III. Aquel que siempre sonríe
El hombre llamado Mino miró a Nowaki y sonrío ampliamente llevándose la pistola automática a la espalda.
—Nowaki —pronunció alargando la última letra con diversión—. Esto será divertido. ¡Dos pájaros de un solo tiro!
A Nowaki su risa no le pareció en nada divertida, más bien su rostro lucía enfadado
— ¡Hey no me mires con esa cara!— le dijo apuntándole con el dedo—. ¡Tú fuiste quien decidió no cumplir con su trabajo! Ahora, baja con Kamijou que estoy aburriéndome.
Nowaki aun figuraba que hacer. Por lo que sabía, Mino era una persona inestable y sádica, quizá la más inestable del clan. Si dudaba durante mucho tiempo era capaz de secuestrar el edificio armando un escándalo así Usami lo matara después por exponerlo demasiado.
—Bueno, si prefieres las cosas a las malas... —Mino se encogió de hombros mientras volvía a prepararse para disparar.
— ¡No! —gritó Hiroki junto a Nowaki en la ventana. En un descuido de su protector lo desobedeció y se acercó. —Voy a salir, pero tienes que jurar que no le harás daño a nadie.
Nowaki se volvió hacia él con preocupación.
—Hiro, Mino no es de la clase de gente con la que se pueda negociar —susurró tratando de convencerlo.
—Si no bajo, va a matar a toda esta gente, ¿verdad?
Nowaki bajo la mirada sin contestar.
—¿Entonces, Mino? Si bajo, ¿no dispararás más? —propuso al hombre bajo la ventana con voz desafiante. Sin embargo, el más alto pudo ver como sus manos se asían temblorosas al alféizar de la ventana.
—Bueno, lo intentaré —contestó aquel que sólo sonreía.
—Bien, entonces voy a bajar —decidió dirigiéndose hacia la puerta. Nowaki salió tras él, si estaba tan determinado a bajar, entonces él no iba a dejarlo solo.
Cuando salieron del edificio se encontraron frente a frente con Mino, quien les sonrío ampliamente. Hiroki sintió un escalofrío bajando por su espalda.
—Hasta que por fin salieron a jugar —sonrió juguetón mientras apoyaba el arma en su hombro. Nowaki se colocó rápidamente delante de Hiroki en caso de que aquél maniático frente a ellos realizara algún movimiento en falso.
Las ideas cruzaban la mente de Hiroki a velocidades y cantidades alarmantes. Empezó a preguntarse cosas del tipo ¿cómo terminó en esa situación? ¿Por qué terminó en esa situación? y la más importante ¿Cómo podría salir de ella? Definitivamente no era lo mismo llamar al diablo que verlo llegar.
—Deberíamos ir a otro lugar... donde llamemos menos la atención. Además la policía debe venir en camino —fue lo único que alcanzó a decir, proteger a la gente en el edificio era su principal prioridad, luego buscaría la forma de entregarle a Mino a la policía.
Nowaki le dirigió una mirada confundida ¿cómo iba a alertarlo sobre la policía? Pero, debía tener un plan, lo más lógico era confiar en él. Él tenía que tener un plan.
Mino soltó una carcajada.
—¿Ves lo inocente que es, Nowaki? ¿Lo ves? Él cree que la policía va a venir.
Dejó de reírse y dio cabida a una sonrisa macabra.
—Basta Mino. Fue suficiente —sentenció por fin Nowaki con el rostro tenso.
—Eres un aguafiestas, pero eso está por acabarse —dijo antes de apuntarle de nuevo. Hiroki ahogó un grito en su garganta.
—Cuando te diga, corre hacia el parque —le susurró Nowaki delante de él—. Hay que alejarlo de aquí.
Mino posicionó sus dedos sobre el gatillo. Nowaki tensó sus músculos en alerta.
Hiroki no estaba del todo convencido en que el plan de Nowaki funcionaría, se suponía que era la persona enviado a asesinarle, no podía esperar en que confiara en el ciegamente en menos de 24 horas, pero, analizando la situación lo más fríamente que podía dadas las circunstancias, era eso o que Mino les disparara. Así que asintió con la cabeza esperando.
— ¡Ahora! —le ordenó mientras corría hacia Mino a gran velocidad para luego girar sobre sus talones y darle una patada que pudiera hacer que tirara el arma al suelo, sin embargo, Mino leyó totalmente sus movimientos y se cubrió con el antebrazo.
—Buena táctica, pero no te funcionó. —Sonrió.
—Te equivocas, si funcionó. —Nowaki le devolvió la pícara sonrisa antes de volver a lanzarse sobre él.
Hiroki corrió a toda la velocidad que le daban sus piernas hacia el parque que estaba a un par de calles del edificio, sentía como el corazón le galopaba en el pecho, como fluía la adrenalina en sus venas y como el aire frío de la noche le golpeaba la cara.
Una vez que llegara al parque tenía que encontrar alguna manera de acorralar a Mino y poderlo entregar a la policía ¿pero cuál?
Además estaba la burla que éste le había hecho por suponer que alguno de sus vecinos llamaría a la policía, pero esta no acudiría. ¿De verdad el poder de Akihiko Usami era tal que hasta la policía estaba bajo su control?
Cuando llegó al parque se percató de que había perdido a los otros dos y comenzó a sentirse ansioso. Para colmo de males había dejado su celular y su cartera en casa, así que la idea de llamar a alguien por su cuenta no era algo que pudiese hacer.
—Aquí estás. —Oyó la burlona voz de Mino acercarse a él desde su espalda.
Sintió le faltaba el aire y comenzaba a hiperventilar. Por primera vez en su vida tenia pánico, pero las teorías más terribles se agolparon en su cabeza cuando se preguntó dónde estaba Nowaki
Miró hacia los lados y detrás de Mino con preocupación y ansiedad. Tenía que hallarlo, tenía que asegurarse que estuviera bien.
—Si estás buscando a Nowaki debe estar inconsciente frente al edificio —respondió Mino leyendo sus pensamientos. ¿Inconsciente? ¿Acaso estaba...?
—No está muerto. Él no moriría así de fácil ¿sabes? Pero sé que vendrá aquí cuando despierte... y cuando eso pase ya tú no estarás con vida —completó sin borrar la sonrisa desquiciante de su cara mientras le apuntaba con el arma en el rostro.
Hiroki sentía como sus piernas temblaban; incapaz de moverse hacia donde pudiera escapar, miles de imágenes pasaron por su mente, por un momento pensó que si moría en ese momento podía evitar males mayores a muchas personas que le eran queridas. Ya no perseguirían a Miyagi o a Shinobu, su madre estaría a salvo. Sufriría, pero estaría a salvo.
Pero se debía la verdad a sí mismo, si iba a entregarse a la muerte así de simple de nada habría valido que Nowaki intentase salvarlo arrojando sobre sí toda la furia del clan Usami, la determinación de Miyagi habría sido en vano, todo por lo que había trabajado sería sepultado junto con él y olvidado luego.
No podía permitir algo así.
Reunió todas las fuerzas que pudo y recordó sus clases de defensa personal en la secundaria, algo de eso aún debe permanecer dentro de él después de tantos años, al fin y al cabo era el mejor de su clase.
Y como si una corriente eléctrica lo hubiese despertado con su mano izquierda golpeó la muñeca de su atacante mientras que con la derecha desviaba el arma arrancándola de su mano.
—Te envió Usami Akihiko ¿verdad? ¡Confiésalo! —ordenó mientras le apuntaba.
— ¿Crees que con eso vas a pararme? Al contrario, estás divirtiéndome —le dijo incitándolo. Hizo un movimiento, lanzándose hacia su pecho sosteniendo una navaja entre sus manos. Hiroki logró esquivarlo a tiempo, sin embargo una cortada pequeña cruzaba diagonalmente su camisa.
Aunque tenía el arma entre sus manos, era incapaz de disparar, estaba totalmente renuente a la idea de matar a alguien, fuese quien fuese. Muchas veces Miyagi lo reprimió por eso, en una situación extrema podía disparar a partes no vitales, pero Hiroki sólo aplicó eso en un par de ocasiones y cómo último recurso.
Mino era una máquina sin miedo que se lanzaba al ataque sin medir consecuencias y eso lo asustaba, aun así se mantuvo defendiéndose lo más que pudo.
Tomó el arma con las dos manos y se preparó para disparar, la situación extrema se había presentado y tenía que inmovilizarlo como fuera, si le daba en una de las piernas podría recuperarse.
Pero si la velocidad de Nowaki cuando atacó a Mino fue increíble, aquel que siempre sonreía no se quedaba atrás. En un momento de duda se deslizó rápidamente hasta quedar junto a Hiroki.
—Muy lento —comentó divertido al tiempo que dirigía su rodilla con fuerza hacía su estómago.
Sólo sintió como sus órganos se sacudieron antes de rodar por el piso soltando el arma, que salió disparada hacia unos arbustos.
Cuando intentó levantarse, otra patada en el estómago lo mantuvo en el suelo. Sintió como la boca se le llenaba de un líquido viscoso y espeso con sabor metálico.
—Pensé que ibas a oponer una resistencia menos deprimente Kamijou, pero a lo mejor mi jefe tiene razón y sólo eres una rata de biblioteca.
Se agachó junto a él y lo tomó de los cabellos, levantando su rostro.
—Saludos de parte de Akihiko Usami —susurró en su oído mientras Hiroki sentía el filo de una navaja en su cuello.
—Suéltalo —se oyó desde la espalda de Mino. El cañón de un revolver estaba apuntándolo a la cabeza.
La excelsa figura de Nowaki se erguía tras él amenazante. Aún con la poca oscuridad pudo jurar que su mirada estaba apagada y vacía, como la que le dirigió cuando le dijo que había sido enviado a eliminarlo.
—Suéltalo, Mino —repitió la advertencia removiendo el seguro del arma. Mino soltó una risita y liberó a Hiroki.
—Sabía que vendrías rápido, pero no tan rápido. ¿Cuál es tu interés en este hombre? —preguntó levantando las manos lentamente.
—Eso no te concierne. Ahora levántate.
Mino amagó por un par de segundos haciendo creer al pelinegro que se levantaría, pero se giró sobre sus talones y extendió la navaja hacia las piernas de su atacante. Nowaki soltó un disparo que sólo rozó sus cabellos al tiempo que lo esquivaba.
—A ver... Si eres tan valiente dispárame. —Se levantó y extendió los brazos frente a él, ofreciéndole su pecho como blanco—. Demuéstrame y muéstrale a nuestro estimado fiscal qué tan sangre fría puedes llegar a ser.
Hiroki no daba crédito a lo que sus ojos presenciaban. Nowaki era un asesino, sí, pero él estaba luchando por una oportunidad, sus ojos mostraban sus ganas de cambiar, de redimirse.
«Si logro salvarte a ti... siento que me habré revindicado».
— ¿Entonces? No me digas que has cambiado. ¡Dispárame! Sólo mira lo que le he hecho a tu amiguito —siguió provocándolo mientras señalaba a Hiroki quien trataba a tientas de levantarse del suelo.
Nowaki logró verlo tambaleándose, una de sus manos protegía su estómago mientras con la otra se apoyaba del suelo intentando reincorporarse, tenía la boca ensangrentada y estaba jadeando.
Sintió como una rabia incontenible se apoderaba de él. Levantó el arma y apuntó hacia el corazón de Mino para no fallar. Los sentidos de Hiroki activaron sus alarmas. Iba a disparar.
— ¡No lo hagas! —gritó a garganta viva. Si sus palabras podían ejercer alguna influencia sobre él, la usaría para que no disparase, para que no volviera a ser un mercenario, para que más muertes no se acumularan en su ya pesada conciencia. —Tú quieres cambiar, ¿verdad? Ya no quieres ser un mercenario, ¿verdad? Entonces no hagas esto, no cedas a sus provocaciones. No dispares, Nowaki.
Nowaki vacilaba entre la rabia de verlo en ese estado y el poder que ejercían sus palabras sobre él. Quería destruir a Mino, estaba harto de su sonrisita maquiavélica, de sus provocaciones, podría librarse de él de una vez por todas, su puntería era muy buena, no podía fallar. Apretó sus dientes y el arma entre sus manos, confundido.
Pero las palabras de Hiroki retumbaban en su mente, él quería cambiar de vida, dispararle a Mino era retroceder, significaba perder el camino andado… Lo peor era que perdería la poca fe que Hiroki había depositado en él… y la que tenía en sí mismo.
Lentamente bajó el arma para luego soltarla.
—No voy a matarte, Mino —susurró serenamente.
—Eres tan predecible... Y tan estúpido.
Corrió hacia él con la navaja empuñada, decidido a cortarle el cuello, pero Nowaki lo tomó del brazo girando su muñeca hacia afuera. Mino golpeó el brazo que lo sostenía con el dorso de su mano para separarlos, luego lanzó una patada directamente a su cara. Nowaki interpuso su antebrazo para bloquearlo.
Se miraron fijamente por unos cuantos segundos descifrando qué haría el otro y como podían contrarrestar su próximo movimiento. Ambos respiraban agitadamente con los puños levantados dispuestos a defenderse.
Para Nowaki, esta pelea significaría la confirmación de su decisión, debía ser capaz de vencer a Mino, con quien había entrenado y convivido durante años. Si lograba superar esta primera prueba, no sólo ganaría confianza en sí mismo y en sus acciones... Convencería a Hiroki que estaba decidido a cambiar.
Mino lanzó un puño contra su rostro, del que afortunadamente pudo cubrirse rápidamente con la palma de la mano, sin embargo, otro más rápido dio de lleno en el pómulo, lanzándolo contra el suelo.
—Definitivamente eres estúpido —decía Mino mientras se limpiaba los labios con el dorso de la mano—. ¿Cambiar? ¿Redimirte? No seas absurdo.
—Quizás —contestó levantándose, luego salió en carrera con el puño levantado lleno de decisión—, pero es la primera vez en mucho tiempo que estoy seguro de algo.
El puño de Nowaki impactó contra la mejilla de su oponente como un trueno. Mino frenó con sus talones apoyándose en las yemas de sus dedos para impulsarse de nuevo al ataque.
Esquivó unos cuantos puños agachándose y ladeándose, pero cuando intentó conectar otro golpe en su mandíbula, Mino lo sostuvo y golpeó su rostro con el codo haciéndolo retroceder.
Sentía como su nariz sangraba, pero no había tiempo para fijarse en las heridas; disparó otro puño hacia su cara, pero lo esquivó nuevamente.
—Debiste ver la cara de todos cuando el Sr. Usami dijo que habías abandonado al clan. Fue tan divertido —comentó Mino mientras lanzaba una patada a su estómago. Nowaki tomó su pie con ambas manos y lo giro para desviarlo. —Sobre todo la de ese par. Fue un poema —agregó mientras volvía a intentar patearlo, pero esta vez a la cabeza. Apenas pudo defenderse cruzando los brazos entre el pie de Mino y su objetivo.
Nowaki sintió un poco de impotencia al escuchar como el otro se burlaba de la reacción de sus camaradas ante su huida, como si no fuese importante para él, como si no le hubiese dolido abandonarlos.
—Yo siempre supe que nos traicionarías. Que no eras de fiar. —Mino tomó un tubo de acero que tenía al alcance y comenzó a abanicarlo hacia él. Nowaki tuvo que cesar el ataque y pasar a la defensa—. Y, sin embargo... —decía Mino cambiando la hasta ahora imperturbable sonrisa por un rostro severo que era aún más temible mientras recordaba como Asahina siempre le daba las mejores misiones, como lo alababa durante los entrenamientos, e incluso como Usami siempre se refería a él como el más capaz y confiable— siempre fuiste el favorito —completó antes de asestarle un tubazo en el costado que lo hizo hincarse de dolor.
Lo pateó en el estómago haciéndolo caer con la frente hacia el cielo.
—No sabes la satisfacción que me dará entregarle tu cabeza al jefe —musitó mientras elevaba el tubo sobre su cabeza para propinarle el golpe final.
Un sonido seco resonó en el silencio, seguido de la caída del tubo al suelo.
A pocos metros de ellos; Hiroki Kamijou sostenía el revolver con el que había disparado.
