Hola a todos de nuevo! Muchas gracias por seguir mi Fic y aquí teneis el 3r capitulo, disfrutad mucho!
Aeris despertó al sentir una fría toalla en la frente, era Zack que cada tantos minutos cambiaba la toalla húmeda por otra que estuviese mas fría.
-Dónde estoy?-Preguntó ella entrecerrando los ojos por la luz.
-Conmigo.-Cogió la toalla anterior y la metió dentro de un cuenco con agua fría y hielo.-En tu casa.
-Ah...- estaba tan adormilada que nisiquiera pudo preguntar más. Zack le dijo que tenía fiebre y que descansase. Minutos después de que recogiera el cuenco y las toallas, se despidió de Aeris y de su madre y se marchó cerrando con cuidado la puerta.
Caminó hasta el andén y cogió el tren para llegar al sector 7. Para volver a entrar al instituto ShinRa, en el internado del mismo sector. Entró en su habitación donde se encontraba un gran amigo suyo, Angeal. Se saludaron con un choque de palmas y recogieron sus espadas para dirigirse al entrenamiento concertado de ShinRa, el que le habló a Aeris.
-Dónde estabas Zack?-Angeal era una persona que creía mucho en el honor de ShinRa, era muy buen amigo de los más populares del instituto, pero compartía habitación con Zack.
-Me perdí por los suburbios cuándo fuí a la misión del instituto.- Mintió.-Una chica me guió hasta la estación.-Mintió de nuevo.
-Qué tal con tu nueva espada de primera clase?-preguntó Angeal sin darle más vueltas al asunto.
-Genial, es impresionante el cambio, tiene más materia pero es menos pesada.-Zack exageró, suficiente para que pareciera cierto. Angeal ya llevaba un año con la espada de primera clase, aunque nunca usaba la espada que tenía ocupando gran parte del espacio en su armario.
-Tienes razón, yo noté el mismo cambio.-Dijo Angeal con un toque de entusiasmo.
Siguieron el camino hasta la sala de entrenamiento en silencio; no era incómodo pero a Zack le inquietaba algo. No pensaba que ese entrenamiento fuese una asignatura más, ni mucho menos. Sephiroth supervisaba el entrenamiento. Su mirada era aterradora pero cuando Zack le oía hablar con Angeal parecía una persona completamente distinta. Sephiroth era el mejor y el más popular en todos los sentidos y asignaturas. Por eso le mandaban trabajos como dirigir la clase, o mantener el orden en la biblioteca de ShinRa. Todos le admiraban aunque nunca habían presenciado sus verdaderas habilidades.
Zack estaba tan distraído ese día que le hirieron el brazo izquierdo con un corte profundo que sangraba violentamente. Tiró la espada al suelo y corrió hacia la infermería, donde había una chica rubia con el pelo recogido ordenando medicamentos y jarabes de colores extraños. Vió un pulverizador desinfectante,empujó a la enfermera y cogió el pote. Le quitó el tapón y se echó el líquido en la herida. Hizo una mueca por el escozor mientras se ataba una venda gruesa alrededor de la herida.
-Se puede saber qué haces?-La enfermera se enfadó y se agarró las caderas con las manos, muy tensa.
-Lo siento, lo he hecho sin pensar.-Zack se dirigió de nuevo hacia la salida pero la enfermera le detuvo.
-Déjame ver esa herida, ahora.
Zack no hizo caso y se largó dejando a la enfermera con las palabras en su boca. En la salida, Sephiroth le esperaba.
-El director Rufus te espera en su despacho.-Se dio la vuelta y se marchó sin decir nada mas.
Zack subió a la vigésimasexta planta, en el despacho de Rufus.
-Adelante, Zack Fair.- Rufus pronunció esas palabras un tanto divertido, pero malévolo.
-Hola.
-Qué has estado haciendo antes del entrenamiento, Zack?
Al oír eso, Zack tuvo un escalofrío pero se mantuvo fermo y respondió.
-Me perdí por los suburbios y una chica me guió hasta el andén.- Mintió de nuevo.
-De acuerdo, nada más. Puedes irte Zack, no llegues con retraso de nuevo.-Al decir eso, apartó la mirada hacia su bolígrafo y su montaña de papelajos con el sello de ShinRa marcado en rojo.
-No ocurrirá de nuevo, director.-Se dio la vuelta y se fue a su habitación de nuevo.
Aeris seguía enferma, pero se levantó y se dirigió hacia la cocina. Se preparó un café calentito y se sentó en la mesa aun envuelta con una manta de algodón. Miró por la ventana, había oscurecido ya, pronto se encenderían las ténues luces bajo la plataforma. Abrió la ventana y miró con atencion las antiguas calles de los suburbios. Sintió una fría brisa en su nuca por el pelo recogido. Se dió la vuelta para sentarse de nuevo y se llevó un buen susto cuando vió a Zack justo delante de sus narices.
