"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K Rowling.

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Segundo cap listo! Quedó en un arranque de inspiración, y no pude esperar más para subirlo. Espero que este sea solo una probadita que vaya compensando lo que leyeron el capítulo pasado, y para que se vayan entendiendo un poco más de cosas que no fueron obvias en el anterior, así como la relación entre Harry y Hermione hasta ahora. Muchísimas gracias a todos por sus reviews tanto de apoyo como de corrección, me ayudan bastante y en serio son lo que me motiva a escribir y continuar con la historia. No olviden dejar su pequeño review después de leer, se los agradecería muchísimo!

Sin más que decir los dejo con el cap, disfrútenlo!

Capítulo 2°: Verdades a la Luz

~Hermione's POV~

-Luna! Oh Luna que gusto verte!-

-Hermione!-

Corrí casi histérica para alcanzar a mi rubia y disparatada amiga y darle un gigantesco abrazo. El abrazo que recibí de su parte fue igual de fuerte y cálido y reímos juntas, luchando por mantenernos en equilibrio.

-Por Dios! Solo llevan unos meses sin verse!-

-Un año y dos meses, Ronald!- me giré para gritarle, y seguí abrazando a mi amiga.

A mi lado, Ron entornó los ojos y meneó la cabeza.

-De acuerdo, de acuerdo- bufó, colocando sus manos en nuestros hombros- Se abrazan y se dicen todo lo que quieran adentro. Mi madre seguramente está histérica, y lo último que quiero es que nos grite por llegar tarde a la fiesta de su querida nieta-

Entramos a los enormes jardines delanteros de la Madriguera mientras yo bombardeaba a Luna con miles de preguntas sobre su viaje a Alemania y su repentino matrimonio con Rolf Scamander.

Desde que nos habíamos "graduado" de Hogwarts y después de la batalla final contra Voldemort, Luna se había convertido en algo más que una compañera para mí. Se había convertido en mi amiga, mi confidente, pero sobre todo…

Se había convertido en mi paño de lágrimas.

-Mujer, tranquilízate y camina. Adentro podrás preguntarle hasta cual es el color favorito de su esposo y si los Brotruckles alemanes son tan agresivos como dicen- dijo exasperado- Pero entremos ya!-

-Bowtruckles, cariño- corregí con una sonrisa y entramos a la Madriguera.

En donde todo era prácticamente un caos.

Cintas de todos los colores pasteles imaginables volaban por el lugar, mientras Molly, Arthur, George, Angelina, Percy, Charlie, Bill, Fleur y algunos otros terminaban de decorar el jardín trasero en donde se celebraría el décimo cumpleaños de Victoire. Mi sobrina en cuestión, sonreía entretenida al ver como su abuela gritaba órdenes a diestra y siniestra, mientras su madre arreglaba el hermoso vestido rosa que ahora llevaba.

-George! Por el amor de Dios! Deja el pastel en su lugar!-

Pude divisar a una ojerosa Ginny acomodando las sillas para los invitados mientras charlaba con algunos miembros de la Orden y amigos de Hogwarts. Y un poco más alejado, sentado en una de las sillas mientras platicaba con Neville y con la mirada pérdida, estaba Harry…

Un ojeroso y perturbado Harry.

Y comprendí al instante que todo había terminado.

Lo más curioso fue que no supe si alegrarme o enfurecerme. Opté por no sentir nada, segura de que no tendría éxito.

-Vaya vaya! Hasta que te dignas a aparecerte Ronald Weasley- histérica, Molly alzó sus brazos al cielo y yo volví a la realidad- Hermione, querida, te he extrañado estos días-

Haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírme, miré a mi esposo abrir la boca indignado.

-Pero…pero si la viste hace cuatro días! Y a mí no me has visto en semanas!-

-Por eso mismo Ronald! Y aún así tienes el descaro de llegar a gritarle a tu madre!- ante aquello, mi esposo abrió aún más la boca, intentando defenderse.

De todas formas no fue necesario.

-Oh Santo Cielo! Luna! Mi querida niña!-

Pasando de largo a Ron, Molly se abalanzó sobre Luna para plantarle un beso en la mejilla y abrazarla.

Incapaz de aguantar más solté una carcajada y dándole un beso en la mejilla a mi suegra, me dirigí al patio trasero para terminar de ayudar, mientras Ron se ponía a discutir histérico con Arthur sobre el comportamiento irracional de su madre.

Salí sonriente al tiempo que Ginny, mordiéndose los labios e intentando no llorar, entraba apresurada a la casa. Intenté parecer indiferente, y sonriendo de nuevo saludé a Neville, Dean, Seamus, Padma y Parvati y algunos otros, así como a Kingsley, a Hagrid y para mí sorpresa a la Profesora McGonagall, quienes charlaban alegremente mientras los amigos de Victoire iban apareciéndose de a poco junto con sus padres.

Mi sonrisa desapareció en cuanto vi a Harry en el centro del círculo, platicando de buen humor y riendo con los que estaban ahí.

Utilizando aquella máscara que yo conocía tan bien.

Lo miré fijamente una vez que estuve justo delante de él en el círculo. Y de la misma manera que conmigo, su sonrisa desapareció al instante mientras me devolvía la mirada.

No necesitó decírmelo. Aquella fue una muda confirmación de mis sospechas, y no pude hacer nada más que sonreír tristemente.

Deseando por un momento que todos a nuestro alrededor desaparecieran para poder abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien.


-Es un gusto verte, Hermione- comentó Luna con voz dulce- Te extrañé este tiempo-

-Y que lo digas!- sonreí emocionada, pasándole el tarro de cerveza de mantequilla mientras bebía del mío.

Mientras la hermosa fiesta de Victoire resultaba ser todo un éxito afuera, en donde la noche estrellada comenzaba a iluminar el jardín ya iluminado con velas, los niños miraban los juegos pirotécnicos que empezaban a lanzarse al cielo y que seguirían por horas, los amigos y la familia tenían una reunión en donde charlaban y reían como nunca; yo había subido con Luna hasta la habitación que alguna vez fuera de Ginny para ponernos al corriente con nuestras vidas.

Necesitaba preguntarle tanto, y contarle tanto.

-Te veo feliz con Ron, me da muchísimo gusto- sonrió, tomando un sorbo.

Consciente de la afirmación de Luna, ignoré el doble significado de aquella afirmación y sonreí ampliamente.

-Lo soy Luna, lo soy- afirmé tomando otro sorbo de cerveza mientras me sentaba en el piso- Ron me hace sentir tan única, tan especial, tan amada…-

-Lo sé, se ve que no tiene ni tendrá ojos para nadie más-

Miré por la ventana un momento y a lo lejos pude distinguir a mi esposo quien, emocionado cual niño, miraba hacia al cielo y apuntaba los cohetes mientras cargaba al pequeño Fred.

Sonreí con nostalgia.

-Por cierto, no han…- se detuvo un momento y sonrió- ¿No han pensado en tener hijos?-

Alejé mi vista de la ventana y la miré sonriente.

-Nos gustaría hacerlo- me detuve dudosa- A Ron le encantan los niños y ya llevamos cuatro años casados, además, Molly está ansiosa por más nietos- entorné los ojos, Luna río- Pero tanto Ron como yo queremos esperar. Él está muy ocupado ahora con Sortilegios Weasley y yo vivo cargada de trabajo, acordamos que una vez se establezca en donde él quiere y me asegure que no hay que mudarnos, empezaremos a intentar-

-Entiendo- dijo quedamente y tomó otro sorbo de cerveza- Me parece lo más sensato-

-Si, a nosotros también, aunque los demás no lo entiendan- sonreí mientras miraba el tarro por la mitad, justo antes de abrir mis ojos de golpe- Pero eso que importa!- me golpeé la frente con la mano- Tu! Y Rolf! El nieto de Newt Scamander! Casados! ¿Cómo ha pasado eso?-

Miré a Luna reír, obviamente divertida ante mi repentino cambio de tono por haber olvidado el motivo principal por el que estábamos ahí.

-No hay mucho que decir- comenzó, sonrojándose al acto- Lo conocí buscando nidos de Bowtruckles en Alemania, y de inmediato supe que era nieto del autor por el que me convertí en Hechicera Naturalista y que éramos el uno para el otro- se sonrojó aún más y bajó la mirada.

-Ay amiga!- exclamé juntando mis manos emocionada- Pero que romántico! Pero dime, ¿Dónde rayos está? ¿Y cómo es posible que no esté aquí?- pregunté ofendida.

-Ha tenido que quedarse un tiempo más en Alemania para terminar un reporte sobre las criaturas encontradas- sonrió de nuevo, como solo ella podía- Créeme, a él más que a nadie le interesaba venir hoy- entornó los ojos, meneando la cabeza- Cuando supo que era amiga de Harry Potter y que vendría a la fiesta, se puso como loco-

La mención del nombre nos calló casi de inmediato y bajamos la mirada, formando un aura de tensión al recordar la situación que Harry atravesaba.

-Por cierto…- continuó Luna, yo la miré atenta- Supe que…que parece ser un hecho que Harry y Ginny planean divorciarse-

-No parece, Luna- suspiré- Es un hecho. Yo misma…-callé un poco, mirando de nuevo mi tarro casi vacío- Yo misma arreglé los papeles desde hace un mes, Ginny me lo pidió-

-¿Y…no le dijiste nada a Harry, o a Ron?- preguntó Luna con ojos desorbitados, sorprendida.

-Le prometí a Ginny que no lo haría, Luna- me mordí el labio culpable- Y antes que nada soy abogada y Ginny también es mi amiga-

-Lo sé pero es que tu…nunca le ocultaste nada a Harry y…-

Luna seguía boquiabierta, obviamente sorprendida de que hubiera accedido a complacer a Ginny y guardarme su secreto. Pero sobre todo, sorprendida por haberle ocultado la verdad a mi mejor amigo.

-No sabes cuantas veces estuve a punto de decírselo- tragué saliva, aún sintiéndome culpable- Pero era algo que le correspondía a Ginny y yo…-dudé un poco- No quería ser yo quién le causara dolor-

La mirada azul de Luna se suavizó, y me arrepentí de haber dicho aquello.

-Entiendo que te preocupes- murmuró comprensiva- Siempre lo hiciste por él, eres su mejor amiga-

No contesté. Me limité a mirar por la ventana de nuevo, buscándolo con la mirada, pero no lo encontré.

-Y siempre lo has querido tanto-

Escuché a Luna murmurar aquello con cuidado. Inspiré hondo y sin atreverme a mirarla a la cara, seguí mirando por la ventana.

-Soy su amiga, claro que lo quiero- contesté casi autómata, deseando que Luna dejara de hablar.

-Sabes a que me refiero- contraatacó, y yo fingí no escucharla- No me refiero a cariño-

La miré. Intenté serenarme antes de decir algo estúpido, o de sonrojarme y comenzar a balbucear. O peor aún, de decirle que se fuera de ahí y me dejara sola. Haciendo acopio de todas mis fuerzas, sonreí divertida.

-Ay Luna, te afectó el bosque- entorné los ojos- Harry siempre ha sido y será mi amigo, tú lo sabes- reí, intentando desviar el tema de la conversación.

Yo sabía hacia donde quería llegar Luna con todo esto. Y no me gustaba para nada.

-¿Ah sí?- alzó una ceja, mirándome entre preocupada e interrogante- Y dime…¿Por eso fue que te encontré llorando el día que se casó con Ginny?-

Aquella pregunta me cayó como un balde de agua fría. Sabía que tarde que temprano llegaría. A pesar de que habían pasado poco más de cinco años desde ese día en el que Luna me había encontrado llorando en la boda de Harry, ella nunca había tocado el tema hasta hoy.

La boda de Ginny y Harry había sido el golpe más duro que había recibido en mi vida. Cuando supe por boca de él que contraería nupcias, todas las esperanzas que alguna vez había albergado con él se habían esfumado para siempre. Y lo peor vino cuando Ginny me pidió, casi por órdenes de Harry, que fuera su dama de honor.

Aquello había sido más de lo que podía soportar.

Harry había sido mi primer amor. Lo había conocido siendo una niña, y había vivido las experiencias más terroríficas y las más felices de mi vida a su lado. Siempre estaba ahí. Lo cuidaba, lo protegía, lo escuchaba, y él hacía lo mismo conmigo.

Y en algún momento me enamoré. Tal vez lo amaba desde que lo había conocido, pero era tan terca que no podía ni quería admitirlo. Tal vez porque sabía que amarlo era un error. Era un error que me iba a costar caro y que me iba a causar un dolor inimaginable.

Harry era El Elegido. Podía morir en la batalla final, podía no volver a verlo jamás en mi vida.

Pero lo peor era que él jamás había sentido ni sentiría lo mismo por mí. Yo solo era su mejor amiga. Yo solo era…Hermione.

Él amaba a Ginny.

Y a pesar de todo fui tan tonta como para esperar que en algún momento la dejara y se fijara en mí. Esperé cinco años, cinco años de vivir un amor en silencio, luchando porque nadie lo notara jamás.

Y finalmente él se había casado con Ginny. Fue el día en el que me permití derramar la última lágrima por él y busqué un rincón alejado para hacerlo, segura de que nadie me encontraría.

Pero Luna lo hizo.

No pude mentirle. No pude decirle que se me había atorado una basurita en el ojo, no pude decirle que era la emoción de la boda. Permití que fuera mi confidente y mi desahogo, y le confesé todo.

Lloré en su hombro por casi dos horas, jurando que aquella sería la última vez que derramaba lágrimas por Harry James Potter.

Y así fue.

Después llegó Ron. En realidad siempre estuvo ahí. Jamás se dio cuenta, como nadie más lo hizo, de que estaba enamorada de su mejor amigo. Era mi novio y lo quería, pero inconscientemente siempre tuve la esperanza de que Harry se fijara en mí por fin.

Claro que nunca lo hizo. Y cuando se casó con Ginny supe que todo estaba perdido.

Ron me propuso matrimonio unos meses después y acepté sin dudarlo. A él también lo amaba después de todo, aunque tal vez no con la misma intensidad.

Todo eso cambió cuando me casé. Era dulce, delicado, amable y me amaba como nadie, y con él conocí el amor. Me hizo suya de todas las maneras posibles, y me enamoré perdidamente de él. Me hacía feliz todos los días que pasaban y finalmente, el dolor en mi pecho que sentía cada vez que veía a Harry besar a Ginny había desaparecido.

Ron había sido mi salvación.

-Amo a mi esposo, Luna- dije convencida, mirándolo reír a través de la ventana.

-Yo lo sé, Herms- murmuró Luna- Sería imposible que no lo hicieras, pero, Harry…-

-Harry fue solo un amor estúpido y platónico- la corté tajante- Y Ron es quien me pidió que me casara con él. El se convirtió en mi esposo y ahora lo amo a él-

-Yo lo sé, pero sabes muy bien lo que dicen de los primeros amores- sonrió, tentando a su suerte- El primer amor es el único, Herms-

-Te tengo una mejor- torcí la boca un poco- El importante es el último y no el primero-

Derrotada, Luna entornó los ojos y bufó cansada. Yo sonreí, feliz de que por fin se callara y dejara de decirme aquellas cosas.

Feliz de que dejara de atormentarme.

-Ay ésta bien!- soltó frustrada- Tu ganas!- sonreí complacida, ella volvió a entornar la mirada.

-Gracias!-

Sonreí ampliamente, y volví a mirar por la ventana.

-Pero…dime…- la escuché decir, y yo cerré mis ojos exasperada porque siguiera con el tema- Ahora que ves lo que pasa con su matrimonio, no te preguntas ¿Qué habría pasado si hubieras sido tú y no Ginny?-

Suspiré largamente, mirando aún por la ventana como todos seguían admirando el cielo lleno de luces de colores.

-No, la verdad es que no-

Mentí, mirando como Harry salía de la casa hacía los jardines para admirar el espectáculo.


~Harry's POV~

Suspiré, escuchando a mis amigos y miembros de la Orden charlar entusiasmados mientras miraban el cielo nocturno iluminado por los fuegos artificiales. Sonreí al escucharlos, y decidí que era mejor no acercarme y contagiarles mi mal genio. Además, en cualquier momento saldría Ginny, y no tenía el valor para mirarla a los ojos después de lo que había pasado anoche.

Y por lo que había notado, ella tampoco lo tenía.

Caminé lentamente hasta llegar lo más lejos que pude de la casa sin salir de La Madriguera. Después de todo quería seguir observando los fuegos artificiales.

Encontré un tronco hueco que servía como banco para alimentar a los peces del pequeño estanque y sin más, me senté para seguir mirando el cielo.

Esa mañana había despertado solo, con la sensación de que tal vez lo de anoche había sido un simple sueño. Tardé menos de diez segundos en tocar el aún cálido hueco a mi lado para darme cuenta que no lo había sido.

Por un momento pensé que aquello había sido una prueba de que tal vez aún quedaba algo por rescatar en nuestro matrimonio y con aquella esperanza bajé a la sala para descubrir que ella no pensaba igual.

Los papeles de divorcio estaban sobre la mesita, y ahora tenían dos firmas. Tenían su firma.

Y cerca de la puerta había dos maletas que pude reconocer como suyas.

Tuve que reprimir mis deseos de buscarla y gritarle a la cara el error que estaba cometiendo, que nos estaba haciendo cometer. Sin embargo, lo único que pude hacer fue limitarme a esperar que regresara.

Y cuando finalmente lo hizo lo único que había hecho era mencionar la fiesta de Victoire, que se mudaría lo más rápidp posible y que esa misma noche le diríamos a la familia que oficialmente estábamos divorciados.

Y sin más, había abandonado mi habitación mientras me señalaba la ropa que había preparado para que me pusiera esa tarde.

Ahora aquí estábamos. Fingiendo que seguíamos siendo la pareja feliz de cuento de hadas, teniendo que ocultar ante todos que por dentro moría poco a poco.

Y que a partir de unos días estaría viviendo como siempre había estado toda mi vida, solo.

-¿Harry?-

La dulce voz de Hermione llegó a mis oídos, y volteé casi de inmediato al reconocerla. Y ahí estaba. Parada justo detrás de mí, cruzada de brazos, con su cabeza ladeada y mirándome preocupada.

-¿Qué haces aquí?-

Sonreí, haciéndole un espacio en el tronco e indicándole con la mano que se sentara a mi lado.

-Creo que debería preguntarte lo mismo, Herms- mencioné mientras se sentaba, y miré el estanque- ¿Cómo supiste que estaba aquí?-

-Te vi…- dudó un poco, y yo volteé a mirarla- Te vi venir hacia acá desde una de las ventanas- sonrió apenada, yo sonreí todavía más.

-¿Con qué espiándome, Granger?-

Alcé una ceja inquisitivo, ella soltó una dulce carcajada que me sacó otra sonrisa.

-Pues últimamente no me dejas mucha opción, Potter. Te has estado escabullendo de todos desde hace horas, no podía dejarte morir aquí-

-Vaya, pensé que no lo habías notado, pero al parecer no puedo deshacerme de mi conciencia, que desde que tengo memoria está encerrada en el cuerpo de mi mejor amiga-

La miré de nuevo de manera arrogante, y ella abrió su boca ofendida para defenderse.

-Óyeme Harry James Potter!- me golpeó en el hombro lo más fuerte que pudo, y yo lo sentí más como una caricia- Que mira que te he salvado el pellejo muchísimas veces!-

Ahora fue mi turno de soltar una carcajada. Tomando su cabeza suavemente con una mano, le planté un fuerte beso en la coronilla.

-Hermione- susurré con mis labios aún en su sien- Si no fuera por ti, por Merlín que ahora estaría muerto-

La sonrisa que tenía en sus labios desapareció y su mirada se suavizó de pronto. Me miró cálidamente, como si lo que le acababa de decir la hubiera conmovido en serio.

Comprendí que aquella era la primera vez que le decía algo así.

Era la primera vez que le agradecía lo que había hecho y aún hacía por mí.

-Eres mi mejor amigo Harry, es lo mínimo que puedo hacer-

-Has hecho demasiado por mí Herms, tanto que ni siquiera sé cuándo ni cómo podré pagártelo-

Me miró extrañada, tal vez porque ahora de pronto estuviera diciéndole todo aquello que tenía que haberle dicho años atrás.

-¿Qué te pasa, Harry?- preguntó divertida, tomando mi mano y apretándola con ternura- ¿Estás enfermo o algo así?-

Miré la pequeña mano que apretaba la mía y solté una risa algo irónica. Tragué en seco y miré al cielo estrellado para ver explotar en el cielo un cohete, formando una hermosa V gigantesca en color rosado.

-Supongo que sí, digo, no han sido mis mejores días desde lo de Voldemort-

Reí de nuevo, y ella no pudo hacer más que mirarme enternecida. Lo apreciaba, pero en aquél momento solo me hizo sentir peor.

-Lo siento, Harry-

Susurró quedamente y colocó una mano la mano que le quedaba disponible para acariciar mi espalda.

-Supongo que ya estás enterada de todo ¿No?-

Asintió suavemente, y continuó con la caricia en mi espalda. La oí suspirar. Yo la miré.

-Sí, solo que, no pensé que fuera a darte los papeles tan rápido…Creí que…-

Calló rápidamente, y desvió su mirada al instante, como buscando algo imaginario en el piso. Y supe que estaba escondiendo algo. Conocía aquél gesto de ella a la perfección.

-¿Creíste que, Herms?-

-Nada…solo que…pensé que, bueno no sabía que lo iba a hacer tan rápido, porque cuando me lo dijo ella ya…bueno Ginny también es mi amiga, Harry, entonces…- comenzó a balbucear cosas sin sentido.

Yo fruncí el ceño, sin entender nada de lo que intentaba decirme. Aquello confirmó mis sospechas, claramente estaba evadiéndome.

-Hermione…- la callé de inmediato, y solté mi mano lentamente del amarre de la suya- Tu ya lo sabías desde mucho antes ¿No es así?-

-Harry…-

Me miró culpable, mordiendo su labio inferior mientras dejaba escapar un gemido entrecortado.

Me levanté de mi asiento, y me alejé de ella lentamente mientras la miraba.

-¿Fuiste tú quién procesó los papeles verdad?-

-Harry, yo…-

-¿Fuiste tú?-

Subí mi tono de voz un poco, mientras ella se levantaba y seguía mirándome. No tuvo más remedio que contestar a esa pregunta de la cual yo ya sabía la respuesta.

-Sí, Harry- soltó el aire contenido, y me miró fijamente- Ginny me pidió que procesara los papeles-

-¿Desde cuándo?-

-Hace poco más de un mes…-

Solté un suspiro frustrado. Sentí como si me hubiera tragado una roca que se había alojado entre mis pulmones, oprimiéndome el pecho. Mi respiración se volvió agitada, mientras, frente a mí, mi amiga me miraba entre preocupada y compasiva. Aquello no hizo más que enfurecerme.

-¿Cómo pudiste…- comencé, incapaz de hilar pensamientos coherentes- ¿Cómo fue que no me dijiste nada, Hermione?-

-Harry…- comenzó, acercándose a mí mientras juntaba sus manos- Ginny me pidió que no te dijera nada, le hice una promesa…y…-

-¿Y no pudiste decirle nada a tu mejor amigo?- solté exasperado, caminando de un lado a otro cerca del lago- Me viste…me viste hacer cosas por ella, intentar rescatar algo perdido, ¿Y aún así no pudiste decírmelo?-

Miré como sus ojos comenzaban a humedecerse, y comenzó a caminar en dirección a mí.

-Harry, entiende por favor- me dijo culpable- Ginny también es mi amiga, y yo no podía…-

Me acerqué rápidamente a ella y la tomé por los hombros, con su rostro quedando a escasos centímetros del mío.

-¿Y yo qué, Hermione? ¿Yo qué?- reclamé herido, ella solo me miró con sus enormes ojos.

Con sus hermosos ojos castaños que no hacían más que mirarme con ternura. Como siempre lo habían hecho.

Por eso me dolía mucho más que mi mejor amiga me hubiera ocultado todo, casi de igual manera que me había dolido firmar el divorcio. Me dolía que Hermione no hubiera estado ahí para mí. Que una de las pocas personas valiosas en mi vida me hubiera mentido.

-Harry, lo lamento…- siguió exasperada, sin miedo a mi reciente reacción- Quería decírtelo, pero no podía…simplemente no podía!-

-¿No podías?- solté aquello al mismo tiempo que solté el amarre en sus hombros.

Me alejé de nuevo, sonriendo con sorna. Ella cerró los ojos, obviamente herida por mi reacción.

-¿Qué no podías?- repetí furioso, ella abrió sus ojos para mirarme seria- ¿Y por qué? ¿Qué acaso te preocupaba que Ginny se molestara?-

-No- dijo tajante.

-Déjame adivinar…¿Una abogada nunca traiciona a sus clientes?-

-No es eso- volvió a decir seria, yo solté una carcajada.

-¿Entonces, Hermione?- pregunté sarcástico, acercándome de nuevo a ella con las manos en los bolsillos, ella no contestó- ¿Entonces?-

Elevé la voz demasiado, incapaz de entender porque me lo había ocultado. Aquella conversación ya no tenía sentido, pero ahora se había vuelto necesidad saber el porqué Hermione no me había dicho nada. Por qué me había herido hasta lo más profundo, y sin decir una sola palabra.

-Maldita sea, Hermione!- grité y me acerqué hasta quedar casi pegado a ella. La tomé por los hombros y la zarandeé levemente- Dímelo!-

-Porque no quería ser yo quién te hiciera sufrir! Por eso, gran idiota!-

Aquella revelación me cayó como un balde de agua fría. La miré sorprendido, paseando mis ojos por aquél rostro lleno de culpabilidad y sincera preocupación. Y en aquel instante me sentí como el ser más miserable del mundo.

-Hermione…-

-No soportaba verte así Harry- continuó, poniendo un mano en mi pecho- Mucho menos podía ser yo quien te lo dijera, ser yo una de las causantes de más dolor…-

Tragué saliva, sintiéndome como una verdadera basura y arrepentido de haber tratado así a la única persona que en realidad se preocupaba por no causarme dolor.

La única que siempre se había preocupado por jamás verme sufrir.

Solté un largo suspiro, cansado de todo aquello. Sin poder contenerme, miré una última vez sus enormes ojos castaños y la pegué a mí en un abrazo, hundiendo mi cabeza en uno de sus hombros.

Y sentir su calidez fue lo único que necesité para quebrarme. Lo único que me dio las fuerzas para por fin desahogarme.

-Oh Harry…- murmuró con voz quebrada.

Sentí sus delicadas manos pasar por encima de cuello hasta detenerse en mi nuca, en donde sus dedos comenzaron a acariciar con delicadeza.

-Lo siento tanto, Harry-

La tomé por la cintura y la apreté contra mi cuerpo, incapaz de mirarla de nuevo a los ojos. Ella siguió acariciando mi cabello mientras me calmaba con ligeros sonidos de ánimo.

Y olvidándome de todo, me quedé abrazado a Hermione hasta que derramé la última lágrima.

Y hasta que él ultimo cohete explotó en el cielo.


¿Review?