Capítulo 3

El fin de semana siguiente era el baile de invierno. Los estudiantes se despertaron en un castillo adornado de la manera más esplendida que se podrían haber imaginado. Con hermosas figuras de hielo, hadas de la escarcha, copos de nieve perfectos y muérdago a donde miraran. Hasta entre el profesorado se respiraba un aire diferente, más festivo, más liviano.

Desde muy temprano era raro encontrar una chica por ahí, pues todas se habían enclaustrado en sus habitaciones dispuestas a pasar todo el día arreglándose. Entre los muchachos se respiraba un aire más tranquilo, de menos excitación y se encontraban jugando con la nieve en los terrenos o conversando en los corredores.

Víctor había pasado el último día planeando como verse más atractivo a Hermione. Aparecer como alguien de quién ella se enamoraría, no solo como un buen amigo. No tenía idea de que consideraba ella atractivo y esperaba que no fuera una chica de apariencias (aunque no lo parecía), pues su semblante de pájaro de rapiña no ayudaría mucho en ese caso. Por el otro lado si era una de esas personas a las que le atraen las personalidades, él no podía pretender ser alguien más. ¿Cómo iba a fingir ser alguien que no era para que gustará de él? Era algo totalmente ilógico. Además, ella ya había conocido más o menos como era el ese día que hablaron en el campo de quidditch, se daría cuenta si cambiaba de repente tratando de ser un galán que claramente no era. Después de todo ese debate mental llegó a la conclusión de simplemente ser él mismo y dejar que las cosas fluyeran.

Pero nada de lo anterior le impedía tratar de verse lo mejor posible. Mandó a traer en mejor traje que le pudieran conseguir. Fue a Hogsmade donde se arregló el cabello y pulió la barba. Y se pasó horas tratando de pronunciar el nombre de su acompañante, quería sorprenderla haciéndolo bien pero lastimosamente no lo logró. Al no haberla visto desde el día de su increíble charla, esperaba que ella se llevara una buena sorpresa al ver su, un poco más, esmerado aspecto. Quería que supiera que todo era por ella, no solo cosas tan banales como su peinado o su traje, también sus renovadas de ser mejor en lo que hacía y ganar el torneo de los tres magos. Para el joven jugador de quidditch ser parte de la vida de Hermione Granger era un pensamiento magnifico que esperaba volver realidad.

Aunque sus intenciones habían sido evidentes desde el principio, la opinión que ella tenía de él no era para nada clara. En el baile trataría de ser algo más directo e intentaría sacar alguna respuesta de ella. No podía dejar pasar la oportunidad perfecta para hacer una movida romántica, pues después eran la siguientes dos pruebas y cuando menos lo pensara ya estaría en Bulgaria sin saber nada de ella.

No es que ser solo su amigo fuera malo, su personalidad era increíble e interesante. Y aunque estar cerca de ella era toda una experiencia, desde que la vio se había imaginado acariciando sus mejillas, pasando los dedos por sus cabellos, sosteniéndola entre sus brazos. Víctor no era un romántico empedernido, pero ella lo tenía con la mente en la galaxia de sus mejillas todo el día.

El día pasó rápidamente y cuando se acercaba la noche, los nervios del búlgaro alcanzaban unos niveles exorbitantes. Tenía las manos frías y un nudo en el estómago. Temía decir o hacer algo incorrecto y que ella lo rechazara o que se arrepintiera a último minuto y lo dejara plantado. Era una como estar en una montaña rusa, pero de emociones. Cuando menos se dio cuenta había llegado el momento y se encontraba parado en la base de las escaleras esperando.

Estaba rodeado de muchachas ataviadas con esplendidos vestidos y de chicos con túnicas elegantes, como las que se veían en las reuniones de su familia o en los consejos directivos de la selección de Bulgaria. Todos buscaban su pareja y juntos entraban al hermosamente decorado gran salón. Vio a Potter con una bonita chica y se preguntó, después de haber sido repudiado por todos, si estaba con él por quién era o porque era un campeón. Víctor se sentía afortunado de no tener esas dudas con la amiga del chico. No lo había determinado por ser jugador profesional de quidditch, ahora menos lo iba a hacer por ser un campeón. Además, que él le había tenido que prometer algo por ir con ella. Simplemente no había manera.

A cada rato su mirada se dirigía hacia la parte superior de las escaleras y se ilusionaba cada vez que veía alguien bajar, pero se entristecía cuando se daba cuenta que no era ella. En una de esas vio a una muchacha hermosa con un vestido azul y un elegante moño. Solo supo quién era cuando su mirada se fijó en él y sonrió.

¡Era ella! Se veía diferente, pero era un buen diferente. Había recogido su cabello y su cara se veía libre y radiante para que todos la admirasen. Ni en sus sueños más salvajes se había imaginado encontrar en Hogwarts, o en el mundo, tal perfección. Sonrió como un tonto mientras observaba como ella bajaba. Se escuchaban susurros a su alrededor. Aunque estaba atrapado en la otra dimensión donde solo existía su corazón batiendo como loco, escuchó fragmentos que sonaban como "¿Es esa Granger?" "Se ve increíble" "¿Quién será su pareja?".

Cuando llego a su altura él se aproximó y ella le dedicó una aún más radiante sonrisa. "Estas herrrmosa Herr-mio-pe, de verrrdad herrrmosa" dijo con toda la sinceridad del mundo. La muchacha se sonrojo un poco y su mirada se dirigió al suelo. "Tú también te ves muy bien, Víctor". El rogó por que no se notara el acaloramiento de rostro. "Grracias. ¿Entrramos?" Dijo ofreciéndole un brazo caballerosamente, al estilo Durmstrang. Ella posó el suyo delicadamente sobre él y entre los estudiantes asombrados se dirigieron al gran comedor.

Ya adentro cuando sonó la música Víctor y los otros campeones empezaron a bailar al ritmo de un vals lento. Víctor, aunque tenía dos pies izquierdos lo logró hacer decentemente. Hermione bailó magníficamente, mucho mejor de lo que una chica clase media de Inglaterra lo habría hecho. Se preguntó se ella habría tomado clases como él. El joven no le quitó los ojos de encima un segundo y disfruto enormemente el contacto con su brazo y cintura. Ella se veía tímida y miraba al suelo. De vez en cuando levanta los ojos hacia él, sin embargo, los bajaba en seguida intimidada por la penetrante mirada de su compañero. Víctor sentía todos los ojos sobre ellos, y era comprensible, quien podría dejar de mirar a alguien tan hermosa. Pero a Hermione parecía ponerla muy nerviosa y su sonrojo crecía exponencialmente. Cuando terminó en baile de los campeones, aunque Víctor despertó de una fantasía, ella pareció aliviada. Se empezó a llenar la pista y se vieron sumergidos en un mar de gente.

En el banquete conversaron agradablemente, con excepción de los comentarios molestos y fuera de lugar de Karkaroff. Víctor trataba fervientemente de quitárselo de encima pero el siempre parecía querer saber más sobre la familia de Hermione, donde vivía, su desempeño académico y estaba a punto de preguntar por sus ingresos familiares, pero Víctor fingió ahogarse con su bebida y cuando se recuperó cambió de tema rotundamente.

Hermione se veía alegre, charlaba despreocupada mente y hacía caso omiso al poco discreto director de la escuela vecina. Sin embargo, Víctor notó que de vez en vez buscaba algo con sus ojos en la multitud y su semblante se ensombrecía. Víctor se preguntó qué pasaría por su cabeza, pero lo dejó ir, la manera en se reía de sus comentarios era demasiado cautivadora para pensar en otra cosa. Cuando empezó la música y todo salieron a bailar, Víctor le ofreció una mano a Hermione. "Te apetece bailarrr ?" Dijo con una sonrisa. "No quisiera hacer nada más hoy" respondió ella contenta. Pero cuando ya habían dado unos pasos, Karkaroff lo llamó en búlgaro. "Ven un momento" cuando Víctor hizo además de acercase y Hermione de seguirlo es especificó fuertemente en inglés "Solo tú". Ella dio unos pasos atrás un poco asustada y confundida por la repentina muestra de agresividad. Víctor hirvió de rabia por dentro, sin embargo, no quería que absolutamente nada arruinara su noche especial, así que le dio a Hermione una mirada que dejaba entender que todo estaría bien y un gesto que indicaba que enseguida volvía.

Se acercó al exmortifago que lo esperaba con una mirada sería. "Si te vuelvo a ver con esa sangre sucia después de hoy, te devuelvo directamente a Bulgaria y tus padres sabrán que su hijito no ganó el torneo de los tres magos por ser un traidor de la sangre" El joven campeón no golpeó fuerte en la cara al viejo, cómo sus puños cerrados denotaban que se moría por hacer, por dos simples razones. Primero el director tenía la varita debajo de la mano apuntándole directamente y además el profesor Dumbledore parecía estar mirándolos directamente como si supiera exactamente qué estaba pasando.

Víctor contó hasta diez como el entrenador de su equipo de quidditch le había enseñado. Se acercó lentamente hacia el hombre, lo miró directamente a los ojos y casi en un susurro le dijo "Si hago las tonterías que me dices que haga es por qué mis padres confían en tu experiencia como mago, no porque crea que eres superior en ningún sentido. Y aunque creas que no, se la basura que eres. No harás nada de lo que acabas de decir por qué tu autoridad es prácticamente inexistente para mí. Dile a mis padres que me mandaste a Bulgaria sin hacer las últimas pruebas y verás cómo los ingresos tuyos y de la escuela disminuyen drásticamente. Más aún, diles que fue por qué me gustaba una inteligente y amable hija de muggles, verás como el consejo directivo de Durmstrang te pide carta de renuncia por evidente conexión con el que no debe ser nombrado y las artes oscuras. Así que por favor no te metas en mi vida personal"

La cara de Igor Karkaroff se asemejaba a la de alguien que acabará de toma ácido clorhídrico. Empezó a balbucear buscando una respuesta, pero antes de que pudiera articular una palabra coherente, Víctor ya le había dado la espalda y se estaba alejando. Pareció olvidarse por completo de su varita, lo era positivo para el muchacho que en ese momento era mucho más hombre que al que se había estado dirigiendo previamente. Aunque Víctor nunca había sido una persona de grandes discursos o amenazas, había estado guardando poco a poco la rabia y humillaciones hacia él y todos sus compañeros años tras año. Que se metiera con la única con quién no tenía derecho alguno, le colmó el vaso. Mientras giraba le pareció ver a Dumbledore asintiendo en aprobación.

Y sintiéndose satisfecho con la vida se dirigió, acompañado de su hermosa y adorada acompañante, a la pista de baile que le prometía una noche para recordar siempre.