Había olvidado los otros dos capítulos hacer el disclaimer. Los personajes de esta obra son del manga y anime One Piece, creados por Eiichiro Oda, no son míos.

Capítulo III: Pasión

Estando en ese baño ajeno, sentada, sollozando y lamentándome lo que acababa de hacer, no por la forma o la persona con la que lo había hecho, sino por el acto en sí, recordé lo que había sucedido el año escolar anterior, y como en ese entonces, mi tonta cabeza no pensó antes de hacer cosas que jamás me perdonaré haber realizado.

Recordé a Vivi, y la primera vez que la vi. Ella entró a la escuela a medio curso, porque sus padres viajaban bastante y cambiaban de casa continuamente. Al momento de que cruzó la puerta, lo primero en lo que me fijé fue en su larguísimo cabello azul celeste atado en una cola de caballo, y en su sonrisa espontánea y algo tímida. Al principio no se sentó junto a mí, pero yo hice un acercamiento desde la primera semana y no pasó mucho tiempo antes de que nos volviéramos amigas.

¿Si me gustaban las chicas antes de conocerla? No me eran indiferentes, admiraba la belleza de muchas mujeres y no era de la forma común, pero con Vivi fue distinto, fue la primera vez que pensé que realmente podía llegar a amar a una persona de mi mismo sexo. Por supuesto, no fue así desde el principio, para mí ella era atractiva por supuesto, pero fue al pasar de los días que su carácter conciliador, amable y tierno, me hacía poco a poco enamorarme de ella.

- ¿Ir a tu casa, todos los días?

- Sí, así haremos juntas la tarea, servirá que me explicas y podemos ir de compras, y hacer cosas juntas, digo... si quieres.

- Claro que sí.

Ella solía ser muy solitaria, según me había contado, y es que con tantos viajes, le era muy difícil hacer amigos. Y ahora yo estaba ahí, pero ni siquiera yo podía saber si en verdad era su amiga incondicional, o se trataba de sólo enamoramiento. Me ponía algo triste en pensar en ello, pero trataba de convencerme que se trataba de amistad solamente.

Pero era complicado, entre más tiempo pasaba con ella, mis ojos la veían como una persona a la cual yo podía dar todo mi cariño, y debido a su belleza, su delgado cuerpo comenzaba a ser en ocasiones un objeto de deseo sexual para mí. No sabía lo que me estaba pasando y la cosa era peor cuando me invitaba a dormir.

- ¿Te pasa algo, Nami? - me preguntó en una ocasión en la que estábamos acostadas juntas, y para mayor referencia, abrazadas. Por supuesto, mi comportamiento era distinto al de ella.

- No, yo estoy bien.

- Es porque te estoy abrazando, ¿verdad? Perdóname – me dijo al mismo tiempo que dejaba de rodearme con sus brazos – siempre hago esto sin pensarlo. No sé por qué, pero siempre me gusta ser cairñosa con mis amigas, he tenido muy pocas y quiero demostrarles mi afecto.

- De verdad, está bien – le dijo yo y luego la abracé fuerte y mientras estaba ya recostada empecé a pensar, ¿y si esto es un pretexto? ¿y si siente lo mismo que yo? Por supuesto, es mucho más fácil imaginarnos algo que deseamos, pero eso sólo se llama fantasía, algo que estaba llegando a mis pensamientos de forma cada vez más seguida.

- ¿Otra vez vas a la casa de esa muchachita? No digo que esté mal, pero tal vez estás pasando demasiado tiempo con ella – me dijo mi madre en una ocasión que iba a quedarme a dormir de nueva cuenta con Vivi – la amistad no tiene porque ser una obsesión, puede no ser tan bueno estar con una persona todo el tiempo.

Hasta parecía que Bellemere conocía la situación a la perfección, pero en ese momento ya no me importaba y no hice demasiado caso a lo que mi madre me decía, tenía ya más de cuatro meses con Vivi como mi amiga y no iba a ceder nada más porque ella me lo decía luego de tanto tiempo.

Era ya de tarde y me dirigí a la casa de Vivi. Era bastante grande y cómoda, no era una mansión, pero más grande mi casa sí que era. Al llegar, ella misma me abrió y se encontraba ya en ropa interior, y además con el cabello suelto.

- Acabo de bañarme – me dijo mientras yo tenía mi boca abierta al verla de esa manera, estaba preciosa, como una princesa egipcia acabada de salir de su baño de leche. Su mirada juguetona y su sonrisa tímida eran como el polen que atrae a las abejas a las flores, así me hacía sentir. No puedo olvidar ese momento, cuando entramos a su habitación y la luz que provenía de ésta, contrastando con la oscuridad del pasillo de la casa, hizo un contorno perfecto de la delgada figura de Vivi, haciéndola parecer que estaba desnuda, acelerando mi respiración y excitándome de forma increíble.

Tenía que ser... ¡por supuesto! Ella sentía lo mismo que yo, y quería darme una señal, era tan tímida que no quería ser la que diera el primer paso, quería que yo lo diera. Eso pensaba en aquel momento, así de ingenua y tonta. Sonreí entonces, pensé que el cielo me estaba permitiendo amarla. La tenía ahí, semi-desnuda, con su larguísimo cabello suelto, prácticamente entregada a mí. La insté entonces a que se sentara en su cama, y yo hice lo mismo, muy cerca de ella, Vivi sonrió, probablemente sin imaginar lo que yo estaba por hacer, pero ese gesto me dio más valor y entonces me atreví, pasé mi mano derecha por su espalda, la subí hasta su nuca mientras sentía el sedoso cabello azul, acerqué mi rostro, y la besé apasionadamente, al menos el tiempo que me lo permitió.

No sé por qué no corrí en ese momento, por qué no escapé, o dije que era una mala broma o cualquier otra cosa, porque después de ver ese rostro asustado, era evidente que no debía haberla besado. Sin embargo, me quedé ahí, observándola.

- Nami... - me dijo casi con miedo - ¿por...? Me besaste – dijo lo evidente y luego de sus labios recién sellados con los míos, salieron palabras que nunca olvidaré – pensé que eras mi amiga, pero sólo querías acercarte a mí de esa forma...

- No es verdad – repliqué yo de forma rápida – sigo siendo tu amiga.

- ¿Entonces por qué me besaste? Sólo me engañaste con tu amistad, si me hubieras dicho que yo te gustaba desde un inicio, tal vez hubiera sido de otra manera, pero me siento traicionada.

Todavía pienso que ella exageró, pero sus palabras tenían algo de razón, intenté tocarle el hombro, pero no me dejó y tuve que salir de su casa. Durante el fin de semana no nos vimos, ni nos hablamos, usualmente era ella quien me buscaba, pero ya no recibí llamada alguna de ella.

Para el lunes siguiente, lo primero que hice, fue intentar verla en la escuela, pero apenas si me saludó. Me evitó durante toda la mañana y no podía preguntar el por qué, pues yo ya lo sabía. Esa fue la semana más dura de mi vida, la persona a la que todavía amaba, prácticamente me odiaba, era muy triste para mí.

Al final de ese mes, una ocasión en mi casa, vi que mi hermana tenía una invitación para una fiesta – es de los chicos con quienes me juntaba en la preparatoria, habrá muchos universitarios.

- ¿Y no piensas ir? - le pregunté.

- No me gustan ese tipo de fiestas locas, además yo no soy universitaria, y me voy a sentir rara en ese ambiente.

Nojiko dejó la invitación en la basura, pero yo la recogí y finalmente, luego de mucho pensarlo, decidí ir a esa fiesta. Necesitaba algo en qué distraerme. Al llegar, no pasó mucho tiempo antes de que fuera abordada por varios muchachos que me invitaron a beber. Yo ya había probado alcohol, pero no solía hacerlo a menudo, sin embargo en ese momento no me importó y empecé a beber como loca, gracias al ánimo de esos muchachos y a los duros tiempos que había tenido recientemente. Ya no recuerdo mucho después de que bebí Tequila sin parar, al menos hasta que desperté en una cama con dos chicos y una chica.

- Por la forma en que bebías, no pensé que ésta era tu primera vez, pero estuviste genial – me dijo uno de los chicos, quien no tenía resaca, sino que todavía estaba ebrio. Me levanté asustada, me puse mi ropa y me fui de allí, y luego de llevarme la reprimenda más dura de toda mi vida, por parte de Bellemere, lloré durante todo el día y noche, mi "inocencia" se había ido en una noche loca y estúpida y lo peor es que no escarmenté, porque a partir de ese día comencé a tener encuentros con universitarios, chicos, chicas, chicos y chicas al mismo tiempo, varios, una etapa denigrante de mi vida, de la que no sé cómo salí.

Fue cuando dejé de ver a Vivi, creo, cuando ella se fue de la ciudad. Mi corazón dejó de dolerme poco a poco y me olvidé de esos horribles encuentros. Me refugié en mi casa durante todo el verano, traté de purificarme, pero de nuevo llegué a hacer una tontería, y la víctima esta vez no había sido sólo yo, sino Luffy también.

Me limpié las lágrimas y salí del baño para encontrar al pobre chico dormido. Eso fue lo mejor, me puse mi ropa y salí de ahí rápidamente. Debía ser fuerte, no tenía que dejar que mi nueva obsesión me controlara como me sucedió la ocasión anterior. Ella ya tenía a alguien y no podía yo hacer nada, por lo que debía olvidarme completamente de ella, incluso debía resistirme a su amistad, si no, otra vez ocurriría lo mismo.

Ese mismo sábado, ya por la tarde, mi casa recibió una visita que yo no esperaba: - Nami, te busca un chico – me llamó mi madre. Ya que mi mente estaba confundida y atareada, ni siquiera se puso a imaginar quién pudiera ser el que me estuviera buscando. Yo, con ropa de estar en la casa, y unas sandalias, fui a abrir encontrándome con una sorpresa.

- ¡Luffy! ¿Qué haces aquí?

- Cuando desperté, te habías ido. Si te hice algo perdóname, no fue mi intención, no quería que te fueras – me dijo mientras se agachaba un poco, hasta ponerse en cuclillas, jugando con su dedo en el suelo.

La ternura de ese chico era, en ese momento, como una aguja entrando por mi cerebro, debido a lo que yo le había hecho. Ahora el pobre se estaba echando la culpa de todo. Me incliné y le tomé de sus hombros.

- Tú no has hecho nada malo, Luffy. Yo soy la que hice todo mal, no quiero que te culpes por nada.

- ¿De veras? ¿Entonces crees que podamos salir hoy de nuevo?

- No Luffy – le borré su amplia sonrisa del rostro – no debes salir conmigo, yo no soy para ti, ni tú para mí. Ya no me busques por favor – le dije y me fui, dejándolo de nuevo, pero era por su bien. Si seguía insistiendo conmigo, sólo resultaría más herido, así que lo mejor era alejarlo de mí.

- Pero tú me gustas mucho, Nami, realmente estoy enamorado de ti - me dijo con una voz recia y valiente. Creo que nunca lo había escuchado hablar de esa manera, pero no podía ceder ya.

- ¡Pues tú a mí no! No quiero ya saber nada de ti, tú y yo no podemos ser nada, entiéndelo. Aléjate de mí y no vuelvas a buscarme – le repetí, pero mucho más fuerte en esta ocasión. Él se fue entonces, con su corazón roto, todo por mi culpa, por haber jugado con él.

Al lunes siguiente, esperaba las represalias de Zoro. Bien me había dicho él que no le hiciera daño a Luffy. Ahora era muy tarde, pero al encontrarme con él en el camino a la escuela, no mencionó nada del asunto, sino hasta que yo toqué el tema, no quería quedarme con la duda.

- Me dijo que tú y él no eran el uno para el otro. Me apreció muy extraño viniendo de Luffy, pero supongo que ha madurado un poco – me dolió todavía más el corazón, el chico me había protegido hasta el final y me lamenté todavía más el haberlo tratado de esa manera. Al llegar a la escuela, ni siquiera me saludo de palabra, tan sólo lo hizo con la vista, y hasta Pellona se fijó en la ausencia de los avances del chico del sombrero de paja.

- Qué mala suerte, con lo lindo que es Luffy.

- ¿Te gusta? - pregunté con sorpresa.

- Bueno, no es que me guste, pero pienso que es muy lindo. Qué pena que no funcionara nada entre ustedes dos.

- Si te parece lindo, ¿por qué no lo intentas con él? - le dije, pensando que haría por fin algo bueno por Luffy. Tal vez sería buena idea conseguirle alguien que de verdad lo quisiera, no como yo.

- No sé, nunca he sido buena para conseguir chicos – dijo cabizbaja – pero si tú me animas, creo que sí lo intentaré – sonrió y luego rió con ese sonido que parecía el de un fantasma. ¿Un problema menos? Sí, como no, pero eso ya se desarrollaría después, y todavía tenía que lidiar con algo más, pues los lunes, la última clase, era historia y ya saben quien era la maestra que impartía ese curso.

Para colmo, se veía hermosa, con un suéter delgado de color negro, y unos jeans color peral ajustadísimos, además de unas botas que la situaban todavía más alta de lo que era. No podía dejar de mirarla, pero al mismo tiempo me hacía daño, pensando en lo que había visto el viernes anterior. Por ese motivo, traté de irme rápido cuando la clase terminó, pero ella me detuvo.

- ¿Pasa algo, Nami? No te vi en toda la mañana, y ni siquiera me saludaste. Si tienes algún problema, puedes contármelo, sabes que además de ser tu maestra soy tu amiga.

- No, no es nada, perdóneme – mentí yo y luego fingí sonrisa – por cierto, la vi el viernes, iba en un coche rojo, con un hombre – le dije, temiendo ya lo peor, y esperando que con esto terminara este bizarro episodio de mi vida. Quería que la respuesta de ella hiriera mi corazón de tal manera que dejara de estar enamorada de ella, pero fu lo contrario.

- Ni me hagas recordarlo, fue horrible – mencionó y mi rostro, dándole una bofetada a mis pensamientos, sonrió de alegría – él es un amigo de hace tiempo, al principio me estaba divirtiendo, la pasaba bien, pero luego mostró su verdadero carácter – hizo una mueca y luego sonrió un poco mirando hacia arriba, - ¿no quieres ir a mi casa a comer hoy? Así te cuento lo demás, que eres como mi única amiga.

Cuando lo decía con ese rostro tan bello y esa voz tan sensual, ¿cómo podía negarme? Por lo tanto fui, y mientras que ella preparaba la comida y más tarde ya degustábamos, contaba la historia de su cita del viernes. Irónicamente ambas habíamos tenido salidas ese mismo día, y ninguna había terminado bien, aunque en mi caso, ello fue mi culpa.

- Todos los hombres son iguales, estoy muy decepcionada de todos ellos – dijo – a veces pienso que no hay hombres que nos entiendan a las mujeres.

- Para que nos entendieran, tendrían que ser chicas – dije yo, con toda la intención del mundo.

- Creo que tienes razón – rió – lástima que no piensen como nosotras.

Al seguir conversando, nos abrimos mucho una a la otra, como nunca lo habíamos hecho. Platicamos sobre nuestras familias, sobre nuestros sueños, sobre la escuela y sobre muchas de nuestras experiencias.

- Creo que tengo que ir a comprar ropa nueva, quiero que me acompañes – me pidió, y yo, claro feliz, olvidándome de los problemas que habían sucedido durante ese fin de semana. Era como si me hubieran borrado la memoria y el mundo se hubiese saltado desde el jueves, hasta el lunes.

- Aunque no sé para que quieres ropa nueva, si la que tienes se te ve preciosa – le dije, ya hablándole de tú.

- ¿Tú crees? De hecho, no estaba muy segura de este pantalón.

- Pero si te ves hermosa con él – le dije con una voz no de amiga, sino de completa enamorada. Mi corazón latía muy fuerte, mi rostro estaba rojo, mi respiración era agitada, ya no podía aguantar. Ella lo notó, pues comenzó a mirarme de modo raro. Me fui acercando a ella, pero no me atreví a besarla. Antes, decidí hablar. A pesar de lo que pudiera pasar, seguro que si todo lo comenzaba con palabras, quedaría mejor que aquella ocasión con Vivi.

- Robin...

- ¿Qué pasa Nami?

No pude resistirme más y la abracé, fuerte, poniendo mi cabeza en su pecho – te amo... yo te amo, perdóname, pero, no puedo evitarlo, te amo.

Temí entonces que me empujara, que se deshiciera de mí, que se asustara, tal y como Vivi lo hizo, pero no fue así, sólo hubo un silencio, ese que no se presentó cuando le confesé mis sentimientos mediante un beso a aquella chica de cabellos azules. Luego levanté la cabeza y ella me miró, de forma seria.

- Perdóname Robin. Yo sé que esto debe ser muy incómodo para ti, pero en verdad me gustas. Eres una persona inteligente, muy bella, divertida, centrada y dulce, realmente me tienes cautivada, pero entiendo que yo no debería amarte así – me retiré de su pecho y luego me puse de pie – si no quieres que venga a tu casa de nuevo, está bien.

- No digas eso Nami. Amar a una persona no tiene nada de malo, y menos cuando dices esas cosas tan tiernas, que nunca nadie me había dicho – se acercó a mí, y me besó en los labios – no creas que es la primera vez que beso a una mujer, mis tiempos en la universidad fueron algo locos, pero sí es la primera vez que veo a una con tanto cariño como a ti – de su boca salieron esas palabras que jamás olvidaré y más tarde me besó de nuevo, ahora de forma más apasionada, mientras que yo hacía lo mismo. Durante el resto de la tarde seguimos juntas, sentadas, yo con medio cuerpo encima de ella y besándonos continuamente. Fue hasta cerca de las siete de la tarde, que me fui de su apartamento rumbo a su casa, siempre pensando en ella, en esos besos y caricias que nos habíamos dado.

A partir de entonces, trataba de visitarla seguido. No todo eran besos por supuesto, pero la pasábamos bien juntas. Íbamos de compras, cocinábamos, veíamos películas. Todavía no nos acostábamos juntas, yo tenía ganas de hacerlo por supuesto, y por sus besos y caricias, creo que ella también, pero las dos todavía no dábamos el siguiente paso, aunque yo había intuido que probablemente tendría que ser yo la que tomara la iniciativa en ese momento.

Pero también seguía yendo con Pellona, por supuesto, una razón era para no perder su amistad, pues ya me estaba acostumbrando a ella y no me desagradaba para nada, sino lo contrario, aunque excéntrica, era una buena chica. La tora razón, era par ano levantar sospechas.

Al llevar ya un mes de relación, Robin y yo escondíamos todo al estar en la escuela. Al inicio nos era difícil, siempre había esas miradas cuando nos cruzábamos, pero ya al pasar del tiempo pudimos disimular nuestros sentimientos, para mostrarlos cuando estuviéramos a solas. Es así que pasando ese mes, yo estaba lista para dar ese paso, y entonces la seduje para que se bañara conmigo y ahí, finalmente, teniéndola desnuda, mis dedos pudieron tentar hasta el rincón más escondido de su cuerpo, para, después de salir de la ducha, ir hacia su cama y ahí besarnos, recorriendo con nuestros labios cada centímetro de nuestra piel y más tarde quedarnos abrazadas, sin ropa, sin sábanas, con tan sólo la suave brisa de otoño entrando por la ventana de la habitación.

- Te amo – le dije, ella me respondió besándome en la nuca, pues estaba detrás mío abrazándome, aunque luego me dijo:

- No me digas eso, haces que me sonroje en verdad.

- Pero es la verdad – respondí – además, creo que ya no importa si te sonrojas o no – sonreí, mientras ella me abrazaba más fuerte. Era algo que en ese momento no me llamaba la atención, pero ella jamás me decía esas palabras, "te amo", a pesar de que yo se lo pedía, y con lo más que me consentía era, con un "te quiero mucho, Nami", y tampoco le agradaba del todo que yo se las dijera, aunque yo las repetía cuando podía, en verdad la amaba y no reparaba en decírselo una y otra vez.

A partir de ese día, fueron mucho más frecuentes las ocasiones en que me quedaba a dormir al apartamento de Robin. Mi madre me cuestionaba mucho, pero me las arreglaba de cualquier forma. También había disminuido mucho mis visitas a la casa de Pellona, pero tampoco perdía mi amistad con ella en la escuela, aunque no estaba ya muy al tanto de lo que la gótica hacía.

Es por eso que fue muy chocante lo que vi pocas semanas después. En una de las ocasiones en las que salíamos de una función de cine, Robin hizo lo posible por esconderse, justo cuando pasábamos por la puerta de salida de la sala.

- ¿Qué pasa? - pregunté yo.

- Son dos chicos de tu salón, será mejor que no nos vean tan juntas – señaló, y luego, después de que yo también me escondiera, vi a la dirección en la que mi amante señalaba, sin poder creerlo.

- ¿Te gustó? - preguntó el chico con una sonrisa brillante.

- Sí, mucho, quiero salir contigo más seguido – soltó ella una carcajada muy extraña, mientras se tomaba del brazo de él.

¿Por qué me afectó cuando los vi juntos? No lo sé, pero mi pecho se estrujó y mi cuerpo se sintió vacío por un momento, ni siquiera me di cuenta de cuándo empecé a morderme el labio inferior de mi boca. Luffy y Pellona lucían contentos juntos, mucho, hacían hasta una linda pareja, se veían felices, pero yo, lo único que podía sentir al verlos, eran celos.

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No van a creer lo que me costó hacer este capítulo, pero es que en la facultad los profesores se han puesto muy rudos ja, ja, y entonces no tuve mucho tiempo.

Aquí Nami sigue pasando momentos amargos, pero todo es su culpa, y lo peor es que hizo sufrir a mi Luffy, pobrecito, tan lindo él. ¿eh? ¿Que es mi historia? Bueno, sí, pero pobrecito mi Luffy.

Ya para el siguiente sí prometo meter a los demás de la banda, pero es que de veras que he tenido una semana muy cansada.

Por cierto, muchas gracias a los que me han enviado reviews, se los agradezco mucho en verdad. Ya he respondido a los usuarios sí registrados, es una lástima que no se pueden responder a los otros.