El frio viento de la mañana entra por la ventana, agitando las cortinas de color tinto, proyectando la sombra de estas dentro de la habitación por los escasos rayos del sol que comienzan a iluminar la mañana.

Un cuerpo comienza a despertarse, unas orbes azules saludan el nuevo día que recién comienza

Sus brazos apresan mas el cuerpo de un italiano junto al suyo, el menor se deja apresar y permite que su amante rodee su frágil cuerpo contra el propio.

el japonés de cabellos negros aspira el aroma de el chico entre sus brazos, dejando que la esencia del menor inunde sus 5 sentidos, con sus dedos acaricia aquella delicada, tersa y suave piel.

Besó sus cabellos plateados, miro el reloj que se encontraba sobre el buro a su derecha, 5:45 am era la ora que este marcaba en números color verde.

-será mejor que nos levantemos de una ves- comento Hibari a su acompañante ya despierto mientras se levantaba de aquella cama en la que ya muchas noches atrás había dormido y despertado.

El menor aun en la cama y entre las cobijas asintió en modo de afirmación, se sentó lentamente sobre la cama , cubrió su desnudes con las sabanas blancas desechas que se encontraban junto a el y miro a su alrededor, aun era temprano el sol no había salido del todo.

Tan frágil… así era como se veía Gokudera, hermoso, era la palabra con la que Hibari describiría al menor en estos momentos que lo tenia hay en frente solo para el y nadie mas, por que solo era suyo….solo suyo…

El japonés camino hasta el armario, donde saco un uniforme suyo, no era la primera ves que dormía hay, se podría decir que aquel departamento ya era de ambos, había tantas cosas de Hibari como del italiano.

Rápidamente se cambio, Gokudera desvió la mirada sonrojado, jamás dejaría de ser tan inocente, pensó Hibari al percatarse del carmesí que adornaba las mejillas ajenas.

Saco otro cambio de ropa y se lo dio al menor, besó aquellos labios color carmesí, aquellos que tantas veces en el pasado ya había mordido, devorado y tomado como suyos.

-mmm…- un gemido escapo de la boca del menor mientras se dejaba llevar por aquel beso, la pación hacia su aparición estelar sobre el escenario.

Gokudera abrazo al mayor por el cuello, dejando que la sabana blanca se deslizara por su suave y blanca piel hasta caer de nuevamente a la cama, dejando su cuerpo desnudo a la merced del prefecto, de aquel carnívoro con sed de sangre.

Las manos del prefecto tomaron al menor por la cintura, aquellas manos pertenecientes a aquel prefecto, que tantas veces en el pasado ya había pecado de distintas e incontables maneras.

A cedido a la lujuria, a la pasión miles de veces, cada noche, cada día en el que se sentía necesitado, cuando su instinto animal se apoderaba de su cuerpo y pensamientos, tomaba aquel cuerpo inocente, sin importarle mucho el que este quisiera o no, siempre lograba su objetivo, nada ni nadie se lo impedía.

Ha envidiado toda aquella atención que SU herbívoro prestaba a aquel inútil que idolatraba, y ha deseado matar a este miles de veces por robarle sonrisas al italiano, por meterse con algo de SU propiedad.

Asesinato, asesinó las esperanzas, aquellas ilusiones y sueños que el beisbolista guardaba y conservaba en su memoria, cuando al salir de la escuela una tarde ya tiempo atrás, beso, acaricio y toco al italiano frente suyo, sin importarle el saber que Yamamoto amaba locamente a la tormenta, acabo con el sin siquiera darle la oportunidad de declararse al peli plateado, acabo con un romance que ni siquiera la oportunidad les dio de comenzar.

Tantos pecados había cometido ya, a su corta edad de 15 años, pero estos en verdad poco le importaban, no se iba a detener, le gustaba su vida y no cambiaria absolutamente nada de ella, menos a la persona que en estos momentos besaba y a la vez se posicionaba sobre aquel codiciado y bello uke.

Acaricio el cuerpo del italiano, aquel que tantas veces ya había recorrido pero sin embargo no se cansaba de el, jamás lo aria, aquellos voluptuosos músculos traseros del menor eran una tentación, el sabor de sus besos su adicción, sus largas y bien formadas piernas su locura, simplemente el italiano era una droga y el su consumidor.

Los besos continuaron, poco a poco ambos jóvenes cedieron a las caricias, pero finalmente el japonés se detuvo en el cuello del de ojos verdes, se levanto poco a poco y miro el rostro sonrojado de la persona bajo de el, la cubrió con la sabana blanca que antes llevaba puesta.

-será mejor que no vayas a la escuela, no hasta que te recuperes…- comento el prefecto mientras se levantaba de la cama y miraba las heridas aun presentes en el cuerpo de su amante, volvió a cambiarse como es debido, aquel pequeño juego había bastado para dejar su perfecto uniforme fuera de lugar.

-…si….-susurro la tormenta mientras tomaba la sabana entre sus dedos y volvía a cubrirse con ella, observo a la nube caminar rumbo a la puerta de la habitación

-adiós Hibari..- dijo esperando captar la atención de el aludido

-adiós Hayato- respondió, volteando tan solo un poco para ver a aquel que lograba sacarlo de sus casillas en más de una manera.

Escucho los pasos del mayor alejarse hasta llegar a la puerta del departamento, la cerradura cedió y se abrió ante aquel carnívoro, en cuanto este salió se cerró.

Gokudera corrió a la ventana de su habitación, desde donde pudo observar a su amante marcharse con el uniforme del comité disciplinario rumbo a la escuela.

-Kyoya…-

Por mas que quiso quedarse en casa, no logro hacerlo, el ruido de las manecillas del reloj marcar el tiempo se escuchaba en todo el lugar, a pesar de que dicho reloj estuviera en la sala y el en el cuarto

Todo se sentía tan…vacio…. Tan solo…

Tomo su uniforme y se cambio como era debido, camino un poco por la casa, ya no estaba tan mal, siempre y cuando no tuviera que realizar alguna clase de actividad física durante ese día todo estaría perfecto.

Tomo su mochila y seguidamente sus llaves, abrió la puerta de su departamento y después salió rumbo a la escuela.

Faltaban 5 minutos para las 7, definitivamente no llegaría a tiempo, pero eso no le importaba, el no era exactamente un "alumno modelo" que digamos, mas bien era una clase de…"alumno rebelde" .

Caminaba tranquilamente por las calles sin preocupación alguna, cuando noto como un Ferrari color negro comenzaba a seguirlo, en la esquina de la cuadra se detuvo y espero hasta que el dueño del auto se estacionara a su costado izquierdo, lo cual no tardo mucho en pasar.

-¿que demonios quieres ahora?-pregunto cabreado el estudiante al conductor del automóvil que había estado siguiéndolo desde ase ya varias calles atrás, después de todo ya sabia quien era la persona que lo seguía.

-vamos Hayato, déjame llevarte a la escuela- pidió un italiano de cabellos rubios y ojos color miel mientras bajaba el vidrio del asiento del copiloto y poder mirar al joven estudiante.

-¡ya te dije que me dejaras en paz!- grito el de ojos verdes, pero el otro no parcia captar la idea, al contrario, bajo del auto y se puso frente al menor.

-no aceptare un no como respuesta-contesto sonriente y después abrazo al menor y lo cargo como si de un costal de papas se tratara.

-¡hey! ¿¡Que te pasa!? ¡Bájame! ¡Ya te dije que no quiero ir contigo! ¡DINO!- grito el mas chico, mas sin embargo el otro lo ignoro y termino por subirlo al auto además de ponerle seguro a las puertas para que no fuera a bajar.

Después rodeo el auto y subió al asiento del conductor, noto como el menor ya se encontraba de brazos cruzados y con el seño fruncido en señal de molestia, así como también una ligero puchero se formaba en sus labios, aquellos a los que días atrás les había robado un beso.

-pareces un niño mimado con esa cara Hayato-comento un sonriente Dino al comparar el estado actual de Hayato con lambo cuando se enojaba por algo.

-deja de llamarme Hayato, ¿Quién te crees que eres?- respondió a la defensiva la tormenta.

¿Quién se creía que era para nombrarlo por su nombre? Solo a dos personas les tenia permitido que lo llamaran así, solo su hermana mayor Bianchi y…Hibari… solo ellos, ¡nadie mas!

-jaja vamos tranquilízate...solo quiero estar a solas contigo un rato-se explico Dino, mirando al bello uke que tenia a su lado.

-eres un pedófilo Dino-san –grito a todo pulmón Gokudera sin importarle que alguien fuera del auto pudiera escucharlo y se crearan una mala imagen del rubio.

-¿que? ¡No espera! ¡No malinterpretes! ¡No quise decir eso!- dijo el chico rubio mientras alzaba las manos en su defensa, al comprender lo que había dado a entender a su joven acompañante de escasos 14 años de edad.

-pero lo dijiste, eres un pedófilo- alego el de ojos verdes, causando que el mayor en verdad se sintiera como un pedófilo, por fantasear con aquel chico menor de edad.

-¡claro que no! Tus eres un adolescente muy pervertido, al malinterpretar así las cosas- se defendió el Cavallone, provocando un sonrojo en el estudiante

-¡no soy un pervertido! ¡No soy como tu Dino-pervertido! – el mayor sonrió con malicia y un poco de…¿perversión?

-bueno..tal ves…solo sea un poco…pervertido, y tu me as convertido en un pedófilo hayato- susurro de manera sensual el potro

-¡cállate! Mejor apúrate a llevarme a le escuela!- grito el menor completamente rojo, sentía como Dino a cada segundo invadía aun mas su espacio personal, estando ambos peligrosamente cercas , pero, finalmente se detuvo.

"con calma Dino"

Se decía mentalmente el capo Cavallone, se alejó del menor y vio el enorme sonrojo que había en las mejillas de este.

-ok, vayamos a tu escuela- dijo el potro mientras encendía el motor y se ponía en marcha a la escuela del medio italiano, mientras este mantenía la mirada fija en sus tenis de color negro.

El resto del trayecto fue en silencio, el menor seguía bastante avergonzado por lo ocurrido momentos atrás, sin mencionar aquel beso que le fue robado de sus labios por el italiano de cabellos rubios y ojos color miel.

-hemos llegado- aviso el décimo capo Cavallone a su acompañante, el aludido intento abrir la puerta del auto para poder bajar y desaparecer de la presencia del mayor de una ves por todas, pero algo se lo impidió, las puertas tenían seguro, intento quitárselo pero al parecer era imposible…era obra de Dino, quien había previsto su evidente escape

-¡quita el seguro!- grito el menor enojado y desesperado al notar que su sofisticado plan de escape había fracasado por completo, debido a las tácticas preventivas del potro.

-mmm….convénceme- pidió el italiano mientras una pervertida sonrisa surcaba su rostro y permanecía en su sitio sin flaquear.

-¿¡que insinúas!?- pregunto Gokudera mientras se pegaba mas a la puerta como si de esa forma se fuera a abrir mágicamente

-…vamos…eres muy inteligente…no me digas que no has entendido hayato~ -dijo lo último en un susurro casi sensual y provocativo, el de ojos verdes casi podría jurarlo, así como también había un poco de doble sentido en aquella frase.

-¡idiota! ¡Déjame salir ahora! – ordeno el de hebras plateadas tratando de camuflaje un poco de su vergüenza con su aparente enojo asía el rubio junto a el.

-con una condición- pidió el mayor mientras alzaba su dedo índice y señalaba al de ojos verdes –quiero un beso- solicito el de ojos color miel, el color carmesí no tardo en aparecer sobre las mejillas de la tormenta.

-eres un pedófilo!- exclamo el mas chico, y segundos después su puño marco la mejilla izquierda del potro.

Dino vio venir el golpe, mas no a tiempo, pero lo aprovecho para tomar al menor del brazo con el que lo había golpeado y lo atrajo asía el, al punto de que el adolescente quedo prácticamente sobre el cuerpo del mayor.

-¡suéltame!- grito el más chico mientras golpeaba el pecho del potro para escapar, pero solo conseguía que el otro lo apresara más contra su cuerpo. – eres un pervertido ¡suéltame!

-tranquilo no pienso hacerte nada – respondió el rubio mientras aspiraba el olor de los cabellos plateados del mas chico – solo quería un abrazo Hayato- se excuso abrazando tiernamente el cuerpo entre sus brazos.

Sin saberlo, Gokudera se sonrojo ante aquellas palabras, el estar así…entre los brazos de Dino y su pecho lo hacían sentir completamente extraño, no sabia que era en realidad pero…. De alguna manera tenia miedo a aquel extraño y desconocido sentimiento que lo comenzaba a embargar.

-di-Dino- tartamudeo nerviosamente el adolescente tratando de llamar la atención del hombre bajo suyo.

-¿Qué?- pregunto el de ojos miel mientras estrujaba mas al menor, como si de un osito de felpa se tratara y el fuera un niño de 5 años de edad.

-…me tengo que ir…- susurro débilmente la auto nombrada mano derecha del décimo capo Vongola.

Dino lo soltó y después quito los seguros a las puertas.

-que te valla bien Hayato~- lo despidió con una enorme sonrisa en su rostro.

No supo que responder, en verdad no lo sabia, así que sonrió ligeramente y se dio la vuelta,

¿Qué es lo que le sucedía? ¿ Por que al estar a solas con el potro su garganta se quedara seca, y las palabras se atoraban en ella?...¿que era toda esta confusión que lo comenzaba a embargar?