Estaban las tres sin poder hablar después de una deliciosa comida que hacia mucho tiempo no tenían. Katniss había comprado el medicamento para Prim y comida con el dinero que le había dado Peeta.

-¿Cuándo? – preguntó Prim.

-No lo sé, me dijo que él me avisaría.

-¿Estás segura Katniss?

-No tenemos otra opción.

-Pero es casarse con ese hombre, él es malo.

-Prim, jamás dejaría que tú fueras a los juegos, antes me presentaría yo como voluntaria ¿Qué prefieres, que vaya a los juegos o que me case con Peeta Mellark?

Prim bajó la mirada triste.

-¿Qué más te dijo? – preguntó su madre, pero Katniss no le contestó, sino que se levantó a lavar su plato – Prim ve por tu cabra.

-¿Si puedo Katniss?

-Claro, ahí está el dinero.

Prim tomó el dinero que le había sobrado a Katniss después de comprar comida y medicinas, y salió corriendo muy contenta porque iba a recuperar a su cabra.

-Katniss ¿Qué más te dijo ese hombre?

-Que… que no quiere que este cerca de Gale y que… tengo obligaciones como esposa.

-¿Sabes lo que eso significa?

-Sí.

-¿Y aun así…?

-Mamá, no tenemos otra opción, ese hombre aceptó casarse conmigo, no había aceptado a nadie y conmigo si lo hizo.

-¿Por qué crees que si te aceptó a ti?

-Hace meses tuvimos una pelea en el quemador, yo creo que aceptó casarse conmigo por venganza. Él es malo, muy malo.

-Katniss…

-Estaré bien, mamá, al menos estoy segura que él no intentará matarme como me pasaría si fuera a los juegos. Además, me dio dinero para ustedes.

-Pero vas a pasar años viviendo con ese hombre, siendo su mujer.

-Los mismos años que pasaremos padeciendo de hambre y viviendo la angustia y el miedo en cada cosecha.

Habían pasado tres días y Katniss no sabía nada de Peeta, se estaba poniendo nerviosa al no tener noticas de él ¿y si ya se había arrepentido? No sabía qué hacer, tenía miedo de que si iba a buscarlo de nuevo se enojara y la mandara al diablo de una vez por todas.

Aun así, por comida no estaba preocupada, con la que Peeta le había dado y ella comprado con el dinero de él, la estaban pasado bien, además tenían la cabra de regreso y Prim ya estaba preparando queso. Como no sabía nada de Peeta, Katniss decidió buscar a Gale para ayudarlo un poco con comida para sus hermanos, aunque nunca tuvo suerte de verlo, ya que pasaba la mayor parte del tiempo en la mina.

Una mañana Katniss decidió ir a ver como se encontraba la madre de Gale, había estado enferma y ella le había pasado algo de medicamento. Cuando regreso a su casa se sorprendió quien la estaba esperando.

-Katniss, que bueno que llegaste, el señor Mellark te ha estado esperando – le dijo su madre.

-Hola – contestó muy despacio.

Peeta se quedó muy serio y con la mirada fija en ella, así que la madre de Katniss decidió retirarse para dejarlos solos.

-¿Dónde estabas?

-Acompañé a Prim a casa de una amiga.

-¿Por qué me mientes? – Katniss se empezó a poner nerviosa – te lo preguntaré de nuevo ¿Dónde estabas?

-En casa de Gale.

-Creo que fui muy claro contigo.

-Sí, pero…

-¿Pero qué?

-No sabía nada de usted, pensé que ya no…

-Y corriste a brazos de tu noviecito.

-¡Que no es mi novio! – le gritó Katniss.

-¡No me contestes así! Te recuerdo que fuiste tú quien me buscó para que nos casáramos, yo solo te puse las condiciones y tú las aceptaste. Te lo vuelvo a repetir: aun estas a tiempo de arrepentirte – Katniss bajó la mirada y apretó los puños – tan sencillo como que yo salga de tu casa y todo queda olvidado.

-No – levantó la mirada – me voy a casar con usted y…

-Obedecerás.

-Obedeceré.

-Bien. Hoy a las cinco de la tarde te espero en el Edificio de Justicia para nuestra boda.

-¿Hoy?

-Te recuerdo que la cosecha es en dos semanas, el alcalde y yo vamos a estar muy ocupados. Al menos que quieras que lo pospongamos y entonces…

-No – dijo Katniss sabiendo lo que eso ocasionaría: el nombre de Prim y el de ella en esa cosecha – estaré ahí puntual.

-De acuerdo, lleva solo a un testigo, puede ser tu madre ¿o habías pensado en tu… amigo? ¿Qué opina él de nuestro matrimonio? – Katniss no le contestó – Aun no lo sabe ¿verdad? No le quieres romper el corazón – Peeta resopló molesto - te quiero ahí puntual y no quiero lleves a nadie más que tu madre y tu hermana. Por tus cosas no te preocupes, enviaré a alguien para que venga por ellas, así que ten todo listo ¿alguna pregunta?

-No.

En cuanto se cerró la puerta, Katniss empezó a llorar. Su madre, quien había escuchado todo, la abrazó para calmarla.

-No lo hagas, Katniss.

-Mamá, tenemos que pensar en Prim.

-Pero también pienso en ti.

-Yo estaré bien – dijo no muy convencida.

Para en la tarde, Katniss ya se encontraba con su madre y Prim en el edificio de justicia. Desde que había muerto su padre no había regresado a ese lugar. Y ahora se encontraba de nuevo ahí, sintiendo una pena igual o peor.

Peeta llegó con Haymitch únicamente porque su padre estaba delicado de salud y a su madre y hermanos no los invitó. De inmediato empezó la ceremonia, que no consistía en otra cosa que leer los códigos de matrimonio y firmar las actas. Una vez que terminaron, Katniss se despidió de su madre y hermana, y se fue a su nueva casa con su ahora esposo.

Peeta se despidió de Haymitch y entró a su casa. Katniss sin saber qué hacer, simplemente se limitó a sentarse en la sala en cuanto Peeta desapareció tras una puerta en el primer piso.

No sabía qué hacer, no conocía la casa y Peeta no le dijo absolutamente nada. Ahí permaneció hasta que una hora después Peeta salió de aquel cuarto.

-¿Tienes hambre? – Katniss asintió – Sabes donde está la cocina ¿no?

-Sí – era el único lugar que conocía de la casa y eso fue el día que había ido a proponerle matrimonio.

-Bien ¿sabes cocinar?

-Sí.

-Perfecto. Prepara lo que tú quieras, después de comer te mostraré la casa.

Habían comido en silencio. A pesar de que Katniss se esmeró en la comida para que Peeta no tuviera ninguna queja de ella en cuestión de alimentarlo, él no le dijo absolutamente nada. Ni las gracias, ni si estaba bien o mal la comida. Nada. Katniss en cierta manera se alegró de que no le reprochara si la comida no estaba sabrosa, no sabía qué tipo de comida le gustaba a él, así que agradeció ese silencio.

-Vamos a que te muestre la casa – le dijo Peeta en cuanto terminaron de comer.

-De acuerdo.

Caminaron por todo el primer piso de la casa, cuando se detuvieron en la puerta donde Peeta se había encerrado una vez que llegaron.

-En esta habitación no quiero que entres nunca.

-¿Por qué?

-Porque es mía, es privada.

-¿Y cómo haré para limpiar?

-Tú no tienes porque limpiar la casa.

-¿Quién lo hará?

-Viene una persona a ayudarme a limpiar, ella es la única que entra aquí.

-¿Quién es?

-Mañana lo sabrás – le dijo subiendo las escaleras – viene tres veces por semana, así que no tienes por qué preocuparte por la limpieza.

-¿Qué haré entonces?

-Lo que quieras y lo que yo te ordene.

-¿Puedo visitar a mi madre y a mi hermana y regresar a la escuela?

-Claro – se detuvo frente a ella antes de abrir una puerta – pero recuerda que te tengo prohibido que veas a tu… amigo – Katniss no le dijo nada, solo se limitó a asentir. Peeta abrió la puerta – esta es nuestra habitación – Katniss se puso tensa – aquí es donde vamos a dormir tu y yo.

Entraron a la habitación. Era un lugar espacioso y con una cama grande. Para Katniss una habitación enorme, era casi el tamaño de su casa. Tenía un tocador con un gran espejo, y las cortinas y la alfombra se veían limpias y relucientes.

-¿Solo trajiste una maleta?

-Sí, es la única ropa que tengo.

-Puedes ponerla en el guardarropa – le señalo una puerta.

Katniss entró, era un lugar muy amplio pero la mayoría estaba vacío. Solo una pequeña parte la ocupaba la ropa de Peeta.

-¿Alguna pregunta?

-No.

-Voy a salir.

Peeta entró a casa de Haymitch, ya era una costumbre entre ellos entrar sin tocar la puerta y como siempre, Peeta lo encontró bebiendo en la cocina.

-¿Tan pronto dejaste a tu esposa sola? – Se burló Haymitch en cuanto lo vio entrar - ¿no deberías estar con ella rebosando de felicidad?

-Deja de burlarte, tal vez tu también necesitas una esposa – le contestó Peeta recogiendo los platos sucios.

-¿Para qué? Las mujeres solo nos quieren por conveniencia.

-¿Lo dices por mi?

-Lo digo porque todas las mujeres son así.

Peeta se sentó a un lado de Haymitch y se sirvió un trago.

-¿Alguna vez te has enamorado, Haymitch? – no le contestó nada, solo se sirvió más licor a su vaso – jamás te lo he preguntado.

Haymitch siguió sin contestarle.

-¿Por qué aquella ocasión me dijiste que no cometiera el mismo error que tú? Que tú viviste en el rencor ¿Qué me quisiste decir con eso?

-Que no seas un amargado. Lo que pasó en los juegos, pasó y ya.

-¿Acaso tu lo has olvidado? ¿Ya no tienes pesadillas?

-Las pesadillas jamás se van, pero al menos debes intentar vivir en paz con la sociedad, sin ser tan odioso como lo eres tú.

-Odio la hipocresía, y cuando regresé todos fueron unos hipócritas conmigo, incluyendo a mi madre y a mis hermanos. Pero no me cambies el tema ¿Alguna vez te has enamorado?

Haymitch de un solo trago vació su vaso de licor, se volvió a servir otro y se quedó pensando.

-Yo tenía una novia, se llamaba Betty – se tomó el vaso de licor – esa chica me gustaba desde antes de ir a los juegos, así que como regresé como un vencedor, ella se fijó en mi. Salimos un tiempo, pero ella me tenía miedo.

-¿Miedo? – se extrañó Peeta.

-Sí, a veces yo solía ser un poco… agresivo. En ocasiones ella pasaba conmigo la noche, pero cuando yo tenía pesadillas, ella salía corriendo.

-¿La golpeabas?

-No, la amaba demasiado para eso, pero nada podía controlar mis pesadillas. En ocasiones no quería ni estar cerca de mi cuando yo quería dormir, pero con mis regalos que le compraba en el capitolio, cambiaba de parecer.

-¿Y qué pasó?

-Un año después salió sorteado su hermano menor en la cosecha, ella me decía que yo tenía la obligación de ayudarlo, de regresarlo con vida. Que así como ella soportaba mi mal humor, yo tenía que ayudarlo. Él murió en el baño de sangre iniciados los juegos, recuerdo que le dije que corriera lo mas lejos de la cornucopia, que buscara agua, pero hizo todo lo contrario. Cuando regresé ella me culpó por la muerte de su hermano, me dijo que yo no servía para nada – se volvió a servir otro trago – me dejó. Después supe que se casó pero al poco tiempo murió de una enfermedad.

Se quedaron callados tomando más licor, cada uno absorto en sus propios pensamientos.

-¿Por qué aceptaste casarte con esa chica? – Peeta suspiró fuertemente – la amas ¿cierto?

-No lo sé, estoy muy confundido.

-Pero aceptaste casarte.

-Ella tiene un novio o amigo especial.

-¿Y?

-Que así como a tu Betty, ella solo me busca porque le conviene, en pocas palabras, ella es igual de hipócrita que todos.

-¿Entonces? No te entiendo, la hubieras corrido igual como lo hiciste con las demás chicas.

-No sé, creo que muy dentro de mí, aun esta el Peeta que estaba enamorado de ella.

Katniss se dio un baño a como pudo. No estaba acostumbrada a tantas cosas dentro de una regadera. Así que aplanó cuanto botón encontró y se bañó como nunca lo había hecho. Se vistió con un pantalón y una playera sencilla, en realidad no tenía mucha variedad de ropa, pero su madre le había regalado sus mejores prendas para que estuviera bien presentable en casa de Peeta, ahora su casa.

Peeta llegó justo para la cena, Katniss había preparado un estofado de res que una vez Sae le había dicho como hacerlo, solo espero que a Peeta no le pareciera del todo feo, ya que era la primera vez que lo preparaba.

De nuevo, sin decir nada, Peeta cenó y cuando terminó subió a su habitación. Katniss recogió la cocina y subió esperando lo peor. Tenía que cumplir con su trabajo de esposa.

Estaba sumamente nerviosa, su madre le había dicho algunas cosas referente al sexo, las cuales no ayudaron en nada, al contrario, la pusieron aun más nerviosa. Entró a la habitación y escuchó el agua correr de la regadera. Rápidamente se puso su pijama que consistía en un pantalón y un blusón de manga larga. Se vio en el espejo, de sexy no tenía nada. No sabía qué hacer, si provocarlo para que estuviera contento con ella, o bien, esconderse. Su madre le había dicho que era su noche de bodas, y que seguro que él esperaba algo de ella. Así que se deshizo la trenza y se cepilló el cabello para que se le viera bonito, pero ¿a quien quería engañar? Ella no se sentía bonita y no tenía ropa de dormir que pudiera gustarle a Peeta.

Se abrió la puerta del baño y Peeta salió con una toalla en la cintura y completamente mojado. Katniss se tensó, jamás había visto a un hombre desnudo. Cuando llegaban enfermos a su casa para que su mamá los ayudara, ella corría al bosque, pero sin saber por qué lo que estaba viendo le gustaba. Peeta tenía la espalda ancha y los brazos fuertes, su pecho y su abdomen tenían claras marcas de que hacia ejercicio, aunque también tenía cicatrices, supuso que por los juegos.

Peeta tomó su ropa y de nuevo entró al baño regresando con un pantalón de pijama puesto.

-Buenas noches – le dijo Peeta y se acostó apagando la lámpara de su buro.

Katniss sin saber cómo reaccionar, caminó alrededor de la cama y se acostó a un lado de él ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Se veía tan mal como para que él ni siquiera la deseara? ¿Y si solo se casó con ella para molestarla y al día siguiente le pedía el divorcio? La nueva ley decía claramente que solo cuando estuvieran casados su nombre o el de familiares directos, no estarían en las urnas, pero si decidían divorciarse, automáticamente los nombres regresaban el día de la cosecha. Angustiada se quedó dormida.

Un grito desgarrador hizo que se levantara de un brinco, corrió hacia una esquina y vio como Peeta se levantaba gritando y tratando de apartar algo invisible de él. Ahí se quedó, escondida detrás de una silla asustada. Peeta poco a poco se fue calmando, su respiración se volvió a normalizar y después empezó a buscarla con la mirada por la habitación.

-Fue una pesadilla – le dijo cuando la encontró.

Salió de la habitación y Katniss caminó hacia la puerta viendo por las escaleras como él, de nuevo, se encerraba en aquella habitación de la planta baja, aquella en la que le prohibió entrar porque era algo privado.

De nuevo se acostó algo temerosa. Tuvo miedo en ese momento de que Peeta le fuera hacer algo. Parecía un monstruo gritando. Se mantuvo alerta hasta que cayó en un profundo sueño sin que regresara Peeta.

A la mañana siguiente, se despertó sola, tal y como se había quedado dormida después de la pesadilla de Peeta. Escuchó ruido afuera de la habitación y decidió salir para ver qué pasaba.

Caminó despacio hacia la habitación donde se escuchaba que movían cosas, supuso que era Peeta, pero a quien se encontró fue a la mamá de Rue.

-¿Señora Amanda?

-Hola, Katniss, no te desperté ¿verdad?

-No ¿Qué hace aquí?

-Vengo a ayudarle a Peeta con la limpieza de la casa. Él nos ayuda económicamente, lo menos que puedo hacer es venir a darle una limpieza a su casa ¿cómo está Prim?

-Bien, gracias.

-Dile que la extraño, que vaya a visitarme como cuando… estaba Rue.

-Se lo diré.

-Ya preparé el desayuno, Peeta me dijo que estabas durmiendo y que no te despertara. Me alegro tanto que te hayas casado con él, es un buen chico – Katniss frunció el ceño – anda, ve a desayunar, después hablaremos por si quieres que haga algo especial aquí, ya eres la señora de la casa – le sonrió acariciándole una mejilla.

Katniss bajó a la cocina, al irse acercando pudo escuchar murmullos y risas. Cuando entró se sorprendió de lo que estaba pasando. Peeta reía, sí, reía como jamás lo había visto y ni siquiera imaginado. No era el Peeta que había conocido, su semblante era otro, esa sonrisa lo hacía verse diferente. Estaba con las hermanas de Rue, aquellas tres niñas morenas muy parecidas a aquella niña que murió en la arena. Las tres sonreían junto con Peeta quien les estaba dando una masa para hacer galletas, todos con harina en la cara.

-¿Qué molde van a querer? – les preguntaba Peeta.

-Corazones – contestó la más pequeña.

-No, los corazones los hicimos la semana pasada, mejor estrellas.

-¿Vendieron todas las galletas?

-Sí, todas, con ese dinero me pude comprar un vestido nuevo.

-Me alegro – Peeta le sonreía a la pequeña - ¿Qué les parece si les ponemos chocolate?

-¡Si, si, si! – saltaban las tres.

-Muy bien, tenemos que… - Peeta volteó a la puerta donde estaba parada Katniss y de inmediato borró la sonrisa y se puso serio – buenos días.

-¡Katniss!

-Hola, niñas ¿Cómo están?

-Bien ¿Y Prim?

-Está en casa de mi madre ¿Qué hacen aquí?

-Todos los domingos Peeta nos ayuda a hacer galletas para nosotras venderlas.

Katniss volteó a ver a Peeta sorprendida mientras que él empezaba a preparar el chocolate sin voltear a verla.

-Niñas, empiecen a hacer las galletas porque ya está listo el horno – les dijo Peeta.

Las niñas empezaron a hacer los cortes de las galletas con los moldes que tenían en la mesa. Katniss se acercó poco a poco a Peeta.

-Buenos días.

- Amanda te dejó el desayuno listo, le dije que no te despertara porque supuse que lo que pasó anoche… bueno, no pudiste dormir bien.

-¿Estás bien?

-Sí, solo fue una pesadilla, nada más.

Los días pasaban igual. Katniss iba a la escuela en donde era el blanco de todas las miradas y murmullos por ser la esposa de Peeta Mellark, después acompañaba a Prim a casa de su madre y convivía un rato con ellas. Cuando regresaba, Peeta no le dirigía la palabra más que lo necesario, la mayor parte del tiempo estaba en su habitación privada o con Haymitch. Pero por las noches, tenía sus pesadillas en donde Katniss solo se levantaba temerosa de que la lastimara.

Por su parte, Katniss hacia algunas labores domesticas o bien, le ayudaba a Amanda, la madre de Rue, a cualquier cosa con tal de hacer algo. Se aburría mucho, sobre todo los domingos porque era el día en que Peeta le prohibía salir, ya que sabía de antemano que era el día libre de Gale en la mina.

Una tarde, Peeta preparaba pan en la cocina mientras Katniss lavaba unas verduras que recién había comprado después de la escuela.

-¿Necesitas dinero para tu madre? – le preguntó Peeta.

-No, han estado bien, Prim ha estado vendiendo queso y yo les he llevado algo de lo que he comprado para la comida.

-Necesito que me ayudes con algo mientras yo esté en el capitolio por los juegos.

-Claro.

-Quiero que estés al pendiente de las treselas que se sirvan en el distrito.

-¿Las treselas?

-Sí, yo no sabía que servían comida podrida hasta que tú me dijiste.

Katniss recordó como se había molestado él en aquella ocasión, como había golpeado la mesa con rabia.

-Así que te encargaras de eso, revisaras que toda la comida este en buen estado. Darius te puede orientar.

-De acuerdo.

-¿Le quieres llevar pan a tu hermana? – le preguntó Peeta con una charola recién salida del horno.

-Le gustan las que tienen queso – Katniss sonrió.

-También son mis favoritas – le contestó Peeta sonriendo también.

Los dos se quedaron con la vista fija, sonriéndose mutuamente.

-Peeta… ¿Por qué tienes tantas pesadillas?

De nuevo Peeta se volvió a poner serio.

-Jamás lo entenderías –dejó la charola de pan en la mesa y salió de la cocina, dejando a Katniss sola.

-No, así como jamás entenderé tus repentinos cambios de humor – se dijo así misma.

Llegó el día de la cosecha. Peeta había estado muy ocupado en el Edificio de Justicia junto con Haymitch, así que paso toda la mañana sola.

Por la tarde, Peeta llegó acompañado por Haymitch, Effie y Cinna, quienes platicaban referente a las nuevas reglas como mentores.

-¡Tu eres Katniss! – Gritó emocionada Effie – cuando Haymitch nos dijo que Peeta se había casado, no lo podíamos creer ¿verdad, Cinna? Aun no le perdonamos que no nos haya invitado a la boda. Peeta tenemos que hacer una fiesta.

-Olvídalo, Effie, te he dicho que no.

Katniss veía extrañada a Effie, esa mujer siempre le había parecido de lo más rara. Cada año venia vestida con ropa demasiado extravagante a su parecer, y ni que decir del maquillaje y el cabello. Siempre la había odiado, solo porque ella era la encargada de sacar el nombre del tributo del distrito 12.

-Tu esposo es un amargado – le dijo Effie.

-Hola, Katniss, mi nombre es Cinna, soy el estilista del distrito 12 y amigo de Peeta.

-Mucho gusto.

-Y yo soy Effie, bueno a mí ya me conoces ¿verdad?

-Sí – le contestó Katniss haciendo una mueca.

-¿Lista para conocer el capitolio? – preguntó Effie emocionada.

-Ella no va a ir – dijo Peeta.

-¿Por qué no? Los pocos mentores que hay casados llevan a sus esposas o esposos a los juegos.

-Eso no significa que yo tenga que hacer lo mismo.

-Pero ahí… podríamos llevarla de compras ¿verdad, Cinna? – Effie se acercó al oído de Katniss para que nadie escuchara - cariño necesitas mejor ropa.

-Katniss tiene que ir a la escuela – le dijo Peeta a Effie.

-¿Para qué ir a la escuela? Peeta es tu esposa, no necesita más que estar a tu lado en todos los eventos a los que tengas que asistir y para eso, cariño – Effie vio a Katniss - necesitas mejor ropa.

Katniss bajó la mirada, ahora Effie lo había dicho en voz alta y eso la avergonzó un poco. Sabía que su ropa no era ni la mitad de buena como la que ellos vestían.

-Effie, mi esposa hace lo que yo diga, así que ella no va a ir a los juegos, se va a quedar aquí, en su casa – dijo Peeta en tono firme.

-Eres insoportable a veces ¿te lo han dicho?

-Todo el tiempo.

Tanto Peeta, Haymitch, Cinna y Effie, estuvieron en la sala hablando de cosas que Katniss no entendía, así que solo se limitó a servirles café y panecillos que había hecho Peeta.

A donde si acompañó Katniss a Peeta, fue a la cosecha. Estuvo junto a él mientras Effie sacaba el nombre de los nuevos tributos. Podía sentir la mirada de todas aquellas chicas que también le habían pedido matrimonio a Peeta y que fueron rechazadas. La veían con odio, porque ahora ni el nombre de ella, ni de su hermana estaría en la urna. Claro, hasta que Peeta decidiera lo contrario, así que tenía que portarse tal y como él le ordenara.

Pero lo que más le estaba afectando era la mirada de Gale, no lo había visto desde hacía mucho tiempo. Antes de casarse con Peeta, no lo había visto porque él trabajaba en la mina doce horas diarias, excepto los domingos, además Peeta le había prohibido verlo, así que solo había pasado por su casa para ver a su madre, que por ella sabía que Gale estaba enterado de su decisión de casarse y eso hizo que él se alejara mas de ella, cosa que le dolía mucho. Ahora viéndolo de nuevo, se dio cuenta que lo extrañaba mucho, extrañaba a su hermano, a su confidente, a su único amigo.

Cuando salió un niño de trece años como tributo varón, Katniss pudo sentir como Peeta empezaba a respirar entrecortadamente. Con respecto a las mujeres, había salido seleccionada una chica de veinte años, Katniss no la conocía muy bien, solo sabía que era una de las chicas que visitaba a Darius por dinero. Pero pudo notar que a Peeta le había afectado mucho el hecho de que un niño de trece años fuera a los juegos.

Y eso lo comprobó una vez que llegaron a su casa. Peeta de nuevo se encerró en su habitación privada y pudo escuchar como si aventará cosas de ahí. Decidió alejarse, y como le había dicho Effie, preparara la maleta que se llevaría Peeta a los juegos.

Ya tenía todo listo, en el auto estaban Cinna, Haymitch y Effie esperando a Peeta, mientras que Darius y unos agentes de la paz los escoltaban.

Peeta salió de su habitación ya más tranquilo, tomó la maleta que le tenía Katniss y salió a subirla al auto.

-Darius, necesito que vigiles a mi esposa en todo este tiempo que yo no este.

El jefe de los agentes de la paz volteó hacia la entrada de la casa de Peeta en donde estaba Katniss parada.

-¿Quieres que le asigne un agente de la paz para que la cuide?

-No, solo que la vigilen sin que ella se dé cuenta, cuando yo regrese quiero un informe detallado de todo lo que hizo en mi ausencia. También quiero que ya no electrifiquen la cerca.

-De acuerdo.

Peeta regresó a donde estaba Katniss, viéndola directamente a los ojos le dijo:

-Me voy, sabes muy bien todo lo que puedes y lo que no – enfatizó el "no" – puedes hacer – Katniss asintió – bien, nos vemos después.

Se le quedó viendo un momento, estaban frente a frente. Peeta se acercó a ella y le dio un beso en la boca, un beso tierno, un beso de despedida de un esposo hacia su esposa.

Katniss no supo cómo reaccionar, primero porque era su primer beso, segundo porque se lo daba Peeta Mellark, su esposo, el millonario y vencedor de los juegos del hambre, y tercero…porque le había gustado.


Mil gracias por todos sus reviews, me dan ánimo de seguir con la historia. También agradezco el PM de Katniss bella luz, hace mucho que no me mandaban PM jejeje.

En los fics que he escrito de Harry Potter siempre pongo avances de los siguientes capitulos por facebook, voy a empezar a hacerlo con ésta historia, por si alguien quiere darse la vuelta por ahí. Estoy como Nat Potter W (hpdenu )

Saludos a todos.