Chapter 3: Like a date. And I loved it.
Martes.
Me desperté con una sonrisa en mi rostro –el sueño no tuvo nada que ver. Me levanté rápidamente de mi cama y realicé mi rutina diaria de las mañanas. Excepto que no desayuné mucho, no tenía ganas de comer.
Vi el reloj y eran justo las 6:30 de la mañana, faltaba una hora, justamente, para el instituto. Charlie ya se había ido al trabajo y Reneé seguramente seguiría durmiendo.
Tomé mi gastada copia de Romeo y Julieta y la comencé a leer, ya que el maestro la había pedido para antes de la última clase del semestre, tenerlo terminado un poco antes no iba a ser un problema.
Estaba concentrada leyendo cómo Romeo besaba Julieta en el baile de los Capuleto, sonriendo como una estúpida ante sus palabras delicadas, cuando unos nudillos en la puerta me hicieron sobresaltarme. No fueron muy fuertes, si no, fue el hecho de que no se espera a nadie a semejante hora de la mañana para hacer una visita.
Abrí la puerta.
–Buenos dias –saludó él. Lo miré anonadada. Tenía esa sonrisa de suficiencia plasmada en su rostro.
–Edward, ¿qué haces aquí?
–Pensé en venir a recogerte, después de lo de ayer, dudaba que estuvieras en condiciones de conducir, y por lo visto, estuve en lo correcto –volvió a sonreír, pero ahora con petulancia.
–¿Cómo que estuviste en lo correcto? Estoy perfectamente bien, muchas gracias por preocuparte–dije cortante.
–Pues tienes esa mirada ausente y todavía te ves un poco débil. Te llevaré a la escuela, de verdad, no me molesta en absoluto –su sonrisa se extendía en su precioso rostro. Me sonrojé por pensar eso.
–¿Estás bien? –colocó su mano en mi frente–. Estás caliente, creo que no deberías ir al instituto.
Ahora su rostro tenía un leve rastro de preocupación.
–Me siento muy bien, en serio –retiró su mano.
–Muy bien, vamos –quiso tomar mi mano entre la suya, y Dios, yo también quería lo mismo, pero la quité y lo señalé. Me miró confundido.
–Bien, Edward, si yo me voy contigo hoy en tu auto, cosa que es completamente innecesaria, te tendrás que venir conmigo mañana, en mi auto.
Sus ojos se abrieron por la sorpresa y volteó a ver mi trasto.
–¿En tu... auto? –dijo en un susurro ahogado.
–Por supuesto –ahora yo sonreí con petulancia.
Después de unos segundos, su rostro se resignó y volvió a sonreír.
–Muy bien, de acuerdo. Trato hecho.
¿Qué le hizo cambiar de opinión? Pensé que no iba a querer andar en semejante mounstro... rodé los ojos.
–De acuerdo, vámonos.
Esta vez sí tomó mi mano y abrió la puerta del copiloto para mí.
Me sonrojé, obviamente y el camino fue tranquilo, charlamos sobre por qué había venido a Phoenix y le expliqué que habían trasladado a Charlie, además de subirlo de puesto y aumentarle el sueldo.
Me preguntó sobre mi mamá y sobre Emmett. No sé por qué, si él lo conocía, pero no dije nada al respecto.
–¿No has hablado con Emmett? –me sorprendió su pregunta.
–¿Ah? ¿Respecto a qué?
–No sé... solamente hablar con él.
–Pues no, ayer estuve encerrada en mi cuarto y no se asomó para nada. Ni siquiera lo oí llegar con mi camioneta y esta mañana ya se había ido por Rose, supongo.
Su rostro parecía aliviado.
–¿Por qué la pregunta?
–Nada más, pura curiosidad.
–Claro –en ese momento llegamos al instituto, y se bajó rápidamente para abrirme la puerta. Me sonrojé levemente mientras tomaba su mano.
–Gracias –susurré.
–Un placer –respondió con una sonrisa. Su sonrisa.
Al llegar al salón, vi que Mike Newton estaba en donde me sentaba. Edward no se dirigió a su asiento, si no que me siguió. Vi cómo se tensaba y me extrañó.
–Hola, Bella –saludó Mike en cuanto me senté. Edward se quedó a mi lado, buscando dentro de su mochila, alguna libreta supongo.
–Hola Mike –susurré– ¿qué pasa?
–Bueno... yo, quería preguntarte... s–si querías salir conmigo después de la escuela –titubeó mientras se rascaba la cabeza, en un gesto nervioso.
¿Cómo le iba a decir que no ahora?
–Eh, Mike... lo siento, no... no puedo.
–¿Por qué? –preguntó con gesto decepcionado.
–Por... que... –maravilloso, no se me ocurría ni una buena mentira para decir.
–Por que va a salir conmigo –dijo Edward con voz autoritaria y cargada de un sentimiento que identifiqué como celos. Pero, ¿sentía él celos por Mike? ¿Porque me invitó a salir? ¿Causaba eso en él? No lo quería ni pensar, aunque me sentiría sumamente halagada si así era.
–¿Sí? –me preguntó Mike, ahora molesto.
Prefería salir mil veces con Edward que una sola con Mike. Eso es completamente seguro. Así que decidí seguir con la mentira.
–Por supuesto que sí –intenté que mi voz no flaqueara y lo conseguí–. Habíamos quedado de ir a algún lugar después de la escuela.
–Ah, en otra ocasión entonces –dijo Mike cabizbajo.
–Ni lo sueñes, Newton –pude ver su sonrisita de suficiencia y me sentí complacida conmigo misma. Prefería ver a Edward feliz, y si eso implicada que Mike estuviera decepcionado –aunque prefería que no lo estuviese–, pues lo aceptaría.
Me volteó a ver con una sonrisa triunfante.
–¿Se puede saber por qué la sonrisa? –le pregunté sonriendo de igual manera.
–Adivino que por la misma razón que tú y porque me seguite el jueguito.
–Lo hice por el bien de Mike, luego lo ibas a destrozar si aceptaba ir con él. –Por supuesto –siguió sonriendo.
–Gracias –susurré.
–Siempre que quieras –respondió.
La clase pasó rápidamente, y me sentí un poco nerviosa, porque cada tanto, sentía cómo Edward me miraba y varias veces me cercioré de ello.
Al final de la clase, Mike no se me volvió a acercar y fue Edward el que se puso a mi lado para caminar conmigo.
–Y bien... ¿qué vamos a hacer al final del día? –preguntó con una sonrisa soncarrona.
–No sé, tú elige – no pensé en eso para nada, tampoco que se lo haya tomado en serio, pero me alegra.
–Pero, si yo digo a dónde, yo pago.
–No, no es justo Edward. No quiero que pagues por mí –fruncí mis labios.
–Te ves adorable cuando haces eso –me sonrojé furiosamente.
–Y también eso –agregó, mientras rozaba su mano en mi mejilla.
–Eh... g–graci–ias –tartamudeé como estúpida. Pero sonó más a una pregunta.
–Entonces, te llevaré a La Bella Italia –dijo con una sonrisa.
–Bien, pero yo pago lo mío y tú lo tuyo. O incluso podemos dividir la cuenta en dos y ya.
–Muy bien, lo veremos cuando lleguemos ahí –sonrió torcidamente otra vez.
Llegamos a La Bella Italia y Edward tenía una sonrisa arrebatadora plasmada en su rostro y sus ojos, estaban fijos en mí. Me puso algo nerviosa.
–¿Qué? –le pregunté ante su mirada clavada en mí.
–Te ves encantadora cuando estás nerviosa –comentó Edward casualmente, sin perder la sonrisa, al contrario.
–Y si dices eso, me pones más nerviosa –le dije.
Sonrió aún más. Quise acercarme a él y tocar su rostro. Pero tenía que controlarme.
La mesera llegó y registró a Edward, completo. Quise tirarme encima de ella por atreverse a verlo de esa manera tan enferma y lujuriosa.
Edward era para ser tratado como el caballero que es, con amor. No como un pedazo de carne en oferta, o peor, como ropa en oferta.
Ordenamos y la tarde se nos fue entre comida y plática. Hablar con él me ponía de muy buen humor y no podía borrar esa sonrisa que él había puesto en mí.
Él tampoco dejaba de sonreír y supuse que eso era un buen signo. Al menos no se aburría conmigo.
A él le gustaba la música clásica y también la literatura clásica. Creía que ya no habían hombres así.
Considerablemente más alto que yo, encantadoramente guapo y atractivo, caballeroso, atracción por los clásicos y, como si no fuera suficiente, tocaba el piano para relajarse. ¡Como yo!
–¿En qué piensas? –preguntó al ver que me quedé callada.
–Una vez le dije a mi mamá que me casaría con un hombre al que le gusten los clásicos –dije sin pensar. Y rápidamente me avergoncé.
Esa hermosa sonrisa que tenía, se convirtió en la sonrisa torcida que amaba.
–¿Qué insinuas? –preguntó con los ojos entrecerrados.
–Eh... nada... solamente hablé sin pensar.
Él solo asintió y seguimos platicando.
Sonreí. Me gustaba que Edward no presionara. Definitivamente era mi tipo. Como el que siempre quise y como el que jamás pensé que llegaría a encontrar. Al menos no tan rápido.
Edward Cullen me gustaba. Y mucho.
–¿Por qué me miras así? –me preguntó.
¿Lo había estado haciendo?
–¿Cómo te miraba?
–Olvídalo, han de ser imaginaciones mías, Bella. ¿Quieres algún postre?
Me dejó en mi casa, después de abrirme la puerta del copiloto como un perfecto caballero, nuevamente.
–No olvides que yo paso mañana por tí, Edward.
–Nunca –dijo con una sonrisa.
Ese nunca había tenido doble significado, pero opté por el que "nunca se le iba a olvidar" a "nunca vas a pasar por mí con ese trasto".
Sabía que mi auto era un trasto viejo y usado a comparación con su flamante Volvo y que nadie se moría por subirse en él, pero a mí me gustaba y con eso bastaba, además Edward no se moriría por subirse en él un día. Sonreí complacida porque mañana lo iba a ver muy temprano.
Hola, de nuevo.
Gracias a Lovely Cullen Swan y a isa-21 por sus reviews. De verdad los agradezco mucho. Y no me molestarían unos cuantos más... en realidad, no pensé que se fuera a sentir así de bien, que escriban su opinión. En verdad lo agradezco.
Agradecimientos: Ily-papo99, lueli y a katherinnecullenmasen
Por agregarme a sus alertas y favoritos. Aprecio que lean, de verdad.
Mañana, miércoles será el cuarto capítulo.
Ah, y deséenme suerte para mi examen de matemáticas el miércoles. Soy un asco en mate, pero estoy yendo asesorías. Espero que ayuden. Necesito sacar 36 de 60 para pasar con 60. Claro que espero sacar más... no quiero tener calificaciones mediocres.
Disfruten el capítulo, espero que les guste. Gracias, nuevamente, por leer.
