3 » Pretexto
—Pero quiero hacerlo —masculló, con los ojos entrecerrados, brillando de alguna chispa que pocas veces había visto, pero que le encantaba (era casi otra Yona, una mucho más interesante).
Se cruzó de brazos y repitió que no. No, no, no, no importaba cuántas veces se lo pidiera, él siempre se negaría. Y sabía que Jae-Ha, Shin-Ah y Kija pensaban igual que él y nunca aceptarían a una petición tan ridícula. No debía temer de Zeno y Yoon, porque no sabían de esas artes y siempre intentaban mantenerse al margen de los caprichos de Yona (mal por él, que nunca podía escapar).
—¡Pero, Hak!
—No.
—¡Shin-Ah! ¿Tu sí lo harás, cierto?
El Dragón Azul se dio vuelta de inmediato, mirando el horizonte. Estaba claro que evitaba el pedido de la princesa. Ao observó a Yona, desde arriba de la cabeza de Shin-Ah, e hizo su particular sonido, lo que sacó otro gritito de frustración por parte de la chica.
—¡Kija! ¡Tú…!
—Serpiente Blanca definitivamente no te ayudará —aseguró Hak, mirando al Dragón con los ojos entornados. La mueca de molestia de Kija no le pasó desapercibida, pero estuvo de acuerdo con él, y así se lo comunicó a la princesa.
—A mi no me mires, no quiero enfrentarme a la furia de la Bestia del Trueno —se apuró a agregar Jae-Ha antes de que Yona recurriera a él como última instancia.
Eso terminó por desatar un gran grito de enojo por parte de Yona, que los observó a todos y cada uno con el ceño fruncido, y finalmente se plantó ante Hak con los ojos centelleantes y lo apuntó con un dedo.
—Te ordeno que me enseñes, Hak. Como tu princesa, debes obedecerme.
Hak apretó los dientes. Miró a un costado, intentando evitar aquellos ojos violetas (¿por qué refulgían con tanta intensidad, por un demonio?), intentando también encontrar la fuerza para hacerle frente y decir que no. Sin embargo, ella seguía siendo su princesa y él, como su guardia, debía no solo velar por ella, sino obedecer ciegamente sus órdenes, por más estúpidas que fueran.
No importaba cuánto tiempo más permaneciera con los dientes apretados y mirando a un costado, la presencia de Yona no se desvanecía, ni tampoco esa sensación que producía su fuerte mirada.
—Ellos pueden negarse. Tú no, Hak. Practicarás conmigo artes marciales hasta que sea tan buena como tú, y eso es todo —terminó, alejándose con determinación de todo el mundo para volcarse en alguna tarea encomendada por un curioso Yoon.
Kija intercambió una mirada con Jae-Ha antes de acercarse a Hak, que seguía enfurruñado. Los ojos claros del ex-general miraban lo alto de los árboles, y sus brazos ya no estaban cruzados sobre su pecho, sino a ambos lados de su cuerpo. Claramente, aunque la petición (no, orden) de Yona le había molestado, había aceptado su destino.
—¿De verdad harás…? ¡No puedes pelear con ella! —gritó Kija, tomándole del brazo y zarandeándolo.
—Haré lo que la princesa me ordene —gruñó, separándose de sus compañeros y tomando su lanza—. Volveré pronto.
Yona levantó la vista para verle alejándose entre los árboles. Se sentía culpable. Hak ya había hecho mucho por ella (mucho más que cualquier otra persona en toda su vida), de modo que no le gustaba obligarle a más cosas. Pero necesitaba ser más fuerte. Se enfocó nuevamente en su tarea, pensando que, tarde o temprano, liberaría a Hak de esa carga que representaba. Esperaba que pudiera disculparla por sus órdenes, pero había cosas que ella tenía que hacer, y para algunas necesitaba de su ayuda. Y eso era todo.
El resto de los dragones volvieron a sus tareas, y todo estuvo en relativa calma, incluso cuando Hak volvió a estar con ellos (trayendo consigo nuevas presas para alimentarse). Sin embargo, a ninguno le pasó desapercibido el ambiente que se había creado. Era tan tenso que podía cortarse con el filo de una de las uñas de Kija.
Zeno y Kija intentaron mejorar un poco el ambiente, pero no había mucho para hacer. Incluso Jae-Ha se animó a hacer algunos chistes —de esos que molestaban a la Bestia del Trueno—, pero incluso así Hak no reaccionó. Estaba perdido en sus pensamientos, tanto como Yona. Y apenas se miraban, de modo que los dragones tenían ganas de solucionar esa situación de inmediato.
—¿Por qué no le enseñas algún movimiento a la señorita antes de irnos a dormir? —señaló Zeno, mirándole con una gran sonrisa. El rostro de Hak seguía sombrío, su ceño fruncido.
—Si la princesa lo desea, sí.
—Pues de hecho, sí lo deseo. Estaría bien darte un golpe antes de irme a dormir.
Kija miró a Zeno con los ojos abiertos de par en par, en una clara señal de que las cosas no estaban mejorando. Yoon tosió, incómodo. Shin-Ah y Ao comían en silencio, observando la escena.
—¿Y qué tipo de movimiento le enseñarás a Yona? Porque si necesitas más tiempo a solas…
Hak le observó de reojo, sin una mueca de diversión en su rostro. Tanta fue la indiferencia y odio en ese mirar, que Jae-Ha se encogió un poco en el lugar, cerrando la boca de inmediato.
Yona se levantó de su lugar y se paró en el amplio espacio, más allá de donde se sentaban a comer. Yoon la observó con cierta preocupación, pero el resto de las miradas estaban enfocadas en Hak. Otra vez tenía la mandíbula tensa. Consideraban que era porque algo en su sistema estaba completamente en contra de lastimar a la princesa de cualquier manera que fuera, y eso incluía el entrenamiento que estaban por presenciar.
No les sorprendió observar que Hak se quedó quieto en el lugar, observando a la princesa con cierto desgano. Yona apretaba los puños, a ambos lados de su cuerpo, y su mirada volvía a refulgir. Pero esa mirada Hak la conocía bien. Estaba enfadada con él, como esos enfados que solía sacarle cuando eran más chicos, más inocentes. Era el tipo de enojo que terminaba con la princesa revoleándole cosas por la cabeza. Casi logró hacerlo sonreír.
—Entonces, ¿qué? —rezongó ella. Hak se encogió de hombros, dejando escapar una media sonrisa de lado.
Se negaba enteramente a utilizar su fuerza contra la princesa. Le había ordenado enseñarle y practicar con ella, pero lo haría a su manera.
—Enséñame lo que tienes —respondió.
Jae-Ha aseguró que eso sería algo digno de ver, lo que provocó diversas reacciones en tan solo unos pocos segundos. Como era usual, Yona no se enteró de lo que quería decir su comentario y la mirada pícara que le dirigió a Hak. Yoon se cruzó de brazos y lo miró con molestia (ya estaba harto de ese tipo de situaciones). Shin-Ah alzó la dorada mirada, escondida detrás de su máscara, observándoles con sincera curiosidad. Kija casi se ahoga en el lugar con su propia saliva, sus pensamientos hechos un desorden de solo imaginar lo que Yona podía enseñarle a alguien. Hak, por su lado, fulminó al Dragón Verde de una sola mirada.
—¡De acuerdo! —gritó Yona. La princesa ni siquiera esperó a que Hak volviera a mirarla a ella (hasta el momento, seguía molesto con Jae-Ha y también algo azorado de la idea que había plantado el Dragón en él). Solo corrió hasta su guardián y comenzó a repartir patadas y golpes de todo tipo, que Hak esquivó sin problemas.
La princesa había logrado aumentar su velocidad. Posiblemente su tamaño le había ayudado en eso, pero no cabía dudas de que había entrenado (incluso, tal vez, más veces de las que él pudo percatarse). Sus golpes también eran precisos, aunque no tan controlados (y su enojo seguramente tenía que ver con eso). Hak se dedicó a moverse de lado a lado, esquivándole, y también a impedir alguno de sus golpes con movimientos exactos de sus brazos.
De cualquier modo, no pudo evitar enfadarse un poco más, aún si podía notar que Yona comenzaba a moverse bien y que eso significaba que podría defenderse. Tal vez porque el calor que producía moverse de lado a lado, sumado al hipnotizante movimiento de los cabellos de Yona (o las expresiones de su rostro, en diferentes muecas de hastío, de cansancio o de esfuerzo), se habían combinado con sus pensamientos más recientes. Y es que no lograba dejar de recaer en los constantes comentarios —a veces subidos de tono— que solía soltarle Jae-Ha con tanta confianza. No es como si él no se pasara de la línea con Yona —normalmente para molestarle—, pero no podía permitir que eso se volviera una rutina para todos allí, no podía permitir que ellos lo vieran. Era algo inadecuado, totalmente inaceptable. Si él soltaba algún comentario un poco atrevido, lo haría a solas con Yona, como si compartieran otra vez algún momento de la infancia. Siempre había adorado molestarle, y el modo de molestarle únicamente había evolucionado con el pasar de los años. Pero no permitiría que esos Dragones —en especial, Ojos Caídos— se tomara ese atrevimiento, ni que ninguno pudiera ver eso de ellos. Eso era… era personal. Era algo entre la princesa y él.
Las cosas no podían malinterpretarse. Porque si otros malinterpretaban su accionar (su protección, su disposición, su cercanía, sus comentarios o incluso las malditas reacciones espontáneas que salían de él hacia Yona), entonces le dejaban el camino libre para malinterpretar a él también. Solo le daban vanas esperanzas, y no las necesitaba.
Ofuscado por esos pensamientos, y una serie de sentimientos que le molestaban más allá de lo que quería, perdió el control de lo que sucedía fuera de su cabeza. Tal vez, la misma molestia que sentía había tomado parte en eso. O que la respiración de Yona se había disparado y era algo que le descontrolaba (que su sucia mente debía dejar de malpensar). O que ya estaba harto de tantos golpes a esquivar y quería terminar con esa pseudo sesión de entrenamiento de inmediato y alejarse de allí, darse un momento para pensar en cómo terminar con esas frases molestas de Jae-Ha, cómo terminar con sus propias emociones. De modo que frenó el nuevo golpe de Yona tomándole del brazo y le obligó a trastabillar hacia atrás, sin dejar de sostenerle. No fue difícil capturar su brazo libre. Antes de que pudiera darse cuenta, estaban ambos tirados sobre el piso. Yona había caído sobre su trasero y Hak aún sostenía sus brazos a ambos lados del cuerpo. De alguna forma, Hak se las había arreglado para estar algo arrodillado, de modo que había algo de espacio entre ambos. Pero de igual forma logró que la princesa se sonrojara hasta igualar su cabello.
Y todos los dragones habían dejado de respirar.
—Hak.
Yona no tenía mucha idea de sobre qué serían sus quejas ahora. Algunos cabellos de Hak le hacían cosquilla, batallando con sus pestañas, y los ojos azules de su amigo parecían brillar con luz propia. ¿Por qué le incomodaba tanto estar en esa posición? Era como en muchas otras ocasiones en que Hak le había protegido, no había tanta distancia entre ellos y el cuerpo de él siempre estaba sobre el de ella. Tal vez tenía que ver con el hecho de que le había ganado con absoluta facilidad, con la misma facilidad que había esquivado cada uno de sus golpes (dados uno con más furia que el anterior, por lo enfadada que estaba). O tal vez era que sus manos parecían arder, allí donde le sostenían.
—Se acabó el entrenamiento —sentenció Hak. Le soltó los brazos, pero seguían ardiendo. Y se alejó de ella, pero seguía sintiendo el calor que emanaba del cuerpo de Hak, como si se hubieran estado abrazando.
—¡ERES UNA BESTIA! —gritó Kija cuando logró recuperar su voz (y el aire en los pulmones). Hak ya se había alejado de la princesa para cuando el Dragón Blanco se acercó para ayudarle a levantarle, aún enfurruñado en contra de Hak y su falta de tacto—. ¿Estás bien, Yona? —le preguntó una y otra vez, hasta que la princesa finalmente pudo responder.
—Sí, no ha sido nada. —Había sufrido caídas peores, aquello no había sido nada. Observó a Hak, que estaba de espaldas a ellos y parecía listo para escaparse de nuevo entre los árboles. Recordó el modo en que brillaban sus ojos e intentó descifrar qué se escondía detrás, pero solo logró sonrojarse un poco más. Deseó que nadie pudiera notar cuánto le incomodaba todo aquello.
—Ya veo —exclamó Jae-Ha de pronto, llamando la atención de todos. Dirigió su astuta mirada ahora hacia la princesa, lo que provocó que Hak entrecerrara los ojos con ganas de golpearle con su arma en la cabeza hueca—. Esto no es más que un pretexto tuyo para que Hak esté bien cerca de ti, ¿ah?
—¡CÓMO DICES ESO! —Los gritos de Kija y las risas y respuestas de Jae-Ha se entremezclaron y nadie fue verdaderamente capaz de entender qué se dijeron en lo absoluto.
Hak solo pudo observar las mejillas encendidas de Yona antes de correr la mirada y sonreír.
Era la primera vez que Ojos Caídos decía algo que no le provocaban inmediatas ganas de tener la pierna de Dragón para propinarle una buena patada en el trasero.
Nota:
Hello~
Me di cuenta que escribo demasiado desde 'el punto de vista' de Hak, de modo que intenté meterme un poco más en Yona. Y creo que será un reto auto-impuesto ahora intentar contar escenas desde la vista de otros personajes, que hay muuuchos más.
Espero que hayan disfrutado de este capítulo (: Muchas gracias por los follows, favs y reviews, de verdad~ Les mando amorsh y besos para que les dure hasta el próximo capítulo -?-
Mor.
