"The Only One"

LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA HISTORIA ES MÍA.

NOTA: Escuchen la canción "Losing My Religion" justo donde encuentren un (*)

"Es muy fácil hablar, de como se ha de actuar delante de una situación difícil, pero cuando llega el momento siempre se nos olvidan todos los consejos. Nadie sabe lo que hace mientras actúa correctamente, pero de lo que está mal uno siempre es consciente. "

Capitulo 3

— ¡Canta conmigo, Edward!— grito mientras me tambaleo por la casa con las zapatillas en las manos. Tropiezo con mis propios pies y Edward me sujeta por los brazos, suelto una carcajada.

— Bella, deberías dejar esa copa.— murmura mi amigo detrás de mi. Me giro y le lanzo una mala mirada.

— No quiero.

— Empiezas a sonar como borracha— señala.

— Puess— hablo tratando de no arrastrar las palabras, pero mi lengua se siente perezosa— no lo esstoy.

— Como digas, no seré yo quien tendrá resaca mañana.— puedo oír el tono burlón en su voz y le lanzo mis zapatillas. ¡Mala suerte! se desviaron ligeramente, unos 2 centímetros de mi objetivo, y a causa de eso, mi estúpido guapo amigo se empieza a reír.

— Casshi te doy, cállate— le muestro la lengua en, a mi consideración, un acto de rebeldía.

— ¡Casi me das!— empieza a reír otra vez

— Solo me desvié ligeramente, dos centímetros

— ¡No me jodas, Bella! ¡Fueron como 30!

— ¿Quieress que te joda?— enarco una ceja y tomo un sorbo de mi Whisky.

— Tonta, tonta, Bella.— mete sus manos en su bolsillo y se acerca a mi.— ¿Como vamos a catar sin música, genia?

— Si dejas de disssstraerme, podría poner músssica.— continuo con mi caminata hacia la sala, me agarro del sillón antes de caer otra vez. Murmuro unas cuantas blasfemias al suelo.

— ¿Que te gustaría escuchar?— le preguntó mientras lo veo sentarse en el sillón frente al estéreo.

— Lo que más te guste.— su voz se escucha mas ronca. ¿Se sentirá bien?

Reviso unos cuantos disco, y pongo el primero que agarro. Losing my religion empieza a sonar, el intro de la canción me hace cantonear de manera inconsciente las caderas, mi cabello esta alborotado y algunos mechones se encuentran pegados en mis mejillas por la pequeña capa de sudor que cubre mi cuerpo.

— Canta conmigo— lo miro mientras me acerco, bailando al compás de la música. Se ríe pero su mirada se ve mas oscura, más misteriosa... cuando empieza a cantar con su suave voz.

(*) Oh, Life is bigger... It's bigger than you*— siento une escalofrió recorrer mi cuerpo completo.

and you are not me— canto con él. Pronto los dos nos encontramos cantando, yo canto mientras danzo sola por toda la gran sala, y Edward solo me observa sentado en el sillón, con una copa de Whisky en su mano. Me acerco lentamente hacia él, y lo invito a bailar sin decir una palabra. El cobrizo se levanta y me agarra de la cintura, le rodeo el cuello con mis brazos y pongo mi cabeza en su pecho, ahora con 10 centímetros mas baja que él, pero sorprendentemente, encajamos perfectamente.

That's me in the corner— me levanto de puntitas, y le canto al oído— That's me in the spotlight— suavemente, mientras le acaricio el cuello con mis manos

Losing my religion— murmura Edward, sus manos firmemente contra mi cintura.

Respiro hondo contra su cuello, y su agradable olor me marea, huele a perfume de hombre, a jabón, y a Edward. Una combinación exquisita.

— ¿Te gusta estar así?— pregunto cerca de su oído, lo siento estremecerse.

— ¿Esta mal si digo que si?— responde, subiendo una mano por mi espalda desnuda.

— Sí, Edward— murmuro— esta muy mal.

— Tienes razón.

— Somos amigos.

Edward asiente, seguimos bailando, y yo sigo moviendo mis caderas contra el cuerpo de Edward, un jadeo se me escapa al sentir alguno duro y caliente contra mi vientre, aprieto mis músculos y puedo ver estrellas en el techo. En mi cabeza, repito una y otra vez el nombre de Alex.

Me separo de Edward. Y le miro con ojos asustada.

— No hagas esto— le suplico.— no quiero... — sacudo la cabeza— creo que estoy algo borracha, Edward.

— Lo siento, Bella— murmura, puedo ver que esta arrepentido en sus ojos.— me... me iré ahora.

— Siento haberte...— respiro hondo— provocado.

— Esta bien, Bella, no debí reaccionar así.

— Eres hombre, Edward. Fui yo la culpable— cualquier rastro de alcohol en mi sistema había desaparecido casi por completo— además, somos amigos.

— De cualquier manera, lo siento.

— Disculpa aceptada.— le sonrío intentando borrar cualquier rastro de vergüenza.

Mi amigo se ve apenado, y probablemente yo lo este el doble, pero el alcohol ayuda a tranquilizarme, intento alcanzar la copa de Edward y al intentarlo, todo empieza a girar y el piso se alza peligrosamente contra mi cara (¿O mi cara se baja al piso?), escucho a Edward gritar mi nombre, y después todo se vuelve oscuro.


Corro, lo mas rápido que mis piernas adoloridas me lo pueden permitir, mis pies descalzos azotan fuertemente contra el cemento y mi cabello se impregna en mi cara a causa de las pequeñas gotas de agua que caen del cielo oscuro. Lo puedo ver cada vez más cerca, puedo ver las llamas que hay detrás de él, me espera con una pequeña sonrisa tironeando en sus labios.

Grito su nombre, muchas veces, las piedras se entierran en mis pies pero eso no me iba a impedir que llegase hacía él, hacia la dirección correcta. Lo veo extender una mano e intento agarrarla, pero un tirón fuerte en el vientre me hace chillar de dolor, jala mis entrañas y me destroza el corazón. Mi cuerpo azota sin remordimiento el suelo, mi cabeza se estrella contra el duro cemento haciendo un ruido ensordecedor, pero ninguno de esos dolores puede opacar lo que mi vientre esta sufriendo. Alzo la cabeza y miro mi entrepierna, ahogo un grito al ver que un liquido rojo, espeso y ligeramente oscuro cubre mi vestido amarillo.

Mi vista se vuelve nublosa y gimo de dolor, que consume cada parte viva de mi cuerpo. Miro a Edward con desesperación, pero el solo sacude tristemente la cabeza.

— ¡AYÚDAME, EDWARD! ¡AYÚDAME!— grito desesperada, tocando mi vientre.

— Lo siento, Bella.— las llamas se intensifican y pronto el es consumido por las mismas.

— ¡NOOO!— mis ojos se abren e inconscientemente tiro de la manta blanca de mi cama y oigo que algo cae al piso. Algunas lagrimas bajan por mis mejillas, me las quito con una mano temblorosa, la luz me lastima la vista y vuelvo a cerrar los ojos.

Mi corazón late desenfrenado mientras me llevo las manos a mi vientre plano. Un dolor martillea en la parte posterior de mi cabeza y gimo. Que sueño más raro he tenido, siento mi cuerpo tenso, casi puedo ver la sangre y el calor de las llamas. Mi garganta arde, pidiendo a gritos un poco de humedad, que no me niego a darle. Me siento en la cama y miro a mi alrededor. Noto en la mesita de noche, una charola con un vaso de agua y unas pastillas.

Frunzo el ceño al notar una pequeña nota.

"Bella, tomate las dos pastillas. Y toma un zumo de naranja, te hará bien con la resaca que seguro tendrás ;)

Te desmayaste, por cierto. Nos vemos en el trabajo.

-Edward"

— ¡Edward! ¡Mierda!

Recuerdo haber cenado con el, recuerdo haber platicado e incluso recuerdo haber bailado un poco con él, nada raro, me gusta bailar. Debí haber tomado mucho, por fortuna, nada parecía fuera de lo normal en mi memoria. Me bebo el vaso de agua y me tomo las pastillas. Después de ver la hora, me levanto con el dolor de cabeza persistente y me preparo para ir a trabajar. Decido llamar a mi marido en el trabajo, seguramente debe estar ya en una junta.

Hoy es Viernes, así que no me sorprendo de ver a Elyse limpiando en la sala común, me sonrojo al ver el pequeño desastre que hay.

— Bueno días, señora West.— me saluda con una sonrisa, haciendo que sus mejillas se pongan regordetas.

— Buenos días, Elyse.— saludo con una pequeña sonrisa.— disculpa todo el desastre.

— No se preocupe, señora. Me alegra que este así.

— ¿Que?— suelto una risita— ¿Por qué?

— Porque usted no me deja hacer mi trabajo, por lo regular. La casa siempre esta tan limpia, usted debería dejar de limpiar un día antes.

—¡Ay no, Elyse! No voy a abusar de tu trabajo. La casa es tan grande, te cansarías rápido.

— Es mi trabajo señora. Me gusta.

Niego con la cabeza y dejo que termine su trabajo. Elyse es una señora de unos 50 años, es una dulzura. Tiene un poco de canas en el cabello, y a veces se ve tan cansada. No me gusta que se esfuerce tanto trabajando, Alex suele regañarme, diciendo que es su trabajo. Pero me niego a abusar de una señora como ella, probablemente no esté tan grande, pero lo suficiente como para que a esa edad esté siendo mimada por sus hijos, y no trabajando.

En la cocina, me encuentro con un jugo servido y unas galletas. Vuelvo a negar con la cabeza, pero me siento contenta, Elyse hace unos jugos deliciosos, no tengo idea de como, pero son riquísimos. Me despido de Elyse y salgo para mi trabajo, el dolor de cabeza se me ha pasado por lo que me siento de un mejor humor. Saludo a todo el mundo dentro del edificio, incluso a Jessica, que suele caerme tan mal. No me sorprendería si ya se le ha insinuado a Edward, por dentro sonrío, porque mi amigo es un hombre casado.

Espero ansiosa a que el elevador abra sus puertas metálicas, cuando noto a Jacob parado a mi lado. Me giro y le sonrío.

— Hola— murmuro.

— ¿Ya no tienes ganas de golpearme?— pregunta con una sonrisa.

— No— entro al elevador y el moreno entra después de mi.

— ¿Por qué estas tan feliz?

— ¿Por qué no estoy triste?— cuestiono.

— Touché.

Jacob me queda mirando y me siento un poco incomoda en un espacio tan pequeño. A veces pienso que son ideas mías, pero Jacob suele mirarme de otra forma más que como la esposa de su mejor amigo. Es decir, ¿Que clase de mejor amigo es que suele mirarle las piernas a la esposa de su amigo? pero probablemente esté volviéndome loca e imagine todo. Jacob sale del elevador dos plantas antes que yo.

— Nos vemos luego, Bellita.— bufo en respuesta. Siempre he odiado ese apodo.

Saco mi teléfono y le marco a Alex, que me responde al segundo toque.

— Hola cariño— digo caminando fuera del elevador.

— Hola, nena

— ¿Llegaste bien?

— Perfectamente, ¿me extrañaste?— pregunta, casi lo puedo ver haciendo un puchero.

— Por supuesto— sonrío.

— No te escucho muy convencida.

— Eso es porque no se si tu me extrañaste a mi— miento.

Entonces veo a Edward saliendo de su oficina, con su cabello despeinado, me mira y lo miro, le sonrío un poco. Se ve terriblemente guapo en ese traje gris que trae hoy, debajo de sus ojos descansan unas pequeñas ojeras y sus ojos que usualmente están brillosos hoy se ven un poco apagados. Hago una mueca y él me regala una de esas sonrisas torcidas y un pequeño saludo con su mano.

— ¿Me escuchas, Bella?— habla una voz cerca de mi oído, entonces recuerdo que Alex esta en la linea y desvío la mirada de Edward.

— Perdón, Alex— camino hacia mi oficina mientras busco con una mano las llaves de mi oficina— ¿Que me decías?

— Que, volveré pronto y te extraño mucho.

— ¿Cuando es pronto?

Encuentro las llaves y sonrío triunfante, mientra hago maniobras con mis manos para poder abrir la puerta, pero la mendiga llave de desliza de mis manos y cae al suelo.

— para ser específicos, regreso el Lunes.— hago un pequeño puchero viendo la llave en el suelo.— hoy es viernes, así que, no será demasiado tiempo.

— Que bueno, cariño— suspiro, negándome a levantar las llaves.

Pronto tengo a Edward junto a mi levantando las llaves, le sonrío y le pellizco una mejilla cuando me entrega las llaves, abro la puerta y le indico entre señas que entre, enciendo las luces e intento quitarme la chaqueta.

— ¿Estas ocupada?— miro a Edward que se acerca y con sus hermosas manos, me ayuda a quitarme la chaqueta.

— Un poco, Alex. ¿Tu lo estas?

— No, pero creo que iré a desayudar.

— Genial. Disfruta tu comida, hablamos luego— cuelgo rápidamente la llamada.

— ¡Hey, Edward!

— Bella— murmura mi amigo, con otra de sus pequeñas sonrisas.

— ¿Te pasa algo, Edward?— pregunto, un poco preocupada.

— No, para nada.— se muerde el labio y se sienta en el sillón.

— Oh, vamos. Habla conmigo— me acerco y me siento junto a él— Dime que te pasa.

— No es nada, Bella.— me mira y veo un profunda tristeza en sus ojos.

— ¿No confías en mi?— algo en mi pecho se oprime al ver esa mirada triste.

— Por supuesto— responde, evitando mirarme, juguetea con un botón de su saco y en un impulso, tomo su mano y la aprieto, Edward me mira, y después mira nuestra manos unidas.

— Soy tu amiga, confía más en mi— murmuro.

De pronto, Edward sacude su mano y se levanta, bufando por lo bajo, lo miro sorprendida de su reacción y me arrepiento pronto de haberle tomado la mano. Pero es mi amigo ¿No se les puede agarrar la mano a los amigos, acaso?

— No tengo nada, Bella.

Sale de la oficina dejándome, sentada sola y confundida, arruinando completamente todo mi día. Me enfado enseguida, y salgo por la puerta pisando fuerte hacia su oficina. ¿Como es que yo le cuento básicamente todo y el no es capaz de decirme por lo menos que tiene una mañana de mierda? En el pasillo, me encuentro a Lauren sentada en su escritorio, ella es como de cierto modo, mi secretaria. Me sonríe pero su sonrisa se borra rápidamente, seguro mi cara de pocos amigos es la respuesta.

Llego a la puerta de Edward, sin pedir permiso, entro y lo veo sentado detrás de su escritorio con la cabeza entre las manos, camino hacía el enfurecida y le tironeo el cabello, ignorando la suavidad con la que he soñado tocar desde que lo conocí.

— ¡¿Cual es tu problema?!— exclamo, mientras el mira con ojos sorprendidos— ¡Como te atreves! ¿Tu puedes hacerme contarte muchas cosas de mi vida pero no eres capaz de responder una mugrosa pregunta?

— Bella...— se ve un poco arrepentido pero, ¡Al carajo!

— ¡No! ¡Tu te callas, estúpido!— camino por su oficina como gato enjaulado, veo que dejé la puerta abierta y camino hacía ella.

— No te vayas, Bella— En dos segundos, Edward esta parado frente a mi, bloqueandome la salida.— Te juro, que no fue mi intención hablarte mal... es solo que... no me siento bien.

Lo miro sin decir nada, mientras lo veo pasar sus manos por su cabeza, suspira y cierra la puerta.

— Perdón— vuelve a murmurar— ayer me pelee con Tanya...— sacude la cabeza— no tenía porque desquitarme contigo, de verdad que no quería pero...

— Si no querías hablarme, ¿para que me seguiste a la oficina?

— No lo sé— baja su cabeza mientras observa sus pies.

— Esta bien, Edward... no importa, de todos modos.

Lo miro, e intento salir, pero sus manos se envuelven en mi brazo, suspiro y me detengo.

— ¿Estamos bien?— pregunta.

— No creo...— sacudo la cabeza— hablamos cuando quieras hablarme, mejor.

— No es eso... Bella— noto el tono agobiante en sus palabras, pero no me detengo y salgo por la puerta, cerrándola suavemente.

Al llegar a mi oficina, empiezo a sentirme patética por la escenita que acabo de montar, me siento ridícula... si no quería hablar ¿Porque debo obligarlo? una amistad no se trata de eso, se trata de apoyar a la persona y escucharlo sí así lo quiere, de todos modos, ¿Que mierda se yo de amistad? si solo tengo una amiga al otro lado del continente, y jamás he tenido un amigo hombre.

Me siento en mi escritorio y comienzo a trabajar, trabajo unas cuantas horas, hasta que mi panza gruñe de hambre. Me levanto y salgo fuera de la oficina, para prepararme un chocolate caliente en la pequeña cocina que hay en nuestra planta. Me doy cuenta en seguida de la persona que se encuentra ahí mismo, donde me dirijo, y mi piel se eriza, sopeso la idea de no ir, pero al final, me encuentro justo a lado de él. Agarro una taza y hecho un poco de agua caliente, mientra miro de reojo a Edward, justo en el mismo momento que el mira también hacia mi, me sonrojo y aparto la mirada hacia mi taza.

— ¿preparándote un café?— pregunta Edward, con su taza en mano mientras se recarga en la pared.

— No— murmuro, destapando el chocolate amargo y echando un poco a mi taza— No me gusta el café.

— ¡¿Como!?— exclama Edward, haciéndome saltar por su inesperado tono de sorpresa— Bella, la vida sin probar el café no tiene sentido.

— No he dicho eso— le digo, apuntándole con la cuchara

— ¿Entonces si lo has probado?— pregunta, y se lleva la taza blanca a sus labios, casi tiro un poco de baba al verlo tomar café, pero aparto rápidamente la mirada

— Bueno...— arrugo la nariz, y le hecho a mi chocolate media cucharada de azúcar y empiezo a revolverlo

— ¡No lo has probado!

— No realmente... pero, mi padre toma mucho café— me giro y lo miro— y después de varios años viviendo juntos, debo decirte, que llegué a odiar demasiado el café, sin siquiera haberlo probado.

— Deberías probarlo.

— No, gracias, no quiero— le doy un sorbo a mi chocolate y gimo— me quedo con esta preciosa mezcla.

Miro hacía Edward, y lo encuentro observándome fijamente, empiezo a sentir calor y, joder, no exactamente al calor corporal. Siento mis mejillas calientes, y carraspeo un poco. Edward parece salir de una ensoñación y se ríe un poco nervioso, se acerca a mi, y extiende su taza hacía mi.

— De veras, Edward, que no quiero— arrugo la nariz.

— Vamos, Bells. Prueba un poco— me sonríe.

— No

— Solo un poquito— intento alejar su taza y me quemo, chillo un poco al sentir lo caliente de la taza en la palma de mi mano.

— ¡Mierda, lo siento, Bella!— Edward deja rápidamente su taza en la mesita, y toma mi mano, que se ve demasiado roja.

— No te preocupes— murmuro haciendo una mueca e intentando retirar mi mano, pero no me deja.

— se te ve un poco irritada— Edward se lleva mi mano a su boca, y sopla.

¡Santo señor!

¡Llamen a los putos bomberos!

¡Ahora si que estoy ardiendo!

Siento su aliento en mi mano, y casi me desmayo. Esta un poco caliente, pero de cierta forma, alivia mi dolor o, mejor dicho, me distrae. Casi deseo que bese mi mano, cierro los ojos y me doy cuenta de las estupides que estoy pensando acerca de un hombre casado y, por favor, ¡Yo estoy casada! sin embargo, en este momento, todo se siente muy bien, bastante correcto.

— Deja ya— murmuro— solo esta un poco irritada, estará bien, Edward.

— Solo pon un poco de hielo o, mete tu mano en agua fría.

— Esta bien, que no es para tanto.— mi amigo suelta mi mano, y me sonríe.

— Son muy suaves— dice de repente, le miro un poco confundida.

— Tus manos— aclara— son muy suaves y delicadas.

— Ah— me avergüenzo un poco, seguro debe creer que soy una de esas mujeres que no hacen nada más que estar limando sus uñas.

— ¿Como le haces para tenerlas así?— pregunta, un poco curioso, sorbiendo café

— Sinceramente no tengo idea, supongo que debe ser la crema para manos. O quizá que uso guantes para lavar trastes y todo eso— añado, para (por si la tiene) quitar la idea de que no hago nada.

— Mi esposa también tiene las manos suaves— murmura, intento darle una sonrisa— pero, ella no usa cremas o guantes.

Frunzo el ceño y me muerdo el labio. Ahora si que le aviento mi chocolate caliente en la cara. ¿Me está comparando con su esposa?

— Quita esa cara, Bella— le oigo reír y me enfurezco más— mi esposa las tiene así porque, joder, esa mujer no hace jodidamente nada en la casa, solo se la pasa limándose las uñas y todo esa mierda para tener todo perfecto.

— No tienes que darme explicaciones— digo, avergonzada de mi reacción.

— Lo que sea. ¿Quieres ir a desayunar?— pregunta, vertiendo el resto de su café en el lavamanos.

— Eh... no creo que sea, eh, conveniente.

— ¿Por que?— lo veo fruncir su ceño y sus ojos claramente confundidos.

— Pues... esta claro que, uh, se pelearon por mi culpa, es decir... ayer estuviste hasta tarde y pues...

— Bella, no tuviste nada que ver en esto— casi parece afligido, así que asiento para que se calme un poco.

— Pero, mejor ve y pasa tiempo con tu esposa... seria lo más conveniente.— me encojo de hombros.

— Pero quiero desayunar contigo.

Suspiro y lo miro a los ojos, se ven esperanzados y brillosos, a comparación de hace unas horas atrás, sus grandes ojos verdes ahora tienen vida. Así que acepto, y salimos caminando fuera del edificio, obviamente después de una pequeña discusión sobre quien va a pagar la comida, el me ganó, nada sorprendente, así que no tuvimos que pasar por mi bolso. Fuera, se podía respirar el aire frío típico de estos meses, estábamos a finales de Enero, y el frío estaba horrible, teniendo en cuenta que soy una persona terriblemente friolenta, ajusté mi bufanda a mi cuello, estábamos más o menos a 7° C.

— ¿Te gusta el frío, Edward?

— A veces— responde, mirando hacía el cielo. Le observo su perfil y es, casi malditamente perfecto. Es decir, es perfecto, pero no es muy propio pensar que es perfecto cuando tengo un anillo de matrimonio en mi dedo.— ¿Te gusta a ti?

— No mucho, en realidad— admito— pero suele hacer más frió en Forks

— Así que eres de Forks— me codea y yo suelto una risita.

— Si— miro mis botas y siento que mis pies están un poco acalambrados por el frío.

— ¿Por que huiste de ahí?

— ¡No huí de ahí!— exclamo, hago a un lado el cabello que el aire gélido lanzó a mi cara— pero lo hubiera echo, eventualmente.

— ¿Y como es que estas aquí, Bella?

— Pues, vine a estudiar aquí y... cierto chico que... bueno— me encojo de hombros— y estoy aquí.

— ¿Tu marido?— veo a Edward enarcar una ceja, y me río.

— Si, Edward, mi marido.

— ¿Como es que...? Es decir, tu y ¿Como se llama? ¿Axel?

— Alex— corrijo

— Lo que sea, tu y el se conocieron de pequeños, ¿no? — Edward pasa su mano por su cabello y por un momento olvido de que hablábamos.

— Si, pero digamos que cuando eramos niños, no... había ninguna atracción, es cierto que nos hicimos pareja en Forks, pero decidimos estudiar aquí, en Seattle, y el rápidamente consiguió trabajo, y por supuesto, me negué a irme, así que nos quedamos aquí, y después sucedió todo.

— ¡Vaya!— murmura mirándome con incredulidad— ¿Y no has hecho ninguna amiga?

— Compañeras, si, por supuesto. Pero amiga solo tengo una y esta al otro lado del continente.

— ¿Como se llama?— Pregunta, cuando entramos al pequeño restaurante, casi gimo de placer al sentir el calor extenderse por mi cuerpo, aflojando algunos músculos, Edward se burla de mi reacción y se gana un golpe en el brazo, me olvido de responder su pregunta así que empezamos a hablar de diferentes temas y pronto nos encontramos riendo y diciendo estupideces, algo que se acaba de volver muy propio entre nosotros. Me di cuenta, que en ningún momento, hablamos de nuestras respectivas parejas, lo cual se sentía realmente muy bien.

— A ver, cuéntame un chiste— dice Edward, metiendo a su boca el ultimo trozo de comida de su plano, yo por mi parte, tengo un poco menos de la mitad.

— Te lo he dicho, no me va contar chistes— corto un trozo de huevo frito y me lo meto a la boca.

— Solo uno— ruega, le doy un manotazo al ver que se ha llevado un trozo de tocino crujiente de mi plato.

— No— mastico lentamente y tomo un sorbo de mi jugo. Al final, me resigno y dejo que Edward se coma todo el tocino de mi plato

— ¿Tu no tienes llenadera, cierto?

— No hasta que me cuentes un chiste— hace un tierno puchero y ruego los ojos.

— Bueno a ver— suspiro y me limpio la boca con la servilleta— ¿Cual es el lápiz mas peligroso del mundo?

— Mmm— me mira fijamente con la cabeza ladeada— ¿eso no es una adivinanza?

— Cállate, es mi chiste.— empujo el plato lejos de mi, y me tomo el jugo de cereza.

— Me rindo— murmura después de un momento.

— El lápiz mas peligroso del mundo es— lo miro con cara seria— lápiz-tola

Edward se queda callo y me mira, con cara de incredulidad sacude la cabeza, después de un momento se hecha a reír y me río un poco con él.

— ¡No me digas nada!— lo señalo acusadoramente con mi dedo— te dije que no era buena contando chistes.

— Ahora lo veo— mi amigo se carcajea un poco más y no puedo contener la sonrisa de oreja a oreja.

Nos levantamos y Edward paga la cuenta mientras yo le hecho miradas enojada, realmente debió dejarme pagar esa comida, después de todo. Fuera, el frío es menos, pero aún así me acerco más a el para tener algo de calor corporal. Me muerdo mis labios, me doy cuenta que Edward me mira mientras caminamos y me siento muy nerviosa, hay cierta... atracción entre nosotros, y no sé si el pueda sentirla, pero me avergüenza terriblemente. Mi respiración se acelera cuando el acerca una mano a mi mejilla, para quitar unos cabellos alborotados, colocando el mechón detrás de mi oreja, las mejillas se me ponen calientes y Edward suavemente roza un dedo por ellas. La intensidad de su mirada me hace sacudir la cabeza y alejar mi cara de su tacto.

— No hagas eso— murmuro mirando al suelo.

No volvemos a hablar durante todo el camino, e incluso cuando entramos al edificio, cada uno se dirige hasta su oficina y durante todo el día nadie habla ni dice nada, es como si ese momento de intimidad entre nosotros nunca hubiese pasado, pero la tensión esta ahí sosteniéndose entre nosotros. Decido irme antes de terminar la jornada de trabajo, hablo con mi jefe explicando un terrible dolor de cabeza, lo cual es un poco cierto. Me subo a mi coche y doy vueltas por toda la ciudad. Mis pensamientos divagando y llegando al mismo punto: Edward Cullen.

Llego a casa cuando el cielo esta oscuro, Elyse se ha marchado hace unas pocas horas, por lo que tomo una botella del bar y sin pensarlo dos veces, doy un trago directo. Me quema la garganta y toso un poco, pero poco después siento el cuerpo relajado. Me acuesto en el piso, miro al techo y comienzo a llorar. Las lágrimas bajan por mis mejillas, deslizándose por mi cuello. ¿Por qué no puedo sentir ese placer que siento con Edward cuando veo a Alex? Ese placer que recorre mi cuerpo, ese deseo carnal que consume cada célula de mi cuerpo. Cada parte de mi esta consiente que solo lo deseo sexualmente, porque después de todo, sigo queriendo a mi marido

Alex esta en alguna pequeña parte de mi corazón, derritiéndose poco a poco. Y está Edward Cullen. Quizá Alex haya sido mi primer novio, pero sé lo suficiente de hombres como para saber que esta mañana, Edward quería besarme tanto como probablemente yo quise hacerlo también. Pero Edward está felizmente casado, con una rubia hermosa. Y yo solo soy una mujer deprimida, y sé que es más fácil terminar con Alex y no hacerlo sufrir más tiempo, pero no tengo el valor, la gente habla todo el tiempo, pensando que si estuviesen en mi lugar ellos harían lo correcto, pero no lo están, no saben lo que es no querer romperle el corazón a una persona, ellos no tienen que tomar las decisiones y cargar con el peso de ellas.

Es fácil decirle a Alex que lo amo, pero demostrarlo es lo que hace que me ahogue en un gran pozo de difíciles decisiones.

Doy un sorbo de mi botella y otro, uno más… muchísimos más. Hasta que el techo se encuentra dando vueltas, escucho sonar el celular en alguna parte de mi casa, por lo que me levanto tambaleándome, doy tres pasos y mi trasero azota el duro piso, hago una mueca y me arrastro por el suelo, veo mi bolsa y avanzo hacia ella con mi cuerpo tambaleándose peligrosamente.

— ¿Buennnno? —doy un hipido y pongo mi mano en la boca.

— ¿Bella? —su voz suena del otro lado y me mareo un poco más, me tiro en el suelo sin pensarlo.

— ¿Qué quie…—hipido— quieresss Edward?

— ¿Estas borracha?

— ¡Que te importa como essstoy! —grito

— ¿Dónde estás? —su voz se escucha preocupada y del otro lado de la línea oigo a una mujer hablar y después una puerta cerrarse con un sonoro "POM"

— ¡Eres un pendejo! — le grito y siento unas lágrimas bajar por mis mejillas. Otra vez. Maldita sea.

— Bella, si estás en tu casa, quédate ahí por favor. Voy para allá.

— ¡No! ¡No quiero que vengas! ¡Te odio, Edward! —azoto mi mano contra el piso y chillo al sentir un calambre recorrer todo mi brazo.

— Bella, cariño, cálmate por favor.

— Deja, Edward—doy un hipido y pierdo el hilo de las palabras que iba a decir.

Lo oigo arrancar su coche, y empiezo a llorar más fuerte. ¿Por qué tiene que venir? ¿Por qué tiene que poner su hermoso rostro cerca de mí? El realmente quiere hacerme pecar, él quiere provocarme, seducirme y tomarme. Y yo quiero, lo quiero cerca de mí, lo quiero dentro de mí.

— Ven, Edward. Ven conmigo— murmuro

— Tranquila, Bella. Estoy por llegar.

Después de unos minutos, oigo el entrar un coche a mi casa y el corazón se me acelera, sin embargo logro ponerme de pie y antes de que Edward pueda tocar la puerta de entrada la abro y mi aliento se queda atascado en mi garganta. Trae una playera tipo polo color azul oscuro, que se adhiere perfectamente a su cuerpo, marcando sus músculos, recorro su cuerpo de pies a cabeza, mis ojos se detienen en sus labios, sus perfectos labios entreabiertos.

— Bella—murmura Edward, me toma de los hombros y me empuja al interior de la casa, cerrando la puerta, pasa una de sus manos por mi cabello y el toque me hace gimotear.

— ¿Estas bien? —asiento, cerrando a los ojos. — ¿Por qué estas así?

Lo miro a los ojos y mis manos suben por su pecho, su respiración empieza a acelerarse, mis manos se detienen detrás de su cuello y jugueteo con su cabello.

— Por ti, Edward, por ti es que estoy así.

Sus manos recorren mis mejillas, su pulgar toca suavemente mis labios y yo dejo escapar un pequeño suspiro. Y estoy consciente de todo, el alcohol parece haberse ido de mi sistema, estoy consciente que soy una mujer casada, que él está casado y que mi esposo no está en la ciudad. Y no me importa, no ahora que lo tengo enfrente de mí.

— Quieres esto— murmuro contra su dedo— Quieres esto tanto como yo.

— Eres casada, Bella, tan casada como yo lo estoy.

—Pero no te importa, Edward, no te importa.

Su rostro se acerca más al mío, y pronto estoy respirando el aire cálido que sale de los labios de Edward, mi boca desea sentirlo, cada parte de mi cuerpo desea hacerlo.

— La amo, Bella— murmura Edward.

— Yo sé que lo haces. —asiento y suspiro, una de mis manos bajan por su pecho.

— Solo será uno, Edward, un beso— pego mi cuerpo al suyo y jadeo al sentirlo duro contra mí. Me toma de la cintura y me pega a la pared, chocamos contra ella e ignoro el pequeño dolor que se dispara por mi espalda. Mi mano empieza a viajar debajo de su playera, y cuando hace contacto con su piel del abdomen, Edward choca sus labios contra los míos. Casi puedo tocar el cielo con las manos cuando siento sus suaves labios contra los míos, la calidez de su respiración quema contra mi boca y me hace soltar un pequeño gemido mientras pierdo mis manos en su nuca. Edward empuja sus caderas contra mi cuerpo y con su lengua empieza a abrir camino en mi boca, en el momento en que siento nuestras lenguas rozarse, el celular de Edward suena pero él lo ignora mientras desliza una mano por mi cabello y otra recorre mi cintura por dentro de mi blusa.

Me embriago de la sensación de sentirlo así conmigo antes de separarme de él, empujo su cuerpo lejos del mío y el tono persistente de su celular no deja de sonar.

— Contesta— jadeo, tocando mis labios hinchados por nuestro pequeño beso. No me arrepiento de nada.

— Ahora no— murmura Edward mirándome con sus hermosos ojos verdes, brillando justo como me gusta.

— Contesta o te hecho de mi casa.

Edward hace un pequeño puchero, se pasa una mano por su cabello cobrizo y suelta un suspiro de resignación cuando saca su celular.

— ¿Que quieres?— pregunta Edward al pegar su celular a la oreja.

Lo miro fijamente, mi amigo extiende una mano y la deja a un lado de mi cabeza, mientras me sigue observando.

— ¿Que quieres decir?— murmura Edward alejándose de mi rápidamente, en seguida me asusto y me paro cerca de él. ¿Será que es su esposa y lo vio entrar? ¿Lo siguió? mierda.— joder, Tanya, ponle un puto pañuelo frío, o mételo a la ducha... ¿Cuanto tiene?... Voy para allá... mierda Tanya, cierra la boca y haz lo que te he dicho.

Edward cuelga su celular y le pega un golpe a la pared, haciendo que me sobresalte.

— Me tengo que ir— murmura Edward con los ojos cerrados y respirando profundamente.

— ¿Que ha pasado?

Sacude la cabeza y se pasa las manos por la cara.

— Edward, dime— frunzo el ceño y lo agarro del brazo.

— Bella yo...— abre los ojos y me mira fijamente.— se ha puesto mal... y me tengo que ir.

— ¿Tu esposa se ha puesto mal?— lo veo sacudir su cabeza en respuesta y mi corazón late fuerte contra mi pecho

— No... ella está bien... se ha puesto algo paranoica porque... el niño tiene mucha fiebre, y no sabe como bajarla...

No... el no puede tener un... lo miro horrorizada y lo siento tensarse ante mi reacción, joder, me arrepiento, si es verdad, juro que me arrepiento de todo. ¿Como mierda no me lo dijo? Lo veo un poco apenado y siento ganas de darle una bofetada, pero me contengo.

— ¿Edward?— pregunto lentamente— ¿Que niño?

— Bella.. sé que debí decirte que yo... mi hijo tiene 2 años y medio... joder, sé que te vas a moles...

— ¡ERES UN IDIOTA!— le empujo en el pecho y Edward me agarra rápidamente las manos. — ¿POR QUÉ NO ME HAS DICHO? ¡TIENES UN HIJO! ¡¿CREES QUE...

sacudo la cabeza con incredulidad, al final, toda esta mierda es mi culpa ¿Besar a un hombre casado? El no tiene la maldita culpa, soy yo y mis hormonas descontroladas aun asi, no puedo evitar pensar en el pequeño, el debe tener a su papá junto a él en este momento, Edward no debió haber venido, para empezar.

— Vete— murmuro entre dientes.

— Bella...— Edward intenta agarrarme y yo levanto las manos frente a él.

— Vete ahora, Edward. Tu hijo te necesita, joder, no deberías siquiera estar aquí nunca.

— Por favor, te iba a decir pero es solo que tú y...

— ¡Vete, Edward, vete ahora!— lo empujo y siento las lagrimas deslizarse por mis mejillas. Mientras corro hacía la puerta principal y la abro de golpe.

Edward me mira antes de salir, se ve triste, pero lo ignoro y cierro la puerta de un porrazo. Gimo y cierro los ojos, soy una maldita perra, besuqueandome con un jodido hombre casado y con un bebé. Sea como que sea, aun si fue un pequeño beso, no debió haber sucedido, el tiene una familia que no planeo destrozar por el simple hecho de que yo no tengo una y que mi matrimonio probablemente se esté cayendo en pedazos.


¡HOLAAA!

Hoy no es un buen día para publicar, pero no podré hacerlo otro día en este fin de semana, así que aquí está. Espero que les guste... no se que más decir, gracias a todos por leer y esa buena cantidad de lectores anónimos, le agradezco a todos, en fin, nos vemos para la próxima actualización (esta vez, sera dentro de 15 días, tengo ciertos problemillas, pero nos leemos dentro de 15 días, promesa)

PD. Siento las faltas de ortografía, pero no tengo instalado el programa donde escribo los capitulos, y bueno, ustedes comprenderan que se ha de pasar una que otra falta.

[13.11.2015]