Capítulo III


El tiempo se lo lleva todo y al final sólo queda oscuridad. A veces encontramos a otros en esa oscuridad y otras veces los perdemos en ella…


Sin querer Draco había contenido el aliento. Neville no había dicho que Potter estaba vivo, sencillamente había hecho una pregunta que, sin querer, le daba una esperanza. ¿Su madre había tenido razón? Neville había dado un tal vez. Y entonces ¿qué seguía? ¿Draco iba a correr hacia el bando de los buenos huyendo de todo, dejando a su borracho padre para que lo hicieran pedazos?

Neville observó a Draco. Lo analizó con una mirada profunda. Parecía que su mente bullía con un sinfín de preguntas. Hasta cierto punto Neville sentía que sus palabras se habían quedado suspendidas en el aire como si esperaran una respuesta del rubio. No podía decirle la verdad a Draco, por no lo menos no en ese momento, tenía que esperar a estar seguro que su secreto estaba a salvo. Draco giró su rostro para encararle y Neville se dio cuenta que él también estaba siendo analizado. Draco le estaba observando en busca de alguna grieta, algo, lo que fuese que le demostrara que estaba mintiéndole para salir vivo de esa ridícula situación. Neville soportó la mirada sin titubeos.

Draco moría por preguntar qué había ocurrido realmente esa infame noche en el bosque prohibido. Pero se contuvo, en vez de eso, cogió su taza y bebió tranquilamente barajeando una serie de respuestas políticamente correctas para la pregunta que Neville había dejado en el aire.

─Eso dependería si hay verdaderas posibilidades para un cambio sobre el futuro inmediato —Neville asintió al comprender lo que el rubio quería decir.

—Han pasado diez años ya, y como habrás notado, no tenemos intenciones de detenernos hasta acabar con lo que empezamos. Con o sin Harry de por medio —Neville giró su mirada hacia las crepitantes llamas.

—¿Hasta cuándo? Ginny Weasley, Hermione Granger, Ron Weasley, tú mismo, ninguno es eterno. Al morir ustedes…

—¿Morirá la esperanza? Te equivocas, Draco. Después de nosotros vendrán más y más. Todos con la esperanza de la libertad. Fuera de este mundo que ha creado Tom Ryddle hay un universo de personas que quieren libertad, unidad, justicia y establecer un nuevo orden donde todos podamos vivir sin temor a señores oscuros o dictadores. Esta guerra sólo terminará el día que Tom muera a manos de uno de los nuestros.

Draco no se esperaba aquello. Neville Longbottom aún no le había dado una respuesta real sobre Potter pero de cierta manera le estaba dando mucho más que eso. Draco observó la tupida barba de Neville, no lo había notado antes pero se veía mayor, había profundas líneas de expresión en su rostro y su barba presentaba motas de pelo blanquecino. Eran de la misma edad y Longbottom parecía por lo menos cinco años mayor que él.

En el Ministerio había expedientes enteros dedicados a las fracasadas misiones para captura a Neville, Ron, Ginny y Hermione. Todos suponían que al caer ellos la resistencia se desmoronaría. Durante años Draco lo pensó así, después de todo, era evidente que Neville y compañía llevaban en hombros todos los asuntos de los rebeldes. Sin embargo esa pequeña charla con Neville le había hecho ver que estaban equivocados.

—Si él pudo acabar con todos los muggles ¿qué puedes esperar tú si eres un mago mediocre? —Draco jugó rudo pero para su sorpresa Neville no se exaspero.

—Si tú crees que Tom Ryddle pudo acabar con los muggles entonces me confirmarás que has perdido la razón. Todo cuanto te rodea está basado en una red de mentiras. Lo que ocurrió con los muggles fue completamente obra de su propia ambición.

—¿Qué quieres decir? —Draco empezaba a sentirse aturdido. Un profundo dolor de cabeza estaba instalándose fatalmente en él.

—Fue una pandemia lo que acabo con ellos —Draco miró a Neville sin entender muy bien a lo que se refería pero estaba demasiado cansado mentalmente como para seguir con esa conversación —. ¿Abrumado?

—Cansado. Pero quiero saber —Neville asintió.

—Creo que por hoy terminamos. Lo que sigue de contar es bastante como para digerirse bien estando cansado.

Esa noche Neville no durmió en una oscura mazmorra, Draco le pidió a Fanny que le llevara a una habitación. Neville intentó dormir pero pronto se dio cuenta que en cuanto cerraba los ojos las imágenes más dolorosas de su vida se agolpaban para ver la luz. Él no quería tener pesadillas pero aparentemente era inevitable cuando había removido el pasado para hablar con Draco Malfoy. Neville suspiró tragándose el nudo en su garganta e intentó no pensar pero su mente se aferraba una y otra vez en recordarle el pasado… en recordarle su tiempo con él.

─¿Qué es la Nada?

─Es el vacío que queda, la desolación que destruye éste mundo…


Ginny observó le gris cielo y dos solitarios copos de nieve que estaban cayendo justo frente a ella. A unos cuentos metros, unos niños bien abrigados jugaban tranquilamente mientras sus madres charlaban. Se había refugiado con los muggles, mezclándose entre ellos y aprendiendo todo lo que podían. Pero diez años eran bastantes, muchos de aquellos niños eran hijos de magos y muggles que se habían enamorado en medio de la guerra y de la pandemia. Los años habían sido generosos con ellos, poco a poco se estaban levantando y la pesadilla del Capitán Trotamundos* había quedado atrás. La esperanza de un futuro mejor estaba más firme que nunca y Ginny tenía sentimientos ambiguos respecto a eso pero estaba dispuesta a continuar, como todos en aquella resistencia.

Ginny le sonrió a uno de los chiquillos que jugaba a pesar de que por el rabillo del ojo vio un destello de pelo rubio.

─¿Qué pasa Terry? Deberías estar contando víveres ─Dijo antes de que el chico hablará. Terry contrajo su rostro.

─Neville no ha regresado ─Ginny se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el interior del recinto. No se detuvo ni siquiera cuando Terry empezó a perseguirla como uno de esos pequeños perros que tanto le gustaban a los chicos─. Ginny, han pasado…

─Neville sabe cuidarse. No te preocupes Terry… ─le tomó gentilmente del hombro para obligarla a girarse y que lo viera a los ojos.

─Algo debió pasarle. Él nunca tarda tanto y cuando lo hace envía un mensaje, estoy seguro que algo paso. Antes de aparecernos vi como Draco Malfoy observaba hacia el maldito edificio, estoy seguro que…

─Suficiente Terry ─Ginny fue firme, como siempre que lanzaba un ultimátum sin necesidad de gritar, sin hacer más aspavientos que su fiera mirada ─. Neville sabe cuidarse. No alteres a las personas, no te pongas nervioso y mantente ocupado.

─Ginny tú sabes que es Neville quién sostiene toda la esperanza. Puede que Harry sea nuestro líder… moral pero eso no basta en el campo de batalla y necesitamos la fuerza de Neville para ganar. Él es nuestro verdadero líder ─Ginny contrajo su rostro y se apartó de Terry.

─Nadie es indispensable, ni siquiera Neville y lo sabes. Él mismo lo ha dicho mil veces: todos los días perdemos a alguien valioso. Si en esta ocasión le ha tocado a Neville tenemos que enfrentarlo y seguir con lo nuestro ─Ginny dio por zanjado el tema sin embargo Terry no estaba dispuesto a renunciar tan pronto y continuo siguiendo a Ginny.

—Tú no lo entiendes. Yo lo…

—Amas… Lo sé. Seguro. Pero él no te ama a ti —los ojos de Terry resplandecieron por el dolor y el odio que sentía por Ginny en ese momento —. Vamos, lo sabes bien. Neville fue claro desde el principio contigo y si tú te has hecho castillos en el aire eso es una lástima.

—Él no es de tu propiedad —Ginny esbozó una sonrisa.

—Claro que no. Él es mi amigo. Lo amo en el sentido más fraternal de la palabra porque Neville y yo hemos compartido más que cualquiera en este lugar pero no es algo que puedas entender. Neville no te ama, no puede amar a nadie, porque ya lo hizo y aún se siente así por alguien que no eres tú. Supéralo Terry, haznos ese favor.

Ginny se dio media vuelta y siguió caminando tranquilamente. Terry no era un mal chico pero parecía no entender que era el chico en turno y no el tierno y lindo maridito de Neville. Se lo había advertido a su amigo, Terry Boot era un chico pegajoso, se le notaba que quería acaparar a Neville y ser el centro de atención. Ginny odiaba a las personas así, parecían tan necesitadas. Pero claro, su amigo no lo escuchó, Neville casi nunca escuchaba cuando se trataba de hombres.

—¿Ginny? —La pelirroja se detuvo cuando escuchó que la llamaban —. Lo siento pero te he llamado dos veces y parecía que no me escuchabas. Necesito tu firma para el reabasto de medicamentos —Ginny asintió y firmó —. ¿Todo está bien? Lo siento, es que parecías muy distraída hace un momento y…

—No te preocupes. Tuve una pequeña fricción con Terry —Goyle asintió sonriendo.

—Supongo que no entendió del todo el tipo de relación que suele desarrollarse con ustedes —Ginny observó a Greg y abrió la boca para decir algo —. No tienes por qué decirme nada. Lo entiendo ¿ok? Lo tuve claro desde el principio. Sólo… no quiero que las cosas sigan raras entre tú y yo —Greg Goyle le entregó la copia del documento había firmado y se marchó con una cálida sonrisa en el rostro.

Ginny suspiró. Si era honesta, ella tampoco escuchaba cuando se trataba de hombres. Así que Neville y ella estaban algo así como empatados en ese rubro.


Harry observaba por el gran ventanal de su despacho. A pesar de la nieve se sentía cierto grado de la calidez y Harry lo agradecía.

—¿Nos deberíamos de empezar a preocuparnos por la desaparición de Neville? —Preguntó Severus Snape sin despegar su mirada del grueso libro que tenía entre las manos. Harry cerró los ojos y después sonrió muy disimuladamente.

—No —dijo contundente sin despegar la vista del ventanal. Desde el otro lado de la habitación una botella de brandy levitó junto con una copa que termino en la mano derecha de Harry. Unos segundos después Ginny llamana a la puerta.

—Severus —saludo la pelirroja y Snape asintió con tranquilidad —. Harry —el hombre se giró para ver a su amiga —. Te traigo la lista de las personas que encontramos en el Golfo. Nadie en cuarentena, todos sanos, como siempre —Harry asintió —. Ron y yo hemos trazado la nueva ruta de exploración y saldremos mañana —Harry asintió de nuevo bebiendo un trago de su brandy.

—¿Y? —Preguntó sólo porque el juego del gato y el ratón no se le apetecía en ese momento.

—Algunos chicos creen que sería buena idea mandar un equipo al mundo mágico para buscar a Neville.

—Neville está bien. De no ser así ya lo sabríamos. Tom estaría exhibiendo su cabeza por todos lados si él lo hubiera capturado —Ginny observó intensamente a los ojos verdes de Harry.

—¿Quién lo capturó entonces? —Harry se encogió en hombros —. Harry…

—Por el momento, deja que las cosas tomen su curso. Tal vez por fin podamos saber dónde está metido Tom.

—Bien. Les diré a los chicos que Neville se encuentra a salvo.

Ginny no parecía no muy convencida sin embargo decidió confiar en Harry, siempre lo hacía. Se despidió de Severus quien le lanzó una mirada tranquilizadora. Harry se sirvió una nueva copa de brandy y se sentó en su sillón para leer la lista que Ginny le había traído. Eran cincuenta nombres; cincuenta personas que se les unían al nutrido grupo que formaba la Zona, que para el último conteo estaban en trecientos mil, un número nada despreciable si se pensaba en todo lo que había ocurrido en el mundo.

—Cada vez está más cerca el momento —mencionó Severus observando a Harry.

—Lo sé. Será la última expedición. Hoy se lo diré al consejo. Lo próximo es reagruparnos para acabar con Tom.


Harry escuchó con gran desinterés el balance de alimentos de la Zona. Hermione hacia un gran trabajo administrando el lugar y generando la democracia que hasta el momento les regia. El primer paso para la armonía de la Zona había sido la creación de ese Consejo por el que habían votado todos y cada uno de los miembros de la Zona. El Consejo se había conformado de magos y de no magos por igual, siete en total. Cada uno encargado de algo necesario para la supervivencia de todos en total armonía. Cada cuatro años se proponían elecciones y la gente votaba de nuevo libremente para escoger a nuevos integrantes del Consejo.

Todo sencillo, todo hecho para vivir en santa paz, hasta ese momento, pues Harry estaba por lanzar una propuesta para terminar con el proyecto de rescate que venían llevando desde hacía casi ocho años.

—¿Harry? —Hermione le dio la palabra y Harry se puso solemnemente de pie.

—Quiero poner a votación la suspensión indefinida de los rescates para darle prioridad al ataque definitivo a Tom Ryddle —Hermione entreabrió la boca y Harry casi podía detectar como los miembros de aquella mesa redonda contenían el aliento. A simple vista parecía que lo pedido por Harry era cualquier cosa pero no era así. Suspender los rescates se traducían en dejar a su suerte a los posibles sobrevivientes del Capitán Trotamundos.

—Harry, ¿te has vuelto loco? No podemos dejar a esas personas a la deriva.

—Hermione hace diez años llegamos aquí. El Capitán Trotamundos se esparció por el mundo durante los siguientes dos años de nuestra llegada y durante todo este tiempo nos hemos encargado de hermanarnos en este lugar que llamamos la Zona. He sido una gran labor, no lo niego. Pero aquí han crecido niños que no conocen otro mundo que no sea este; a ellos les hemos relegado a una burbuja amenazada por Tom, ¿cuánto tiempo más crees que tarden los mortífagos en salir al mundo no sólo a cazarnos? Pronto, Tom querrá reclamar lo que queda del mundo y eso se traduce en poner en riesgo este lugar.

—Muchos de los habitantes de la Zona tienen allá afuera amigos, familiares, personas que quieren y que seguro están sufriendo —Hermione enfrentó a Harry.

—No podemos condenar a la Zona por fantasmas —Harry fue contundente —. Si aún hay personas vivas, son inmunes al virus y tienen las mismas posibilidades que nosotros de sobrevivir.

Hermione empuñó las manos y le regaló a Harry una mirada dolida. Harry sabía el motivo del gran enojo y frustración de su amiga, ella aún guardaba la esperanza de encontrar a sus padres vivos.

—Harry tiene razón —Amelia, una de los miembros no magos de la mesa directiva se puso de pie a lado de Harry.

Amelia Rodríguez era una mujer con un rostro duro y poco expresivo, sus ojos negros eran completamente francos, tal vez por eso había sido uno de los miembros más votados del Consejo. Antes del Capitán Trotamundos, Amelia había sido profesora de universidad en su natal España, tenía un esposo y tres hijos. Su hijo mayor fue el primero en enfermar, luego su esposo y más tarde su hijo menor. Todos muertos.

Su hijo Esteban, el único miembro de su familia que aún quedaba vivo, se perdió en medio del caos después del último ataque mortífago. Amelia no sabía si su hijo estaba vivo aún, si era inmune al virus o si había muerto en aquel infame ataque.

—No podemos seguir con esto. Han pasado muchos años y es nuestro deber darles a las personas de la Zona un futuro mejor. La libertad debe ser nuestro mejor regalo para esos niños que no conocen otra vida que no sea esta y mientras Tom siga vivo eso no será posible.

Uno a uno los miembros del Consejo fueron levantando sus manos para unirlas con las de Amelia y Harry, sólo Hermione y, su actual novio, Ian se abstuvieron de hacerlo.

—Entonces, la gente de la Zona votará… —dijo Hermione tragándose el nudo en su garganta mientras pasaba su mirada herida entre Ron y Harry.


Neville siguió con la mirada a los tres pavos reales albinos que estaban en el inmenso jardín de la Mansión Malfoy. Eran aves extremadamente exóticas y por demás bellas.

—Tengo el ligero presentimiento de que me has estado evitando durante medio día —Draco Malfoy tenía toda la razón, la había estado evitando y con gran maestría, la Mansión Malfoy era un lugar para jugar a las escondidas.

—Tienes absolutamente toda la razón —Neville sonrió —. De cierta manera no quería continuar con nuestra anterior conversación. Sabes, hablar hizo que se removieran ciertas sensaciones que creía enterradas.

—Necesito saber —dijo Draco sin despegar su mirada de la de Neville.

—Bien —Caminaron por el jardín como si fuesen grandes amigos —. Durante el primer año de exilio nos intentamos camuflajear con los muggles y durante ese tiempo lo hicimos medianamente bien. Tom inició sus ataques casi de inmediato sólo que nunca se imaginó que los muggles se defenderían con su armamento militar —Draco recordaba vagamente esas primeras misiones. Él no entendía muy bien que tenían que hacer y Lord Voldemort daba instrucciones poco precisas. Al cabo de un tiempo las misiones cesaron y luego el Lord y Nott dieron la noticia que los muggles habían sido aniquilados con éxito sin embargo no podían expandir el mundo mágico hasta que los rebeldes cayeran —. Fue en una de esas luchas que Tom atacó una base militar y la destruyó liberando al Capitán Trotamundos. Era un virus similar a la gripe sólo que letal para los humanos. En un principio nadie le tomó importancia a unas cuantas gripes alrededor de Londres pero luego la situación fue intensificándose y empezaron las muertes. Miles, cientos, millones. Al cabo de un año el Capitán Trotamundos ya se había esparcido por toda Europa y viajaba con un destino mortal para África y Rusia.

—Pero ¿por qué se detuvieron los ataques? Si los muggles estaban muriendo era lógico darles la estocada final.

—Claro. Sólo que Tom es mitad muggle. Su padre, él era muggle —Draco tenía sus sospechas, había escuchado el cotilleo, pero nunca se lo habían aclarado —. Tuvo miedo. Si el virus mataba muggles, tal vez podía matar magos mestizos. Por eso se retiró y casi puso en cuarentena al mundo mágico. ¿No te has dado cuenta que sólo envía a magos de sangre pura a sus misiones para detenernos? Sigue teniendo miedo de ser infectado por el Capitán Trotamundos.

—Ese virus… ¿es mortal para nosotros? —Neville negó.

—Los magos sangre pura somos inmunes. Lo han demostrado los años

—Pero hubo sobrevivientes ¿cierto? Quiero decir, muggles que sobrevivieron al virus —Neville asintió.

—Creamos la Zona al poco tiempo. Los magos y los no magos que sobrevivían al virus. Luego empezamos con las misiones de rescate para los inmunes y así han pasado diez años.

—¿Potter está vivo? —Neville se humedeció los labios nerviosamente. Ya había revelado bastante y si Nott o Tom usaban legeremancia contra Draco podrían obtener toda esa información pero aún y con eso se sentía verdaderamente obligado a darle una respuesta a Draco.

Caminó hasta una jardinera y cogió un diente de león que solitariamente brillaba entre el verde de la hierba y se lo dio a Draco como muda respuesta. Los ojos grises resplandecieron y Neville pudo notar como tragaba saliva nerviosamente.

El momento fue cortado por Fanny quien llegó con un sobre en mano y nerviosamente se lo entregó a Draco. Malfoy vio la excelente caligrafía de Theodore Nott y por un segundo quiso salir corriendo.

—¿Draco? —El rubio sintió la mano de Neville sobre su hombro y cerró los ojos. En ese momento tenía en su mano derecha la muestra más fiel de la esperanza y en su mano izquierda una sentencia de muerte.