Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, asi como algunos textos que fueron extraidos de "La Iliada" y "La Eneida", los que pertenecen a Homero y Virgilio, respectivamente.

Esta historia es sin fines de lucro, solamente para sacar una que otra de mis frustraciones y sueños de escritora novata, je, je, je.

Mucash gracias por el apoyo, espero seguir atrayendo su atención!


¿Qué es todo esto?

¿En dónde estoy…?

Tengo miedo.

¿Y si no puedo despertar?

¿Qué haré…?

- ¿Kamil…?-me mueven un poco, pero todavía me siento adormilado, un par más de bruscos movimientos sobre mi hombro izquierdo, me hacen abrir los ojos un poco asustado-Calma…-la mano que movía mi hombro se posa suavemente en mi mejilla, librándome automáticamente del frío y el temor que me tenían sumergido en ese extraño letargo-Calma, hijo. Todo estará bien.

Entre lágrimas, distingo el dulce y cálido rostro de mi madre y sin poder evitarlo, sollozando me lanzó a sus brazos.

- Kamil, ¿pero que te sucede?-mi reacción asusta a mi madre quien me arropa bastante alarmada-Tranquilo, seguro tenías una pesadilla. Vamos, no llores.

- ¿Qué le sucede?-una tercera persona se acerca a nosotros. Se trata de mi padre, la persona más sabia, valiente y comprensiva que conocí.

Mis padres comienzan a charlar sobre el posible motivo de mi llanto, al tiempo que tratan de consolarme y poco a poco, comienzo a recuperar la compostura si es que puede aplicarse esa palabra para un niño de 3 años.

Mi infancia, fue buena. Realmente me siento agradecido por los padres que el destino me dio en esta vida…

Mi madre, Haadiya Fadel-Vertu, nació en Saint Pierre de Belleville, un bonito y pequeño pueblo cerca de los alpes franceses al cual visite solamente un par de ocasiones. Su exótico y hermoso rostro, se debía a su ascendencia irlandesa, francesa, turca e italiana; que aunado a su elegante porte, hechizaron a mi padre cuando tan sólo tenía 16 años. Una mujer de piel aceitunada, carnosos labios, castaños y expresivos ojos, además de un largo cabello negro; era amante de las artes, sobre todo de la escultura, su gran pasión aparte de su familia.

Mi padre, Pawel Vólkov, un erudito de todos los idiomas conocidos cuyos ideales no eran otros más que algún día los humanos nos entendiésemos a pesar de la raza, el idioma o la religión, era originario de la gran Moscú, Rusia; hijo de un mercader ruso y una talentosa chelista polaca, poseía facciones férreas cómo las de mi abuelo, rostros comunes en los hombres que crecen en las estepas rusas. Su cabello era rubio y sus ojos increíblemente azules, de él, podría decirse que solamente herede el color de la piel, pero las ansias de conocimiento, libertad e igualdad, sin duda fueron su mayor obsequio para mi persona.

Recuerdo que siempre me comparaba con él y me veía tan distinto. No comprendía porque no podía ser como mi admirado progenitor, ni tampoco entendía porque era tan diferente al resto de los niños a mi alrededor. Mi apariencia fue uno de los aspectos que marcó mi vida. Las finas expresiones y porte heredadas de mi amada madre, me valieron ser confundido con una niña prácticamente desde mi nacimiento; los cuchicheos, los maltratos y dedos apuntándome por mis características más distintivas me han seguido hasta incluso el haberme convertido en un caballero dorado.

Siempre señalado por el curioso color de mi cabello, por mi piel tan pálida, por mi cara de niña, por mi retraimiento, por ser un "mestizo".

Siempre juzgado por cuestiones tan sencillas me hicieron encerrarme poco a poco a mi mismo, extenuado por ser siempre catalogado de "extraño" o "diferente". El único lugar donde me sentía seguro y comprendido, era entre los brazos de mis padres…cómo ahora.

¿Por qué no pudo seguir todo así?

¿Por qué tuvieron que morir dejándome completamente solo?

¿Por qué razón he tenido que pasar por todo esto…?

Aún no era tu tiempo…

¿Su tiempo? ¿Acaso ese era un motivo para despojarle de la paz a un alma que había peleado sacrificándolo todo, incluso sus propios criterios?

¿Por qué?

El mismo tiempo no era más que un adjetivo creado por humanos para medir los acontecimientos y los cambios que observan, en un afán de tener un poco de control en sus vidas ante algo que es prácticamente relativo. Incluso ahora mismo no estaba seguro de cuanto "tiempo" había estado durmiendo o de en que "tiempo" se encontraba, así que, ¿por qué creer en aquellas palabras que Shion le brindó y que si bien eran sinceras, no eran la verdad?

Prefería quedarme dormido…deseaba ser nada…

Simplemente, quería regresar a casa…

- ¡Levántate!-la ronca voz de mi maestro me llena de miedo, al punto de paralizarme, porque no sé cómo reaccionara, no sé si comenzara a golpearme, a insultarme o a…

A algo mucho, mucho peor…

Temblando de miedo, me atrevo a levantar un poco mi rostro y me encuentro con la persona que ha debido protegerme bajo el sagrado nombre de "mentor": es un hombre muy alto, de piel blanca y largos cabellos negros, cuya mirada gris parece nunca perderme de vista.

Tengo cerca de 5 meses bajo su custodia ya que seré su sucesor en el linaje de la onceava casa que se encargan de proteger a la diosa Athena, supongo que por ello el entrenamiento es tan estricto, o al menos, eso solía pensar. Pero ahora, sé bien cual es el motivo para que mi maestro me muela a golpes durante estas sesiones.

No quiero que esto suceda.

Me arrastro entre el polvo dejando manchas de sangre en el camino, intento llegar a una saliente de roca que puede convertirse en mi bastón. Coloco ambas manos en ella y hago acopio de todas mis fuerzas para ponerme de pie y finalmente cuando lo he logrado, mi maestro se encarga de lanzar su helado cosmo, destrozando la roca y haciendo que caiga de bruces.

Tengo tanto miedo.

No me atrevo a mirar a mi maestro de quien escucho sus pesados pasos detrás de mío.

Le siento justo a mi lado, observandome detenidamente desde su posición favorable y yo, sólo atino en cerrar los ojos y…esperar que todo pase.

Es lamentable que piense que con tan solo abstraerme del mundo, mi situación va a mejorar.

- ¡He dicho...!-siento que me toma del cuello para luego, estrellarme de lleno en el muro de roca que nos rodea-¡que te levantes!

Lanzó un grito ahogado ante el golpe que me sofoca por completo. Pero aquí, en medio de la nada, dudo que alguien pueda escucharme. Este sitio, es el favorito de mi maestro. Es un lugar apartado del Santuario, donde solo hay grandes rocas y mucho polvo volando por doquier, ni siquiera se observa vegetación ni señal de vida alguna a excepción de alguna ave que de repente se cruza por el cielo azulado de Grecia. La soledad que le inunda, es perfecta para ocultarme de ojos ajenos que puedan "distraerme", según palabras de mi maestro, pero a pesar de ser un niño, comprendo bien su afán de mantenerme lejos de todo el mundo. Después de todo, he pasado por la misma ignominia gracias a manos humanas.

Finalmente, decide soltarme del cuello. El aire que aspiro con desesperación me lastima demasido por lo que no puedo evitar toser una y otra vez. Tal ataque, me ha dejado sin fuerzas y mi maestro lo sabe.

- Términamos por hoy-mencionó secamente, sin embargo, a pesar de su hosca manera de hablarme, se inclina hasta donde me encuentro para levantar bruscamente mi mentón y besarme fugazmente-Regresa al templo, aséate y esperame cómo siempre-me suelta despectivamente y vuelve a ponerse de pie, no sin antes sacudir un poco sus ropas-Tengo un asunto que atender antes…

No me atreví a mirarle, sólo me concentre en escuchar sus pasos alejarse hasta desaparecer. Realmente aliviado por ya no percibirle, me anime a sentarme, para intentar descubrir que nuevas heridas me había causado mi maestro. Casi de inmediato, un dolor inmenso se adueño de mi brazo izquierdo. Creo que esta roto…

Roto…

No sé porque, pero esa palabra me hace sentir increiblemente triste, tanto, que comienzo a sollozar.

Esto no es justo.

¿Qué acaso nadie se ha dado cuenta de lo que ocurre?

El Patriarca pasa en ocasiones a visitarnos en el templo, ¿qué no se da cuenta de la manera en que tiemblo cada vez que mi maestro toca mi hombro? ¿De que muero de ganas de gritar lo mal que me siento? ¿Qué acaso no ve en mi mirada un secreto que prácticamente esta sofocándome…?

Soy ingenuo, lo sé.

Ya antes pase por esto. Ya antes he vivido que lo mejor para el resto de las personas es ignorar lo que sucede, evitar la mirada y seguir con su vida…pero tenía la esperanza de que aquí, en este sagrado lugar, todo fuera diferente. Idealize que al ser guerreros que luchan por todo lo bueno y correcto que tiene la humanidad, sus preceptos de vida eran acordes con ello.

Pensé que finalmente, podría encontrar comprensión y libertad…

Comienzo a casi ahogarme con este silencioso llanto, abrumado por un profundo sentimiento aislamiento…estoy tan cansado de que nadie se de cuenta de mi chillidos.

Ya he llorado con todas mis fuerzas, he gritado hasta quedarme sin voz, con la esperanza de que las personas a mi alrededor volteen su vista y se den cuenta de mi existencia, pero no lo han hecho ni siquiera teniéndome justo frente a sus narices.

Ya estoy completamente harto de gritar y lamentarme.

Cuanto deseo que alguien me brinde ayuda, que generosamente se acerquen al menos a preguntar que me ocurre, ya no digamos ayudarme en el gran lío que tengo por vida. Necesito de alguien que se atreva a mirarme y se de cuenta de lo que mis ojos al punto del llanto tratan de expresar, ya que he renunciado a exteriorizar con palabras lo que he tenido que soportar. Lo he tenido que hacer para poder continuar…pero ahora, no sé siquiera si deseo continuar…

Maldita sea…

Por favor…que alguien me mire…

¡Por favor, necesito que alguien me mire…!

¡Por favor…!

- Oye…¿estás bien?-de pronto una voz ajena me hace levantar la vista, realmente sorpendido. No estoy soñando, en verdad…en verdad alguien me ha escuchado-¿Necesitas ayuda…?

Finalmente, alguien se había atrevido a contemplarme…


Nunca imagine que los escalones que conecta a las doce casas entre sí, me fuesen tan pesados. En verdad los odio y sobre todo, odio a esa estructura tan majestuosa que se levanta frente a mi vista. Tan única como todo lo que preserva.

Un par de líneas onduladas y simples, simulando a las olas del vasto océano. Ese es el eterno símbolo de los regentes de Acuario. Demasiado escueto para mi gusto, ya que no me parece lo más indicado para representar a Camus, a quien jamás he podido desentrañar realmente a pesar de ser conocido como su "mejor" amigo.

Realmente, conozco lo mismo que el resto de las personas sobre él. Nunca hablo mucho de su vida antes del Santuario y mucho menos de lo que sentía en determinado momento. Yo era el que parloteaba sin parar y en verdad le agradecía el que me pusiera tanta atención cuando el resto del mundo literalmente me mandaba a la mierda, sobre todo, cuando comenzaba a halagarme a mi mismo.

Aioria en cambio, si podría calificarse como mi mejor amigo. Nos conocemos perfectamente, quizás por ser compatriotas y compartir ese sentimiento de orgullo al representar a nuestra propia cultura. Y ese lazo no se ha perdido, porque continúa brindándome su apoyo en este momento en el que me siento tan culpable…

Me introduzco en el onceavo templo y noto que la temperatura comienza a bajar mientras más me acerco a los aposentos de su guardián y no puedo evitar sentir una opresión en el pecho. Desde hace ocho meses lo he percibido…y me encabrona tanto.

Empujo levemente la puerta dejándome observar la misma imagen de hace ocho largos y jodidos meses…

- Buenas noches, Milo-Shion, quien ha cubierto el turno de esa tarde, me recibe con una cálida sonrisa. Cuanto daría para que fuese el dueño de este sitio, quien me recibiese de esa manera.

- Buenas noches-me acercó a él, quien está sentado en una incómoda silla al pie de la cama, en donde Camus aparentemente está durmiendo-¿Aún nada?

- No…-un cansino suspirar sale de su boca-No se ha movido para nada.

- Pero no fue un sueño, ¿verdad? Se siente su respiración pero no ha despertado desde hace una semana, ¿por qué?

- Debemos esperar, Athena nos lo ha órdenado.

- Ocho meses de estar esperando a que se despierte, me parece demasiado tiempo.

- Ya respira, Milo, eso me es suficiente para saber que pronto mejorara-se pone de pie y toca suavemente mi hombro derecho-Rezemos, para que todo salga bien.

- …-la puerta se cierra detrás de mí, quedando a solas con el cuerpo inerte de mi mejor amigo siendo iluminado por la tenue luz de una vela.

Pesadamente, tomo asiento frente a él y le observo. Pareciera que es lo único que puedo hacer. Aún no se nos ha dicho claramente que es lo que sucede. Shion menciona que no sabe el porque el alma de Camus no regresó a su cuerpo hasta hace escasamente 140 horas, ni mucho menos el porqué cayó en un aparente coma. Tan feliz que estaba de verle abrir sus ojos verdes, aunque llenos de confusión, estaba allí, contemplándome cómo cuando éramos niños. Incluso su malhumor se hallaba en todo su esplendor. En verdad pensé que todo regresaría a la normalidad…

Pero ya nada puede ser como antes.

No, desde que al fallecer descubrí que ese malhumorado francés al que es imposible arrancarle una sonrisa, lo significa todo para mí. Aún no se cómo ocurrió y no me importo demasiado el buscar el cuándo o el porqué, siendo que jamás podría volver a verle.

Fue doloroso, no puedo siquiera negar lo que él se llevo de mí a la tumba. El vacío que dejo su muerte, me dejo totalmente desconectado del mundo. Por eso, cuando le vi con una armadura negra, mi tormento se transformo en rencor.

Yo, allí cual imbécil, visitando todos los días su tumba para que el regresara bajo el mando de Hades por la promesa de vida eterna. ¿Dónde mierda quedaron sus preceptos, aquellos ideales por lo que se metió en problemas incluso con sus propios camaradas?

¿Dónde había quedado el Camus por el que había derramado tantas lágrimas…?

Luego de algunos minutos en donde con ira intente romperle el cuello, en donde con desprecio le deje caer de cara al suelo frente a Athena, supe la verdad…y me sentí tan culpable por dejarme llevar por mis propias emociones.

No tuve el tiempo para decirle que me disculpase. El tiempo no me alcanzó para encontrar las palabras correctas…aun ahora, no sé si tenga la mejor manera de hacerle saber lo que significa para mí y lo que anhelo conseguir de él.

Pero, después de todo, se nos ha dado una segunda oportunidad y no pienso dejarle ir nuevamente sin saber que tesoro oculta con tanto esmero el templo de la vasija…

Supongo que es algo que tiene que ver con su propia esencia. Camus siempre fue reservado pero sentí que no lo hacía con malas intenciones. Cada vez que trataba de saber un poco más sobre su infancia, comentaba que no hubo nada extraordinario, y que todo lo que conocía eran el Santuario y los preceptos de su constelación. Supongo que decía la verdad. Con tan solo 7 años, fue nombrado caballero dorado. El más joven en toda la historia ateniense. Luego, desde los 12 años, le fueron asignados alumnos para continuar con el legado de los caballeros del hielo. No por nada se ganó el mote de "el mago del agua y el hielo".

Sólo eso sé sobre él. No tengo idea de si alguna vez conoció a sus padres, en que ciudad nació, quúé comida es su favorita, cual es su libro preferido o el porqué habla todos los idiomas conocidos. A veces incluso dudo de que realmente sea francés como tanto afirma. Y es que su apariencia no es el de un europeo común. Las facciones de su rostro tienen un aire diferente: su profunda mirada es misteriosa como la gente de asia occidental, su grácil nariz y sus labios…esos carnosos labios que son la atracción de todo su ser y que tanto me gustaría…

¡Mierda!

Me levanto de súbito, casi abofeteándome por pensar de esa manera. ¡Mierda! ¡Allí esta inconsciente y yo solamente pienso en besarle!

- Necesito tomar agua…-salgo de la habitación para ir a la cocina. Busco entre los cajones una jarra y un vaso para tener mas cerca de mí al vital liquido. Ya cuando regreso, me sorprendo ante aquella imagen.

- ¿Camus…?-me acerco velozmente a su lado, ya que al parecer intenta recargarse entre las mullida almohadas-¿En qué momento despertaste?

- No…no lo sé…-le veo sumamente confundido, incluso su mirada parece perdida, casi como si ententase reconocerme-¿Dónde estoy?

- En tu templo-le recuesto cuidadosamente, dándome cuenta de lo delgado que esta y me ha asutado un poco. Su cuerpo esta tan frágil-Este es tu hogar.

- Tengo sed…

- Espera-sirvo un poco de agua en la recien adquirida jarra que tome de su cocina. Se la entrego y ante mi consternación el vaso de cae de su mano, creando un sonido hueco entre los muros de la habitación-No te preocupes, ire por otro vaso. No pasa nada, Camus-de inmediato recojo los vidrios rotos para evitar algún accidente, pero su voz me distrae de mi tarea.

- Lo siento…-ante esas palabras, algo en mí, comienza a hacerme sentir tan miserable.

- ¡No digas eso!-no se realmente por qué comienzo a llorar y me avergüenza, por lo que salgo sin decir nada mas de la habitación nuevamente hasta la cocina. Alli, me pongo cerca del fregadero, sollozando como un niño pequeño y me doy cuenta de que traigo unos cuantos cristales rotos en la mano y me he cortado-Maldición…-con ira tomo un trapo cualquiera y hago presión en la herida, recordando una y otra vez esa frase que no hace mas que hacerme sentir cada vez más culpable.

"Lo siento"

¡Maldita sea! ¡¿Por qué me siento así al escucharle disculpase por algo tan insignficante?!


Realmente nunca llegó a imaginar que tendría la oportunidad de vivir nuevamente. Para Saga, el estar en ese momento lavando los trastes sucios del desayuno, era un sueño. La paz de la monotonía, era muy bien digerida por su alma que tanto tuvo que soportar. Quien sabe, quizás ya estaba envejeciendo y por eso, buscaba motivos de sobra para dedicarse por completo a vivir tranquilamente. Se giró un poco y contempló a otro ser que también necesitaba de paz en su vida: su hermano gemelo, quien en ese momento, jugaba distraídamente con su taza de café aún humeante.

Quien le viera así de sosegado se burlaría descaradamente en su cara ya que Kanon mismo se había desvivido por dar la imagen de "hermano gemelo malvado", pero para Saga, quien tuvo la oportunidad de conocerle siendo un niño, sabía que esa rebeldía no fue más que una defensa que tuvo que crear su gemelo para soportar la idea de que todo mundo les comparase.

Verlo así, sumergido en ese mutismo, era cómo verle cuando tenía 7 años. Saga no pudo evitar sonreír tiernamente ante aquel recuerdo de Kannon llevándole de la mano por el patio del orfanato.

Sin embargo, también había un sentimiento encontrado ante la añoranza que venía a su mente al ver la pasividad de su hermano mayor y eso era, porque los últimos meses, parecía tristeza más que otra cosa lo que embargaba a su gemelo. Todo comenzó desde que Camus no despertó.

Aún no sabía porque motivo aquel hecho le había afectado tanto. Saga recién le conoció cuando se convirtió en el guardían de la casa de acuario y en esa época, Kannon ya no estaba en el Sanutario.

No se atrevía a preguntarle directamente, pero luego de meditarlo unos minutos, decidió que no tenía nada de malo para hacer que su relación de hermanos fuera nuevamente cordial, justo cómo cuando era niños.

- ¿Qué sucede contigo?-la pregunta cargada con un deje de preocupación tan ajeno a él fue difícil de asimilar.

- ¿Ah?-miró a su hermano cómo si se tratara de la criatura más inverosímil del mundo-¿De qué me estas hablando?

- De la manera tan extraña en que te comportas, Kannon.

Ja, que divertido. Comúnmente toda oración que llevase incluido su nombre contenía un defecto o una ofensa…de hecho ambos, ahora que lo pensaba mas detenidamente.

Cielos, en verdad que era un patán.

Bueno, no es que le resultara algo de lo cual enorgullecerse, pero claramente por mucho, era la persona que sacaba mas fácilmente de sus casillas a todo mundo. Su carácter era áspero y directo. Si no tolerabas la verdad, mas valía no pedirle su opinión.

Y aunque parecía encajar cada vez mas entre el resto de los caballeros a las órdenes de Atehna, había cierto aspecto de su pasado que simplmente le ataba a la idea de que era una mala persona y que no merecía una segunda oportunidad.

Si bien manipuló a un dios y casi destruye el mundo, no eran precisamente tales cuestiones por las que su alma no parecía tener sosiego en vida y, seguramente tampoco la tendría en el inframundo.

Y sentía que era su responsabilidad, el hacer ahora, lo correcto…

- ¡No me ignores, maldita sea!-Saga le lanzó la toalla con la que secaba algunos trastes.

- Hey, esa no es manera de tratar a tu hermano mayor, ¿sabes?-le dijo tranquilamente mientra alejaba el trapo de su cabeza y continuaba sorbiendo de su café.

Saga ya irritado por no obtener nada, dejo la sutielza de lado. Su hermano quería pelea, pues bien, que asi sea.

- ¿Por qué te preocupa tanto el estado de Camus…?-¡oh gracia de Athena!, por fin observó una reacción en el rostro de Kannon, una mezcla de sopresa y vergüenza.

- ¿Qué no puedo tener un poco de consideración para con los demás?

- Pues creo que tendrías que comenzar conmigo, ¿no te parece? Prácticamente no haces ninguna labor de aseo en este lugar.

- Es que necesito de mi tutu, Saga-ironizó ante el fastidio del otro gemelo.

- Le visitas cada vez que Shion te lo permite y cuando regresas tienes una mirada afligida-continuó hablándole directamente-Es cómo si en verdad temieras que no regrese.

- …-cuanta verdad en aquellas palabras, pensó Kannnon. Y lo que más culpabilidad le daba era saber que el tuvo algo que ver con todo esto.

- ¿Acaso tuviste la oportunidad de conocerlo?

- …-Saga nunca imaginó que su hermano, un hombre endurecido por las batallas, tendría ese aspecto de total agobio por alguien que se supone jamas conoció.

- Oye…-Saga se sienta frente a su hermano-Si hay algo en lo que pueda ayudarte, en verdad me gustaría hacerlo.

Sí, lo sabía. A pesar de que pasaron por una mala racha, Kanon entendía completamente la sinceridad en la mirada del otro. Pero, ¿cómo decirle que lo atormentaba? Era tan complicado, sobre todo porque involucraba un pasado que estaba seguro Camus no anhelaba ventilar y también, porque le costaba aún aceptar parte de la culpa de todo aquello…

¡Pero que cojones!

Saga era su sangre y debía confiar. Ademas, ya no podía seguir cargando con aquella aflicción el solo, necesitaba charlar con alguien sin temor a ser juzgado.

En verdad necesitaba tanto que le dijeran que no debía sentirse así.

- ¿Recuerdas a Kiapen, el maestro de Camus?

- Ah, sí…-Saga pareció molesto ante la mención de ese nombre-Recuerdo que no paraba de decir mierdas sobre el linaje y el destino. ¿Qué sucede con él?

- Yo lo asesine…-Saga quiso decir, algo pero la seriedad en la mirada de su hermano gemelo, le corroboró que Kanon hablaba muy en serio.