Capítulo 3

"Idiota"

N/A: Gracias por los reviews, especialmente a los anónimos a los que no pude contestar y agradecérselo personalmente. Espero que os guste este capítulo, en el que vemos qué pasa cuando dos personalidades tan diferentes se ven forzadas a trabajar juntas...

Según su reloj de bolsillo faltaban escasos segundos para que la aguja marcara las nueve en punto. Se intentó alisar los pliegues de la túnica por duodécima vez, pero por duodécima vez se volvieron a formar, estoica y mágicamente obstinados. Entonces sonó una campanada que hizo retumbar el recibidor de piedra. Inspiró profundamente y esperó a la segunda para girar el pomo de la maciza puerta de nogal, repleta de extraños grabados e inscripciones. Ante ella se encontraba una gran sala de paredes y suelos de madera, repleta de cuadros y tapices. Alzó la vista al techo, también de madera, del que pendía una increíble araña de cristal. Un escogido número de magos y brujas estaban repartidos por toda la estancia, hablando en pequeños grupos y sosteniendo copas llenas de licores de color extraño. A la izquierda, al lado de uno de los ventanales, un hombre tocaba un violín acompañado de un clavicordio cuyas teclas tocaban solas.

Hermione avanzó lentamente por la alfombra púrpura, tratando de no tropezar. La gente le dirigía miradas curiosas, pero ella permanecía impasible, decidida a llegar a su destino y con lo que intentaba fuera una deslumbrante sonrisa, aunque no estaba muy segura de que fuese así. Cuando estaba a punto de alcanzar al violinista sintió que alguien le tocaba el hombro. Se giró, sorprendida ante el contacto inesperado, y vio a un hombre rubio que esbozaba una forzada e hilarante sonrisa cordial.

- Malf… ¡Draco! –se corrigió. Ante su mirada expectante continuó – ¡Querido amigo, cuánto tiempo! ¡Me alegro tanto de que nos volvamos a ver! ¡Te he echado tanto de menos!

Draco Malfoy le dirigió una mirada asesina, suavizada por su nuevo intento de sonrisa conciliadora.

- Querida Juliet, por favor… Tú siempre tan efusiva. ¿Qué tal el viaje?

- Horrible, horrible, Draco. –contestó, haciendo una mueca casi imperceptible al pronunciar su nombre.

- Uuh, desolado me hallo. –la atrajo hacia sí y le susurró - Se suponía que debías buscarme. –ante su silencio, que tomó como un reconocimiento de su error, le volvió a hablar en voz alta. - Ven, quiero presentarte a nuestro anfitrión, un amigo.

Tomándola del brazo la condujo hasta el hombre que había estado tocando el violín y ahora bebía sentado en la banqueta del clavicordio; mientras, éste seguía tocando solo. El mago, de pelo castaño corto y barba hirsuta, llevaba una elegante túnica oscura que contrastaba con la rudeza de sus facciones y suavizaba en cierta medida su apariencia agresiva.

- ¿Quién es tu encantadora amiga, Malfoy? –preguntó, levantándose para estrecharle la mano.

- Juliet Wallace. Creo que ya te he hablado de ella en otras ocasiones. Juliet, este es Patrick Faggard.

- Un placer, señor Faggard. Permítame decirle que tiene usted una mansión preciosa- dijo Hermione, esforzándose de nuevo en que su sonrisa fuese especialmente cautivadora.

- Oh, por favor, llámeme Patrick. Así que le gusta mi mansión, qué amable por su parte. Me pregunto si más tarde le gustaría visitarla.

- Me encantaría, Patrick. - ese era el momento de rodar los ojos y pestañear sensualmente.

- ¿Se te ha metido algo en el ojo? Espera, déjame ver... - se acercó mucho a ella y le apoyó la mano en la mejilla, mirándola a los ojos - Pues parece que no tienes nada...

Draco, que estaba luchando con todas su fuerzas para que no se le escapara una carcajada, se sobrepuso y carraspeó suavemente.

- Será mejor que os deje para que os vayáis conociendo. Claudia me espera.

Y se alejó siguiendo la figura de una mujer rubia enfundada en terciopelo negro.

Varias (incontables) copas después, Hermione Granger, o en aquellos momentos Juliet Wallace, Patrick Faggard y dos o tres magos más charlaban animadamente y reían.

- Y entonces le dije a mi jefe que deberían ingresarlo en San Mungo si pretendía que la bruja con el mejor currículum de su departamento, modestia aparte, se dedicase a hechizar trasladores.

Hubo una carcajada general y Hermione también rió.

- De veras, Juliet, eres increíble. –dijo un mago moreno.

- Sí, y por eso estoy increíblemente en paro – le respondió con una sonrisa radiante.

- Y dinos, ¿cómo conociste al señor Malfoy? ¿Fuisteis compañeros en Hogwarts? –preguntó Patrick Faggard.

- Algo así, Patrick. Draco estaba dos cursos por delante de mí en Hogwarts, nos conocimos accidentalmente y nos hicimos amigos.

- Cuéntanos alguna anécdota escolar divertida de Malfoy. Es siempre tan serio… -suspiró una bruja de cabellos azules y mirada alegre.

- Mmh… Realmente no hay mucho que contar. Siempre ha sido un capullo estirado y elitista, incluso el día en el que un profesor lo transformó en un hurón y lo hizo botar en el vestíbulo.

- ¡Oh, no lo puedo creer!

Las risas fueron interrumpidas por una tos áspera.

- Ah, Draco, precisamente estábamos hablando sobre ti.

- ¿Puedo hablar contigo un segundo, Juliet?

- Claro. Disculpadme.

Hermione siguió a Draco a través de un pasillo oscuro, disimulado tras el tapiz de un dragón, y comprobó que no hubiese nadie cerca.

- ¿Qué quieres? Todo estaba yendo tal y como lo planeamos. Adoran a Juliet.

El rubio la miró fijamente.

- ¿Te lo pasas bien disfrutando de la popularidad? Aunque es una pena que no tengas 15 años ni estés en el colegio, y que no te adoren a ti, si no a tu actuación. Por otra parte… -fue interrumpido por una molesta Hermione.

- Estoy siguiendo el plan. ¿Cuál es el problema, Malfoy? ¿Qué te molesta más, que cuente tus aventuras adolescentes o no ser el centro de atención, huroncito?

Un ligero rubor apareció en las mejillas de Draco.

- Escúchame, maldita sabelotodo. No me importa absolutamente nada lo que cuentes para impresionar a esos crédulos, por mí como si les cuentas tus experiencias sexuales con el pobretón y el cabeza rajada.

- Vaya, vaya, cuánta tensión acumulada. Parece que a Cara de dogo Parkinson anoche le dolía la cabeza…

- ¡Cállate! –la empujó bruscamente contra la pared, haciendo un esfuerzo supremo para no gritar, susurrando en su oído. –¡Por una vez en tu vida escucha a alguien! ¡No eres perfecta! ¡No lo sabes todo!

El labio inferior de Hermione empezó a temblar, pero no contestó, sólo apartó la mirada.

- Bien. Ahora parece que sí nos entendemos. Acabo de oír comentar a un par de magos que Faggard tiene un despacho privado. Haz que despida a los invitados, llévatelo a su habitación y hechízalo si es necesario. Mientras tanto yo buscaré el despacho. ¿Entendido?

Hermione movió la cabeza afirmativamente y se fue, pero al apartar el tapiz para salir Draco habría jurado que había mascullado algo que sonaba a "imbécil". Qué típico y qué poco profesional.


- Oh, vamos, Patrick, no seas modesto, tu casa es preciosa. ¿En qué año dices que fue construida?

- Mis abuelos la mandaron construir a mediados de siglo. Este es el hipogeo y mi habitación está por aquí, subiendo estas escaleras.

- Es una pena que hayan tenido que irse tus invitados tan apresuradamente- dijo con una risita.

- Yo no lo veo así, Juliet. –le respondió con una sonrisa pícara. Abrió una puerta y entraron en un enorme cuarto, presidido por una cama con columnas y cortinas púrpuras.

- ¿Te gusta?

- Es muy acogedor.

- Espera, iré a por algo de beber.

Hermione se sentó en un diván también de color púrpura y estudió la habitación. Había algo extraño en aquellos muebles, y no sabría decir por qué. Patrick volvió enseguida con una botella y dos copas, que dejó encima de una mesita auxiliar.

- ¿Cómoda? –preguntó, y se sentó a su lado.

- Mmh… Sí… Patrick. –dijo de repente -¿por qué tengo la sensación de que esta habitación es un tanto extraña?

Patrick se echó a reír, encantado.

- Eres muy perspicaz, Juliet. Esta era la habitación de mi tía. Ella era… bueno, era squib, y al no poder usar la magia mis abuelos le compraron montones de cacharros muggles. Los he dejado porque me recuerdan a ella. –se levantó y acarició un reloj que había en la pared. -¿No te parece increíble que este chisme sólo dé la hora?

- No creas. –contestó, levantándose y sirviendo el licor en las copas.

- ¿De veras? Qué interesante…

Asegurándose que no la veía vertió el contenido de un pequeño vial en una, que le ofreció. Observó de reojo a Patrick bebiendo de la copa y le dio un sorbo a la suya. Se dio la vuelta y contempló un cuadro de la pared de un paisaje estático. Oyó los pasos de Patrick aproximándose y sintió su mano rozando su hombro y bajando el asa derecha del vestido. Entonces lo oyó desplomarse tras ella.