Aquí les dejo esta adaptación espero les guste los personajes le pertenecen a J.K. Rowling. AU (universo alterno) y la historia a Ariel Tachna esta historia es de hombre hombre


CAPITULO 2

El jueves en la mañana, Draco se encontraba de camino al área de recién nacidos y encontró la oficina de la señorita Zeller sin ninguna dificultad, pero se quedó fuera de la puerta durante cinco minutos completos, recordándose todas las razones por la que esta era la decisión correcta para el futuro de la bebé.

Nada de eso le ayudaba a tocar la puerta cerrada.

Finalmente, se dijo a si mismo que nada ayudaría postergarlo, levantó la mano y tocó.

La mujer que abrió la puerta no parecía mucho mayor que los veintiocho años de Draco, pero su mirada era cautelosa, sugiriendo que ella había visto demasiado en su vida. No obstante, ella le sonrió.

—¿Señor Malfoy?

—Si —le dijo, y le extendiendo su mano—. Siento llegar tarde.

Ella sacudió la cabeza. —No hay problema. Entremos y veamos las opciones.

Draco asintió y aturdido la siguió al interior. Eso era todo. Él podría hacer esto. Él podría tomar esa decisión y continuar con su vida.

El interior de la oficina estaba pintada de un suave gris carbón, a diferencia del resto de la institución hospitalaria que era blanca, eso era bienvenido, un sofá y un juego de sillas ofrecían un confortable lugar para hablar, sin la obstrucción del escritorio que estaba contra la pared del fondo. Sintiéndose relajado se hundió en el sofá. Podía hacer esto.

—¿Puedo ofrecerle algo de beber? —la señorita

Zeller le ofreció—. ¿Café? ¿Agua? ¿Refresco?

—¿Tendría té helado? —Draco preguntó.

—¿Negro o de hierbas? —la señorita Zeller le preguntó.

—Negro, con leche, si no es mucha molestia.

—Para nada —la señorita Zeller le aseguró—. Iré por eso al cuarto de descanso.

Ella regresó unos momentos más tarde con una taza de té con leche. Ese era el familiar olor del perfume de su mamá y lo calmó un poco más.

—¿Cómo lo está pasando? —ella preguntó, tomando asiento frente a él.

—Todo esto es tan irreal —Draco admitió—. Sigo esperando que Astoria me llame y me diga que todo esto fue un error.

—Esa es una reacción muy normal —la trabajadora social le aseguró—. Si eran tan buenos amigos —y obviamente lo eran— es una reacción que puede tomar algunos meses superar. Desafortunadamente, no podemos esperar tanto para tomar las decisiones con respecto a la bebé.

—Lo sé —Draco agregó—. Me siento mal al tomar esta decisión, pero sé que no hay nadie más. ¿Podemos ver de nuevo las opciones? Sé que me dijo el jueves, pero todo lo demás de esa conversación está borroso en mi cabeza.

—Claro —contestó la señorita Zeller—. Para una adopción voluntaria, usted necesita elegir una agencia que se encargue de la colocación y entonces usted decidirá qué tan involucrado quiere estar además de eso. Las adopciones voluntarias tienen un rango completamente abierto con los padres biológicos, teniendo visitas regulares a incluso sin visitas ni contacto en absoluto. Lo normal es un punto en algún lugar del medio.

—Realmente no estoy preparado para reunirme con nadie —dijo Draco rápidamente—. Como le dije antes, no planeaba tener ningún contacto con la bebé como su padre. Astoria y yo éramos amigos, así que yo solo la vería ocasionalmente, pero eso era todo.

—Eso es totalmente su elección —la señorita Zeller le aseguró—. Los padres adoptivos ciertamente tendrán sus preferencias, pero nosotros generalmente vamos con las opciones más restrictivas, si hay una diferencia de opinión en el grado de apertura.

Ella le entregó a Draco una lista de las agencias. —

El primer paso es encontrar una agencia.

Draco revisó la lista, finalmente decidió una. —Me iré por la Caridad Católica —dijo lentamente—. Las monjas hacen un fabuloso trabajo en mi pueblo.

—Entonces en un momento me contactaré con Caridad Católica —ella dijo—. Mientras hago eso, hay un cuestionario que tiene que llenar para ayudar a elegir la colocación.

—¿Ellos no solo la entregan al siguiente de la lista? —

Draco preguntó desamparadamente.

—De ninguna manera —dijo la señorita Zeller con una risa—. Ellos quieren hacer que los padres biológicos se sientan lo más cómodos posibles con la decisión.

Draco suspiró y vio el cuestionario, con opciones para raza, educación y tamaño de familias. Sacudió la cabeza. —No sé, ¿todo esto es correcto? —dijo, su frustración aumentaba con la sensación de desesperanza.

Revisó todas las opciones de raza porque la bebé era una mezcla, e incluso si no lo fuera, la raza era una cuestión solo del color de la piel, nada más. Quería que la bebé tuviera unos padres razonablemente bien educados, así valorarían la educación de ella, pero sabía que nada garantizaba esa dirección. Los padres de Theo no se habían graduado de preparatoria, pero se aseguraron de que él lo hiciera e incluso lo empujaron más allá de la excelencia. No podían pagarle la escuela de medicina, pero lo animaron a buscar financiamientos para su educación y así él podría escapar de un salario mensual con el que lucharía toda su vida. Al haber crecido con una hermana, Draco conocía el valor y la frustración de los hermanos, pero una parte de él sentía que debería de ceder a la bebé a una pareja que no tuviera oportunidad de ser padres, en lugar de alguien que ya lo era, solo que una familia que ya tuviera niños sabría cómo cuidar a una bebé.

Odiaba lo indeciso que se sentía, odiaba toda la situación. Maldición, esa no era su decisión. Quería golpearse la cabeza contra la pared, pero eso no ayudaría, así que él simplemente dejó las opciones en blanco.

—Puedo… ¿estaría bien que viera a la bebé? —

Draco preguntó, apresurando a que salieran las palabras antes de asegurarse de hacer la petición—.

Podría sentirse más real si veo por quién estoy tomando las decisiones.

—Ella es su hija —le recordó la señorita Zeller—, tiene todo el derecho de verla, aunque eso hace más difícil firmar los papeles.

—Solo quiero verla —Draco insistió—. Necesito ver si ella se parece a Astoria.

La señorita Zeller parecía como si quisiera advertirle de nuevo, pero no lo hizo, lo guio por el pasillo del área de cuneros. —Necesita lavarse y ponerse la bata del hospital arriba de su ropa de calle ―ella le explicó—. Su bebé es saludable, pero no todos los bebés son tan afortunados, así que hay estrictas reglas de higiene. Deje su saco aquí, se sentirá más cómodo sin él.

Draco asintió y se quitó su chaqueta y la dejó en el brazo de la silla, siguió a la señorita Zeller hacia la entrada del área de recién nacidos. Se detuvo en el lavabo, se talló las manos y los antebrazos hasta los codos como indicaban los letreros arriba del lavabo. La señorita Zeller le entregó unas batas con el emblema del hospital y comenzó su propio ritual de limpieza.

Draco se colocó la bata, la anudó y esperó a que ella terminara. Ella lo guio al interior del área de cuneros y hacia una cuna con una simple etiqueta 'Greengras, niña'.

—Alisson —dijo inmediatamente, incapaz de ignorar el dolor al ver que la bebé ni siquiera tenía un nombre—. Se suponía que su nombre sería Alisson.

—Agregaré una nota en su expediente —la señorita

Zeller le ofreció—, pero finalmente, el nombre se lo darán los padres adoptivos, aunque animamos a que tomen en cuenta los deseos de los padres biológicos. A menudo aceptan que sea el segundo nombre.

Draco acarició la suave piel crema. Notando que era mas blanca era ella que cualquiera de los otros bebés en el cuarto, todos los demás tenían el mismo color aperlado . Ella se movió bajo su toque, levantó su mano y rozó sus dedos mientras sus pestañas se movían suavemente. —Ella es una encantadora bebé —dijo una de las enfermeras, llegando al lado de Draco

—. Come como un caballo y nunca está llorona.

Draco sonrió. —Entonces es justo como su mamá.

—Tenga —dijo la enfermera, levantando a la bebé con la facilidad de años de práctica—. Tome asiento y sosténgala.

Draco sabía que era una mala idea, incluso antes de ver el ceño fruncido de la señorita Zeller, pero no pudo resistirse. Solo una vez, se dijo. La sostendría solo una vez y entonces regresaría a firmar los papeles y terminaría con esto.

Tomó asiento en donde le indicó la enfermera y trató de acomodar los brazos de manera que formaran una cuna para la bebé. —Solo sostenle la cabeza y ella estará bien —la enfermera le aseguró, colocando a la bebé suavemente en sus brazos.

Ella abrió los ojos cuando fue pasada de unas manos confiadas a unas vacilantes, parpadeó viendo seriamente a Draco. —Hola —le dijo suavemente, vagamente recordaba a su mamá diciéndole a una joven amiga que ella debería de hablarle a su bebé todo el tiempo así podría entenderla—. ¿Cómo estás, Alisson? Soy Draco.

Soy amigo de tu mamá.

Su voz se quedó atrapada, pero tragó el nudo en su garganta y continuó. —Nos conocíamos desde la secundaria.

Ella era la única persona que no se burlaba de mi divertido acento y ella tenía palabras para cualquiera que se atreviera a decir algo acerca de eso en cualquier lugar en donde ella pudiera oírlo. Verás, ella amaba la comida de Francia—le confió—, y dado que soy de Paris, Imaginó que siendo mi amiga sería la perfecta manera de robarle a mi mamá todas sus recetas. Incluso entonces, ella sabía cocinar.

Mi madre la amaba. Cada vez que Astoria me visitaba, ella seguía a Ma por la cocina y la veía cocinar. No importaba que mi Ma no siguiera recetas. Tu mamá solo veía y aprendía, y entonces la siguiente vez que fui a su casa ella preparó la receta que había aprendido de mi Ma. Ella fue mi primer amiga aquí en los Estados Unidos, mi mejor amiga.

La bebé lo veía con la seria expresión de todos los recién nacidos, lo que le decía que trataba de darle sentido a este extraño nuevo mundo y no con bastante éxito.

Draco se inclinó y colocó un tierno beso en la frente de ella mientras continuaba con sus recuerdos. —Todos creían que estábamos saliendo, pero Astoria nunca me presionó de esa manera. Creo que ella sabía que era gay antes de yo lo supiera, y cuando finalmente salí ella me apoyó al cien por ciento. Nosotros tuvimos un departamento juntos en la universidad, y creo que mis padres siguen esperando que anuncie el compromiso o algo así. Verás, ellos no saben acerca de mí. No creo que entiendan. Aunque Astoria lo hizo.

Nosotros salíamos juntos y estábamos de acuerdo sobre quién era el chico más lindo en el club. Entonces imaginábamos si sería gay o hetero así podíamos decidir quién lo abordaría.

Se rio suavemente. —Supongo que no debería decirte estas cosas, pero mereces saber quién era tu mamá antes de que te vayas con otra familia y con una mamá y un papá diferente, ahora que tu mamá se fue. Sabes, te vez igual a ella. Claro que tienes mi color, pero la forma de tus ojos y de tu boca es exactamente como la de ella. Y apostaría que también tendrás su cabello. Será cafe.

Levantó a la bebé así pudo rozar su mejilla sobre la suave cabeza, tomando el olor de la loción y el jabón de bebé. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras la acunaba. —

Ella quería tanto un bebé —le murmuró—. Pero no podía encontrar un hombre a quien amar lo suficiente para casarse.

Nosotros siempre bromeábamos que seriamos perfectos el uno para el otro sin lo de lo gay, así que cuando se cansó de esperar al hombre correcto y decidió tener un bebé por su propia cuenta, yo era la persona más lógica a la que se aproximara. Yo no dije si inmediatamente. Al principio estaba un poco impactado con toda esa idea. Quiero decir, qué sabía acerca de ser padre, pero ella me aseguró una y otra vez que no me pediría nada solo que le diera el material genético. Ella cuidaría de ti sola. Ella te criaría con el suficiente amor de dos padres y cuatro abuelos y todo un montón de tíos y tías. Y ella podría hacerlo.

Cuando descubrió que estaba embarazada, ella estaba en la luna. Nunca la había visto más feliz que cuando te estaba esperando.

Nunca se quejó, ni por los vómitos matutinos, ni por la ropa que no le quedaba, ni por los tobillos hinchados ni por nada.

Ella pasó semanas considerando muestras de pinturas y aplicaciones para las ventanas y todo lo que necesitaría para tu cuarto, y entonces instigó a todos sus amigos para que le ayudaran a arreglar todo. Todo estaba perfecto para su pequeño ángel. Solo que ahora ella no está aquí, y yo no puedo llevarte a casa.

No sé cómo.

Meció a la bebé un poco más, apoyándose en su pequeño hombro ante la perdida de su mejor amiga, suaves sollozos salieron de su garganta, estando ahí.

Ella levantó su pequeña mano y palmeó un lado de su cara y su corazón dio un vuelco, ante la repentina, inesperada y abrumadora oleada de amor que le robó el aliento. Levantó la cara y vio su confiada y abierta cara y sabía que estaba perdido.

—Es tiempo de que ella coma —dijo la enfermera tranquilamente, regresando al lado de Draco—. Su biberón está listo. Todo lo que tiene que hacer es dárselo.

—No sé cómo —dijo sintiendo que lo había dicho por milésima vez desde que Astoria murió.

—Es fácil —dijo la enfermera, entregándole el biberón—. Solo coloque la mamila en su boca y asegúrese de que no tome aire. Ella hará el resto.

Cuando ella tome un tercio del biberón, avíseme y le ayudaré a hacerla eructar.

Draco asintió mecánicamente, inclinó el biberón y lo colocó tentativamente contra los labios de la bebé.

Se abrieron inmediatamente y chupó el pezón de plástico con voracidad. ―¿Estás hambrienta, no es así, Alisson? —le preguntó mientras ella comía—. Siento no haberme dado cuenta. Ves lo que digo de que no sé cómo hacer esto.

¿Cómo se supone que cuidaré de ti si ni siquiera sé cuándo estás hambrienta? Estarás mucho mejor con gente que sabe acerca de bebés.

Alisson simplemente siguió chupando el biberón, sublime e inconsciente del conflicto en el interior del hombre que la sostenía. Cuando el biberón estuvo un tercio vacío,Draco buscó con la mirada a la enfermera que llegó en cuanto captó su mirada.

—Retire el biberón de su boca y levántela sobre su hombro —le indicó la enfermera—. Palmee su espalda firmemente hasta que eructe. Si saca las burbujas de aire cada pocas veces, ella podrá seguir bebiendo. Si se acumula ella terminará devolviendo la mitad de lo que comió.

Draco tentativamente palmeó la espalda de Alisson.

—No de esa forma —la enfermera se carcajeó dándole a la bebé firmes palmadas en la espalda—.

Mientras sostenga su cabeza no la lastimará. Adelante, palmeé más duro esta vez.

Vacilando, Draco hizo lo que la enfermera le indicó, palmeando un poco más firme hasta que Alisson dejó salir un satisfactorio eructo.

—Ahora dele otro tercio, y póngala a eructar de nuevo y después se terminará el biberón —dijo la enfermera—. Lo está haciendo bien. Es un padre natural.

Las lágrimas se derramaban de los ojos de Draco mientras la enfermera se alejaba. Le ofreció el biberón de nuevo a Alisson y la vio arrugando la cara, tratando de conciliar sus sentimientos con sus intenciones. Su esfuerzo estaba destinado al fracaso. Supuso que la señorita Zeller tenía razón, pero encontró que no se arrepentía de haberle pedido ver a Alisson.

—No puedo hacerlo —le dijo, levantando la vista hacia la trabajadora social que se acercó—. No puedo firmar los papeles. Lo siento.

La señorita Zeller asintió. —Es su elección. Necesita un asiento para el carro para llevarla a casa.

Draco sintió que sus ojos se abrían más, pero había

tomado su decisión. Ahora él tenía que seguir con eso. —

Necesito uno o dos días para hacer los arreglos. Obviamente, no planeaba esto.

—Ella puede quedarse aquí unos días más hasta que usted logre tener todo lo que necesita —le aseguró la señorita Zeller—. Dejaré que se una con su hija.

Felicitaciones, señor Malfoy. Ella es una hermosa niñita.

Draco miró a la bebé.

Su hija.

Oh, Dios, ¿qué había hecho?