Parte 3
Selek también se había enamorado de Megara.
Pudo haber sido por la cadencia de su voz cuando hablaba, o por cómo sonreía y bromeaba cuando hablaban. Quizás era su cuerpo perfecto o la manera como sus ojos se fijaban en un punto que no existía delante de ella. Todo lo que él sabía era que ella era la mujer para él.
El Santuario no tenía ningún tipo de prohibiciones para situaciones como la de él. No había ninguna regla al respecto, excepto quizás el hecho de que Atena estaba primero. Estaba atado a su juramento y la verdad era que él estaba dispuesto a honrarlo.
Selek había pasado las semanas siguientes al cumpleaños de Alexandros en la isla. De alguna manera, se las había arreglado para regresar al Santuario sólo cuando en realidad era necesario. Sus mañanas, mientras Alexandros trabajaba, las pasaba con Megara. La mujer se había convertido en parte de dueto y ella estaba con ellos en cuanto espacio libre tenían los amigos o ella misma.
Fue así como el amor entre creció; fue algo gradual, que ocurrió después de pasar mucho tiempo juntos; lo que había comenzado como una obsesión por ver a la otra persona, se había convertido en un amor que no podían controlar. Aún cuando estaban con Alexandros, se las arreglaban para tomarse de las manos por debajo de la mesa o para sentarse siempre al lado del otro.
Alexandros no se imaginó ni por un instante que algo estaba pasando entre ellos. Para él, el verlos juntos era un motivo para ser feliz.
En las noches, sin embargo, era otro momento para que Selek y Megara pasaran juntos. En secreto, no queriendo mantener su felicidad solo para ellos, no querían compartirla con nadie más, así era como hablaban de su amor y hacían planes para el futuro.
En la noche del cumpleaños de Selek, bajo la luna en Escorpio, Megara entró en su casa. Ella caminaba en sus puntillas, moviéndose como una serpiente para que nadie se diera cuenta de que ella estaba allí, ni Selek ni sus escuderos. Ella ya conocía el camino hacia su habitación, cuando llegó a ella, giró la perilla co cuidado de no hacer ningún ruido.
Él dormía. Ella sabía que Selek acababa de regresar del Santuario y que estaba cansado; Alexandros y ella habían tenido que irse temprano a casa para que él pudiera descansar. La celebración había quedado pospuesta para el siguiente día. Sin embargo, ella no quería que el día terminara sin poder pasar algo de tiempo a solas con él—o la noche entera si él estaba dispuesto a ello.
"Selek." Ella susurró en su oído, para luego besar su nariz y moverse un poco para dejarle que la viera.
La luz de la luna entraba por la ventana, permitiéndole a la mujer ver los rasgos de Selek y que él viera los de ella. Sus siluetas al principio, luego pudieron verse claramente.
"Meg… ¿qué estás haciendo aquí? Creí que te habáis ido con Alex…"
"Es tu cumpleaños, quería pasarlo contigo…no quería dejarte tan rápido."
El hombre suspiró, dejándose caer en la cama, mientras Megara tomó ventaja de ello y se recostó en su pecho. Selek abrió los ojos sorprendido. El contacto entre ellos jamás había pasado de tomarse de las manos y darse besos furtivos cuando nadie les veía.
"Te amo, Selek. Pero eso ya lo sabías¿no?"
Selek la miró con ternura y la apretó contra su cuerpo. Él la besó con pasión mientras movía sus manos por su cuerpo. Ella se dejó hacer, luego respondió a sus besos, le besó los labios, el cuello, siempre acariciándolo.
Él cambió sus posiciones para quedar encima de ella. Selek besó y disfrutó cada parte de su cuerpo. La suavidad de su piel, la dulzura de sus labios. Megara respondía cada toque. Selek sintió que el alma se iba de su cuerpo cuando ella tocó su espalda y enterró sus uñas en ella; no pudo contenerse y gruñó al toque de la mujer.
Megara le decía cuánto le amaba; pero él se mantenía en silencio y respondía a sus palabras con un beso. Ella entendía; esa era su forma de decirle que le amaba.
No fue sino hasta que terminaron que Selek lo dijo. "Te amo, Meg." La hizo sentir que la espera había valido la pena.
Cuando Megara abrió los ojos, el sol estaba acariciando su rostro. Sus ratos cálidos era como el suave abrazo de su enamorado. Al estirar su mano buscando a Selek, se encontró con que el espacio estaba vació, lo que la sobresaltó e hizo que se sentara de prisa. Selek o estaba allí con ella. Ella esperaba una mañana romántica, pero se dio cuenta pronto que eso no pasaría. Sin embargo, sus esperanzas no se desvanecieron así de rápido, quizás Selek estaba abajo preparándole el desayuno..
De nuevo, ella se había equivocado. Megara no pudo encontrar a Selek por ningún lado. Ella tuvo que regresar a la de ella y no le volvió a ver hasta varias semanas después.
Selek tuvo que correr al Santuario. Kriton había venido a buscarle muy temprano en la mañana. Dos de los escuderos personales del Patriarca habían venido a buscarlo. Selek había tomado sus pantalones, se los había puesto y había salido ca la puerta para hablar con Kriton. El hombre le confirmó a su amo que los visitantes estaban allí y le dijeron que le esperaban para que les acompañara al Santuario. Selek asintió con su escudero terminó de hablar y regresó a la habitación para vestirse apropiadamente. Si Shion le necesitaba, sólo significaba que había algún tipo de amenaza para Santuario.
Selek besó a la mujer en la frente y dejó la Casa. Él habría deseado que las cosas fueran diferentes, pero para él, no había nada ni nadie más importante que la diosa.
Cuando llegó al Santuario, Shion le esperaba.
"Espero que hayas tenido buen viaje, Selek."
"Sí, Maestro; estoy a tus órdenes." Le dijo, arrodillándose frente a él.
"No hagas eso, por favor. Santuario te necesita, Selek. Ven conmigo, tenemos mucho de qué hablar antes de que te marches de nuevo."
El resto del día lo pasó discutiendo esa nueva amenaza. Si lo que Shion decía era cierto, entonces mucha gente moriría y eso le entristeció. El pueblo del que Shion hablaba quedaba en el Norte, de dónde él era. Parecía que los mismos dioses de la región estaban preocupados y necesitaban de la ayuda de Atena.
En Milos, Megara no sólo estaba triste porque Selek se había marchado. También se sintió frustrada y quería una explicación. Kriton no había dicho mucho, sólo que su Amo había sido llamado a Santuario y que no había podido quedarse esperándola.
'Podría haberme avisado.' Le había respondido ella al escudero que se había mantenido en silencio todo el tiempo. Megara se sentía impotente ante las acciones de Selek, máxime si Kriton le encubría de esa manera. Lo único que la sacó de sus pensamientos ese día, fue la visita de Alexandros para luego invitarla a caminar por la playa. Ella en verdad quería a Alexandros. Él se había comportado siempre como un buen amigo y la hacía feliz el poder pasar algo de tiempo con él. Alexandros la respetaba, no sólo como mujer, sino que también escuchaba todo lo que ella tuviera que decir sobre cualquier tema.
Sin embargo, aunque estaba y se sentía en buena compañía no podía evitar quedarse mirando al mar de vez en cuando, lo que para Alexandros era un presagio. Nunca la había visto hacer eso y ya que Megara no parecía estar interesada en nadie podría ser algo bueno para él.
"Alex¿Sabías que Selek se marchó de nuevo?"
"No lo sabía pero no me extraña. Su trabajo es estar siempre listo para la Diosa."
"¿La Diosa…es en realidad tan importante?"
Alexandros no supo cómo responder en ese momento y tampoco quería hacerlo. Él sabía muy bien que para Selek no había nadie más importante que Atena. Para él, sin embargo, las cosas habían cambiado desde hacía unos meses. Alexandros se decidió a responder con honestidad y asintió mirando a Megara a los ojos. "¿Meg, por qué lo preguntas?"
"¿Por qué querías convertirte en Santo, Alex?" Ella preguntó, pero no le devolvió la mirada. La verdad era, que él no sabía el por qué, ni tenía la más mínima idea de cómo responder. Antes de que Megara apareciera en su vida, todo era claro. El por qué quería pasar por las pruebas por una armadura; el honor que deseaba para su familia. Cuánto quería estar con Selek y luchar a su lado; la importancia de Atena en su propia vida. Aún así, después de haberla conocido—no supo qué decir. "Así de seguro estabas¿huh?"
"Yo…yo…" Alexandros se detuvo. Dudaba si decirle la verdad acerca de cómo todo eso lo hacía sentir o si era mejor permanecer callado. Al final se decidió por lo primero, "No pude lograrlo, Meg. Eso es todo."
"¿Cómo es eso?" Esta vez Megara se giró a verle, sorprendida por sus palabras.
"¿No lo has visto antes?" Respondió Alexandros, golpeándose la pierna un poco. Megara entendió su dolor e intentó imaginarse cómo se habría sentido Alexandros al tener que enfrentarse a todo eso. "No era digno de Atena—o de mi amigo—"
"¡Oh, Alex!"
Megara lo abrazó, lo hizo por el simple impulso que sintió en ese instante. Alexandros por su parte, se aferró a ella y a su apoyo emocional. De lo que él acababa de hablarle, eran miedos que sólo había llegado a compartir con Selek, quien siempre le había escuchado pacientemente, y había tratado de hacerle entender que no era su culpa. Alex, no estaba tan seguro.
Megara sabía por lo que él estaba pasando. Ella sabía lo que era perder aquello que más se quiere. Ella había perdido a Selek en la misma noche en que lo había tenido para sí. Si él en verdad la amara—si sólo él en realidad lo hiciera—pero Selek se había ido...de regreso a Atena.
Selek estuvo ausente de la isla por casi un mes; iba y venía por cortos períodos de tiempo, del Santuario a Milos y luego de vuelta otra vez. Poco a poco, sentía que estaba alejándose de Alexandros en contra de su voluntad, y por supuesto, también de Megara. Sus encuentros con ambos eran cada vez más escasos y eso le estaba enloqueciendo. Con Alexandros siempre había sido así, era cierto; pero era quizás el hecho de que ya se había acostumbrado a tenerlo en su vida más frecuentemente y no a ratos lo que hacía que se sintiera mal y un tanto frustrado. Con Megara, por supuesto, la situación no mejoraba. Amaba a la mujer al punto en que prácticamente no se quedaba en el Santuario más de lo necesario para poder pasar algo de tiempo con ella.
El momento en que todo se le había salido de las manos aún no le era claro. Megara había comenzado a exigirle pasar más tiempo con ella. Eso había desconcertado a Selek, él no le había prometido nada a Megara o al menos eso era lo que se decía. La había amado libremente y eso justamente había recibido, pero todo había cambiado. Ahora, sin embargo, sus conversaciones no eran más que quejas y más quejas.
"¿Por qué no vienes más a menudo?" Decía ella "¿Es que ya no me amas?"
Selek ya no sabía ni qué pensar ni qué decirle.
"Entonces¿Qué piensas hacer Selek? Estoy seguro que Sino estaría feliz de que traigas a tu mujer al Santuario y quién sabe, en el futuro podrías tener hijos que al igual que tú entren al servicio de la Diosa…"
"¡Nivoe!" Selek lo miró después de haberle oído hablar, no sólo le interrumpía mientras estaba concentrado pensando, además le decía lo último que deseaba escuchar, "¡Cállate, quieres!" Lo que Nivoe le había dicho le sorprendió, de todas maneras. Selek se puso de pie de prisa y caminó hasta las columnas del exterior de Acuario.
"Selek, sabes muy bien lo que te estoy diciendo y sabes que es la verdad. Somos guerreros, sí; pero también es cierto que al final del día, no somos más que seres humanos. Cada Santo que se ha quedado solo y sin hijos ha sido por decisión propia." El Santo de Acuario caminó hasta donde estaba su amigo y le puso una mano en el hombro, "Mira, sé cuán importante es Alexandros para ti y no hay una persona en este Santuario que no lo sepa…no nos hemos olvidado de que fuiste el único con un testigo del exterior el día en que se convirtió en Santo…" Nivoe le sonrió, a lo cual Selek respondió de la misma manera; "Ahora Megara es tu mujer y la amas y ni siquiera se lo has dicho a Alexandros. ¿Qué crees que eso significa¿A qué le tienes miedo, amigo mío?"
"Alex...no me ha dicho nada, pero lo he sabido por meses…él también la ama…y soy una basura por traicionarlo…soy tan egoísta…soy…"
"Un hombre que está enamorado, Selek. Y creo que es hora de que pienses en lo que de verdad quieres hacer."
"Yo sé muy bien lo que quiero, Nivoe. ¡Quiero amarla¡no puedo pensar en otra cosa! pero Alex es mi amigo¡mi hermano¿No lo ves?"
"Lo único que veo es que estás sufriendo, mi amigo. Si yo fuera tú, los confrontaría y hablaría con la verdad."
"Parece que tienes la razón, pero aún así ¿qué puedo ofrecerle a Megara? Sería siempre lo mismo con la única diferencia de que en lugar de ella vivir en Milos lo haría en el Santuario. Igual tendría que irme a cualquier hora, sin la oportunidad de avisarle ni explicarle…"
"Alex sabría y tu no estarías mintiendo."
"Te odio…siempre me dices lo que piensas en mi cara…y lo peor es que siempre estás en lo correcto, Nivoe."
"Me quieres, además, para ti no soy más que Alex en versión Santuario." Acuario bromeó aunque ambos sabían que era verdad. Nivoe siempre había sido su amigo entre los demás Santos y el único en quien confiaba.
"Creo que es mejor que me marche, entonces." Selek le besó suavemente en los labios, un viejo hábito aprendido de Girtab desde hacía mucho. Girtab solía despedirse de esa manera de aquellos que le eran queridos, ya fueran amigos o amantes del Santuario y él lo había adoptado hacía mucho; tanto así confiaba Selek en Nivoe.
"Que Atena te bendiga, amigo mío." Nivoe le dijo al verlo marcharse. Ese beso no era algo que le molestara, ni siquiera cuando a pesar de los muchos años de hacerlo y de que Selek siempre le tomara por sorpresa. Selek era un escorpión y Nivoe nunca iría en contra de eso. Además, lo primero entre ellos, era el respeto mutuo. Ellos dos confiaban en el otro y compartían los pocos momentos que se les permitía para llevar una vida normal. Nivoe sonrió al pensar en ello y dirigirse a su templo.
Esa misma noche, Selek regresó a la isla. Tenía un par de asuntos que resolver allí y después de su conversación con Acuario, sintió la necesidad de hablar con Alexandros y Megara.
"¡Alex!" Gritó él en cuanto entró a la casa de su amigo, pero nadie le respondió. A esto, Selek comenzó a sentir que algo terrible podría haber ocurrido por lo que empezó a buscarlo por toda la casa.
"¡Selek¡Estás aquí!" Alex venía de la parte de atrás de la vivienda y en dónde se había pasado toda la tarde. "¡Megara, ven¡Selek tiene que ser el primero en saberlo!" Alex estaba hablando muy fuerte. Selek vio que Megara venía por el mismo lugar que lo hizo Alex; ese día también llevaba un vestido de flores; justo como la ves que la vio en Milos.
"Qué bueno que estés aquí, Selek." La mujer dijo en un tono que Selek no pudo interpretar. "Alex tiene toda la razón, tienes que ser el primero en enterarte."
"¿Enterarme de qué?" Preguntó Selek con ansiedad.
"¡Vamos a casarnos, Selek¿No es maravilloso?" Alex le respondió sonriendo ampliamente. Para él había sido una sorpresa el que Megara hubiera aceptado; para Selek por el contrario—era como si lo estuviera perdiendo todo. "¿Qué pasa Selek¿No tienes nada qué decir?"
"Claro, Alex…es sólo que me tomaste de sorpresa…"
"¡Ya era hora!"
Cuando Alexandros le abrazó, Selek aún estaba mirando a Megara. La mujer le respondía la mirada y él sentía los brazos de su amigo alrededor suyo. "Gracias, hermano." Alex siguió hablando para luego besarlo en la mejilla, "Sabía que te pondrías feliz."
"Siempre, mi hermano."
"Ven, Meg." Alexandros la llamó y los abrazó a los dos. "Ustedes dos son mi familia y me siento muy feliz de que ambos sean parte de mi vida." Alex les besó, a Selek de nuevo en la mejilla, a megara en los labios y luego se fue hacia la cocina.
"Felicitaciones, Meg." Dijo Selek, estirando la mano para estrecharla con la de ella; a pesar de no sentirse viviendo el mejor momento de su vida, se alegraba por ellos.
"Selek… ¿Eso es todo lo que vas a decir?" Megara se paró enfrente de él de una manera casi amenazadora "¡¿Eso es todo?!"
"¡No grites¡Alex todavía está aquí!" Masculló él.
"¡¿Cómo si te importara?!"
"¡Él es mi amigo¡Mi hermano!" Esta vez respondió enojado.
"Eso nunca te detuvo para estar conmigo¿O si?"
"¡Mejor te callas, Mujer!"
"¡Oigan¡Qué les pasa a ustedes dos¡Esto no es un funeral!" Alexandros les interrumpió. "¿Por qué la cara larga¿Selek¿Meg?"
"Tu novia se siente abrumada por todo, Alex. No pasa nada."
Alex se acercó a ellos y les ofreció del vino que se había ido a buscar; ellos lo recibieron y Selek se bebió su vaso a toda prisa. Alexandros estaba demasiado cerca de Megara, más de lo que alguna vez hubiera estado—ahora la besaba—en frente de él, como si…Selek no estuviera allí con ellos.
Selek no pudo evitar la sensación de vacío que crecía en su interior, tampoco pudo evitar el dolor. En cuanto lo vio propicio, dijo que era el momento de retirarse y estuvo a punto de marcharse cuando Alexandros le detuvo.
"¿Podrías llevar a Meg a su casa? Creo que he bebido demasiado vino…"
"Déjame te llevo a la cama y ya me encargo de ella."
Desde la sala, megara vio como Selek llevaba a Alex a la cama, le ponía unos cortos para que durmiera y lo arropaba. La dedicación con que Selek trataba a Alexandros la dejo sin habla pues en realidad, ella nunca había notado la dedicación y el amor que Selek sentía por su amigo. En ese instante también entendió que la decisión que había tomado había marcado su camino para siempre y que no había marcha atrás. Sin embargo, eso no era lo único que Megara había decidido.
En los últimos días, Alexandros había estado visitándola como siempre, la diferencia era que Megara acababa de enterarse que estaba embarazada y sabía que el padre era Selek; el problema era en realidad, todo lo que Megara tenía en contra de él en ese momento. Megara se arrepentía de muchas cosas en su relación, pero lo que más le pesaba, era haberse metido en ella a sabiendas de la existencia de Atena. Selek siempre iba a tener a la diosa antes que nada. Ella incluida. Megara sentía que se había estado engañando a sí misma por meses al creer en las palabras del Santo, aunque a pesar de todo, ella siempre había sabido que él nunca le había mentido. No podía evitar pensar en ello, a pesar de la verdad, se decía ella, del amor de Selek, Atena estaba en el medio.
La comadrona le dijo que apenas tenía dos semanas. 'Estás muy ansiosa. Ninguna mujer se da cuenta tan pronto.' Esas habían sido las palabras de la anciana.
Su primera preocupación fue qué iba a hacer. Lo único en lo que podía pensar era en lo sola que se sentía cada vez que Selek se marchaba al Santuario. Esa misma noche, Megara había caminado las calles de Milos pensando en las oportunidades de tener una familia con Selek para terminar concluyendo que no había ninguna. Esa misma noche cuando regresó a su casa, decidió que su hijo o hija sería de Alexandros. Él nunca les abandonaría. Por eso se había ido a buscar a Alexandros y pasó la noche con él. El hombre la tomó sin cuestionamientos, después de todo él la había amado desde el primer día en que la vio—para Alexandros fue como si sus plegarias hubieran sido escuchadas. Cuando él le propuso casarse después de lo que había pasado entre ellos, ella no respondió. Espero hasta esa noche, en la que por coincidencia Selek había regresado y le dijo a Alexandros que sí.
Megara le dijo que estaba embarazada. Alexandros creyó que tenía apenas dos semanas, ella sabía que eran cuatro. Sin embargo, ella también sabía que él no se pondría a hacer cuentas y ella podría mantener su mentira.
"¿Nos vamos?"
La voz de Selek hizo que dejara de recordar y volviera a la realidad. Sonaba amargado, dolido, y eso la hizo temblar. "¿Tu casa o la mía?" Insinuó ella tratando de cambiar el ambiente.
"La tuya. Le prometí a mi amigo que te llevaría allí."
"Selek…"
"¿Qué, Megara¡Ya escogiste! Y fue a Alex a quien escogiste. Estoy muy feliz por él y por ti. De veras. No creo que hubieras podido encontrar a nadie mejor que él."
Megara quizo responder algo, responderle de alguna manera, maldecirlo—para luego besarlo…quizás. Si tan sólo Selek dijera algo—si tan sólo él tomara la decisión en lugar de dejársela a ella. Pero ella no estaba lista para presionarlo. Atena era un tema delicado para ella y no se atrevía a arriesgar lo poco que quedaba entre ellos. "¡No puedo creerlo¡¿Eso es todo lo que tienes para decir?!"
"¿Qué más puedo decir¡Ahora eres la prometida de mi amigo¡Ya no eres mía!"
La mujer entendió que era una pérdida de tiempo el tratar de conseguir algo de Selek. Su destino, se dio cuenta, ya estaba decidido y ella eral la única responsable de ello. Todo tampoco estaba mal pues Selek estaba en lo cierto, no había un hombre mejor que Alexandros.
"Que tengas buena noche, Selek."
"Tu también, Megara."
Selek caminó hasta su Casa. Escorpio encontró a Kriton esperándolo en la entrada. "¿Cómo es que siempre lo sabes todo?"
"Soy tu escudero; paso más tiempo contigo que cualquier otra persona." Selek asintió y sonrió.
"¿Tu hijo?"
"Clytus está creciendo en el vientre de su madre. Faltan pocas semanas para que nazca."
"¿Cómo sabes que es un varón?" Le preguntó Selek mientras se quitaba la camisa y Kriton le daba su túnica.
"Las estrellas, mi Amo. Ellas nunca mienten."
"¿Qué te dicen tus estrellas sobre mí esta noche, Kriton?"
"Que aún cuando tu corazón sea roto mil veces, tu alma permanecerá intacta."
"No es muy alentador."
"Tus estrellas, Mi Señor, no son comunes. Tus emociones son tu vida y tu muerta. Tu alma inmortal se mantiene encaminada mientras que tu corazón aprende cómo ser humano." El hombre le ofreció un vaso con vino.
"¿Quieres emborracharme esta noche, mi leal escudero?"
"Tiene especias. Dona lo preparó para ti especialmente, para que puedas dormir esta noche."
"¿Cómo es que no puedo conseguirme una mujer como la tuya, Kriton?"
"Las mujeres son complicadas, Selek. Que no se te olvide."
"Cierto."
"Buenas noches, mi Dulce Señor." Le dijo Kriton mientras terminaba de preparar la cama para que él durmiera.
Selek se sentó en el balcón como siempre hacía cuando necesitaba pensar. De alguna manera comenzaba a extrañar el lugar donde había nacido y vivido los primeros años de su vida y sintió la necesidad de regresar al norte y quedarse allí un tiempo. Tal vez era hora de dejarlo todo atrás y olvidar. También era hora de regresar al Santuario y de tomar una decisión. Regresaría al lugar sagrado, quizás Nivoe estaría aún despierto y podría darle algún consejo. Si no funcionaba, ya iría donde Shion, en él siempre podría confiar.
Sin detenerse a pensarlo dos veces, Selek se fue al Santuario y pronto estaba de pie en frente al templo de Acuario, mientras se repetía en la cabeza lo que Nivoe le había estado diciendo ese día antes de que él se fuera a Milos. Estando allí, encendió su cosmos para que su amigo le notara y se dirigió al interior del templo, dispuesto a hablar con Nivoe de nuevo.
'Lo único que veo es que estás sufriendo(…)los confrontaría y hablaría con la verdad(…)Alex sabría y tu no estarías mintiendo.'
Nivoe le vio de pie en la puerta, sorprendido porque pensaba, no, estaba seguro de que hacía unas horas Selek se había ido a Milos.
"Sigo sufriendo y ya no estoy mintiendo…¿qué te dice eso, Nivoe?" Selek no se había movido de la puerta.
"Que estás loco. ¿Qué haces aquí¡Se supone que debes estar en Milos, hablando con Megara y Alex!" Nivoe aún no salía de su sorpresa.
"Ellos van a casarse."
"¡¿Qué?!" Nivoe le invitó a que se sentara, "Esto tiene que ser una broma."
" No lo es. Ellos tampoco no estaban bromeando." Selek le contestó con tristeza. Todo lo que hablaron temprano ese día se les devolvió y no de la mejor manera. "No sabía qué hacer si me quedaba en la Casa…"
"Tienes puesta tu túnia…sólo haces eso cuando ya te vas a ir a la cama."
"No pude. Kriton lo preparó todo, pero no pude quedarme en la casa…ni en la habitación…"
"Jamás habría pensado que algo así te afectaría¿sabes?"
"¡Soy un hombre…no una roca!" Selek le respondió molesto.
"Lo sé…pero…eres el más grande asesino en el Santuario. Has librado este lugar de tantas amenazas…y ahora, el verte así por una mujer me hace preguntarme."
"¿Qué cosa
"Qué tan humano eres en verdad."
Selek terminó sonriendo y reposando su cabeza en el sofá. Nada de lo que Nivoe le dijera haría que olvidara; por lo pronto estaba bien estar en donde estaba.
"Ahora qué, Selek?"
"Extraño mi casa…" Dijo él antes de quedarse dormido. Nivoe trajo unas mantas para que pudiera dormir cómodo y le dejó descansar.
N de la A: Esto me apena mucho. He cuidado mucho la ortografía y cosas y aún así, el formato del lugar me quita cosas y me borra otras. Por eso quiero disculparme si encuentran algo que no funciona. De todas maneras, la historia está subida en mi web, por si la quieren ver allí y no tener que aguantarme los errores que me salen aquí. Gracias por leerla a quienes lo hacen. Ari.
