Hogar

Epilogo

Y todo era un sueño. Y todo eran tiempos y alientos al vacío, sumándose a miles de tiempos y miles de vacíos que ahora los recortaban en medio de algunas noches, porque ellos los habían aniquilados, ellos los habían aniquilados a todos.

Pero no había tiempo ni deseo que los hiciera retroceder y devolverles el aliento a todos aquellos a los que habían destrozado en su camino. No podían volver, no podía dejar de ser, no podían perderse, no podían apartarse. Porque el tiempo no esperaba y la puerta no estaría abierta toda la vida esperando que ella la cruzase. Dos sonrisas en medio de la noche. Dos latidos a la entrada de un hogar que no era suyo que nunca lo seria. Que no los restituiría, ni los liberaría, ni les haría recuperar la fe en ese mundo que los asfixiaba desde afuera. Y estaba bien, lo estaba. Porque al final la libertad solo era un estado, la fe solo era un estado, la restitución sólo una palabra y había miles de restituciones, miles de tiempos, miles de mundos, miles de egoísmos, miles de palabras que se atorarían en sus gargantas. Miles de soles los separarían, miles de años los harían pagar por sus crímenes, miles de rostros les gritarían a uno la perdida de su humanidad y a la otra la perdida de su inocencia. Miles de latidos los separaría, y matarían, dolerían, odiarían, y se encontrarían en medio de la noche junto con orgasmos vacíos. Cuentas no pagadas, disparos en las cabezas de otros. Olores y ofrendas para otros los desheredarían de este mundo. Y estaba bien.

Porque en medio de la noche, cerrarían los ojos y el dolor de compartir la existencia llena de llagas los convocaría y los dejaría salir a caminar hasta donde sus pies los sostuvieran. Llegarían a esa casa, abrirían la puerta y se verían. Y podrían sonreírse, verse a los ojos celeste violeta, verdes iridiscentes. Los guantes se irían, y él podría tocar… tocaría algo humano aun sin tocarse. Matarían a miles cada día, destruirían gente, verían hambre en sus rostros y voltearían, él se desharía con el tiempo perdido en medio de su propia humanidad tratando de encontrar una salida en medio de la noche, restituyendo los caminos a su alma solo para encontrarla vacía, pero no habría nada, nada para él ahí, y estaría bien.

Ella se deshojaría y cada día lucharía por encontrar su voz, navegaría en medio de sí misma y encontraría el horizonte para luego volver a caer en ella o en las manos de su destino jalando del gatillo de su inmisericordia, prometiendo paraísos e infiernos para luego cortarlos con un No, tal como él le había enseñado, tal como Madeleine le había enseñado.

Y luego ya no cerrarían los ojos, luego no ansiarían tocarse. Pero en medio de la tristeza y en medio de su propia pérdida, recordarían que al otro lado del mundo habían alientos y pasos que les pertenecían. Manos que tocaban cosas que ellos jamás podrían tocar pero que por otro lado no existían mas que para restituirlos y afirmarlos en su condición de que el mundo no podía acogerlos pero que había otro ser que sí lo hacia. Que ellos eran sus propios mundos. Cada uno de ellos, por ellos, y solo ellos. Un mundo para ella, otro para él, otro compartido, interconectado en medio de la existencia. Aunque ellos ya no se vivieran. Aunque ellos ya no se recordaran.

Y en medio de la noche ambos cerrarían los ojos para luego despertar en una tierra que solo pediría sus cabezas y que los cercarían cada vez más. Lejos el uno del otro. Unidos en medio del aire, ahí donde no podía llegar ninguno de los pulmones de los seres que pululaban en la sección o en el mundo, ahí ellos podían oler la vida.

Pero en la noche caminarían por ahí. Abrirían la puerta y se verían casi sonriendo, quitándose el guante y tocando vida uno de ellos, sorbiendo la libertad implícita en la elección de tocar. Observando el sol en sus ojos la otra, viendo como la fe podía hacer que ese gesto pudiera remecerla e insuflarle vida. Y eso era todo, no la luz que no tocaron, ni la cama que no compartían, ni el mundo que los separaba, ni la posesión de almas que no eran las suyas, ni los llantos, ni las ofrendas, ni las claridad en medio de todo. Eran ellos, y eran los cantos al tiempo.

Y eso era todo, no mas significados, ahora lo sabían, que la fe era ella, que la libertad era él. Ese era el significado de la fe, de la ofrenda, de la libertad, de la costumbre, de la posesión. Ese era el significado del amor.