II.- Desde enjambres de amor y de tormento cantan.
«—Una vez un Mirlo me hablo. —
—No te creo, ¿Por qué mientes Oka-san?—
La mujer rio. —Yo nunca miento Sasu. —».
La alarma del despertador es una bofetada seca en su rostro y un balazo en su cien. Los oídos le zumban como si tuviera una cigarra atrapada en ellos, y la mandíbula se le tensa ante aquel chillido, y aunque desea callarlo, el cuerpo le pesa, sus brazos se engarrotan y el sueño es mucho más poderoso que aquel maldito sonido.
Su conciencia se encuentra en el limbo. Entre el estar y no estar.
En la biblia hablan del infierno, de los demonios del apocalipsis, de las brazas hirvientes del abismo que consumen tu cuerpo. Sasuke sin embargo ha conocido el infierno, y no es físico, ni como lo describen; es mental y no hay fuego, solo el interior de una bonita casa de barrio rico, tampoco hay demonios ajenos, solo los suyos «Esos son los peores, Sasuke, esos son tus favoritos». Y su cuerpo no sufre heridas, porque el infierno de Sasuke viene en forma de pesadillas.
Fragmentos de oscuridad interrumpidos por la tenue luz de los farolillos que azota la habitación, voces y gritos que se silencian ante el filo del cuchillo, lodo y agua de lluvia que se arremolina debajo de sus botas de hule, el sonido del revolver rompiendo el aire, y el de sus arcadas al sentir el olor de la sangre mezclado con lagrimas.
Esta atrapado en aquella dimensión, siendo devorado por los demonios poco a poco… quiere despertar pero el cansancio aun hace mella en su cuerpo; está agotado pero su mente ya no puede soportar aquellas horrorosas escenas.
Y sin más las pesadillas vuelven a ganar, y él le da un golpe pesado a la alarma, callándola.
Es temprano, el sol apenas acapara presencia entre los nimbostratos, el aire es fresco como el roció por la llovizna que acaba de pasar, y el cielo se pinta naranja mermelada.
Sasuke se pierde en la blancura del techo y de repente en su cabeza solo hay espacios para la cuijas blancas en el. La vista le arden por no parpadear y cuando el techo empieza a dar vuelta, y siente vértigo en el estomago, cierra los ojos y libera un suspiro pesado.
Su piel se eriza al abandonar la calidez de la cama, su torso está desnudo. La lluvia de la mañana nubla su ventana, y esta de peor humor que días anteriores, ¿Sera acaso porque antes del infierno cotidiano, vino un pequeño fragmento de luz? no lo recuerda muy bien, pero está seguro de que era una memoria perteneciente a antes de la tragedia.
Sus pies tocan las baldosas frías de la regadera. El agua esta helada y disfruta de aquello a pesar de que los músculos se le tensan y los dientes le castañean. Es el final del verano, y las lluvias están en su cúspide. El agua se desliza como una cascada por sobre su cuerpo y su mente queda en completo mutismo, demasiado concentrado en la fría ducha como para meditar en sus pesadillas y problemas.
En la cama uno de los sirvientes ha dejado su uniforme, sin arruga alguna y con olor a suavizante para ropas.
De nuevo ha empezado a llover, y mientras acomoda las muñequeras de su camisa blanca y abotona con una paciencia de monje los pequeños botones de esta, se ve al espejo. Y no puede evitar acordarse de ella.
De ella y su mirada de niebla.
Sus ojos de trampas dobles, espejos cubiertos de vaho. Que te muestran todo y a la vez no te revelan nada.
«—Supongo, que vendría teniendo 15 años. —Esas fueron las palabras de la muchacha y sin embargo Sasuke sintió que era mentira. —En realidad no le prestó mucha atención a ello.
»— ¿Por qué? —Pregunto a pesar de haberse sentido estúpido al hacerlo. La edad es un tema demasiado serio para Sasuke.
»—E-esa solamente sería una forma más de torturarme. —Su voz era suave. —Uchiha-kun, ¿le molesta si le pregunto su edad? —Sasuke se tenso, pero su rostro no cambio su inexpresividad.
»—Si. —Ella no insistió, a él, muy en el fondo, le hubiera gustado que si lo hiciera. »
Ya ha terminado de ponerse el uniforme del colegio, y de repente el silencio del cuarto se ha vuelto incomodo y se ha sentido fuera de lugar.
Últimamente eso le sucede demasiado, sin importar en donde este, ya sea en su casa o en la calle, no encuentra comodidad alguna, como si no fuera capaz de pertenecer a un lugar sin perderse en el entorno.
En la mesa ya está puesto el desayuno; como siempre, toda la comida es insípida ante su paladar, maldice a su familia, porque eso ha pasado desde que ellos ya no están. Los huevos revueltos se sienten grasosos, la fruta es demasiado dulce y lo empalaga, y lo único rescatable es el café y jugo de naranja alternadamente al beberlos. Más que comer, juega con la comida, como un niño melindroso. Y de hecho así se siente en ese enorme comedor: pequeño, infantil, completamente solo. Odia eso y sin querer recuerda su infancia, cuando todo era sencillo con solo esforzarse, cuando había espacio para las sonrisas y juegos, y sobre todo cuando en su vida aun existían los sueños.
Aun recuerda con nitidez uno de ellos, cuando, a diferencia de los demás niños de su edad que soñaban con ser iguales a los héroes de Marvel, quería ser policía. Esos hombres que a sus ojos en aquellos años, eran por mucho superiores a cualquier otro adulto promedio. Ellos que salían a la calle dispuestos a enfrentar sin atisbo de miedo a los criminales, a los alteradores de la ley. Con sus elegantes uniformes recién planchados y su brillante placa, armados de un par de esposas, un revólver y teniendo como biblia a la ley. Los policías lo hacían sentirse seguro en esa enferma ciudad llena de hipocresía y gérmenes.
Pero al igual que creer en Santa Claus o en que la luna te sigue, el sueño no duro mucho. Todo termino después de la masacre Uchiha. Cuando sentado en una de las sillas metálicas de la estación de policía, con sus bermudas rotas y sucias, la nariz irritada de tanto sorber y los ojos rojos por las lágrimas, uno de los policías en turno se acerco hasta él, le revolvió el cabello y le dijo que se largase, que un niño no podía hacer nada en situaciones como aquella. Le dijeron que ellos le llamarían cuando el caso estuviera resulto. Nunca llamaron.
Entonces Sasuke comprendió que los policías no eran tan diferentes de otros adultos, que también mienten y solo se preocupan por su paga y bono de navidad.
Sasuke detesta a la gente de esa calaña, y su único miedo es terminar siendo igual a ellos. Porque la vida es una dama manipuladora y te orilla a ser lo que más odias por mera diversión. Entonces recuerda aquellos vocablos:
«—N-no es bueno obligarse hacer cosas que uno no quiere o le desagradan. — Ella le dijo después de dudar un rato y jugar con sus dedos. —Por eso, s-si este lugar no es de su agrado, sería mucho mejor que no se forzara a permanecer aquí. —Sasuke no se inmuto, ni siquiera se movió un solo centímetro.
»—Lo que haga o deje de hacer no te incumbe en lo absoluto niña. —Su voz fue neutra, sin atisbo alguno de chiste, aun así ella lo vio con los ojos como platos, se puso roja hasta las orejas y luego soltó una carcajada. — ¿Qué te hace tanta gracia?— Desconcertado, en su tono se aprecio el ligero toque de molestia.
»—N-no es gracia, es algo más parecido a la felicidad. —Le dijo mientras recomponía su postura. —Lo siento. Es que hace ya tanto ti-tiempo que no me llaman de esa forma, que se me ha hecho extraño escucharlo de repente. —Y Sasuke sintió celos, porque a él pese a ser mayor que ella, todo el mundo aun lo llamaba niño y lo trataban como a uno.
»—Dime qué hiciste para que eso sucediera. —Era una orden no una pregunta y salió tan rápida e involuntaria de él, como se borro la sonrisa que tenia plantada en la cara su acompañante. Ella no contesto. — ¿Cómo lo lograste? —Indago fastidiado de esperar. La muchacha permaneció en silencio algunos segundos y luego levanto el rostro, viéndolo directamente a los ojos como no hacía desde el principio.
»Y Sasuke vio tempestad por una fracción de segundo.
»—Uchiha-kun, no haga preguntas cuya respuesta no quiere saber. —Que estupidez, si no quisiera la respuesta no hubiera planteado la interrogación desde un principio; pensó Sasuke. —Hay cosas que simplemente es mejor ignorar. Sobre todo, si son faltantes de lógica —Dijo con voz pausada Mirlo y él se sintió ofendió desmesuradamente, ¿lo estaba llamando tonto?
»— ¿Cómo qué? —Ella había tanteado la respuesta.
»—Como… el porqué a una prostituta no se le dice niña. —Él no replico, quedo perdido en esos ojos que le mostraban su propio reflejo.»
Eso le molesto, porque se vio así mismo y a su soledad.
Sasuke se regaña así mismo, porque no sabe a qué ha venido el recuerdo de aquella plática de hace una semana, que, al igual que los días anteriores no ha podido evitar recordar.
Le llama uno de los sirvientes, el chofer lo está esperando para llevarlo al colegio. Sasuke gruñe, aborrece la escuela, su tardado sistema de enseñanza, sus maestros desinteresados y sobre todo a la bola de retrasados con los que estudia, con sus cabellos grasosos y sus frenillos, creyéndose los reyes del mundo por el simple hecho de haber probado unos cigarrillos y un par de cervezas.
Afuera sigue la lluvia, y él no se molesta en abrir un paraguas para no mojarse de camino al auto.
El chofer le da los buenos días, Sasuke finge no escucharlo para poder ahorrarse devolverle el saludo.
Cortinas de agua se desploman por afuera de las ventanas del automóvil. Él las ve hipnotizado, con la mejilla apoyada en sus nudillos. La marcha es lenta y tranquila.
«—L-le molesta si me recuesto en la cama. —Ella rompió el silencio en el que se habían sumergido. —La verdad, mi turno termino desde hace 4 horas, y ya no soporto el sueño. — Sasuke alzo una ceja y con un leve movimiento de cabeza le dio permiso. Ella se sonrojo y con una sonrisa paso a lado de él con movimientos tan delicados, como el aleteo de las mariposas negras en el kimono de esta, dejando a su paso el aroma cítrico que desprendía todo su ser y su cabello negro, que se ondeaba como una fina ráfaga de viento ».
El auto se ha detenido en un semáforo, a él le parece una tontería teniendo en cuenta que son visiblemente los únicos a kilómetros por la redonda.
Afuera todo es gris, un gris sucio, a diferencia de los ojos de ella que son limpios, casi blancos.
En su saco aun están frescas las gotas de lluvia, su espalda se amolda al asiento del automóvil y se oye el azote de las gotas en la capota, al igual que el sonido de la radio al cambiar de estación frecuentemente. Eso le irrita.
— ¿Podrías decidirte? — Le dice al conductor, el hombre se disculpa y lo deja en la frecuencia más cercana, es un noticiero.
Hablan del heredero Hyūga y de las intensas lluvias de verano.
Sasuke no lo escucha, su cabeza está llena de tempestad. De cabello con extracto de universo, de una sonrisa agridulce y piel con olor a cítricos.
Chasquea la lengua sumamente irritado consigo mismo, por recordar lo embelesado que había quedado viéndola dormir, con el cabello como una galaxia extendiéndose por la almohada blanca y el cuerpo hecho un ovillo. A Sasuke en ese momento le pareció ver una niña pequeña y a la vez una mujer hecha y derecha, ¿cómo una persona podía tener tal dualidad con respecto a los años que aparentaba?
Entonces lo entendió. La maldita le había mentido. No se puede estar a punto de cumplir los 15 años y mostrar tal aura de madures. Es ilógico. Ella había osado engañarlo, y él odia que jueguen con la verdad.
Sasuke ha llegado a una conclusión; ella le desagrada. Ella es una mentirosa
Por eso no la ha podido sacar de su cabeza y también por eso le ha pedido a Madara que lo lleve de nuevo a verla.
•••
Están pasando Mary Poppins en la televisión vetusta. La transmisión es a blanco y negro, la señal es pésima y frecuentemente se ven obligadas a mover la antena de conejo en posiciones imposibles de mantener.
Hinata permanece con la nariz respingada pegada al televisor análogo y sus ojos brillan con la inocencia propia de un niño, está sentada en la decolorada y roída alfombra que alguna vez fue roja pero ahora solo es rosa pálido, mientras Tenten intenta a toda costa que la señal no se vuelva a ir, sosteniendo en lo alto la antena mientras tararea la canción que suena en ese momento.
Hinata ha visto Mary Poppins cientos de veces; sin embargo, para ella ahora es como si jamás hubiera hecho aquello. Como si aquellos tiempos en que su hermanita tenía 4 años y ella 8, cuando solían verse a escondidas en la recamara de Neji, nunca hubieran existido. Recuerdos de cuando se sentaban en las almohadas que regaban en el piso para forma un fuerte, y Hanabi se recostaba en su regazo mientras que la nana mágica hacia su aparición en pantalla, con su sombrilla voladora, sus bonitos vestidos, y bailaba acompañada de pingüinos y de los niños que estaban a su cuidado, no fueran más que un bonito sueño.
En donde Hanabi reía mucho, y ella también, y era extraño porque no reía por la película, ni porque el cabello de su hermana le hiciera cosquillas en la barbilla, reía porque era feliz. Porque aunque sea por 140 minutos una vez a la semana era la niña más feliz del mundo, y la pequeña infeliz de Hinata, que permanecía en el anonimato por no ser suficiente para ser la heredera Hyūga, por ser débil, una buena para nada y sobre todo por ser mujer, desaparecía, y solo existía la hermana de Hanabi.
A ella le gustaba ser solamente la hermana de Hanabi, sin otras etiquetas, sin obligaciones, sin humillaciones, solo deseando ser quería por su hermanita. Pero luego la película terminaba, el encanto se dispersaba y Neji, quien se quedaba afuera haciendo guardia, tocaba la puerta, entonces ambas se abrazaban, sin palabras de por medio y se marchaban.
Hanabi por el pasillo izquierdo, ella por el derecho. A veces Hinata lloraba mientras hacía el recorrido hacia su habitación, siempre sola, en el ala más lejana de la casa, teniendo como único sueño que algún día crecería, abandonaría esa cárcel y se llevaría con ella a su hermanita y a Neji.
Hubo un tiempo, en que de verdad creyó que aquello podía ser posible, que si se esforzaba lo suficiente, no hablaba de más y permanecía en una esquina siendo lo más invisible que podía, ella crecería, con algunas pequeñas heridas en su corazón por supuesto, pero crecería y en algún momento, en el que todos estuvieran distraídos, huiría, tomada de la mano de Hanabi y Neji; entonces, solo entonces de verdad dejaría de ser feliz solamente 140 minutos a la semana.
Pero todo aquello ahora no importa, desde hacía mucho tiempo que para Hinata ese sueño se fue a la borda y aquellos recuerdos quedaron guardados en un viejo baúl en el fondo de su mente, existiendo solamente como una preciosa fantasía, porque para ellos ahora Hinata está muerta y el sentimiento es reciproco. Sin embargo, no puede evitar la nostalgia, que en este momento debe de estar enterrada, pero que no es así.
Porque en la televisión vetusta en frente de ella están pasando Mary Poppins. Porque el cabello de Tenten es del mismo color que el de Hanabi.
Y ella está con la nariz respingada pegada al televisor, los ojos le arden, por las lágrimas contenidas involuntariamente, y está riendo, por las graciosas poses que hace Tenten intentando mantener la señal mientras canta una canción cuya letra no entiende del todo.
En la cabeza de Hinata hay sombrías voladoras, hay música, recuerdos de un sueño frustrado y mucha melancolía; y el momento es emocionante, porque la señal no agarra ahí desde hace más de tres años, también es triste porque le recuerda a su hermana, a una infancia maltrecha y a un rechazo eterno por parte de su familia; si Hinata tuviera que escogerle un sabor a la escena, ella diría sin duda alguna que es agridulce.
Y a mitad de Supercalifragilisticoespialidoso la señal se corta, y no vuelve. La bonita melodía es remplazada por el fastidioso ruido de la estática y las imágenes opacas por una mezcla de puntos a escala de grises. Ambas muchachas permanecen en silencio escuchando el ruido de fondo, aun demasiado sumergidas en la fantasía que les provoco aquella película y en las carcajadas que surgían fugazmente de sus bocas. Desean regresar el momento pero es imposible.
—Al final se va. — La voz seca de Tenten interrumpe el ruido de estática, Hinata asiente con la cabeza. —Digo, por si querías saber el final, vi la película hace unos años.
—Ya la había visto cientos de veces, era la favorita de Hanabi.
— ¿Quién? —Hinata sonríe.
—Nadie que ahora tenga importancia. —Y aunque es verdad lo que ha dicho ella siente que miente.
Tenten suelta un bostezo, se frota los ojos y se deja caer en uno de los sillones que han empezado a adquirir moho, el que es verde lima.
El recinto en donde ellas se hospedan es un mundo paralelo a donde atienden a sus clientes.
Ahí no hay elegantes tapices, pero si pintura amarillo huevo que se transparenta revelando los ladrillos, descascarándose entre la humedad de las esquinas. Tampoco hay muebles ostentosos impregnados con olor a éxtasis y sabor a consumo, ni mucho menos música clásica.
Apenas esta amueblado lo necesario, todo es viejo y de madera quebradiza carcomida por las termitas. Y huele a raíces de hortalizas podridas entre la humedad; aunque ese olor no es del todo agradable para ellas y sus narices se han acostumbrado a ello hace ya mucho, lo prefieren mil veces a la mezcla de aromas sofocante de la sala principal o al de las ratas muertas y naftalina que desprende el invernadero.
En ese lugar tan cercano y a la vez lejano del resto de su realidad, ya no son putas de lujo con nombres curiosos y caras bonitas, son simples juguetes, sin nombre, sin voz, muñecas de diferentes materiales con un mismo propósito.
Hinata es una muñequita de madera.
No es de cristal ni tampoco de plástico. Es de madera de balsa, de apariencia frágil, pero resistente y adaptable.
Alguien que no puede opinar, no puede desear, no puede quejarse y si es posible no pensar.
Más Hinata no se suele compadecer de ella misma, no cuando son tantas las que sufren esa misma vida, en total son 23, todas de bellezas distintas, cada una más hermosa que la otra.
El lugar es horrendo, no por las instalaciones, si no por lo que se ejerce ahí, por el aire denso de tanto llanto que se evapora y las convierte en mujeres áridas, de sentimientos marchitos, que se vuelven tragos amargos de luz sofocada y las despojan del jardín de su corazón.
Hinata se sobresalta al escuchar el barullo que se va acercando por el pasillo, es el Petirrojo, que viene farfullando acerca del último sueño que ha tenido.
«Soñé que volaba»; esas son las palabras exactas de Mei al entrar a la sala común.
Kurenai que le sigue el paso, parpadea un par de veces, detiene su andar y se lleva la mano al mentón.
— ¿Cómo era el entorno? —Pregunta y se sienta a lado del Ruiseñor, la otra mujer suspira.
—Un paraje rocoso e insípido, con el cielo tormentoso. —
— ¿Sabes lo que significa?—Tenten se muerde el labio nerviosa.
—Días de nuevas malas noticias. —Dice Hinata y un silencio malsano las rodea, nunca es agradable escuchar ese tipo de predicciones.
Es lunes; el único día en que la florería cierra y las mascaras se guardan en los baúles.
—Ruiseñor ¿tú que soñaste? —Indaga una de ellas, la castaña suelta un soplido.
—Lo mismo de siempre, colores, solamente colores. —
— ¿Cuál ha sido esta vez?—
—Amarillo—Todas voltean a ver a Hinata. Ese es el color que le pertenece al Mirlo.
Entre ellas es una vieja tradición contarse el sueño que han tenido antes del lunes. Al principio solo había sido una forma de matar el ocio, pero con el tiempo aquel jueguito sin precedentes se torno de alguna forma serio. De repente los sueños se convirtieron en predicciones, en Déjà Vus, y de alguna u otra forma tomo gran importancia para su vida en aquel lugar.
—Saben que en realidad yo no creo en estas cosas—Hinata es la menos supersticiosa del grupo. Mei niega con la cabeza.
—Sin embargo es a ti a quien más se te cumplen las predicciones que se te dan. —Tenten suelta una risilla cizañosa y Hinata entrecierra los ojos ante la cruda realidad. —Dime señorita escéptica esta vez que soñaste. —Le dice para provocarla.
Hinata se sonroja hasta la raíz, y niega con la cabeza, tal vez su odio hacia aquellos temas se debe al hecho de que ella solo ve oscuridad en sus sueños. No hay imágenes, ni colores, formas o voces como en los de ellas.
–Yo he visto una mandarina podrida. —El cuervo, como siempre, interrumpe intentando calmar a las otras. El petirrojo abre la boca dispuesta a hablar—Ya lo sé. Problemas, conflictos. —Kurenai se le adelanta y de nuevo se sumen en un incomodo silencio.
—A veces pienso que nosotras mismas nos damos malas predicciones a propósito, como un auto castigo por ser tan estúpidas al no haberle sacado algo más que dinero a todos los riquillos que nos visitan. —Tenten ríe y se recuesta en la alfombra roída de la sala, aun con sus pijamas puestas y el cabello alborotado pese a ser más de las 2 de la tarde, dispuesta a tomar otra siesta. Se escuchan las carcajadas del Petirrojo al salir en dirección a la cocina.
Hinata toma asiento en el lugar que dejo el Ruiseñor, suelta un suspiro agotada. A su lado Kurenai ha retomado la lectura de un viejo libro que todas han leído al menos dos veces.
— ¿Me podrías leer?—Le pregunta. La mayor levanta la vista por unos breves segundos del texto.
—«Perseguía en la selva al monstruo hembra, cuya cola ondulaba sobre las hojas secas…»
La narración no es desde el principio de la historia, pero ella ha leído aquel libro tantas veces que ya es capaz de entender la narrativa sin la necesidad de comenzar desde el inicio.
Hinata cierra los ojos dejándose guiar por la voz de viento de Kurenai. Ella deja de prestar atención a la lectura y se concentra completamente en los matices y perfecta dicción de esta. Kurenai es una ráfaga para Hinata, a veces es de viento y otras de luz.
Ella aun no está segura de su verdadera naturaleza.
¿Un golpe de viento violento de poca duración, que hiere repentinamente y llena a Hinata de valentía y protección cegadora, o un golpe de luz vivo e instantáneo, que hace que Hinata se sienta cálida y querida?
Pero si sabe que sin duda alguna, ambos son una sucesión repentina de algo que desaparece y aparece rápidamente. Kurenai es una persona firme y a la vez llena de dualidad, y eso es embelesador para pequeñas existencias como Hinata que son campanillas de aire. Que se dejan llevar si hay viento o se dejan extasiar por los rayos del sol.
Hinata la conoció con el nombre de Cuervo. Tiene el cabello de velo de noche, ojos de rosas de sangre y piel de crema acida. Y es tan bonita y desprende tal aura de protección como de honestidad, que el único lugar en que alguien como ella se podría sentir segura, sería sin duda alguna a lado de esa mujer.
Emboza una pequeñísima sonrisa nostálgica y le es imposible no auto-abrazarse al recordar los sentimientos que esa mujer le provoca, en ella encuentra lo más cercano que puede a una madre, aunque la misma Kurenai ha afirmado ser más una hermana mayor sexy, que otra cosa. Sin desearlo su mente le muestra un recuerdo no tan viejo, pero si muy lejano del presente, en donde apenas llevaba un mes desde su llegada y Cuervo le cepillaba su entonces cabello corto y negro, mientras intentaba tranquilizarla para que dejase de llorar.
—Pe-pero ¿Por-porque-que te-tenemos que a-acostarnos c-con esos ho-hombres? —Había preguntado por sexta vez con el rostro empapado en lágrimas mientras se tallaba los ojos, la mujer de largo cabello negro y ondulado, guardo silencio algunos segundos y dejo de peinarla.
—Aún eres muy pequeña, lo entenderás cuando seas mayor. —Contesto, dando la misma respuesta que las veces anteriores, y aun sin una pizca de irritación continúo pasando el cepillo de hebras suaves por su cabeza.
—Q-quiero ent-entenderlo ahora… ¿Po-por qué debo de te-tener sexo co-con ellos? ¿Por qué?— Reclamo, Cuervo sonrió y soltó un suspiro para luego voltear el banquillo en donde estaba sentada la menor, quedando así enfrente de ella, la mayor negó con la cabeza y después la tomo del rostro e inspecciono meticulosamente cada facción entre sus dedos delgados, provocando un cosquilleo en ella quien no pudo evitar soltar una risilla de campana, siendo después acompañada por la risa de la mujer.
—Es porque los hombres son muy egoístas, y tú eres demasiado hermosa como para ser ignorada por ellos, Hinata. —Y luego le deposito un beso en la frente.
Hinata se lleva una mano hasta la frente, como si el calor de aquel gesto de años atrás siguiera presente.
— ¿Piensas en algún amante? —La voz picara de Tenten la regresa a la realidad, ella niega, roja hasta las orejas.
—Por supuesto que no.
—Me alegro, sería muy tonto que te atravesaras el corazón por un amor que jamás se podrá dar. No seas Julieta. —Le dice, Kurenai baja el libro en el cual estaba enfrascada leyendo y suelta una sutil risa.
—Le deberías decir aquel consejo a Petirrojo. Ella no escucha nada de lo que yo le digo. —Tenten suelta una carcajada.
—Estuve a punto de decírselo, pero ella me empezó hablar de su nuevo intento de Romeo. Al parecer esta vez en un Senador. —Kurenai suelta un suspiro pesado, cierra el libro que tiene en sus manos y se lleva una mano a la cien haciendo presión con sus dedos.
—Esa tonta. Hace apenas una semana estaba llorando porque un tal congresista que la venia frecuentando, prefirió a una flor en vez de estar con ella. Vaya que no aprende esa Julieta Frustrada. —Tenten suelta un chiflido, he intenta contar con sus dedos al número de amantes de los cuales Mei ha afirmado haberse enamorado, le es imposible.
Kurenai siempre se queja del comportamiento del Petirrojo, más sin embargo no lo hace porque le fastidie o crea que es una tonta, lo hace porque se preocupa por ella.
Kurenai conoce al Petirrojo desde hace ya demasiado tiempo, las dos llegaron a la florería la misma semana, las dos lloraron sus desgracias acompañadas. Por eso la conoce como la palma de su mano, y sabe que a pesar de todo lo que dice, de cada enamoramiento del que le habla y los suspiros que suelta al pensar en ellos, son engaños. Mentiras que la misma Mei se dice así misma, como único escape para su dolor, para que el sufrimiento sea más fácil de llevar. Mei ha sufrido mucho, quizás más que otras quizás menos que otras o quizás igual que otras.
Recuerda lo que ella le conto: « Entonces lo m-mataron. ¡A mi querido lo mataron enfrente de mí!
» Yo no quería ese dinero. Es más, lo odio. Yo lo quería a él… ¡Yo lo amaba a él!... Aún lo hago».
Esas últimas palabras bastaron para que Kurenai entendiera muchas cosas acerca de Mei.
— ¡Yo no soy ninguna Julieta frustrada! —El Petirrojo llega lanzando improperios, había escuchado la ultima parte al momento de llegar a la sala común. —Son una bola de envidiosas ermitañas. Ya quisieran tener un corazón tan grande como el mío para ser capaces de amar a cuanto se pone en su camino, al igual que yo. — Kurenai ríe, una risa alta y pura, oh como quiere a esa mujer, tan golpeada por la vida y tan luchadora a la vez.
—No te burles Cuervo.
—No lo hago. Es que de verdad te admiro.
Mei se sonroja, algo que nunca sucede al ser alguien tan abierta. Y es imposible que las demás no se rompan a carcajadas. Entonces Hinata mira el reloj de la pared, es un acto involuntario, arraigado a ella desde hacía unos años, y se muerde el labio al ver la hora.
Todo el lugar en el que están es subterráneo, como un colosal sótano. Desconocen la estructura de la entrada, pero la mayoría del lugar lo conocen perfectamente. Desde la amplia recepción, el largo pasillo principal lleno de puertas que derivan a las habitaciones en donde atienden a los clientes, hasta la sala común que está casi al final del pasillo secundario, de la cual surge un corredor y una puerta a los costados de esta.
La puerta que está en el costado izquierdo, va directo a la habitación que comparten las flores, mientras que el otro pasillo que es considerablemente más cortó que el principal, conduce a las habitaciones individuales, que son pequeños espacios en los cuales apenas cabe un futon y un armario, estas pertenecen a los pájaros.
Él baño que tienen es grupal y está ubicado al final del pasillo secundario y a lado de la sala común teniendo como intermediario el cuarto blanco.
El cuarto blanco es a donde se dirigen ahora. Tanto el reloj como el calendario que tienen en la sala indica que son las 5 de la tarde del segundo lunes del mes; eso solo se significa una cosa: es momento de la inspección mensual.
Todas odian la inspección. Sin embargo nadie se puede oponer a ella ni decir que no es necesaria. Como un reloj natural, su cuerpo les indica a las 4:00 que deben de tomar la ducha rutinaria, nada meticulosa, solo basta con limpiar su piel. A las 4:50 Todas ya deben de estar listas, envueltas en batas, sin nada de ropa. Él cabello debe de estar seco y los dientes perfectamente limpios.
El cuarto blanco, como su nombre lo dice, es la única habitación iluminada por completo por largas varas de luz fluorescentes blanca, tan brillantes que les quema los ojos, paredes blancas y una enorme cortina de hospital que divide el lugar. Hay un gran estante, lleno de frascos que para propio horror de ellas conocen muy bien el contenido.
Al momento de entrar todas se ponen en fila india, dejan el albornoz pulcramente doblado en una mesita que hay en la entrada, y desnudas, una tras de otra, se acomodan si hacer ruido y con una postura perfecta.
Una vez dentro no pueden hablar, no pueden quejarse o desobedecer lo que les digan, si preguntan, responden sin palabras de más. Se mueven solo si se los ordenan y tienen prohibido hacer cualquier gesto de desaprobación.
Kabuto es el que lleva a cabo la inspección. Se pone una bata de hospital tan blanca que se pierde con resto de la habitación y se sujeta completamente el cabello para que no le estorbe. Acomoda sus gafas y les da las mismas órdenes que siempre.
Oorochimaru siempre está presente en la primera parte, nunca les dirige la palabra, y si ve algo que no le agrade simplemente se lo susurra al otro hombre, que asiente con la cabeza y acomoda sus gafas en un intento de ocultar que ha fruncido la boca.
Luego empieza a dar los mandatos, siempre en el mismo orden.
Ellas caminan, con el aura de una marcha fúnebre « A la izquierda. A la derecha». Kabuto las inspecciona grupalmente, con miradas rápidas y fugases en cada una, y en el bamboleo de sus cuerpos «Brazos arriba. De costado».
Después va la revisión individual. Primero las flores, porque con ellas es más rápido y menos minucioso.
Cuando por fin llega el turno de los pájaros, el lugar está completamente vacío, y solo quedan ellas cuatro; las demás ya han salido envueltas en sus batas.
El Petirrojo es la primera, luego va el Cuervo, después el Ruiseñor y por último el Mirlo.
Las manos de Hinata sudan todo el tiempo que transcurre hasta que llegue su turno, concentrada en que los viejos recuerdos que la torturan no aparezcan en el momento en que a ella le toque pasar; como siempre, no logra su objetivo.
Avanza con pasos lentos, temerosa rodea la cortina.
Kabuto la mira estoico, sin expresión alguna que no sea la indiferencia. La toma del rostro, hunde su pulgar y dedo índice entre sus mejillas mientras el resto de la mano soporta su quijada. Y con más brusquedad de la necesaria le voltea la cara de lado a lado. Hinata sabe que hacer en todo momento, ha estado en ese lugar cientos de veces, siempre nerviosa, siempre sintiéndose peor que un animal en cautiverio.
Extiende el brazo y Kabuto con un movimiento rápido le clava una aguja, succionando la sangre que usan para los estudios mensuales.
Repentinamente recuerda: «–No planeo revolcarme contigo. Podrías pegarme alguna enfermedad –.» Y desea reír ante las palabras que le dedicaron hace un par de semanas; si no se equivoca el muchacho se llama Uchiha-kun, no había pensado en él desde aquella noche. Es guapo, de eso no se puede olvidar, más para Hinata esos detalles son absurdos, incandescentes. La belleza va y viene, es volátil como el viento, puede ser agradable, puede ser precisa, pero no es duradera; en algún momento te va a traicionar, se pondrá en tu contra y usara aquello como tu tortura personal.
Más lo que realmente no puede olvidar de él, son sus ojos de abismo, su ceño levemente fruncido como si fuera el único gesto capaz de hacer. Es un sujeto raro, pero en el negocio en el que ella esta, su rareza es apenas perceptible entre los excéntricos que hay.
Hinata solo a conocido a otra persona capaz de permanecer impasible tanto tiempo en una sola expresión, como si no la pudiese zafar de su cara, pero el rosto de esa persona no es de fastidio como la de Uchiha-kun, es tranquila, indiferente a un nivel desesperante, como si todo lo que lo rodeara lo aburriera y sus ojos no son fríos; son cálidos, tristes. Es impresionante el nivel de contraste que presenta esa persona en su rostro.
—Date la vuelta— La voz de Kabuto la saca de sus pensares, ella suelta un respingo cuando siente el helado estetoscopio en su espalda. Respira y exhala sin que se lo pidan, conoce la forma en que Kabuto trabaja; hace por lo menos 3 años que él está ahí, es un hombre exigente e hipócrita a un nivel sorprendente, a Hinata no le agrada en lo más mínimo, lo repudia, más no lo odia, ella ya detesta a demasiada gente como para agregarlo a la lista.
Existió un momento en el que Hinata jamás pensó odiar a alguien o siquiera a algo. Pero en aquellos tiempos aun era una niña con un corazón demasiado noble como para creer que le hacían daño a propósito, pensaba que todo era culpa de ella, que el rechazo que le profesaban era porque se lo buscaba, que los insultos y los maltratos, de alguna u otra forma se lo merecía.
Pero esa privación del odio que ella misma se imponía acabo cuando llego a ese lugar, cuando la miserable Hinata fue cruelmente ultrajada.
Cuando su inocencia fue mutilada.
La voz de un hombre cuyo rostro no recuerda, porque en el momento en que lo conoció estaba más concentrada en las suplicas y dolor, que en memorizar la cara de su atacante, resuena en su cabeza: «Oh, pobrecilla ni su padre la quiere. No te preocupes, yo te voy a dar todo el amor que necesites muñeca. ¡Tanto amor que no vas a poder caminar de tanto que te voy a Joder! ¡Por el culo, por la boca, por el coño! ¡Por donde quieras Muñeca!»
Kabuto le ha dejado de checar la respiración, en mano tiene una tabla con broche y en ella está apuntando con letra indescifrable algunos datos referentes a ella. El sonido del lapicero sobre la hoja se detiene.
—Estas por cumplir 15 ¿Verdad?
En aquel tiempo, antes de saber odiar, estaba por cumplir 11 años. Y aun no había menstruado.
—Sí. —Ella responde autómata, su vista está perdida, los ojos grises no tienen brillo y su rostro esta blanco, como las paredes de la habitación… como las sabanas de esa habitación.
« ¡No cierres los ojos! ¡Ve, ve como mi polla entra en ti, una y otra vez!...Sabes muñeca me encanta el blanco, me recuerda a las nubes; ¡Sera como follarte en las nubes!»
El sonido del roce del lapicero sobre el papel se reanuda unos segundos, y luego es remplazado por el de los guantes de látex al momento de ponértelos.
—Súbete— Le ordenan, Hinata sube como un zombi a la camilla especial que tienen ahí, permanece sentada, aun inconsciente de lo que realmente hace.
Kabuto la toca, sin morbo, sin expresión alguna le revisa los pechos en busca de algún defecto.
«Oh, mira que grandes están para tu edad. De seguro te los masajeas zorra. Te gusta que te toquen ¿verdad? ¡Te gusta zorra!»
Ella quiere gritarle que no al monstruo de sus recuerdos, pero sus labios solo se mueven sin sonido alguno. Kabuto le pide que se recueste.
—Abre las piernas.
« ¡MAS! Quiero ver si eres virgen; pague una cantidad sorprendente por ello, así que si no lo eres ¡te mato Muñeca!»
Hinata recuerda que luego sintió un puñetazo en el rostro y el sabor del metal en su boca, y que cada vez que gritaba escupía sangre.
« ¡Ayuda! ¡Por favor! Padre ayúdeme, por favor. » Lo ultimo no había sido capaz de gritarlo, su cuerpo se convulsionaba ante las dolorosas embestidas y sus ojos ya no eran capaces de distinguir nublados por el dolor.
—Ya te puedes ir.
Y sale, con el rostro de alguien a quien se le ha subido el muerto.
No ha soltado ni una sola lagrima, no piensa hacerlo; tiene orgullo, magullado pero lo tiene, y en sus planes seria una completa humillación echarse a gimotear auto-compadeciéndose de aquella horrible experiencia. Sería como darle una victoria más a todas esas personas que conspiraron para que ella terminara en donde esta « ¡Miren, miren! Vean como sigo llorando al recordar la forma en que me arrebataron mi virginidad. Vean y siéntanse orgullosos de que gracias a ustedes estoy como estoy. Rota, muy rota.»
Hinata ahora que lo piensa mejor, no es solamente una muñeca de balsa. No, también es una muñeca andrajosa, rota, con los ojos opacos, el cuerpo sin fuerza y sobre todo sucia.
Esta sucia, tanto por dentro como por fuera. Su cuerpo esta usado, manoseado, probado, y su alma no está en mejores condiciones, llena de pensamientos negativos, sin motivaciones, sin anhelos, sin sueños. Hinata es una persona sucia, asquerosa. Ya no es la niña pura e inocente de años de antaño.
Y eso es muy triste.
No es un tipo de tristeza que se pueda comprender de buenas a primeras, es imposible el compararla con el sentimiento de cuando las cosas salen mal o tienes el corazón roto. De hecho si se analizara desde una situación cotidiana, se podría decir que se asemeja a cuando pierdes a un ser querido, y no hablamos de emocionalmente, si no físicamente, cuando esa persona deja de existir en el plano de los vivos, y el afectado se sume en el luto, la mente en esos momentos suele estar rebosante de sensaciones, pero solo una sobresale del resto: La perdida.
La tristeza de perder algo, algo de uno, una parte de uno; donde te sumes en un luto eterno, en donde es casi imposible que salgas.
Hinata sabe eso perfectamente, y piensa en aquello una y otra vez mientras ve el techo de su habitación, no tiene sueño, son alrededor de las 2 de la mañana, pero su cuerpo ya se ha acostumbrado a desvelarse.
Entonces, luego de meditar acerca de todo ello, de darse cuenta de que, lo que le duele tanto al recordar aquella traumática primera vez, no es la brutal manera en que perdió su inocencia, si no el principio del despojo de su ser, de su nobleza; de que al final habían logrado lo que tanto querían sus atacantes: volverla un ser asqueroso.
Entonces, solo entonces y no antes, rompe a llorar. Como una niña pequeña que descubre que santa no existe, como una novia plantada en el altar. Llora, porque a pesar de que se ha dado cuenta de aquello, también se entero de que aún queda en ella, una pequeña, pequeñísima, luz, responsable de que siga delante. Esa luz, se llama esperanza.
Esperanza de que algún día todo sea mejor, para ella, para todas, después de todo las cosas ya no pueden empeorar, ¿o sí?
«Todo mejorara a partir de ahora» se promete por primera vez, sin saber que 7 años después se haría nuevamente la misma promesa, y claro, también, sin saber que en ambas ocasiones la rompería.
•••
Hoy suena de fondo Para Elisa.
El incienso esta recién prendido y la noche es joven.
Los martes son el único día de la semana en que todas están presentes, aunque normalmente las suelen dividir en dos turnos. Son 18 flores y 4 pájaros los que están al servicio hoy desde que abre la Florería hasta que cierra. De 9 de la noche a 6 de la mañana.
Las flores pasean por todo el lugar, totalmente desnudas y con aquellas mascaras venecianas que cubren por completo su rostro. Hinata sabe, a pesar de que no lo logra ver, que ninguna de ellas sonríe, y las envidia por ello; porqué ella tiene que mantener la comisura de sus labios estiradas a más no poder, mostrando sus perfectos y pulcros dientes, en sonrisas y risillas falsas.
De hecho Hinata envidia a las flores en miles de sentido, no es la única, todos los pájaros lo hacen, pero es muy difícil intentar comprender aquella envidia, cuando en el vestíbulo ellas 4 son las únicas mujeres que están vestidas.
Coquetea con la mirada a los hombres de la sala, sintiéndose una puta de primera se sienta en las piernas de algunos de ellos, entre charlas triviales, no deja que la toquen de más y tampoco obedece cuando le piden besos.
Hinata nunca besa, nadie de ellas lo hace; los besos son sagrados, los clientes con experiencia de años lo saben y por eso no desperdician su tiempo pidiéndolos, tampoco es que los quieran realmente, ellos vienen a coger. Pero están también los novatos, en cuya pequeña mente está la idea de que las caricias que les ofrecen son sinceras, por eso pagan cantidades sumamente ridículas.
Porque ellas son perfectas para hacer creer que venden amor. Que las caricias que les dan rebosan ternura, miel con leche y azúcar. Que los gemidos de campanilla con que deleitan sus oídos son de placer, y que cada cabalgada está llena de éxtasis. Y que se sienten únicos, especiales, capaces de alcanzar las estrellas y hablar con Dios con un solo roce de aquellos cuerpos femeninos.
Pero ellas no venden amor, venden sexo.
Venden el cielo entre sus piernas, la rumba de sus caderas, piel de ángel desnuda, pecados y desmanes.
Los hombres que van ahí son peces gordos, asquerosamente ricos, exigentes en lo que compran; por eso siempre deben de estar acicaladas, bonitas y sonrientes.
Ese único rato que permanecen ahí es para exhibirse, como juguetes en un aparador, haciéndose desear. A diferencia de las flores que vuelven a la sala cada vez que termina su estadía con cada cliente que las pide, los pájaros manejan muchísimos menos clientes y se pasan la noche entre haciendo sonar los resortes de la cama y duchas fugaces que se dan entre sesión y sesión.
Las flores no tienen clientes frecuentes como ellas, quienes son requeridas sin necesidad de exhibirse a cada rato en la sala. No tienen porque a diferencia de los pájaros, las flores están en venta, y casi ninguna permanece ahí más de dos años, esa es la razón más grande de la envidia que reciben de parte de los pájaros, porque las flores pueden salir de ahí muy a diferencia de ellas. Recluidas hasta el día en que mueran.
Su exhibición dura alrededor de dos horas, luego las muchachas suelen ir desapareciendo de poco en poco por el único pasillo visible del lugar, el que da camino a los cuartos.
Los pájaros solo se van cuando Kabuto se los ordena, normalmente sus clientes ya las están esperando en las recamaras que cada una de ellas tiene especialmente para atender a sus clientes.
El Petirrojo es el primero que se va como siempre. Luego es Hinata quien recibe la orden de marcharse.
Hinata camina por el pasillo, escuchando los bramidos y gemidos provenientes de todos lados, y siente una jaqueca terrible ante aquellos asquerosos sonidos de piel sudada pegándose y despejándose entre sí.
Y abre la puerta y siente la misma impresión que sufrió la primera vez que lo vio. El mismo muchacho permanece con la misma pose sentado en el mismo lugar que la vez pasada. Ella queda en blanco algunos segundos y al igual que la vez pasada, es él quien la saca de su retardo.
—Que se te quede en la cabeza que no me interesas. —Ella parpadea, luego una sonrisa se forma en su rostro, por un momento ha sido como si le hablara un niñito malcriado.
—Jamás pensaría eso Uchiha-kun. —Le dice, y espera una replica que no llega, entonces Hinata evita el mutismo que estaba por crearse. —Uchiha-kun ¿hay algo en especial que desee? Es obvio que usted está aquí por alguna razón en específico. —Sasuke titubea algunos segundos.
— Por supuesto que es así. —Masculla, pero no da ninguna razón.
Hinata, otea el lugar, intentando encontrar algo en lo cual distraerse o bien, distraerlo a él, cansada de mal sano silencio que la rodea por largos minutos, se propone cambiar de tema, un tema vago que ha decidido sacar después de analizar brevemente cuales pueden ser las circunstancias que rodean a ese muchacho.
—Sabía usted que Platón era Gay. —Dice y ve desasosiego en el rostro de él. Ella desea reír más mantiene la calma. —Platón fue discípulo de Sócrates, quien es el padre de la Filosofía.
—No vengo a que me des clases de Filosofía. —Sasuke habla seco, sin pisca alguna de interés, y eso hace que ella se ponga nerviosa.
—E-eso ya lo sé. P-pero si he dicho aquello es por un motivo. —Tartamudea, cosa que hace ya mucho tiempo dejo de hacer, pero que sin embargo en presencia de aquel joven no puede evitar.
—Te escucho. —La voz es firme, como si lo dijera un padre a su hijo al momento de pedirle que le aclare alguna situación, a Hinata eso le parece de lo más curioso, todo la apariencia que el trata de dar es la de un adulto, con su camisa blanca y corbata negra, y su cabello pulcramente arreglado. Y sin embargo sus acciones y expresiones, se asemejan más a las de un niño enfurruñado que intenta imitar a papa. Ella niega con la cabeza con una sonrisa neutral en la cara.
—Platón era Gay. —Recapitula. —Pero no ejercía. Él decía que el estado ideal del hombre era el Homosexualismo, y que el amor físico era solo un delirio de la mente, que el verdadero amor surgía de los lazos creados… Yo creo que él estaba en lo correcto.
—Me estás diciendo, ¿que el ser Homosexual es alcanzar el estado perfecto del hombre?
— ¡N-no! … lo que quiero decir e-e-es q-u-que… —Dios, como la hace tartamudear aquel chiquillo. —q-que el amor no necesita contacto físico alguno, es más ni siquiera es necesario que te atraiga el rostro de esa persona. —Da una pausa y toma una enorme bocanada de aire. —En realidad, pese a que concuerdo completamente con cierta parte de su teoría, desprecio totalmente a Platón.
— ¿Por qué? —Sasuke hubiera deseado que aquella conversación terminara en la última explicación, más no pudo, o más bien no puede poner fin aquella charla carente de sentido a su criterio y contexto.
—Él decía que no se debía de confiar en las mujeres, porque son superficiales, fáciles de emocionar, de corazón débil. ¡Y eso no es verdad Uchiha-kun! —Se detiene, avergonzada del tono de voz alto que ha usado. Carraspea. —bueno, al menos no las que estamos aquí. Para nosotras, las que se venden, el corazón es su peor enemigo… y sin embargo su mayor tesoro.
—Dime, a que vino todo eso. —Oh, que estúpido, pero que estúpido se siente pidiendo explicaciones por cada cosa que ella le dice. A Sasuke le han interesado seriamente muy pocas mujeres, tal vez una o dos en toda su vida, y teniendo en cuanta que una de ella era su madre y la otra… bueno, no tiene caso pensar en ello, ninguna de las anteriores había logrado despertar en él la curiosidad o el suficiente interés como para estar realmente enfrascado en una conversación en la cual él no tuviera ningún conocimiento previo. Sasuke odia que segundos sepan más que él.
Sin embargo con ella es diferente. No puede evitar estar embelesado ante sus palabras que fluyen como si las hubiera ensayado previamente, como si ella fuera una maestra y él un simple alumno, carente de enseñanzas referentes a un tema en particular. Y la verdad es que así es, ella le habla de cosas que son desconocidas para él y cada vez que abre la boca, palabras estúpidas salen de ella y se siente un crio.
—Porque usted me parece una persona de corazón retraído. —Ella continúa su explicación sin mirarlo de mala manera ante las sosas interrogantes que le da. — Y usted que es libre, no debe de crear un coraza a su alrededor. Eso a diferencia mía, quien permanecer en un estado de armadura permanente es lo mejor que puede hacer, a usted lo va a matar. —Las palabras salen de su boca sin que las pueda controlar hasta que termina de hablar. Hinata se siente extrañamente satisfecha con su consejo, sin embargo el miedo de ser castigada la inunda rápidamente, no debe de olvidar en ningún momento, que tal vez su acompañante es un muchacho, más no deja de ser uno de los clientes de la casa. —Uchiha-kun, perdone mi atrevimiento. —Trata de enmendar su error disculpándose, y cierra los ojos esperando un enfusido regaño, más lo que llega a sus oídos nunca se lo espero.
— ¿Por qué el kun? —Ella queda en blanco unos segundos, después, cuando la pregunta al fin es procesada en su cerebro, sonríe. Es una sonrisa autentica, nada de teatros o mentiras en esa expresión, le sonríe con ternura, casi maternalmente, como pocas veces ha hecho.
Alguna parte de si, le dice que él ha preguntado aquello, para que ella no se avergonzase de todo lo que le ha dicho, también, alguna otra parte de si, más grande y presente que la otra, le dice que no se haga ilusiones que tal vez el ha hecho esa cuestión porque realmente le interesa y no por hacerla sentir cómoda.
—Usted hace más preguntas que un niño de tres años. —Hinata tiene vagos recuerdos de infantes pequeños, aun así son suficientes para respaldar lo que ha dicho. El muchacho parece dubitativo algunos segundos, y ella cree que lo ha ofendió desmesuradamente, esta apunto de disculparse cuando de nuevo él la ve directo a los ojos.
Y siente agujas heladas en su cuerpo, y la sensación de que se hunde en un abismo.
—Tú me haces sentir de esa edad. —Y de alguna forma eso no le molesta a Sasuke.
El corazón de Hinata late desbocadamente. El rostro de Sasuke ha permanecido estoico ante aquellos vocablos y Hinata no sabe si ha hecho bien o mal, como para que él le diga eso. Aun así su corazón es terco y brama por la primera opción. Hinata sabe que la razón de su rostro sonrojado no se debe a que él le guste, si no a la sinceridad con la que se dirige a ella.
Sinceridad, ese sentimiento es casi, por no decir completamente, desconocido para ella, quien siempre ha estado rodeada toda su vida de mentiras. Porque Hinata fue engendrada, concebida, criada y amada entre mentiras. Hinata es la misma mentira reencarnada, fruto putrefacto de los engaños de los hombres.
Por eso, actos tan infantilmente sinceros, para ella son elixir de vida.
Sasuke carraspea fuertemente, suelta un monosílabo incoherente e intenta cambiar de tema al darse cuenta de lo vergonzoso de su frase.
—Tengo la sospecha… No, más bien estoy seguro de que tú me has mentido. —Dice. Hinata parpadea, ¿qué mentira ha dicho esta vez? odia mentir, pero es inevitable no hacerlo, siendo que toda Hinata es una mentira. Sasuke esta vez ve duda en ella y no en él, como reflejo infla el pecho, esta vez es Sasuke el que sabe, eso lo llena de soberbia. — La vez pasada, me dijiste que tenias "casi" 15 años. Pero no te creo. —Es directo, a Hinata eso le gusta, odia que le den rodeos, aunque ella misma lo hace muy a menudo.
— ¿Por qué no habría de hacerlo Uchiha-kun?—Los papeles se han invertido, ahora es ella quien pregunta y él quien responde; a Sasuke eso le agrada, ser el que dirige una conversación.
—Por qué no puedo confiar en ti.
«Muchacho listo» piensa Hinata, ella tampoco confiaría en sí misma o en algún hombre.
—Y-yo tampoco puedo confiar en usted… pero es verdad que aun no cumplo los 15. —Hinata ve como él frunce el ceño.
—Mientes.
—No lo hago.
—Mientes, porque no es posible que tú te veas mucho mayor que yo. —Ella ladea el rostro, está molesta, más de sus labios no se borra su obligada sonrisa enigmática.
—Perdóneme por no verme como una coqueta colegiala, son gajes del oficio. — Sasuke aprieta la mandíbula.
—No me refiero a eso. Si no a que… toda tu… ¿cómo lo digo?... es como si hablara con un adulto, pero tú eres de mi edad y eso no es posible. —Hinata no entiende muy bien sus palabras, es acaso que le reclama por no comportarse como una estúpida y tímida muchachita. Es ilógico que ella se comporte de esa forma, siendo que ahí sola van adultos. —Me molesta, mucho.
—Uchiha-kun… ¿Cuántos años tiene su alma? —Él la mira sin comprender. Hinata ve las mangas de su kimono cohibida por lo que va a decir. —Usted es aun joven, y le quedan muchas cosas que probar. S-sea un joven sin prisa y con memoria… sitúese en una historia que es la suya… N-no se convierta en un viejo prematuro. —Él levanta el arco de una ceja, entrelaza los dedos y apoya la barbilla en ellos.
— ¿Me estás diciendo un poema de Mario Bennedeti? —Sasuke conoce ese texto, lo ha leído para la escuela. Ella enrójese de pies a cabeza, la ha descubierto.
—N-no… b-bueno si. — Intenta buscar alguna escusa para justificarse, pero lo único que obtiene es una serie de ademanes exagerados, unas extravagantes orejas rojas y la pérdida del equilibrio. Esta vez de verdad espera que la regañe o mínimo le llame idiota. Más Sasuke suelta un bufido que se convierte poco a poco en una risa que intenta ser disimulada, ella se siente estúpida como nunca antes. —C-co-como sea, lo que quiero decir… es que no se apresure a crecer. No haga de su alma un viejo senil. Si yo me comporto de una forma u otra no es porque quiera, sino porque no se me ha dado a escoger otra opción.
—Eres una muchacha interesante Mirlo. —Eso es lo último que le dice, luego él sale de la habitación a paso lento con su perfecta postura y las manos en los bolsillos de la chamarra de mezclilla que ha cogido del perchero en la puerta.
Hinata no sabe porque pero la ha invadido una extraña nostalgia, como si fuera a su padre al que ve alejándose de ella, en vez de aquel muchacho, pero no pude ser así, porque su padre nunca usaba ropa occidental y era mucho más ancho en musculatura.
Unos minutos después ella también abandona la habitación, y se dirige a la sala común en espera de que Kabuto le llame para que reciba a otro cliente, esa noche, probablemente solo atienda a dos, Uchiha-kun se ha llevado bastante tiempo, sin embargo para ella ha sido un parpadeo el estar con él.
Se pregunta si lo volverá ver, a Hinata le gustaría que no fuera así, porque ese lugar no es sano para que alguien como él vaya, sin embargo dentro de ella desea volver a verlo. Él la cohíbe con su presencia, pero también le hace sentirse cómoda a su lado.
Y está pensando en todo eso cuando Kabuto la saca de su ensueño y le dice con voz agria que otro cliente la espera.
Hinata traga, porque su tranquila velada se arruinara. Camina lentamente mientras cuenta los farolillos en el techo, con la esperanza de retrasar el momento en que tenga que despojarse de sus ropas y fingir gemidos.
La perilla que tanto odia ya está enfrente de ella, suspira y exhala como de costumbre, mientras su mente se empieza a desconectar, más no es necesario que continúe desde en el momento en que ella escucha su voz, la reconocería en cualquier lado.
—Pajarito. —La llama, con esa mirada monótona y ese tono de voz tan tierno que es capaz de derretir su dura armadura. Él está de pie, tiene los brazos estirados esperando a que ella avance hasta él, para así poder estrecharla en un fuerte abrazo. Y ella lo hace, se deja ser apretada por esos brazos fuertes, mientras él le susurra al oído una y otra vez: «Pajarito, pajarito, pajarito. » como si de un himno a la tristeza se tratase.
Hinata cierra los ojos y absorbe todo el aroma que pueda de él, huele a jabón, a agua fresca y a un poco de Nicotina. Eso último arruina la burbuja en que se empezaba a hundir. Hinata odia el olor a cigarrillos. Lo odia muchísimo, porque todos los hombres que la frecuentan lo tiene impregnado en la ropa, en la piel. Pero no lo odia a él y por eso no interrumpe el abrazo, se deja querer.
Aquel hombre la llena de tanto cariño fraternal, tanto odio y tanta lastima al mismo tiempo, que ella se siente explotar a cada segundo que pasa a su lado. Aquel hombre es, Uchiha Itachi.
Literalmente llore sangre mientras escribía este capítulo, dos veces; fue horrible, horriiible.
La primera vez mientras escribía el capitulo, sentí que era más probable que la virgen me hablara antes de que terminara de redactarlo, la segunda vez fue cuando lo releí, casi lloro al darme cuenta de que no quedo como yo quería, que aun le faltaba, de hecho estuve a punto de borrarlo, pero no pensaba volver a escribirlo. Solo lo leí una vez cuando lo a complete, así que perdonen mis eternas faltas de ortografía, juro que corregiré el capitulo luego.
Esta será una nota de autor bastante larga, así que si te da flojera ve por favor directo a la campaña y a dejar un review ;)
1.-Sandias que…
La autora estudia, trabaja, está en una compañía de teatro y tiene anemia, y es por eso que tarda tanto en actualizar. Sinceramente en mis planes estaba actualizar desde Diciembre, por ahí del 23 en adelante, justo cuando terminara las presentaciones de la pastorela en la que estaba; pero adivinen que, mientras estaba en mi para nada bello ex trabajo (recepcionista en LG; era horrible, horriiible) me desmaye, oh sí. El caso es que el doctor me dio la reprimenda de mi vida, estuve dos días internada, y a mis apreciados padres les pico el bicho de la preocupación (porque aunque no lo crean son, tal vez, las personas más despreocupadas del planeta.) y me pidieron que dejase de trabajar si al fin y al cabo no necesitaba dinero.
Y así fueron las cosas hasta mediados de enero, que fue cuando mis vacaciones se acabaron.
2.-De maestros negreros a alumnos negreados.
Estoy en mi último semestre de preparatoria, y me encantaría decir que si estoy tan ocupada o estresada es porque estudio para los exámenes de la Universidad ¡PERO NO!
En mi escuela nos tratan como esclavos, de verdad, duermo en promedio tres horas al día, y me la vivo entre libros de Sociología, Metodología, Estética, Derecho, Filosofía (¡Te amo Descartes!), formatos APA y entre otras chuladas de materias.
Así que lectores míos, yo me la vivo entre tareas. De 9am a 3am en días de suerte. Bueno, al menos a diferencia de los dos semestres pasados ya no voy los siete días a la semana, babys yo asistía a la escuela hasta en vacaciones (Era horrible, horriiible).
3.-Preocupaciones de una autora fracasada.
Los diálogos son mi perdición, soy un completo asco escribiendo guiones (Ni puta idea de cómo gane tercer lugar en un concurso de guiones de teatro, de seguro estaba arreglado (\—A—). De verdad me es terriblemente difícil escribir una conversación, es que… es que ¡simplemente todo lo que mis personajes dicen es demasiado estúpido! *Se va a llorar*
Por eso disculpad mis incoherencias en los diálogos, sobre todo en la última conversación, pero ¡por el Ser ultimo! No buscaba que tipo de platica podían entablar Sasuke y Hinata, es por eso que terminaron hablando del Don Platón.
La realidad es que había terminado este capítulo desde hace como 20 días XD, pero odio actualizar ¡LO ODIO! Me da muchas ñañaras de que a nadie le guste la continuación de mi historia, y me deje de leer y me diga cosas feitas y, y, y me escupa (¿?), y sobre todo, que no deje review. En fin, soy bien insegura con lo que escribo por eso tardo en subir actualización, como decirlo, mi escritura es demasiado imperfecta como para ser perfecta y me frustra que sea así. Luego me recuerdo que nunca he escrito algo como esto y que por eso no me puede salir wow a la primera.
4.-El Tituleishon.
Por si no se dieron cuenta volví a cambiar el titulo del Fanfic; el primero lo quite porque simplemente no me gustaba y el segundo me agradaba bastante hasta que alguien me dijo "¿Qué significa? El titulo debe de ser trascendental para la historia, algo que solo se revela en el momento cúspide" ¡¿Qué?! A mí nadie me había dicho que el titulo debía de tener un místico y misterioso significado, yo le había puesto "Tragos de Luz" porque lo dice una canción que estaba escuchando en el momento y que me había parecido linda.
Pero no, así que investigue como loca, cree muchísimos títulos, algunos súper complicados y otros estúpidos, y al final cuando solo me quedaban dos finalistas, cuya tonta pero importante diferencia era "A la" y "De la", y yo me estaba rompiendo la cabeza tratando de escoger uno de los dos, mi madre fue la que eligió el que tenemos hoy en día.
Y no pude estar más satisfecha con el título; entonces se lo mostré y explique a ese alguien que me había dicho lo del título, y me dijo "Muy mono, pero ¿Tu historia tiene que ver con la música?".
No, mi historia no tiene nada que ver con la música, así que busquen el significado de Rapsodia para que se imaginen el tipo de cara que puse en ese momento.
Tal vez en un futuro vuelva a cambiar el titulo, no lose.
5.-Agradecimientos.
Yo agradezco y amo ha:
angel maria 15-fan hinata hyuga-sasuhinafan por siempre-lilycobain-KattytoNebel-Blacklady Hyuuga-wendyl0327 -RedDemon21-josephineeee-kenohe -hinasasu004 -Luna Negra-BrendaD -Guest-Emi33 -karywolfe -kiami -Nana- HaNa16 -Lyra .
PRECIOSURAS, las amo. Cada uno de sus Review me enamoro, y mis disculpas por no poder agradecerles a todas por MP.
En verdad gracias.
Y... ¡ANIMO!
A favor de la Campaña "Con voz y voto",porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Jueves: 26/02/2015
