El aire lleno sus pulmones de golpe, como si fuese la primera vez que eso sucedía. ¡Maldición, si dolía! Dos bocanadas mas y se sintió capaz de intentar controlar su respiración. Un sudor helado cubría todo su cuerpo, sus piernas ya habían sucumbido ante su peso y sus brazos, que eran de ayuda en su soporte, amenazaban con hacer lo mismo. Levanto su mirada del suelo y miro nuevamente a su oponente, tiñendo sus ojos en carmín.

—Ellos deben sucumbir ante tus visiones, no tu ante sus recuerdos, Sasuke-kun. – la voz silbante de Orochimaru llego a sus oídos con un toque de burla que le hacía arder la sangre. Ese maldito monstruo había convertido en a la "persona" que tenía enfrente en un grotesco ser decidido a matar todo lo que estuviera frente a él y ahora le pedía a Sasuke que le arrebatara lo único humano que tenia, sus recuerdos... Y los distorsionara a tal modo que lo torturan.

El realmente no lo quería hacer, no quería volver a sufrir la transformación y ver la muerte de tantos como si él mismo fuese el responsable.

—Tal vez estoy pidiendo demasiado. Aun no estas preparado.

El sannin se levanto y comenzó a acortar la distancia entre él y la salida. Sasuke se puso de pie de un salto, aunque su cuerpo le gritaba de dolor, y corrió hacia su contrincante. Tres shurikens, y un segundo ya había atrapado al ex—ninja entre los hilos, paralizándolo.

—Sharingan – susurro. Y las tres aspas negras giraron lentamente hasta alternar posiciones.

El grito grave fue ensordecedor, que incluso acelero el corazón de Sasuke, pero no permitió que ningún movimiento lo delatara. Siguió firme, mirando sin parpadear al hombre mientras hacia que sus recuerdos más pacíficos se tiñeran con sangre. Con un golpe sordo, el hombre cayó al suelo levantando una ligera capa de polvo.

—Mucho mejor. – siseo Orochimaru, relamiendo sus labios. Los avances con el Sharingan no solo facilitaban el taijutsu y ninjutsu, sino que también aumentaban su resistencia y lo acercaban más a los ojos y el cuerpo que él tanto codiciaba. Era perfecto para moldearlo a su antojo. – pero aún está vivo.

—No es necesario que muera. – respondió escuetamente.

—Debes volverte más…

Pero lo que Sasuke debía ser quedo suspendido en el aire, él chico desapareció en una nube ante el asombro de su mentor que rápidamente rompió en risas.

—Sasuke-kun serás alguien de temer.

Cuando la nube de humo se dispersó, Sasuke se encontraba en su habitación. Se dirigió al baño y dejo que el agua empezara a correr, sentándose en el borde de la tina mientras esperaba que esta se llenara, sin poder de quitar de su mente los recuerdos que había arrebatado. ¿Qué tanto podía afectar eso la vida de alguien? Por experiencia propia sabia que mucho, todo lo que era. Cerró el grifo y se quito la ropa, agradeciendo que el agua estuviera tan fría que no le permitiera pensar en nada más. Estaba avanzando a pasos colosales incluso Orochimaru debía admitir que le sorprendía su progreso, hace un par de meses había comenzado con su Catana y ya la dominaba con la maestría de alguien que llevara practicando un par de años. No pudo evitar ocultar una sonrisa de autosuficiencia ante el pensamiento, de alguna manera eso era su orgullo.

Callo dormido al instante de acostarse, pero las horas pasaron como segundos y las pesadillas regresaron. Se levanto de golpe con su respiración agitada y un sudor frio recorriéndolo. Se reprendió mentalmente. No se suponía que perdiera su cordura por crear ilusiones, sin embargo, su subconsciente se empeñaba en combinar su vida con la de aquel desconocido que debía torturar.

—¿Hasta cuando? – se pregunto en un murmullo, con desesperación. La respuesta no llego, no había nadie que le contestara aquello, ni nadie que lo ayudara. Simplemente debía ser más frio.

Se desplomo sobre su cama sin saber muy bien que hacer. No creía que Orochimaru sintiera algo mas que placer al torturar a las personas, no es que valorar un consejo de ese ser o que le hablaría abiertamente de sus problemas para manejar las ilusiones, pero colocándose en el punto de vista de otro se sentía menos… sádico.

Los primeros rayos de sol golpearon su rostro a través de la diminuta ventana que estaba en su habitación. Sasuke se puso de pie, y enseguida abandono el lugar, caminando por los alrededores sin poder alejar los oscuros pensamientos de su mente, hasta que finalmente llego a un claro donde se acostó, esperando que terminara de amanecer, quería olvidar, al menos por unos momentos, lo que había hecho.

—¿Por qué no me habías dicho que te irías? Me podías ahorrar la mitad del viaje, ¿sabes? – La voz frente a él, lo obligo a abrir sus ojos de par en par. ¡No era posible que fuera la misma chica! ¿Cómo rayos…? – vayas estas mas callado de lo que recordaba. –agrego ella desviando la mirada del asombrado chico que no dejaba de verla. Sasuke se percato y no pudo evitar sonrojarse, apartando su mirada de inmediato.

—¿Cómo me encontraste? – pregunto finalmente poniéndose de pie.

—Te lo dije. El destino se encargara de encontrar el destinatario. – repito sus mismas palabras con orgullo y burla al ver al ingenuo chico. – sigues sin creer en lo que digo, ¿No es así?

—Deja toda esa sandez del destino y dime de una vez porque me has seguido. – Sus ojos cambiaron a rojos en una silenciosa amenaza.

—Y tú deja la agresividad a un lado, solo venia a entregarte esta carta. – Saco el pedazo de papel que le entrego Sakura y lo extendió hacia el moreno. – comienza a decir gracias en lugar de amenazar a cada persona que intenta hacerte un favor.

—Yo no lo pedí. – replico Sasuke.

—Un regalo tampoco se pide solo se acepta. ¡Vamos tómalo! – apremio, moría por saber la reacción de Sasuke y lo que la pelirosa había escrito pero nunca le diría eso al chico.

Sasuke la tomo y ante todo pronóstico la guardo en su bolsillo.

—¡¿Cómo? ¿No la leerás? – dijo de inmediato, viendo sus esperanzas desaparecer en ese momento.

—No tengo porque hacerlo en este instante. – respondió secamente.

—Esta bien, como tu quieras yo ya termine lo que debía hacer.

Aiko se dio la vuelta, era verdad lo que había dicho. Aunque no quería, ya no debía inmiscuirse más en el asunto. Según lo que Itachi le dijo, pensó que seria a él a quien encontraría con esa carta sin embargo habida llegado hasta la aldea de la hoja para convencer a esa niña que respondiera y finalmente terminar esa extraña aventura que ella misma había propuesto. Ella especialmente sabia que no debía interferir en el rumbo del destino.

—¿Te vas? – pregunto desconcertado Sasuke, no pensó que ella se rindiera tan fácilmente. – me hiciste escribir una carta y viajaste a no se donde, solo para dejar todo así.

—¿Qué mas quieres? Te prometí enviarle una carta a alguien que espera por ti y es lo que hice.

—¿Y si decido responderla?

—Tendría que verlo para creerte. – Aiko se burlo una vez más.

—¿Entonces dime como lo haces? ¿Cómo encuentras el destinatario? Cualquier jutsu lo podre hacer.

Aiko voltio a ver al chico nuevamente, la determinación en su mirada la sorprendió y todo rastro de enojo o duda se había ido de su semblante. ¿Acaso ese necio chico le había creído finalmente? Le sonrió tristemente, las esperanzas de él debían morir en ese instante.

—Kekkei- Genkai. – respondió simplemente, marchándose de aquel lugar de una vez por todas.

Sasuke bufo, inconforme con aquella respuesta. Si esa chica decía la verdad, podía encontrar a cualquier persona con solo escribir una carta, seria una valiosa aliada una vez que partiera en busca de Itachi.

Debía seguir el juego y mantener el interés de ella hasta que el momento llegara. Volvió al escondite de Orochimaru decido. Rompió el sello de aquella carta, y con su Sharingan la examino. El pergamino era normal y el sello no tenia nada extraordinario ni tampoco había rastro del uso del chakra. Aiko le ocultaba muchas cosas, era consiente, pero sus habilidades le eran indispensables. Nuevamente poso sus atención en el contenido, era sorprendentemente largo para lo que él había escrito y no pudo evitar preguntarse quien lo había mandado.

Su risa sonó en aquel solitario lugar al terminar de leerla, y no estaba seguro si porque aquello le parecía patético o ridículo

"…No tienes idea de en lo que me estoy convirtiendo. – escribió las primeras líneas sin dudarlo, toda aquella palabrería de lo que sus intenciones podrían ser lo asqueaban. Él no era nada de eso, sus intensiones no podían ser más alejadas. – así que no conviertas mi vida en un cuento de hadas, porque soy mas cercano a ser un monstro.

Si coincidimos en algo es que tener poder lo significa todo y me da gusto que lo hayas comprendido porque tu vida no parecía ser la de un ninja, incluso ahora no conoces lo que es la crueldad del mundo, sigues con tus ilusiones utópicas que son imposibles en una vida como la que elegimos. Si piensas ser ninja acostúmbrate a perder a quienes amas. Puede que sueno duro pero alguien debe decirte la verdad si es que piensas vivir mucho tiempo.

Ser ninja es estar preparado para morir o ver morir a alguien cada día de nuestras vidas. Por esa razón no estoy seguro de volver a ver a quienes abandone, ni se si quiero hacerlo. Para cuando termine mi misión puede ser que ni siquiera me reconozcan, las cosas que he visto y las que he tenido que hacer… no son de humanos y creo que pierdo una parte de mi humanidad cada día que pasa ,por lo mismo, estoy seguro que lo mejor para todos es olvidarme y espero que lo hagan.

No pienso cambiar mi camino."

Sasuke doblo la carta con parsimonia, observándola por un par de minutos. El simple impulso lo había llevado a escribir esta nueva carta, a pesar de haberlo insinuado no pensó realmente responder a aquel intercambio de cartas con un extraño, sin embargo, era lo único que tenia para mantener a Aiko cerca hasta descubrir la manera en que funcionara su jutsu. Esta vez le entregaba una carta normal, sin sellos especiales, ni impresiones de chakra sobre si, debía comprobar su teoría y se ella era capaz de encontrarlo donde estuviera, también debía encontrar al misterioso destinatario sin problema alguno. Debía de probar el alcance de su poder.

La puerta sonó. Orochimaru lo llamaba a entrenar una vez más. A torturar. Dejo el pedazo de papel oculto entre su cama y se dirigió a la entrada de la sala de entrenamientos.

…El fuego avanzo rápidamente por los pasillos de aquella gran casa, los gritos no cesaban y la apacible reunión familiar no era mas que cenizas y una gran nube negra que dificultaba el avanzar. Sasuke estaba parado frente a un hombre que desesperadamente buscaba a su familia, las lenguas de fuego no lograban consumir el cuerpo del Uchiha, pero hacían retorcer de dolor a aquel hombre desesperado. Sasuke no era más que un fantasma que trazaba aquella retorcida historia. El hombre avanzo unos pasos y callo de rodillas. El Uchiha repasaba cada uno de sus movimientos mientras sus ojos rojos repararon en la razón de aquel nuevo llanto. Sasuke aparto la mirada de inmediato de aquel cadáver calcinado, apenas reconocible.

—Para. Por favor, para. – murmuro entre lastimeros gemidos. – ellos no han hecho nada.

Sasuke no dijo nada, el hombre estaba en lo cierto. Nadie había hecho nada, simplemente era su objetivo de entrenamiento sin ninguna razón.

—Mátame…

La ilusión termino, y los orbes rojos volvieron a su color natural. La regia figura de Sasuke no se movió ni un milímetro de donde estaba mientras aquel gigante que ya no parecía humano, caía desplomado a sus pies, sin ni siquiera recibir un rasguño.

—Magnifico. – siseo Orochimaru desde su puesto. – Hoy estas realmente motivado Sasuke-kun.

—¿Terminamos por hoy? – pregunto Sasuke, ignorando deliberadamente a su maestro. Sabía que el sannin tenia razón, se quería probar a él mismo cada una de las palabras que había escrito. Quería comprobar que tenia razón al decir que no valía la pena esperar por él. Ya no era mas aquel chiquillo que jugaba a ser ninja.

Volvió a su habitación y cogió la carta. Lo había decidido, encontraría a Itachi y la necesitaba para eso, su hermano había huido por años, era buscado por las cinco naciones ninjas. Era consiente que solo no podría encontrarlo. Salió el escondite ignorando todos aquellos gritos terroríficos que inundaban los pasillos de todas las guaridas del Orochimaru. Solo debía volver a tiempo para su próximo entrenamiento y nadie se enteraría aquella misteriosa chica.

Aiko bostezo, mientras se tendía en el suelo. ¿Qué haría ahora? Podía ir a cualquier lugar que quisiera, el pueblo mas cercano estaba a varios kilómetros de distancia y aun así no emprendía el camino. No podía negar que sintiera curiosidad de que el chico respondiera la carta. Tal vez se había apresurado a juzgarlo tan rudamente. ¡Pero en que pensaba! No debía involucrarse mas, lo ayudo, cumplió su promesa y todo debía terminar ahí… Además nada garantizaba que el chico regresara…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el delicado sonido de pasos acercándose. Miro de reojo, el moreno se acercaba a ella con parsimonia. Aiko se sentó de inmediato. Su mente tenia que estarle jugando alguna mala broma.

—¿Cómo me encontraste? – pregunto estupefacta.

El Uchiha solamente miro hacia el cielo como respuesta. Kokoro trazaba círculos en el cielo sin cesar. Aiko frunció el ceño disgustado. ¡Su propia ave la estaba traicionando!

—¿Y…? – pregunto intentando sacarle una palabra al estoico chico.

—Necesito que la entregues. – ordeno Sasuke, sacando la carta de su bolsa y entregándosela. La chica levanto una ceja contrariada.

—No soy tu cartero personal, ya te dije que no seguiré haciéndolo. – se cruzo de brazos y se volvió a recostar sobre la hierba. Intentando no mirar nuevamente al chico.

—¿Qué quieres a cambio?

—¿Qué me ofreces? – respondió con otra pregunta. Y al no recibir respuesta sonrió triunfante. – Eso creí.

Sasuke frunció el ceño y desvió su mirada. Debía pensar rápido.

—Si quieres te puedo decir donde encontrarla. – dijo dubitativa, se había vuelto a sentar y observaba aquella desesperación en el chico por encontrar una respuesta a su pregunta.

—No viajo solo – alego de inmediato. Debía quitar esa opción de inmediato de la mente de Aiko. – Si me voy no tardaran en encontrarme.

Sasuke se dio la vuelta, no pensaba esa chica que le rogaría por hacer algo tan insignificante.

—¡Dime una buena razón para que lo haga y lo hare! – Aiko le grito, cuando él ya iba por el linde del bosque

—Porque de alguna retorcida manera esta persona me da las respuestas que busco. – comento, con su voz fría y su duro semblante Aiko no dudo que aquello era cierto, y le pareció suficiente.

Se acercó hasta él y tomo la carta de sus manos, guardándola en su bolsa.

—Entonces comienzas a creer en el destino. – celebro con una gran sonrisa.

—Tsk.

—Lo tomare como un si. – Rio pero el chico seguía tan estoico como siempre. – Vamos solo quería hacerte sufrir un poco. Ambos sabíamos que lo haría al final. – Sasuke la fulmino con la mirada, él no había visto nada para saber que las cosas terminarían así — Partiré en unos días.

Con un silbido llamo al ave para que esta se posara en su hombro. El danzante caminar de Aiko se perdió entre el follaje y Sasuke ocupo el puesto en el que ella estaba acostada y se tiro en la hierba observando aquel despejado cielo. Otra sesión de entrenamiento le esperaba dentro de poco y ella decidía torturarlo por gusto.

Suspiro molesto. Era mejor olvidar todo eso por los momentos, algo de tranquilidad no le vendría mal. Cerró los ojos y disfruto el silencio. A los pocos minutos los abrió de par en par.

Él ya sabía como terminaría todo. Orochimaru había jugado con él, sabia que si la afilada espada de Sasuke no mataba aquel hombre, lo harían las sinuosas horas de torturas. El final era el mismo

Se maldijo a si mismo por no darse cuenta antes, realmente se estaba convirtiendo en un ser repugnante.

Las horas pasaron y estaba de nuevo frente a ese hombre que llevaba días torturando. Ambos sabían lo que pasaría a continuación, una ultima visión y finalmente nada, Incluso podía sentir la aprobación del sujeto, entonces ¿Por qué él sentía tanto miedo?

Los gritos volvieron a inundar la cabeza de aquel sujeto, pero antes de poder identificar si eran de miedo o un simple llamado de su pequeña hija, el frio metal atravesó su cuerpo y la espada de Sasuke Uchiha se tiño de rojo por primera vez.

Todo había terminado.