La noche del apagón

CAPITULO 2

-Llegaremos poco después de las nueve.
Letty colgó y cerró los ojos. ¿Por qué quería ir John con Dom ? ¿Por qué querían estar los tres juntos? ¿Y qué iban a hacer?
Una fantasía oscura ocupó su mente. Los tres juntos allí en el dormitorio. John, castaño y blanco de piel. Dom bronceado y rapado con un cuerpo espectacular. Dos hombres sexys empeñados en tocar y saborear cada centímetro de la piel de ella y sólo con el propósito de darle placer.
Parpadeó y sacó el vibrador del cajón de la mesilla. No podía pasarse la tarde así.
John era su prometido. Y la mayor parte del tiempo era divertido, generoso y cariñoso. Tal vez ella no pudiera controlar sus sueños, pero ahora estaba bien despierta.
A pesar de sus esfuerzos por centrarse en Jonh, fue la imagen de Dom la que se impuso cuando se estremecía durante el orgasmo…
-Estás horrible -dijo Dominic Toretto
Dejó la cámara con cuidado en una silla de vinilo naranja en el despacho de John y se sentó en otra silla a juego.
apuesto, extrovertido y con un estilo que hacía que siempre pareciera que acababa de salir de las páginas de GQ.. John hacía volver cabezas en una multitud. Una chica en la universidad había comparado una vez a los dos amigos con Apolo y Hades. Eran opuestos tanto en aspecto como en personalidad. John , luminoso y extrovertido. Dominic, oscuro, silencioso, introvertido. Pero John se había mostrado preocupado y tenso por teléfono cuando le había pedido que fuera a verlo y su aspecto producía la misma impresión.
-¿Qué ocurre?
John se sentó en el borde de la mesa de acero inoxidable y columpió una pierna.
-Hace mucho tiempo que somos amigos.
Dom asintió con la cabeza. Se habían conocido en una clase de fotografía en el instituto, donde habían descubierto un interés común por el arte e iniciado una amistad que se había prolongado durante años. Jonh le había lanzado un salvavidas que había evitado que Dominic se ahogara en su propia soledad. Y Dominic , a su vez, le había servido al otro de ancla y le había proporcionado estabilidad. Los padres de John eran cariñosos y extrovertidos, pero volubles.
Por su parte, no sabía si habría hecho carrera en la fotografía si John no hubiera creído en él. Y Dom, a su vez, había ofrecido contactos muy valiosos a su amigo cuando éste se decidió a abrir la galería.
-Sabes que eres el hermano que nunca he tenido -siguió diciendo John he pensado que podía contártelo todo.
En otro tiempo, Dom también había pensado lo mismo. Hasta que descubrió que había cosas que no le podía decir a su mejor amigo. Como que estaba enamorado de su prometida, por ejemplo.
-Espero que siempre seamos amigos -continuó John, Dom suspiró.
-John , a menos que hayas asesinado a una vieja con un hacha, yo siempre seré amigo tuyo -se encogió de hombros-. Seguramente sería también tu amigo incluso en ese caso. ¿Por qué no me dices a qué viene esto?
-Soy gay...

...

-Sí, vamos.
Primero John lo llamaba y le echaba el sermón de la amistad y ahora se dedicaba a hacer el tonto cuando él tenía una sesión de fotos programada para tres cuartos de hora más tarde. Su amigo tenía un sentido retorcido del humor y un sentido nefasto de la oportunidad.
John juntó las manos.
-No lo digo en broma. Es verdad. Soy gay.
Dom se quedó de piedra. ¿John era... gay? ¿Cómo era posible? Habían sido amigos íntimos durante más de una década. Dom era uno de los pocos heterosexuales en una profesión que atraía a los homosexuales como la miel a las moscas.
Además, estaba prometido con Letty, se acostaba con ella de manera regular... ¿y ahora decía que era gay?
-¿Cuándo... cómo...?
-Quizá bisexual lo defina mejor -John se pasó la mano por el pelo corto-. En los últimos años me he sentido cada vez más atraído por los hombres -movió la cabeza y soltó una risa seca y carente de humor-. No te preocupes. Por ti no.

A Dom le importaba un bledo si John se sentía atraído o no por él. Bueno... quizá lo aliviaba un poco que su amigo no le profesara amor eterno, pero había algo que no entendía.
Recordaba muy bien la primera vez que había visto a Letty. Había sido en la galería de arte, en la puerta del despacho de John . Dom había ido allí a un cóctel y había encontrado a Letty en una discusión animada con la responsable del catering. En cuanto la vio, sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. Luego ella se alejó y él buscó a John con la intención de averiguar quién era ella y se enteró de que su amigo se le había adelantado. Antes de que pudiera abrir la boca, John le anunció que había conocido a la mujer de sus sueños y conseguido una cita con ella. Dom adivinó que se trataba de la misma mujer... y acertó.
-¿Y dónde estaba todo esto hace seis meses cuando me dijiste que habías conocido a la mujer de tus sueños? -preguntó.

-Ella es guapa, sexy y tan diferente a todas las demás mujeres de Nueva York que pensé que podía curarme.
¿Ella había sido sólo una cura?
Dom se levantó y se acercó a la ventana que daba a la calle porque necesitaba mirar otra cosa que no fuera el amigo al que ya no estaba seguro de conocer. John siempre había sido egocéntrico, pero aquello...
Fuera, los neoyorquinos compartían la acera con los turistas. En la tienda de electrónica de la acera de enfrente entraban y salían clientes. Un taxi consiguió esquivar a una furgoneta de reparto que le cortaba el paso.
Dom veía en su cabeza fotos, momentos que guardar para el recuerdo. Había apostado a que, cuanto más viera a Letty y más supiera de ella, más fácil le sería resistir su atracción, pero se había encontrado con que ocurría al contrario y había aprendido a apreciar su espíritu, su ingenio y su inteligencia más todavía que su belleza física.

Y él se había mostrado cada vez más seco. Temeroso de traicionarse con una mirada o un comentario descuidados, se ocultaba detrás de comentarios sardónicos y confiaba en que antes o después acabara pasándosele.
Hasta el día de la sesión de fotos con Letty, cuando supo que estaba perdida e irrevocablemente enamorado de ella. Era la única vez que había estado a solas con ella y había entrevisto algo tan dulce y tierno que acabar aquella sesión había sido como un dolor físico.
Y ella sólo había sido una maldita cura para John. Se volvió hacia su amigo y luchó por controlar su rabia.
-¿Y pedirle que se casara contigo era parte de esa cura o para entonces ya te considerabas curado? Estoy un poco confuso. ¿Éste es uno de esos programas que constan de doce pasos?
-¿Te sienta bien ser tan sarcástico y despiadado?

-No especialmente –Dom sintió el impulso de golpear la cabeza de John contra la pared color canela-. ¿Le pediste que se casara contigo sabiendo que sentías esto? ¿Sabiendo que te atraían los hombres?
John se ruborizó.
-Pero también me atrae ella. Pensé que, si me metía a fondo en la relación, esto otro desaparecería -se levantó. Se metió las manos en los bolsillos y empezó a pasear por la estancia.
-¿Pero no desapareció y engañaste a Letty ?
John enderezó los hombros a la defensiva.
-Sólo una vez. Anoche. ¿Conoces a Richard, el pintor de acrílicos que expone ahora? Lo había sorprendido un par de veces mirándome. Anoche nos quedamos trabajando hasta tarde, nos bebimos una botella de vino y una cosa llevó a otra.
A lo mejor todo aquello era sólo un gran error que John exageraba debido a la culpabilidad. Después de todo, tenía tendencia al melodrama y Dom sabía muy bien que los remordimientos pueden distorsionar hasta la imagen más clara.
-¿Bebiste mucho? ¿Estaban borrachos? - preguntó.
John negó con la cabeza.

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