Capítulo 3
El domingo fue un día tranquilo para los dos. Hermione descubrió que Snape se levantaba todavía más temprano que ella.
El desayuno ya estaba listo cuando bajó a la cocina, esperando encontrar todo hecho un desastre. El café estaba un poco fuerte, (Hermione estaba segura que en cualquier momento, le iban a salir pelos en el pecho), pero sorprendentemente, el desayuno era más que tan solo pasable.
Aun cuando ella y su huésped estaban muy inclinados a torearse mutuamente, Hermione encontró que pasar el tiempo con Snape, en realidad, era bastante tolerable. La ayudó a clasificar cosas de una caja, trabajo que hacía tiempo venía posponiendo. La caja en cuestión, contenía cosas que habían pertenecido a sus padres: libros, algunas partituras y una tabla de ajedrez. Hermione se quedó pasmada cuando Snape admitió que podía leer las partituras, y cuando ella se mostró escéptica, él tomó la amarillenta hoja de papel y le hizo señas para que lo siguiera hasta la sala.
El piano había sido empujado hacia un costado, y había estado allí por tanto tiempo que Hermione a menudo olvidaba que estaba ahí. Su mamá solía tocar y le había enseñado a ella, pero solo cuando de buen humor, le daban ganas de tocar, y siempre eran las melodías que se había aprendido de memoria.
"¿Cuándo fue la última vez que afinaron a este piano?" Preguntó Snape, frunciendo el ceño al tocar algunas teclas.
"Ha pasado tiempo." Admitió la joven, viendo cómo Snape se sentaba frente al teclado.
"Hmmm…"
Snape se quedó callado mientras acomodaba la partitura. El piano podrá haber estado desafinado, pero eso no evitó que el Profesor demostrara sus muy impresionantes habilidades, y Hermione se vio forzada a cerrar la boca cuando él terminó de tocar.
"Eso fue…muy bueno…excelente, de hecho."
"Gracias. ¿Y tú? ¿Tocas?"
"Un poco. Bueno, solía tocar más cuando era más joven. No era Chopin, pero era relajante. Papá solía decir que le gustaba escucharme tocar, pero es posible que solo lo dijera para hacerme sentir bien.
Entonces, fue el turno de Snape de ser escéptico.
"Conociendo tu tenacidad para hacer las cosas bien, diría que estás cerca de ser Chopin."
Hermione, de nuevo, no supo distinguir si era otro velado insulto, escondido tras una forma de halago, y Hermione no tuvo ni que preguntar, ya que Snape mismo sugirió volver a trabajar con la caja, antes de empezar con la cena.
Hermione despertó tarde ese lunes, más de lo que hubiera querido. Casi se pasa de sueño, a pesar de la alarma, y Snape había golpeado la puerta de su habitación cuando el molesto sonido seguía sonando. La noche anterior, había estado más cansada de lo habitual, pero la conversación con Snape había sido intrigante, así que se había olvidado de dormir.
Todavía estaba cansada cuando llegó al trabajo, y trató de despertarse con una taza de té. Media hora después de terminar con el té, la cabeza comenzó a darle vueltas. Apoyó los brazos sobre el escritorio y apoyó la frente sobre ellos, y se maldijo por no haber avisado que estaba enferma. Odiaba dar parte de enfermedad, porque amaba su trabajo, pero lo único que ahora podría traerle comodidad, era su cama.
"Hermione, ¿estás bien?"
Hermione ni siquiera se molestó en ver quién estaba parado frente a su escritorio. La poca energía que le quedaba, la necesitaba para otras cosas, como por ejemplo, tomar el cubo de la basura, ya que el desayuno amenazaba con una reaparición.
"No…no lo creo…"
"Entonces, ¿no deberías ir a casa? No serías la única. Mi secretario se reportó enfermo también. Aparentemente, hay algún virus dando vueltas."
"No…puedo…ir…a…casa…mucho trabajo…"
"Tonterías. Vamos, arriba."
Un par de fuertes manos se deslizaron bajo los brazos de Hermione, con cuidado, la ayudaron a ponerse de pie. La chica castaña abrió un poquito los ojos y encontró al Sr. Weasley, mirando su rostro con curiosidad.
"No te ves nada bien. ¿Necesitas que alguien te acompañe a casa?"
"No, creo que me las puedo arreglar." Murmuró ella, débilmente, presionando una mano sobre la frente, buscando el pulso en las sienes. "Solo necesito decirle a Kingsley que…"
"Yo le daré tu mensaje. Le diré que estás enferma y que necesitas regresar a casa." Interrumpió el Sr. Weasley. "Además, aún no ha llegado. Acabo de salir de su oficina."
El piso encerado parecía negarse a quedarse quieto, o al menos. Eso era lo que le parecía a Hermione. No le tomó más de un segundo para decidir que el consejo del Sr. Weasley era lo mejor, e incluso, aceptó su oferta de llevarla de regreso a las chimeneas.
En el momento en el que llegó a casa, las ganas de vomitar era tan fuertes que tuvo que correr para llegar al retrete, que estaba al final del corredor, con el tiempo justo.
"Ay dios…" Lloriqueó la chica, rezando para que la habitación dejara de dar vueltas. ¿Por qué diablos había escogido su madre unas baldosas tan feas para el piso del baño? El diseño floral podría parecer bonito si se estuviera de pie, y quieto, pero ahora, todo se movía y cambiaba de forma, hasta parecer como si estuviera viendo una escena de accidente de carretera.
El tan solo pensar en eso, fue suficiente para que su ya muy sensible estómago decidiera que era hora del segundo asalto, y Hermione, que sentía que aún estaba en las etapas iniciales de una muy lenta y dolora agonía, cuando la puerta del baño se abrió.
"¡Jesucristo Granger!" Snape la recibió con sus habituales bruscas maneras, al ver el rostro pálido y la respiración errática. "¿Acaso te contagiaste de la peste de alguien más?"
"Largo." Masculló Hermione, sin ganas de chocar con él y su boca sucia.
"No estarás embarazada, ¿no?"
"Para eso, tienes que joder con alguien."
El silencio después de una respuesta tan personal, fue incómodo, al menos para Snape, ya que a Hermione le importaba un comino.
"¿Debería…quiero decir…hay algo que pueda hacer?" Preguntó tímidamente, después de aclararse la garganta.
"Si, cierre la maldita puerta y déjeme morir en paz. Odio estar enferma y quiero que usted me vea así."
"Bueno, si así es como piensa comportarse…"
Y Snape se vio interrumpido nuevamente cuando Hermione comenzó a vomitar nuevamente. En lugar de abandonar el lugar, como ella le había pedido, se acercó a ella y le sostuvo el cabello, aguardando hasta que hubo terminado, para luego ayudarla a ponerse de pie.
"Está bien, está bien." Jadeó la chica, apenas consciente del fuerte agarre que Snape mantenía en sus hombros. "Creo que estoy bien. Solo necesito enjuagarme la boca e ir a la cama."
"¿Por qué no te quedaste en casa si te sentías enferma?"
Alzando los hombros casi sin entusiasmo, Hermione se puso a buscar una toalla que pudiera empapar con agua fría para ponérsela en el rostro.
"Pensé que sería lo cocinaste anoche, y pensé que podía arreglarse con un Rennie."
"Mis chuletas de puerco no estaban tan mal, además, ¿no dijiste anoche que no te sentías bien?"
"Así es." Hizo una pausa para tomar aire, luego se miró los pies con curiosidad. "¿Por qué me falta un zapato?"
Snape alzó una ceja y fue hasta el baño, regresando momentos después con el dichoso zapato en la mano. "Creo que se te escapó cuando corrías para desperdiciar el desayuno que con tanta dedicación te preparé."
"Si, y con el que trataste de envenenarme." Comentó Hermione y todavía tuvo el descaro de reírse a carcajadas al ver la petulante expresión en el rostro de Snape. "Estoy bromeando. Claramente, tus habilidades en la cocina son muy recomendables, porque es evidente que tú no estás enfermo. Ahora, si me disculpa, voy a sumirme en un agradable y cómodo estado de coma."
Hermione casi se arrastró y, lentamente, comenzó su camino hacia la escalera. No tenía idea que una par de oscuros ojos la seguían con absoluta atención, a medida que ella se aferraba de la barandilla y se arrastraba hacia arriba.
Uno de los zapatos seguía en su pie, el otro, se quedó al pie de la escalera. El que le quedó puesto, fue retirado de inmediato, para que luego, Hermione luchara para quitarse la ropa. Una vez que estuvo en apenas bragas y sostén, colapsó sobre la cama y se cubrió con las mantas. El mero esfuerzo de haber tenido que trasladarse hasta la habitación y desvestirse, la habían dejado, por completo, sin energías, y ese mullido y suave colchón, era una bendición.
"Solo una pequeña siesta…es todo lo que necesito…." Murmuraba para sí misma, cerrando los ojos.
SSHG
"Granger…Granger…"
"Hermione."
Ella conocía esa voz. Conocía ese tono. ¿Cuántas veces, esa voz había cortado sus avances en clase? En dos disciplinas diferentes, Pociones y DCAO. De haber podido decirle a Snape lo que pensaba de él en ese momento, y salir viva, lo hubiera hecho. Sin embargo, eso la llevó a preguntarse algo más. ¿Qué diablos hacía en su habitación?
"Déjeme en paz profesor, ya no soy su jodida alumna."
"Linda manera de saludar a alguien que intenta ayudarla."
El tono de voz, familiar y mordaz, sonaba como si fuera algo más que un simple sueño, y eso forzó a Hermione a abrir los ojos.
"Lo siento. Por un momento, olvidé dónde estaba.
"Evidentemente."
A juzgar por la luz que se colaba por las rendijas de la ventana, Hermione se arriesgó a pensar que era casi de noche.
"¿Cuánto tiempo he dormido?" Preguntó la joven, intentando sentarse, y cambiando de opinión cuando comenzó a sentirse mareada.
"Cinco horas, casi seis. Golpee la puerta un par de veces, para ver si necesitabas algo. Obviamente, no escuchaste."
"Qué considerado." Murmuró ella, hundiendo el rostro en la almohada.
"No me lo recuerdes. A juzgar por el estado de tu cabello, y la sábana pegada a tu piel, puedo afirmar que tuviste fiebre."
"¿Es por eso que siento mi cabeza como si hubiera estado apareciéndome una y otra vez?"
"Es una muy factible posibilidad. Te traje algo de beber, por cierto. No creo que tu estómago tolere más que esto."
Hermione levantó la cabeza, tan alto como le era posible, y abrió un ojo para ver un gran vaso, lleno con un líquido anaranjado sobre su mesita de noche.
"Gracias… ¿Lucozade? ¿De dónde salió esto? No tenía nada de eso."
"El hada del Lucozade pasó por aquí." El tono de voz de Snape sugería impaciencia, pero al punto, él añadió. "Salí a dar una vuelta, si quieres saber."
"No hay ninguna tienda mágica en las inmediaciones. ¿De dónde sacaste dinero muggle?"
"Me robé unas monedas de tu bolso mientras dormías." Esas palabras estaban recargadas de ironía.
"Siempre llevo conmigo dinero mágico y dinero muggle, para este tipo de situaciones. Ahora, bebe el jodido Lucozade, y que dios me ayude si haces otra pregunta estúpida Granger, porque me olvidaré de la apuesta y juro que hechizaré esa boca tuya para mantenerla cerrada."
'No hay necesidad de ser tan gruñón.' Pensó Hermione, pero si tomó el vaso que Snape le ofrecía. El Lucozade siempre le había resultado horriblemente dulce, pero en ese momento, era como ambrosía. El refrescante y helado líquido era un bálsamo para su sobre calentado cuerpo. Ni bien terminó de beber, volvió a hundirse en las almohadas y apenas si notó que era suavemente arropada.
N/T: ¡Horror! ¡Qué feo es estar enferma de esa manera! ¡CARAJO! Aunque, si Severus fuera mi enfermero, no me importaría tanto…pero lo de la vomitada, te la regalo ¿eh?
