EL LADO OBSCURO DE TU CORAZÓN

Lovino bien pudo haberse convertido en un gran cultivo de musgo cuando cumplió su segundo día tirado en cama en medio de la obscuridad de su habitación solo escuchando el tenue tic tac que venía de su reloj de pulsera que estaba en su mesita de noche.

No tenía ánimos de nada, se suponía que aquella tarde tenía una entrevista de trabajo pero su cuerpo le ordenaba quedarse ahí tirado… muy dentro de él sabía que tenía miedo de salir.

¿Cuántas veces había pasado por aquella situación? Siempre era lo mismo, eran como constantes recaídas de una enfermedad incurable; igualmente sabía que pronto se recuperaría así que esa tarde se dio permiso de quedarse ahí por segundo día consecutivo.

Tirado en su cama, con brazos y piernas extendidos lánguidamente además de su mirada perdida en algún punto de la habitación, el muchacho pudo escuchar el arañar de unas patitas en su ventana sin embargo no se levantó de la cama sino hasta que este rasgueo contra el cristal se volvió un poco desesperante.

Con esfuerzos y luchando contra su pereza se levantó yendo hasta su ventana arrastrando sus pies y al recorrer la cortina se encontró con el gato callejero que solía husmear en su basura y tomar el sol en el umbral de su puerta.

-Otra vez tú, sinvergüenza- dijo con la voz ronca por no haber hablado por tantas horas. Abrió la ventana y soltando un maullido el gato se escabulló dentro.

Con todo cinismo, el felino recorrió con sus ojos claros todo el lugar y finalmente encontró la cama de Lovino como un lugar cómodo para él.

-Oye ¿Quién te dio permiso de subirte ahí?- le espetó al animal que como si se estuviese burlando del castaño solo lo miró un segundos y luego procedió a lamer sus patas en una actitud arrogante, o al menos eso le pareció a Lovino que volvió a su cama recostándose a un lado del gato.

Frunciendo el ceño, el castaño le acarició la cabeza al gato mientras este seguía metido en su tarea de acicalar su pelaje, de vez en cuando escuchaba un ronroneo gutural salir del animal.

Se entretuvo pasando sus manos por el pelaje suave del animal, examinando sus ojos de rendija y el color azul en ellos, de vez en cuando por mero capricho apretaba sus patitas viendo sus garras salir cuando el gato se ocupaba en lamer otra parte de su largo cuerpo sin importarle realmente que Lovino estuviera usando sus patas como juguete.

-Qué fácil debe ser tú vida, metiéndote a casas ajenas y solo dedicándote a comer y dormir- le dijo el castaño pasándole los dedos por detrás de las orejas al felino dejando sus patas en paz y viendo ahora como se recostaba tranquilamente.

-¿Ustedes también tienen sus preocupaciones?... o es acaso que solo las personas piensan demasiado y dicen muchas mentiras para intentar hacer menos pesadas esa carga…-

El animalito parecía estar poniendo atención a lo que de pronto se sentía como un soliloquio, ya que no le quitaba los ojos de encima a Lovino que seguía acariciando tranquilamente el pelaje del gato que se dejaba mimar, muy perezoso como para evitar el contacto.

-¿O tú también estás muy cansado de todo esto?... te entiendo- le volvía a decir al gato por fin dejando su mano en el vientre cálido del animal que se mantenía impasible sintiendo los dedos de Lovino pasar por su estómago de arriba abajo.

-Yo también quisiera pasarme la vida acostado solo haciendo mi voluntad sin preocuparme del resto de la gente… ¿A ti te importa el resto de las personas o solo te aprovechas de ellas?- le preguntó de nuevo al animal que esta vez solo se relamió la boca como respuesta. Lovino se atrevió a dibujar una media sonrisa.

-Tomaré eso como un sí, solo te aprovechas de ellas sacándoles lo que puedes, los gatos son así, dicen que no le son fieles a nadie. En serio, que envidia, si yo pudiera deslindarme de todos, incluso de Feliciano pero no sé qué estúpido dio por sentado que "el humano es un ser social"… si eso es verdad ¿Por qué Dios hizo a las personas tan hijas de puta? No es que cuestione a Dios es solo que a veces me pregunto qué pasaba por su cabeza al crearme a mí y al resto… todos somos tan despreciables, deberían solo irse al infierno- comentaba el italiano

El gato por su parte seguía ronroneando gracias a las caricias de Lovino en su vientre y sus ojos comenzaban a cerrarse lentamente, apenas y los mantenía abiertos para parpadear.

-Si pudiera pedirle un solo deseo a Dios, no pediría quitarme esta maldición… creo que de tener la oportunidad… le rogaría que hiciera desaparecer a todos- comentó Lovino quien contagiado por la actitud perezosa del gato también comenzaba a sentirse somnoliento y sus ojos junto con los del animal se iban cerrando lentamente con este triste deseo en mente

Toda la mañana y parte de la tarde la pasó profundamente dormido, demasiado desanimado como para siquiera abrir sus ojos un poco, y cuando por fin lo hizo el castaño se dio cuenta de que el gato había vuelto a escabullirse lejos de su casa dejando solo pelos en la cama y la ventana abierta permitiendo que una brisa fría se colara por la ventana, ese animal era un oportunista.

El muchacho se estiró y salió de su obscura habitación buscando algo apetecible para comer aunque solo encontró unas tristes latas de atún que tuvo que comer puesto que no había salido a hacer las compras. El castaño no se dignó siquiera a servirse en un plato, tomando una cuchara comía el atún directamente de la lata mientras veía su contestadora una vez más retacada de mensajes todos de Feliciano.

"Ve~ hermanito ¿Estás bien? Deja de ignorarme por favor, sé bien que estás en casa… al menos contéstame. Mamá también ha preguntado por ti, le dije que estás ocupado pero no me ha creído nada; da alguna señal de vida; deja de esconderte"

Y todos los mensajes una vez más se repetían, era el ciclo sin fin que Lovino ya no sabía si Feliciano seguía trazando todavía por verdadera preocupación o porque sencillamente se había convertido en un habito que repites ya sin pensar demasiado, podría ser que el menor solo hiciera la pregunta usual acerca de cómo se encontraba porque era algo que había hecho toda la vida y se sentía con la obligación de seguir haciéndolo.

Ah… incluso había arrastrado a su hermano a su propia miseria.

Lovino dejó la lata de atún a la mitad y fue de nuevo hasta su habitación en donde una vez más se recostó solamente escuchando ruidos que se colaban del exterior que llegaban vagamente hasta su cuarto, abrazó una de sus almohadas mirando otra vez a un punto indefinido en su cuarto y solo se quedó ahí mirando a la nada pensando en todas las posibilidades y rumbos que pudo haber llevado su vida de no haber nacido con aquella maldición.

Fantaseaba con diferentes tipos de escenarios en donde podría tener amigos al vivir en una bendita ignorancia acerca de cómo era realmente la gente, tener pareja, vivir lejos de pensamientos cruentos y secretos de los que nunca quiso enterarse… sí… hubiera sido una buena vida.

Y así Lovino podía pasarse días enteros haciendo múltiples suposiciones, sin embargo interrumpiendo sus fantasías y por segunda vez en el día un ya conocido gato volvía a llamar a su puerta trasera.

-¿Tú que quieres ahora?- le preguntó al animal cuando vio a este estar escarbando entre su basura, salió y lo tomó en brazos zafándole las garritas de las bolsas negras de basura, el gato maulló haciéndole entender a Lovino que tenía hambre.

-Si sigues así tendré que adoptarte y no creo que te guste vivir con un amargado como yo- le regañó al gato llevándolo dentro para ofrecerle la mitad de la lata de atún que había dejado a la mitad y que el animal devoró sin miramientos con mucho gusto relamiéndose los bigotes a cada rato y después restregándose a la pierna de Lovino que le reprendió por llenarle de pelo el pantalón, pero en realidad no estaba enfadado.

Hacía muchísimo tiempo que no tenía compañía de otro ser vivo en general así que como no tenía ánimos de hablar con su hermano, se conformó con la presencia del gato con el cual comenzó a jugar un rato después… bueno, no sabía si el gato estaba jugando o solo intentaba atacarlo.

Le rascaba la barriga y el felino a cambio prensaba su brazo con sus patas y encajaba sus colmillos de manera suave en su piel como si estuviera luchando con ese brazo.

-Te vas a arrepentir si me haces daño- le advirtió Lovino forcejeando con el animal que no se cansaba de luchar con él.

De un momento a otro unos cuantos ruidos se escuchaban cerca de la casa de Lovino, el sonido de pasos junto con una voz que llamaba un nombre. El gato se detuvo de inmediato y solo sus orejas se movieron mientras el animal se quedaba completamente quieto como si estuviera intentando identificar la voz.

Lovino frunció el ceño y volvió a tomar al gato entre sus brazos saliendo para ver quién pudo haber tomado el valor de aparecerse tan cerca en su casa.

-¡Minino, gatito! Ven aquí- decía una voz masculina haciendo ruidos para intentar llamar al minino que de pronto se removió en los brazos de Lovino así que el moreno fue hasta donde se escuchaba la voz. El felino aun intentaba escapar de su abrazo a medida que la voz de la persona se escuchaba más clara.

-Gatito, gatito~- seguía llamando y Lovino al llegar a la cerca que casi daba con su puerta principal vio a un muchacho castaño de ojos verdes… uno que se le hacía muy conocido.

-¿Qué diablos haces aquí?- preguntó Lovino de esa manera ruda tan usual en él cuando identificó al joven como el mesero de la cafetería en donde había tenido el incidente de dos días atrás.

El ojiverde dio un respingo y volteó de inmediato encontrándose con Lovino pero no identificó de inmediato al italiano, lo primero que vio fue al gato que este cargaba.

-¡Tortuga, aquí estabas!- dijo el de acento español y el gato de inmediato logró saltar de los brazos de Lovino e ir con pasos tranquilos hasta donde estaba Antonio el cual se agachó para acariciarlo tiernamente.

-¿Dónde te habías metido? Me diste un buen susto- le decía al gatito rascándole el mentón y después sus orejas.

-Perdón porque mi gato te haya moles…- Antonio se detuvo de inmediato al ver por fin a quien le hablaba. Lovino se quedó ahí parado con ese pésimo semblante y cruzado de brazos.

-Eres el muchacho del otro día… que coincidencia- dijo el ojiverde riendo con nerviosismo al sentir la mirada penetrante de Lovino.

-No me has contestado ¿Qué diablos haces aquí?- preguntó Lovino tajante como de costumbre haciendo que el otro se pusiera aún más nervioso.

-Eh… pues vine a buscar a mi gato- contestó Antonio

De todas las personas tuve que encontrármelo a él ¿Acaso se acaba de mudar? Nunca lo había visto por aquí.

Lovino frunció el ceño haciendo que instintivamente Antonio tomara a su mascota y lo cargara.

-Vaya… no sabía que vivías por aquí, quiero decir… nunca te había visto por estos rumbos, y eso que somos vecinos. Yo vivo en la casa de allá- dijo Antonio señalando una cerca blanca que apenas alcanzaba a verse pues estaba considerablemente alejada del hogar de Lovino.

El italiano no dijo nada y esto solo hizo que el ojiverde se pusiera un poco más ansioso en su presencia.

Que miedo... este chico tiene una mirada muy extraña. Quiero que deje de mirarme de esa manera.

Lovino soltó un suspiro tras haber escuchado eso.

-Cuida bien a tu gato, parecía que estaba hambriento- dijo sin más el italiano a punto de darse media vuelta para regresar a su casa.

-Tortuga, así se llama- comentó Antonio antes de que Lovino se alejara y este volvió a verlo alzando una ceja por el peculiar nombre del animal.

-Siempre quise tener tortugas como mascota pero en su lugar me lo regalaron a él, por eso el nombre- decía riendo restregando su mejilla contra la cara del animal que dio un maullido de disgusto.

-Ya veo- Lovino contestó secamente dispuesto a irse sin embargo una vez más el otro se lo impidió.

-Por cierto, ¿Estás bien? Me quedé preocupado después de lo que pasó ese día en el café- el ojiverde le cuestionó a lo que el italiano entrecerró sus ojos con sospecha al no creer en absoluto esa preocupación.

Debe tener algún tipo de enfermedad mental si vive aquí completamente aislado además por la manera en que actuó… ¿Será algo grave?

Finalmente se trataba de eso, de puro morbo como toda la gente, la verdadera preocupación no nacía de la nada, siempre había algo oculto tras las palabras amables y la benevolencia, todo parte de un bonito acto escalofriantemente detallado y dirigido.

Lovino hizo una evidente cara de disgusto ante la pregunta y caminó unos pasos hasta el español que inconscientemente enderezó su espalda al ver más cerca al italiano, sintiéndose intimidado por esos ojos que parecían estarlo atravesando y encontrando cada secreto en él… esa mirada no era solo penetrante, de verdad parecía descifrar hasta lo más obscuro de ti.

-Ahórrate esa pregunta para ti ¿Tú estás bien?- le preguntó al muchacho que abrió los ojos desmesuradamente por unos segundos, segundos que a Lovino le bastaron para escuchar la verdadera respuesta.

Siento que me estoy muriendo…

-Por supuesto que si- mintió Antonio dibujando automáticamente la gran sonrisa que iluminaba su rostro, el gato volvió a maullar como si al igual que Lovino, pudiera detectar las mentiras.

El castaño lo miró un largo rato.

Deja de hacer eso, deja de mirarme así. Basta por favor.

-Aliméntalo como se debe si no quieres que escape. Adiós- Y sin más que agregar Lovino está vez caminó hasta su puerta.

Si claro… hasta nunca.

Esta insignificante frase hizo voltear a Lovino… ¿Por qué alguien desde el fondo de su corazón se despediría de tal manera pero no lo dice en voz alta?

El italiano vio al ojiverde alejarse aun cargando al gato acariciándole la cabeza y caminando con esa sonrisa artificial en su rostro. El sonido de sus propios pensamientos también iba disminuyendo hasta quedar en completo silencio. Había algo que le incomodaba, una especie de presentimiento que se situaba justo en la boca de su estómago mezclándose con una extraña ansiedad.

Por supuesto no era la primera vez que escuchaba ese tipo de pensamientos; cuando cursaba la preparatoria perdió la cuenta de cuantos deseos suicidas llegó a escuchar por parte de sus compañeros. Sin embargo había algo en Antonio que despertaba en él ese sentimiento tan extraño… no, no era nada parecido a la lastima y mucho menos a la empatía puesto que se había obligado a convertirse en un ser completamente indiferente ante todos.

Era esa manera en la que el español se sonreía; si pudiera decirlo de alguna manera era una molestia enervante lo que le provocaba ver a Antonio sonreír de tal forma ante todos y por otro lado estar desmoronándose por dentro sin que nadie lo supiera, estar pidiendo ayuda pero por fuera actuar como si él fuera el salvador de todos con esa radiante felicidad.

¡Le molestaba, le encolerizaba!... Era… frustrante… quería por una vez arrancar la máscara de alguien y dejar al descubierto esas larvas que devoraban todo y que no eran más que las verdades de cada persona, arrancarlas todas y dejar expuesta la carne roída… pues él prefería ver esa carroña, encontrar belleza en aquella deformación que seguir soportando ver la fina escultura de perfección y belleza cinceladas a base de mentiras que en el transcurso de su vida y hasta ahora se le antojaban repulsivas.

La superficialidad, la frivolidad, el enfrentar a la mundo con el rostro que todos quieren encontrar porque al preguntar un "¿Cómo estás?" nadie espera un "Estoy mal" entonces todos siguen con el protocolo y todos mienten y todos se pudren y se siguen infectando cada vez más, se llenan de pus que son esas emociones reprimidas y no dejan respirar las heridas.

Así era Antonio y a Lovino le daba rabia que vendara sus heridas en forma de felicidad y dejara que la infección siguiera carcomiéndole todo por dentro ¡Maldita sea, ¿Qué tan imbécil se tiene que ser para dejarte morir de tal manera?!

¡No le preocupaba el español, lo hacía enojar! La gente estúpida y mentirosa lo hacían enojar… pues que se fuera al diablo el ojiverde, que actuara como un imbécil y se matara… no sería la primera vez que viera a alguien sucumbir ante el peso de su propio corazón, ni sería tampoco la última.

Así que se quedó en casa, aun sintiendo ese incomodo malestar, intentó distraerse en cualquier cosa que se le hubo ocurrido pero nada, aquel presentimiento seguía removiéndose entre sus tripas y no era algo que él pudiera soportar.

A medida que pasaban las horas ese presentimiento se acentuaba cada vez más, estaba inquieto e iba de un lado a otro de su pequeña casa para intentar distraerse en cualquier cosa que no fuera esa desagradable sensación de preocupación. En su cabeza no dejaba de resonar esa despedida desolada, dicha al aire y a nadie en especial.

Cada vez que volvía a reproducir estas palabras en voz del español a su mente llegaba la imagen de un cadáver abandonado en ningún lugar. No es que le importara pero la idea sencillamente le parecía algo repulsiva y se preguntaba luego a si mismo porque ese tipo le había causado una impresión tan fuerte si no difería demasiado de la gente que había conocido en el transcurso de su vida ¿Qué había en ese tipo tan doble cara que no le permitía dejar de pensarlo?

Tirado en su sillón con un libro sobre su rostro, el que intentaba leer sin mucho éxito puesto que por más que leyera el mismo párrafo no entendía nada y tenía que repetirlo, escuchó un desesperado rasguñar en su puerta. El castaño bajó el libro para aguzar el oído, efectivamente alguien o algo estaba rascando su puerta.

¿Sería acaso el gato del idiota ese? Era el único animal que se había acercado a su casa y de ser un perro tal vez ese rasgueo en la puerta se escucharía con más fuerza. Seguramente el tonto deprimido no había alimentado otra vez a su mascota.

Lovino dejó el libro en el sillón y fue a abrir la puerta, efectivamente ahí estaba el gato que incluso había dejado marcas en la madera de su puerta de entrada. El castaño estaba a punto de regañarlo por eso pero el felino comenzó a maullar sin control.

-¿Qué tienes?- le preguntó al gato acuclillándose para acariciar al animal pero este no se dejó y siguió maullando como si le doliera algo.

-¿Estás enfermo?- volvió a preguntarle sintiéndose un poco estúpido sabiendo que el animal no le hablaría para decirle exactamente lo que le pasaba.

Se extrañó un poco por la conducta del gato que esa mañana estaba muy tranquilo y dócil, ahora no paraba de maullar en ningún momento. Lovino intentó tomarlo en brazos para examinarlo y asegurarse de que no estuviera herido sin embargo, Tortuga, que así recordaba se llamaba, pareció no estar de acuerdo y con toda su flexibilidad ágilmente se escapó de su agarre, saltó al piso y comenzó a correr en dirección a la casa de su dueño.

Eso sobrepasaba por mucho lo extraño; estaba consciente de que los animales eran sensibles a lo que sucedía en su entorno, estaba acostumbrado a verlo en perros, pero que un gato actuara de tal manera se debía a que seguramente algo muy malo pasaba.

Lovino maldijo entre dientes, estaba bien que el mundo le importara una reverenda mierda, pero después de todo seguía siendo humano, así que corrió tras el gato y después al haberlo alcanzado lo rebasó cuando estuvo cerca de la casa del español.

Esta no era muy diferente que la del italiano, ambas eran pequeñas y sin nada ostentoso o fuera de lo común, aunque se notaba que la de Antonio estaba un tanto más descuidada, se le veía vieja y desvencijada.

-Más te vale que no estés haciendo alguna estupidez- dijo entre dientes Lovino tocando a la puerta pero no hubo respuesta.

Tortuga llegó corriendo tras él, seguía maullando mientras Lovino tocaba la puerta una y otra vez, pasando a golpear esta con su puño sin embargo nadie atendía; el felino se mostraba ansioso pues iba de un lado a otro y caminaba en círculos. Frunciendo el ceño Lovino fue hasta una de las ventanas para ver si había alguien en casa.

-Huele mucho a gas…- se dijo al percibir el penetrante olor, segundos después su instintito reaccionó.

-¡Ese imbécil!- gritó y ya sin importarle que estuviera dañando propiedad privada fue por una piedra del jardín y quebró una de las ventanas.

El gato no esperó más para saltar dentro de la casa pero Lovino todavía se quitó la sudadera para enredarla en su mano y quitar los cristales que quedaban alrededor del marco, hecho esto prosiguió a meterse a la casa en donde de nuevo el olor a gas lo golpeó de lleno teniendo que cubrirse la nariz y la boca con la misma sudadera, tomó al gato y lo sacó de ahí por la ventana, no quería que este se fuera a intoxicar.

Fue por los pasillos de la casa buscando específicamente la cocina y agradeció no tardar demasiado en encontrarla. Justo como había imaginado, ahí estaba el muy idiota de Antonio sentado frente a la mesa con su cabeza recostada en ella; las llaves de gas de la estufa estaban todas abiertas.

-Idiota- masculló Lovino corriendo a cerrarlas para luego pasar el brazo del ojiverde alrededor de su hombro y prácticamente cargarlo sacándolo de ahí.

Al hacer esto pudo percibir su respiración débil, al parecer no llevaba mucho tiempo ahí pero tenía que llamar a la ambulancia.

-¡No te vayas a morir aquí idiota! No quiero tener que lidiar con la policía- le decía al inconsciente español cuando lo hubo sacado de la casa y lo tendió en el piso para luego asegurarse de que su corazón aun palpitaba.

Ahí estaba, el sonido de su corazón latiendo, Lovino dio un largo suspiro de alivio y se dejó caer en el suelo pues de pronto se sentía exhausto gracias a toda la adrenalina que su cuerpo había segregado minutos antes. Aunque no era tiempo de relajarse, todavía tenía que llamar a una ambulancia para cerciorarse de que el pedazo de tonto que estaba ahí tirado estuviera bien.

Pasaron al menos quince minutos antes de que la ambulancia llegara con el escándalo de las sirenas que hizo que un escaso número de pueblerinos asomaran la cabeza para ver a quien de sus vecinos le había ocurrido algo; Lovino agradeció que nadie se hubiera acercado o el escuchar de las voces suponiendo un montón de cosas hubiera sido demasiado abrumador como para soportarlo.

Los paramédicos bajaron rápidamente y revisaron a Antonio a quien al instante le pusieron la mascarilla de oxígeno, revisaron sus signos vitales y el italiano solo escuchaba términos que él no entendía.

Lentamente el español comenzó a entreabrir sus ojos, parecía estar intentando ubicar el lugar en donde estaba.

-Afortunadamente no pasó mucho tiempo aspirando el gas, puede que apenas haya estado un rato mínimo- le explicaba el paramédico mientras seguía aplicándole el oxígeno a Antonio que seguía desubicado viendo a todos lados.

¿Dónde estoy?... me duele la cabeza

Lovino escuchó al otro castaño pensar.

-Está frente a su casa, se le encontró inconsciente ¿Podría decirnos que pasó?- le decía el paramédico que ahora revisaba sus pupilas con la pequeña linterna y después su pulso.

-Huele mucho a gas… ¿Sabe de alguna fuga o fue…?- volvió a preguntar el hombre que seguía atendiendo a Antonio viendo a Lovino quien de inmediato completó la frase que el hombre dejó a medias.

Sabía que el paramédico pensaba "¿o fue un intento de suicidio?" Lovino estaba consciente que de afirmar esto último Antonio sería llevado de inmediato al hospital para ser internado en el pabellón psiquiátrico, cosa que no le vendría nada mal por cierto.

-Es una fuga- Antonio se adelantó a contestar con voz débil y trémula quitándose torpemente la mascarilla de oxígeno para empezar a hablar.

-Mis vecinos ya me habían advertido pero no había tenido tiempo de llamar a la compañía… creo que debí haberlo hecho antes… eso fue peligroso- dijo Antonio que aún convaleciente se atrevió a sonreír y a reír débilmente con toda naturalidad.

¿Por qué sigo vivo?

Lovino le escuchó decirse para sus adentros y esto de verdad lo hizo enojar tanto que de no ser porque el paramédico seguía a un lado de él, ya hubiera terminado el trabajo que el gas no hizo en el español.

El gato que había estado mirando desde la distancia por fin se acercó temeroso a su amo y le maulló repetidas veces mientras se trepaba en el vientre del castaño también asegurándose de que estaba vivo.

-Te di un buen susto, perdóname Tortuga- le dijo al gato acariciándole la cabeza con su mano ligeramente temblorosa.

-Agradézcale también a su vecino que fue quien lo encontró- dijo el paramédico comenzando a guardar sus instrumento de nuevo en su maletín, al parecer Antonio no necesitaba ser internado puesto que no estuvo el suficiente tiempo en contacto con el gas como para haberle hecho más daño aparte de dejarlo inconsciente, aun con ello también le recomendó visitar en cuanto antes a su médico.

Antonio buscó con la mirada a quien el hombre mencionaba y vio a Lovino con su eterno ceño fruncido, también le sonrió mientras intentaba incorporarse.

-Nos volvemos a ver. Muchas gracias por todo- dijo el ojiverde de nuevo mostrando ese gesto tan malditamente artificial

¿Por qué lo hiciste? ¡Nadie te lo pidió!

Lovino torció la boca denotando su completo desagrado por ese tipo y la rabia que le hacía sentir.

-No te vine a salvar a ti imbécil, vine por el gato- le dijo al español que abrió un poco los ojos por ese comentario.

El paramédico ofreció llevar a Antonio a alguna clínica cercana para que terminaran de hacerle un chequeo más profundo. Por supuesto, Antonio tenía que seguir con el papel de accidentado y aceptó.

Fallé… habrá que intentarlo otra vez

Y con este pensamiento Lovino lo vio irse en la ambulancia mientras se quedaba con el gato en su regazo, recordando por enésima vez la razón por la cual odiaba tanto a las personas. Tal vez lo mejor hubiera sido dejarlo matarse como tanto quería.

En la clínica del pueblo el doctor y algunas enfermeras se sorprendieron de ver al amable y siempre alegre Antonio llegando a la sala de emergencias por un supuesto accidente que el español se vio obligado a explicar detalladamente solo para hacer más fácil el digerir esa mentira. Por supuesto, el mundo entero se tragó la espectacular faramalla del desafortunado accidente con la fuga del gas y todo entonces se tornó a una charla sobre la importancia de revisar las tuberías y mantener precaución.

Después de una revisión exhaustiva, el doctor dio por saludable a Antonio y lo dejó irse a casa no sin antes hacerle infinidad de preguntas acerca de esa "fuga de gas"; el español contestó con toda coherencia, casi parecía que había memorizado un guión precaviendo todo aquello.

El médico no dudó al ver ese gesto risueño, tampoco indagó mas ya que el castaño se veía como un saludable muchacho que solo había tenido un desafortunado incidente que puedo haberle costado la vida pero del que había logrado salir airoso gracias a la buena voluntad de su vecino. No había nada de malo ni raro con el chico, así que con tan solo unas cuantas recomendaciones le dio de alta.

Antonio volvía a casa, ya era cerca del anochecer y el cielo se pintaba de rojo. El pueblo a esas horas ya se encontraba solitario y solo se escuchaba algún perro callejero hurtando por la basura de algunas casas; el muchacho iba a paso lento y tranquilo, cabizbajo preparado para sonreír si se topaba con algún vecino que le fuese a preguntar qué había sucedido.

Sabía muy bien lo que tenía que hacer, todo estaba perfectamente practicado así que se tomó su tiempo para llegar hasta su hogar, sus pasos eran lentos, tan lentos que parecía que estaba retrasando en todo lo posible llegar a su destino, aunque sinceramente no esperó jamás encontrar a Lovino sentado en las dos escaleras frente a su puerta principal.

El italiano tenía a Tortuga en su regazo y parecía estarlo esperando pues cuando Antonio llegó este se levantó de inmediato.

-Buenas noches- saludó Antonio con toda naturalidad sin obtener respuesta, solo esa mirada tan incómoda y un largo silencio que acompañaba la tensión.

-Eh… de nuevo gracias por todo, te he dado muchos problemas en un solo día- volvía a decir el español riendo nervioso.

-Guárdate tus mentiras para alguien más y la próxima vez que intentes matarte no te lleves de paso a tu gato ¿Quieres?- le espetó a Antonio que volvía a abrir mucho sus ojos.

-¿Matarme? Pero si fue un accidente- dijo risueño el ojiverde -¿Acaso me veo como un tipo que podría cometer suicidio?- dijo de nuevo con sus hoyuelos en las mejillas que se formaban al sonreír de tal manera.

Soy el mejor actor de todos, deberían darme un premio por esto

-Eso es lo más triste del asunto… que no lo pareces y por ello nadie se da cuenta- Lovino bajó el par de escaleras para pasar a un lado del castaño que era unos centímetros más alto que él.

-¿Cuántas veces has gritado y nadie te escucha? Esa sonrisa tan estúpida que te cargas ya se convirtió en tu bozal- le dijo Lovino comenzando a caminar lejos del español que volteó de pronto, un cambio radical e inusual se mostraba en su facciones.

-¡Debes dejar de hablarle así a la gente, eres desagradable!- le espetó el español que por primera vez en ese brevísimo tiempo de conocerlo, se escuchaba enojado.

¡¿Tú que sabes!? ¡¿Tú qué sabes de lo que me pasa?!

Lovino alzó una ceja mientras se metía las manos a los bolsillos pues una briza fría comenzaba a soplar en los alrededores.

-Soy desagradable pero al menos soy real ¿Puedes decir lo mismo de ti, mentiroso?- le dijo al español que frunció el ceño, se veía raro con otra expresión que no fuera su usual felicidad.

-Deja de llamarme mentiroso- le ordenó Antonio a lo que Lovino seguía con esa expresión de desagrado pero se mantenía en calma.

-Entonces dime como debería llamar a alguien que acaba de tener un "accidente" por una fuga de gas y regresa tranquilamente a su casa sabiendo que la "fuga" sigue sin arreglarse- dijo Lovino y Antonio ahora cambió de enfadado a sorprendido.

Los ojos verdes se desviaron y miraron a todos lados buscando una excusa.

-Cuando entré a tu casa para sacarte no había ninguna estúpida fuga, las llaves de la estufa estaban completamente abiertas y tú estabas justo ahí en la cocina. Esa serie de cosas son todo menos una cadena de accidentes- siguió diciendo Lovino viendo como Antonio abría la boca de nuevo para dar alguna explicación.

¡Cállate, cállate! ¡Tú no sabes! Tú… no tienes idea… no puedes juzgarme.

-No te estoy juzgando- dijo Lovino haciendo que de inmediato Antonio levantara la cabeza y fijara sus ojos en él; Antonio tuvo la acertada sensación de que Lovino le había leído el pensamiento.

-Yo no te estoy juzgando pero ten por seguro que toda esta maldita gente que lleva desde hace horas acercándose a tu casa para saber que pasó si lo hará, así que si te ven aquí también se van a dar cuenta de tu mentira… y la gente es cruel cuando no entiende algo…- dijo Lovino, ahora era él quien bajaba la cabeza y recuerdos amargos le venían a la mente.

-¿Qué debería hacer entonces?- preguntó Antonio en voz baja, casi un susurro.

¡Dime entonces que debo hacer si sabes tanto!... Sigo vivo por tu culpa ¿no? Dime que debo hacer a partir de ahora otra vez

Enfadado por este silencioso reproche Lovino estuvo a punto de alzarle la voz y decirle que lo primero que debía hacer era ir a solucionar sus malditos problemas psicológicos, buscarse un psiquiatra y ordenar la mierda que tenía por vida… pero se detuvo, respiró y se tranquilizó.

-Quédate en mi casa esta noche y mañana arma un bonito teatro en donde arreglen tu fuga invisible y ya. También haz algo con tu maldita cabeza- dijo Lovino de mal modo dándole la espalda comenzando a caminar, curiosamente, Tortuga iba tras él con toda confianza.

-No entiendo…- dijo entonces Antonio quedándose parado –Me insultas, me dices mentiroso y parece que de la nada me odias pero me salvas e incluso me ofreces tu casa ¿Por qué?- preguntó el ojiverde.

-Porque no quiero tener que estar escuchando todo el tiempo a las malditas personas cuchichear cerca de mi casa acerca de lo que te pasó. Estoy garantizando que todo se quede en silencio, nada más- respondió Lovino.

Antonio sinceramente no entendía esa razón tan extraña ¿Cómo es que alguien puede tomarse todas esas molestias solo para que las personas no comiencen una serie de habladurías que ni siquiera serían de él? Tal vez Lovino en realidad era una buena persona que buscaba ayudarlo pero sin decirlo directamente, solo lo escondía bajo un pésimo pretexto.

Por supuesto que estaba equivocado, Lovino no era una persona tan buena… no era movido por un dejo misericordioso, filántropo ni bondadoso; realmente solo quería que su pequeño refugio no se viera lleno de pensamientos estúpidos e incomodos y si para ello tenía que resguardar a un suicida por al menos una noche, lo haría.

Caminaron hasta que la casa del italiano empezó a divisarse, Lovino sacó sus llaves y mientras la giraba dentro de la perilla Antonio dijo con timidez

-¿Qué puedo hacer por ti?... me da pena que me dejes quedarte en tu casa sin conocerme y yo no tenga como pagártelo- dijo a lo que Lovino le echó una rápida mirada de reojo.

-Solo intenta no pensar demasiado- contestó el castaño abriendo por fin la puerta.

Antonio esbozó una discreta sonrisa teniendo esta bonita idea de que Lovino se refería a que no le diera muchas vueltas al asunto y solo aceptara su hospitalidad… por supuesto, él no tenía idea de que Lovino hablaba en un contexto muy literal, no quería escuchar lamentos toda la noche.

/

So… yo no sé que triste fijación tengo con volverlos a todos un montón de suicidas pero no puedo evitarlo.

Estoy un poco aburrida de la formula "Toño se enamora a primera vista de Lovi, queda encantado y le soporta el bullyng hasta lograr enamorarlo" a pesar de que yo misma la he usado varias veces quise tomar un giro diferente y hacer que a Toño no le fuera tan agradable Lovi en una primera instancia, me parece divertida la idea y un tanto más realista puesto que si un tipo lo primero que hace es llenarte de insultos dudo que te llegues a enamorar XD.

Ahora mis agradecimientos eternos para todos los que han dado oportunidad a esta historia, de verdad mil millones de gracias y no sé, solo gracias por seguir acompañándome en esto y por dejarme destrozar al solecito español.