Hola! estoy muy deprimida, así que probablemente tarde un poco mas en subir el siguiente capitulo.

Supongo que muchos ya saben que Dianna estuvo en México no? Pues si y yo la vi! me tome foto con ella! Resumiendo me enamore aun mas y ahora estoy en la etapa de depresión post-Dianna :( si tienen alguna idea de como superarla díganmela por favor :)

Regresando al tema de esta historia, probablemente poner la palabra 'Pezberry' en la descripción no dijo mucho y pido una disculpa. Así que están en todo su derecho de dejar de seguir este fic (Obvio no me gustaría que lo hicieran). Solo espero que vean la evolución que dará esto, no todo es lo que parece ;)


Ya había pasado más de una semana y la rubia moría por ver a Rachel. Se propuso esperar unos días más después de la ruptura con Noah y así lo hizo. Esa tarde iba ir al departamento de la chica, no había nada que se interpusiera. Excepto que recordó que solo sabía el edificio en donde vivía, más no el número de apartamento y se la hacía poco sensato tocar en cada una de las puertas a ver si aparecía Rachel en alguna de ellas.

—Marley!—se dijo a si—dedujo que Marley tenía el número de aquella chica rubia con la que Rachel asistió al concierto, por lo que se le hizo buena idea llamarle y pedirle que le preguntara a Brittany por el número de apartamento de la castaña.

—Contesta, vamos!—tenía el teléfono en la oreja—Hola! Por qué tardaste tanto en contestar?—se escuchaba desesperada.

—Relájate! Que quieres?

—Necesito un favor...—se escuchó un aja del otro lado de la línea por lo que prosiguió—necesito saber en qué apartamento vive Rachel, puedes llamarle a Brittany y preguntarle? Por favor, te lo ruego.

—No lo sé, no tengo tanta confianza con ella como para preguntarle eso.

—Por favor! Por favor! Haré lo que quieras, pero por favor pregúntale!

—Ya ya, Quinn. Está bien! Cuando lo tenga te mandare un mensaje con los datos. Adiós—dijo colgando sin dejar que la rubia dijera otra palabra.

Minutos que se hacen eternos. La rubia caminaba de un lado a otro. Iba a la cocina, a la recamara, prendía y apagaba la televisión. Así se la paso por un rato, hasta que escucho el sonido de su celular.

Departamento 7. Me debes una Fabray!—M

Quinn ni siquiera se detuvo a escribirle un agradecimiento a su amiga por lo que había hecho. Salió de su departamento con una sonrisa y camino por las calles de aquella ciudad, hasta encontrarse frente a aquel edificio en que vivía Rachel.

—Oh rayos, debí haber traído algo?—se cuestionaba—ya es muy tarde—decía entrando al edificio.

Subió las escaleras, después de un par de pisos ya estaba frente a la puerta del departamento 7. Dio unos cuantos golpes a la puerta y luego de un minuto, la puerta se abría.

Rachel se sorprendió demasiado al ver a la rubia frente a ella, pero después de unos segundos reacciono y lo que hizo fue serrarle la puerta en la cara.

—Rachel?—hablaba confundida.

—Que quieres?—dijo abriendo la puerta de nuevo.

—Hablar?—no tenía certeza de que decirle, pues la actitud de la castaña no le daba mucha seguridad.

—Quinn, creo que es mejor que te vayas. Enserio no quiero ser grosera.

Hay momentos en los que no sabes absolutamente nada y este era uno para Quinn.

—Enserio, Rach no te entiendo. Que sucede? Podemos hablarlo.

—Porque no vas y lo hablas con tu novio!—intento cerrarle la puerta pero la rubia fue más rápida y puso uno de sus pies en la esquina.

Ahora entendía la actitud de la castaña hacia ella. Pero como se enteró de que tenía un novio? Ato cabos y la respuesta era simple: Marley. Por un momento quería que su amiga desapareciera, pero después supo que no era culpa de nadie más que de ella.

—No tengo ningun novio! Por favor hablemos—decía suplicante.

No me mires con esos ojos o terminare cediendo, pensó la castaña.

—Me permites serrar mi puerta… por favor?

—Soy muy persistente, Rachel. No me iré de aquí hasta que hablemos—dijo retrocediendo.

—Adiós, Quinn—dijo cerrando la puerta.

Pero era muy enserio lo de ser persistente, la rubia se sentó en el piso y se recargo en la puerta de la castaña. Tenía que salir en algún momento.

Pasaban y pasaban los minutos, ya casi pasaba una hora ahí sentada y necesitaba que Rachel saliera de una vez. Saco su celular y puso su música a todo volumen, para su buena suerte las bocinas que tenía sonaban a un buen volumen, tanto que llamo la atención de varios de los vecinos, incluso de la castaña.

—Quinn! Qué demonios te pasa?!

—Que sucede?—dijo el hombre que vivía frente a ella.

—Nada!—miro a Quinn y esta se puso de pie—Nada, señor. Siento la molestia—dijo tomando a la rubia del brazo y haciendo que entrara.

El departamento era pequeño, pero sin duda tenía un estilo impecable. Todo muy bien combinado, muebles color chocolate y algunos cuadros de frutas rojas que encajaban a la perfección con los demás colores.

—Te dije que era persistente—bromeo una vez que Rachel serró la puerta. Hubo silencio por unos segundos—Cometí un error no decir la verdad y lo siento mucho. Sea lo que sea que tenía con aquel chico se acabó, para siempre, lo juro! Tan solo quiero una oportunidad, por favor—daba pequeños pasos hacia la castaña.

—Engañaste a tu novio conmigo, crees que eso me hace sentir bien?

—Exnovio! Y no lo engañe, hace tiempo que ya no tenía un novio, ya no me sentía bien con él. Solo era cuestión de hacerlo oficial. Tal vez suene apresurado y patético, pero quiero estar contigo—decía moviendo sus manos en forma nerviosa.

Era muy difícil permanecer molesta con aquella rubia y que se hubiera quedado tanto tiempo esperando afuera le daba algo de crédito.

—No sé qué pensar—suspiro. Pasó de largo a Quinn y se sentó en el sofá.

—Honestamente no me arrepiento de nada, no iba a perder la oportunidad de besarte. Es lo que más quería en aquel momento y no me mientas sé que tú también lo hacías.

Por supuesto que ambas lo querían, una ya lo había admitido. Solo era cuestión de tiempo para que la otra lo hiciera también.

—Puedes decir algo, por favor?—el silencio de Rachel la empezaba a desesperar—Entiendo...—se sentó con delicadeza junto a la chica—Te diré un dato curioso… La vida no se mide por el número de veces que respiramos sino por los momentos que nos quitan la respiración.

—No entiendo—dijo levantando la vista.

—Quiero que tú seas quien me quite la respiración—le sonrió, pero la castaña no respondió algo.

La rubia interpreto el silencio de la chica que tenía al lado como la señal de que ya debía salir de ahí, no quería empeorar más las cosas y si se quedaba más tiempo puede que así pasara. Ya la buscaría en otro momento.

—Okay—se disponía a levantarse.

Rachel la tomo del brazo e hizo que se volviera a sentar—no te vayas—la miro directo a los ojos—quiero ver si funciona—dijo acercándose más.

—Funcionar que?—la cercanía con Rachel la estaba poniendo nerviosa.

Rachel omitió las palabras antes mencionadas por Quinn y termino por juntar sus labios con los de ella. Solo duro unos segundos porque la rubia lo paro.

—Estas bien? Es decir, creí que tú estabas…

—Enojada?—sonrió sin separarse demasiado de la cara de Quinn—Tal vez, pero ahora no arruines esto, creo que si te estoy quitando la respiración o no?—soltó una pequeña risa.

La tomo de la chamarra y la atrajo más a ella. Tanto que hizo que se recostaran por completo en aquel sofá. Los besos empezaban a subir un poco de tono y si seguían con más probablemente les iba a ser imposible detenerse. Quinn que era la más cuerda en ese momento se separó de nuevo.

—No es que no me agrade esto—señalo a ambas con su dedo—pero creo que deberíamos ir… lento. No lo sé, podemos tener una cita primero?—pregunto levantando los hombros.

Se sentó correctamente y se acomodó el cabello—Si, me deje llevar. Lo siento—hizo una pausa—creo que eso es lo más sensato.

—Podemos vernos mañana—sugirió.

—Tengo que trabajar.

—Pero puedes salir a comer no?—sonrió—dime donde trabajas e iré por ti.

—En López y asociados.

Al escuchar eso a Quinn se le formo una sonrisa divertida ya que de inmediato pensó en Santana. Era curioso, nunca había entrado a las oficinas de aquella empresa ya que decía que el ambiente era muy aburrido allí y siempre que iba a buscar a Santana la esperaba en la recepción. Para todo hay una primera vez y para Quinn será la primera vez que entre a la empresa de su amiga.

—Perfecto, te veré ahí. En que piso estas?

—En el 13… pero como entraras? Hay muchas seguridad no dejan entrar a todo el mundo… Mejor nos vemos afuera.

—No te preocupes yo me las arreglo—le guiño un ojo.


Todos los que la vieran dirían que siempre se levanta con el pie equivocado, pero no, simplemente ella es así. Otro día en que nadie de la oficina deseaba hablar con santana, ni siquiera querían mirarla. Algunos solían decir, no te deseo el mal pero espero que te quedes a solas con Santana.

Cualquiera que no congenia con ella en el trabajo moriría por estar con ella. Una mujer hermosa, inteligente, que sabe lo quiere; tiene muchos más atributos que esos, pero en conclusión es el sueño de todo hombre y claro de mujeres también.

Todo es perfecto hasta un cierto punto…

—A esto es a lo que tu llamas reporte?!

Le gritaba a uno de los empleados del departamento de abogados. Parecía que el pobre hombre se haría del baño en los pantalones. Quería decir un 'lo siento' o 'enseguida lo corrijo', pero no salían palabras de su boca. Prácticamente estaba paralizado por el fuerte carácter de Santana.

—Por dios no recuerdo haber contratado a un mudo!

Sus empleados la desesperaban todos los días, siempre se preguntaba así misma porque firmaba sus contratos de trabajo si eran tan incompetentes. Pero sabía que no podía despedirlos así como así, tenía que tener una buena razón y que la hicieran enfadar cada cinco minutos probablemente no era una muy buena. Tampoco era un monstruo, siempre les daba segundas oportunidades a aquellas personas.

—Sabes qué? Vete. Y llévate esto contigo—le entrego los documentos—si no lo tienes como se debe al finalizar el día entonces si tendremos problemas—hablo con actitud desafiante.

El hombre solo asintió, se veía un poco más relajado, pero aun así con un toque de terror en los ojos.

—Comienzo a creer que Santana en verdad disfruta haciendo eso—Mercedes, quien escucho todo desde otro lado de la oficina, le dijo a Rachel con un toque de diversión en sus palabras.

La castaña aún no se terminaba de explicar cómo las cosas eran de esa forma. El otro día Santana se portó como la mejor persona del mundo con ella y eso que solo es una pasante. Porque no puede ser así con todo el mundo? Se preguntaba a sí misma.

—Yo pienso que es porque es la jefa. Tiene que mostrar carácter o todos estarían haciendo lo que quisieran—menciono.

—Sí, probablemente—dijo sin despegar los ojos de su computadora—ahora no!

El teléfono comenzó a sonar y el foco de la línea de Santana se ilumino. Mercedes no tenía ningun problema en ir a hablar con Santana, pero en ese momento no le apetecía escuchar alguno de sus gritos. Pero como Rachel había dicho, era la jefa y no puedes hacer nada en contra de eso.

—Está bien, ahora mismo me reúno contigo—dijo colgando el teléfono—No tengo idea que quiere esta mujer—suspiro y se dirigió a la oficina de Santana.

Mercedes nunca se doblegaba al hablar con la morena, siempre mantenía una postura firme e incluso algunas veces le daba gracia la forma en que Santana le gritaba a todo el mundo. Sin duda se ganó un par de admiradores por eso, incluyendo a Rachel.

Mientras su jefa y Santana discutían, la castaña corrigió algunos reportes que estaban en el escritorio de Mercedes.

—Por dios quien hace eso?!—leía uno de los tantos reportes.

—Hacer que?—dijo interrumpiéndola.

Sorprendida? Aterrada? Alegre? Confundida? No sabía cómo reaccionar ante aquella chica que estaba justo enfrente de ella.

—Quinn, que haces aquí?—tartamudeo un poco.

—Creí que habíamos quedado para comer—levanto una ceja—lo olvidaste?

Por supuesto que no lo había olvidado, pero con una mirada como aquella cualquier cosa puede ser borrada de tu mente. Nunca en la vida alguien se podría cansar de los ojos de la rubia. Dos perfectas y claras esmeraldas.

—No, claro que no! Pero…

Quinn no iba a aceptar una negativa, ya había subido hasta ahí cuando nunca antes lo había hecho, así que no pretendía esperar un 'no puedo' de la castaña.

—Pero nada—sonó divertida—sea lo que sea puede esperar… menos nuestra comida, claro—sonrió.

—Claro—rio—pero mi jefa está hablando con alguien… tal vez debería esperarla—levanto los hombros.

—Obvio no, Rach. Vamos—dijo tomando su mano para que se levantara.

Por la cara de la castaña descifro que no se iría de ahí hasta no hablar con su jefa, eso no le agradaba nada. Pero por otra parte le gustaba ya que comenzaba a conocerla mejor.

—Está bien, dime donde está tu jefa. Le diré que te vas conmigo—dijo restándole importancia.

Las palabras de la rubia eran muy graciosas para Rachel. Una completa desconocida entrando a la oficina de Santana. Era muy divertido imaginar cómo se pondría la morena al ver a Quinn entrar por aquella puerta.

—Es en esa oficina—la señalo con el dedo—pero créeme no quieres entrar ahí.

Quinn no sabía con exactitud cuál era la oficina de Santana, pero dedujo que era esa ya que era la más grande de todo el piso.

—Ahora vengo—dijo caminando hasta ahí.

Que rayos hace, pensó Rachel. Quien sabe que podría pasar si Quinn entraba en aquella oficina, por lo que se levantó y camino rápido detrás de ella. Justo cuando la rubia estaba a punto de girar la perilla Rachel tomo su mano y la detuvo.

—No, Quinn! No puedes hacer eso.

—Relájate abrir la puerta no será el fin del mundo.

—Tu no conoces a Santana, Quinn no!

Demasiado tarde pues la rubia ya había abierto la puerta. Tener la sensación de venirte abajo no es nada bonito, pues Rachel se sintió así en ese momento.

—Que haces aquí?!

—Lo siento mucho, fue un mal entendido. Nos vamos ya—dijo Rachel con la voz un poco cortada.

Estaba tan nerviosa que apenas pudo soltar palabras.

Santana al escuchar la voz de Rachel pensó que probablemente aun le tenía miedo o algo por estilo, por lo que intento hacerla sentir más tranquila.

—Rachel tranquila—la miro relajadamente—le hablaba a aquella rubia—miro a Quinn e hizo una mueca.

—Ah si yo… siento interrumpir. Hola, no nos han presentado soy Quinn Fabray—se dirigió a Mercedes y le tendió la mano.

—Ella es Mercedes, es jefa del departamento jurídico—dijo Santana.

—Mucho gusto, Mercedes.

—Igualmente, Quinn.

Rachel estaba algo confundida, al parecer las chicas ya se conocían. Si claro que se conocían. Eso explica como Quinn entro a la empresa y como no le importo en lo más mínimo ir directo a la oficina de la presidenta.

—No has contestado mi pregunta, Fabray. Que haces aquí?—presiono Santana—tu nunca has subido hasta mi oficina, puedo saber a qué se debe el honor?

—Santana, te parece si dejamos esto para después—dijo Mercedes levantándose.

—De acuerdo—Asintió Santana y vio como la otra chica se marchaba—entren y siéntense—les hizo señas con la mano—o lo que sea… y bien…?—dirigió su mirada de nuevo a la rubia.

—Ah sí, no vengo a verte a ti—sonrió—vine a comer con Rachel… por cierto ya le avisaste a tu jefa—dijo mirando a la castaña y esta asintió.

—Okay… que sucede aquí?—las señalo a ambas.

No lo hizo notar, pero tenía algo de miedo por la respuesta a esa pregunta.

—Recuerdas de la chica que hablamos la otra vez—vio como la morena asintió y continuo—es ella… Rachel—dijo sonriendo y tomando de la mano a la castaña—No sabía que trabajaba en tu empresa, pero es genial no?—hablo evidentemente con alegría.

Santana deseo con todas sus fuerzas que Quinn estuviera con alguien más y no con Rachel, pero de inmediato borro ese pensamiento de su mente. No quería ser egoísta y menos con la rubia. Simplemente sonrió e hizo como si fuera lo mejor que ha escuchado en su día.

—Sí que lo es!

Santana era muy buena actriz en la vida real. Sabía muy bien como fingir ante los otros, muchas veces solo lo hacía para conseguir lo que quería pero esta vez era algo… distinto.

—Me alegro por ti, Q—sonrió.

—No lo hagas, no es nada importante. Quinn y yo no somos nada—intervino Rachel.

—Aun!—exclamo una Quinn divertida.

Santana veía muy feliz a su amiga, por lo que cualquier jugada que quisiera hacer con Rachel tenía que tirarla a la basura.

—Oh por cierto! El sábado es cumpleaños de Ashley y mamá hará una reunión y esas cosas que se hacen en los cumpleaños—hablaba restándole importancia—te esperamos ahí ok!

Ashley, hermana de Quinn, nunca fue del agrado de Santana. Siempre se contradecían y se peleaban por cualquier cosa, no importaba lo diminuta que fuera. Santana nunca lo había dicho pero cuando Ashley se fue a estudiar a Los Angeles fue como el mejor regalo que alguien podía hacerle, obviamente nunca se lo dijo a Quinn, no quería que se enfadara con ella.

—La muñequita está de regreso—dijo con sarcasmo.

—Oye sé que no es de tu agrado y créeme a mí tampoco me gusta la idea de una fiesta ofrecida por mis padres, pero tengo que estar ahí. Por favor, San—dijo suplicante.

—Ok, iré… por cierto ustedes no tenían una cita o algo así—dijo mirando a ambas.

—Wow! Eres la mejor y si nos vamos ya!—dijo extendiéndole una mano a Rachel—te veo el sábado… ah y por cierto bonita oficina, creo que le hace falta una foto mía. Te traeré una para que la pongas en tu escritorio—bromeo.


—Pudiste haberme dicho que eras amiga de Santana!—dijo una vez que estuvieron en el Restaurante.

—Nunca lo preguntaste—rio.

Ambas se gustaban, pero como lo habían dicho antes querían ir lento. Quinn no sabía si estaba bien preguntarle si quería ir el sábado a la fiesta de su hermana, pensó que era demasiado pronto para que conociera a su familia. Pero le dio igual al ver a la castaña sonriendo al mirarla.

—Sé que no te lo propuse antes en la oficina de Santana, pero… te gustaría ir a la fiesta?

Vio como los ojos de Rachel se abrían un poco más conforme pasaba el tiempo. Esa no es una buena señal, pensó.

—Lo siento, creo que fue algo pronto—hablo al no recibir respuesta de la castaña—quieres pedir algo más?—intento cambiar el tema.

—No, Quinn. Está bien, yo… quiero ir—mostro una sonrisa de lado.

—Segura?

—Sí, Quinn—sonrió.

—Puedo?—dijo acercándose para besarla.

—Ahora pedirás permiso para besarme?—rio.

—Señorita Rachel Berry, yo soy muy educada—bromeo.

—No me hagas reír—dijo tomándola de la nunca y finalmente terminando aquel pequeño juego con un beso.


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