La Fragilidad de la Flor Lunar

Brezo Púrpura: Soledad, Belleza, Admiración

Naruto le había hecho viajar a una velocidad que no estaba acostumbrado, una parte quería quejarse de que a su edad no estaba para esas corridas, sin embargo, no podía negar la desesperación que se veía en el rostro de Naruto tras saber quien era precisamente el Kazekage, el hecho de que compartían el estatus de Jinchūriki llevando a la confesión, no solo de su bestia con cola si no de las emociones de lo que causó crecer con ella. Junto a ellos, Temari y dos chunin les guiaban por las calles y pasadizos de Sunagakure con destino al hospital donde su otro hermano estaba internado en alerta roja por envenenamiento, claramente causada por una creación de Akasuna no Sasori.

Pero lo que se sabía no era mucho, corrieron a toda velocidad, Temari siendo quien demostrara su desesperación ahora al apretar el paso lo más posible hasta llegar a una sala donde dos ancianos se encontraban a ambos lados de una cama, un hombre que fácilmente podría reconocer como Baki y una mujer inclinada sobre el cuerpo de Kankuro revisando sus signos vitales. La habitación amplia casi vacía salvo por menores comodidades, pero no fue algo que pudo apreciar a gusto ya que lo primero que vio en cuanto fue a cruzar la puerta se trató de un puño...

Que iba directo a él sin detenerse hasta que lo hizo con un titubeo, realmente no estaba escuchando lo que decía una anciana mujer, baja y de cabello gris y manchas de edad en el rostro, porque sus ojos estaba en otro lugar completamente.

La mujer junto a Kankuro había levantado la cabeza antes de escupir en un tarro de metal, la cabellera rosa sería capaz de reconocerse a la distancia, solo conocía una persona con ese tipo de cabello natural.

"Sakura-chan" Casi nunca había agregado un sufijo cariñoso al nombre de ella ni de ninguno de sus alumnos a menos que fuera para bromear o irritarles, pero allí, viéndola con su cabello recogido en un rodete tras la cabeza, los labios rojos y ampollados probablemente como resultado al veneno una parte de él le dijo que lo que ella necesitaba en este momento era de una presencia tranquila que fuera parte de su vida. Con cierta tristeza debía admitir para si mismo que ella se veía hermosa en su soledad, a pesar de que no respondiera a su gesto cuando alzó la mano en saludo, aunque sus ojos estuvieran posados con determinación en el cuerpo tembloroso de su paciente, había cierto brillo nostálgico que lo inquietaba.

Ninguna chica de quince años debería tener ese tipo de mirada. Ni siendo shinobi debería haber ese brillo de sobreviviente, de quien va a seguir peleando solo para ver un día más y de la misma forma trataba de darle otro día de vida a su 'paciente'. Como si dependiera tanto de Kankuro como él de ella para sobrevivir.

"¡Sakura-chan!" Gritó el rubio al notar la presencia de su compañera de equipo cuando aún eran genin. Sin embargo se detuvo al acercarse, poniéndose un poco verde al notar el trabajo que ella estaba haciendo, que no era para menos. Tenía los cinco dedos de su mano derecha cubiertos por unas garras de metal que atravesaban la carne del castaño inconsciente hasta las costillas y daban destellos de chakra azul canalizado por allí, por el otro su boca se conectaba a un corte, succionando el veneno y escupiendo en tarros que le traían constantemente los enfermeros. Por suerte, y a pesar de la sangre que escurría de su boca con un tono ennegrecido y la sangre en su mano derecha, parecía estar terminando.

"Está fuera de peligro, pero aun necesitará el antídoto y alguien que lo cure." Declaró finalmente levantando la vista para ver la sala con shinobi de Konoha y varios enfermeros un tanto grises, especialmente al tocar una yaga en su labio y sentir como explotaba mandando señales de dolor y humedad amarga al paladar. "Creo... que necesito un médico." Admitió tratando de no fruncir los labios.

"¿Sakura-chan?" Preguntó nuevamente el rubio, mientras el sensei se mantenía al margen tratando de deducir que pasaba. "¿Qué fue eso? ¿Que haces aquí?"

"Técnica de extracción de veneno." Aclaró mientras era guiada a sentarse al mismo tiempo que un médico ninja comenzaba a revisar su rostro con chakra verde. "No soy médica, pero mi especialidad es venenos, Hokage-sama me mandó a llamar de una misión cercana en el país del Viento, en una aldea al Oeste." Hizo una mueca al sentir como la piel trataba de crecer nuevamente. "Es bueno ver que han llegado rápido, no esperaba que estuvieran aquí hasta mañana." Comentó para luego indicar uno de los tarros con muestras de veneno para dirigirse a los ninjas médicos de Suna. "Es veneno de metal pesado, si ya están disponibles las hierbas necesarias puedo ponerme con el antídoto."

En otra vida, quizá en lugar de venenos y asesinato silencioso hubiera estudiado medicina y hubiera usado una técnica que no la dañara a ella también, quizá Chiyo-oba-sama hubiera reconocido su talento en curación ligado de forma directa a la Godaime Hokage. Pero eso era imposible, ya que Sakura no era médica y ciertamente no tenía relación directa con la Hokage que recordara, salvo por el rechazo de esta a tomarle de aprendiz. Lo que si era, sin embargo, era una experta en venenos, capaz de crearlos, extraerlos, contrarrestarlos, sutiles, fuertes, vegetales o animales, ese era su campo de batalla, flexible y silencioso.

"Ya ha avisado Hokage-sama que trabajaré con su equipo hasta que se resuelva la situación. Refuerzos vienen en camino." Por un momento, desde su puesto, podría ver la sorpresa de Naruto al ser enfrentado por una Sakura tan seria y casi... fría. Distante emocionalmente, algo que ya había visto unos días antes cuando la Hokage los nombró escuadrón a Naruto y a él, pero que al no hablar por mucho tiempo lo había descartado por cansancio o quizá una misión fallida. Había cosas de ella que no había notado antes y eso le incomodaba, como por ejemplo esas vendas en el brazo derecho que le decían algo que no quería saber, que le daba miedo confirmar o siquiera preguntar.

Sin embargo, toda ella no le decía nada que no hubiera esperado en estos últimos tres años, lo cual le resultaba demasiado sospechoso. Usaba shorts negros, camiseta de cuello mao del mismo color que fue su vestido de joven, el protector en la cabeza recogiendo el cabello que juraba era más corto hacía solo una semana. Protectores en los codos y vendas ajustadas en las muñecas. Hubiera esperado una falda médica, pero era evidente que igualmente había conseguido que alguien le enseñara aunque tristemente no hubiera sido la sannin. Debería averiguar quien fue al final su maestro.

No importa como tratara de ver esto, a sus 30 años no creía estar preparado para lidiar con adolescentes con problemas existenciales, aunque sean sus tiernos alumnos. No creería que Sakura tuviera un problema mayor que un maestro exigente, físicamente se la veía sana aunque seria, otro aspecto algo alarmante era el hecho de que parecía mirar a todos pero en ningún momento parecía conectar su mirada con la de nadie, como si tratara de eludir el mirarles a los ojos.

De una u otra forma, esa venda en el brazo derecho decía sobre ella más que cualquier cosa esperable, ese era el lugar donde se encontraba el tatuaje de ANBU, era bastante normal que cuando la gente se retiraba de servicio o no estaba en misión se lo cubriera con vendas o mangas largas, él prefería por ello el traje estándar contrario a su juventud donde usaba mangas cortas. Después de todo, aunque no funcionara como ANBU ahora, uno no deja de ser lo que es, el tatuaje rojo nunca desaparecería de su piel.

"¿Sakura-chan? ¿Donde has estado? Kaka-sensei dijo que no te unirías al equipo porque no estabas disponible para misiones de campo."

"Aa, algo así. No estoy en el cuerpo ninja regular, así que tengo tiempo limitado y mis misiones suelen ser algunas bastante largas. Pero si deseas cuando regresemos podemos ir por ramen para ponernos al día." Las palabras fueron acompañadas por una sonrisa falsa si las había, realmente era hermosa pero demasiado solitaria, lejana y evidentemente falsa a su parecer.


La idea de enfrentarse a este sujeto no le hacía gracia en absoluto. Realmente nada de gracia.

Se habían encontrado con el equipo Gai antes de ir a recuperar a Gaara, se habían cruzado con el apoyo de las personas que estaban persiguiendo, uno de ellos Uchiha Itachi el cual la miró con un gesto que la dejó desconcertada, como si la estuviera reconociendo de una forma especial, pero el reconocerla no cambiaba el hecho de que los atacó y les hizo perder tiempo. Al final eran casi tres días hasta que llegaron a la cueva donde retenían al Kazekage para su sorpresa.

Tuvieron suerte de que ella trajera detonantes para poder abrirse paso en la cueva, debería pensar el tema de que hacer una vez dentro, pero al saberse frente a frente contra un maestro de venenos no pudo evitar pedir quedarse detrás: De los presentes ella era la que tenía mejor resistencia y un metabolismo más lento gracias a extenuantes trabajos para poder almacenar el veneno en su propia piel, al fin los pocos años de aprendizaje que podía atribuirse servirían de algo.

Dos Akatsuki, Danzo-sama estaría contento de saber que había visto por si misma un par de ellos, lástima la imposibilidad de contactarlos de forma directa. Un hombre rubio y un ser encorvado que caminaba en cuatro patas y poseía lo que parecía el aguijón de un escorpión metálico.

"El cuerpo real está dentro."

"Temía que dijera eso." Comentó al avanzar con paso firme sin importarle la expresión de incredulidad de la abuela ante la falta de miedo expresado por ella.

"¡No seas tonta, niña! ¡Retrocede!"

"¿Que es lo peor que me puede pasar? ¿Morir?" Preguntó sin siquiera mostrar humor ante sus palabras sobradoras, dejando caer la mano pesada en el hombro de la anciana para luego abrirse paso al frente, sus huesos tronando fuerte en el lugar antes de pararse frente a la marioneta.

"Con ustedes dos el número de mis marionetas será de 300."

"Demasiada información, venía a pelear y no me gusta que me hagan esperar." Comentó ella sin saber encendiendo la chispa del rencor en su enemigo al devolverle palabras que muchas veces había usado con su propio compañero.


"Por su forma de pararse sé que morirá pronto. No una hora, no dos, pero su reloj se acerca a la hora final." Declaró la voz fría a su espalda.

Tras encontrarse con el equipo Gai habían corrido mucho tiempo, buscando el lugar donde Akatsuki había llevado a Gaara gracias a la información que Kankuro les había podido proveer, un camino lleno de complicaciones gracias a la intervención de Uchiha Itachi y Hoshigaki Kisame pero que a las finales lo habían logrado solo para descubrir el cuerpo sin vida del Kazekage.

Luego de ello no supo más de sus aliados de Konoha, quedando detrás con la niña de cabello rosa para detener a Sasori, su propio nieto, un maestro de marionetas y experto en venenos gracias a ella misma. Habían usado todo lo que tenían en su arsenal y un poco más, controlando a la chica Sakura como una marioneta más porque esa chica realmente era temeraria, más bordeando lo imprudente que a lo heroico, había sido clavada por espinos de arena metálica envenenada, había sido atravesada por una espada sobre-entendidamente envenenada también, casi aplastada por un cubo gigante.

Y a su vez, sus habilidades eran algo que jamás había visto, al menos nunca todas juntas. Era capaz con el Hiraishin, el jutsu de espacio-tiempo que era famoso durante la guerra por el uso de los shinobi de Konoha, pero consumía mucho chakra así que solo lo había podido usar una vez para salvarla a ella, habiendo dejado caer una marca al suelo al principio de la pelea. Era extremadamente rápida, algo que no se había demostrado cuando viajaban y sospechaba pocos lo sabían. Su precisión con los senbon era perfecta y sus armas de elección eran dos tessen que fluían en movimientos de gracia practicada.

No era normal ver a un practicante del Tessenjutsu, al menos no de fuera de Sunagakure. Al menos en los últimos años, aun recordaba en su infancia al clan de Konoha que blandía los Uchiwa, uno en particular usando un Gunbai Uchiwa de una forma aterradora por su poder espiritual. Aunque tenía claro que el clan Uchiha estaba extinto gracias a ese nukenin que eliminó su propio clan... quizá la chica era un familiar lejano o de alguna rama sobreviviente...

"Enséñeme a crear hilos de chakra." Insistió la voz a su espalda, exigiendo ser atendido.

Habían logrado ganarle a Sasori, más estrategia y habilidad que fuerza, sin darse cuenta que ellas no estaban solas, fue distracción de un segundo y algo de voluntad personal de su nieto que el corazón fue atravesado por las espadas de Chichi y Haha poniendo fin al encuentro; y mientras la niña revisaba el cuerpo de marioneta de su nieto, el 'intruso' se le acercó.

"Sakura se ha vuelto descuidada, saber hacer esto puede ser la diferencia entre su vida y muerte." Agregó el adolescente, acercándose para que pudiera verlo. Recordaba verle un instante cuando la niña llegó a la villa, respetando las normas de presentarse en la entrada pero sin volver a dar señales de su presencia hasta ese momento.

"Realmente la quieres mantener con vida..." Deseaba que fuera una pregunta pero sonó a afirmación directa. No sabía que relación tenían estos dos, pero en la clínica ella le había afirmado personalmente y en privado que eran un escuadrón de dos personas. Lo que no entendía era esa reacción de encogerse de hombros para restar importancia al tema de la vida o muerte de su compañera si era tan importante que no pereciera de forma absurda.

"Tengo órdenes de mantenerla con vida." Alguien con menos experiencia hubiera sentido un escalofrío recorrer la espalda ante ese desapego que expresaba hacia alguien con quien prácticamente vivía, su equipo. Aunque algo brillaba muy en el fondo de sus ojos negros, algo sentía, solo parecía no saber reconocerlo. Era una chispa tenue que si le daba combustible encendería en llamas todo lo que se interpusiera en su objetivo, el cual de momento parecía ser la joven de cabello rosado.

"Te daré el pergamino, pero necesitarás más razones que esas para mantener con vida a alguien que no quiere estarlo." La media sonrisa conocedora de la anciana era suficiente, los ojos negros viajando a la pelirrosa que sacaba un pergamino del interior del cuerpo de Sasori y lo guardaba, el recorrido deteniéndose en las vendas que ocultaban las muñecas de ella, preguntándose si el dolor en algún momento le había hecho desear acabar con todo, ¿que le habrían hecho?"

"Lo he hecho hasta ahora, no fallaré." Los ojos de él buscaron la mirada de la anciana, tratando de comprender la repentina ansiedad de ella, pero al no saber como manejar la situación solo optó por volver a encogerse de hombros, recibiendo un rollo de pergamino que guardó antes de desaparecer nuevamente, aun antes de que su compañera notara la interacción con la onnashinobi de Sunagakure.


"Te digo, Sakura-chan... no te confíes tanto, Kakashi es una persona buena pero está desviada, el otro día fuimos de misión junto a Rin de solo dos días... por poco le mete un Chidori al pecho a Rin-chan." Explicaba el adulto de los dos, alzando los brazos en exasperación al cielo.

"Pero... Kakashi-sensei se disculpó, ¿verdad?" Preguntó con un tono inocente que denotaba una Sakura mucho más joven de lo que era en realidad. "Kakashi-sensei es torpe y descuidado, pero realmente hace su mejor esfuerzo. Estoy segura de que solo fue un malentendido."

"¡Sakura-chan! ¿Hace cuanto que eres parte del Dai Nana Han?" La chica alzó su cabeza sin comprender a donde iba esa charla. "¿Cuantas cosas te ha enseñado Kakashi desde que son equipo?" Agregó insistente para incomodidad de ella.

"Bueno... el otro día me enseñó a caminar por un árbol y sobre agua..." Argumentó removiéndose en su lugar.

Por primera vez podía ver más que sombras, la imagen no era nítida, pero al menos las figuras tenían sentido. Estaba sentada, por la textura y como colgaban sus piernas era un árbol, probablemente en uno de los bosques de Konoha, frente a ella se encontraba un hombre alto de cabello negro corto que se desfiguraba en un borrón, un abrigo largo de color azul con cinto naranja igual que los rebordes y una venda blanca cubriendo casi mitad del rostro.

"¡Sakura-chan!" Nuevamente el hombre le interrumpió para que no siguiera defendiendo a su maestro, de un salto subiendo junto a ella para tomarla de un brazo, prácticamente mostrándoselo, viendo el rostro de él sin saber que era lo que trataba de mostrarle. "¡Tienes 13 años! ¡No tienes músculo en tu cuerpo y pareces desnutrida! Se supone que él te debe enseñar esas cosas. Debería hacerte correr y hacer abdominales y practicar con los chicos, llevarte a comer y revisar tu equipo de viaje, en cambio estás aquí arriba practicando algo que ambos saben conoces a la perfección." Mientras hablaba con un dedo parecía estar probando cada uno de sus músculos de una forma exageradamente molesta que le ganó un intento de golpe de parte de la chica.

"¡Pervertido!" Gritó a todo pulmón aunque no había logrado el cometido de sacarlo de su cercanía.

"Itai! No me golpees, Sakura-chan. Solo señalo lo que veo."

Tardó un momento, bajando su cabeza para tratar de acomodar sus ideas. Sabía que era un sueño, pero una parte de ella quería tomar el control para poder responder lo que realmente sentía y pensaba; porque sabía que el hombre tenía razón, pero las cosas no eran tan simples, ahora ya no era esa niña, ese sueño era injusto, a esa edad ella ya tenía experiencia de campo, pasaba más tiempo internada o en Tortura e Interrogación que hablando con extraños, el resto del tiempo en manos de Danzo-sama, entrenando sin descanso para compensar el tiempo perdido. Así que dejó su conciencia filtrarse lentamente hasta tener control de su cuerpo.

"Sai es el que se encarga de mi comida." Admitió, girándose solo para ver al fin el rostro de la persona por primera vez, un rostro que expresaba sorpresa. "Donde vivimos no es muy abierto a temas tan superfluos como comida o ropa, el lugar es pequeño y cerrado, solo me dejan salir de noche al campo de entrenamiento así que no tengo mucho tiempo. Mi cuerpo está lo mejor que puedo llevarlo para velocidad y escape."

"¿Donde vives, Sakura-chan?" Preguntó el hombre con una seriedad que no había notado antes.

"En el complejo subterráneo número 4 de Ne." Simplificó, la expresión relajada de la chica perdiendo fuerza hasta llegar a un tono neutral igual que el hombre. "Soy miembro activo de Raíz."

"Entonces ese 'Sai' es tu 'hermano'."

"Sai es Sai, luego de lo vivido tengo prohibido llamarlo onii-san realmente." No estaba inclinada a explicar, pero era la primer verdad de todo lo dicho.

"Baka-kashi no fue cortado para maestro simplemente, pero si quieres te puedo presentar a alguien que te puede ayudar aunque sea en algunas áreas." Concluyó él.

"¿En serio? ¿Quien es?"

"Es... bueno, es la mujer más hermosa que verás en tu vida, te lo aseguro." No pudo evitar notar el sonrojo apenado en el otro hombre demostrando que claramente se trataba de la persona que le gustaba fuera de la amistad.

"Debe ser muy linda, ¿como se llama?"

"Rin-chan... es médico ninja, es quien nos ha mantenido en una pieza a Kakashi y a mi durante años." Al decir esto buscó entre sus bolsillos una foto desgastada, doblada y arrugada de lo que era el equipo, podía ver a Kakashi de pequeño, parecido en los libros anuales, el mismo Obito con sus lentes naranjas y una chica castaña de sonrisa contagiosa y amable, detrás había un hombre que no podía distinguir sus facciones muy bien, no sabía ¿era moreno? ¿castaño? ¿pelirrojo?

"Rin-san... quiero conocerla."

"Confía en mi, Sakura-chan, pronto en cuanto pueda te la presentaré."