Capitulo 3
Los instintos de Rukia le decían que sacara una daga, diera unos cuantos cortes y que saliera de ahí pitando, pero se obligó a quedarse. Tenía claro que contra Ichigo no tendría ninguna posibilidad de ganar solo acabaría con todos sus huesos rotos.
Eso era exactamente lo que le había hecho a un vampiro que pensaba traicionarlo. Fue encontrado en medio del Time Square. Todavía vivo. Y aún intentando gritar ¡No, Ichigo! ¡No!, pero es ese momento su voz era un susurro ya que su mandíbula era sujetada por unos cuantos tendones visibles y le faltaban varios trozos de carne.
Rukia supo del suceso en las noticias, supo que estuvo agonizando durante 3 horas antes de que unos ángeles se lo llevaran. Todo Nueva York, que coño, todo el país sabía que ese vampiro estaba ahí, pero nadie ayudaba cuando estaba la marca de Ichigo en su frente. Lo había echo para dejar claro quién era y qué era. Ahora todos temen a Ichigo.
Sin embargo, Rukia no estaba dispuesta a arrastrarse, cosa que no hace desde que su padre le exigió que se arrodillara y le suplicara para que tal vez, solo tal vez, la vuelva a admitir en la familia. Hace más de diez años que no sabe nada de él.
-Deberías tener cuidado –dijo Ichigo rompiendo el silencio sobrenatural que se formó y tuteándola.
Eso no le gustó nada a Rukia, el ambiente aun estaba muy tensoo y cargada de promesas de amenaza.
-No me gustan los jueguecitos.
-Pues empieza a apreciarlos. –Dijo el arcángel mientras se apoyaba en el respaldo de su silla-. Tu vida será muy corta si solo esperas honestidad.
-Yo no diría que espero honestidad. La gente miente. Los vampiros mienten. Incluso… -Se quedó callada.
-No empezaras a ser discreta ahora, ¿verdad? –La diversión había vuelto, pero estaba temperamentada con un matiz que acarició la piel de Rukia como si de una hoja de afeitar fuera.
Rukia contempló ese hermoso rostro, nunca se había enfrentado a algo tan letal, ella sabía que si disgustaba a Ichigo, el podía aplastarla como cuando ella aplasta a una mosca.
-¿No has dicho que habría que hacer en la prueba?
Sus alas se agitaron, llamando la atención de Rukia. Eran muy, muy hermosas, y no pudo quitarles la vista. Ser capaz de volar… era un regalo extraordinario.
Los ojos de Ichigo se clavaron en algún lugar situado por encima del hombro.
-Mas que una prueba, se trata de un experimento.
Ella no se dio la vuelta, no lo necesitaba.
-Hay un vampiro detrás de mí.
-¿Estás segura? –Su expresión no había cambiado.
Ella luchó contra el impulso de mirar hacia atrás.
-Sí.
-Puedes mirar.
Rukia vaciló, preguntándose que era peor: darle la espalda a un temible arcángel o a un vampiro desconocido. Al final, la curiosidad ganó. El rostro de Ichigo mostraba una evidente satisfacción y ella quería saber qué lo había provocado.
Giró medio cuerpo para poder vigilar a Ichigo con el rabillo del ojo y así poder contemplar bien a las dos criaturas que habían detrás de ella..
-Madre mía…
-Podéis iros. –Ordenó Ichigo, siendo obedecido por el ser que tenía el terror dibujado en los ojos y por el otro que se escabulló como una animal que era.
-¿Qué edad tenían…?
-Erik fue Convertido ayer.
-No sabía que pudieran caminar a esa edad. –Intentaba sonar profesional, pero estaba muerta de miedo.
-Ha tenido un poco de ayuda. Bernal era… un poco mayor.
Rukia cogió el zumo que antes rechazo y dio un buen trago para quitarse el hedor que transmitían los vampiros. Los más antiguos no tenían ese desagradable olor, normalmente olían a vampiro, como ella a humana. Pero los más jóvenes siempre tenían ese olor a carne podrida o en descomposición.
-Creí que un cazador no se alteraría tanto al ver a un recién Convertido. –Ichigo tenía una expresión sombría y fue cuando Rukia se dio cuenta de que había alzado un poco las alas. Se preguntó que significaba eso, si estaba cabreado o concentrado.
-En realidad no estoy alterada. –Y era cierto, ya que el terrible olor habia desaparecido-. Es el olor… Es como una capa que se te pega en la lengua y no hay forma de quitarlo por mucho que te frotes.
El rostro del arcángel mostraba interes.
-¿Tan intensa es esa sensación?
Rukia se estremeció y miró la mesa haber si podía comer algo, él le paso un trozo de pomelo que ella acepto agradecida.
-Ajá.
-Si te pidiera que rastrearas a Erik, ¿serías capaz de hacerlo?
-No. Creo que es demasiado joven.- Dijo recordando esos ojos de muerto viviente.
-¿Y a Bernal?
-En estos momentos está en la planta baja del edificio. En es vestíbulo.
Las alas doradas se extendieron para dar sombra a la mesa mientras Ichigo unía las palmas en un leve aplauso.
-Bien hecho, Rukia. Bien hecho.
Ella apartó la mirada a la fruta y se dio cuenta que acababa de demostrar lo buena que era, cuando en realidad tenía que hacer todo lo contrario para así librarse del problema.
-¿Quiere que rastree a un traidor?
El arcángel se levantó de la silla.
-Espera un momento.
Rukia observó impresionada como se acercaba al borde del tejado. Era un ser increíble que por el mero hecho de ver como caminaba hacía que s corazón diera un vuelco. Le daba igual que ese ser sea tan letal como la daga que llevaba atada a su muslo, pero ese arcángel era digno de adoración y admiración.
Ese pensamiento nada común en ella lo sacó de su asombro, hecho la silla hacia atrás pensando si le había hecho algo en su cabeza. Justo en ese momento Ichigo se da la vuelta y la miró con esos hermosos ojos dorados. Rukia presintió que le estaba respondiendo a su pregunta, luego le quitó la visto y se arrojó al vacío.
Rukia se levantó de un salto para luego volver a sentarse con las mejillas ruborizadas, cuando lo vio remontar el vuelo y acercarse a un ángel que ella no había visto hasta ese momento. Matsumoto. Igual que Ichigo pero en femenino, con una belleza de tal magnitud que Rukia podía sentir su fuerza incluso desde lejos. Comprendió que estaba presenciando la reunión entre dos arcángeles.
-Inoue no se lo va a creer…- Había visto a Matsumoto en fotos pero no tenía nada que ver con la actualidad. Tenía una piel mas o menos bronceada y un cabello anaranjado que le llegaba hasta la cintura, su cuerpo era la encarnación de la feminidad, esbelta y llena de curvas. Y unas alas de color bronce. Su rostro…
-Vaya…
Incluso en la distancia se veía que tenía un rostro perfecto. Unos ojos azules claros casi imposibles, pero estaba con la duda. Frunció el seño. A pesar d reconocer que la arcángel era hermosa, pensaba que Ichigo era más hermoso todavía. Lo que significaba que ese bastardo había estado jugueteando con su mente. ¿Deseaba que ella lo adorara? Pues ya se vería si lo lograba. Nadie, ni siquiera un arcángel, iba a convertirla en una marioneta..
Como si la hubiera oído, Ichigo dejó a su compañera y regresó a la azotea con un par de aletazos. Su aterrizaje fue perfecto. Rukia estaba impresionada con el diseño d las alas de Ichigo, daba la impresión de que una brocha empapada en oro hubiese empezado por el extremo superior d las alas antes de descender hasta las puntas, que empezaban a ser blancas casi al final. Rukia dejó la furia a un lado para enfrentarse a la verdad: si aquel demonio (o arcángel) se acercara y le ofreciera sus alas, tal vez le vendería el alma.
Pero los ángeles no Convertían a otros ángeles. Solo Convertían a vampiros chupasangres. Nadie sabía de donde procedían los ángeles. Rukia pensaba que nacían de padres angelicales, pero, nunca ha visto a un ángel bebe.
Sus pensamientos desaparecieron cuando vio la gracia con la que caminaba Ichigo, tan seductor, tan…
Se puso en pie y tiró la silla al suelo.
-¡Sal… de… mi cabeza!
Ichigo se detuvo de inmediato
-¿Pretendes usar esa daga? –Sus palabras eran puro hielo. El aire olía a sangre , Rukia supo que era suya.
Bajó la mirada y descubrió que su mano agarraba con fuerza la hoja de la daga que había sacado por instinto de la funda del tobillo. Ella jamás habría cometido tal error. Ichigo la estaba obligando a infligirse daño con la intención de demostrarle que no era más que un juguete para él. En lugar de luchar contra él, apretó más fuerte.
-Si quieres que haga un trabajo para ti, lo aceptaré. Pero no permitiré que me manipulen.
Los ojos del arcángel se posaron en la sangre que goteaba desde el puño de la chica.
-Es posible que seas capaz de controlarme, pero si te hubiera bastado eso para llevar a cabo el trabajo, jamás habrías pasado por la farsa de contratarme. Me necesitas a mí, Kuchiki Rukia, y no a uno de tus esbirros vampiros.
Su mano se aflojó con un violento espasmo haciendo que la daga caiga al suelo con un ruido amortiguado por el pequeño charco que se había formado. Rukia no se movió ni hizo un intento por detener la hemorragia.
Y cuándo Ichigo se acercó para ponerse a menos de un paso de distancia de ella, no retrocedió.
-Así que crees que estoy en posición de desventaja, ¿no es así?-dijo el arcángel. El cielo estaba completamente azul, pero Rukia sentía los vientos de tormenta que movía los mechones de su pelo que se escapaban del moño.
-No. –Dejó que la esencia de Ichigo (limpia, fresca, con aroma de mar) impregnara en su lengua, cubriendo los restos del olor del vampiro-. Estoy dispuesta a marcharme sin mirar atrás y devolverte el pago que le hiciste al gremio.
-Eso –dijo él a la vez que cogía una servilleta y se la enrollaba alrededor de la mano- no es una opción.
Aturdida por un movimiento tan imprevisto, Rukia cerró la mano para ayudar a parar la hemorragia.
-¿Por qué no?
-Quiero que hagas tú el trabajo- respondió como si esa fuera razón suficiente. Y para un arcángel, lo era.
-¿En qué consiste el trabajo? ¿Es una recuperación?
-Sí.
El alivio empezó a inundarla como si fuera esa lluvia que sentía cerca, que en realidad se trataba de la esencia de Ichigo.
-Lo único que necesito para empezar es algo que el vampiro haya llevado puesto hace poco. Si tienes una localización general, mucho mejor. Si no, les diré a los genios informáticos del gremio que investiguen los transportes públicos, los registros bancarios y todo lo demás mientras yo busco pistas en el terreno. –Su mente ya había empezado a trabajar.
-Me has malinterpretado, Rukia. La criatura a la que quiero que busques no es un vampiro.
Aquello la desconcertó.
-¿Estás buscando a un humano? Bueno, puedo encontrarlo, pero no tengo ninguna ventaja sobre cualquier otro investigador privado.
-Inténtalo de nuevo.
Nada de vampiros. Nada de humanos. Eso dejaba…
-¿Un ángel? –Preguntó en susurro-. No.
-No –convino él, y otra vez sintió la oleada de alivio. Aunque solo duró hasta que añadió-: Un arcángel.
Lo miró desafiante.
-Estás de coña.
Las mejillas de Ichigo se tensaron sobre la piel suave y levemente bronceada.
-No. El grupo de los Diez no bromea.
A Rukia se le formó un nudo en el estómago cuando oyó mencionar al grupo…
-¿Por qué queréis rastrear a un arcángel?
-No es necesario que lo sepas. – Su tono era concluyente-. Lo unico que necesitas saber es que si tienes éxito al encontrarlo, serás recompensada con más dinero del que puedas gastar en toda tu vida.
Rukia miró la servilleta manchada de sangre.
-¿Y si fracaso?
-No fracases, Rukia. –Sus ojos parecían amables, pero su sonrisa hablaba de cosas que mejor no mencionar-. Me intrigas… detestaría tener que castigarte.
La mente de Rukia volvió a la imagen del vampiro del Time Square, que en esos momento no era vampiro… la definición de castigo según Ichigo.
Continuaraaa!
