Desencanto


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Hola, una nueva palabras :).


No lo entendía ¿Cuándo Sigmund se había hecho esa cicatriz? o más bien ¿Quién se la había hecho? Estaba enojado, el menor de los asgardianos estaba molesto con quien se había atrevido a tocar a su familia. También estaba enfadado con Sigmund por alejarlo de su vida. Lo quería a su lado, y que el mayor hiciera todo lo contrario le provocaba un fiero desencanto, mientras su corazón dolía muy herido. Había llegado a pensar que su hermano lo odiaba por la guerra pasada y no quería verlo más. Pensamientos caóticos que le hacían perder el sueño. Siegfried suspiró. No quería perderse por más tiempo en el mar de dudas que era su ser. El presente exigía su atención y su hermano frente a él le debía más de una explicación.

Siegfried colocó la toalla sobre su cabello mojado. El frío comenzaba a calar sus huesos ahora que podía sentir con mayor libertad el calor que se expandía por la habitación. Su cuerpo entero estaba empapado. Su cabello goteaba mojando casi por completo la toalla y su ropa pesaba por el agua acumulada entre los recodos del abrigo de piel que se había colocado para detener el frío de la tormenta.

—No necesitabas venir hasta aquí Siegfried —soltó de repente Sigmund. El menor de los hermanos levantó la cabeza negando.

—Te hubieras seguido escabullendo. Necesitaba verte sin que quisieras salir huyendo.

Ambos hermanos por unos segundos olvidaron la presencia de la tormenta. Un fuerte relámpago y la nieve pegada a las ventanas le recordaron donde estaban. La tormenta creció en proporciones y Sigmund sabía que no podía enviar de vuelta a su hermano al Valhalla. Siegfried había ganado. Debería pasar la noche junto con él.

—Eres un idiota —reconoció Grane, sonrío con un atisbo de tristeza a Siegfried. Sólo esperaba que el desencanto de su hermano menor no fuera demasiado al observar el despojo de guerrero en el que se había transformado. La batalla contra Saga le había hecho abrir los ojos, pero también otros recodos de su corazón se vieron descubiertos, aquellos donde el miedo se mantuvo en secreto.