3. Perspicacia de lechuzas.
Cuando despertó, creyó seguir siendo Harry Potter. Mas la luz verdosa que se colaba por el dosel de la cama y las cortinas esmeralda con detalles plateados lo arrancaron de su ensueño. Todo parecía ridículamente surreal, y asquerosamente verídico a su vez. Los ronquidos de Crabbe lo habían despertado, y notó que no era todavía hora del desayuno, pero la cacofonía que emitía la boca abierta –con baba cayendo a un lado- del Slytherin no le permitió volver a dormirse. Se levantó, se cambió la túnica y se dirigió al Gran Comedor.
El castillo estaba prácticamente desierto. Algunos estudiantes madrugadores se reunían en las esquinas para entablar conversación con estudiantes de otras casas, pero todos, sin discriminar, se alejaban de Harry cuando pasaba. De repente se sintió como en cuarto año otra vez: era nuevamente el chico que había hecho trampa para entrar en el Torneo porque no soportaba no ser el centro de atención. Claro que esta vez las personas no se alejaban de él realmente; era con Draco con quien querían mantener distancia.
El Gran Comedor se veía aún más majestuoso vacío. Harry enfiló para la mesa de Gryffindor antes de darse cuenta de su error. Apesumbrado y ansioso, volvió tras sus pasos y se dirigió a la mesa de Slytherin. Esperó allí hasta que las primeras personas empezar a ocupar sus lugares en el salón.
Crabbe y Goyle se sentaron frente a él en la mesa, Blaise Zabini a su izquierda -"¿Madrugando, Draco?"- y Pansy Parkinson a su derecha -"Te ves triste, Draco, ¿te sucede algo?"-. Esquivó sus miradas y contestó con monosílabos; si había algo positivo de ser Draco Malfoy, eso era que la gente le daba su espacio. Tal vez temían molestarlo y que su padre se enterara de ello.
Observó desde su lugar en la mesa de Slytherin el momento preciso en que Ron y Hermione entraron al comedor, con Malfoy siguiéndolos unos pasos detrás. No entendía cómo no veían claramente que ése no era él. Draco caminaba de forma rezagada, como incómodo. Sentado en la mesa con sus amigos a cada lado, asemejaba a un ermitaño que tuviera contacto con humanos por primera vez en años. Se veía ensimismado y-
-Draco, ¿estás escuchándome? -preguntó Pansy sacudiendo su mano frente a los ojos de Harry. Él apartó la vista de la mesa de Gryffindor inmediatamente.
-No -contestó apáticamente y se puso de pie, dispuesto a irse, aunque su estómago rugió en oposición.
-Ya dejalo, Pansy. Draco está muy ocupado con su misión como para pasar tiempo con nosotros. Es muy importante, veras –señaló Zabini con sorna. Harry se detuvo en seco y volvió a sentarse.
-¿Qué has dicho? -inquirió con gravedad. Zabini reculó aunque mantuvo su expresión altiva.
-Que te das mucha importancia para alguien con una misión ultra secreta de la cual ninguno de nosotros sabe nada. Casi pareciera que tal misión te la has inventado tú solito, Malfoy -declaró y engulló un par de pastelitos.
Harry tuvo que asfixiar el impulso de preguntar de qué estaba hablando.
-Sólo estás celoso, Blaise –dijo Pansy en un murmullo, inclinándose para que nadie más la oyera- porque el Señor Oscuro en persona le encargó esa misión a Draco, mientras que tú estás aquí a la espera de aprobar tus É.X.T.A.S.I.S. y lo mejor que puedes esperar de la vida es que tu madre se case con algún Mortífago para que Él sepa que existas –con esto, se acomodó satisfecha en su asiento, dirigiendo una sonrisa de complicidad en dirección a Harry. Zabini masculló un insulto y los ignoró el resto del desayuno.
-Harry, ¿estás bien? Apenas has probado bocado o dicho palabra desde que salimos de la Sala Común.
-¿Será porque tú no has parado de hablar ni para respirar?
-¡Eso no es verdad, Ron! Sólo digo que deberían empezar a estudiar porque sólo porque les haya ido relativamente bien en sus MHB* no significa que les irá bien en los ÉXTASIS, ya que el ser especializados tienen un sistema mucho más complejo de...
-¿Ves? Justo ahí, lo que estoy diciendo. Es demasiado temprano. Déjalo ser, Hermione.
Draco podría haber abrazado a Weasley en ese instante –ya era la segunda vez en dos días que se sentía tentado de hacerlo. Desde el momento en que había bajado las escaleras de su habitación, Granger no se había detenido un segundo. Que los exámenes, que su cita con Dumbledore, que los deberes, que la cita con Dumbledore... Y todavía faltaba un día entero para que hicieran las seis y tuviera que encontrarse finalmente, cara a cara con el director.
-¿Qué crees que te enseñara Dumbledore, Harry? -volvió al ruedo Hermione luego de haber terminado su vaso de jugo.
-No lo sé -contestó Draco, interpretando su papel pero algo interesado también en la conversación-. Supongo que algo que me ayude a defenderme del Señor Tenebroso.
Hermione frunció el entrecejo y lo observó detenidamente, y Draco se dio cuenta de su error demasiado tarde.
-¿El Señor Tenebroso? ¿Ahora lo llamamos así, Harry? -preguntó Ron confundido mientras masticaba y se atoraba con distintos panes- Si me preguntas a mí, suena un poco fascista.
-Sólo estaba bromeando -explicó Draco. Ron se encogió de hombros, pero Hermione continuó excrutándolo con la mirada y no habló otra palabra durante el resto del desayuno, lo cual era claramente una mala señal. Draco maldijo su desliz, pero su mala suerte no llegó hasta ahí esa mañana.
Fue a media comida que las lechuzas se abrieron paso entre las ventanas abiertas del Gran Comedor y dejaron caer el correo sobre sus respectivos destinatarios. Todos alzaban sus manos intentando atrapar los paquetes y cartas en el aire. Una lechuza en específico, blanca como la nieve, dejó caer una carta justo frente al verdadero Harry Potter, quien comía pensando cómo podría averiguar cuál era la misión de Draco, y en qué se relacionaba con la poción que le había hecho beber. Harry no le dio mucho interés al hecho, hasta que Parkinson la tomó y dijo: "¿Qué diablos? ¿Por qué te dieron una carta de Potter?"
Era cierto. La carta, dirigida a Harry Potter, no tenía remitente. Harry arrancó el sobre de las manos de la chica, quien hizo una mueca ofendida; había reconocido claramente la letra de Lupin. La abrió mientras Pansy y Zabini se asomaban a sus costados para intentar descifrar qué decia.
"Querido Harry,
Sé que ha pasado algún tiempo desde la última vez que te escribí. Espero que hayas iniciado bien el año escolar. Sólo quería recordarte que estaré fuera de contacto un tiempo, por la visita que estoy haciendo a mi familia. Si necesitas algo, puedes consultarlo con Arthur, él me hará llegar el recado.
Cariños,
Lunático"
-¿Lunático? ¿Acaso Potter se escribe cartas a sí mismo ahora? -dijo Pansy, provocando las risas de Crabbe y Goyle.
Harry no contestó. Miró el pergamino durante un par de segundos, y alzó la vista al cielo. Hedwig había desaparecido; ¿cómo había hecho la lechuza para reconocerlo y saber que era él a quien tenía que entregarle la carta? ¿Le habría llegado a Draco su correspondencia también? Echó un vistazo a la mesa de Gryffindor, allí donde se encontraba su cuerpo, pero no parecía suceder nada importante. Hermione estaba leyendo su ejemplar del Profeta, Ron reía de algo que había comentado Dean, y Draco miraba su tenedor como si fuera el artefacto más interesante que hubiese sido creado.
Entonces, tuvo una corazonada. Se puso de pie, y se dirigió con paso para nada disimulado a la mesa de los leones. Los Slytherin miraban sorprendidos pero animados, creyendo seguramente que tenía intenciones de armar algún pleito. Poco a poco los estudiantes de otras casas notaron también qué era lo que estaba haciendo y el silencio se impuso en el Gran Comedor.
No fue hasta que no lo tuvo delante de sí que Draco -el verdadero- levantó la vista. Hermione alejó finalmente los ojos de su ejemplar, interesada y confusa. Ron lo miró desafiante.
-Creo que esto te pertenece –dijo extendiéndole la carta a su clon. Draco la observó sin comprender-. Tu lechuza debe ser más estúpida que tú si nos confundió -dijo, y añadió con claras dobles intenciones-, no tenemos nada parecido. -La lanzó despectivamente sobre la mesa, y abandonó la habitación.
Draco se quedó pasmado un buen rato. Efectivamente, el sobre iba dirigido a Harry Potter. Leyó la carta mas no entendió nada de su contenido. Hermione estaba callada, pensando.
- No lo comprendo. ¿Por qué Hedwig le daría una carta tuya a Malfoy? ¿Crees que la habrá leído? El sobre estaba abierto –dijo Ron, por primera vez sin comer. La situación le había cerrado el apetito.
-Claro que la leyó -contestó Hermione-, pero no entendió nada de lo que decía. Él no conoce el apodo de Lupin, ni acerca de su misión con los hombres lobo. Por eso la devolvió. Para hacernos creer que sabe algo cuando en realidad está totalmente a oscuras. Lo que sí no tiene sentido -continuó- es lo de Hedwig. Eso no suena para nada a algo que ella haría. ¿Verdad -miró a Draco intensamente-, Harry?
Esto sería tanto más fácil sin Granger, pensó Malfoy. Era una cosa engañar al imbécil de Weasley, pero la sangre sucia no tenía un pelo de estúpida. Y eso era decir algo, viendo el esparpajo que llevaba por cabello.
Las seis de la tarde llegaron, pero luego de un largo día para ambas partes de la maldición. Draco estaba perdiendo la confianza en su plan cuanto más introvertida se comportaba Granger. No podía creer que había llegado el punto en que esperaba que la sangre sucia le hablara, porque lo contrario indicaba que las cosas estaban yendo muy, muy mal. Incluso intentar ser amistoso con ella, lo cual derivó en un "Ahora no, Harry, estoy ocupada" amargo, al punto en que le recordó a sí mismo cuando Pansy se ponía pesada.
Para Harry fue distinto. Solo cuando sonó la campana que indicaba el final de la última clase recordó acerca de su acuerdo con Dumbledore. Se debatió durante mucho tiempo, acerca de si debía presentarse e intentar explicarle al profesor, pero corría el riesgo de verse como un lunático o que Draco en su desesperación intentara llevar las cosas a un nivel más peligroso que un simple cambio de cuerpos.
Las seis de la tarde llegaron de forma tediosa y lenta, pero llegaron, y a Draco lo encontraron parado pacientemente frente a la puerta del despacho del director.
-Adelante –dijo la voz del director del otro lado de la puerta.
Draco ingresó a la habitación con expectativa, mas cuando el director le pidió que se sentara frente a él y fijó su intensa mirada sobre él, observándolo sobre sus anteojos de medialuna, tuvo la sensación de qué el sabía quién era.
*MHB: Matrículas de Honor en Brujería - TIMOs.
