-
Sasha se sorprendió, quizás el joven iba muy rápido. Su compañero de al lado, le quitó el papel bruscamente, a lo que ella frunció el ceño. Hiei escribió algo y se lo entregó.
"No irás"- la pelicastaña no salía de su asombro, ¿quién era él para decirle qué hacer y qué no?.
"¿Quién eres, mi mamá?"-
"No irás de todas formas"-
"Tú no me dirás lo que tengo que hacer"-
Esto se convirtió en una batalla.
"Conozco a Hagiri, no irás"-
"Tonto"-
"Tarada"-
"Bobo"-
"Idiota"-
- ¡Imbécil!- exclamó ante toda la clase que se giró para mirarla; la cara se le transformó a rojo tomate de la verguenza- "Mierda, mierda, mierda"- pensó.
- ¡Señorita Bagod!- gritó enojada la profesora-
- ¡Eres una estúpida!- atinó a decir Hiei, la joven lo miró con más sorpresa.
- ¡Señor Jaganshi, señorita Bagod a detención lo que resta de la hora!. No quiero oírlos decir una sola palabra-
- Pero profesora...-
- ¡Pero nada!- interrumpió la mujer- ¿Qué clase de modales son esos en esta institución?-
Los dos jóvenes se pusieron de pie y caminaron hacia la puerta del salón de clases, todos miraban atónitos; Mukuro que no paraba de pensar en las mil y una formas de matar a la pelicastaña y Yusuke que se reía por lo bajo. Sasha suspiró con pesadez, realmente estaba apenada, la primera vez en toda su vida que era humillada de esa manera.
Afuera del aula Hiei caminaba con las manos en los bolsillos como si nada hubiera ocurrido, por otro lado la joven miraba hacia otro lado tratando de no toparse con el culpable de ser castigada.
- Espero que sepas dónde queda la maldita cárcel para adolescentes en este colegio...- dijo con sarcasmo.
- ¿Qué clase de modales son esos en esta institución, Bagod?- más ironía mientras abría la puerta de un salón- Primero las taradas.
- Seguido de los subnormales desequilibrados- sonrió victoriosa.
En la habitación solo se observaba a una mujer al mando, parecía descansar cómodamente sobre el escritorio. Los ronquidos resonaban en todo el salón.
- ¡Señora Mayumi!- exclamó Hiei sonriendo de lado.
- ¿Mmh?...- se preguntó con pereza- ¿Hiei?...¡Pero si es mi niño favorito en todo el colegio!- le sonrió.
Sasha estaba asombrada, ¿acaso estuvo tantas veces en detención como para conocer a esa mujer?. El pelinegro se sentó y cruzó las piernas arriba de la mesa con total confianza.
- ¿Qué fue hoy...maldecir, insultar, golpear a alguien?.
- No, nada de eso. Aquí mi compañera fue la culpable, me saca de quicio- la joven tomó asiento.
- ¿De qué hablas, zoquete?. Tú eres la razón por la cual estoy aquí. Eres un entrometido- lo miró con desdén.
- Mujeres...- suspiró.
- Siempre tuviste problemas con tus chicas, Hiei...- rió la señora.
- No soy una de "sus chicas"...- abrió su cuaderno.
- Ya quisieras...- ladeó su cabeza para mirarla.
- Oh, si...muero de ganas, Jaganshi- dijo con sarcasmo.
- "Mmmh...ya lo veremos, Bagod, ya lo veremos"- pensó el joven.
La hora en la sala de detención pasó rápidamente, entre los cabeceos de la señora Mayumi, Hiei que se había posicionado muy cómodo en el pupitre escuchando música con sus auriculares, y Sasha que intentaba hacer los ejercicios de matemática con mucho esfuerzo. La campana sonó y tomaron sus cosas para regresar al salón de clases y encontrarse con sus compañeros.
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En el pasillo una pelicastaña iba caminando con cuadernos y libros entre sus brazos. Bajó las escaleras, seguramente Keiko, Botan y Yukina se encontraban en el comedor ya que era tiempo del almuerzo. Al girar a la derecha para encaminarse hacia dicho lugar, se topa con la pelirroja quien la empujó con intenciones de que esta cayera, lo había logrado. Todos los libros se encontraban en el suelo incluído su bolso.
- Oye, ¡fíjate por dónde caminas!- le exclamó enfadada Mukuro seguida de Kokou y Ayame.
- ¿De qué hablas?, me empujaste...- las demás rieron, ella se puso de pie, la pelirroja la acorrala contra la pared.
- Sabes...- la mira de arriba hacia abajo, con desprecio- Eres sólo una don nadie...así que... manten tus manos lejos de Hiei, no me gusta repetir las cosas dos veces-
- Puedes quedarte tranquila porque resulta ser que tu monito de circo no me interesa, así que guarda tus amenazas patéticas para otra persona-
La pelirroja sonríe de lado y se marcha junto con sus súbditas. Sasha comienza a juntar con bronca sus pertenencias del suelo, habían quedado dispersas a lo ancho del pasillo.
- Estás teniendo un día bastante extraño...-
La voz de Hagiri se escucha delante de ella, le extiende un cuaderno que había recogido del suelo.
- Gracias por hacérmelo saber, estaba comenzando a pensar que soy una chica con demasiada suerte- esboza una sonrisa.
- ¿Problemas con esa chica?-
- Esa idiota de Mukuro se cree la reina del mundo con su ejército de tontas- suspira con pesadez.
- Resulta ser que la idiota de Mukuro es mi hermana- Sasha abrió los ojos de manera exagerada.
- ¡¿Qué?!...yo...emm...disculpa...yo no...- titubeaba, él rió.
- No te preocupes. Es mi media hermana, somo hijos de padres diferentes-
- Oh, yo...yo no lo sabía, discúlpame por favor-
Suplicaba con una reverencia y con muchos nervios encima.
- No era tu obligación saberlo. Mi madre se casará con su padre en unos meses y oficialmente será mi hermana. Por cierto, no me respondiste en la clase de química- comenzaron a caminar hacia el comedor.
- Me encantaría almorzar conti-
- Ya tienes planes- interrumpió Hiei con su habitual tono de voz; la toma del brazo obligándola caminar.
- ¡L-lo siento, en otra ocasión...- exclama tratando de liberarse totalmente en vano.
- Está bien...- afila la mirada.
Se adentran en un aula completamente vacía, Hiei cierra la puerta detrás de él y se acerca a la jovencita.
- Hey, ¿qué te sucede?. ¿Qué fue todo eso?- Sasha frunce el ceño, el pelinegro la arrincona contra la pared.
- Aléjate de él-
- ¿Pero qué demonios te ocurre?. ¿Estás loco?. ¡Tú no me dirás qué tengo que hacer!-
- Deja de comportarte como una idiota. Te dije que no y punto-
- ¿O qué?-
El fórmido chico se acerca brusca y peligrosamente a centímetros de su boca, mirándola fijamente y apoyando las manos en ambos lados del cuerpo de la muchacha.
- O verás de lo que soy capaz...-
Se aproxima cada vez más a esos labios entreabiertos, los latidos cada vez más fuertes, la respiración más agitada, las mejillas rojas, y el intento de beso es interrumpido por Sasha quien se safa con una risa seca dirigiéndose a la puerta; cualquier contacto con un chico la hacía estremecerse de mala manera.
- ¿Tú, en serio?. ¡Já!, no me hagas reír. Hoy es el día de "díganle a Sasha qué hacer". Eres el segundo que me lo dice- gruñe irónicamente para cambiar de tema.
- ¿Quién fue el primero?-
- Tu novia, la princesa pelirroja del mundo de lo perfecto- exclamó con ironía, mucha ironía- Hazme un favor y no me fastidies-
- ¿Qué fue lo que te dijo?-
- Pregúntaselo tú. Eres su novio, ¿no?- desvía la mirada.
- ¿Celosa?- sonríe de lado.
- No te das una idea...- contesta con sarcasmo.
Abrió la puerta para largarse de ese lugar, y hablando de Roma...
- ¡Hiei te estaba buscando!- la pelirroja le dedica una mirada de odio a la chica; Sasha sale del salón casi corriendo para que la joven no le reproche nada.
- Mukuro...- susurra de mala gana cambiando su expresión a una de fastidio.
- ¿Hasta cuándo debo soportar que te encierres con esa?- el joven suspiró, harto de los celos de su novia.
- Te veo luego- se dirigió al pasillo.
- ¿No vas a responderme?-
- No- puso las manos en los bolsillos y caminó pacíficamente.
- "Esa don nadie va a saber quien es Mukuro"-
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El comedor estaba repleto, las mesas como siempre divididas en sectores. Hiei localizó a sus compañeros junto con las muchachas. Sasha sostenía un paquete de snacks, lo comía fulminando al pelinegro con la mirada.
- ¿Qué te dije de mantener la distancia, deforme?-
- Acostúmbrate, enano- le responde divertido; Kuwabara estaba sentado al lado de su hermana hablando agradablemente y haciendo sonreír a la joven.
- Hermano, Kuwabara, no comiencen- interviene Yukina.
- Ya dejó de ser una niña pequeña- susurra la pelicastaña.
- Tú sigue alimentándote con esa comida chatarra- Sasha toma una papa frita y la saborea como si se tratara del placer de los dioses.
- Es...tan...deliciosa...- sonríe victoriosa.
- Si el cabeza de zanahoria es el primero en mi lista para asesinarlo lenta y dolorosamente, tú eres la segunda, tonta-
La mira con desdén, aveces sus comentarios irritan al pelinegro. Kurama se acerca y le susurra algo.
- No creo que quieras hacerle eso a tu novia de la infancia, Hiei- ríe disimuladamente.
- Métete en tus propios asuntos Kurama. Y por cierto...trata de resolverlos- señala con la mirada a Botan quien estaba hablando con Yukina.
- En eso estoy- sonríe pícaro.
- Oigan, ya que estamos todos juntos ¿por qué no organizamos una fiesta?-
- Yusuke, tú sólo piensas en divertirte-
- No es cierto, Keiko, también pienso en ti- le guiña un ojo.
- Si, claro. ¡Eres un pervertido!-
- ¡Pero si no dije nada malo!-
- Tú no sabes como tratar a las mujeres, Urameshi- interviene el pelinaranja.
- ¡Já!, hazme reír Kuwabara. ¿Acaso vas a darme lecciones, señor romántico?-
- Te hacen falta. Hace tiempo que estás tratando de conquistar a Keiko y no lo logras. Te aconsejaría darte prisa o tratar de ser un caballero- los presentes comienzan a reír.
- Doña mandona es difícil, amigo-
- ¡Yusuke Urameshi!. ¡¿A quién demonios llamas doña- el pelinegro se sube a la mesa.
- ¡Oigan todos, fiesta en mi casa el viernes por la noche!- grita para apaciguar a una furiosa pelicastaña, quien sólo se quedó allí con la vena palpitante en la frente; las personas en el lugar comentaban sobre la fiesta, con lo cual el comedor se había convertido en un ruidoso salón.
Un hombre de cabello color café y de gran altura se acerca a paso ligero a la mesa del grupo.
- ¡Yusuke Urameshi!- el aludido lo observa con miedo- ¿Podría hacerme el gran favor de no gritar en el comedor?-
- Disculpe, director Koenma, no volverá a pasar- lo mira apenado, el joven (porque no aparentaba sobrepasar los cuarenta años) se gira para retomar su camino.
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El resto del día transcurrió considerablemente ameno; la clase de matemática fue una tortura para la pelicastaña, en cambio para Hiei eran pan comido. Eso no quiere decir que le gustaba, pero le resultaban fáciles de hacer aunque le ponía poco interés al asunto. La campana sonó y era hora de regresar a casa, para algunos alumnos, porque para otros, era tiempo de ir a trabajar.
- Botan...-
La aludida caminaba en dirección a la salida del instituto acompañada de sus amigas.
- Kurama, ¿qué sucede?-
- Me preguntaba si querías dar un paseo...es decir, si no tienes nada que hacer- sonríe nervioso, la peliceleste se había quedado hipnotizada por las palabras de aquel joven.
- Claro, ¡me encantaría!- exclama alegre; el pelirrojo se adelanta para encender su motocicleta.
- Keiko, hoy me tomaré el día, así que si puedes encargarte por mi te lo agradecería mucho- la dos pelicastañas se miran entre si y hechan una carcajada leve.
- Seguro, Botan. Que te diviertas con Kurama- sonríe pícara.
- Y no hagan cosas indebidas, ¿si?-
- Cállense...¡adiós!- corre hacia el joven.
Sasha revisa la hora y se alarma.
- Demonios...-
- ¿Qué ocurre, Sasha?-
- Llegaré tarde al trabajo. Debo irme-
- Ten cuidado, mi hermano me ha dicho que los casos de jóvenes asaltadas han aumentado, cuídate-
- Oh, tienes razón, Yukina, lo haré...adiós, chicas-
Acto seguido, salió a paso ligero. El camino era medianamente largo y debía tomarse el tren para llegar; es un sacrificio que está dispuesta a hacer para obtener el trabajo fijo que el doctor Kamiya le prometió.
A pesar de todo lo sucedido en el día, esto, quizás, era sólo el comienzo...
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Hasta acá el tercer capítulo, perdón la tardanza, prometo ser un poco más rápida en los próximos capítulos. Si te gusta, o no, no dudes en decírmelo, gracias por leer. Gracias por las reviews a todos, miles de gracias.
¡Sayonara!
