¡Otro cap! Son más de las 6 de la mañana y debería levantarme a las nueve XD
Pero escribir sobre esto es tan tentador…
Levisísimo ItaDei (o algo parecido XD) y leve MadaDei en este capítulo.
Itachi cargaba con el cuerpo inerte de Deidara en un hombro y caminaba por delante de sus otros dos compañeros. Habían sido varias las ocasiones en las que Kisame se había ofrecido para llevar al rubio, pero el Uchiha no había aceptado.
Ya que había pasado por todo aquello para llevarle su capricho a Madara, prefería ser él quien acabara con aquello. No quedaba demasiado para llegar a la base y deseaba hacerlo antes de que el rubio despertara y acabaran en otra pelea. Aún le acompañaba aquel sentimiento de desagrado que el enfrentamiento mantenido le había provocado. No le gustaba que hubiera muertes y muchísimo menos cuando no era estrictamente necesario, como había sido el caso.
Tampoco achacaba la culpa del resultado a Deidara. Itachi no le había dado ningún motivo por el que debiera respetarle u obedecerle y el artista estaba demasiado acostumbrado a seguir únicamente sus propios comandos como para ir a cambiar esa rutina sólo porque se lo dijera alguien que tenía casi su misma edad.
Una razón más por la que debía apresurarse. Su mentor sabría hacerse cargo del joven mucho mejor de lo que él era capaz. Ni siquiera entendía por qué le había enviado a él a buscarle. Habría sido más conveniente que el propio Madara se hubiera ocupado de ello, o que, al menos, hubiera nombrado a Sasori como líder de la misión.
Sin embargo, como siempre, el Uchiha mayor resolvía las cosas a su peculiar manera y, con toda probabilidad, habría un bien estudiado razonamiento detrás de sus acciones, el cual nadie más podría acercarse ni a imaginar. Ni tampoco es que esto debiera acaparar la atención de Itachi: la simple llegada de un miembro no era algo por lo que tuviera que preocuparse en exceso.
Pero, por algún motivo, lo hacía.
Apuró el paso un poco más. Empezaba a sentirse cansado. Llevaban más de dos días andando sin apenas detenerse y ya hacía varias horas que soportaba el peso de Deidara.
Y, no obstante, esto último no estaba siendo tan malo como había creído en un principio. El cuerpo del rubio era bastante ligero, en realidad, y parecía poder amoldarse completamente al suyo; su cintura, por donde le estaba sujetando, rodeándola con uno de sus brazos, no era ni tan estrecha que resultara delicada, ni demasiado recia. Su otro brazo estaba en sus piernas, asegurando el equilibrio y podía comprobar que éstas también estaban perfectamente formadas.
Como se esperaba de un buen shinobi: una figura cuidada y trabajada. Seguro que Madara había tenido eso en cuenta. Deidara era alguien muy bien proporcionado y eso siempre constituía una magnífica señal.
Interrumpió sus recién retomados pensamientos acerca de las razones que su maestro había podido tener para elegir al artista cuando éste comenzó a moverse. Parecía que, finalmente, la suerte no le iba a acompañar y el rubio despertaría antes de que hubieran llegado.
El silencio y la tranquilidad habían terminado.
Itachi se agachó y depositó a Deidara en el suelo, sosteniéndole por la parte posterior de su cabeza y manteniéndole, de ese modo, sentado, mientras que, con la otra mano, le apartaba el pelo de la cara. Hizo una seña a los otros dos para que se detuvieran. Conocía los efectos del genjutsu y sabía que el más joven despertaría desorientado. No iba a ser lo mejor que lo primero que se encontrara fuese a Kisame y la inquietante marioneta de Sasori rodeándole.
Suficiente molestia le iba a causar verle a él.
Los párpados de Deidara se abrieron lentamente, dejando ver sus azules irises. Sus pupilas dilatadas se contrajeron de pronto debido a la claridad y tuvo que entrecerrar los ojos para hacer frente a aquella dañina luz. Con dificultad, posó su mirada en Itachi.
No le costó ni un instante reconocerle.
-Bastardo…-murmuró entre dientes, sin fuerzas para más.
El aludido le ignoró y extrajo una botella que contenía agua del interior de su capa. Sin pronunciar una sola palabra, la abrió y la puso sobre los labios de Deidara, inclinándola levemente para que el líquido llegara hasta su boca. El rubio le dirigió una mirada asesina, pero no intentó resistirse y bebió tan copiosamente que Itachi se vio obligado a retirar la botella para evitar que el exceso de agua pudiera sentarle mal.
Deidara bajó la vista. Aún se encontraba aturdido y no le gustaba estar recibiendo la ayuda del Uchiha. La mano de éste aún le sujetaba y eso le hacía sentirse incómodo, aunque no pudiera decir que fuera por la brusquedad con la que el otro le estaba tratando. Muy al contrario, la delicadeza del contacto era tal que el artista habría dudado de que se estuviera produciendo de no ser por que tenía la certeza de que, de no ser así, él ya habría caído.
Le sorprendía pensar en que aquella era la persona que le había dejado inconsciente en un instante, aún estando en medio de una batalla.
Pero, incluso para eso sólo le había sido necesaria una simple mirada. Un acto sutil y para nada violento. A Itachi no le hacían falta ese tipo de cosas para hacerle frente a él. Sabía que debía alegrarse de no haber acabado en las mismas condiciones que los shinobi contra los que había luchado, cuyos huesos tan fácilmente habían resultado quebrados por el moreno; no obstante, por alguna razón, no lo hacía.
-No soy de porcelana, ¿sabes?-dijo débilmente, aún con los ojos clavados en el suelo-¿Por qué te comportas así conmigo?
Deidara volvió a observar a Itachi. Conocía el riesgo de la pregunta que acababa de formular: recibir la respuesta que intuía que el Uchiha le iba a dar.
-Hay alguien esperándote. Es mi responsabilidad que llegues en buenas condiciones hasta él.
El rubio no se esforzó ni en dibujar una mueca de fastidio esta vez. Tal y como había esperado, la contestación había sido fría y lógica. Y, en realidad, la que quería oír. Había tenido la intención de comprobar si Itachi era capaz de justificar sus actos a través de algún tipo de emoción, que tan inexistentes parecían en él; pero, sabía que, en ese caso, el motivo habría sido la compasión, la cual Deidara no estaba dispuesto a aceptar.
No había ningún otro sentimiento que hubiese podido llevar al moreno a hacer aquello.
El tacto de algo helado sobre su piel hizo que el artista se despejara y olvidara sus pensamientos anteriores. Una humedecida mano acariciaba con suavidad su rostro y su nuca, refrescándole. Deidara se sintió enrojecer levemente. ¿Pero qué se creía Itachi que estaba haciendo?
-¡He dicho que no necesito que te portes así! Hmm.-exclamó, intentando apartarse.
El Uchiha, sin inmutarse, se puso en pie.
-Bien. Entonces, podemos continuar. Iremos más rápido ahora que no hace falta que carguemos contigo.-dijo, comenzando a caminar y alejándose de él.
Deidara, quien a punto estuvo de perder el equilibrio cuando la sujeción que el moreno le estaba proporcionando cesó, también encontró dificultades en sostenerse sobre sus extremidades inferiores. Sin embargo, mientras observaba la espalda de Itachi con un brillo de rencor instalado en sus ojos, al tiempo que hacía esfuerzos por mantener sus piernas firmes, pudo comprobar que el orgullo servía como un excelente punto de apoyo.
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Llegaron a la base de Akatsuki un par de horas más tarde. Su cansancio era notable. Sólo Sasori, dentro de Hiruko, parecía no haber sido afectado lo más mínimo por el calor y la larga caminata. La piel de los demás estaba surcada por pequeñas gotas de sudor y las capas de Itachi y Kisame habían sido abiertas por la parte superior, permitiendo que algo del escaso aire que soplaba pudiera entrar por ese sitio. Al menos, dentro de la cueva, la temperatura era bastante más agradable.
Deidara alzó la vista para contemplar el enorme lugar. Era algo tenebroso y, sin embargo, agradable y perfecto para estimular la inspiración de un artista. Miró a su alrededor. A un lado, había una puerta que supuso que conducía al lugar donde los integrantes de la organización reposaban y se ocultaban mientras no estaban fuera, en alguna misión. Por lo que había podido deducir a través de las palabras de Itachi, eso significaba que no iba a pasar demasiado tiempo allí.
De pronto, una figura humana apareció delante de ellos. Deidara habría resultado sorprendido si Itachi no le hubiera explicado también el método que usaban para reunirse. La persona a la que se correspondía aquella figura no estaba físicamente presente, sino que hacía uso de una imagen virtual para manifestarse ante ellos.
El rubio dedujo que era el líder. Seguramente, era él a quien Itachi se había referido al decir que había alguien esperándole. Por otro lado, era lógico que, cuando un nuevo miembro llegaba, fuera él quien lo recibiera.
El hombre poseía pelo puntiagudo y portaba la misma capa de nubes rojas que los demás. Pero lo que más llamaba la atención de él eran sus inquietantes ojos. Deidara los observó por un momento. Sin duda alguna, parecía poderoso.
-Bienvenido a Akatsuki-la voz oscura del líder recorrió todo el lugar-. He de suponer que tus nuevos compañeros ya te han dado las explicaciones necesarias sobre nuestra organización.
-Algo así, hmm.-respondió el rubio, pensando en las secas descripciones de Itachi sobre las actividades de Akatsuki, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios. Le habría encantado decir que el moreno tenía la capacidad de expresión de una piedra, pero, seguramente, eso no sería lo más conveniente en aquel momento y, además, haría que el líder le volviera a contar todo de nuevo, de lo cual no tenía la más mínima gana.
-Entonces, por hoy no es necesario nada más. Mañana convocaré una reunión para que conozcas al resto de los integrantes. Ahora, lo mejor será que descanses. Lo mismo para el resto: debéis de estar agotados. Itachi, muestra a Deidara dónde está la habitación que ocupará mientras permanezca en la base.
-Bien.-contestó el moreno.
El holograma del líder se esfumó, volviendo a dejar a los cuatro solos. Sasori, sin decir una sola palabra más, se encaminó hacia la puerta y Kisame le imitó, no sin antes volverse hacia su compañero y decir:
-Suerte con el trabajo de cuidador, Itachi-san. Nos vemos mañana.
-Sí.
Deidara omitió el comentario del de piel azul y esperó a que el Uchiha se dirigiera a él, lo cual no ocurrió hasta que los otros dos se hubieron ido.
-Vamos. Nos están aguardando.
-¿Qué?
-Ya te he dicho antes que ibas a conocer a alguien.
-Acabo de conocer a alguien, hmm.
Itachi le ignoró y comenzó a andar hacia la puerta por la que los otros dos habían desaparecido momentos atrás. Deidara, irritado, le imitó. El moreno le molestaba de verdad. Por un lado, seguía queriendo que le prestara atención y le reconociera, pero, por otro, cada vez que lo hacía, acababa crispando sus nervios del peor modo posible. Quizá porque lograba que, en lugar de ser él quien hiciera caso al artista, ocurriera exactamente al revés.
El Uchiha era todo un misterio: serio, impasible, inalterable y callado. Pero, cuando hablaba, se hacía escuchar, y, cuando actuaba, lo hacía de forma impecable y perfecta. Era rápido, efectivo y tan sigiloso que, en teoría, debía llamar poco la atención.
Sin embargo, acaparaba toda la suya.
Aún con el cejo levemente fruncido, el rubio avanzó tras Itachi por los pasillos. Aquella zona no parecía excesivamente grande o laberíntica. Simplemente, había espacio suficiente como para que pudieran moverse cómodamente, lo cual resultaba un aspecto importante en la convivencia de criminales de rango-S.
Finalmente, llegaron hasta una puerta cerrada que Deidara supuso que conduciría a la que se iba a convertir en su habitación. No obstante, no debía de estar vacía, ya que Itachi llamó suavemente con los dedos sobre la madera, antes de abrirla lentamente.
-Madara-sensei, ya está aquí.-anunció mientras lo hacía.
-Bien, haz que pase.
El moreno acabó de empujar la puerta y se hizo a un lado, para dejar que un confundido Deidara penetrara en el dormitorio por delante de él. ¿Quién demonios era Madara y por qué no había sabido nada de él hasta ese instante? ¿Por qué Itachi se había referido a él como "sensei"?
Sin embargo, sus interrogantes parecieron desvanecerse en el interior de su mente junto con todo el resto de los pensamientos que residían en ella cuando vio al hombre que esperaba de pie en el centro de la estancia. Un rostro de facciones perfectas enmarcado por un cabello revuelto y oscuro que caía a lo largo de sus hombros acompañaba a un cuerpo que parecía irradiar poder. Unos ojos tan rojos como los que había podido apreciar en Itachi le observaban intensamente y una apenas perceptible – pero igualmente estremecedora – sonrisa adornaba sus labios. Aparentaba medianamente joven y, sin embargo, infinitamente experimentado.
-Deidara, ¿verdad?-preguntó suavemente, acentuando un poco más aquella sonrisa.
Por fortuna para sí mismo, el artista siempre había mostrado ser muy rápido y pocas cosas eran las que le dejaban sin capacidad de reacción. Tras haber experimentado uno de esos momentos al enfrentarse a Itachi, no estaba dispuesto a repetirlo. Además, eran ellos los que le habían elegido a él, por lo que habían visto algo que les había impresionado y él no tenía ningún motivo para acobardarse ante nadie.
-Sí-respondió con seguridad-. ¿Quién eres tú?
El aludido torció ligeramente la cabeza, al tiempo que sus ojos se estrechaban, indudablemente complacido por el carácter del rubio.
-Mi nombre es Uchiha Madara.
Deidara no resultó sorprendido por eso. La relación de aquella persona con el apellido Uchiha había sido clara para Deidara desde el momento en el que había visto el Sharingan. También poseía un cierto parecido con Itachi. Pero eso no respondía a la verdadera pregunta. Y el tal Madara sabía perfectamente eso.
-No te preocupes-dijo el hombre-, daré respuesta a todas las cuestiones que desees plantearme en un momento-se volvió hacia el otro moreno-. Pareces exhausto, Itachi. ¿Ha habido algún incidente durante el viaje?
-Algunos shinobi de la Roca lograron descubrirnos cuando íbamos a salir del país. Nos hicimos cargo de ellos.
Madara se cruzó de brazos y sonrió levemente.
-No estás de buen humor, por lo que veo. ¿Algo más que deba saber?
Deidara escuchaba la conversación entre ambos, pasando su vista de la cara de uno al otro. No sabría decir por qué, pero aquello no parecía una simple e inofensiva conversación sobre el transcurso del día. Más bien, era como si, tras todas aquellas palabras casuales, hubiera una infinidad de mensajes ocultos. Encima, le parecía increíble el hecho de que Madara pudiera saber sobre el humor de Itachi, cuando él aún no le había visto hacer un solo cambio en su expresión.
-Nada más que considere necesario, sensei.
-Está bien. Entonces, vete a descansar. E Itachi…-le llamó, haciendo que se detuviera cuando ya había girando, dispuesto a marcharse-Buen trabajo.
El aludido no se molestó en dar respuesta alguna y salió del lugar. Deidara observó cómo la puerta se cerraba cuando lo hubo hecho y volvió a mirar a Madara. Seguía sin tener ni idea de quién era pero, claramente, tenía una gran influencia sobre Itachi y eso le resultaba ciertamente satisfactorio.
-Lamento la brusca presentación, pero no había opción de hacerlo de otra manera-se disculpó Madara-. Itachi no podía decir nada sobre mí delante de los demás.
Las interminables cuestiones volvían a agolparse en la mente del rubio, quien no sabía muy bien por dónde debía empezar a preguntar. Había descubierto demasiadas cosas en muy poco tiempo y cada sílaba pronunciada por aquel hombre sembraba una incógnita más en su lista.
-¿Por qué?-preguntó finalmente.
-En general, no conocen mi existencia. Prefiero que sea así. Por ello, he de pedirte que seas discreto acerca de esto.
-No comprendo, hmm.
Madara volvió a sonreír.
-La persona a la que has visto antes es a quien todos consideran el líder… A quien yo quise que consideraran. Eso significa que en realidad, yo soy quien está detrás de Akatsuki. Me es más cómodo de ese modo, por el momento. Los motivos son algo más complejo a lo que ahora prefiero no referirme.
El rubio pensó en el momento en el que Itachi había hecho mención de Madara ante Kisame y Sasori mediante un confuso comentario que había logrado desorientarlo hasta a él. Ahora veía clara la razón.
-Itachi…-comenzó, pero no le hizo falta completar la frase.
-Sí, él lo sabe todo, por supuesto. Ha sido mi aprendiz durante mucho tiempo. Quise que fuera él el que te trajera. Es alguien especial…
Deidara le observó durante unos instantes, con el ceño algo fruncido. Y, después de unos segundos, hizo la cuestión que ambos sabían que tenía que hacer:
-¿Y por qué yo? Hmm.
La expresión de Madara cambió ligeramente. Sus labios se curvaron un poco más, su mirada se volvió más penetrante, su aura más peligrosa. De pronto, ya no estaba delante del artista, sino detrás de él. Podía sentir su cuerpo pegado al suyo. Unas manos le sujetaron suavemente por los hombros. La boca del hombre estaba junto a su oído. Su voz hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo.
-Porque tú también eres especial, Deidara, y deseo poder disfrutar de la compañía de esa clase de personas. Desperdiciar la oportunidad de compartir momentos contigo es algo que no puedo permitirme.
Quizá fuera el agotamiento o la imposibilidad de asumir toda la información recibida o la inquietante capacidad que, en apenas unos minutos, ya había descubierto que Madara poseía para poder doblegar a la gente; pero Deidara se descubrió a sí mismo relajándose cuando los brazos del mayor le rodearon.
-Recuerda-dijo el Uchiha-que ahora estás dentro de Akatsuki y, por lo tanto, bajo mi control. De algún modo, me perteneces.
Bueno, he ahí el comienzo de algo XD
Madara es exquisitamente perturbador… Y lo odio XD
Si, por lo que sea, hubiera podido entrar en esa habitación cuando esos tres se encontraban en ella, habría caído de espaldas sin duda.
Amenazas de muerte y otros, mediante reviews, por favor.
