Capítulo 2:

"El Laberinto"

-He, he, novata.-fuertes sacudidas, sorprendieron a Sophie.- ¿Estás durmiendo? Oh, que lastima. ¡Arriba!-un empujón la hizo salir, por completo, de su ensoñación y caer de nuevo a la realidad: toda la noche había tratado de imaginarse como había sido su vida antes de ingresar al Área, pero sus intentos habían sido en vano.

-¿Podrías ser un poco más…caballeroso?-protestó, poniéndose de pie y acomodándose el cabello.- No soy otro de esos…larchos que están ahí afuera.-se sorprendió enormemente al ver que se había acostumbrado al nuevo idioma impuesto por los Habitantes.

-¿Tú crees que me molestaría en ser amable?-apuntó Gally, enarcando una ceja.-Newt te está esperando. El Tour Sangriento, está por comenzar.-un escalofrío recorrió la espalda de la chica.

-Gracias.-farfulló entre dientes.-Iré en un minuto.-Gally la miró de arriba abajo y volvió a enarcar una ceja. Cuando se retiró de la habitación, murmuró un "larcha miertera" y cerró la puerta de un solo golpe. Sophie rodó los ojos y se acercó a la ventana. Al abrirla, un potente rayo de luz golpeó contra sus ojos y los hizo picar levemente. En aire había una rara combinación entre el roció del pasto y el heno de los establos. Sophie respiró profundamente y se apoyó en el alfeizar. ¿Sería difícil vivir en el Área?

-Al fin estás aquí.-dijo Ben, cuando se reunieron a las afueras de la casa.- ¿Cómo has dormido?-

-Supongo que bien.-respondió la chica, haciendo sonar los huesos de su espalda.- ¿Tú?-

-Hum, no me quejó.-respondió el rubio, encogiéndose de hombros.

Ese día, Ben tenía un mejor aspecto que el día anterior. Su cabello brillaba más a la luz del sol y sus ojos, al igual que su sonrisa, reflejaban la inocencia de un niño de 14 años.

-¿Están todos?-preguntó Alby, uniéndose al grupo de novatos.

-Eso creo.-respondió Newt, colocando los brazos en forma de jarra.-Uno…dos…-contó en silencio, marcando a cada uno con el dedo.-Sí, están todos.-

-De acuerdo.-el chico moreno, se aclaró la garganta.- ¡Hoy, haremos el recorrido por el Área…!-se escucharon murmullos de parte de los nuevos.- No aceptaremos preguntas, como le dijimos a estos dos…-señaló con la cabeza a Ben y Sophie.-…carecemos de respuestas y no tenemos la más mínima idea de dónde encontrarlas.-dio una palmada al aire e inspeccionó el rostro de los novatos.-Al finalizar el recorrido, haremos la repartición de trabajos. Haremos pruebas. Evaluaremos a cada uno y veremos en que son buenos y en que son un desastre.-le dirigió una mirada a Newt.

-Los separaremos en dos grupos. Ustedes.-señaló a Ben y a Sophie.-Conmigo.-

-¡El resto!-exclamó Alby, levantando el brazo derecho, por encima de su cabeza.- ¡Síganme! Comenzaremos por el Matadero.-

Una vez que el grupo se hubiese alejado, Newt se volvió a los chicos y sonrió.

-Espero que Gally no haya sido muy bruto.-dijo, echando a caminar.

-Hubiera preferido el aturdidor canto de mil gallos, como despertador.-el chico soltó una carcajada.

- Supongo que la próxima vez, iré a despertarte yo.-aseguró Newt, mientras caminaban.

-¿Y qué vas a mostrarnos a nosotros?-quiso saber Ben.

-Sólo síganme y manténganse cerca.-ordenó el rubio, cambiando de expresión rápidamente. Newt empezó a correr dirigiéndose a la pared occidental. Ben y Sophie se miraron por unos segundos, antes de seguirlo.

El sol aún no había salido del todo y gran parte del Claro seguía a oscuras. Mientras corrían más lejos iban del resto de los Habitantes que seguían durmiendo. ¿Para qué despertarlos tan temprano?

Ambos chicos pararon cuando Newt lo hizo, justo cuando el muro se elevó encima de ellos como un rascacielos. Algo se movía del otro lado de la pared. Había unas pequeñas luces rojas aquí y allá a lo largo de la cara del muro, se movían, se detenían, se apagaban y se encendían.

-Cada día me agrada más este lugar.-ironizó Ben. Newt soltó una risita, se adelantó y hundió las manos en la hiedra gruesa, extendiendo varias vides lejos de la pared, para relevar una ventana de aproximadamente dos pies de ancho.

-¿Qué estás haciendo?-cuestionó Sophie, adelantándose también.

-Espera un momento y lo sabrás pronto.

Transcurrió un minuto, luego dos, y varios más. En todo ese tiempo Newt permaneció inmóvil, sólo mirando fijamente nada más que la oscuridad.

Entonces todo cambio.

Unas extrañas luces brillaron por la ventana, esto hizo que el cuerpo y el rostro de Newt brillaran con los colores de las luces.

-Afuera está El Laberinto.-susurro.-Desde que llegamos, todo lo que hicimos tiene que ver con el Laberinto. Cada adorable segundo de cada adorable día lo pasamos en honor a El Laberinto. Bueno, eso creemos.-se encogió de hombros.-Voy a mostrarles la razón por el cual un sujeto JAMÁS volvió del él.-Newt dio un paso atrás, sosteniendo la hiedra. Les hizo un gesto y se corrió, permitiéndoles ver por la ventana.

Les tomó un segundo para que sus ojos se concentraran en el objeto en movimiento en el otro lado, para mirar más allá de la suciedad y el polvo y ver lo que Newt les quería mostrar. Y cuando lo hizo, una criatura grande, como del tamaño de una vaca, se retorcía y bullía a través de la tierra en el corredor de ahí afuera. Trepó por la pared opuesta y luego se lanzó contra la ventana de grueso vidrio con un fuerte sonido. Sophie gritó antes de que pudiera detenerse, se apartó de la ventana, pero la cosa rebotó hacia atrás, dejando el vidrio en buen estado.

Ben retrocedió y tropezó con la chica, haciendo que ambos cayesen al suelo. El terror creció en su garganta.

-¿Qué es eso?-susurró, arrastrándose por el suelo. Newt se quedó sólo un par de metros delante de la espesa cortina de hiedra en la pared.

-No lo sabemos.-respondió con voz grave y seca.- Están desde el día en que llegamos. No sabemos que son, si tienen nombre. Pero si sabemos una cosa.-

-¿Qué?-quiso saber Sophie, retrocediendo apenas unos pasos.

-No son amigables.-continuó Newt.- Un chico se internó en el Laberinto, el pobre inútil estaba desesperado por salir. Llegó la noche y las paredes se cerraron. Fue insoportable escucharlo gritar, pidiendo ayuda.-soltó un suspiro y negó.- Al otro día, cuando las puertas volvieron a abrirse, no había ni el más mínimo rastro de ese larcho.- se acercó a los novatos y les tendió una mano, ayudándolos a ponerse de pie.

-Vaya, no nos querían tan cómodos después de todo.-comentó Ben, sacándose el polvo de sus pantalones.

Sophie, a pesar de tener miedo, respiró profundo y se encaminó hacia la ventana. Estaba demasiado oscuro para distinguir con claridad, pero las luces brillaron de una fuente desconocida, revelando borrones de puntas de plata y carne brillante. Apéndices de instrumentos malvados salía de su cuerpo como brazos: una hoja de sierra, un conjunto de tijeras, barras largas, cuya finalidad sólo puede ser adivinada.

La criatura era una mezcla horrible de origen animal y máquina, y pareció darse cuenta de que estaba siendo observado, parecía saber lo que había dentro de las murallas de El Claro era como si quisiera entrar y darse un festín de carne humana. La chica se sacudió levemente, sintiendo el frío floreciendo en el pecho, que se expandió hasta que le, dificultó respirar.

Dio un paso atrás, el coraje que había sentido en la tarde se había ido ya.

-Aparte de matar, ¿hace otra cosa?-

-Minho, encontró una especie de botiquín en la misma habitación que estás tú.-respondió Newt.-Al parecer, esas cosas pican. Y en ese botiquín, está la cura.-

-¿Por qué se molestarían en meternos en un Laberinto, rodeado de criaturas asesinas y dejarnos la cura?-inquirió Sophie. Newt solo alcanzó a encogerse de hombros.

-Un bicho desagradable, ¿uh? Solo siéntanse feliz de que ellos sólo salen en la noche, así que agradézcanle a esta pared.-le dio una palmada al vidrio.-Ahora sabes lo que se esconde en el laberinto de sangre, amigos. Saben ahora que esto no es una broma. Han sido enviados a El Claro, novatos, y vamos a tener que sobrevivir.

-¿Y qué debemos hacer?-preguntó Ben, una vez que se recuperó.

-Encontrar una salida, ¿no?-murmuró la chica, cruzándose de brazos y mirando a Newt.

-Exacto.-acotó el chico.-Debemos adaptarnos y encontrar la forma de hacer nuestro camino y regresar a la civilización.

*.*.*

-¿Quieres?-preguntó Ben, depositando algo del improvisado desayuno de Sartén. Sophie sonrió de lado.-Bastante peculiar el lugar, ¿no?-

-Más que peculiar, aterrador.-replicó la chica.

Las puertas ya habían abierto, la luz del sol bañaba el Claro y todos los habitantes estaban despiertos, sentados en el comedor esperando al desayuno.

-¿Qué haremos ahora?-preguntó Sophie, jugueteando con el contenido del plato.

-Supongo, que hoy se harán la repartición de trabajos.-respondió Ben.- No me gustaría estar en el Matadero.-comentó.-Me haría sentir culpable el hecho tener que matar un animal para luego comérmelo.-la chica soltó una risita por lo bajo.

-Prefiero estar en la huerta.-acotó ella.- Estar bajo el sol, en contacto con la naturaleza. ¡Ah!-suspiró.- Eso sería genial.

-¡Atención, larchos!-de una de las mesas más alejadas, Alby elevó la voz.- ¡Hemos pasado una semana sin saber que plopus hacer, es hora de empezar a movilizarnos y poner en condiciones este lugar!-los murmullos se expandieron por el comedor.- ¡Para cuando terminen de engullir ese tocino, vayan a la entrada este!-él junto a Newt y Minho, se pusieron de pie.- Allí veremos en qué demonios son bueno.-diciendo eso último, se retiraron, dejando una nueva estela de murmullos a su paso.

-¡Genial!-exclamó Ben.- Ya quiero ver que opciones hay.-

Sophie sonrió de lado, para luego dirigir una mirada hacia una de las ventanas. Desde ese ángulo se distinguía una de las entradas al Laberinto. Con tan solo menos de un día allí, ese lugar le había despertado un enorme interés. Quería explorarlo a toda costa y revelar los secretos que ocultaba, pero a su vez, le daba miedo poner un pie en el interior. Su cabeza estuvo imaginando como habría muerto el sujeto que se adentró, como lo atacaron esos bichos y como terminó agonizando sin ningún tipo de ayuda. Por mucho que lo evitara su mente aún continuaba atormentándola con esos pensamientos.

-Oye.- Ben, chasqueó sus dedos frente a ella.- No comiste nada.-

-Oh, ohm…no tengo hambre.-la chica frunció los labios y alejó el plato.

-¿Estás bien?-ella asintió levemente.

-¿No se van a comer eso?-preguntó un chico, que se encontraba frente a ellos.

-Es tuyo si lo quieres.-Sophie le acercó el plato y le sonrió.

-Gracias.-el chico, en un abrir y cerrar de ojos, comenzó a devorar el tocino y los huevos.-Por cierto…-habló con la boca llena.-…me llamó Frankie.-se presentó, extendiéndoles la mano.-Un…-tragó un bocado de huevo.-…placer conocerlos.-

-Lo mismo decimos.-Sophie corrió el asiento hacia atrás y se puso de pie.

-Te espero afuera.-le dijo a Ben, atravesando el pasillo. Se le hizo incómodo cuando unos cuantos pares de ojos se fijaron en ella.

Para cuando estuvo afuera, buscó la sombra de un gran árbol y se sentó a esperar. El día estaba comenzando a adquirir color: el cielo estaba completamente despejado y sol brillaba como una lamparita. De no haber sido por el Laberinto, el Área era un bello lugar.

A lo lejos se escuchó una especie de alarido muy agudo. Sophie se reincorporó contra el tronco y miró en dirección a la casa. De la entrada, un cachorro color chocolate, salió corriendo. El animal soltó un nuevo alarido y se tiró sobre la chica.

-Oh, hola.-saludó Sophie, tratando de sacárselo de encima. El perro se paró sobre los muslos de ella y le lengüeteó toda la cara.

-¡Oye, Ronco!-del mismo lugar donde había salido el animal, Minho hizo su aparición.- ¡Ya deja de molestar, bestia peluda!-tomó al perro de un fino collar y lo hecho hacia atrás.- ¿Estás bien?-

-De maravillas.-ironizó Sophie, pasándose una mano por el rostro.-Nada mejor que una dosis fresca de baba de perro, para empezar el día.-

-Cómo digas.-Minho le extendió la mano, mientras intentaba mantener quieto a Ronco.- ¿Te vas a quedar todo el maldito día en el suelo o te vas a poner a hacer algo, larcha?-

-Ustedes, los hombre, sí que son caballerosos.-volvió a ironizar la chica, aceptando la ayuda.

-Y ustedes, las mujeres, son molestas.-

-¿Cuántas mujeres conoces?-inquirió Sophie, enarcando una ceja y limpiándose la ropa.

-Solo a ti.-respondió Minho.- Y eres molesta.-

-¡Me conoces a hace menos de un día!-

-Te saqué la ficha, linda.-las mejillas de la chica se tornaron rojas.

-Eres un idiota.-dijo entre dientes.

-Me conoces hace menos de un día.-replicó Minho. Ella rodó los ojos y pasó al lado de él, golpeándolo con el hombro.

OoOoO

-Bien.-Alby dio una palmada al aire, para luego dirigirse a los Habitantes.- Es hora de que elijamos un trabajo y nos desempeñemos en él.-

-Tenemos un matadero, una huerta y una cocina.-acotó Newt.- Tú, Sartén, ya tienes el puesto de cocinero del Área, pero te vendría bien un poco de ayuda, ¿no crees?-

-No lo dudo.-respondió el chico, cruzándose de brazos.-Pero, si van a ponerme asistentes, asegúrense que sean eficientes.-

-Nos salió pretencioso el larcho.-murmuró Minho.

-Veremos qué podemos hacer.-afirmó Newt.

Luego de que casi todos los Habitantes hubiesen sido repartidos en las tareas, Sophie pidió hablar.

-Hoy mencionaste que debíamos de encontrar la forma de salir de aquí.-murmuró, dirigiéndose a Newt.- ¿No les parece que deberíamos de idear alguna manera de explorar el Laberinto?-propuso, jugando con sus manos.- Digo…-

-¿Estás sugiriendo mandar gente al Laberinto?-inquirió Gally.- ¿Acaso perdiste el juicio, niña?-el chico chasqueo la lengua.- Está loca, sin duda.-

-¡No lo estoy!-reprochó la chica.

-Cómo digas…-

-Cállate, Gally.-intervino Newt.-Sophie, ¿podrías explicarte mejor?-

-Claro.-todas las miradas se dirigieron a ella.- Mencionaste que los bichos esos solo salen en la noche, ¿no?-el rubio asintió.-Bien, ¿y si utilizamos las horas de luz para recorrer y trazar mapas del Laberinto?-propuso.- Digo, podríamos guiarnos si tenemos una idea de cómo es, como se constituyen las paredes y cada recoveco que hallemos.- el silencio se hizo presente.

-No es mala idea.- apoyó Minho, cruzándose de brazos.- ¿Quién iba a pensar que esta larchita aportaría tal idea?-le dio una palmada en la espalda.

-¿Y cómo se llamarían aquellos que saliesen al Laberinto?-preguntó un chico.

-¿Se te ocurrió un nombre?-quiso saber Alby, dirigiéndose a Sophie.

-Ohm…supongo que sí.-curvó los labios y asintió.- Serán los Corredores.-