FANFIC: De noche todos los gatos son pardos.

Capítulo 3.

Hyuga bebía molesto su refresco de cola en un local de 24 horas, mordió el baguette buscando apaciguar el dolor en su estómago, ya no sabía si por el hambre o por haber visto a la chica castaña así.

Ahora tenía una duda garrafal, había visto bien?... Se besaban, de eso no había duda… pero, era la chica castaña? si, si era ella, solo que traía puesto un sencillo, pero lindo vestido en tenue color azul cielo… cuando fue la última vez que la había visto con un vestido?... bueno, nunca la había visto con uno… siempre había usado el uniforme de entrenamientos en las instalaciones del Reggiana y blusa con pantalón de mezclilla cuando salían… pero, debía aceptar que se veía muy hermosa vestida así… no… -sacudió su cabeza- ese no era el tema… bien, ahora el chico con el que Narda se besaba era… -golpeó molesto la mesita del local- a ese chico él bien que lo conocía, era Genzo Wakabayashi… pero, qué acaso no estaba en Alemania? militando en el Hamburgo?... qué demonios hacía en Turín?... y por qué tenía que estar con ella?…

Terminó su baguette y arrojó el envoltorio al bote más cercano, su estómago ya no le dolía, pero ahora el malestar que sentía era otro y muy, muy extraño en el pecho. Decidió regresar caminando a su apartamento, necesitaba aire fresco.

Las calles de Turín eran muy seguras, además apenas sería cerca de la medianoche. Si querías problemas bien podrías optar por las calles de los barrios más bajos, donde abundaban establecimientos de mala muerte, pero él jamás iría ahí.

El alto nipón continuó su camino e ingresó al parque Vicentino con la finalidad de acortar su ruta, pero se arrepintió en pocos minutos, era incómodo pasar sin mirar a la gran cantidad de parejas que se daban besos y caricias, apresuró el paso.

El Tigre miró a lo lejos la escalinata que daba fin a la plazuela, sonrió y apresuró aun más su caminar, llevó su mano al barandal de la escalera y coincidió con otra que también tomaba el pasamanos, sintió un vuelco en su recién lleno estómago.

- Hyu… Hyuga… -la voz temblorosa de la chica mexicana lo dejó congelado- qué… qué haces aquí?!

- … -se quedó mudo y la miró sorprendido, era la jovencita castaña con ese vestido de leve tono azulino que la hacía lucir linda-

- Narda! –el grito del chico los hizo voltear a ambos- espera!

El japonés miró las orbes de la castaña que observaba al chico de gorra que se acercaba a paso veloz, pero no logró comprender que expresaban, el joven llegó hasta donde se encontraban y los miro cuestionante. La jovencita mexicana suspiró y miró a ambos varones, no tenía al parecer opción.

- bu… bueno… -exclamó titubeando un poco- Hyu… Hyuga… -le llamó al japonés primero- te presento a Leonardo Garza... –indicó al chico de gorra- Leo… él es Kojiro Hyuga, jugador del Reggiana… -indicó ahora al nipón-

- hola, Sr. Hyuga… -le extendió la mano amistosamente el joven latino y el japonés no pudo dejar de verlo, tenía su misma estatura y si, se parecía mucho a su compatriota Genzo Wakabayashi.

- hola… -emitió como autómata el Tigre- mucho gusto… Sr. Garza… -unieron sus palmas y ambos detectaron una corriente de hostilidad correr por su sistema-

La jovencita castaña los miró sorprendida, ambos se comportaban extraños a su parecer, conocía suficiente al japonés y a un más a su compatriota, denotaba que ninguno de los dos estaba siendo sincero con ese saludo.

- bu… bueno… -la castaña no sabía que decir- yo creo que… -no pudo decir más, en un acto rápido el chico de gorra le tomó de la cintura- ah!

- fue un gusto conocerle, Sr. Hyuga… -emitió- creo que solo me faltaba usted… -explicó- en la cena con los amigos de mi prometida, ella me presentó a todos… -miró sonriendo a la sorprendida ojigris y aprovechando su distracción le dio un fugaz beso en los labios-

El Tigre apretó sus puños altamente molesto, acaso no había escuchado bien?, él la llamó "su prometida" y se habia trevido a besarla descaradamente sin importarle su presencia.

- Leo… -exclamó la castaña retirando la mano del chico de su cintura con disimulo- creo que lo mejor es que tomes el taxi aquí… -recomendó- tu avión sale muy temprano… -lo miró con ojos molestos-

- si… tienes mucha razón, linda… -se acercó a intentar besarle una vez mas, pero ella ladeó su rostro y lo alejó con su mano en el hombro- nos veremos en México pronto… -capturó su mano y depositó el beso en ella- adiós, preciosa… nos vemos, Sr. Hyuga… -se despidió del japonés- ah! y ojalá que pueda ir a nuestra boda, esta cordialmente invitado… -sonrió presuntuosamente- solo espero que consiga algo mejor que lo que trae puesto… -y se alejó subiendo las escaleras con aire de superioridad-

El delantero moreno lo miró alejarse, ahora si no tenia duda, Wakabayashi había tenido un hermano gemelo y se le había extraviado en México, el actuar de ese chico era tan petulante y engreído como el mismísimo "Super Great Goal Keeper".

Al regresar su mirada se encontró con las temerosas orbes grisáceas, se sorprendió, era la primera vez que la chica mexicana lo miraba con temor. Ambos se quedaron en silencio unos instantes, un silencio realmente incómodo para el Tigre Hyuga e imaginó que para la chica latina aun más.

- Hyuga… yo… -iba a decir algo la castaña, pero el nipón se le adelantó-

- hacen bonita pareja, González… -lanzó dándole la espalda-

- eh?! –se sorprendió la chica ojigris al escucharlo decir aquello-

- te hubieras ido con él, tonta… -le aconsejó mordaz- así se despedían más… bueno, tú sabes… -dejo la frase libre para la chica-

- cállate, Hyuga!… -le respondió con voz enojada la mexicana-

- vamos, niña… -emitió con burla sin voltear el moreno, pero la verdad es que estaba furioso y no dejaría que ella lo descubriera- y dime, desde cuándo llegó? que bien escondido te lo tenías… –se alejó unos pasos a la escalera- somos adultos… yo no le diré a los chicos que…

- te dije que te callaras! –le gritó demasiado fuerte, las parejas que se encontraban cerca no pudieron evitar voltear y algunas separarse del susto-

El japonés volteó lentamente y asustado también, habían discutido infinidad de veces, pero ella jamás le había gritado de esa manera. Se sorprendió, la chica estaba llorando, las orbes grisáceas dejaban escapar gruesas lágrimas y su rostro era un rictus de enorme tristeza.

- eres un… un… reverendo… … …! –le gritó algo en su natal español y se dio la media vuelta para irse corriendo de ahí-

Kojiro Hyuga se quedó de una pieza, pero no por no comprender lo que la chica castaña le gritó en su idioma, sino que lo dejó altamente confundido, por su extraña reacción.


El japonés no dejó pasar más tiempo, acudió por la mañana al departamento del chico mexicano, sabía que Darío era el ya inseparable amigo de la jovencita ojigris. Le contó al delantero castaño, con lujo de detalles, lo ocurrido en la noche que no regresó al bar con el resto de los chicos del Reggiana.

- si que eres un estúpido, Hyuga… -le expresaba el chico castaño, mientras colocaba una bolsa de hielo en su cabeza-

- pues, yo no soy el que tiene una jaqueca terribleee! –le gritó el nipón y el jovenzuelo se cubrió los oídos-

- ok… ok… -suplicó- ya… ya no grites, Tigre… por piedad… -se dejó caer en el sillón-

- dime lo que sabes o comenzaré a gritar otra vez, Darío… -le amenazó-

- bien… no tengo opción… -se recostó en el sofá- escucha, Narda me dijo a mitad de semana que vendría ese chico…Leo… -le contó- sus padres "le ponen casa y le matan pollo"… -expresó en su natal idioma, pero al ver la cara de confusión del japonés, optó por explicarle mejor- bueno, es decir, sus padres creen que él es el hombre con el que le conviene más casarse… -hace con su mano la seña de dinero- es de familia pudiente, de renombre… tú sabes… además de que… pues, como es hijo del principal socio del papá de Narda… -hace una pausa de pronto-

- socio? – cuestiona el japonés confundido y al mexicano se le eriza el pelo-

- chin! Dario tarado! –lanza autoregañandose- ya la cajetié! –se lleva ambas manos a la cabeza- esta cruda me hizo melcocha las neuronas! -se levanta del sofa pretendiendo alejarse del nipón-

- Darío… -lo detiene tomándolo del cuello de la casaca- dime la verdad, ahora?! –le exigió en un grito- de qué estás hablando?!

- ya, Tigre… no grites… -suplica nuevamente- te voy a decir todo… lo juro… -se libera- pero solo con dos condiciones, ok… -establece mientras se acomoda la bolsa de hielo en su cabeza- la primera, que le asegures a Narda que me colgaste de patas en el puente del río Po, para que yo te lo dijera… -el nipón ríe- y la segunda… -lo mira con seriedad- Hyuga, después de que te lo diga, prométeme que no vas a cambiar tu trato con mi "paisana"… -el japonés frunce el entrecejo, pero asiente finalmente-

- si, te lo prometo, Dario... -le responde, pero cree que el mexicano exagera-

- bien… -suspira mientras vuelve a colocarse en el sillón y el Tigre ocupa el sofa individual- ahí te va… Narda y yo les hemos mentido a todos en el Reggiana… -bajó su mirada ante la seria del japonés- nosotros nos conocemos desde la escuela preparatoria… -el Tigre se sorprende- yo soy de una familia mexicana normal, común y corriente… -sonríe mirando al techo blanquecino, al parecer el chico moreno no pudo evitar recordar a su familia- pero por el contrario Narda… ella es de una familia muy importante en México… -miró directamente al nipón- Hyuga, ella es… -pausó- es rica.

El japonés se pone de pie de golpe, jamás se había imaginado eso de la sencilla chica castaña.

- González… es… -no puede expresar más-

- si… -se recuesta en el sofá nuevamente- además ni siquiera se apellida González… usa el apellido de su mamá… ella es Álvarez y si lo deseara podría ser accionista del Reggiana… -ríe- en lugar de ser solo la auxiliar del entrenador…

- pe… pero, por qué ella…? -intenta cuestionar-

- simple, Hyuga… -le explica- pareciera que no la conocieras ya… -le reclama- no importa el apellido, Narda es Narda… no le gusta conseguir las cosas fáciles, ella desea luchar sola por lo que quiere, sabe de antemano que su padre le facilitaría muchas cosas, pero no desea sobresalir por eso… -se pone de pie para ir a cambiar la bolsa de hielo- ella no vive con sus padres desde que ingresó a la universidad, incluso… -abre el frigorífico- no aceptó ir a una universidad privada… -extrae hielos del congelador- presentó examen como una chica más y se inscribió en una universidad de gobierno… -rellena su bolsa- ahí terminó sus estudios de Licenciatura en Ciencias Deportivas y después empezó la especialidad en fisioterapia deportiva… -regresa a la sala- un profesor la recomendó para venir a suplir a la anterior auxiliar del entrenador… -se sentó en el sillón- nada tuvo que ver su padre en ello créeme… es mas… -suspira- se supone que ellos no sabían que estaba en Turín…

- pero, si su novio ya la encontró… -expone- eso quiere decir que ya lo saben…

- épale! –le detiene- ya quedamos que Leo no es su novio, Hyuga… -lo mira molesto- ella lo terminó hace más de un año… aaah! –suspira ya muy fastidiado- además a ella le gusta otro chico del… -se detiene de golpe- olvídalo… -se lleva la mano a la cabeza- ya te dije lo que deseabas saber, japonés… ahora déjame dormir un poco, que siento que la cabeza me va a estallar…

El delantero moreno se pone de pie y se dirige a la salida.

- que te mejores, Darío… -le expresa y se retira del departamento del chico mexicano, cierra la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido-

- si, gracias… -le exclama- y espero que tú te des cuenta de lo que sientes… -se deja caer del todo en el sofá- antes de que se descongelen los polos… je, je, je, je, je! -se ríe- auch! auch! -se duele de su cabeza- ya mejor no me rio...


El alto japonés terminaba de bajar los escalones del edificio de departamentos de su compañero del Reggiana, iba pensando en lo que el mexicano le había confesado, quizás debía ir a disculparse con la jovencita castaña, pero el problema era que no sabía donde se encontraba alojada, había decidido mejor irse a su vivienda cuando sonó su celular. Hyuga extrajo el móvil de su pantalón y verificó la pantalla, no aparecía el número, solo marcaba que era desconocido, aun así decidió atender la llamada.

- bueno… -contestó al móvil, pero el silencio al otro lado de la línea le respondió- bueno? –reiteró y nuevamente el silencio, tragó saliva con duda, solo un nombre se formó en su mente- Narda, eres tú? –alcanzó a escuchar un sonido de sorpresa en la respiración de la persona que estaba al otro lado de la línea y después la constante resonancia de que había colgado-

Se le quedó mirando al móvil y frunció el entrecejo, aunque su compañero Darío le matase, regresaría a exigirle que le diera la dirección de la jovencita mexicana.