N/A
Muchas gracias por sus Reviews Favs y Follow (a los lectores fantasmas también). Espero continúen disfrutando.
Bienvenidos y continuemos con nuestra historia:
Cambios
No recuerdo cuándo fue la última vez en que me entusiasmaba con algo. Me siento algo confusa al no entender bien si se trata de mi necesidad de distracción o por el cumpleaños de Peeta. Pero no me detengo a pensar en eso. Me siento animada mientras salgo a cazar, recolectando presas, donde algunas terminan en la nevera aguardando para el gran día. Me agrada la nueva sensación.
Me dispongo a utilizar el abandonado teléfono de la casa. Sólo gastaba mi tiempo con ese aparato para las llamadas del Dr. Aurelius (para su seguimiento de la loca homicida), a veces mi madre y otro par, menos difícil de contar, con Gale.
Esta vez me encuentro llamando a Annie, Johanna, Beetee, Effie, y quién se me pase por la mente para invitarlo al pequeño gran evento. Empiezo un juego que consiste en analizar la sorpresa de todos cuando los llamo.
Annie lanza un chillido agudo anunciando su participación. Además que me pasa al pequeño que me dice un adorable "Hoda" a través del auricular.
Johanna, al responder, me ladra "Así que estás viva, descerebrada". Cuando le digo de la invitación lanza un bufido, pero accede a participar. Escucho su sonrisa cuando lo hace.
Effie me asegura que será un "Gran, gran, gran día"
Beetee me dice que ayudará con algunos artilugios electrónicos para efectos de iluminación. No entiendo de qué demonios habla, pero accedo.
Agradezco el dispositivo de intercambio de imágenes cuando hablo con Pollux, quien me hace señas con el dedo pulgar levantado cuando le anuncio el acontecimiento.
-¿En serio crees que me querrá en su fiesta? – la pregunta de Gale me hace dudar un poco.
-¿Por qué no querría?
-Se me ocurre una amplia lista… - me dice conteniendo una risa.
-Vamos Gale… - le insisto.
Hay un silencio por un par de segundos.
-Está bien... – hace una pausa – Llevaré a mi novia…
Me quedo muda por un instante. Sorprendiéndome que ante la información.
Recuerdo la primera vez que hablé con él por el teléfono después de que todo terminó. No podía perdonarlo, no quería perdonarlo, aunque en mi interior sabía que no era directamente responsable de la muerte de Prim. Si no hubiese sido por la mano de Peeta que sostenía la mía jamás me hubiese atrevido. Él estaba tan destrozado como yo, culpándose él mismo. Supo de inmediato que Peeta estaba conmigo. Me conocía lo suficiente para saber que no lo habría llamado por mi propia cuenta. Pero el chico del pan tenía razón, necesitaba cerrar ciclos, necesitada cerrar las ventanas que permanecían abiertas. Jamás podremos retomar la amistad que tuvimos tiempo atrás, parte de mi aún tiene un fuerte rencor hacia él, parte de él jamás dejará de culparse, pero nuestras vidas, si debían de separarse, no podía permitirme que sólo sea por la desolación del olvido. Mi viejo amigo también debía seguir adelante.
Siento un enorme alivio de saber que ahora tiene a alguien que le ayude a reconstruirse.
-¡Genial! ¡Me encantaría conocerla! – mi entusiasmo atraviesa el teléfono.
-Si… ella también me insiste en conocer al famoso sinsajo… - se ríe.
Es así como lleno el tiempo de mi tarde casi sin notar el pasar de las horas.
Para cuando Peeta llega ese día, me encuentro recostada en el sofá, sin sutileza alguna, hablando con mi madre. Lo saludo levantando una mano.
Agradezco que haya sobrado comida del día anterior, ya que hablando con uno y con otro, ni siquiera me di el tiempo de prepararle algo.
Se acerca y besa mi frente, lo que me hace tartamudear un poco a mi madre.
-¿Qué ocurre, hija? – noto el tono de extrañeza por mi reacción.
-Acaba de llegar Peeta.
La escucho sonreír.
-Me agrada ese chico. - me confiesa.
Me sonrojo y miro a Peeta quien esta distraído en la cocina calentando su plato en el horno – A mí también… - susurro.
Ríe abiertamente.
-Ahí estaré – me asegura – es lo menos que puedo hacer por todo lo que ha hecho por ti…
Me descubro a mí misma hablando por varios minutos con mi madre. Es fácil ahora que dejé de culparla por abandonarme e iniciar otra vida lejos de mí. Si no fuese por Peeta… Oh Peeta… ¿qué demonios habría hecho sin él?. Me consoló tantas veces cuando lloraba por ella y me abrazaba cuando estaba al teléfono. Poco a poco ambas pudimos reiniciar el poco vínculo que alguna vez tuvimos. La primera vez que pisó el Distrito 12 estaba completamente desecha por los recuerdos que le llegaban a la cabeza; mi padre, Prim. Llorábamos juntas y Peeta nos consolaba a ambas.
Ahora me cuenta que en el hospital del Distrito 4 le ha ido excelente, llegando a ser jefa de jornada en varias ocasiones. Me alegro mucho por ella y me siento orgullosa de cómo ha seguido adelante a pesar de todo.
Peeta, después de cenar, se sienta en el sillón cercano, terminando de comer un panecillo, y prende la televisión con volumen bajo para no interrumpirme. Buttercup se sienta en sus piernas y se acurruca mientras él acaricia su cabeza.
Para cuando nos estamos despidiendo, ella me sorprende con su última frase.
-Te escuchas diferente hija, te escuchas… feliz…
Abro mis ojos e inconscientemente mi mirada se centra en Peeta frente a mí. Él está atendiendo las noticias por lo que no nota mi expresión.
-Mándale mis saludos a Peeta – continúa ella – Adiós hija.
-Claro… - atino a decir - Adiós mamá…
Después de cortar el teléfono, me quedo un par de minutos observando a mi acompañante.
Sin excepción, mis interlocutores destacaron el gran cambio que hay en mí: mi forma de hablar, mi ánimo. Como si se tratara de una persona completamente diferente a la que vieron meses atrás. No solo ellos, yo misma me he descubierto diferente. El Dr. Aurelius me lo destacó un par de días atrás "Estás siguiendo adelante". Todo gracias a ese tímido y tierno personaje. Sin siquiera intentar forzarme, ha hecho que mi vida empiece a tener un nuevo sentido.
Mi mirada se fija en Buttercup, quien ronronea abrigadito en sus piernas. No puedo negar que he aprendido a querer a ese horroroso animal. Pero a pesar de que es uno de los pocos que entiende mi pérdida por Prim, apenas contengo las ganas de cocinarlo por estar tan cerca de Peeta. "Estúpido gato" balbuceo mentalmente.
Peeta voltea hacia mí y le respondo la mirada sosteniéndola por unos segundos – ¿Qué ocurre?
Niego con la cabeza antes de levantarme y dirigirme hacia él. Se sorprende cuando tomo a Buttercup por la piel de su nuca, ignorando completamente sus gruñidos, y prácticamente lo lanzo al sofá donde estaba sentada. Me siento de costado en sus piernas, se tensa entero cuando lo rodeo con mis brazos y escondo mi rostro en su cuello. Está calentito y ese agradable aroma a pan horneado me relaja. Cierro mis ojos para disfrutarlo.
Relaja su cuerpo y siento su sonrisa mientras me rodea con sus brazos acunándome. Es impresionante lo segura que me siento entre sus fuertes brazos y la tranquilidad que me causa el sólo hecho de sentirlo cerca.
Pasan un par de agradables minutos donde disfruto de sus caricias en mi cabeza. Me doy cuenta que soy una versión humana de Buttercup. Casi puedo oírme ronronear.
Ni siquiera prestamos atención a la televisión que pasa una serie de imágenes que no tienen sentido alguno para mí en ese momento. La mayoría de las noticias reportan lo que va sucediendo en cada Distrito y en el Capitolio, de cómo se ha ido reconstruyendo todo. Pero en realidad, precisamente en sus brazos, no me interesa nada más. El mundo deja de existir en ese momento y es sólo mi refugio personal en su regazo lo único que me importa.
Un bostezo de Peeta me tensa completa al reconocer que es el momento en que decide hacerme dormir y finalmente alejarse. Dejándome desolada en una cama que me parece enorme.
-¿Katniss? – me llama.
-¡No! – me aferro con más fuerza.
Lo siento sonreír – Debo levantarme temprano mañana… vamos a recostarnos.
-Te irás cuando me duerma…
Hace una pausa – Sabes por qué lo ha…
-¡Sí lo sé! - le interrumpo – me lo has dicho varias veces…
Se forma un silencio en que sólo siento su respiración en mi oído.
Me incorporo sin romper nuestro abrazo para mirarlo directamente a los ojos.
-Solo por hoy… - ruego en un susurro.
Levanta una ceja, sabe que mañana en la noche le diré exactamente la misma frase.
-¿Nunca has querido amanecer conmigo? – la pregunta parece aturdirlo, pero me mira como si la respuesta fuese más que obvia.
-Ni te imaginas lo difícil que es levantarme para irme a mi habitación.
-Entonces sólo no te vayas.
-No quiero llegar a lastimarte…
-Lo haces cuando te vas.
-Pero de una forma que puedo verte viva a la mañana siguiente - levanta una de sus manos para llegar a acariciar mi mejilla – No quiero perderte Katniss…
Recargo mi rostro en su mano tratando de encontrar algo de alivio. Pareciera una despedida en la que no nos veremos en siglos. Incluso olvido que lo veré a la mañana siguiente y que me besará antes de irse.
-Sólo por hoy… - vuelvo a insistir.
-Katniss… ¿acaso escuchas lo que te digo? – sonríe.
Me siento una niña en sus brazos, una niña indefensa que necesita de su protección. Me vuelvo a refugiar en su cuello.
-Entonces tendrás que dormir acá en el sillón…
Se ríe.
-¿Contigo encima?
-¡Sí! ¡No te podrás ir!
-¿Segura?
Sujetándome por mi espalda y mis piernas me levanta con una frustrante facilidad. Lanzo un chillido y no libero su cuello en un inútil intento por retenerlo. Pero es poco lo que puedo hacer.
Para cuando me doy cuenta ya ha subido las escaleras y me recuesta en esa enorme y fría cama. Se recuesta justo frente a mí. Es lo más lejos que se lo permito al no dejar de casi estrangular su cuello.
Me alejo para volver a ver su rostro en la almohada, ya resignándome al inevitable final de esta noche. Apenas me entregue al sueño, él no estará ahí para cuando despierte.
Me da un casto beso en los labios antes de fusionar su mirada con la mía. Me sonríe.
-Sólo por hoy… - susurra.
Abro los ojos y siento mi pecho abrirse de tantas emociones que me causa esa simple frase.
-¿No te irás cuando me duerma?
Niega con la cabeza con una hermosa sonrisa.
Me lanzo sobre él fusionando mis labios con los suyos y luego me acurruco en su pecho respirando profundamente su aroma.
No sabía lo cansada que estaba. Me quedo profundamente dormida luego que él besa mi cabeza y me rodea con sus brazos.
Varias veces en la noche me descubro despertando sólo para asegurarme de que sigue ahí. En ratos ni si quiera es necesario que abra los ojos, me remuevo un poco sintiéndome satisfecha de seguir prisionera en sus brazos y vuelvo a dormirme.
Por fin puedo hablar de un buen descanso a pesar de las veces que me desperté para comprobar su presencia.
La mañana se cuela por la ventana y me despierta el sonido de los pájaros. Ya no estoy abrazada a Peeta, pero continúa recostado frente a mí con una de sus manos en mi cintura.
Alzo una de mis manos y acaricio su mejilla, se remueve un poco, resistiéndose a despertar. Finalmente las rubias pestañas se separan perezosamente y esas cristalinas perlas se dirigen a mí.
Medio dormido aún se acerca para besarme en la frente.
-Buenos días… - le digo cuando se aleja.
Se restriega la cara con una mano y mira adormilado a su alrededor.
-Buenos dí…. – se interrumpe de golpe abriendo grandes sus ojos - ¿Qué hora es?
Instintivamente ambos miramos el reloj que está en el velador. Pasan de las nueve.
-¡Me quedé dormido!
Me causa demasiada gracia ver al tranquilo Peeta levantarse alterado, se pone su prótesis lo más rápido que puede y va corriendo de un lado a otro buscando sus cosas. Se va a su habitación y se baña y viste en tiempo record.
Anoche ninguno de los dos siquiera se molestó en recordar su reloj despertador que esta cómodamente situado en la mesita junto a su cama.
Se acerca tambaleante, aun terminando de abotonar su camisa, y me da un rápido beso en los labios - Nos vemos más tarde – me asegura antes de alejarse y salir de casa.
En los días siguientes, sigue nuestra no discusión de "Sólo por hoy". Nos miramos sonriendo cuando terminamos ambos recostados frente a frente, nos aseguramos que, estas veces, el despertador de Peeta esté en la mesita de noche cerca de la cama. A las mañanas siguientes, sin embargo, siempre ocurren dos opciones; o él trata de levantarse y me aferro a su cintura sin permitírselo; o bien, lo termino despertando, algunas veces sin mucha sutileza, pero se niega a abrir sus ojos y me aprisiona más contra él En cualquiera de los dos casos, termina llegando tarde a su trabajo por la burda excusa de "5 minutos más".
Los días casi llegan a formas una semana y me siento aliviada de despertar acurrucada en su pecho, sin miedo de esas espeluznantes pesadillas. Soy consciente de que si me despierto gritando, él estará junto a mí para refugiarme.
CONTINUARÁ...
