Capítulo 2: Esperanza.

La oscuridad había cubierto por completo la desolada habitación. El gemido lastimero y apagado que escapaba de sus labios era lo único que se escuchaba. El miedo la tenía prisionera al igual que las ganas de vivir. Sentía dolor en el corazón, porque ya no confiaba en ella misma. Sakura había perdido la voluntad que la caracterizaba. ¿Qué destino le esperaba? ¿Qué pasaría de aquí en adelante? Eran preguntas que no dejaba de preguntarse.

Cuando fue arrastrada por el camino, encadenada, el dolor de sus muñecas la había hecho despertar de aquel trance y con todas sus fuerzas trató de escapar, de soltarse, de ser libre y huir de todo el mal que la rodeaba. A pesar de los continuos golpes aún tenía esa fuerza que hacía que no se rindiera y aunque le doliera, y aunque muriera en el intento no tendría nada que lamentar porque había tratado de hacer algo.

Tal vez, muy en el fondo, había deseado morir con aquellos golpes que le daba su captor a medida que la arrastraba, el miedo de saber lo que le pasaría después la atormentaba y cada vez hacia un impedimento para seguir avanzando. Lo último que recordaba es que la habían tirado dentro de un carruaje y por el impacto en la madera perdió el conocimiento.

Y aun cuando despertó en una habitación corrió hacia la puerta y empezó a golpear con sus brazos, con su cuerpo, con voluntad. Pero a manera de que se hacía de noche ya no tenía fuerza si no más que heridas en su cuerpo, de tanto golpes, pero aún estaba desesperada y golpeaba la puerta una y otra vez hasta caer rendida sin poder moverse.

La impotencia la hizo llorar y así como fue como pasó la noche, lamentándose, deseando volver a los días relajantes que vivió, escuchando la bella voz de Lady Belcourt mientras tocaba la lira y los cotilleos de sus compañeras, disfrutando aquel momento, de los días felices de una muchacha en sus plenos 16 años.

Extrañaba los consejos de su madre, las llamadas de atención de su padre. El calor de la chimenea y el genuino amor que recibía de su familia. Pero Sakura sabía que esos días no volverían, había perdido su hogar, su familia, sus amigas… Porque lo había visto mientras la arrastraban por el camino, había observado su cabaña completamente destruida y fue en ese momento que trató, trató con toda su fuerza soltarse e ir a ver a su cálida madre y su trabajador padre. Sin embargo todo lo que recibió fue un puñetazo en el rostro y fue amarrada fuertemente con una soga y lanzada dentro de un carruaje donde lo único que pudo mirar fue el fuego creciente devorando su casa, sus esperanzas y su aldea antes de caer en la oscuridad.

"¡Ellos, ellos pueden haber huido!"

Gritaba en su interior tratando de abrir la puerta, arañando y golpeando. Pero su cuerpo no daba más y su esperanza había acabado como la llama de una vela.

...

Cuando la luz iluminó su rostro, obligándola a despertar, se sintió vacía. Ya no podía llorar.

Se levantó del suelo y miró su vestido destrozado, cubierto de sangre y suciedad. Observó sus brazos lleno de moretones y heridas que por suerte habían dejado de sangrar. Llevó su mano a su mejilla izquierda, a la zona donde había sido golpeada con brutalidad; estaba hinchada y con un sonido gutural que escapaba de sus labios intentó dar un paso.

Con esfuerzo logró dar 3 y con la vista desolada inspeccionó el lugar. Había una cama grande y destrozada en el centro, encima de una alfombra blanca. Había adornos rotos desparramados y un cuadro de marco dorado en la pared.

Sakura contuvo el aire, ella conocía a esa joven hermosa de pálida piel y cabello azulado, de ojos aperlados y apariencia dulce, ésa muchacha era la princesa Hinata, la heredera de los Hyuga.

Sorprendida giró a su alrededor, había candelabros de oro, la gran puerta blanca, muñecas desparramadas por el suelo y solo así reconoció que estaba en los aposentos de la princesa y con horror también había descubierto que había pasado algo inhumano en donde estaba.

Había sangre en la alfombra, asustada retrocedió y dirigió su atención al armario y contuvo un grito de horror. La puerta estaba medio abierta y se veía una mano pálida cubierta de sangre. Sin saber que hacer corrió y abrió la puerta totalmente, tembló.

Allí había una sirvienta de cabello negro con una herida de espada en el vientre, estaba muerta, sin duda lo estaba. Su rostro no tenía color, Sakura se arrodilló y trató de buscar un signo de vida, pues ella tenía conocimientos médicos y quizá podría ayudarla. Tomó su pulso y sintió su piel: estaba tibia. Una esperanza brotó en ella y la sacudió nuevamente.

La muchacha sangrante reaccionó por un breve segundo. Sus labios agrietados se movieron en señal de pregunta.

Sakura alarmada respondió. –Soy Sakura, una prisionera que trajeron de Velica.

La muchacha la miró en señal de comprensión.

-¿Quién eres tú? ¿Qué pasó? –volvió a preguntar la muchacha de ojos jade.

La sirvienta trató de moverse y una mueca de dolor brotó de sus labios.

-¡Por favor, no te muevas! –reprendió Sakura mientras trataba de vendar fuertemente la herida que aún sangraba.

-S-soy… Val… -respondió en un susurro la joven agonizante.

-Está bien Val, voy a salvarte así que por favor, no te muevas y no hagas esfuerzo alguno –demandó en respuesta.

Val asintió con una sonrisa triste.

Sakura hizo un torniquete y amarró con fuerza el pañuelo blanco, Val había parado de sangrar. Con cuidado hizo una cama con los vestidos para Val, pues era inseguro moverla.

-Sakura, gracias –susurró Val. -Pero no es a mí a quien debes ayudar. Por favor, te lo ruego, ella está herida también. Ayúdala, por favor.

-¿Quién?

Val sudaba al hablar.-Yo sé que puedo confiar en ti, lo sé. Sálvala, salva a la princesa –gimió con dolor.

La joven de cabellera rosada jadeó.-¿Qué dices? Yo oí que fue asesinada, que cortaron su cabeza cuando tomaron este lugar, la princesa Hinata fue asesinada frente a la multitud.

-No –negó Val con lágrimas –Ella no está muerta, está aquí –señaló entre los vestidos. –Mei y yo la escondimos. La persona a quien vieron morir no fue la princesa, si no, Mei –lloró.-Cambiaron de lugares, después de todo, Mei era bien parecida a la princesa. –tosió y un hilillo de sangre brotaba de sus labios. -Sakura, por favor, salva a la princesa.-rogó con dificultad.

Sakura temblaba- ¿Dónde está, Val? ¿Está allí dentro?

Val asintió.-Hurga dentro de los vestidos, sentirás una puerta, allí está.-soltó un gémido de dolor.-Vé, por favor cuídala por mí. Yo…

-¡No! Tú no morirás Val, las dos la cuidaremos –Sakura adentró sus manos entre los vestidos y sintió una la cerradura de una puerta, la abrió.

Sintió a Val respirar lentamente y antes de entrar la escuchó.

-Ella, ella es la última esperanza de Limvaderum…

Sakura sintió un escalofrío en la espalda y voltio por instinto y entonces lo supo al verla, Val se había ido. Lloró en silencio, y con el dolor en su corazón se obligó a voltear y seguir adelante.

La vio, ella estaba allí, tendida en el suelo, pálida y con sangre en su brazo izquierdo. La princesa Hinata, la heredera legítima al trono, la que aún podía reclamar su reino. La última esperanza de Limvaderum.

La muchacha de cabellera rosada examinó el pequeño cuarto, era chico, lleno de muñecas y dibujos, era el rincón de juegos de la princesa y se acercó. La princesa estaba desmayada, sentía su pulso. Tendría que curar la herida en su brazo, pero al fin acabo estaba bien.

Sakura acarició el cabello sedoso de Hinata y juró protegerla, por Val, por todos los que habían muerto y por su gente. Tal vez lo había perdido todo, pero allí estaba Hinata, la única que podía liberar a su reino; su hogar.

Había adquirido un motivo por el cuál vivir y morir si era necesario, la protegería sin importar las cosas.

-Porque tú, tú eres mi esperanza –susurró.

...

Cuando Hinata despertó, sintió el calor de un cuerpo a su lado. Con cuidado dirigió su atención hacia la persona a su costado. Era una chica pálida de cabellera rosada, no la pudo observar bien ya que la susodicha dormía a su lado.

Trató de moverse, sintió tensarse a la muchacha de su costado y decidió no haberse movido. No sabía lo que era, pero no quería incomodarla. Pero aun así, la joven de cabellera rosada se levantó y la miró con sus profundos ojos jade.

-Princesa… ¿estás bien?

¿Princesa? Se preguntó Hinata.

-Disculpa, pero no sé de quién habla, señorita -respondió sorprendida.

La joven de su costado abrió los ojos con incredulidad. –Pero tú, tú eres la princesa, la heredera de los Hyuga –balbuceó.

Hinata se sorprendió aún más. –Te equivocas, no sé de quién hablas. Yo… Yo no soy esa persona - afirmó. Con vergüenza miró a la joven nuevamente, tenía la cara hinchada y el vestido echo jirones. La muchacha había sido golpeada, pero detrás de eso, era muy hermosa. Hinata sintió dolor al verse reflejada en esos ojos amatista.

-Entonces, si no lo eres, ¿por qué lloras? –preguntó, nuevamente.

Hinata se sintió confundida y pasó los dedos por sus mejillas, efectivamente, estaba llorando pero no sabía por qué.

-No… No lo sé -susurró pérdida.

Pero Sakura sí lo supo. Aquella jovencita que lloraba en silencio era la princesa y debía afrontar su pérdida, la muerte de sus seres queridos. No era que la princesa Hinata se había olvidado de todo, si no, que ella no quería recordar.

Con dolor en su corazón, la abrazó y rompieron a llorar juntas, sacando una vez más lo que tenían guardado por dentro.

Hinata se acurrucó en el regazo de Sakura asustada, temblando, llorando en silencio y poco a poco fue recordando lo quería inmensamente olvidar.

Era un día espléndido, ella se encontraba cosiendo la insignia de su familia en sus aposentos. La costura se le daba bien, sus puntadas eran correctas y precisas. Tenía la compañía agradable de Val y Mei, sus damas de compañía.

Estas dos no dejaban de alabar su insignia y eso la hizo sonreír, aún no se acostumbraba, pues era tímida, pero las quería a esas dos. Adoraba a Val, una muchacha de cabello negro y ojos marrones proveniente del sur y también adoraba a Mei, su prima, quien tenía los mismos ojos que ella, color perla y sorprendentemente, eran muy parecidas.

-Princesa, me gustaría enseñarte un lugar hermoso.–vociferó Val entusiasmada.

-Te lo vuelvo a repetir, llámame Hinata, Val –replicó con una sonrisa tierna la heredera.-¿Y dónde es ese lugar?

-En el bosque, cruzando los jardines –respondió la castaña.

-Pero espera, Val, sabes que Hinata no puede salir –negó con la cabeza su prima.

-Lo sé, lo sé, pero enserio quiero mostrarle, es decir. Ya no estará con nosotras por un tiempo –Val hizo un mohín.

-Pero no la dejarán salir –Mei golpeó a Val en la cabeza.- No hagas ilusiones.

-Es cierto, lo siento, Princesa Hinata –se disculpó de mala gana Val.

Hinata sonrió tímidamente. –Val, también me hubiera gustado ir, gracias por preocuparte por mí.

La joven de ojos castaño maldijo por lo bajo. –Si hubiera una manera de sacarte, lo haría –renegó.-¿No podría disfrazarse?

-Considerando la cantidad de veces que vienen a ver y la vigilan, no –suspiró Mei.

-Oh, tengo una idea –Val sonrió- Si La princesa disfraza de ti, y tú de ella, digo, son iguales –Señaló alegre.

-No creo que sea bueno, chicas –intervino Hinata asustada.-Yo podría decirle a mi padre que me deje salir…

-Sabes que no te dará el permiso –habló decepcionada Mei.-Bien, lo haré, pero prometanmé que volverán rápido.

-¡Prometido! –afirmó Val sonriente.

Y así fue como la princesa y su dama de compañía cambiaron papeles. Después de esquivar a los guardias Val la llevó al bosque en donde vio una cascada azul que le hizo recordar a su prometido; el príncipe Naruto. Sintió amor en su pecho y agradeció a Val por el gesto. Y juntas, tomadas de la mano regresaron.

El camino fue tranquilo, hasta que cuando llegaron al castillo todo fue gritos de agonía y el entrechocar de espadas. La princesa se quedó estupefacta.

-¿Qué sucede aquí? –preguntó entre susurros. Val se tensó a su lado la metió y la jalo para un costado antes de que los soldados de armadura negra las vieran.

-Mei, tenemos que ir por Mei –gritó Val, jalándola por los pasillos que los sirvientes utilizaban.

Hinata no escuchaba nada mientras era jalada, el camino estaba desierto pero al mirar por un agujero hacia el exterior se horrorizó de ver como mataban a todos. Entró en una desperación.

-¿Mis padres…? -soltó un gemido ahogado.

Val temblaba a su lado, apretó el agarre en su brazo.-Están protegidos, princesa, ellos tienen a la guardia real al igual que su hermana –sonrió falsamente. –Princesa, debemos ir con Mei y escondernos.

Hinata asintió mientras era jalada por Val y llegó a su habitación, la puerta estaba abierta y con horror miró el piso lleno de sangre.

-No…

-¡Mei! –gritó la castaña a su costado y entró. Todo había sido destruido, en su cama había sangre, sus adornos estaban rotos, y Mei, Mei no estaba allí.

Sus lágrimas empezaron a salir.

-No, Mei no puede… –Val rompió en un llanto silencioso.

Y el estruendo en la parte de atrás las hizo girar. Val miró con horro al soldado de negro en su delante.

-¿Dónde está la princesa? ¡Dónde está! –gritó.

Una sonrisa burlona apareció en el rostro del soldado.-Está muerta, al igual que su familia, sus cuellos fueron cortados.-se burló.

Hinata entró en shock. –Imposible –musitó.

-Nada es imposible, idiota –gritó el soldado. –Este reino es ahora del rey Sasuke, y no necesita basura como ustedes –enfatizó. Aquel hombre se acercó a la heredera y estampó su espada.

Hinata sintió dolor en su hombro derecho, pero más en su corazón al ver a Val interceptarse y caer encima de ella sangrante.

-Realmente, ustedes los sirvientes no son nada interesantes –masculló aburrido el soldado de aspecto grotesco. –Y tú –miró a la princesa con expresión divertida. –Resultaste ser una carga para esa chica. –Se acercó.

–Vete al otro mundo –gritó dándole una patada en la cabeza.

Hinata apretó su agarre en Sakura. –No hice nada… No soy nadie… Yo no...

-Ya basta –Sakura la calló-. Basta, princesa.

Hinata tembló –Mi familia, mis amigos, mi pueblo fue asesinado. No hay nada...

-Cállate –masculló la joden de cabellera rosada.-Para nosotros, para tu gente, tú eres nuestra esperanza. Tú eres la única que puede cambiar esto. Por favor princesa, no me decepciones.

La heredera sintió el miedo de Sakura, y la esperanza en sus palabras. Pero no era cierto, la verdad es que Hinata no podía hacer nada.

-Yo no tengo a nadie, señorita –habló con voz apagada.

-Lo sé, pero lo tendrás. Sé que los Namikaze te apoyarán. –Sakura acarició el cabello sedoso de la princesa. –Además, no estás sola, yo buscaré la forma de llevarte allí. Yo te protegeré, confía en mí, princesa.

Hinata cerró los ojos y se entregó a aquel sentimiento, el que Sakura a través de su abrazo maternal le transmitía, la esperanza. No decepcionaría a nadie como lo hizo, no le fallaría a Sakura. Porque era su deber, porque no podía seguir huyendo, ella era la esperanza de su pueblo.

Nota de la autora:

Hola, después de dejar tanto tiempo la lectura y la escritura, he decidido retomarla. Me disculpo por mi gran retraso.

Como ven Sakura, quién no tenía ningún motivo para seguir adelante ahora lo tiene (bueno, si me pasara aquello yo quisiera morirme o consumirme en odio) pero no quiero llenar de un odio y deseo de vengana a esta chica, al menos, no por ahora. Me enfoco más en un estado de desolación y en el retorno de esa chispa de hacer un gran cambio.

He de admitir que mis planes o mis ideas no eran estas, al menos el que Hinata estuviera allí. Pero después de pensarlo mucho, creo que el papel de Sakura desempeñará mucho si se convierte en la guardiana y defensora de la princesa. No sé por qué, pero esto me hace recordar a Lady Oscar xD

Bueno, eso es todo, les deseo suerte y ah, me olvidaba, publicaré más seguido, pues me he dado el lujo de escribir los próximos 10 capítulos en adelante. Espero seguir contando con su apoyo, críticas e ideas.

Atte: Reimey.